Beato Benedicto XI, papa

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Medallón del Beato perteneciente a la galería de los Papas. Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

Benedicto XI gobernó la Iglesia Romana menos de un año escaso, de octubre de 1303 a julio de 1304, siendo el último pontífice romano que gobernó la Sede de Pedro (que residía temporalmente en la ciudad de Perugia) antes del periodo en el que se conocería como “Cautiverio Babilónico” (en el que los papas títeres de los monarcas franceses, residían en Aviñón, Francia). Durante su pontificado así como el de su antecesor el Papa Bonifacio VIII, se vivió una época convulsa en que la Iglesia se enfrentaba a las luchas rivales de los estados nacionales, y también se enfrentaba al estado en sí, en un intento de supremacía de alguno de los dos poderes existentes en la Edad Media.

Antecedentes a su pontificado
Tras la dimisión del papa Celestino V (canonizado durante el papado de Aviñón por Clemente V) el 13 de diciembre de 1294, en el cónclave que siguió, fue elegido el cardenal Benedicto Caetani, quien tomó el nombre de Bonifacio VIII; en un primer acto, temeroso de que las ciudades-estado de Italia siguieran reconociendo al papa emérito como legítimo, ordenó su encarcelamiento en el castillo de Fumone, cautiverio en el que permaneció hasta su muerte (probablemente asesinato).

La política del papa se basó en la idea de la supremacía del poder papal sobre el temporal y esto lo condujo a un enfrentamiento con Felipe IV el Hermoso, quien pretendía hacer tributar al clero francés, en favor de la Corona, sin el consentimiento del papa y a pesar de las protestas de los obispos. Esto fue contestado por el pontífice por la violación del derecho eclesiástico y sumado a un conflicto interno en Francia por parte de un complot contra el rey francés, el consejero real Guillermo de Nogaret contesta al papa acusándolo de herejía y de rebeldía contra el poder real, argumentando que siendo rebelde contra el rey era señal de rebeldía contra Dios.

Con el apoyo de la familia Colonna, Felipe organizó una reunión en París, donde acusaron a Bonifacio de herejía, simonía y blasfemia, también de la muerte de su predecesor, y antes de la reacción del papa (con la excomunión y la liberación de sus súbitos del juramento de lealtad al rey) los mercenarios guiado por los Colonna asaltaron el palacio papal de Anagni en 1303, donde fue ultrajado y amenazado de muerte, permaneciendo tres días entre malos tratos hasta que la población local se sublevó. Nicolás Boccasini, cardenal obispo de Ostia, y su sucesor (nuestro biografiado hoy) fue uno de los pocos que permanecieron fieles al papa, siendo encarcelado con él, sin embargo poco después de su liberación, Bonifacio VIII muere, por lo que el papado se sume en un convulso periodo antes del Periodo de los Papas de Aviñón.

Medallón del Beato con la tiara pontificia.

Biografía
Nicolás Boccasini nació en la Localidad de Treviso en 1240, siendo hijo de Boccasio, quien era notario municipal y de Bernarda, que fue lavandera del convento de los frailes dominicos en la ciudad. La familia vivió en las afueras de las murallas que protegían la ciudad, en un suburbio llamado San Bartolommeo. A partir de los seis años, Nicolás parecía destinado a la vida monacal, su primer maestro fue su tío, que fue sacerdote de San Andrea. Demostró ser muy inteligente por lo que pronto aprendió el latín y se enfocó en temas clericales. A la edad de catorce años, en 1254, ingresó a la Orden de los Predicadores, tomando el hábito de novicio en su natal Treviso. Pronto fue trasladado a Venecia por el prior y presentado al Provincial, quien lo mandó al convento de los Santos Juan y Pablo de la ciudad, donde permaneció durante siete años.

En 1262 fue trasladado a Milán, donde permaneció en el convento de San Eustorgio y donde profesó plenamente como hermano dominico, quedándose ahí seis años. De 1268 a 1282 se desempeñó como lector, en su localidad natal y en Génova. Él no era profesor, ya que no había tomado título universitario. En 1286, en el Capítulo Provincial de Brescia, fue elegido Prior Provincial de Lombardía por lo que su estilo de vida cambió, trasladándose a distintos conventos pertenecientes en la zona. También tuvo el cargo de Inquisidor, ya que el tribunal fue confiado por los papas a los dominicos y a los franciscanos. Convocó durante su mandato, los capítulos generales de Venecia (1287), en Rímini (1288) y en Trier (1289). Liberado del cargo, probablemente volvió a Treviso pero en 1293 fue elegido de nuevo, prior provincial.

Vidriera contemporánea del Beato.

En el Capítulo General de Estrasburgo en 1296, Boccasini, fue elegido Maestro General de la Orden de los Predicadores. Eran tiempos en que comenzaban a atizar el conflicto entre el Rey de Francia con el Papado. Ya que el Papa Celestino V había resultado incompetente e ineficaz y anhelando la vida monástica, renunció al Papado en 1294, causando gran confusión en la Iglesia, inmediatamente fue elegido para sucederle en el Trono de San Pedro Bonifacio VIII, quien su ascenso fue cuestionado por intereses políticos entre las familias italianas, los intereses de Francia y los movimientos radicales como los franciscanos espirituales.

Prohibió a cualquier religioso dominico, cuestionar la legitimidad del papa Bonifacio VIII y si era posible, defenderlo en los sermones. El papa en gesto de agradecimiento, lo nombró legado en Francia y en 1298 fue elevado al cardenalato y se le asignó el título de Cardenal Sacerdote de Santa Sabina. El 2 de marzo de 1300 fue consagrado Obispo de Ostia y al año siguiente fue nombrado Legado Papal en Hungría, volviendo a Roma en 1303.

Cuando los mercenarios de Sciarra Colonna asaltaron en septiembre de 1303 el palacio papal de Anagni, fue junto con el Obispo de Sabina uno de los que defendieron al pontífice del agravio de los soldados. El motivo de la disputa, fue el enfrentamiento ideológico sobre la supremacía de los poderes, y Bonifacio en la bula Unam Sanctam había apostado por la Supremacía papal sobre los principados y monarcas. El 10 de septiembre fueron liberados los prisioneros, pero días más tarde fallecía Bonifacio VIII. En el Cónclave que siguió, los cardenales buscaron un candidato que no se mostrara hostil con Felipe IV el Hermoso y eligieron a Boccasini como papa el 22 de Octubre, el elegido adoptó el nombre de Benedicto XI (Benedicto X es considerado Antipapa pero en aquél momento fue considerado legítimo).

Sepulcro del Beato atribuido a Lorenzo Maittani (ca. 1305).

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Entre los hechos más importantes de su corto pontificado fue el restablecimiento de la paz con la monarquía francesa con la derogación de la Bula papal. El rey mostró por su parte el afecto y la devoción por el nuevo pontífice, pero recomendó benevolencia por la Iglesia y reino de Francia. Absolvió de la excomunión a Felipe IV y de la censura a sus súbditos, pero el 7 de junio de 1304 excomulgó a Guillermo de Nogaret y a todos los partícipes del atentado de Anagni. Celebró dos consistorios donde creó nuevos cardenales, pero no duró más de ocho meses en el papado. Una anécdota que se cuenta de él, es de que el Lunes Santo en 1304, Benedicto celebraba la Santa Misa, cuando un peregrino se acercó y le insistió que le escuchara en confesión, el pontífice sin inmutarse, suspendió el servicio para escuchar su confesión y después volvía a celebrar la Eucaristía, actualmente es considerado apócrifo el relato, ya que no se podían suspender los oficios divinos pero la leyenda era una manera de enseñar el beneficio de la confesión frecuente.

El 7 de julio de 1304, Benedicto XI murió repentinamente en Perugia, donde había trasladado la corte papal. Su fama de santidad y sus milagros fueron reconocidos en 1736 cuando Clemente XII aprobó su culto (que actuó como beatificación formal) y Benedicto XIV extendió su veneración a toda la República de Venecia, a petición de los venecianos.

René

Enlaces consultados (13/03/17)
– https://en.wikipedia.org/wiki/Pope_Benedict_XI
– http://ec.aciprensa.com/wiki/Papa_Beato_Benedicto_XI

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Beato Terence Albert O´Brien, obispo de Emly y mártir

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Estampa del Beato, perteneciente a la serie de retratos de Santos dominicos.

Estampa del Beato, perteneciente a la serie de retratos de Santos dominicos.

Hoy escribiré (aunque sea brevemente) sobre uno de los beatos que conforman el grupo de los Mártires católicos de Irlanda beatificados por el papa Juan Pablo II el 27 de septiembre de 1992, asesinados in odium fidei por mantenerse fieles a la Iglesia Católica y a la Autoridad Papal durante la emancipación de la Iglesia Anglicana de la Romana por parte de Enrique VIII y sus sucesores y la persecución acaudillada por ésta y posteriormente durante el gobierno de Oliver Cromwell en su feroz histeria anticatólica. Estos mártires son desgraciadamente poco conocidos como también el contexto en el que vivieron, si bien son víctimas de la misma persecución.

Anteriormente ya se habían escrito sobre algunos mártires ingleses y sobre San Oliverio Plunkett arzobispo de Armagh canonizado por Pablo VI en 1975; pero con este artículo se pretende dar a conocer más sobre los mártires irlandeses que sufrieron por defender la integridad de su fe y su fidelidad con la Sede Apostólica. Primero hablaremos del contexto en el que vivió, después daré unas breves pinceladas sobre su biografía y su martirio.

Contexto histórico
Si bien después de su excomunión en 1533 Enrique VIII comenzó su proceso de rompimiento con la Autoridad de Roma, la persecución de los católicos irlandeses durante los siglos XVI y XVII tuvo periodos agresivos y también periodos de tranquilidad. El parlamento Inglés expidió el Acta de Supremacía en la cual se reconocía al rey como cabeza de la Iglesia Anglicana siendo aceptado por el parlamento irlandés. Los que se negaron a cumplir el juramento y siguieron orando por el Papa fueron torturados y asesinados. En 1534 se estableció la Ley de Traiciones en las que se consideró delito de traición negar esta supremacía y seguir siendo fieles al Romano Pontífice.

Tras la muerte de Enrique y la de su hijo Eduardo VI en 1553 sube al trono María Tudor, fervorosamente católica quien revierte las políticas religiosas de sus antecesores y restaura la soberanía papal sobre la Iglesia de Inglaterra, pero al mismo tiempo comenzó una campaña atroz de persecución hacia los protestantes conocida como “las persecuciones marianas”. Estas persecuciones originaron en el pueblo inglés un sentimiento anticatólico que solo culminaron con la muerte de la Reina y la coronación de su hermana Isabel I en 1558.

Al año siguiente el Parlamento aprobó el Acta de Supremacía de 1559 con lo cual el monarca también era líder de la Iglesia sin la autoridad papal, aunque al principio fue moderada en la persecución contra los “papistas”; incluso a pesar de la doctrina protestante que contenía, el clero seguía observando el ceremonial romano, la situación cambió cuando el Papa Pío V (de quien ya he escrito) excomulgó a la Reina y declaró a los católicos libres de su autoridad, así como los instó a levantarse contra ella. Con este acto comenzó activamente la persecución y los levantamientos armados, siendo en Irlanda famosos los levantamientos por parte del condado de Desmond.

Retrato de Henry Ireton, comandante que ordenó el arresto del Beato.

Retrato de Henry Ireton, comandante que ordenó el arresto del Beato.

A la muerte de Isabel, la dinastía Estuardo subió al trono, pero durante el reinado de Carlos I fue destronada y el Parlamento en su mayoría puritano (una doctrina protestante de carácter conservador que incitaba una purificación de la Iglesia Anglicana de los últimos resquicios del catolicismo) toma el poder, al mando de Oliver Cromwell y convierte su gobierno en una dictadura reprimiendo la libertad religiosa considerando a los católicos como herejes a exterminar, incluyendo proscribir el culto. Irlanda después de la rebelión de 1641 quedó bajo el control de la Confederación Católica aliada con los realistas exiliados ingleses y apoyada por el clero, los obispos y la mayoría de la población católica. Entonces el ejército parlamentario inglés en 1649 con Cromwell a la cabeza realiza una campaña militar para someter a los condados irlandeses al gobierno. Se intensificó la persecución y las atrocidades por parte de los ingleses contra la población civil, sacerdotes y fieles fueron martirizados y sus tierras confiscadas. Nuestro biografiado fue martirizado durante este periodo.

Biografía
O´Brien nació en Cappamore, en el condado de Limerick aproximadamente en el año 1600, siendo descendiente de la antigua casa real irlandesa. Con 21 años de edad ingresó en la Orden de los Predicadores (Dominicos) y fue enviado a estudiar en España donde recibió el sacerdocio en 1627. Recibió una fuerte formación teológica y canónica así como el espíritu misionero y ascético de su orden. Retornó a su país natal donde entre sus hermanos de hábito lo eligieron prior en varias casas y finalmente Superior Provincial. Marchó a Roma donde participó en el Capítulo General de 1644 y recibió el grado de maestro de teología. Acreditado ante el Papa Urbano VIII, éste lo designó como obispo de Emly siendo consagrado en el año de 1648 a manos del Arzobispo Giovanni Battista Rinuccini.

Durante la invasión de las tropas parlamentarias inglesas a Irlanda, él como la mayoría de los católicos irlandeses apoyó a la Confederación Católica de Irlanda, atendiendo durante todo el conflicto a los heridos y a los enfermos por la peste. O´Brien se opuso firmemente al tratado de paz que no garantizaba los intereses católicos en el país, en esta postura estuvo apoyado por el nuncio apostólico y por los fieles. También firmó una declaración contra la tregua del bando confederado con el duque de Inchiquin dado que éste había cometido atrocidades contra el clero y los fieles.

Cuando los ingleses sitiaron la ciudad de Limerick en 1651, el obispo incitó a la resistencia a los confederados provocando el furor de los jefes parlamentarios que bombardearon la ciudad desmoralizando a los defensores. El 27 de octubre la guarnición se rindió, la capitulación se motivó por el hambre y la peste pues los enfrentamientos cortaron las vías de suministro. El comandante Henry Ireton ordena el arresto del comandante O’Neill y del obispo O´Brien mientras atendían a los enfermos de la peste. Fueron acusados de alta traición ordenando su ejecución.

KIng John's Castle en Limerick, Irlanda, lugar donde fue capturado el Beato.

KIng John’s Castle en Limerick, Irlanda, lugar donde fue capturado el Beato.

Fueron ahorcados el 30 de octubre de 1651; mientras subía los peldaños del patíbulo pronunció el prelado: “Jesús despreció la vergüenza por mí en la cruz, y Dios no lo quiera pero debe menospreciar la vergüenza para mí en la horca… Yo no estoy en amor con este paso por el Mar Rojo, porque tengo la debilidad y la enfermedad de carne y hueso en mí… Esta copa pasará lejos de mí, pero ya no, puede que en mi voluntad se haga la suya, yo la he de beber de muy buena gana tan profundo como le plazca, y entrar en este mar, pasar a través de él, en el camino que ha de ser satisfecho para guiarme.” Fue beatificado junto a otros 16 mártires irlandeses por el papa Juan Pablo II el 27 de septiembre de 1992 en la basílica de San Pedro en el Vaticano.

René

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Webs consultadas (15/07/16)
– https://en.wikipedia.org/wiki/Terence_O%27Brien_(bishop)
– www.newadvent.org/cathen/11193d.htm
– www.opeast.org/2012/10/29/dominican-saints-101-bl-terence-obrien-and-bl-peter-ohiggins/

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San Pío V, papa y reformador

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Medallón con el busto del Santo. Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

Medallón con el busto del Santo. Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

San Pío V es una de las figuras más importantes durante la llamada Contrarreforma Católica, tuvo un papel fundamental en el desarrollo de la Iglesia Católica en los años posteriores al cisma que la dividió en 1517. Se le recuerda por su actuación en defensa de la “civilización cristiana” contra el ataque otomano que fracasó en la famosa batalla de Lepanto, sus acciones en materia litúrgica, unificando a la Iglesia bajo un solo Rito, al que llamamos tridentino o gregoriano. Pero también fue un hombre extremadamente moralista y tomará acciones que actualmente consideraremos equivocadas. Veremos el contexto que vivió y su vida y actuación como sucesor de San Pedro.

Contexto histórico
Desde que los seguidores de Martín Lutero se separaron de la Iglesia Católica en 1517, a raíz del estado moral y político que el papado había decaído con el Renacimiento, las divisiones entre los fieles y las relaciones entre cristianos católicos y cristianos protestantes eran cada vez más tirantes. En Alemania se convocó en 1521 la llamada Dieta de Worms en las que se intentó sin éxito zanjar las disputas teológicas. Sin embargo Lutero en vez de retractarse de sus ideas, acusó a Roma directamente de ejercer la tiranía.

En Francia las guerras de religión eran frecuentes, y así dividida la cristiandad soplaba en Oriente la amenaza turca. En ambas partes tanto protestantes como católicas exigían la convocatoria a un concilio ecuménico, sin embargo por razones políticas los papas León X y Clemente VII no pudieron convocarlo. La oposición de los católicos alemanes y el hostigamiento del emperador Carlos V que a este último provocara el saqueo de Roma por parte de sus tropas en 1526.

En Inglaterra, Enrique VIII y sus sucesores separaron a la Iglesia de Inglaterra de la Iglesia Romana, tras recibir negativa el rey a divorciarse de Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena y así poder engendrar un heredero al trono.

Lienzo barroco del Santo en oración.

Lienzo barroco del Santo en oración.

El papa Paulo III quiso en 1536 convocar un concilio en Mantua y dos años más tarde en Vicenza sin éxito, pero ahora los protestantes se opusieron ya que se negaron a aceptar que fuera presidido por el Sumo Pontífice. Por fin, en la ciudad de Trento se convocó formalmente a un concilio en 1545, siendo suspendido en varias ocasiones y terminado por el Papa Pío IV con la condena a las doctrinas protestantes. Pero San Pío V fue el que ahondó el ambiente contra reformista cuya influencia queda más que clara en la misa tridentina.

Biografía
Antonio Michelle Ghislieri
nació en el poblado de Bosco, ducado de Milán el día 17 de enero de 1504 siendo hijo de Pablo Ghislieri y de Dominica Augeria. A los diecisiete años de edad en 1521 decide ingresar a la orden de los Predicadores de Santo Domingo en Vigevano tomando el nombre de Miguel. Fue ordenado sacerdote en Génova, Italia en 1528 y radicó en Pavía donde enseñó filosofía y teología. En Parma, fue de manera contundente defensor del papado y detractor de las principales herejías de su tiempo, en contraste con la decadente moralidad dentro de la Iglesia, Ghislieri era demasiado moralista y severo, así como estricto y enérgico, siendo nombrado por sus superiores inquisidor en la ciudad de Como. A pesar de su drástico comportamiento era devoto, amable y admirado por su austeridad y su piedad.

En 1556 fue nombrado por el papa Paulo IV obispo de Sutri, siendo nombrado también inquisidor en Milán y Lombardía. Al año siguiente fue nombrado por el papa cardenal e Inquisidor general siendo admirado por su celo y energía. En 1559 fue transferido a Mondovi donde las guerras en el Piamonte habían dañado severamente la moralidad de las costumbres. Durante su etapa como cardenal, es conocido por su reiterada oposición al papa Pío IV de admitir a Fernando de Medici de tan solo trece años en el Sacro Colegio así como a Maximiliano II de abolir el celibato sacerdotal, lo que propició que se le despidiera del palacio y el fin de su autoridad como inquisidor. Antes de que Ghislieri pudiera retornar al episcopado, el Papa Pío IV murió el 9 de diciembre de 1565 y el 7 de enero de 1566 fue elegido Sucesor de San Pedro tomando el nombre de Pío V. Gracias a la influencia de sus amigos y protegidos fue coronado solemnemente como Papa de Roma el día de su cumpleaños.

El nuevo Pontífice se preocupó por detener el avance del protestantismo en los estados católicos de Alemania, entonces el día 26 de marzo de 1566 impuso en la Dieta de Augsburgo las nuevas directrices del concilio de Trento. Tal como en su etapa de Gran Inquisidor, el papa Pío V se propuso desde un principio elevar la moral de la Ciudad Eterna, así como la disciplina eclesiástica. Tenía que ser Roma modelo para todo el mundo cristiano (hablando así de la Cristiandad Occidental) no solo de manera espiritual, sino también de manera terrenal.

Lienzo contemporáneo del Santo.

Lienzo contemporáneo del Santo.

Mediante la bula In coena Domini declaró la supremacía de la Iglesia Romana y de su cabeza visible sobre todos los poderes civiles. Entre sus primeras acciones fue reducir el costo de la corte papal de manera drástica, tomando medidas de austeridad, obligó a los obispos a residir en sus diócesis pertenecientes, reguló los hospicios, y expulsó a las prostitutas de la ciudad. Por lo que es más conocido es por uniformizar la liturgia, impulsada por los acuerdos y prescripciones del Concilio de Trento. Esto se logró con la promulgación de la bula Quo Primum tempore en la cual establece al rito “tridentino” o conocida actualmente como la Forma Extraordinaria del Rito Romano, como único modelo para la Iglesia Católica, excepto donde la liturgia fuera anterior a 1370 y aún estuviera en uso. Así pudieron conservarse el rito mozárabe, el de Braga, el cartujo, el dominicano, el ambrosiano y el carmelita.

Como dije anteriormente era excesivamente moralista, y durante su pontificado incluso en las obras de arte se ve su influencia, un ejemplo claro es cuando encargó al pintor Daniele da Volterra cubrir algunas figuras trazadas en la Capilla Sixtina de Miguel Ángel que en su mayoría las había pintado desnudas, algo considerado en aquella época como obsceno y promiscuo. Para alegría mía y de las sociedades protectoras de animales, era ferozmente contrario a las lidias de toros que se celebraban en Roma y el 1 de noviembre de 1567 las prohibió bajo pena de excomunión a perpetuidad.

Ahí entramos en controversias, pues con el erario pontificio financió en Francia las famosas guerras de religión contra los hugonotes (es decir protestantes en su mayoría de doctrina calvinista) y la expulsión de los judíos de los estados bajo su jurisdicción. En 1570 el papa excomulgó a la reina Isabel I de Inglaterra, por su apoyo a la causa protestante, lo cual perjudicó la situación de los católicos en Inglaterra, pero apoyando a vanos intentos de restaurar el catolicismo en el país inglés.

Con la amenaza del Imperio Otomano a las puertas de Europa, el papa convocó a la llamada Liga Santa, constituida por el Imperio Español, Venecia y los Estados Pontificios con participación genovesa. Tras la conquista del último estado cruzado en Chipre, aumentaron en Occidente los temores de la invasión turca al centro del cristianismo. La invasión se produciría en el mar, así que el Pontífice encomendó a Juan de Austria el mando de la flota cristiana para detener el avance musulmán. Quien salió beneficiado fue Felipe II, ya que se concentraba en las posesiones de Marruecos y de Túnez. La batalla se produjo el 7 de octubre de 1571, en el golfo de Corinto, que como ya sabemos por la Historia, se produjo una importante victoria cristiana, quienes atribuyeron el triunfo a la Virgen del Rosario, y el papa en agradecimiento instituyó el 7 de octubre, como la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.

Vista del sepulcro abierto del Santo, mostrando la figura que contiene las reliquias. Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Vista del sepulcro abierto del Santo, mostrando la figura que contiene las reliquias. Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

El papa Pío V murió a la edad de 68 años, el día 1 de mayo de 1572, afectado por el cáncer. Sus contemporáneos alaban su piedad, y su devoción, a pesar de las reformas rígidas que él promovió. Fue beatificado por Clemente X el 1 de mayo de 1672 y canonizado el día 22 de mayo de 1712 por el papa Clemente XI. Su fiesta tras la reforma del calendario litúrgico es el día 30 de abril.

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René

Enlaces consultados (11/03/16):
-https://es.wikipedia.org/wiki/Pío_V
-ec.aciprensa.com/wiki/Papa_San_Pío_V
-www.dominicos.org/grandes-figuras/santos/san-pio-v-papa
-https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Lepanto

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Pío Alberto del Corona, obispo fundador

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Fotografía del Beato en su atuendo episcopal.

Fotografía del Beato en su atuendo episcopal.

Hoy es beatificado en San Miniato (Italia) el Venerable Siervo de Dios Pío Alberto del Corona, obispo dominico y fundador de las Hermanas Dominicas del Espíritu Santo. Por este grato motivo, queremos dedicarle este artículo en esta fecha tan señalada.

Alberto del Corona nació el 5 de julio del año 1837 en Livorno, en un barrio muy popular llamado “Venezia”, siendo hijo de José Del Corona y de Ester Bucalossi, ricos comerciantes de calzado. Fue bautizado tres días más tarde en la catedral de la ciudad, donde le impusieron el nombre de Alberto Francisco Filomeno. Fue el cuarto y último hijo del matrimonio ya que su madre murió cuando el niño solo tenía dos años de edad. De su infancia no se sabe prácticamente nada; solo existe una carta que revela que estuvo algún tiempo en Tremoleto junto a unos antiguos zapateros. Su hermana Teresa fue quién hizo las veces de madre. A pesar de ser muy joven, sentía verdadera pasión por la música, a la que siempre amó y con la cual se deleitaba, aunque no fue capaz de adaptarse a sus estudios. También sentía atracción por las ciencias, en especial, por las matemáticas.

Con diez años de edad fue estudiante externo de los padres barnabitas en el Colegio de San Sebastián, donde se le dieron muy bien las asignaturas de letras y donde fue educado por espacio de cinco años. Tuvo tal pasión por los estudios que tuvieron que prohibirle en más de una ocasión que estudiase, proponiéndole que compaginara los estudios con las distracciones. Esto fue para él “como si le quitaran la vida”. El 16 de abril del 1851, hizo la Primera Comunión en la iglesia de los barnabitas, y desde ese momento mostró un especial amor hacia la Eucaristía, amor que siempre caracterizaría su espiritualidad.

Con catorce años de edad se inscribió como aspirante en las Conferencias de San Vicente de Paúl, siendo destinado a la distribución de ayuda a las familias pobres y a enseñar la catequesis durante las clases de la tarde en la iglesia de los dominicos; en el cumplimiento de estas tareas, se ganó los elogios del Beato Federico Ozanam, que estuvo en Livorno en el año 1853. Estuvo asociado a la Tercera Orden Dominica durante los años 1851 al 1854, cuando en el convento de Santa Catalina estaba como prior el padre Domenico Verda y como párroco, el padre Constancio Mori. Tenía un carácter muy vivo, un talento muy versátil que desde muy pequeño estaba inclinado hacia la piedad, lo que hacía que a veces pusiera su casa patas arriba montando púlpitos para predicar, altares, etc. Su mayor placer era escuchar la palabra de Dios en la iglesia, por lo que asistía a todos los sermones, sin moverse como si fuera una estatua, siempre mirando fijamente al predicador para luego repetir, palabra por palabra, el sermón que había escuchado.

Foto en el convento de santo Domingo. En el centro está el beato Jacinto Cormier y él está a su derecha.

Foto en el convento de santo Domingo. En el centro está el beato Jacinto Cormier y él está a su derecha.

Sintiendo la llamada a la vida religiosa, Alberto tomó su decisión estando en Montenero, un santuario mariano cercano a Livorno. Teniendo dudas acerca de si marchar con los barnabitas o con los dominicos, se decidió por estos últimos debido a su devoción a Santa Catalina de Siena y a la atracción por la vida dominicana, que era monástica y apostólica al mismo tiempo, vida dividida entre la oración, el estudio y la predicación. La partida de su amigo Hugo Becherini, que dejó Livorno para tomar el hábito en el convento de San Marcos donde cambió su nombre por el de Ludovico el día 27 de mayo del 1854, fue un estímulo para su decisión y con diecisiete años de edad, o sea, ese mismo año, entró como postulante en el convento de San Marcos en Florencia. Aunque dejó contento su casa paterna, su naturaleza y el cariño a los suyos se impuso y pasó llorando en el convento sus ocho primeros días.

El 1 de febrero del año 1855, vigilia de la Purificación de Nuestra Señora, después del canto de Vísperas, vistió el hábito dominicano tomando el nombre de Pío Tomás. El 3 de noviembre del 1859 hizo su profesión religiosa, consiguiendo una dispensa de veintiún meses requerida por las leyes imperantes en la región de Toscana, dispensa que fue verdaderamente extraordinaria “por ser fray Pío Del Corona un joven de una capacidad intelectual poco común y una conducta ejemplar”.

Como las humanidades las había estudiado con los padres barnabitas, fray Pío continuó con sus estudios filosóficos y teológicos y el 20 de noviembre del 1859 recibió el título de lector, o sea, se había laureado. Fue ordenado de sacerdote y el 12 de febrero del 1860, con solo veintitrés años de edad, celebró su Primera Misa en la iglesia de San Marcos de Florencia. Inmediatamente fue destinado a impartir clases de filosofía, teología y lenguas, teniendo entre sus alumnos a estudiantes tan excepcionales como el padre Ambrosio Luddi, quién llegaría a ser obispo de Asís y a monseñor Donato Velluti, que llegaría a ser arzobispo titular de Patrasso.

Foto con las hermanas del Monasterio de el Asilo, en Florencia.

Foto con las hermanas del Monasterio de el Asilo, en Florencia.

Desde los primeros años de su sacerdocio se reveló en él una especial cualidad como orador y como escritor, predicó el Adviento en la catedral de Florencia y publicó la obra “Elevazioni sull’Eucaristia e i quattro cardini della felicità” (Las elevaciones sobre la Eucaristía y los cuatro pilares de la felicidad). Entre los años 1872 y 1874 ejerció la responsabilidad de prior en el convento de San Marcos y tras la expulsión de los religiosos, se esforzó muchísimo para recuperar el convento de Santo Domingo en Fiesole, que más tarde compró y reabrió el 10 de noviembre del 1879.

Diez años antes, el encuentro que tuvo con la señora Elena Bonaguidi, lo indujo a realizar una inspiración que había tenido mientras leía la vida de Santa Paula de Roma y que era, fundar una Comunidad que reflejara la fundada por la Santa en el Aventino. Esta inspiración se materializó el 12 de noviembre del 1872, cuando con la aprobación del padre Vicente Jandel – que era el general de la Orden -, se inauguró la pequeña comunidad de Villa Nuti, en la calle florentina de Santa Marta.

Entre los años 1875 y 1878 se construyó en la vía Bolognese un monasterio más grande el cual se puso bajo la advocación del Espíritu Santo y el 28 de octubre ingresaron las primeras diez terciarias las cuales vistieron el hábito religioso de las propias manos del padre fundador. En los primeros años del pontificado del Beato Pío IX se aprobó la fundación del nuevo monasterio, encargándose de la dirección espiritual monseñor Pío Del Corona – que ya había sido consagrado obispo en el 1875 -, permitiéndosele que lo visitase cada dos meses. El 21 de junio del 1881 fue terminada y bendecida la nueva capilla del monasterio, que posteriormente, el 7 de junio del año 1906 fue consagrada de manera solemne por el propio fundador. A este monasterio, casi recién construido, comenzó a denominársele “Asilo”. Esta comunidad, que había estado bajo la jurisdicción del obispo de Florencia, fue transferida a la jurisdicción de la Orden Dominica el 5 de septiembre del 1912.

De cuerpo presente.

De cuerpo presente.

Como hemos dicho anteriormente, en el mes de noviembre del 1874, el Beato Papa Pío IX nombró al padre Pío Alberto obispo titular de Draso y coadjutor de monseñor Aníbal Barabesi, obispo de San Miniato. Este último, teniendo serios problemas con algunos sacerdotes de su diócesis, fue invitado por la Santa Sede para que dimitiera, pero como se negó le pusieron un obispo auxiliar para que buscara la paz entre el clero y se encargara de la tarea de gobernar espiritualmente la diócesis, dejando para Barabesi solo las tareas económicas y administrativas. Fue consagrado obispo el día 3 de enero del 1875 en la iglesia romana de San Apolinar e hizo su ingreso en San Miniato el día 18 del mismo mes, ganándose muy pronto el cariño y la estima de todos hasta el punto de que el Papa, en un Breve Pontificio se complacía alabando su prudencia y su caridad. En un principio, la convivencia entre los dos obispos fue difícil y problemática, pero muy pronto llegaron a convertirse en dos grandes amigos. Barabesi, hasta su muerte, continuó viviendo en el palacio episcopal y cobrando el estipendio que el Reino de Italia tenía asignado a todos los obispos, mientras que el Beato Pío Alberto se vio obligado a vivir de las donaciones de sus feligreses, hospedándose fuera del obispado.

Durante su episcopado realizó numerosas visitas pastorales a los centros parroquiales y sociales de la diócesis, estuvo muy atento a la formación del clero, impartiendo él mismo algunas clases a los seminaristas. En este tiempo escribió e imprimió “La Pequeña Summa Teológica” e “Historias y doctrinas evangélicas”, dos obras ricas en doctrina y en piedad. En 1887 predicó la Cuaresma en San Miniato y consagró la diócesis al Sagrado Corazón de Jesús. Periódicamente, enviaba cartas pastorales tanto al clero como a los fieles y él mismo predicaba las misiones en la diócesis, visitaba los hospitales y las cárceles, llegando incluso a dar ejercicios espirituales a un grupo de presos. Dio clases de religión en el Colegio de Santo Tomás de Aquino en San Miniato, interesándose por los estudiantes, seglares y clérigos, no solo intelectualmente sino espiritualmente. Cuando el colegio fue cerrado a causa de sus deudas, él, aunque no estaba obligado, se hizo cargo de buscar el dinero para saldarlas.

Traslado a la cripta de la iglesia del Asilo en 1925.

Traslado a la cripta de la iglesia del Asilo en 1925.

Cuando en el año 1897 murió monseñor Barabesi, a pesar de su negativa, fue nominado obispo de San Miniato, nombramiento que fue recibido con mucho júbilo tanto por el clero, como por los religiosos y los fieles de la diócesis. En 1899 fue nombrado asistente al Solio Pontificio y el 18 de enero del año 1900 celebró las bodas de plata de su consagración episcopal. Cuando el 4 de agosto de 1906 se acercó al “Asilo” para celebrar la festividad de Santo Domingo, comenzaron a manifestársele los síntomas de una enfermedad hepática de la que nunca se recuperaría. A esto se le unió una ceguera prácticamente total que le obligó a solicitar ser relevado del gobierno de la diócesis, pidiendo retirarse al convento de Santo Domingo a fin de prepararse para la muerte en la quietud de su claustro.

San Pío X le aceptó la renuncia desligándolo de toda responsabilidad pastoral y el 14 de septiembre del 1906 nombró al entonces arzobispo de Pisa como administrador apostólico de la diócesis de San Miniato. Más tarde, en el 1908, fue elegido el nuevo obispo en la persona de monseñor Carlos Falcini, siendo elevado nuestro Beato a la dignidad de arzobispo de la sede titular de Sardica. Desde el 1906 al 1912, alternó su estancia entre el convento de Santo Domingo de Fiesole y el monasterio del “Asilo” en Florencia y como la ceguera le impidió tanto el leer como el escribir, se dedicó por completo a la meditación y a la oración, aunque en el 1908 se sometió a una operación de cataratas que le permitió, de manera parcial, el reiniciar la publicación de algunas otras obras. En Santo Domingo observaba estrictamente la Regla, siendo un verdadero modelo de vida para todos los frailes del convento. El 3 de noviembre de 1909 celebró las bodas de oro de su profesión religiosa y el 12 de febrero del año siguiente, el cincuenta aniversario de su ordenación sacerdotal. Estos dos acontecimientos le procuraron todo tipo de felicitaciones, incluida una carta personal del propio Papa. Tanto el convento de Santo Domingo como el monasterio del “Asilo” se disputaban el honor de la celebración de esta Misa de oro, pero él se sustrajo a toda fiesta y se retiró durante tres días al convento de los pasionistas en Galluzzo.

Sepultura en la cripta de la iglesia del Monasterio del Asilo.

Sepultura en la cripta de la iglesia del Monasterio del Asilo.

No obstante en empeoramiento de su salud, el 18 de febrero de 1912 se empeñó en iniciar la predicación de los ejercicios espirituales de las Hermanas del Asilo, pero la creciente fiebre le obligó a renunciar al sexto día. Con la esperanza de mejorar su salud cambiando de aires, volvió a Santo Domingo, aunque esta última tentativa para recuperar la salud resultó completamente inútil por lo que, como continuaba agravándose su enfermedad, el 29 de julio decidió retornar al “Asilo”, que era el lugar elegido para morir. Hemos de tener en cuenta que entre Florencia y Fiesole hay solo unos diez kilómetros de distancia, pero mientras Florencia está en la vega del río Arno, Fiesole se encuentra en un lugar más alto.

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El 15 de agosto del 1912, festividad de la Asunción de Nuestra Señora, el mismo día que él había profetizado, rodeado de sus hijas, murió en Florencia. Fue sepultado en el cementerio de Soffiano en Florencia, aunque el 21 de octubre de 1925 su cuerpo fue trasladado a la cripta de la iglesia del “Asilo”, donde aun descansa.

Sepultura en la cripta de la iglesia del Monasterio del Asilo.

Sepultura en la cripta de la iglesia del Monasterio del Asilo.

Su Causa de beatificación fue incoada en la diócesis de Florencia en el año 1941, concluyéndose el proceso informativo en el año 1959. El decreto validando sus escritos fue publicado el 3 de diciembre de 1971 y el que validó todo el proceso informativo, el 4 de junio del 2004. Fue declarado Venerable el 9 de octubre del año 2013 y el 17 de septiembre del año pasado fue decretada la aprobación del milagro previo a la beatificación, ceremonia que, como dije al principio, se celebra en el día de hoy.

Antonio Barrero

Enlace consultado (19/08/2015):
– www.suore.it

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Pedro de Verona, fraile dominico mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del Santo por Zanino di Pietro en un Libro de Horas.

Detalle del Santo por Zanino di Pietro en un Libro de Horas.

Pregunta: Me gustaría conocer la biografía de San Pedro de Verona. Muchas gracias por su atención.

Respuesta: Si te soy sincero, si no hubieras preguntado por la vida de este santo, yo no hubiese escrito sobre él, ya que la Inquisición, en su conjunto, me repugna, pero en atención a tu consulta y en base a que los hagiógrafos defienden que Pedro de Verona luchó contra la herejía “más de palabra que con hechos”, daremos algunos apuntes sobre su biografía.

Nació en Verona a finales del siglo XII en el seno de una familia de herejes dualistas (cátaros). Los documentos más antiguos que nos hablan de él, nos cuentan que un día, cuando sólo tenía siete años de edad, un tío suyo le preguntó qué era lo que aprendía en la escuela. El niño le recitó el Credo, ante lo cual, el tío intentó convencerlo de que la mitad de las cosas que decía el Credo eran falsas, aunque el niño no se dejó convencer. Continuó sus estudios en la Universidad de Bologna, ciudad en la que ingresó en la Orden de Predicadores cuando aún vivía su fundador, Santo Domingo de Guzmán. Su primera actividad apostólica la desarrolló en Milán y en Venecia entre los años 1232 al 1234.

Aunque no existe ningún documento de aquella época, contemporáneo al santo, se tiene como cierto lo que dicen los cronistas posteriores que atribuyen a Pedro gran parte de las fundaciones de la Sociedad de la Fe y de las Confraternidades marianas en Milán, así como las de Florencia y Perugia. Estas confraternidades, muy vinculadas a los conventos dominicos y otras similares, tuvieron cierta difusión a mediados del siglo XIII y ejercieron una gran influencia confirmando a los cristianos en la fe y defendiendo la ortodoxia contra las nuevas doctrinas heréticas.

Martirio del Santo, obra de Tiziano Vecellio.

Martirio del Santo, obra de Tiziano Vecellio.

En el año 1236 estuvo en la ciudad de Como, muy probablemente como prior de una nueva fundación dominica (un convento) que se encontraba con grandes dificultades, pues los monjes de la Abadía de San Abundio, que en un principio habían cedido a los dominicos la iglesia de San Juan en Piedemonte, influenciados por los nuevos herejes, intentaban alejarlos no sólo de aquella iglesia sino incluso de la ciudad. Contra estas artimañas, tuvo que luchar Pedro a fin de mantener abierto su convento.

En los años siguientes desarrolló una actividad prodigiosa como predicador de la fe católica, refutando las doctrinas de los herejes tanto en Vercelli, como en Roma y en Florencia. Fue allí, en esta ciudad toscana, donde conoció a los Siete Santos Fundadores de los Servitas, de los cuales se hizo amigo y consejero, y fue allí también donde además de combatir la herejía, se ocupó, como ya había hecho antes en Milán, de la dirección espiritual de las monjas. Su celo apostólico y su caridad lo empujaron a extender su actividad predicadora por gran parte del norte de Italia, muy concretamente en Mantova, Pavia, Bergamo y Cesena.

En el año 1249 contribuyó a la pacificación de las ciudades de las regiones de La Romagna y de Las Marcas, las cuales estaban convulsionadas tanto por rencillas entre nobles y familias como por problemas territoriales. En el 1248 y por espacio de un año, estuvo de prior en el convento de Asti y después en el de Piacenza, volviendo a Milán en el año 1250, ciudad que consideró como su sede principal desde donde ejercer su apostolado de la predicación en defensa de la fe católica. Allí, con sus predicaciones y con sus disputas públicas con los herejes se ganó el cariño de la gente, máxime cuando – como dicen algunas leyendas -, sus predicaciones fueron a veces acompañadas de la realización de algunos milagros y profecías. De esta manera, consiguió que volvieran al catolicismo a muchos que previamente lo habían abandonado.

Martirio de San Pedro de Verona. Obra anónima del siglo XVI, Iglesia de San Eustorgio, Milán

Martirio de San Pedro de Verona. Obra anónima del siglo XVI, Iglesia de San Eustorgio, Milán

Después de la muerte del emperador Federico II en el año 1250, el papa Inocencio IV, viéndose liberado de las controversias que tenía con el emperador, viniendo desde Lyón, se quedó unos meses en la región de Lombardia y allí vio con sus propios ojos cómo los cataros campaban a sus anchas, por lo que decidió utilizar medidas más drásticas contra ellos. La primera medida que tomó fue instituir la Inquisición en todas las ciudades lombardas y en este sentido, el 8 de junio de 1251 le hizo a Pedro de Verona un encargo muy especial: reprimir a los cátaros en la ciudad de Cremona. En septiembre de ese mismo año, el Papa extendió sus dominios como inquisidor a las ciudades de Milán y Como y a sus respectivos territorios. Simultáneamente, el Capítulo de la provincia Lombarda de la Orden lo nombró prior del convento de Como. Fray Pedro de Verona, posiblemente sin quererlo, se convirtió en inquisidor y ya sabemos cómo se las gastaba la Inquisición.

Pedro se dedicó por completo a su nueva misión, y en el Domingo de Ramos del año 1252, ordenó se diera una prórroga legal a todos aquellos que eran considerados herejes para que, o bien se sometieran a los dictámenes de la Iglesia, o se atuvieran a las consecuencias. Sabiendo lo que hacía y a lo que se exponía, al mismo tiempo predijo su propia muerte: “Sé con certeza que mi muerte ya ha sido decretada por los herejes y que están preparando el dinero para ello. Que hagan lo que quieran, porque voy a luchar más contra ellos estando muerto que estando vivo”. Desde luego no hacía falta ser un profeta para prever este desenlace. En efecto, los cátaros de Milán, Bergamo, Lodi y Pavia ya había decidido acabar con Pedro y con Rainiero Sacconi, que era el inquisidor de Pavia. Los principales cabecillas del complot eran Giacomo Della Clusa, Esteban Confalonerio, Manfredi Chrono y Guidotto Sachella, quienes contrataron como ejecutores del asesinato a Pedro de Balsamo (el Beato Pedro Carino de Balsamo, de quien ya hemos escrito en este blog) y a Albertino Porro de Lentare.

Arca sepulcral del santo en la iglesia de San Eustorgio, en Milán.

Arca sepulcral del santo en la iglesia de San Eustorgio, en Milán.

Pedro, que entonces estaba en el convento de Como – del que como hemos dicho era prior -, decidió volver de nuevo a Milán el día 7 de abril, que era el “Domingo in albis”. Carino de Balsamo tuvo conocimiento de este viaje que Pedro de Verona había emprendido el día anterior (el sábado 6 de abril) en compañía de tres frailes dominicos. Los dos asesinos – Carino y Albertino -, los siguieron, alcanzando al grupo de frailes, que se había parado para comer y descansar en Meda, y decidieron esconderse en los bosques de Barlassina, en un lugar llamado Farga. Cuando San Pedro y Fray Domingo (que era uno de sus acompañantes), se pusieron de nuevo en marcha, uno de los asesinos – Albertino Porro de Lentare -, sintió horror o miedo por el delito que iban a cometer y se dio a la fuga. Entonces, Carino de Balsamo, con un “falcastro”, golpeó la cabeza de Pedro y le hundió un cuchillo en el pecho. San Pedro cayó al suelo, comenzó a recitar el Credo y con su sangre escribió la palabra “Credo” en el suelo. Fray Domingo, que también fue atacado, murió en el monasterio de las benedictinas de Meda a consecuencia de dichas heridas, seis días más tarde.

El cuerpo de Pedro fue inmediatamente llevado a Milán, donde fue recibido solemnemente por el clero y el pueblo, quienes lo consideraron de inmediato como a un mártir. Cierto es que Pedro había manifestado en más de una ocasión que quería dar su vida por la fe, y de hecho murió recitando y escribiendo el Credo, pero los motivos que originaron su muerte bien pudieron ser una mezcla de odio a la fe y odio a las prácticas utilizadas por la Inquisición.

Relicario del cráneo del santo. Iglesia de San Eustorgio, Milán.

Relicario del cráneo del santo. Iglesia de San Eustorgio, Milán.

En los siglos siguientes, debido a las fechorías cometidas por la Inquisición, la figura de San Pedro de Verona y su espiritualidad se vieron ofuscadas, difusas, borrosas, especialmente durante el tiempo de la Contrarreforma, aunque también es cierto que en él no se veía a un duro inquisidor luchando contra la herejía. Es cierto que las leyendas, e incluso la propia vida del santo, contribuyeron a rastrear estas características, pero fueron los inquisidores de los siglos siguientes los que, al proclamar su patronato, los que, al declararlo como su excelso patrono, contribuyeron más que nada a crearle esta mala fama. Aun hoy en día, no debemos extrañarnos si entre algunos historiadores modernos persisten estas teorías e incluso algunas informaciones – que hay que decir carecen de todo fundamento histórico -, de que Pedro era uno de los que hacían quemar a los herejes no arrepentidos.

San Pedro fue inquisidor, pero sólo lo fue por unos meses y no existe ningún indicio, ningún documento que confirme que inició y terminó ningún proceso inquisitorial contra los enemigos de la fe católica. En él se descubre un trato mucho más humano, como por ejemplo lo demuestra su empeño en atender a las necesidades de las monjas. El pueblo comenzó a venerarlo como un hombre bueno desde el primer momento, pero en la historia, como he dicho, se vio “alterada” su figura.

Pero volvamos al momento de su muerte. Esta noticia se corrió como la pólvora y la ciudad de Milán quedó profundamente conmocionada. Aquella misma tarde, el cuerpo de Pedro fue puesto en la iglesia de San Simpliciano, que estaba a las afueras de la ciudad, y al día siguiente fue llevado triunfalmente al convento dominico de San Eustorgio, donde fue sepultado en el llamado “cementerio de los mártires”. Desde ese mismo día, comenzaron a difundirse a voz en grito numerosas gracias concedidas mediante su intercesión, milagros que conforme pasaba el tiempo, se iban intensificando. Entre estos, la conversión de su propio asesino (el Beato Pedro Carino de Balsamo) y del obispo hereje Daniel de Giussano, que fue uno de los maquinadores de la muerte del santo; ambos, arrepentidos, ingresaron en la Orden Dominica.

Vista de la urna con huesos del Beato Carino y el "falcastro" que empleó para asesinar a San Pedro de Verona.

Vista de la urna con huesos del Beato Carino y el “falcastro” que empleó para asesinar a San Pedro de Verona.

Como consecuencia de esta veneración popular, las autoridades milanesas enviaron una delegación a Perugia, que era donde se encontraba el Papa Inocencio IV, a fin de pedirle la canonización de Fray Pedro. El 31 de agosto de 1252 el Papa nombró una comisión compuesta por el arzobispo de Milán, el obispo de Lodi y el preboste de la iglesia de San Nazario en Milán, a fin de que iniciasen el proceso canónico. Éste se realizó con una rapidez extraordinaria y así, el 9 de marzo del año siguiente, el mismo Papa ofició en Perugia la ceremonia de canonización y el 24 de marzo emitió la Bula “Magnis et crebris”, con la cual inscribía a Pedro de Verona en el catálogo de los santos, fijando como fecha de celebración el día 29 de abril.

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En el verano de ese mismo año, con ocasión del Capítulo provincial de los dominicos de Milán, el arzobispo de la ciudad, después de haber separado la cabeza del resto del cuerpo del santo, puso a éste en un modesto sarcófago de mármol y lo colocó en la nave izquierda de la iglesia de San Eustorgio, pero no contento con ello, los dominicos empezaron a recoger limosnas por toda Europa y encargaron en el año 1336 al escultor Giovanni Balduccio la construcción de un monumento sepulcral de mármol similar al de Santo Domingo en Bologna. Este monumento fue terminado tres años más tarde, convirtiéndose en una de las obras maestras de la escultura gótica italiana. Con ocasión del Capítulo General de la Orden celebrado en el año 1340, se hizo el solemne traslado de los restos del santo y para la reliquia del cráneo, el florentino Pigello Portinari construyó una preciosa capilla que fue decorada por Vicente Foppa. En el año 1736 se volvió a hacer un reconocimiento canónico de los restos del santo.

 Altar mayor de la Iglesia de Santa Anastasia en Verona (aparecen San Sebastián, San Pedro y San Roque).

Altar mayor de la Iglesia de Santa Anastasia en Verona (aparecen San Sebastián, San Pedro y San Roque).

Inmediatamente después de la canonización, los dominicos comenzaron a erigirle iglesias y a nominarle conventos. El templo más majestuoso fue erigido en su ciudad natal, que es conocido como iglesia de Santa Anastasia. Las Confraternidades de San Pedro comenzaron a propagar su culto por todo el mundo, muchas ciudades italianos lo nominaron como su santo protector haciendo su fiesta como día de precepto. En algunos lugares, San Pedro de Verona es considerado como el santo patrono de algunos artesanos, como por ejemplo, de los zapateros en Mallorca, de los tejedores en Manresa o de los cerveceros en Colonia. El día de su fiesta, con el relicario de su cráneo se acostumbra a bendecir agua, que posteriormente es utilizada como remedio contra algunas enfermedades.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Campana, P.T., “Storia di San Pietro martire di Verona”, Milano, 1741 y 1974.
– Meersseman, G., “Una vita per il Credo”, Seveso, 1952
– Orlandi, S., “San Pietro Martire da Verona; Leggenda”, Firenze, 1952
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

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