Santa Dróside, hija del emperador Trajano

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Fresco ortodoxo grecoamericano de la Santa. Iglesia de San Demetrio en Saco, Maine (EEUU).

Santa Dróside es una de las vírgenes nobles romanas que no apreciaban su título y posición social y escogieron el amor de Jesucristo hasta su muerte. Sin ser tan atormentada como sus hermanas en Cristo Lucía, Catalina, Cecilia y muchas otras, porque era la hija del emperador Trajano (98-117), escogió morir como mártir por su Señor.

Contexto histórico
El emperador Trajano es uno de los emperadores cuyos orígenes no eran exactamente nobles, al menos, no procedía de Roma. Nacido en Hispania, sirvió como soldado y después como general en el ejército de la Hispania Tarraconensis. Se menciona que su padre fue gobernador de Siria entre 76-77, de ahí que Dróside, la hija de Trajano vivió y murió martirizada en Antioquía. En el 89 Trajano dio su apoyo al emperador Domiciano durante la revuelta del Rin. Más tarde, en el 96, Domiciano fue sucedido como emperador por Marco Coceyo Nerva, un viejo senador sin hijos, muy impopular en el ejército. Después de diversas presiones llevadas a cabo por la guarda pretoriana, Nerva adoptó a Trajano como heredero y sucesor. Nerva murió el 27 de enero del 98, y fue sucedido por Trajano, quien gobernó 19 años. Durante estos años como emperador, el Imperio Romano alcanzó su máxima expansión, conquistando Dacia (106), Nabatea (107) y Mesopotamia (114).

Entretanto, Trajano fue uno de los perseguidores de los cristianos. En el año 99 reactivó una vieja ley que prohibía reuniones secretas y que fue directamente esgrimida contra los cristianos y en el año 104 aprobó una ley específica contra ellos. La aplicación de estas dos leyes no fue tan estrictamente observada. Entre los años 109 y 111, Plinio el Joven, enviado a Bitinia como gobernador, informa a Trajano sobre los cristianos de su región. El gobernador indicó que había ordenado la ejecución de diversos cristianos, “porque no tuve duda, fuera lo que fuera que admitiesen, que en cualquier caso la obstinación y la perversidad debían ser castigadas” (Cartas, 10, 96). No estaba seguro acerca de qué hacer con aquellos que ya no se manifestaban cristianos, y consultó a Trajano, quien decidió que los cristianos no debían ser buscados, que las denuncias anónimas eran “indignas de nuestros tiempos”. Pero que aquellos que fueran descubiertos y persistieran en testificar su fe por Cristo, debían ser castigados.

Aún se produjeron algunas persecuciones locales. De ahí que San Ignacio, obispo de Antioquía, también llamado “el portador de Dios” o el “teoforo”, que fue enviado a Roma, murió en el circo durante las festividades celebradas tras la victoria contra Dacia en el año 107.

Santa Dróside entre los Santos Basilio de Ancira y Calínica. Icono ortodoxo griego.

Martirio de Dróside y las cinco vírgenes
Trajano tenía una hija con un nombre griego, Dróside (que significa “rocío”) y que vivía, como ya se ha mencionado, en Antioquía. Pero no se sabe nada más de ella.
La santa mártir Dróside era amiga de cinco vírgenes canónicas que vivían en una casa siguiendo los mandamientos de Dios. En esta época el monacato aún no estaba institucionalizado, pero ya se practicaba en algunas casas de Roma, Antioquía y otras ciudades, aunque aún no en los desiertos de Egipto o Asia Menor. Las “monjas” se llamaban Áglae, Apolinaria, Daría, Mamtusa y Thais, y su misión era recoger las reliquias de los santos martirizados, ungiéndolas con óleo y poniéndolas en sarcófagos especiales para reliquias. Dróside a veces acudía a la casa de estas doncellas durante la noche y las ayudaba con dinero u otras cosas que pudieren necesitar, para que pudiesen tomar los cuerpos de los santos.

En ese tiempo, Adriano, el prometido de Dróside (¿quizá el siguiente emperador, Adriano?) era asesor del gobernador, y mandó poner soldados para guardar los cadáveres de los cristianos, para detectar a quienes recuperaban sus cuerpos. De este modo, capturaron a las cinco mujeres y Dróside entre ellas. Dróside fue encerrada en su casa, pero las otras cinco vírgenes fueron ejecutadas y quemadas y sus cenizas fueron mezcladas con bronce fundido que se empleó para levantar baños públicos.

El día de la inauguración, una gran multitud fue hacia los baños, pero muchos murieron en la entrada, aparentemente aplastados por la masa. En cualquier caso, el emperador, que estaba allí, creyó que esto sucedía por un hechizo cristiano; hasta que los constructores le dijeron que los braseros del baño contenían las cenizas de las mujeres quemadas. Entonces el emperador ordenó fundir los braseros para que hicieran con ellos estatuas de las cinco vírgenes y fueran colocadas en el baño para su deshonor.

Después que se cumplió esto, el emperador soñó que cinco corderos pastaban en un jardín limpio y un impresionante pastor le dijo que los cinco corderos eran las cinco vírgenes, que ahora estaban en el Paraíso, y que estaban esperando a la hija del emperador, Dróside. El emperador se levantó enfadado y ordenó construir un enorme horno en el foro poniendo cartel en el que se ordenaba a los cristianos que se libraran de la posterior persecución arrojándose ellos mismos al fuego.

Detalle de la Santa en un fresco ortodoxo griego.

Dróside, que permanecía encerrada en su casa, oró a Dios para escapar y unirse a sus amigas en el martirio. De noche se disfrazó y logró escapar. Pero de camino al horno, se preguntó cómo podría acudir al Señor sin su vestido de boda, porque aún no estaba bautizada. Entonces oró a Jesucristo y dijo: “Oh Rey de reyes, Señor Jesucristo, por ti desprecié mi condición imperial, para que me hagas digna de ser la menor de las esclavas de tu reino. Por favor, bautízame con tu Santo Espíritu”. Con estas palabras, se ungió a sí misma con la mirra que había traído consigo, y se sumergió en un río tres veces, diciendo: “la sierva de Dios Dróside es bautizada en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. En los siete días siguientes se ocultó, ayunó y oró. Y al octavo día la santa Dróside partió al Señor. El Sinaxario Ruso dice que se arrojó al horno, aunque no parece claro. Esto ocurrió el 22 de marzo del año 104.

El destino de un emperador
Encuentro muy interesante comentar lo que sucedió con el emperador Trajano. En el 117, estando en Cilicia, enfermó y embarcó de vuelta hacia Italia. Su salud fue deteriorándose durante la primavera y el verano de 117; finalmente murió a causa de un edema el 9 de agosto en Selinunte, una ciudad de Cilicia que fue llamada más tarde Trajanópolis. Su sucesor fue Adriano, quien aparentemente había sido adoptado por Trajano algún tiempo antes.

Los Prólogos Rumanos, copiados de los Prólogos de Ochrid, muestran información interesante sobre el destino del emperador tras su muerte. San Juan Damasceno anotó en su Tratado para los que duermen que: “Gregorio el Dialogos (San Gregorio Magno), obispo de la vieja Roma (540-604), como todos sabemos, fue famoso por su santidad. Cuando servía tenía como ministro ayudante a un ángel celestial. Una vez, viajando sobre un puente de piedra y permaneciendo un rato allí a propósito, oró al Señor pidiéndole perdón por los pecados del emperador Trajano. Entonces oyó la voz del Señor diciendo: “He escuchado tu oración y he perdonado a Trajano, pero no vuelvas a orar por los paganos nunca más”.

Santa Dróside junto a los Santos Basilio e Isaac. Calendario ortodoxo.

Esta historia también se menciona en una vita inglesa de San Gregorio Magno (s.VIII): “Un día, cruzando el Foro, al Santo se le reveló una gran acción atribuida a Trajano, y considerándolo cuidadosamente, razonó que aunque Trajano era un pagano, hizo algo tan bueno, que parecía más un acto cristiano que pagano. Porque se dice que estando con su ejército persiguiendo al enemigo, se compadeció de las palabras de una viuda y paró a las tropas para escucharla. Ella dijo, “Señor Trajano, mira estos hombres que han matado a mi hijo y no quieren compensarme por esto”. Él replicó: “Cuéntame y cuando vuelva, me aseguraré de que seas compensada”. Pero ella dijo: “Señor, si resulta que luego no vuelves, nadie me compensará”. Entonces, como él mismo estaba armado, forzó a los culpables a pagar lo que debían ante su presencia. Cuando Gregorio supo de esto, se dio cuenta de que era justo lo que él había leído en la escritura: “cuidad de los huérfanos y de las viudas, consideradlos a todos, dice el Señor”. Y como Gregorio no sabía qué hacer para aliviar el alma de este hombre que recordó las palabras de Cristo, fue a la iglesia de San Pedro y vertió mares de lágrimas, como era su costumbre, hasta que una revelación le aseguró que sus oraciones habían sido atendidas, porque nunca había pedido tal cosa por otro pagano”. (La primera vida de Gregorio Magno, escrita por un monje anónimo de Whitby, traducción de Bertram Colgrave, Universidad de Kansas Press, Lawrence, Kansas, 1698, pp. 127-129).

Himno de la Santa
Normalmente pongo aquí información sobre las reliquias de la Santa o un himno de la misma, pero como no he hallado nada sobre esto, simplemente digo: “Santa Dróside, mártir de Cristo, ¡ruega por nosotros!”

Mitrut Popoiu

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