Santa Emerenciana, mártir romana

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Pintura decimonónica de la Santa, portando en la mano su instrumento de martirio: una piedra. Obra de Eugenio Cisterna (1892), capilla de la Santa en la basílica de Sant’Agnese Fuori le Mura, Roma (Italia).

Con el nombre de Emerenciana – en latín, “aquella que será recompensada”- se conoce a una virgen mártir romana cuya memoria se celebra hoy, día 23 de enero, apenas dos días después de aquella niña mártir romana celebérrima a cuya sombra ha tenido la suerte de convivir, Santa Inés. Digo esto porque la radiante aura de esta última ha contribuido a enaltecer a la que hoy vamos a tratar, pese a que ambas son mártires muy antiguas, a las que se ha dado culto desde muy temprano y de las que no existe la menor duda acerca de su existencia histórica, pero que, a diferencia de lo que dice la tradición, no están relacionadas en absoluto. Pero la brillante fama de una ha contribuido sin duda a que la otra sea muchísimo más conocida de lo que hubiese sido sin su atribuida compañera de martirio.

Antes que embarcarse a conocer a Santa Emerenciana, recomiendo leer el artículo que hace dos años dediqué a la niña mártir romana Santa Inés. La passio, que como ya dije no tiene valor histórico, menciona que tras el martirio, el cadáver de Inés fue llevado a la Vía Nomentana para ser sepultado, pero que hubo una refriega entre paganos y cristianos durante los funerales de la mártir y Emerenciana, una muchacha catecúmena que había sido hermana de leche de Inés -o sea, que a ambas las había amamantado la misma nodriza- increpó severamente a los paganos y éstos, en venganza, la lapidaron, matándola en el mismo sepulcro de Inés, por lo que sus padres la enterraron junto a ella.

Este relato procede única y exclusivamente de un autor anónimo que, en el siglo V, añadió al final de la passio latina de Santa Inés -escrita por un pseudo-Ambrosio- un capítulo tercero que habla de Emerenciana. Este capítulo dice que Inés se apareció ocho días después de su martirio a sus padres, que la lloraban, con objeto de consolarlos. También menciona la edificación de una Basílica sobre su sepulcro por parte de Constantina -mal llamada “Constanza”- hija del emperador Constantino, en agradecimiento a una enfermedad curada.

Pues es en este capítulo donde se dice que, entre quienes acudieron a los funerales de Santa Inés, había una joven llamada Emerenciana: Emerentiana, quae fuerat collactanea eius, virgo sanctissima, liceo cathecumena. Es decir, el texto afirma que era hermana suya de leche –collactanea-; que era virgen y catecúmena, es decir, que estaba siendo instruida como cristiana, pero aún no había sido bautizada. Cuando la comitiva cerraba el sepulcro de Santa Inés, se organizó una agresión imprevista de un grupo de paganos y Emerenciana, en lugar de huir, se enfrentó a la turba para recriminarles su actitud y ellos la mataron a pedradas. Los padres de Santa Inés sepultaron su cuerpo in confinio agelli beatissimae virginia Agnetis, dentro de unos terrenos que poseían, o sea, sepultaron a una junto a la otra. El autor concluye diciendo que, según la doctrina del “Bautismo de sangre”, no hay dudas de que Emerenciana fuera bautizada en su propia sangre, pues murió en defensa de la justicia confesando su fe en Cristo. Aún no siendo bautizada, su martirio fue válido.

Lapidación de la Santa. Pintura de Eugenio Cisterna (1892), capilla de la Santa en la Basílica de Sant’Agnese Fuori le Mura, Roma. Fotografía: Alvaro de Alvariis.

Sin embargo, todo este tercer capítulo de la passio de Santa Inés ha sido juzgado muy severamente por los hagiógrafos más críticos. Fue ignorado por San Máximo de Tours (423), el cual utilizó muchas veces esta passio y nunca menciona el martirio de Emerenciana. Además, este añadido comete tantas inexactitudes con respecto a la época de Constantino que se piensa que, además de ser un añadido tardío, es descabellado, es decir, legendario, sin reflexión por parte del autor.

Los únicos elementos de este relato sobre Santa Emerenciana, documentados por otras vías, que podemos considerar certeros, son su nombre -indudablemente latino-, su martirio -aunque se desconoce cómo fue, ya que el relato de la lapidación, al ser un añadido tardío, no ofrece garantías de autenticidad- y su sepultura junto al sepulcro de Santa Inés, donde sí estaba realmente, pues de allí se recuperaron sus reliquias. Según algunos críticos, quizás también pueda aceptarse que fuera simplemente una catecúmena en el momento de morir como mártir. Este último añadido no es normal en las passio legendarias de la época y pudiera ser un dato que existiera según una tradición oral. Es completamente imposible precisar la fecha del martirio, aunque pudiera haber ocurrido en tiempos de Diocleciano. Por lo tanto, aunque el relato sea legendario, la mártir sí es real y además lo prueban muchas fuentes documentales y arqueológicas.

Independientemente de esta passio e incluso antes de ella, Santa Emerenciana aparece en el Martirologio Jeronimiano, que en su redacción más antigua la recuerda perteneciendo a un grupo de mártires del Coementerium Maius, situado en la Vía Nomentana y que aparece en un epígrafe proveniente de dicha catacumba romana.

El Martirologio Jeronimiano dice el 16 de septiembre: “Romae, via Nomentana ad Capream, in cimitero maiore, Victoris, Felices, Alexandri, Papiae, Emerentianetis” y el mismo elogio, aunque con algunos nombres menos, aparece el día 20 de abril.

El epígrafe que antes hemos mencionado y que fue encontrado roto por De Rossi cerca del Ponte Rotto, recientemente ha sido completado por un fragmento que había desaparecido y que ha sido recuperado en unas excavaciones realizadas en ese cementerio de la vía Nomentana. Este epígrafe, más que confirmar el día de la sepultura de los mártires, de los que ni siquiera se dice si murieron juntos, se presenta como el recuerdo de una celebración litúrgica común de todos ellos, celebración que se realizada en el propio Coementerium Maius en honor de los santos allí sepultados. Dicho epígrafe dice así: XVI. kal. oct. Marturoro. Hic. in CimiTeru maiore. Victoris. Felicis. Papiantis. Emerentianetis et Alexandri.

Entierro de la Santa. Pintura decimonónica de Eugenio Cisterna (1892). Capilla de la Santa en la Basílica de Sant’Agnese Fuori le Mura, Roma. Fotografía: Alvaro de Alvariis.

Como podemos comprobar, Emerenciana no aparece como cabeza del grupo, sino que aparece Víctor. Ella debe su preeminencia a la influencia que ha tenido la passio de Santa Inés, de cuya extraordinaria popularidad ella también participa, como decía al principio del artículo. Un signo evidente de esto es que ha conseguido una conmemoración litúrgica especial en su nombre el día 23 de enero, dos días después de la festividad de Santa Inés, apareciendo ya en esa fecha en el siglo VIII, registrándose así en el Martirologio de Beda y en los códices posteriores al Martirologio Jeronimiano, Sacramentario Gelasiano y posteriormente, en el Misal y en el Martirologio Romano.

En la iconografía existente en este Coementerium Maius, ella aparece representada desde muy antiguo dentro del grupo de estos mártires que hemos mencionado. Así está en dos antiquísimos frescos conservados de manera muy defectuosa y en una especie de “obstáculo votivo” descubierto en el año 1855, donde están estos cinco mártires juntos. Quizás este obstáculo debía ser para proteger el epígrafe anteriormente mencionado, que estaba en el ábside de una cripta dentro del mismo cementerio y que fue descubierta en el año 1873, siendo considerada la primitiva sepultura de la Santa.

Más tardíamente se la representó a ella sola, exactamente como una santa doncella, con dos devotos a sus pies, en una pintura que fue descubierta en el año 1933 en un pequeño cubículo dentro del mismo cementerio del que estamos hablando.
En los mosaicos de San Apolinar Nuevo de Rávena, que pertenecen a la primera mitad del siglo VI, ella aparece entre las vírgenes Paulina y Daría, mártires romanas como ella.

Una prueba más de que la passio de Santa Inés influyó en el culto de la santa es que en los itinerarios del siglo VII se la recuerda ya como la cabecilla del grupo de los mártires del Coementerium Maius, -sustituyendo, pues, a Víctor- en los cuales ya también se menciona la basílica construida sobre su sepulcro. Por ejemplo, el Itinerarium Salisburgense cuando habla de la Vía Nomentana, dice: Et postea vadis ad orientem, quousque pervenies ad sanctam Emerentianam martyrem, quae pausat in ecclesia sursum et duo martyres in spelunca deorsum, Victor et Alexander.

Vista del sepulcro donde reposan los restos de las mártires Inés y Emerenciana. Basílica de Sant’Agnese Fuori le Mura, Roma (Italia).

Guillermo de Malmesbury, hablando de ella, dice: Iuxta víam s. Agnetis et ecclesia et corpus, in altera ecclesia s. Emerentiana et martyres Alexander, Felix et Papias. El sepulcro de la santa debía estar al nivel del suelo y sobre él fue erigida la iglesia que, según el Liber Pontificalis fue restaurada por el Papa Adriano I (772-795).

En el siglo IX, las reliquias de Santa Emerenciana fueron transferidas a la basílica de Sant’Agnese Fuori le Mura. Pablo V, en el año 1615, ordenó construir una hermosísima caja de plata donde puso los cuerpos de las dos santas -Inés y Emerenciana- que fue colocada bajo el altar mayor de la basílica. En otras iglesias romanas también se han erigido altares en su honor, como por ejemplo en Sant’Agnese in Agone, San Pietro in Vincoli (donde se conserva su cráneo), Santa Maria in Campitelli, etc. Existen ciudades españolas, alemanas, belgas y francesas que presumen de tener reliquias suyas. Es el caso de Teruel (España), de donde es patrona y el día de su fiesta se la honra sacando en procesión un hermoso busto-relicario que la representa.
Me consta que en Tlaxcala y Guadalajara (México) hay también culto a esta mártir, en unión con Santa Inés.

La iconografía de la Santa es ciertamente curiosa. La mayoría de veces aparece como una joven doncella con las faldas recogidas en el regazo y sosteniendo en ellas un puñado de piedras, símbolo de su martirio legendario. Así es ciertamente fácil reconocerla, y de hecho, como decía, es su representación más habitual.

Pero no es la única. En Francia, es muy frecuente que aparezca con el vientre abierto y los intestinos desparramándose a través de los labios de la herida, de modo que ella intenta sostenerlos con ambas manos. Esta iconografía horrible, que comparte con San Erasmo -obispo mártir que fue eviscerado- me trajo de cabeza durante mucho tiempo pues no encontraba relación alguna con el martirio de la Santa, que sería la lapidación. Me preguntaba si acaso una de las consecuencias del apedreamiento sería la rotura del peritoneo y el derrame de las vísceras, como sí ocurre con la fractura del cráneo; pero aún así no me lo explicaba. Tanto más cuanto en Francia, se la invoca contra los males de estómago, al tenerlo ella abierto y desparramado. Incluso pensaba si no era un error iconográfico, confundiendo intestinos con piedras, pues el gesto que usa la Santa para sostener unos y otras es prácticamente idéntico.

Detalle de la Santa en una pintura barroca del artesonado de madera, techo de la capilla de Santa Noyale, en Pontivy (Francia). Aunque la obra es de dudosa calidad, permite documentar la curiosa iconografía de la Santa sujetando el paquete de vísceras que sale de su vientre abierto, muchas veces confundido con una enorme piedra.

Finalmente, gracias al volumen I del manual Iconografía del Arte Cristiano de Louis Réau, he podido saber que esta desagradable representación de la Santa se debe a que existe otra versión del añadido a la passio de Santa Inés que dice que Emerenciana, en lugar de lapidada, habría muerto destripada por los paganos. De ahí que aparezca con el vientre abierto y mostrando las vísceras. Este patronazgo fue muy importante en Francia, pues no sólo se la invocaba contra el mal de estómago, sino contra el miedo. Yo veo una relación clara que Réau también remarca: a veces, el miedo nos provoca dolor de estómago, de modo que si Emerenciana fue valiente y no sintió miedo al enfrentarse a los paganos que la mataron, debía ser invocada para superar el miedo y con él, el mal de vientre. Esta explicación tiene mucho más sentido que la de la evisceración, que al no constar ni en el añadido oficial del s.V, tiene todavía menos visos de ser auténtica que la lapidación.

El mismo Luis XI, rey de Francia, en 1427 edificó una capilla en honor a la Santa en el bosque de Longué (Anjou) después de que fuera a cazar y le acometiera un terrible dolor de estómago que le desapareció apenas invocó a la Santa.
En Chanteau (Loiret) había dos fuentes, una dedicada a San Remigio y la otra a Santa Emerenciana. Se decía que si bebías de la primera, te daban cólicos; y si bebías de la segunda, te los curaba.
Así que ya sabéis, si os duele el estómago u os morís de miedo, invocad a Santa Emerenciana, además de ir al médico, por supuesto.

Lapidación de la Santa. Lienzo de autoría y procedencia desconocidas.

Desde luego, no haría falta decirlo, otra representación habitual de la Santa es su martirio: aparece como una joven abrazada o acurrucada junto al sepulcro de Santa Inés, siendo apedreada por una turba furiosa. Sólo hay una variación curiosa que he podido documentar en un fresco gótico de ámbito lombardo: la Santa está metida dentro de un pozo y un hombre está dejando caer una enorme roca sobre su cabeza.

Además, decir que en modo alguno debe confundirse a Santa Emerenciana con Santa Emerencia, quien sería la legendaria madre de Santa Ana y por tanto, bisabuela de Jesucristo. Digo “legendaria” porque todo lo que concierne a la llamada Santa Parentela es más apócrifo que otra cosa. Es importante no mezclar a la mártir romana, Emerenciana, con la presunta bisabuela de Cristo, Emerencia. En francés se las confunde constantemente, hasta el punto de que a ambas se las acaba llamando indistintamente Emèrance o Emerentiènne. Pero que quede claro que no tienen nada que ver una con la otra.

Tampoco debe confundirse a nuestra mártir de hoy con otra mártir de idéntico nombre, compañera de Santa Flaviana, que fue ejecutada con ella en Uta (Cerdeña) por atender en las cárceles a los cristianos prisioneros, en tiempos de Diocleciano, siendo Bárbaro pretor. Si Dios quiere, algún día hablaré sobre ellas.

Por último, también existe otra Santa Emerenciana, cuyo esqueleto se venera en la abadía de Ochsenhausen (Alemania); la cual, como algunos ya habréis deducido, es una mártir de las catacumbas y seguramente ese nombre le haya sido atribuido de modo totalmente arbitrario. Es posible que exista alguna otra.

Lapidación de la Santa junto a la tumba de Santa Inés, que se le aparece para consolarla. Relieve barroco de Ercole Ferrata, basílica de Sant’Agnese in Agone, Roma (Italia).

Y hablando de personas que no tienen nada que ver entre sí, me dejo para el final la cuestión clave: ¿era Santa Emerenciana hermana de leche de Santa Inés? Si has prestado atención al artículo, ya sabrás que la lógica respuesta es NO. Aunque el añadido del siglo V lo mencione, ya hemos dicho que este texto no tiene valor histórico. ¿Por qué, entonces, hermanar a dos mártires que no tienen parentesco familiar alguno, que probablemente no compartieron momento de martirio y quizá ni época? Pues simple y llanamente, por la sencilla y pura casualidad de que estaban enterradas una al lado de la otra en las catacumbas de la Nomentana. No hay más.

Quienes hayan leído mis artículos sobre Santa Balbina, Santa Cecilia; u otros artículos de mártires romanos, no encontrarán ninguna novedad en esta afirmación. Pero así ocurría: a mártires que eran encontrados enterrados cerca o juntos, sin ningún criterio se les hacía familiares entre sí y se redactaban passio totalmente fabulosas donde eran hechos esposos -Cecilia y Valeriano- padres e hijos -Balbina y Quirino– hermanos o hermanas -Inés y Emerenciana- sin el menor fundamento. Aunque hay que admitir que a nuestra querida Emerenciana le ha venido de perlas el ser infundadamente relacionada con una mártir de la fama y prestigio de Inés. A saber si, de no ser por ello, sería tan conocida y venerada.

Para acabar, ya que os habéis detenido amablemente a leer este artículo, os animo a que visionéis este estupendo vídeo de la diócesis de Teruel donde se habla con más detalle del culto a la Santa en esta ilustre ciudad española. Además de algunos detalles de bellas obras de arte dedicadas a la Santa, tendréis ocasión de aprender un poco más sobre su culto local a través de las palabras del Deán de la catedral. Sólo dejo una pregunta en el aire: ¿era Santa Emerenciana bicéfala? Lógicamente no, ¿verdad? Entonces, si desde su traslado de las catacumbas a Roma, su cráneo siempre ha quedado en la Basílica de San Pietro in Vincoli, ¿cómo va a estar en Teruel? Ahí lo dejo.

Santa Emerenciana from Diócesistv Teruel on Vimeo.

Meldelen

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