Beato Devasahayam Pillai, seglar hindú mártir

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Pintura contemporánea del Beato, venerada en la iglesia de San Miguel de Puliyoorkurichi, India.

El pasado día 2 de diciembre del 2012 fue beatificado en la India el mártir Devasahayam Pillai. Aquel día lo recordamos en un comentario pero hoy queremos dedicarle este artículo ya que ayer se celebró su festividad.

Nació en el año 1712 en el caserío Nattalam de Vilavancode Talud en el actual distrito de Kanyakumari. Su padre era el brahmán Vasudevan Namputhiri y su madre, Devaki Amma, perteneciente a la casta Nair. Le pusieron el nombre de Nilam (o Nilakandan) y según la tradición, el niño fue identificado como de la casta de la madre, que era una casta alta, aunque por debajo de la casta de los brahmanes. Su familia estaba muy arraigada en la fe hindú y su padre era el brahmán del templo de Shiva en Nattalam.

Por ser una casta altamente beligerante, la mayoría de los soldados del rey de Travancore eran de la casta Nair, por lo que Nilam tenía un puesto en la corte real. Fue entrenado en el uso de las armas de guerra y estudió los idiomas tamil, malayalam y sánscrito, aprendió el tiro con arco y el arte marcial llamado “varmasastra”, pero existen indicios de que en esta etapa de su vida tuvo algún contacto con la religión católica.

Durante su etapa de soldado, destacaba entre sus compañeros por la madurez de su juicio y por su firmeza, por lo que llegó a ser oficial en el templo Nilakandaswamy en Padmanabhapuram y como oficial de palacio trabajaba en la tesorería real. Este trabajo lo llevó más tarde al fuerte Udayagiri y mientras se modernizaba su fortaleza, el fue quién pagaba los salarios a los trabajadores.

Era activo, enérgico y comprometido con cuanto hacía, entusiasta, ingenioso y con una inclinación natural hacia el bien, por lo que consecuentemente, era muy querido por sus superiores y por el propio rey. Era muy fiel a sus deberes como hindú, que como he dicho, era la fe de sus padres. Observaba fielmente las prácticas religiosas y participaba en el culto. Adoraba a Patra Kali, a Shiva y a Anandavalli, fue un gran benefactor del templo de Nattalam y todos los años contribuía al festival del templo.

Se casó con Bhargaviammal Nilakandan, perteneciente a una rica familia de terratenientes, de su misma casta, aunque muy tradicional y esta no fue la única proposición que tuvo de matrimonio, porque como era muy buena persona, muchos padres se acercaron para ofrecerle la mano de su hija.

Vista exterior de la iglesia de San Miguel de Puliyoorkurichi (India), uno de los templos donde se rinde culto al Beato Devasahayam. Fotografía: Jenil.

En el año 1741 los holandeses atacaron Travancore pues tenían el plan estratégico de tener una colonia en la India. Inicialmente tuvieron éxito en Colanchel, pero les duró poco, porque Travancore resistió y venció a los holandeses. El rey de Travancore tomó como rehén a Eustaquio De Lannoy y a los soldados europeos se les brindó la posibilidad de unirse al ejército del rey de Travancore, ya que este quería modernizar su ejército y los europeos conocían bien el arte de la guerra. De esta manera pretendía además conquistar los territorios de los reyes vecinos y Eustaquio De Lannoy le valía para sus fines. En todo esto, Nilakandan (nuestro beato) jugó un papel importante pues al ser un hombre justo, se opuso a los abusos y a los incidentes violentos que en todo conflicto aparecen y esto le llevó a trabar una fuerte amistad con De Lannoy, que llegó a ser comandante de la guardia de palacio, por lo que a través de él tuvo conocimientos acerca de la religión cristiana.

Posiblemente también, algunos de los que lo adiestraron en el arte marcial “varmasastra” eran católicos y entre estos y De Lannoy se enseñaron lo más elemental del cristianismo y, como él era una persona muy bien educada comenzó a leer libros cristianos escritos en tamil y en malayalán (el malayalam es la lengua litúrgica del Rito Siro-Malabar).

En el año 1744 pasó lo que vulgarmente llamamos “una mala racha”, las cosas le iban mal y perdía todos sus bienes. Un día, De Lannoy lo encontró muy triste y como amigo suyo que era le preguntó por la causa de aquella melancolía; él le contó sus problemas y le dijo que tenía la convicción de que los dioses estaban enojados con él a pesar de que cumplía rigurosamente con sus deberes religiosos. Incluso le llegó a manifestar que, aunque no tenía enemigos, creía que algunas personas estaban realizando contra él magia negra. Nilankandan Pillai estaba acosado por muchas dudas y temores.

Portada de un libro contemporáneo sobre la vida del Beato. La ilustración es la imagen más conocida del mismo, utilizada para estampas.

Este desahogo con su amigo holandés fue providencial porque De Lannoy era un hombre profundamente creyente; hacía gala a su nombre, ya que, como San Eustaquio, era un hombre valiente, inteligente, sincero y honrado. Se dedicó a instruirlo en la fe de Cristo y le narró la historia del Justo Job, que aunque perdió todos sus bienes y familia tuvo siempre una confianza incondicional en Dios. La palabra de Dios fue surtiendo efecto en su corazón y evolucionaba en él “de la misma manera que evoluciona una perla dentro de una ostra”. Nilakandan decidió bautizarse por lo que Eustaquio De Lannoy escribió al jesuita Juan Bautista Buttari, que estaba a cargo de la misión de Neman y que residía en Vadakkankulam. La razón por la que el holandés envió a su amigo Nilakandan a la misión jesuita de Vadakkankulam era que ésta estaba fuera del reino de Travancore donde estaba prohibido convertirse al cristianismo aunque se respetaba a los cristianos pescadores que vivían a lo largo de la costa, los malabares. Sabían que era una misión arriesgada que estaba penada con pena de prisión e incluso con la muerte, si el converso era un noble de la corte.

Fue bautizado el 14 de mayo de 1745, tomando el nombre de Devasahayam (Lázaro) y aquello le supuso una enorme alegría, se dedicó a la lectura de libros de religión y se esforzó por cumplir con los deberes de un buen cristiano por lo que frecuentemente iba andando a una iglesia que estaba a unas seis leguas de su casa a fin de poder recibir la Comunión.

Devasahayam estaba dispuesto a compartir su fe con otros por lo que se dedicó a enseñar la fe cristiana a otros conciudadanos suyos. A la primera que convenció fue a su propia esposa; ella en un principio se resistía porque sabía que los cristianos eran considerados la casta más baja de la sociedad, pero finalmente la convenció. ¿Cómo podían convivir dos esposos que se amaban tiernamente, adorando uno al Dios verdadero y la otra a dioses falsos? Este era su principal argumento y, pese a la oposición obstinada de su suegra, consiguió que se bautizara en Vadakkankulam recibiendo el nombre de Gnanapoo (Teresa). También logró convertir a algunos soldados, los cuales, al igual que él y su esposa, perdieron la nobleza de su tribu.

Vista de la tumba del Beato Devasahayam al pie del altar mayor de la catedral de Kottar, India.

Pero que un cristiano como Devasahayam tuviera funciones importantes en el palacio del rey era considerado como una monstruosidad por parte de los brahmanes. El había dejado de asistir a los rituales celebrados en el templo anexo al palacio y frecuentaba las iglesias católicas y como consideraba que todos los hombres eran iguales, se codeaba con las personas pertenecientes a las castas más bajas, comía y bebía con ellas y participaba en sus reuniones. Y aun más, fortalecido por el Espíritu Santo, se dedicaba a argumentar contra las supersticiones e injusticias perpetradas por los brahmanes y por la clase dominante. Hablaba claramente sobre su nueva fe, lo que le ocasionó acaloradas discusiones con los sacerdotes y maestros brahmanes. Ellos, esto no lo podían consentir, sobre todo porque se trataba de un oficial de palacio del que se esperaba que defendiera la religión oficial del rey y de su reino.

Devasahayam se negó a aceptar la “prasadam” o comida sagrada del templo, se enfrentó a unos sacerdotes que habían sido convocados por sus familiares para llevar a cabo una “pooja” (adoración) en su casa de Nattalam y envalentonado por su nueva fe, desafiaba a los brahmanes de palacio. Un día fue provocado por el secretario de la corte real y como consecuencia de esto lo encarcelaron el 23 de febrero de 1749 en una pequeña habitación de “cinco palmos de alto y un codo de largo”, algo parecido a un horno. Al día siguiente, el rey lo condenó a muerte y al escuchar la sentencia se sintió inmensamente feliz por obtener la gracia del martirio. Fue llevado ceremoniosamente al lugar de la ejecución, pero antes de ser ajusticiado, el rey revocó su orden pues algunos agoreros le comunicaron que si ejecutaba a Devasahayam, caerían sobre el reino grandes calamidades. El, al comprobar que había sido revocada la pena de muerte, quedó entristecido porque le habían robado la gloria de morir mártir por Cristo. Todos quedaron perplejos porque lo veían alegre cuando iba a la ejecución y triste cuando se había salvado de ella.

Entonces se dedicaron a torturarlo mentalmente con la intención de abatirlo y avergonzarlo. Llamaban gente vil y sucia a los cristianos a sabiendas de que él sufría con esos insultos hacia sus hermanos en la fe. Para avergonzarlo, durante dieciséis días lo hicieron desfilar a pie por las calles de la ciudad, adornado con una guirnalda de eruku, desnudo, con un taparrabo y acompañado de batir de tambores. A lo largo del desfile se burlaban de él y al terminar el desfile lo encerraban nuevamente. Algunas veces lo pasearon montado en un búfalo, sentado de espaldas y con las manos atadas por detrás; esta era un trato vergonzoso usado en el sur de la India contra las personas que iban a ser castigadas. Lo golpearon en público con palos de tamarindo y con espinas a fin de rasgarle las carnes sobre las que luego echaban unos polvos y lo exponían durante horas al sol. Todo lo soportó con paciencia y alegría. Pero una de las cosas que más lo hizo sufrir fue que su esposa abjurase de su fe, aunque muy pronto ella se arrepintió y volvió al redil de la Iglesia.

Placa conmemorativa en sánscrito e inglés en el lugar donde fue martirizado el Beato, el 14 de enero de 1752.

Desde que fue arrestado y durante los tres años que duraron sus torturas, estaba recluido en una habitación tan pequeña que era como un horno. Era inimaginable vivir en esa celda a la que regresaba después de haberle sido conmutadas por dos veces la pena de muerte y después de que lo pasearan a pie o montado en un búfalo. En ocasiones fue paseado durante meses, en esas condiciones vergonzantes, por todas las ciudades del reino. Una vez fue encerrado en una prisión que estaba llena de hormigas kadierumbu, que son unas hormigas que pican y en alguna otra ocasión fue encerrado en una jaula junto con los monos.

Al mismo tiempo, a los cristianos les pusieron unos impuestos especiales y como algunos se negaban a pagarlos, lo acusaron de estar instigando para que se desobedecieran las órdenes del rey, por lo cual fue condenado de nuevo a muerte. El, al conocer la noticia se hinchó de gozo, pero se decepcionó a ver que la condena fue nuevamente revocada. La última prisión en la que estuvo fue la cárcel de Aralvaimozhy, a la que lo llevaron para que los cristianos no lo localizaran y donde se acostumbraba a ejecutar a los presos en secreto. El rey dio una orden expresa para que Devasahayam pasara por completo desapercibido. Pero no lo consiguió y la noticia se corrió por los pueblos de alrededor, por lo que empezaron a llegar cristianos a la cárcel, venidos desde Periathazhai, Koothankuzhy, Manapad, Vadakkankulam, Thovalai, etc. La cárcel se convirtió en una especie de feria en vez de un lugar solitario. Allí fue a visitarlo también su esposa, se consolaron entre lágrimas y el le aconsejó que abandonara Travancore y se fuera a vivir a Vadakkankulam.

El primer ministro y el secretario real que eran quienes habían exigido el encarcelamiento de Devasahayam, se sintieron decepcionados y preocupados porque comprobaban que el cristianismo se extendía y por lo tanto, planearon matarlo. Le dijeron al rey que su orden no se estaba cumpliendo, que el preso era muy conocido y que predicaba el cristianismo, por lo que decidieron cambiar al jefe de la guardia de la prisión poniendo en su lugar a uno mucho más hostil con los cristianos, al que ordenaron que lo ejecutara en secreto, cosa que hicieron disparándole cinco veces el día 14 de enero del año 1752. Su cuerpo fue arrojado cerca de las estribaciones de Kattadimalai. Antes de ser ejecutado, había estado durante tres años sufriendo todo tipo de torturas, pero en medio de ellas, siempre estaba en permanente oración, no comía lo poco que le daban ni los viernes ni los sábados y se las arreglaba como podía para hacerle llegar algunas cartas a unos sacerdotes misioneros. En tres ocasiones, fue visitado clandestinamente por un sacerdote que lo confesaba y le traía la Comunión.

Jerarquía aspergiendo con agua bendita la tumba del Beato. Catedral de Kottar, India.

Cuando los cristianos se enteraron de su muerte, inmediatamente lo consideraron un mártir de Cristo. Consiguieron que le entregaran sus restos mortales, se le hizo un entierro cristiano y pusieron su tumba dentro de una iglesia. Poco después de su muerte, los lugares que estuvieron relacionados con él se convirtieron en metas de peregrinaciones. En su memoria se construyeron iglesias en Kattadimalai, Puliyoorkurichy y Kuzhimaikadu, a los que acudían los cristianos de Kerala, tanto los de rito latino como los de rito siro-malabar y siro-malankar para venerarlo. Actualmente está sepultado cerca del altar en la catedral de San Francisco Javier, en Kottar (India).

Del martirio se dio pronto conocimiento al Vaticano y ya en el año 1780, monseñor Kariattil Ouseph Malpan solicitó a la Santa Sede su beatificación. Aquello quedó en el olvido, pero en el año 1984 un grupo de seglares hindúes tomaron la iniciativa y promovieron nuevamente la Causa. La Conferencia de obispos de la India, tras examinar toda la información existente, recomendó su beatificación en el año 2004, pese a la oposición de algunas personalidades hindúes que manifestaban que en la India, jamás se había asesinado a una persona por convertirse al cristianismo.

El 28 de junio del año pasado, el Papa Benedicto XVI firmó un decreto por el que se reconocía el martirio, siendo beatificado el pasado 2 de diciembre en una solemne ceremonia realizada por el cardenal Angelo Amato en la diócesis de Kottar (India).

Fuente de información: Documentos de la Causa de beatificación.

Antonio Barrero

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