El Domingo de Ramos en la Iglesia Ortodoxa

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Procesión de las Palmas en Bucarest (Rumanía).

Procesión de las Palmas en Bucarest (Rumanía).

El tiempo de cuarenta días de la Gran Cuaresma en la Iglesia Ortodoxa finaliza con el Domingo de Ramos, una fiesta que se considera una de las “fiestas imperiales” (es decir, relacionadas con la actividad de Cristo, como la Natividad, la Circuncisión, la Transfiguración, la Resurrección, etc). Consecuentemente, los libros litúrgicos que, como siempre que sucede una fiesta en domingo, ponen en primer plano la importancia del domingo como día de la Resurrección, en esta ocasión tienen un Typikon especial.

La importancia del Domingo de Ramos reside en sus símbolos para la historia de la salvación. Jesús, que ya era muy famoso en Judea y que había resucitado a Lázaro en Betania un día antes, llega a la gran ciudad sabiendo que pronto será condenado por la misma gente que ahora lo recibe y ejecutado por los romanos, con quienes no había tenido prácticamente nada que ver anteriormente.

En los últimos días de la Gran Cuaresma, los himnos ponen su acento en la futura muerte de Cristo, que él había anunciado repetidamente, como nos dicen los Evangelios. Es más, en el sábado de Lázaro (la víspera del Domingo de Ramos) los autores del libro del Triodion recuerdan la ira de los fariseos debido al milagro que Jesús había obrado, resucitando a su amigo de Betania. Al combinar los textos de los Evangelios con la himnografía de la Iglesia, que es de hecho una especie de comentario bíblico y poético, podemos entender por qué la entrada en Jerusalén era, al mismo tiempo, un acto de coraje y de condenación de todas las falsas esperanzas mesiánicas. Jesús era completamente consciente de que sus oponentes en Jerusalén, que criticaban incluso el hecho de que Él curara en sábado, como si pretendiese ofender las normas del Sabbat al hacer esto. Pero también sabía que muchas facciones judías intentarían ocultarse bajo su sombra y transformarlo en un Mesías -en quien realmente era-, pero en uno de corte político. Así que él puso en escena, como un gran maestro, una entrada simbólica.

Celebración del Domingo de Ramos en Rusia.

Celebración del Domingo de Ramos en Rusia.

Primero, Él delegó en sus discípulos el encontrar un joven asno, que nunca hubiese sido montado, para su trayecto. Podría haber ido simplemente a pie, como seguramente había hecho muchas veces, pero eligió montar a un animal humilde, es más, prefirió un pollino en lugar de un semental, para que su entrada fuera como la de un emperador, aunque careciendo de gloria mundana. Juan el Evangelista -cuya versión es leída durante la Divina Liturgia (Jn 12, 1-19)- relata este episodio en pocas palabras, comenzando con la unción de María, hermana de Lázaro, como previsión del entierro de Cristo. Poco después, en pocos versículos, habla del suceso de la entrada citando una profecía de Zacarías (9,9): “No temas, hija de Sión, mira que tu Rey viene, sentado en un pollino de asna” (Jn 12, 15). El evangelista hace notar que esta profecía fue comprendida por los discípulos sólo después de su glorificación, y que toda esta multitud estuvo allí debido al milagro que Jesús había obrado en Betania.

Los otros evangelistas narran un poco más sobre dicho suceso (Mt 21, 1-16; Mc 11, 1-11; Lc 19, 28-44), empezando con la historia del pollino, siguiendo con la entrada, citando tanto la profecía de Zacarías como las palabras de la multitud: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Salmo 117, 26), y terminando con el episodio de la expulsión de los mercaderes del templo, que causó mayor furia en los círculos de fariseos y sacerdotes. Cuando éstos pidieron a Jesús que calmara a la multitud, Él respondió con el salmo mesiánico: “De la boca de los niños y de los que aún maman fundaste la fortaleza“. (Salmo 8,2). Podemos decir que Jesús provocó intencionadamente este escándalo. De hecho, intentó desafiar a sus oponentes a una reflexión. Había mostrado ser consciente de ser el Mesías prometido, pero había rechazado la propuesta de los celosos nacionalistas. Al entrar en Jerusalén, la multitud desordenada gritaba: “¡Hosanna!” (que en hebreo significa “¡Sálvanos!”). De modo que Él era el Salvador y así entraba en conflicto con la ideología romana del Imperio; ya que Octavio Augusto era llamado en aquel tiempo “Soter” (que es el equivalente griego de “Salvador”).

Domingo de Ramos: ceremonia de consagración de las ramas de sauce en Giurgiu, Rumanía.

Domingo de Ramos: ceremonia de consagración de las ramas de sauce en Giurgiu, Rumanía.

El Synaxarion de la fiesta interpreta las palmas cortadas de los jardines para dar la bienvenida a Jesús como una premonición de la victoria de Cristo contra la muerte, “porque era costumbre que los hombres victoriosos en las guerras fueran honrados y acompañados en procesiones triunfales con ramas de árboles verdes”, y esto sigue interpretándose al pollino de asna como símbolo de los paganos convertidos al cristianismo.

La liturgia del Domingo de Ramos difiere de la habitual en los domingos en algunos puntos. El libro del Evangelio no es sacado para la veneración durante el servicio matutino, como es habitual. La Divina Liturgia tiene antífonas especiales, como sucede en las grandes fiestas, y termina con la bendición de ramas frescas de árboles, que se consagran con agua bendita y se comparten con todos los participantes de la fiesta. Las palmas, muy habituales en los países mediterráneos, pero bastante raras en el norte, son sustituidas por ramas de sauce en Rumanía o abedul en Rusia, Ucrania, Polonia y Bielorrusia. Muchos cristianos usan estas ramas en sus hogares, poniéndolas en las puertas, cerca de los iconos, plantándolas en sus jardines como símbolo de frescura y abundancia. Algunas veces estas ramas incluso llegan a echar raíz y crecer como nuevos árboles, como yo mismo he podido ver, debido a la abundancia de lluvias primaverales y las facultades de los sauces. A veces se organizan procesiones desde la iglesia, en recuerdo de la multitud que acompañó a Cristo en la entrada a Jerusalén.

Domingo de Ramos: el sacerdote rumano reparte ramas de sauce entre los cristianos de la iglesia.

Domingo de Ramos: el sacerdote rumano reparte ramas de sauce entre los cristianos de la iglesia.

Tanto en las casas como en los monasterios esta fiesta se celebra con la autorización para comer pescado y beber vino, como fortalecimiento antes de Semana Santa, que es fuertemente ascética en todo lo que tiene que ver con la comida y la bebida. La Semana Santa, de hecho, empieza unas pocas horas después de la liturgia, el domingo por la noche con el servicio matutino del Lunes Santo. De hecho, como hice notar en el otro artículo, durante este tiempo los servicios matutinos tienen lugar la tarde anterior y los servicios nocturnos a mediodía. El tiempo ya no tiene paciencia, ya no puede esperar al Señor, que no resucitó tres días después de su crucifixión, sino que lo hizo antes, al tercer día, al amanecer.

El nombre popular para el Domingo de Ramos en Rumanía es “Floriile”, que recuerda a la antigua fiesta romana de las flores, “Florilia”, que ocurría a inicios de primavera. Este hecho nos recuerda que muchas fiestas cristianas reemplazaron a las precristianas, la mayoría de veces cambiando su significado, pero a menudo manteniendo los rituales folclóricos. Este día es la onomástica de todos los que tienen nombre de flor (Florina, Violeta, etc.) a falta de un santo patrón. Según algunas tradiciones populares, si el Domingo de Ramos sale soleado, también lo será el día de Pascua. También, si la Semana Santa es lluviosa, eso es signo de que será un año rico y abundante.

Procesión de las Palmas en Jerusalén.

Procesión de las Palmas en Jerusalén.

Troparion (Himno de la Fiesta):
Al resucitar a Lázaro de entre los muertos antes de tu Pasión, confirmaste la Resurrección universal, ¡oh Cristo Dios! Como los niños con las palmas de la victoria, clamamos a Ti, el Vencedor de la muerte: ¡Hosanna en las alturas! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Mitrut Popoiu

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La Gran Cuaresma según la tradición bizantina

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Icono correspondiente al Domingo de la Ortodoxia: la veneración de los sagrados iconos.

Icono correspondiente al Domingo de la Ortodoxia: la veneración de los sagrados iconos.

Según el Gran Typikon de la Laura de San Sabas, el calendario litúrgico de la Iglesia Ortodoxa se divide en tres grandes partes y son llamadas según el libro principal usado en el culto. La mayor parte del año corresponde al tiempo llamado Octoechos, un libro que contiene los himnos diarios según los ocho tonos musicales (okto-echos). Este libro contiene textos para cada día de la semana en Vísperas, Maitines, Completas, Oficios de Medianoche, Oficios Matutinos y Horas. Durante especiales períodosdel año, como es la Gran Cuaresma o el tiempo de Pascua, los otros dos libros, el Triodion y el Pentecostarion, son usados para el servicio litúrgico. En este artículo explicaré las reglas para la Gran Cuaresma y su conexión con el uso del Triodion.

El tiempo del Triodion y las tres primeras semanas de preparación
El tiempo del Triodion significa que se cambia el habitual libro de culto por uno especial. Su nombre, Triodion, procede de las tres odas o himnos cantados durante este tiempo, que reemplazan el canon habitual de nueve odas (himnos). El tiempo del Triodion, que dura diez semanas, no coincide exactamente con el inicio de la Gran Cuaresma, porque empieza tres semanas antes, continúa con las seis semanas de la Gran Cuaresma propiamente dicha y termina con la Semana Santa. El fin del tiempo del Triodion es la Liturgia de Medianoche de la Resurrección de Nuestro Señor, cuando comienza el tiempo del Pentecostarion (los cincuenta días de Pascua a Pentecostés).

En el Domingo de San Gregorio Palamas se conmemora la obra teológica de este Padre de la Iglesia.

En el Domingo de San Gregorio Palamas se conmemora la obra teológica de este Padre de la Iglesia.

En otras palabras, la Gran Cuaresma tiene tres semanas de “tiempo de preparación”. En la primera, se excluye el habitual ayuno de los miércoles y viernes. En la segunda semana, los cristianos ortodoxos ayunan miércoles, viernes y al final de la semana (domingo) se privan de comer carne hasta la Pascua. La tercera semana se llama “blanca” o “del queso”, porque se permite tomar leche, queso, huevos e incluso pescado, pero no carne. Es una especie de medio-ayuno, en preparación a la Gran Cuaresma que comienza el siguiente lunes, cuando sólo se permite la dieta vegana. Los domingos de este tiempo de preparación se dedican a la penitencia: Domingo del Fariseo y el Publicano (durante la misa se lee el texto de Lc 18, 10-14), del Hijo Pródigo (Lc 15, 11-32), del Juicio Final (Mt 25, 31-46) y de la expulsión de Adán del Paraíso (Mt 6, 14-21). Este domingo se llama también “del perdón”. El sacerdote y los cristianos se piden perdón unos a otros y se inclinan ante los demás, porque todos deben estar en paz con su vecino durante el tiempo de ayuno. A pesar de que hasta ahora he hecho hincapié en la dieta, lo cierto es que el ayuno no significa sólo una dieta especial, sino renunciar a todo lo que nos estorba en una vida conectada a Dios.

La Gran Cuaresma
La Gran Cuaresma, según la tradición ortodoxa, dura cuarenta días, es decir seis semanas, de la cual se excluyen dos días, como es la Anunciación (25 de marzo según el calendario de las Iglesias en Constantinopla, Antioquía, Grecia, Bulgaria, Rumanía, Albania, parte de Polonia y la República Checa) o el 7 de abril (Iglesias de Jerusalén, Monte Athos, Patriarcado Ruso, Serbia, Georgia, parte de Polonia y República Checa) y el Domingo de Ramos, el sexto domingo de la Gran Cuaresma, cuando a los cristianos se les permite comer pescado y beber vino como signo de alegría y de anticipación de la Resurrección. Durante este tiempo, todas las ropas litúrgicas y atuendos cambian a color negro; sólo los sacerdotes pueden, los domingos, ir de blanco, como signo de la Resurrección que está por venir.

Santa Cruz ornada en la catedral rumana de Nuremberg (Alemania) en el Domingo de la Cruz (23/03/2014).

Santa Cruz ornada en la catedral rumana de Nuremberg (Alemania) en el Domingo de la Cruz (23/03/2014).

La primera semana de la Cuaresma es muy dura, especialmente en los monasterios. Las monjas y monjes ayunan completamente desde la noche del domingo hasta la del miércoles después de la Liturgia de los Dones Presantificados, que es una liturgia especial celebrada sólo en la Gran Cuaresma y sólo de noche, siendo su autor San Gregorio Magno, Papa de Roma. Debido a esto, los dos primeros días de la Cuaresma (lunes y martes) son días alitúrgicos, siendo así que no se celebra misa, por lo que los monjes no se ven obligados a interrumpir su ayuno y oración. Sólo las Siete Laudae, con un ritual especial, son celebradas, y el texto de los himnos tienen un tono de profundo arrepentimiento. La oración habitual “Dios es Nuestro Señor y se nos ha mostrado” se sustituye cantando un triple Aleluya. En lugar de las Pequeñas Completas, las Grandes Completas son mucho más largas y contienen el Gran Canon de San Andrés, obispo de Creta (s.XI), una obra maestra de la poesía bizantina, en el mismo tono de arrepentimiento. Los siete servicios se terminan con una oración de San Efrén el Sirio, junto a dos inclinaciones hasta tocar la frente en el suelo (gran metanoia) y un cierto número de pequeñas inclinaciones, tocando simplemente el suelo con la mano (pequeña metanoia) que son símbolos de arrepentimiento y de que reconocemos que nosotros, los seres humanos, sólo somos polvo y al polvo retornaremos.

Sólo en sábado se celebra la habitual Liturgia de San Juan Crisóstomo y el Réquiem por los muertos, como signo de que Cristo bajó al Inframundo en sábado. La Liturgia de San Basilio es la misa cebrada los domingos. Las otras seis semanas se repite el mismo ritual, con la excepción del Gran Canon y del cambio de la misa habitual: de lunes a viernes, simplemente la Liturgia de los Dones Presantificados del papa Gregorio, celebrada al anochecer; los sábados, la Liturgia de San Juan Crisóstomo; los domingos, la Liturgia de San Basilio el Grande.

El Domingo de Santa María Egipcíaca se conmemora la vida de esta penitente. Fresco ortodoxo en la catedral rumana de Nuremberg (Alemania).

El Domingo de Santa María Egipcíaca se conmemora la vida de esta penitente. Fresco ortodoxo en la catedral rumana de Nuremberg (Alemania).

Los domingos de Cuaresma tienen también un simbolismo especial conectado al arrepentimiento. El primer domingo, es decir el primero al terminar la primera semana de Cuaresma, se llama el Domingo de la Ortodoxia, y está especialmente dedicado al Séptimo Concilio Ecuménico, cuando los iconos regresaron a las iglesias. Durante el servicio, se repite el Anatema sobre las herejías condenadas en los Concilios Ecuménicos (esta tradición ha desaparecido en la costumbre rumana, pero se mantiene en la Iglesia Rusa) y se organizan procesiones con iconos por las calles. El Evangelio leído durante la misa es Mt 20, 1-16, una parábola sobre la recompensa del trabajo en la viña del Señor.

El segundo domingo está dedicado a Gregorio Palamas, el Padre de la Iglesia que habló de la Naturaleza Divina que se muestra a través de Energías en la creación. El Evangelio es Mc 2, 1-12, la curación del paralítico en Cafarnaún. El tercer domingo está dedicado a la Santa Cruz. Además de una procesión con una cruz ritual adornada con flores, la ceremonia entera consiste en himnos de alabanza al Sacrificio de Cristo y su sufrimiento. El Evangelio tiene la misma connotación (Mc 8, 34-38), ya que habla de la autorrenuncia, la aceptación de la cruz personal y el seguir a Cristo. El Domingo de la Cruz marca la mitad de la Cuaresma, y el Synaxarion del día recuerda que es la Cruz la que ayuda a los cristianos a seguir adelante hasta la Resurrección.

Domingo de Ramos: ceremonia de consagración de las ramas de olivo en Giurgiu, Rumanía.

Domingo de Ramos: ceremonia de consagración de las ramas de olivo en Giurgiu, Rumanía.

El cuarto domingo está dedicado a San Juan Clímaco, autor de un libro ascético llamado “La Escalera” que describe el camino que deben seguir los monjes para alcanzar la bienaventuranza divina. El Evangelio que se lee se refiere a las nueve Bienaventuranzas (Mt 4, 25-5, 1-12). El sexto domingo, de María Egipcíaca, sigue el mismo tono de arrepentimiento. La gran historia de María es un ejemplo de que todos los cristianos pueden regresar a Cristo, sin importar qué hicieron antes, si se arrepienten. El Evangelio leído es Lc 7, 36-50, sobre la mujer que lavó los pies del Señor. Finalmente, el Domingo de Ramos finaliza el período de cuarenta días y se celebra con hojas de palma, bien de sauce (en Rumanía) o de abedul (en Russia), donde no hay muchas palmeras.

La Semana Santa tiene un ritual litúrgico especial. El tiempo gira al revés, ya “no tiene paciencia”. El servicio matutino del lunes se celebra el domingo por la noche y así sucesivamente en toda la semana. También el servicio vespertino (las Vísperas) se celebran por la mañana y se combinan el miércoles y el sábado con la Liturgia de San Basilio. Muchos cristianos ayunan hasta el anochecer, van a confesarse y limpian sus casas en espera de la Resurrección. Cada tarde van a la iglesia a celebrar, como ya se ha dicho, los servicios matutinos, dedicados a los eventos de la Pasión relatados en los Evangelios. Los servicios más importantes se inician el jueves con la Liturgia de la Última Cena combinada con la ceremonia del lavatorio de pies de 12 personas. El Viernes Santo es un día alitúrgico y los cristianos ayunan hasta el anochecer, cuando participan en las Completas del Sábado Santo, que es prácticamente una ceremonia de entierro donde se canta un Canon de las Lamentaciones de la Theotokos, una obra maestra de la poesía y el momento más grande de la Gran Cuaresma. El Epitaphion, un icono de tela que representa el entierro de Cristo, se lleva por toda la iglesia y es finalmente depositado en el altar, que simboliza el sepulcro de Cristo.

Domingo de Ramos: el sacerdote rumano reparte ramas de sauce entre los cristianos de la iglesia.

Domingo de Ramos: el sacerdote rumano reparte ramas de sauce entre los cristianos de la iglesia.

La Liturgia celebrada el sábado por la mañana está dedicada a la Apertura de los Infiernos. Antes de leer el Evangelio, las ropas de los ministros y los atuendos en la iglesia se cambian y las oscuras son sustituidas por las blancas: antes de la Resurrección, según la tradición, Cristo predicó el Evangelio en los Infiernos y salvó a Adán, a Eva y a todos los Justos de la Antigua Ley. Hay que hacer notar que el icono del Descenso de Cristo a los Infiernos es el icono canónico de la Resurrección en la Iglesia Ortodoxa, y no el que lo representa como un vencedor, saliendo de la Tumba. Esto puede explicarse por el hecho de que la Resurrección, en sí misma, no es lo más importante para un ortodoxo, sino más bien sus efectos, es decir, nuestra salvación de la condena eterna.

Mientras esperan la Resurrección, todos los cristianos se reúnen en la iglesia una hora antes de la medianoche, en la Vigilia Pascual. Normalmente, a medianoche, todas las velas y luces de la iglesia se apagan. Sólo la vela que cuelga junto a la Cruz de Cristo en el altar está permitida; el sacerdote tomará la Santa Luz de allí y la transmitirá a los demás, cantando la alegría de la Resurrección.

Espero haber descrito la Gran Cuaresma de un modo que los lectores de Pregunta Santoral hayan podido entender. Hay mucho que decir, por lo que es difícil distinguir lo que vale la pena debatir y lo que no. Es crucial decir que la dieta vegana es muy importante, porque permite a los cristianos concentrarse más en sus oraciones. Pero en cualquier caso, la dieta no es lo más importante en la Gran Cuaresma. El arrepentimiento, el perdón y las buenas obras son necesarias para ser mejor cristiano. Mejorada con éstos, la Comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo es, de hecho, el núcleo de este tiempo de arrepentimiento y de renuncia. Ayunar durante la Cuaresma siempre aporta mayor alegría a todos, pero en cualquier caso todos están llamados a la Última Cena: los que siguen todas las normas, los que ayunan sólo una semana e incluso los que no respetan en absoluto el ayuno. Como Juan Crisóstomo escribió en su Sermón de Pascua, todos los seres humanos están llamados a gozar la Resurrección.

En la noche de Pascua, los cristianos ortodoxos se encuentran con sus difuntos en el cementerio.

En la noche de Pascua, los cristianos ortodoxos se encuentran con sus difuntos en el cementerio.

Os deseo a todos una Gran Cuaresma llena de alegría espiritual, combinada con arrepentimiento y buenas obras, a la espera del gran día de la Resurrección, ¡que este año es precisamente el mismo día para todos los cristianos!

Mitrut Popoiu

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De la fiesta de las Palmas a la procesión de las Palmas

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Fresco gótico de la entrada de Jesús en Jerusalén, obra de Giotto di Bondone (1305). Capilla de los Scrovegni, Padua (Italia).

Hoy, los cristianos que nos regimos por el calendario gregoriano, celebramos el Domingo de Ramos, conmemorando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y lo hacemos de una manera muy especial destacando en esta celebración la procesión de las palmas. Pero no siempre se ha celebrado así y de este tema es del que queremos escribir en este primer día de la Semana Santa. Empezaremos recordando el pasaje evangélico según San Juan y a lo largo de esta primera parte del artículo, comprobaremos el por qué hemos escogido esta perícopa evangélica.

“Al día siguiente, al enterarse la numerosa muchedumbre que había llegado para la fiesta, de que Jesús se dirigía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro gritando: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel!” Jesús, habiendo encontrado un borriquillo, se montó en él, según está escrito: “No temas, hija de Sión; mira que viene tu Rey montado en un pollino de asna”. Esto no lo comprendieron sus discípulos de momento; pero cuando Jesús fue glorificado, cayeron en la cuenta de que esto estaba escrito sobre él y que era lo que le habían hecho”. (Juan, 12, 12-16).

El Cuarto Evangelio es el único que narra la entrada de Jesús en Jerusalén inmediatamente después de la cena en Betania con sus amigos Lázaro, María y Marta. Los otros tres evangelistas colocan este evento en un contexto diferente. Para San Juan, Jesús es el ungido de Dios que entra en Jerusalén y lleva aun el olor de aquel perfume con el que María lo ungió el día anterior. Mientras se acercan a la ciudad, Jesús envía a dos de sus discípulos en busca de un borrico sobre el cual ninguno hasta entonces había montado: “Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis una asna atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, diréis: El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá” (Mateo, 21, 2-3). Esta es la única vez que Jesús se llama a sí mismo Señor y este gesto tiene un inmenso valor pues: “Alégrate, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí que tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna” (Zacarías, 9, 9). Jesús es el Rey que cabalga sobre un asno, que es humilde y manso y no cabalga sobre una mula, que era considerada la cabalgadura real.

Jesús entra en Jerusalén montado en el asno. Tabla gótica de Duccio di Buonisegna, s.XIV.

Los judíos que estaban en Jerusalén, al oír que Jesús venía, le salieron al encuentro y con sus vítores y palmas hicieron que su entrada en la ciudad fuera la entrada digna de un rey: “La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino” (Mateo, 21, 8). ¡Los mantos tendidos en tierra como si fueran alfombras! Esto nos recuerda los homenajes que se les tributaban a los reyes. Los ramos de olivos y las palmas agitados en señal de alegría, son también signos de un vasallaje real. Y como la Pascua era inminente, pues esa era la razón por la cual la ciudad estaba llena, esta escena popular de alegría tiene una gran importancia étnica, por la diversidad de gentes y espontaneidad de la misma, gente que grita: “Hosanna al Hijo de David (Mateo, 21, 9) añadiendo lo que escribe el salmista: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Salmo, 118, 26). Recordemos además que para los judíos llevar ramas en las manos era una señal de alegría y que así lo establecía la ley: “El primer día tomaréis frutos de los mejores árboles, ramos de palmeras, ramas de árboles frondosos y sauces de río y os alegraréis en la presencia de Yahvé por espacio de siete días” (Levítico, 23, 40).

La entrada de Jesús en Jerusalén está ligada en cierta manera a la fiesta hebrea de los Tabernáculos o de las Tiendas, fiesta que se celebraba entre septiembre y octubre. El séptimo día de esa fiesta es el llamado día del “Gran Hosanna”. “Hosanna, socórrenos por tu amor, ¡oh Dios nuestro!, hosanna. Sosténnos, ¡oh nuestro Creador!, hosanna. Defiéndenos, ¡oh nuestro Protector!, hosanna. Hosanna rabbah”. Cantando este himno y portando palmas, los peregrinos daban siete vueltas alrededor del altar del templo. El pueblo y Dios se abrazaban: “Su izquierda está bajo mi cabeza y su derecha me abraza” (Cantar de los Cantares, 2, 6). Finalmente, ofrecían setenta víctimas como sacrificio, una por cada nación del mundo entonces conocido. La salvación sería universal.

Para los primeros cristianos, el séptimo día de la fiesta de los Tabernáculos era la Fiesta de las Palmas. Los cristianos de origen hebreo, se vestían de blanco y subían al Monte de los Olivos. Allí, arrancaban ramas a los árboles y hacían coronas que colocaban sobre sus cabezas. Después, acompañando al obispo de la ciudad que iba montado sobre un asno, bajaban hacia el valle del Cedrón y junto a los antiguos olivos de Getsemaní, leían la perícopa evangélica de Lucas de la entrada de Jesús en Jerusalén. Atravesaban el torrente y subían a la ciudad pasando por la piscina probática donde Jesús curó a un paralítico. En este lugar, leían el texto de la entrada de Jesús en Jerusalén según el evangelio de San Marcos y desde allí se dirigían a la basílica construida por Santa Elena en el lugar del sepulcro. Ante la puerta cerrada se cantaba: “Abridme las puertas de la justicia, quiero entrar y dar gracias al Señor. Es esta la puerta del Señor y por ella entran los justos” (Salmo 118, 19-20) y se leía el mismo pasaje evangélico pero según San Mateo.

Peregrinos en Jerusalén durante la procesión del Domingo de Ramos.

Al atardecer, se clausuraba el día del Hosanna haciendo una gran llamarada de antorchas. Esta antigua procesión de las palmas es mencionada a finales del siglo IV por la peregrina Eteria diciendo textualmente que se desarrollaba desde la basílica del Monte de los Olivos hasta la basílica de la Resurrección el séptimo día de la fiesta de los Tabernáculos. Esta fue la primera fiesta de las Palmas para los antiguos cristianos. En ese mismo siglo IV, San Cirilo, obispo de Jerusalén manifestaba que era lo más natural que se aprovechasen las palmas procedentes del valle del Cedrón, pues habían sido esas mismas las que portaban quienes acompañaron en su día a Jesús desde Betania hasta la Ciudad Santa.

Esta ceremonia se estableció en primer lugar en las Iglesias de Oriente. Incluso los monasterios más solitarios de Egipto y Siria estaban habitados ese día, pues el mismo San Eutimio de Alejandría – también en el siglo IV – dice que al principio de la Cuaresma muchos monjes se retiraban al desierto pero volvían al monasterio para participar en la procesión de las palmas. En Occidente, la primera noticia que tenemos de esta celebración aparece en el Sacramentario Gregoriano del siglo VI.

¿Pero cuando y cómo la celebramos hoy? En primer lugar tenemos que decir que no la denominamos fiesta de las Palmas, sino procesión de las Palmas y la realizamos en el día de hoy, día en que comienza la Semana Mayor, antes de la celebración de la Santa Misa. Esta liturgia es una de las más intensas de la Semana Santa que, como hemos dicho, hoy comienza y es para nosotros un día alegre y triste a la vez: alegre, porque aclamamos a nuestro Rey – y por eso los celebrantes se visten de rojo, el color de los reyes – y triste porque recordamos el largo martirio al que se verá sometido en solo unos días y también por eso, continúan la celebración con el mismo color, el color de la sangre y del amor.

Vista de sacerdotes cristianos celebrando el Domingo de Ramos en Jerusalén (Israel), ataviados del color rojo.

Al inicio de la ceremonia, con la lectura del texto evangélico del hecho que se conmemora y con la bendición de las palmas y los ramos de olivos, se inicia una procesión que, normalmente, debiera recorrer el camino que va desde la iglesia o lugar de la bendición de las palmas, al templo donde se celebrará el Sacrificio. Durante el triunfal trayecto se cantarán himnos de alabanza a nuestro Rey y cantos que nos recuerden la perícopa evangélica del día, pero al llegar al templo de destino, cambiaremos la alegría por el dolor, celebrándose una Misa en la que tres diáconos nos recordarán cantando el texto de la Pasión según nos lo relata el evangelista San Mateo. Todos los textos litúrgicos variables de la celebración eucarística nos recordarán lo mismo: estamos en tiempos de Pasión.

Pueri Hebraeorum, portantes ramos olivarum, obviaverunt Domino, clamantes et dicentes: Hosanna in excelsis.

Pueri Hebraeorum, vestimenta prosternebant in via, et clamabant dicentes: Hosanna Filio David, benedictus qui venit in nomine Domini.

Antonio Barrero

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Domingo de Ramos: la palma de Elche

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Imagen procesional de Cristo sobre el borrico desfilando el Domingo de Ramos en Elx, Alacant (España).

Las hojas de las palmeras datileras se usaron desde los tiempos más remotos en la celebración de la fiesta judía de los tabernáculos, coincidente en el tiempo con la época de recolección de dátiles, y para acompañar la procesión triunfal de la entrada de Cristo en Jerusalén, recordando la leyenda que indicaba que la palmera se inclinó para ofrecer sus frutos a María, durante la huída con José y su hijo Jesús de Herodes, Rey de Judea.

Justus ut palma florevit ergo vincimus cum occidimus.
El justo florecerá como la palma, porque para el cristianismo primitivo morir era vencer.

En Elche la palma blanca que a lo largo de nueve meses ha permanecido en el interior del seno materno de la palmera encaperuzada, irrumpe a la efímera vida terrenal en una explosión de luz y color en la procesión del Domingo de Ramos.
Declarada en 1988 fiesta de Interés Turístico Internacional de extraordinaria belleza, las calles se convierten en ríos de personas portando sus ramos artísticos de todos los tamaños, formas y alegorías, elaborados con la palma blanca ilicitana.
La palma blanca obtenida por el encaperuzamiento de las palmeras constituye el segundo pilar sobre el que descansa la singularidad del Palmeral de Elche, confiriéndole carácter único en el mundo.
Establecidas las palmeras datileras, la utilización como elemento ceremonial de las palmas se constata en la producción de cerámica ibérica encontrada en las excavaciones realizadas en l’Alcúdia, en cuyos restos hallados, correspondientes a la etapa íbero-púnica, aparece ya representada la palma rizada.

La palma blanca de Elche es en la actualidad un producto único en el mundo, debiendo desarrollarse inicialmente por motivos religiosos, muchas veces de forma oculta, y de esta forma incorporada al principio del cristianismo en Elche, como elemento valioso para las celebraciones del Domingo de Ramos y diferenciador del resto de los lugares, como la misma Jerusalén, en donde a Cristo se le recibe con la palma verde.

Ejemplares de palma blanca criados en Elx, Alacant (España).

La palma blanca posee un carácter de naturaleza fúnebre al estar asociada desde la mitología clásica al culto a la diosa virgen Proserpina, Reina de los Muertos. El carácter funerario de este singular elemento fue asumido por el cristianismo, recogiéndolo posteriormente por los evangelios apócrifos asuncionistas que a su vez fueron motivo de inspiración de numerosos dramas sacro líricos medievales. Como su exponente más representativo el Misteri d’Elx, en los cuales con grandes analogías, Dios envía en el más puro estilo de la mitología oriental, a un ángel portador de un ramo aúreo, destinado a la Virgen próxima a su muerte, para que una vez producido su óbito, pueda en cuerpo y alma abandonar el reino de los muertos y ascender a los cielos.

Los romanos incluían figuras de hojas de palma como adorno de sus vestimentas. La palma blanca fue conocida de la población autóctona de Illici como elemento y símbolo religioso de culto primitivo como lo prueban fehacientemente los restos cerámicos hallados en l’Alcúdia.
Si en lugar de prevalecer la luz solar lo hace la oscuridad o reino de la luna, el fruto de esta relación ya no es el dátil sino la palma blanca. La luna con la luz reflejada del sol desafía la fotosíntesis solar, desafía el oscuro encaperuzamiento produciendo en él y se produce la palma blanca.

La palmera, típica especie mediterránea complicada y desconocida, que resiste al sol y se deja mecer por la luna, proporciona alimentos a la especie humana, así como condiciones para mejorar la calidad de vida, por lo que no tiene nada que extrañar que al igual que los dioses en la mitología griega contaran con un Olimpo, la palmera datilera fuese aceptada en el culto de las primitivas poblaciones íberas, antecesoras de las posteriores que dieron origen a la bimilenaria ciudad de Illici predecesora de la actual ciudad de Elche.

Los antiguos pobladores, como adoradores de la luna, desde el Neolítico debieron tener ocasión de comprobar que la oscuridad producía el blanqueamiento de las hojas de su árbol más característico. Esta técnica de blanqueamiento de las hojas de las palmeras datileras no fue copiada ni conocida de otras culturas por carecer del elemento fundamental: las palmeras.

Detalle de las palmas blancas en la procesión del Domingo de Ramos en Elx, Alacant (España).

A la muerte de la Vírgen María, el ángel baja del cielo con una palma blanca. Símbolo de su sagrada condición inmaculada “vos, molt pura e deffessa reatus patrum nostrorum…”, mientras entierra el apóstol Juan el virgen, el depositario de la palma blanca.

Todavía permanece la costumbre de colgar palmas en los balcones; este hecho cabe considerarlo como reminiscencias del antiguo pagano íbero, pues lo que en realidad se estaba haciendo con esta costumbre es una auténtica reliquia viva, desfigurada por el paso de los siglos, anunciando, en unas épocas en la que la comunicación era escasa y difícil, que en esa casa en donde se cuelga la palma había algún joven, esto es, algún muchacho en estado de celibato si se colgaba la palma blanca lisa, o una muchacha en soltería si la palma era rizada.

La elaboración de la palma blanca se realiza mediante una técnica ancestral transmitida de padres a hijos. Se incorporó al principio del cristianismo en la ciudad de Elche y así continúa como único lugar en el mundo donde se realiza esta labor con el fin de la celebración del Domingo de Ramos.

Los trabajos que se realizan para la elaboración de la palma son cuatro:
El atado se realiza desde el 8 de diciembre hasta primeros de junio, consiste en la agrupación de las palmas exteriores en torno al ojo de la palmera en forma de cono dejando la parte de arriba abierta utilizando cuerdas artesanales. (Actualmente también se utiliza hilo de plástico). De esta forma, no entra la luz solar al ojo de la palmera, obteniendo así que las nuevas palmas nazcan con un color blanco amarillento.

El encaperuzado, se realiza a partir de la festividad de Domingo de Ramos hasta finales de agosto. Este trabajo consiste en colocar una envoltura exterior en forma de cono (bien de palmas o de un plástico especial con apertura) en la parte de arriba de la palmera dejada abierta en el atado. Este trabajo es primordial para que las palmas nacidas con cierta altura no se verdeen al superar la parte de arriba abierta del atado.

Detalle de una palma blanca artísticamente trabajada. Procesión del Domingo de Ramos en Elx, Alacant (España).

La recolección se realiza desde septiembre hasta la víspera de Domingo de Ramos. Este trabajo consiste en la subida del palmerero a la palmera procediendo al corte de las palmas blancas y de la retirada de las palmas exteriores perteneciente al cono realizado en el atado y encaperuzado, dejando siempre las palmas necesarias para que la palmera siga su curso natural sin sufrir ningún tipo de daño.

Una vez clasificadas, se procede a su tratamiento que consiste en colocar las palmas en cámaras herméticas en las cuales se quema azufre para obtener un color más vivo y para su conservación.
La elaboración es realizada normalmente por las mujeres de la familia, ya que es un trabajo muy costoso de enseñar y muy laborioso al cual hay que dedicar muchas horas al día, ya que todo es manual desde su principio hasta el final.

La herramienta principal de esta labor son las manos y el ingenio de las maestras artesanas. Las palmas elaboradas artesanalmente que realizamos varían según la medida desde 5 cm. hasta 3,70 metros. Y el trabajo realizado en ellas con una amplísima variedad de modelos. Las palmas trabajadas se envasan en bolsas individuales para su envío o comercialización.

Datos facilitados por Ana Mora, de la entidad Palma Blanca de Elx a la que quedamos muy agradecidos.

Salvador Raga NavarroArtículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Domingo de Ramos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Procesión del Domingo de Ramos en la ciudad de Elx, Alacant (España).

¡Hosanna al Hijo de David!
Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel
¡Hosanna! ¡Hosanna en el cielo!

He aquí la antífona que la liturgia romana sugiere para abrir la celebración del día de hoy. En tierras colombianas es costumbre cantar aquel hermoso himno compuesto por F.X. Moreau: Tú reinarás, este es el grito que ardiente exhala nuestra fe. Tú reinarás, oh Rey bendito, pues Tú dijiste: Reinaré. Reine Jesús por siempre, reine su Corazón, en nuestra patria, en nuestro suelo, que es de María la nación. Y de esta forma inauguramos aquella augusta semana, en que celebramos la victoria de la Vida; terrible semana, que recuerda a las siniestras legiones su tremenda y definitiva derrota.

En el misal y breviario romanos encontramos este día denominado como “Domingo de ramos en la Pasión del Señor”. Tras semejante título hay dos historias que nos cuentan cómo los cristianos de  los siglos IV al IX entendían y celebraban este día.

El primer testimonio de esta fiesta lo encontramos en el relato de la peregrina Egeria. Como sabemos, ella nos ofrece valiosa información acerca de la praxis litúrgica de la Iglesia de Jerusalén en el siglo IV; nos describe minuciosamente las diversas ceremonias que se realizaban en la Ciudad Santa a lo largo del año litúrgico, desde Epifanía[1] hasta el tiempo pascual. Sabemos que dicha actividad litúrgica se impulsó con motivo de la restauración de los lugares santos llevada a cabo por el emperador Constantino, y sobre todo, con la edificación de las dos principales basílicas cristianas de la ciudad: el Martirion[2] y la Anástasis[3]. Alrededor de estos lugares clave, se desarrollarían sugestivas ceremonias cuyo influjo se haría sentir en casi todas las familias litúrgicas que por entonces ya se estaban gestando.

Procesión del Domingo de Ramos en la ciudad de Huelva (España).

Esto es lo que la virgen Egeria nos cuenta sobre el particular: La Eucaristía se celebraba en la mañana, como era costumbre los domingos, en el Martirion. Hacia la hora séptima[4] se congregada el clero y el pueblo presididos por su obispo en el Monte de los Olivos, en el oratorio conocido como Eleona, donde se decía que el Maestro había predicado; allí cantaban un oficio, compuesto por salmos y colectas[5] básicamente. Luego, se desplazaban al santuario llamado Ibomon, donde se creía había ocurrido la Ascensión; allí rezaban otro oficio, desde la hora nona hasta la hora undécima[6]. Terminado dicho oficio, partía la procesión hasta la Anástasis con ramos de olivo y cantos de alabanza; cerrando la procesión, iba el obispo, quien representaba a Cristo. Aquí vale la pena una aclaración: durante mucho tiempo se ha pensado que en dicha ceremonia el obispo iba sobre un jumento, pero Egeria nos aclara que todos, incluso los de alta clase, iban a pie; dado el cuidado de los detalles en sus narraciones, es difícil pensar que la peregrina haya pasado por alto semejante dato, cuando ni siquiera olvida mencionar la posición de los diferentes componentes de la asamblea en los oficios en Eleona e Ibomon (el obispo, los presbíteros y los seglares, sentados; los diáconos, siempre de pie). Llegados a la Anástasis, celebraban el Lucernare[7]. Terminada la oración vespertina, todos se dirigían al atrio interior, que conectaba la Anástasis y el Martirion, donde se levantaba una gran cruz en el lugar donde el Señor fue sacrificado: allí realizaban una última oración (que siempre se acostumbraba hacer al final del Lucernare) y se cerraba esta larga jornada con la bendición que el obispo impartía al pueblo. Hasta aquí el relato de Egeria. Cabe decir que no era éste el único caso en la liturgia jerosolimitana donde había tanto movimiento: teniendo a la mano los lugares santos, era normal que su liturgia los involucrara a todos.

La celebración en la Iglesia Madre de Jerusalén reviste un carácter eminentemente festivo: no así en Roma. Allí, primitivamente, en este día se leía la Pasión del Señor como un solemne inicio de la Semana Mayor. Y es que dicha semana era sobre todo un tiempo de luto: toda la semana estará marcada por el relato de la Pasión; incluso en la liturgia romana anterior al concilio Vaticano II, llamada tridentina, se establece la lectura de la Pasión en las misas de lunes a miércoles santos. Esta forma de vivir este tiempo estará tan incrustada en la conciencia del clero y pueblo romanos, que se resistirán al influjo de Jerusalén hasta entrado el siglo IX. Cosa distinta es, por supuesto, las Galias e Hispania, cuyas liturgias, fuertemente influenciadas por los ritos orientales, asumieron en el siglo V el rito de la procesión y su carácter festivo. Algo similar vemos en Constantinopla y Alejandría. Será la influencia galicana sobre el rito romano en la edad media lo que hará que la procesión conmemorativa de la entrada del Señor a Jerusalén sea al fin aceptada: con dicha ceremonia entra también el himno “Gloria Laus” de Teodulfo de Orleans.

Vista de las palmas trenzadas artísticamente para la celebración del Domingo de Ramos. Elx, Alacant (España).

Entrando la edad media, la piadosa creatividad se hará con este día: surgen procesiones con el Evangeliario o con el Santísimo Sacramento, o imágenes de Jesús montando un burro; poco a poco se reviste de un carácter folclórico. Vale mencionar la misa del jumento que surgió en esta época: se trataba de una misa votiva que  “honraba” al manso burro que cargó el dulce peso del Maestro; los melismas de los Kyries buscaban imitar el sonido del animal ¡y hasta secuencia[8] propia tenía la bestia en cuestión!

Aunque Roma aceptó la ceremonia, de a poco le fue quitando su característica alegría: sabemos que dicha procesión se convirtió en penitencial, con ornamentos morados y trajes de luto. Será hasta 1955, con la reforma litúrgica de Pio XII, que el rito romano lo celebrará con regocijo; eso sí, la lectura de la Pasión se conserva, pues, al fin y al cabo, esta práctica es más antigua en Roma que la tal procesión festiva. Y así hasta nuestros días: la historia nos ha legado una hermosa ceremonia que pone de relieve que la muerte del Maestro no fue derrota sino victoria; como Rey, entra a la ciudad para hacer su entrega definitiva, su sacrificio pascual, como Ungido de Dios y Siervo sufriente. Pero cuidado, que los mismos que lo aclaman al entrar a Jerusalén, serán los mismos que gritarán al prefecto romano “crucifícalo” ¡Cuán fácil es desviar la senda primera! Y a pequeña escala (y no tan pequeña) ¡cuántas veces tuvimos igual actitud! No solo es alegrarnos con Cristo Rey; este día debe ser para los cristianos una fuerte invitación a la coherencia y a permanecer unidos al Señor Jesús en los momentos de prueba. Sólo así podremos participar de la gloria de nuestro amado Rey, quien con el Padre y el Espíritu Santo son un solo Dios, y viven y reciben gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.

Dairon


[1] El 6 de enero, que era el día en el que primitivamente en Asia menor, se celebraba la Natividad del Señor.
[2] Ubicada cerca al lugar de la Crucifixión del Señor. Hacía las veces de “catedral”.
[3] Una gran rotonda que protegía el sepulcro donde reposó el cuerpo del Señor Jesús, y por consiguiente, donde ocurrió la Resurrección.
[4] Hacia la una de la tarde.
[5] Una colecta, en liturgia, es una oración que hace el presidente de la asamblea a nombre de todos los allí congregados, como las tres oraciones que en el rito romano reza el sacerdote en la misa: al inicio, sobre las ofrendas y después de la comunión, todas ellas precedidas de la monición “oremos”.
[6] Es decir, desde las tres hasta las cinco de la tarde.
[7] Oración de Vísperas, con su característico y solemne encendido de las lámparas.
[8] Primitivamente una secuencia era un himno que prolongaba el canto del aleluya con ocasión de una fiesta. Después, se convertiría en un poema que “introduciría” el canto del Evangelio. Y vemos que el jumento tenía un poema litúrgico en su honor…

Pueri Hebraeorum,
portantes ramos olivarum,
obviaverunt Domino
clamantes et dicentes:
Hosanna in excelsis.
Los niños de los Hebreos,
llevando en sus manos ramos de olivos,
salieron al encuentro del Señor,
gritando y diciendo:
¡Alegría en los cielos!

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es