Santos mártires de Escitia Menor (II)

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Detalle de un icono ortodoxo rumano de los Santos.

Santos Epícteto y Astión de Halmyris
San Epícteto sacerdote y San Astión eran monjes originarios del Asia Menor, que fueron martirizados por Cristo en Scytia Menor en el siglo III. Scytia Menor es la actual región de Dobruja en Rumania, situada entre el río Danubio y el Mar Negro. La información sobre sus vidas la conocemos a partir de una copia de un manuscrito del siglo XV que se guarda en el archivo de la iglesia del Salvador en Utrecht y que fue publicado en el año 1615 por el jesuita Herbert Rosweyde, que fue el iniciador de la colección hagiográfica “Acta Sanctorum”, bajo el título “SS. Epicteto presbytero et Astion monacho, martirybus Almiridiensibus in Scythia”.

El martirio de los Santos Epícteto y Astión
Epícteto era un ferviente creyente nacido de padres cristianos. Desde muy joven se fue de su casa a fin de llevar una vida ascética en algún lugar de las desiertas tierras de Frigia, en el Asia Menor, siendo ordenado más tarde de sacerdote. Desde esta posición, comenzó a predicar el Evangelio entre los paganos de la región, bautizando a algunos de ellos y realizando portentosas curaciones en el nombre del Salvador. Astión fue uno de sus hijos espirituales y procedía de la familia de un senador romano llamado Julián. Después de su bautismo, Astión comenzó a llevar una vida ascética similar a la de un monje.

Alrededor del año 290, los dos fueron a la provincia de Escitia Menor a fin de predicar el Evangelio en aquella provincia que estaba en las fronteras del Imperio. Llegaron a una ciudad llamada Halmyris, que está situada en una colina cercana al delta del Danubio. Allí llevaron una vida ascética sirviendo a Dios y además, realizando algunas maravillas, especialmente exorcismos.

Icono ortodoxo rumano de los Santos.

Epícteto y Astión rápidamente se hicieron famosos en aquella ciudad. Un día, el comandante de las tropas romanas allí estacionadas, cuyo nombre era Latroniano, llegó a la ciudad a fin de resolver algunos asuntos administrativos y militares y oyó hablar de ellos. Le comentaron que hacían prácticas de un extraño rito y que a veces, mediante su predicación, muchos ciudadanos se convertían a la nueva religión, por lo que ordenó el encarcelamiento de los dos hasta la puesta del sol, obligándolos de diversas maneras a que negaran su fe en Cristo. En ese momento, Epícteto tendría unos sesenta años y Astión, unos treinta y cinco. Latroniano puso todo su empeño a fin de que su esfuerzo fuera observado por el emperador Diocleciano, que aun no había comenzado su persecución contra los cristianos.

Durante las torturas, los santos no abjuraron de su fe y decidieron no hablar nada acerca de su país de origen a fin de no poner en peligro las vidas de sus familiares. De todos modos, confesaron repetidas veces que eran cristianos y que ese “era su nombre, su linaje y su patria”.

En el capítulo tercero de las Actas martiriales se describen los últimos treinta y cinco días de las vidas de los dos mártires, desde la detención hasta su ejecución. Al día siguiente después de ser encarcelados, los dos fueron llevados al centro de una cancha y como sus rostros brillaban como el sol, Latroniano apenas podía mirarlos. Durante la audiencia, los dos santos confesaron una vez más su fe en Jesucristo, que era la “fuente” de su misterioso poder y negaron cualquier posibilidad de retornar a la fe pagana. Lógicamente, Latroniano se enojó y ordenó que los dos santos fueran atados desgarrando sus cuerpos con garfios de hierro.

Entre los jueces había un tal Vigilancio, que era un hombre muy sensato. Después de cuatro días de proceso en los cuales los santos repetían sin cesar que eran cristianos, Vigilancio decidió convertirse al cristianismo, así que después del interrogatorio, fue a la prisión donde estaban Epícteto y Astión “donde recibió de los santos el signo de la vida eterna” (eso significa probablemente que fue bautizado) y se convirtió en otro discípulo de nuestro Señor.

Cripta en Halmyris, donde fueron hallados los cuerpos de los Santos.

En el quinto día del proceso, Epícteto mantuvo un discurso más largo que terminó con las palabras “somos cristianos”, lo que enfureció aun más a Latroniano, quién ordenó que sobre las heridas de los santos echaran sal y vinagre. Posteriormente, como si esto fuera poco doloroso, ordenó que los metieran en un caldero de brea hirviente. Sin embargo, gracias a su fe los dos santos se mantuvieron incólumes por lo que fueron devueltos a la prisión manteniéndolos durante treinta días sin comida ni bebida alguna.

Después de permanecer durante treinta días en completo ayuno, los santos fueron llevados de nuevo a la corte donde una vez más confesaron su fe en Cristo, diciendo que sus milagros no eran obras de brujería sino que procedían del poder de su Señor: “al oír esto, ese loco con un alma de bestia dijo a sus servidores que aplastaran con piedras los rostros de los mártires. Con unas barras los golpearon hasta entregar sus almas (…) pero debido a la cantidad de golpes que sufrieron, que recibían felizmente y con sus corazones puestos en el Señor, el siervo del diablo, al ver que con su locura no podía superar en modo alguno a su constancia, mandó a los criados que los sacaran de la ciudad y les cortaran la cabeza con la espada”.

En primer lugar fue decapitado San Astión. En ese momento, arrojaron a Epícteto sobre el cuerpo de su discípulo y él solicitó a sus verdugos que lo mataran así. El martirio tuvo lugar el día 8 de julio del año 290. Los nuevos convertidos, Vigilancio y otros cristianos, lograron recoger los cuerpos de los mártires a la puesta del sol y darles honrosa sepultura. En las Actas del martirio de estos mártires se menciona que los dos cuerpos decapitados eran tan blancos como la nieve y que muchos enfermos se curaron al tocarlos.

Durante las torturas a los dos santos, un ciudadano de la localidad natal de Astión llegó a Halmyris y reconoció al mártir. Al regresar a casa, dijo a los padres del mártir que no sabía nada acerca del destino final de su hijo, pero la madre manifestó inmediatamente su deseo de hacerse cristiana para convertirse en mártir como su hijo. Los padres de Astión, embarcaron en un barco y llegaron a Halmyris para ver a su hijo. Tres días después de la sepultura de los santos, Vigilancio tuvo una visión: se le apareció Astión hablándole de la llegada de sus padres a la ciudad. Así que el mismo Vigilancio les dio la bienvenida y les contó la muerte martirial de su hijo; después de esto, sus padres se convirtieron y fueron bautizados por el obispo Evangélico de Tomis, que poco después, también murió como mártir. Los santos Epícteto y Astión son los primeros mártires de la actual Rumania, sobre los cuales hay información por escrito.

Vista de los esqueletos de los dos Santos reordenados dentro de dos ataúdes.

La veneración de los Santos
Las reliquias de los dos santos fueron descubiertas en el año 2001 durante unas excavaciones realizadas en el yacimiento arqueológico en la antigua ciudad bizantino-romana de Halmyris, situada entre Murighiol y Dunava en el condado de Tulcea. Las excavaciones arqueológicas se iniciaron en el año 1981, pero hasta el año 2000 no fue descubierta por un equipo rumano-estadounidense, una basílica episcopal, confirmando una “Notitiae episcopatum” durante el “basileos” Anastasio I de Constantinopla (491-518), la cual hacia mención de catorce sedes episcopales en la Escitia Menor, entre ellas, Halmyris. El descubrimiento de la cripta donde estaban las reliquias de los dos mártires ocurrió el día 15 de agosto, día de la Dormición de Nuestra Señora.

La cripta tiene dos cámaras, siendo la primera la sala funeraria donde se encontraron los restos de los dos mártires cristianos, que presentaban un color marrón amarillento. En el segundo cuarto, probablemente saqueado ya en la antigüedad, se encontraron huesos blancos de otras personas desconocidas. El color de los huesos confirma que no se mezclaron en ese período, pudiendo ser este un signo de veneración anterior.

Junto a los restos de los mártires se encontraron algunos fragmentos de inscripciones sobre la pared este de la cámara. En las dos primeras filas de una totalidad de siete, fueron descodificadas las palabras griegas “Mártires de Cristo” y en la quinta, la palabra “Asto” terminada con la letra griega “v” que corresponde a la letra latina “n”. En la séptima fila se identificaron las tres primeras letras del verbo “ibrio”, que significa “golpear”. Estos indicios llevó al arqueólogo Michael Zahariade a creer que habían encontrado las reliquias de Epícteto y Astión, cuyas vidas y martirio se narran en las “Acta sanctorum”. El estudio antropomórfico ha demostrado en qué estado de salud se encontraban los dos santos e incluso facilitó información sobre los últimos treinta y cinco días de sus vidas.

Vista del esqueleto de uno de los dos Santos.

El primer esqueleto encontrado fue el de Epícteto, al que le faltaban solamente las dos primeras vértebras cervicales (atlas y axis) y el cráneo, aunque estaba la mandíbula. La investigación confirmó que se trataba del esqueleto de un hombre de entre 64-67 años de edad, que sufría de artritis reactiva y anquilosis extensa en la columna, además de osteoartrosis. La mandíbula y los hombros presentaban algunas fracturas realizadas directamente sobre el hueso, a causa de golpes contundentes tanto en los hombros como en la cara. Debido a que lo existían signos de regeneración ósea, se deduce que murió poco tiempo después de los golpes.

Al esqueleto de Astión también le faltaba el cráneo aunque estaba presente la mandíbula. Los indicadores de edad demostraron que tendría una edad menor, debido a la forma de la sínfisis del pubis, por lo que los expertos tenían razón para creer que la edad de la muerte debió de ser entre 30-40 años. Probablemente sufrió un accidente en su niñez porque presentaba una pequeña joroba. En su esqueleto se descubrieron algunas huellas de violencia: el húmero derecho tenía una rotura causada por un objeto punzante y el peroné izquierdo estaba completamente fracturado. También estaba fracturada la mandíbula y había signos de golpes muy fuertes. Debido a la falta de signos de reparación de los huesos, se podía deducir que la persona murió poco después de los golpes. Además, la primera vértebra atlas demostraba que la muerte fue ocasionada por decapitación. Todos estos datos confirmaban la descripción de las “Actas sanctorum”.

Las reliquias de los santos Epícteto y Astión fueron colocadas en dos ataúdes en la iglesia catedral del arzobispado de Tomis, en Constanţa. Algunos pequeños huesos fueron donados por el actual obispo Teodosio a algunas iglesias de Rumanía.

Inscripción griega que menciona los mártires Cirilo, Quindeas y Tasio, hallada en 1947.

Otros santos mártires en Escitia Menor (Dobruja)
Los santos Epícteto y Astión no son los únicos mártires de la región de Dobruja durante el reinado de los últimos perseguidores. Junto a ellos se conoce también a San Emiliano, soldado mártir de Durostorum que murió en tiempos de Juliano (361-363) y que se celebra el 18 de julio y de los mártires de Niculitel: Zótico, Atalo, Camasio y Felipe, que se mencionan en el Martirologio Sirio el 4 de junio y cuyas reliquias fueron descubiertas en el año 1971. Una cripta con reliquias de santos también se encontró en Adamclisi, pero la identidad de los mártires es aun desconocida.

Además de estos, hay algunos otros grupos de mártires. Los de Tomis (hoy Constanţa): Macrobio, Gordiano, Elias y Valeriano (13 de septiembre); Marcial, Victuro, Marina y Sérvulo (15 de septiembre); Prisco, Crescente, Evagrio, Denegotia, Fausto, Marcial, Jenaro, Alejandro, Euprobo, Pigra, Digno, Gotia, Sarurno, Speus, Casto, Primo, Donato, Pásico, Probo, Digna y Cristo (1 de octubre); Argeo, Narciso y Marcelino, tres hermanos e hijos de un obispo de Tomis (2 de enero); Claudio, Eugenio, Rodón, Diógenes, Prima, obispo Filio, Teógenes y Pedro (3 de enero); los obispos Efrém de Tomis y Eterio (7 de marzo); Cresto, Pappo, Evagrio, Benigno, Aresto, Rufo, Sinidia y Patricio (13 de abril); Marcián, Nicandro y Apolonio (5 de junio); Paulo y Ciríaco (18 de junio).

En Axiópolis (Cernavodă) se conocen los mártires Cirilo y Quindeas (9 de marzo); Zenón, Dio, Acacio y Crispo (9 de mayo); Ireneo y Heraclio (5 de agosto). San Cirilo tuvo un culto muy desarrollado en Axiópolis, en su tumba se construyó una basílica y posteriormente, allí estuvo un gran cementerio cristiano. Según Procopio de Cesarea, en el siglo VI, durante el reinado de Justiniano, Axiopolis recibió el nombre de Cirilo. En el año 1947 se descubrió una inscripción que dice “(a los mártires) Cirilo, Tasios y Quindeas traigo oraciones”.

En Noviodonum (Isaccea), no muy lejos de Niculitel, los famosos santos Amanto, Lucio, Alejandro, Andrés, Donato y Peregrino (6 de junio) y otro grupo formado por Cirino, Ebusto, Rústico y Silvio. Los nombres de todos estos mártires mencionados nos dan una idea del desarrollo del cristianismo en esta región, que como dije antes, estaba situada en la frontera del Imperio Romano, así como de la intensidad de las persecuciones, especialmente durante los reinados de Diocleciano y Licinio.

Los fieles ortodoxos veneran las reliquias de los mártires de Halmyris el día de su fiesta.

Troparion (Himno) de los Santos
¡Oh fieles creyentes, que venís a alabar a Epícteto el maestro sabio y a Astión el discípulo celoso, con la misma alabanza que a Hermolao y Pantaleón, mártires de Cristo y gloria de Dobruja, diciéndoles: disfrutad e interceded siempre por nuestras almas!

En estos links se encuentra más información y fotos sobre estos santos:
http://hristos-imparatul-slavei.blogspot.de/2011/07/sfintii-marii-mucenici-si-doctori-fara.html
http://cidadededeus.wordpress.com/2010/07/08/sf-mucenici-epictet-si-astion-8-iulie/

Mitrut Popoiu

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