Santa Elena emperatriz

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Colosal escultura de la Santa, obra de Andrea Borghi "Il Carrarino". Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Colosal escultura de la Santa, obra de Andrea Borghi “Il Carrarino”. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Santa Elena (su nombre completo era: Flavia Julia Helena Augusta) (ca. 250-18 de agosto 330) fue la consorte del emperador romano Constancio Cloro (293-306), y la madre del emperador Constantino I (306-337). A ella se le atribuye el hallazgo de las reliquias de la Vera Cruz, con quien siempre se representa en toda la iconografía cristiana.

Vida:
El lugar de nacimiento de Santa Elena no se conoce a ciencia cierta; se supone fuera el Asia Menor e incluso la Gran Bretaña. Procopio de Cesarea (siglo VI) es el primero en mencionar que Elena nació en Drepanum, en Bitinia (Asia Menor); esta creencia la apoya el hecho de que Constantino renombró la ciudad como Helenópolis, después de su muerte en el año 330. De todos modos, también hubo otra Helenópolis en Palestina (actual Daburiyya) y otra en Lydia, probablemente todas por el nombre de la madre de Constantino.

Eusebio de Cesarea (siglo IV) dice que ella tenía unos 80 años de edad a su regreso de Palestina (Vita Constantini 3,46), y si el viaje se hizo en el 326 o 328, se puede calcular que nació, aproximadamente, en el año 250 después de Cristo. Ella venía de un linaje humilde, por lo que San Ambrosio la llamó una “buena stabularia”, que puede traducirse como “buena y de estable limpieza” o “anfitriona”, por lo que debe entenderse más como una ocupación que como una virtud (De obitu Theodosii 42).

No se sabe donde conoció a Constancio, pero es probable que durante su servicio en tiempos del emperador Aureliano. La naturaleza jurídica precisa de la relación entre Elena y Constantino es desconocida, y se mantienen posiciones diferentes; el mismo San Jerónimo la llama unas veces “esposa” de Constancio y otras veces, “concubina”.

Moneda romana con la efigie de la Santa.

Moneda romana con la efigie de la Santa.

Elena dio a luz al futuro emperador Constantino I el día 27 de febrero, entre los años 270/272 en Naissus (Niš, Serbia). Poco después, Constancio se divorció de Elena en el año 290, y lo hizo con el fin de casarse con Teodora, hija de Maximiano. Elena, con su hijo Constantino fueron enviados a la corte de Diocleciano en Nicomedia, donde Constantino creció. Elena nunca se volvió a casar y vivió algún tiempo sin hacerse notar, cerca de su único hijo, que sentía un profundo respeto y afecto por ella. Cuando murió Constancio, en el año 306, sus tropas proclamaron a Constantino como Augusto del Imperio Romano y después de eso, Santa Elena, volvió a la vida pública, apareciendo en la Corte Imperial en el año 312. Recibió el título de Augusta en el año 325.

Elena y los Santos Lugares:
Santa Elena adquirió su mayor fama por el hallazgo de la Vera Cruz. Después de que Constantino nombrara a su madre Emperatriz Augusta, le dio acceso ilimitado a las arcas imperiales, con el fin de localizar los restos de la tradición cristiana. Por lo tanto, en el año 326-328 Elena emprendió un viaje a los Santos Lugares en Palestina. Eusebio de Cesarea confirma que se encargó de la construcción de dos templos: la Iglesia de la Natividad, en Belén, y la Iglesia en el Monte de los Olivos, lugares de nacimiento y ascensión de Cristo. Una tradición atribuye a Elena también la construcción de la Iglesia de la zarza ardiente del Sinaí.

La leyenda del descubrimiento de la Vera Cruz por parte de Santa Elena, se originó en Jerusalén en la segunda mitad del siglo IV y se extendió rápidamente por todo el imperio. En la antigüedad nacieron tres versiones de esta leyenda: la leyenda de Elena, la leyenda Protonike y la leyenda de Judas Kyriakos. La conocida como leyenda de Elena fue escrita en griego y en latín; y de ella hablan muchos Padres de la Iglesia y otros muchos escritores: Rufino (Hist. Eccl, 10,7-8), Sócrates (Hist. Eccl 1,17 PG 67, 117ff), Sozomeno (Hist. Eccl. 2,1-2), Teodoreto (Hist. Eccl. 1,18), Ambrosio (de obitu Theod., 40-49), Paulino de Nola (Epist., 31,4-5), y Sulpicio Severo (Chron. 2,22-34).

Hallazgo de la Vera Cruz. Relieve de la iglesia de Überingen, Alemania.

Hallazgo de la Vera Cruz. Relieve de la iglesia de Überingen, Alemania.

Según esta versión, cuando Elena llegó a Jerusalén, la ciudad cambió su nombre por Aelia Capitolina y reconstruyó lo destruido por el emperador Adriano después de la revuelta de Bar Kochba (135 dC). Para poner fin a la peregrinación cristiana, Adriano había mandado construir un templo dedicado a Venus sobre el sitio de la tumba de Jesús cerca del Calvario. Según la tradición, Elena ordenó la demolición del templo de Venus y eligió un lugar donde empezó a excavar, lo que condujo a la recuperación de tres cruces diferentes. Con el fin de reconocer la verdadera Cruz, el obispo de Jerusalén, Macario, tomó las tres y con ellas tocó a una mujer que ya estaba en el borde de la muerte. Su estado de salud cambió cuando ella tocó la Vera Cruz, la tercera y última. Después de eso, Santa Elena ordenó la construcción de la primera iglesia del Santo Sepulcro.

Según la leyenda Protonike, que circuló en las regiones de habla siríaca, el papel de Elena es asumido por la ficticia Protonike, emperatriz del siglo primero. Por último, la leyenda de Judas Kyriakos se escribió en griego, pero también se la conoce en latín y en siriaco y cuenta cómo Elena descubrió la cruz con la ayuda de un judío legendario llamado Judas, que más tarde se convirtió y recibió el nombre Kyriakos (Ciríaco). Probablemente debido a su anti-judaísmo, esta leyenda se convirtió en la versión más popular de las tres.

Mosaico ortodoxo ruso de los Santos Constantino y Elena en la catedral de San Isaac de Moscú (Rusia).

Santa Elena también encontró los clavos de la crucifixión, y con el fin de proteger a su hijo en las batallas, colocó uno de ellos en el casco de Constantino y otro en la brida de su caballo. Elena salió de Jerusalén y de las provincias orientales en el año 327 para volver a Roma, llevándose con ella parte de la Vera Cruz y otras reliquias que se guardaban en la capilla privada de su palacio; estas reliquias aún se pueden ver en la Basílica romana de la Santa Cruz en Jerusalén. Según una tradición, Elena adquirió la Santa Túnica en su viaje a Jerusalén y la envió a Tréveris (Trier), donde se supone que está junto a la reliquia del cráneo de la Santa. Por último, otra tradición dice que Santa Elena encontró también las reliquias de los Reyes Magos, que estuvo primero en posesión de la familia imperial y que más tarde fueron dadas como regalo a San Eustorgio, obispo de Milán. Después de estar varios siglos en Milán, el emperador alemán Federico Barbarroja las llevó a la Catedral de Colonia. Durante toda su vida, ella dio muchos regalos a los pobres presos, a los que liberaba y vestía modestamente, mezclándolos con el pueblo llano.

Santa Elena murió en el año 330, poco después de su viaje a Oriente, en presencia de su hijo Constantino (Euseb., Vita Const., 3,46). Fue enterrada en el mausoleo de Elena, en las afueras de Roma en la Via Labicana. El sarcófago de pórfido, que contenía sus restos, se encuentra ahora en el Museo Pío-Clementino del Vaticano.

La celebración de Santa Elena
Santa Elena fue honrada inmediatamente después de su muerte. Eusebio de Nicomedia, canciller imperial, la calificó de “digna de eterna memoria”; San Ambrosio la llamó “una gran dama” y San Paulino de Nola, en sus poemas, alaba su gran fe.

Vista lateral del sarcófago de la Santa. Museos Vaticanos, Roma (Italia).

Vista lateral del sarcófago de la Santa. Museos Vaticanos, Roma (Italia).

En la tradición occidental, Santa Elena es la patrona de las ciudades de Frankfurt y Basilea, de las ciudades inglesas de Abingdon y Colchester y de las diócesis de Trier, Ascoli, Bamberg, Pesaro y Frankfurt. Ella es la protectora de los tintoreros y de los fabricantes de agujas y clavos, pero también es la santa patrona de los nuevos descubrimientos, a causa de la campaña en Palestina. En la tradición oriental, a menudo se la considera como una persona que ayuda a los campesinos para obtener buenas y abundantes cosechas.

A Santa Elena se han dedicado muchas iglesias, monasterios y otros lugares sagrados. En la Gran Bretaña (donde una leyenda posterior, mencionada por Enrique de Huntingdon, afirmó que Elena era hija del rey británico Cole de Camulodunum) por lo menos están dedicados a ella veinticinco “pozos santos”. En Polonia, el lugar más común asociado a la Santa Cruz y a Santa Elena es un monasterio y su iglesia de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, situados en la montaña Lysa Góra. En el cristianismo oriental hay muchos monasterios e iglesias dedicadas habitualmente a los emperadores Constantino y Elena. La catedral patriarcal de Bucarest tiene a estos santos emperadores como sus santos patrones.

En el calendario ortodoxo, Santa Elena se celebra junto con su hijo el 21 de mayo (3 de junio en el calendario juliano), y a ese día se le llama “la fiesta de la Santos y grandes emperadores Constantino y Elena, iguales a los Apóstoles”. Del mismo modo, las iglesias anglicanas y algunas iglesias luteranas mantienen la misma fecha de su festividad que en Oriente. Su día de fiesta en la Iglesia Católica Romana es hoy, 18 de agosto. En la Iglesia Ortodoxa Copta se celebra el 9 de Pashons.

Iconografía:
En la iconografía de Oriente, Santa Elena lleva vestimenta imperial, con la corona en la cabeza, vestida con ricos ropajes y con un pañuelo blanco en la cabeza. Siempre está acompañada por una cruz y a menudo es representada y celebrada junto con su hijo Constantino. También es uno de los personajes principales representados en el icono de la Exaltación de la Santa Cruz (fiesta el 14 de septiembre), junto con el arzobispo Macario de Jerusalén.

Sarcófago de pórfido con los restos de Santa Elena. Basílica de Santa Maria in Aracoeli, Roma (Italia).

Sarcófago de pórfido con los restos de Santa Elena. Basílica de Santa Maria in Aracoeli, Roma (Italia).

En el arte sacro de Occidente, Santa Elena se asocia siempre con la cruz, los tres clavos y con un escultura de la Iglesia. Ella es representada como una mujer mayor, vestida con un traje imperial.

Troparion oriental (himno) de San Constantino y Santa Elena (hecho para Constantino)
“Mirando la imagen de tu cruz en el cielo y al igual que Pablo no recibió una llamada de los hombres, el apóstol pone en tus manos, Señor, a los reyes de la ciudad imperial. Guárdanos Tú siempre en la paz, a través de las oraciones de la Madre de Dios, ¡oh tú que amas a la humanidad”

Kontakion del 21 de mayo:
“Hoy Constantino y su madre Elena, exponen a la veneración a la Cruz, la Cruz de Cristo; impresionante, es un signo de salvación y un estandarte de victoria: un gran símbolo de la conquista y del triunfo”.

Mitrut Popoiu

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