El Señor de la Cuevita, Iztapalapa, México D.F.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El Señor de la Cuevita.

El Señor de la Cuevita.

Según las leyendas que se narran hacia 1687 unos campesinos (otras versiones dicen que eran misioneros) provenientes de la villa de Etla, Oaxaca llevaron a restaurar una imagen del Santo Entierro que se veneraba en su localidad. Después de un largo recorrido llegaron al pie del cerro de la Estrella y cayendo la noche se quedaron dormidos, al día siguiente se percataron de que la imagen había desaparecido y después de buscarla por un prolongado tiempo la encontraron en una cueva de donde ya no pudieron moverla. Lo que los vecinos del lugar consideraron un milagro y construyeron una ermita en honor al Santo Cristo que comenzó a ser llamado “El Señor de la Cuevita” y se convirtió en el patrón de la localidad. Hacia 1736 se fundó la Cofradía del Santo Sepulcro en la cueva llamada de Jerusalén pues es donde fue encontrada la imagen del Señor de la Cuevita. Hacia 1783 S.S. Clemente X concedió indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados a los fieles que el día de la invención de la Santa Cruz (3 de mayo) visiten la Iglesia del Señor de la Cuevita de Iztapalapa.

Hacia 1833 una terrible epidemia de cólera morbus ataco la ciudad provocando terribles estragos en Iztapalapa, al grado que los cementerios no podían recibir más cuerpos. Esta espantosa experiencia hizo que los pobladores se dirigieran al Santuario a implorar al Señor de la Cuevita que terminara la epidemia, llevando flores y haciéndole la promesa de que cada año haría memoria de su Pasión y celebrarían una misa en su honor.

Después de la misa a la que asistió todo el pueblo se notificó que el número de víctimas había descendido, en ese día murieron sólo cinco personas, al día siguiente tres y al tercer día no murió nadie. Lo que llevó a que cada año el pueblo de Iztapalapa en agradecimiento al palpable milagro hiciera la representación de la Pasión del Señor, primero se hizo con imágenes y hacía 1906 se empezó a hacer con personas, todo esto la ha convertido en la representación de la pasión más antigua de México. Este Vía Crucis que se ha ido incrementando cada año con más escenas desde hace algún tiempo se representa algunos milagros de Jesús como la multiplicación de los panes y peces, el sermón de la Montaña, el Domingo de Ramos, la última cena, la oración en el huerto, la prisión de Jesús, pasión, muerte y la Resurrección. Cuentan con más de 100 actores, los personajes principales como Jesús y la Virgen se eligen cada año entre los jóvenes del pueblo de Iztapalapa y barrios aledaños, quienes son elegidos están comprometidos a una preparación física y espiritual para los papeles de Jesús y María, con oración y ayuno. En el camino de la Cruz quien representa a Cristo es seguido por grupos de jóvenes llamados “los apóstoles” vestidos de túnica morada y blanco, que caminan descalzos todo el camino hasta el Gólgota, coronados de espinas y cargando una cruz hecha a su medida, la cual al momento de la crucifixión elevan a modo de homenaje por la muerte de Cristo, estos jóvenes hacen esto cada año a modo de ofrenda para agradecer los milagros y favores concedidos por el Señor de la Cuevita.

 Imagen del Señor de la Cuevita venerada en su santuario en Iztapalapa, Ciudad de México. Fotografia cortesía de Enrique Tamayo.

Imagen del Señor de la Cuevita venerada en su santuario en Iztapalapa, Ciudad de México. Fotografia cortesía de Enrique Tamayo.

La mayoría de los pasajes bíblicos se representan en el jardín Cuitlahuac y en el cerro de la Estrella, lugar “elegido” por el Señor de la Cuevita para su primer milagro pues se dice que aquí fue donde se apareció. Pero este sitio también fue un importante adoratorio prehispánico donde se realizaba el ritual del Fuego Nuevo cada cincuenta años para anunciar el inicio de un nuevo siglo, de acuerdo al calendario mexica. Para esta celebración se hacía un sacrificio para ofrecerle sangre al sol. La sangre de los humanos era considerada el chalchiuatl, “líquido precioso”. El día anterior al fuego nuevo las personas se escondían en sus casas y los hombres permanecían armados para defenderse de los monstruos que surgían en caso de no encenderse el fuego.

A la puesta del sol, los sacerdotes subían a la cumbre del cerro de la Estrella, cuando las estrellas llegaban al cenit, los sacerdotes con un cuchillo de pedernal herían el pecho del sacrificado y sobre la herida intentaban encender el fuego. Si la flama surgía sería señal de que iniciaba un nuevo siglo de cincuenta y dos años. Curiosamente todo esto recuerda un poco a la Vigilia Pascual en la cual se bendice una hoguera y se enciende el cirio con el fuego bendito, posiblemente debido a estos paralelismos los misioneros vieron a bien implementar el culto al Santo Entierro en este lugar. Del mismo modo hay que decir que durante el periodo colonial y hasta ya muy entrado en siglo XX, la gente tenía creencias parecidas sobre la Semana Santa y en especial sobre el Sábado de Gloria, pues se creía que en esta semana “el diablo esta suelto”, y que nadie debe hacer nada durante el triduo pascual, y se deben dormir temprano, puesto que aquel que se desvele hasta la madrugada en sábado santo corre el riesgo de que el demonio en persona le visite para llevarse su alma. Creencias movidas por diversas leyendas para hacer que la gente se mantenga en oración y visitando los templos en estos días.

La pasión de Iztapalapa está basada en “Los cuatro concilios para la celebración de las tres caídas de Semana Santa” editada por Antonio Vanegas Arroyo, y en “El Mártir del Gólgota” de Enrique Pérez Esrich, publicada en 1878.

Parte del elenco que conforman la representación del Vía Crucis de Iztapalapa en honor al Señor de la Cuevita.

Parte del elenco que conforman la representación del Vía Crucis de Iztapalapa en honor al Señor de la Cuevita.

El Señor de la Cuevita es celebrado en varias fiestas siendo la primera el miércoles de ceniza, después se le celebra el sábado santo, el 3 de mayo que se supone es la fiesta de su hallazgo en el cerro de la Estrella y la fiesta por su patrocinio en la epidemia de cólera que se celebra el 18 y 19 de septiembre de cada año.

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André Efrén Ordóñez

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