San Diego de Alcalá, fraile franciscano

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San Diego de Alcalá, óleo de Francisco de Zurbarán (s.XVII). Museo Lázaro Galdiano, Madrid (España).

Diego nació hacia el año 1400 en un pueblecito de la sierra de Sevilla: San Nicolás del Puerto, siendo su familia extremadamente pobre. En el bautismo se le pone el nombre de Diego de San Nicolás. En este pueblo minero, que he visitado innumerables veces, aun se conserva la casa donde, según la tradición local, nació el santo.
De pequeño se dedicó a las labores normales del campo: trabaja en el huerto del eremitorio de un tío suyo, confecciona cestos de mimbres, recoge leña del campo y confecciona pequeños utensilios domésticos como cucharas, saleros, etc. y eso lo hace con la intención de ayudar a su familia, a su tío ermitaño y a los pobres. Con su tío aprende a leer, a orar y a meditar. Poco más se sabe de su infancia.
La gente lo reverenciaba devotamente por su vida pobre y humilde y porque desde pequeño se negaba a tocar el dinero; y conforme va madurando en su juventud decide hacerse fraile franciscano y así, en un año no determinado entra en el convento de Arrizada (Córdoba) profesando como hermano lego. En el año 1409, Fray Pedro Santoyo había instaurado en ese convento la más primitiva y rigurosa observancia de la Regla Franciscana.

En el convento destacó porque se excedía en la mortificación corporal: ayunos, cilicios, penitencias, llevaba al extremo la obediencia y la pobreza, tenía asiduamente éxtasis cuando entraba en oración profunda y tenía tal conocimiento del dogma que los teólogos quedaban estupefactos al oírlo, y era sólo un hermano lego. También se distinguió por su gran amor a la Eucaristía, la Virgen y el Crucifijo. De él se cuenta que utilizaba las gotas de aceite que caían de una lámpara que ardía ante una imagen de la Virgen y que con ellas curaba a los enfermos.

Se le adjudicó el oficio de portero del convento y desde allí repartía comida entre los más pobres, aconsejaba a los que estaban desorientados y confortaba a los afligidos. Como algunos frailes le reprochaban tanta generosidad, él les contestaba: “No teman. Dios no puede dejar de bendecir esta clase de abusos; lejos de arruinar a la Comunidad, estas limosnas atraerán las gracias del cielo, porque el bien hecho a los pobres es caridad hecha a Jesucristo”. Ante esto, evidentemente, los frailes callaban.

Otra anécdota que se cuenta de él cuando estaba en el convento de Arrizada es la siguiente: Un niño, imprudentemente, se mete en un horno y se queda dormido. Como nadie se dio cuenta, encendieron el horno. A los gritos del niño, la madre que era la panadera, sale a la calle dando gritos y pidiendo socorro. Fray Diego le dice: “Vete a la iglesia, de prisa, arrodíllate ante el altar de la Virgen y reza con fervor”. La madre queda atónita, no sabe qué hacer, pero se va a la iglesia a rezar. Entonces él, con varias personas, va a la panadería, reza y dice:”Niño, yo te lo ordeno en nombre de Cristo Crucificado, sal enseguida”. El niño avanza entre los tizones y las llamas y sale ileso. Diego llevó el niño a la iglesia y se lo entregó a su madre. Como es normal, la noticia se corrió por toda la comarca.

Milagro de las rosas. Óleo de Niccolò Betti. Monasterio de las Descalzas Reales, Valladolid (España).

Desde el convento de Arrizada, realizando un itinerario limosnero y misional, visita innumerables pueblos de las provincias de Córdoba, Sevilla y Cádiz. ¿Qué significaba ser fraile limosnero? Se encargaba de ir pidiendo limosnas por los pueblos, limosnas con las que se alimentaban los pobres y los frailes. En todos los conventos por los que pasaba se ocupaba de los oficios más modestos.

En el año 1441 sus superiores lo enviaron a Canarias con el objetivo de evangelizar a los nativos; él va gustoso y se lleva allí cinco años trabajando como hermano lego, pero en el año 1446, por obediencia acepta el cargo de guardián (superior) del convento de Fuerteventura. Este convento había sido fundado en el año 1422, veinte años después de que las Islas Canarias fueran descubiertas por Juan de Betancourt. No era normal que Diego fuese nombrado “guardián” pues los superiores de los conventos siempre eran sacerdotes y nunca lo eran los hermanos legos. ¿Pero por qué ocurre esto? Por su fama de hombre santo y por eso sus superiores decían que “la ciencia infusa suplirá lo que falta a la ciencia adquirida”. Y como superior dirigió el convento con gran celo, convenciendo a los frailes sin imponerles la obediencia, comunicando a todos su generosidad con los pobres e infundiéndoles tal ardor apostólico que, prácticamente, los frailes lo idolatraban, lo querían con locura.

Desde Fuerteventura embarca a fin de evangelizar Gran Canarias, pero una gran tormenta hace que el barco tenga que volver a donde había partido. Poco después, en el año 1449, recibió la orden de volver a la península y se estableció en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).
En el año 1450, el Papa Nicolás V proclama un Jubileo Universal (Año Santo) y Diego, acompañado por el fraile Beato Alfonso de Castro marcha a Roma. Gana el Jubileo, asiste a la canonización de San Bernardino de Siena y visita las Basílicas Mayores y otras iglesias romanas. Ese año fueron a Roma cientos de frailes franciscanos y en ese año se declara una epidemia de peste en la Ciudad Eterna. Diego se instala en el convento de Ara Coeli para cuidar a los frailes siendo el enfermero del convento. Durante tres meses cura a los apestados, socorre a cuantos se acercaban al convento, realiza milagros que están contrastados y despliega una labor apostólica tan infatigable que pocos podían seguir.

Vuelve a España y va al convento de Tendilla en Guadalajara y desde allí es trasladado al convento de Santa Maria de Jesús en Alcalá de Henares (Madrid). Allí permanece más de diez años, hasta su muerte, ocurrida el día 13 de noviembre del año 1463. Tenía sesenta y tres años de edad y murió besando el Crucifijo de madera que siempre llevaba y rezando: “Dulce lignum, dulces clavos, dulcis pondus sustinet” (“Dulce leño, dulces clavos que soportasteis tan dulce peso”).

Exposición a veneración de los restos de San Diego. Catedral de Alcalá de Henares, España.

El rey don Felipe II promovió ante el Papa Pío IV la canonización de San Diego; pero ¿cuál fue el motivo? El príncipe Carlos, hijo de Felipe II, cayó gravemente enfermo, siendo desahuciado por los médicos de la Corte. Llevaron a Palacio el cadáver de Fray Diego y el príncipe sanó instantáneamente. (En el Archivo Iberoamericano están todos los documentos sobre la curación del príncipe. Estos documentos fueron publicados entre 1914 y 1917). Fue canonizado por el Papa Sixto V el día 2 de julio del año 1588. Su fiesta se celebra el día 13 de noviembre.

¿Qué enseñanzas nos da San Diego de Alcalá? Era un hombre humilde, de pueblo, un religioso lego pero de una destacada personalidad. Vivió intensamente el espíritu franciscano: pobreza y castidad evangélica. Fue un hombre sencillo, que sirvió a los demás sin límites, especialmente a los pobres.
La Bula de canonización dice: “El Dios Todopoderoso, en el siglo pasado, muy vecino y cercano a la memoria de los nuestros, de la humilde familia de los frailes menores, eligió al humilde y bienaventurado Diego, nacido en España, no excelente en doctrina, sino ignorante y en la santa religión por su profesión lego, mostrándole claramente que lo que es menos sabio de Dios, es más sabio que todos los hombres y lo más enfermo y flaco, más fuerte que todos los hombres. Dios que hace solo grandes maravillas, a este su siervo pequeñito y abandonado, lo adornó de tal manera con sus celestiales dones y lo encendió con tanto fuego del Espíritu Santo, que le dio su mano para hacer tales y tantas señales y prodigios así en vida como después de muerto, que no solo esclareció con ellos los reinos de España, sino aun los extraños por donde su nombre es divulgado con grande honra y gloria. Determinamos y decretamos que el Bienaventurado Fray Diego de San Nicolás, de la provincia de la Andalucía española, debe ser inscrito en el número y catálogo de los santos confesores, como por la presente declaramos y escribimos y mandamos que de todos sea honrado, venerado y tenido por santo”.

Urna con los restos de San Diego en su emplazamiento habitual. Catedral de Alcalá de Henares, España.

Su cuerpo incorrupto está sepultado en la Catedral de Alcalá de Henares (Madrid).
Se le representa vestido con el hábito franciscano y la cuerda, con las llaves de portero en las manos o vestido con el mandil de cocinero. También, con el manto franciscano lleno de flores convertidos en panes.

Para escribir este artículo hemos consultado los trabajos de Don Cristóbal Moreno, traductor del siglo XVI de la Biografía de San Diego, de F. Peña, abogado y promotor de la Causa en Roma; esta obra estaba en latín y fue traducida al castellano. Asimismo se han consultado “Los documentos sobre la canonización de San Diego de Alcalá” del Padre Saura, 1925.

Antonio Barrero

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