Solemnidad de la Epifanía del Señor

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Adoración de los Reyes. Lienzo de Andrea Mantegna, s.XV. Paul Getty Museum, Malibú (EEUU).

Miren que ya viene el Señor y Dominador
En su mano están el reino, la potestad y el imperio.

La antífona de entrada de la Misa romana para esta solemnidad de la Epifanía, cuyo texto encabeza este artículo, hace referencia a la significación primitiva que los términos Epifanía y Teofanía tenían entre los antiguos griegos: la llegada de un soberano. Pero parece que más primitivamente así se designaban a las apariciones de una divinidad, y por aquella peculiar relación en que los antiguos tenían a los reyes y los dioses, considerando a los primeros “hijos” y “representantes” de los segundos, entonces el paso de significado de unos a otros se operó de manera natural.

Es preciso decir que esta festividad es una de las más antiguas de la cristiandad, muy posiblemente la segunda más antigua después de la Santa Pascua, la madre de toda festividad cristiana. Como acusa el mismo nombre, su origen es oriental. El primero en informarnos de su existencia es Clemente de Alejandría: según su testimonio, los herejes gnósticos de la secta de Basílides conmemoraban el 6 de enero el Bautismo de Jesucristo en el río Jordán. Así tenemos que aproximadamente desde los años 120 – 140 esta fiesta era celebrada.

Ahora bien, la razón de que los dichos herejes celebrasen el bautismo del Señor en una época en la que los cristianos no conocen más fiestas que la Pascua y el domingo (que es una prolongación de la Pascua) era que, según sus doctrinas, la encarnación del Verbo eterno de Dios en la humanidad de Jesús de Nazaret se llevó a cabo en este solemne momento, cuando los evangelios dan cuenta de la voz del Cielo que proclamó: “Este es mi hijo muy amado, en quien me complazco” (Mateo 3, 17). La razón de la fecha se debe a que, en aquella época, tenía lugar en Alejandría la fiesta del nacimiento de Aión, dios patrono de la metrópoli, que en estas regiones, por lo que parece, era relacionado con el sol. Y el motivo de que esta fuera la fecha de aquella pagana fiesta se debe a que, desde tiempos antiguos en Egipto, el solsticio de invierno era celebrado el 6 de enero. Podemos notar que aquí hay una estrecha relación entre los cultos solares y nuestras festividades navideñas.

Bautismo de Cristo. Fresco ortodoxo de estilo bizantino.

Dicha relación de este día con la herejía gnóstica y con la religión pagana hacen que los cristianos no tengan presente esta fecha. Pero, a partir del siglo IV, se hacen numerosos los testimonios que dan fe de su celebración en las Iglesias. Según el testimonio de San Epifanio de Salamina, en este día los cristianos conmemoran el Nacimiento de Jesucristo y el milagro de las Bodas de Caná, en la que el agua fue convertida en vino por el divino Maestro.

De acuerdo con la peregrina Egeria, en Jerusalén se celebraba en este día el Nacimiento de nuestro Salvador. Otras pruebas documentarias muestran que en Egipto, además del Nacimiento de Cristo, se conmemoraba también su santo bautismo. Según todos los estudiosos del tema, está claro que, al instituirse esta fiesta, estaba lejos de las comunidades cristianas la memoria de un suceso histórico: más bien pretendían celebrar una “idea religiosa”: se festejaba las diferentes manifestaciones de Cristo, en las que daba cuenta de su condición divina. Y así, fue propagándose en el mundo cristiano: se documenta su celebración en las Galias hacia el año 361, en Hispania hacia el 380, en Italia hacia el 400. Finalmente San Agustín afirmará que esta festividad es conocida en todas las Iglesias.

Cuando la festividad romana de la Navidad empieza, a partir del 370, a entrar y ser aceptada en las Iglesias de Oriente, la Epifanía empieza a perder allí su primigenio sentido de celebración del nacimiento de Cristo. Más, no siendo el anterior el único significado de que estaba revestida dicha solemnidad, empezó a subrayarse la conmemoración del bautismo del Señor como motivo principal. Y así, hasta el día de hoy, en las Iglesias que siguen la liturgia bizantina, la Teofanía del Señor celebra principalmente este misterio del bautismo, y es costumbre entre ellos realizar este día la “Gran bendición de las aguas”; algunas veces también se verifica el sacramento del bautismo.

En Occidente esta festividad conservó por un tiempo este sentido de celebrar las diferentes manifestaciones del Señor, tal como lo demuestran los títulos que se le daban a la fiesta: Adventus y Apparitio (este último se conserva en la liturgia hispano-mozárabe). Pero, por causa de la perícopa evangélica que se acostumbraba a leer hoy, relacionada con la adoración de los Magos, en la Edad Media se le concedió un carácter “histórico” al día, y en la mentalidad religiosa popular, poco a poco pasó a convertirse en la “fiesta de los tres Reyes Magos”.

Celebración de la Epifanía en la Basílica de la Natividad de Belén, Palestina.

No podemos olvidar pues, hoy que celebramos esta fiesta, su verdadero y genuino sentido: En total conexión con la Navidad, celebramos la manifestación del Amor del Padre de todos, que es Jesucristo mismo. Y es que el pretendido amor de Dios no es un concepto abstracto, un invento de la razón, sino que es verdaderamente “palpable” en la persona de Cristo. Así como otrora celebraban los antiguos la llegada de los reyes a sus ciudades, así festejemos hoy que Dios mismo ha decidido habitar nuestra morada terrena y ser nuestro compañero. Celebremos la llegada del Rey, quien no se manifestó a la ruidosa muchedumbre, sino solo a aquellos que estaban con el corazón dispuesto: los pobres (los pastores) y los gentiles (los magos), en síntesis, a todos los despreciados por la sociedad de entonces.

Dairon

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El Día de Reyes y la Candelaria en México

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Niño Dios vestido como el mexicano mariachi.

El día 6 de enero en México como en muchas partes del mundo se celebra el “Día de Reyes”, a partir de este día en muchos lugares de la república se acostumbra “levantar al Niño Jesús” que es la forma como se le llama a quitar el nacimiento para lo cual la fecha va desde el 6 de enero hasta el 2 de febrero. Durante el noche del 5 de enero o en la tarde del 6 se acostumbra comer la tradicional rosca de reyes (roscón en España), hay algunas diferencias significativas en esta tradición, pero primero hay que decir que la forma ovalada de la rosca recuerda a las coronas de los reyes magos y los dulces cristalizados con que se adorna las joyas de la misma, se acostumbra esconder un muñequito de plástico en forma de un niño haciendo alusión al Niño Jesús, y escondiéndolo en la rosca como símbolo de que hay que esconder al Niño Jesús para que no lo encuentre Herodes, la persona a la que le sale el muñequito de la rosca como comúnmente se le dice se convierte en compadre del dueño de la casa en que se partió la rosca y en padrino del Niño Jesús lo cual obliga a este a vestir por tres años la imagen del niño Jesús de aquella casa y llevarlo a bendecir al templo y ofrecer una fiesta o rosario.

La tradición de la rosca de reyes llegó a México durante la época colonial traída por España; en un principio se acostumbraba esconder un haba pero posteriormente se reemplazo por un Niño Jesús de barro pintado a mano, (el cual debió ser menos dañino si alguien se lo tragaba puesto que muchos acostumbran tragarse el muñequito para no tener que “dar los tamales” el 2 de febrero) y se acostumbraba que entre los solteros invitados al convite durante el siglo XIX se tomaban los sombreros de dos de los asistentes y en uno se ponían los nombres de los hombres y en el otro de las mujeres y cada quien iba sacando un papel para que todos tuvieran una pareja en ese día. A esto se le conocía como “la rifa de los compadres”; otra costumbre de esta época era el guardar un trozo de la rosca para dársela al primer mendigo que pasara pidiendo limosna, pero estas tradiciones cayeron en desuso a partir del siglo XX.

En lugares como Veracruz el 6 de enero entre las comunidades indígenas totonacas se acostumbra del mismo modo “levantar al Niño Jesús” de lo cual se encargan estrictamente las parteras y se da una ofrenda de tamales en el nacimiento y en la siembra de la milpa debido a que para ellos los Reyes Magos son los dueños de la milpa haciendo un sincretismo de esta forma con las antiguas deidades totonacas.

Un padrino vistiendo de San José al Niño Jesús que apadrina.

Para el día 2 de febrero fiesta de la presentación del Niño Jesús en el templo o conocido popularmente como el día de la Candelaria, se acostumbra sobre todo en el centro del país a que el padrino del niño que fue elegido con la rosca de reyes, lleve a su ahijado a vestir, para esto hay personas que desde diciembre o principios de enero comienzan a vender diferentes vestimentas para las imágenes del Niño Jesús, así se le puede vestir de Papa, de Sagrado Corazón, del Niño Doctor, esta hermosa tradición ha causado algunos descontentos por parte de la Iglesia puesto que se ha caído en el error de vestir al niño Jesús algunas veces como los santos, así se puede ver imágenes vestidos como San Judas Tadeo, San Martín de Porres o hasta de San Charbel, lo que ha propiciado la negativa de la iglesia, porque la gente debe comprender que el acto de vestir al Niño Jesús, no es como ponerle un disfraz sino un acto de respeto y cariño a la imagen recordando como la Virgen lo arropó, además que esta práctica está basada en que antiguamente la gente hacia la promesa con los santos de si le cumplía un milagro usarían el hábito de tal santo pero para liberarse de esta promesa comenzaron a vestir a la imagen del Niño Jesús con la ropa a similitud de la del santo con la que se había hecho la promesa, ha llegado a tal grado que se llega a ver en algunos mercados “el niño Santa Muerte” lo que lógicamente ha sido aun más reprobado por la iglesia, la cual insiste en que si se le puede vestir al Niño Jesús como sacerdote, como fraile mendicante o como alguna advocación, pero no como un santo. Algunos se defienden diciendo que el vestir al Niño Jesús como un santo le sirve para meditar en la vida del mismo, pero a pesar de lo que la iglesia pueda decir, la gente sigue con esta devoción popular de vestir imágenes del Niño Jesús como la de algún santo. El padrino está obligado a vestir la imagen del Niño Jesús por tres años: el primero como bebé, el segundo como hombre o de alguna advocación de Cristo, y la tercera como rey, después que este vestido debe llevar a presentar al Niño Jesús al templo a semejanza como lo hicieron José y María a los 40 días. Se lleva  la imagen en una canasta o sentado en su trono, y se acostumbra ponerle algunos dulces para que queden benditos, de los cuales, la creencia de la gente dice que cuando alguien se enferma puede comerlos para así mejorar pronto, y se llevan las tradicionales velas de la candelaria las que la gente les ha dado el poder de encontrar los cuerpos de los ahogados pues según se dice al ponerle en una tablita y dejarla en el agua la vela navegara hasta el lugar donde haya quedado el cuerpo de occiso y dará vueltas en ese sitio señalándolo; otros dicen que sirve para que cuando alguien está moribundo pueda fallecer pronto.

Una madrina lleva a dos Niño Jesús vestidos de "San Juan Diego" a presentar al templo.

Después que se ha llevado la imagen a presentar al templo el padrino debe ofrecer una fiesta o el rezo del rosario acompañado de los tradicionales tamales, los cuales desde la época prehispánica eran indispensables en las grandes celebraciones, el rosario se hace para “levantar el nacimiento” y se realiza con villancicos y acompañado con el ruido de sonajas que se reparten entre los asistentes; al final se arrulla la imagen del Niño Jesús entre todos los invitados y se lleva al altar donde estará todo el año hasta que vuelva a ser diciembre. Esta “levantada del nacimiento o del Niño Jesús” se hace como una forma de decir que el Niño Jesús ya se va a Egipto, huyendo del rey Herodes y en algunos lugares al terminar se reparten dulces y juguetes a los niños asistentes y se rompe piñata y con la “levantada del Niño Dios” se dan por concluidas las fiestas navideñas en México.

André Efrén

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Los Reyes Magos (III)

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Relicario de los Magos en la catedral de Colonia (Alemania).

En Occidente, a partir del siglo XII, se empezó a hablar de manera difusa y confusa del traslado de las reliquias desde Milán hasta Colonia.  Una leyenda del siglo XI afirmaba que el obispo de Milán, San Eustorgio, las había obtenido en el siglo VI del emperador de Constantinopla. En Milán se conserva el sarcófago donde se guardaron.

Juan de Hildesheim, que murió en el año 1375 dice que la emperatriz Santa Elena, madre de Constantino el Grande, mientras se encontraba en Oriente obtuvo los cuerpos de los Magos intercambiándolas por reliquias de Santo Tomás (¡vaya imaginación!, como quien cambia estampitas) y que ella fue quién las llevó a Constantinopla. Comprenderéis mis queridos amigos, que hay libertad para creer todo esto o no creerlo, porque además hay que decir que, históricamente hablando, no consta la existencia de culto alguno a los Magos en Constantinopla.

Sigue diciendo Juan de Hildesheim, que San Eustorgio las obtuvo del emperador Mauricio y las llevó a Milán haciendo un largísimo viaje en un carro. Durante el viaje, sigue diciendo, un lobo se comió a uno de los bueyes que tiraba del carro y San Eustorgio ordenó al lobo que tirase de él, cosa que hizo el lobo hasta llegar a Milán. ¿Quién quiere más fantasía?

En Milán fueron puestas las reliquias en una basílica dedicada a ellos y en el año 1162, Federico I Barbarroja, conquistada Milán y siguiendo los consejos del canciller Reinaldo de Dassel, se las llevó a Colonia, en Alemania y las puso en la catedral de San Pedro. En el año 1247, el papa Inocencio IV concedió indulgencias a cuantos fueran a venerarlas a Colonia. Ahora están en una preciosa urna de oro en la magnífica catedral gótica, iniciada en el año 1249. En el año 1904, el Beato cardenal Ferrari, arzobispo de Milán, obtuvo pequeñas reliquias cedidas por el cardenal Fischer de Colonia. En Colonia se celebra la fiesta de la traslación de las reliquias el día 24 de julio. Resumiendo: existen dudas más que razonables sobre la autenticidad de estas presuntas reliquias de los Magos.

Relicario con los regalos de los Reyes Magos. Monasterio del Monte Athos (Grecia).

Pero aunque sea muy someramente, digamos también algo sobre su iconografía. El fresco más antiguo de la adoración de los Magos es del siglo II y está en un arco de la capilla griega de las catacumbas romanas de Priscila. En este fresco aparecen tres. Existen otros frescos en las catacumbas de los Santos Marcelino y Pedro en la via Labicana; estos frescos son del siglo III. Y en la catacumba romana de Domitila también hay otro fresco de los Magos, éste también del siglo II. En este fresco, aparecen cuatro, tienen vestidos cortos, llevan pantalones y un gorro frigio.

En un relicario de plata de finales del siglo IV aparecen, pero solo dos.  Los magos también están representados en el sarcófago de Adelfia (siglo IV), que se encuentra en el Museo Nacional de Siracusa, en Sicilia. Del siglo V es una columna del ciborrio de San Marcos de Venecia y también del mismo siglo es un díptico de marfil que se conserva en el tesoro de la catedral de Milán. Podríamos poner muchos más ejemplos, pero quiero destacar: en todos aparecen sin corona real.

Sólo empieza a representárseles con corona a partir del siglo XI: un marfil que se guarda en el Museo de Londres, una miniatura en el Sacramentario latino de Reichenan, un fresco en la catedral de Vic, etc. Y lo han pintado todos los pintores famosos: Taddeo Gaddi, Gentile de Fabriano, Beato Angélico, Andrea Mantegna, Filipino Lippi, Giovanni Sacchi, El Veronese, El Greco,  Velásquez, Murillo, etc.

Solicito vuestro perdón por la largueza de estos tres artículos sobre los Reyes Magos, pero he creído conveniente dar todos estos detalles porque es un tema muy recurrente, muy propio de tocar estos días, al menos en los países occidentales. Para escribir estos artículos he tenido que consultar varios libros por lo que sería pesado enumerar la bibliografía, que está a disposición de quién tenga interés en conocerla.

Antonio Barrero

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Los Reyes Magos (II)

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"Adoración de los Magos", óleo de Jacopo Bassano. Kunsthistorisches Museum, Viena (Austria).

Pero, ¿cuántos eran? El primero que dice que eran tres es Orígenes en el siglo III y lo hace comentando el episodio del Génesis en el que a Abraham se le aparecen tres personajes. Orígenes dice que estas tres personas eran premonición de los tres magos. Los ortodoxos,  sin embargo, en estos tres personajes ven reflejadas a las Tres Divinas Personas, la Santísima Trinidad.  Y aunque San León Magno (siglo IV) y San Máximo de Turín (siglo V) hablan de tres, probablemente no se basaban en ninguna tradición antigua, sino solo en que como los dones ofrecidos fueron tres, quizás fuesen tres los oferentes. El número tres es más una interpretación que otra cosa. En realidad, en los primeros siglos hay representaciones pictóricas de dos, cuatro, seis y hasta ocho magos. Sólo leyendas posteriores hablan de tres.

¿De dónde venían? San Clemente de Alejandría (siglo II). Diodoro de Tarso (siglo III), San Cirilo de Alejandría (siglo V), San Juan Crisóstomo (siglo IV) y Prudencio (siglo III) dicen que venían de Persia. San Justino y Tertuliano, ambos del siglo II, dicen que de Arabia y San Máximo de Turín (siglo V), dice que venían de Babilonia.  Pero ninguno de los Santos Padres mencionan el nombre de los magos. Esto es fruto de la fantasía de autores más tardíos, medievales, tanto orientales como occidentales.

También en los Santos Padres encontramos comentarios sobre el origen de la estrella y también opinan sobre cuando llegaron a Belén. Por ejemplo: Taciano, en el siglo II, dice que llegaron a Belén después de la Presentación en el templo, a los cuarenta días del Nacimiento. San Eusebio de Cesarea (siglo IV), San Jerónimo (siglo IV) y San Epifanio (siglo VI) dicen que antes de que Jesús cumpliese los dos años. San Agustín (siglo IV) en sus sermones sobre la Epifanía, se atreve a poner fecha: el día 13 después del Nacimiento y por eso la Epifanía la celebramos 13 días después de la Navidad. Asimismo, todos los Santos Padres han considerado este episodio del evangelio de San Mateo como la manifestación de que Cristo también vino a salvar a los gentiles, que el evangelio no solo debía predicarse a los judíos, sino a todas las naciones.

Con posterioridad al siglo VI sí se encuentran escritos ampliando o deformando el texto evangélico. Aparecen una serie de leyendas, difíciles de resumir. Unas son orientales y otras son occidentales. Las más célebres orientales son: “El libro de las cavernas de los tesoros”, del siglo VI, las “Crónicas de Zuquin”, de origen siríaco y del siglo VIII y otra leyenda Armenia del siglo IX.  En la primera de estas leyendas se dice que los magos eran tres: Hormid, Jazdegerd y Peroz, que recogieron los regalos que estaban en el Monte Nud, donde habían sido depositados por Adán y Eva. ¡Casi ná!

"La Adoración de los Magos", óleo de Pedro Pablo Rubens, siglo XVII. Museo Real de Bellas Artes de Amberes (Bélgica).

En las crónicas siríacas de Zuquin se habla de doce magos, que predicaron a Jesús en sus países de origen y que fueron bautizados por Santo Tomás después de Pentecostés. ¡Toma ya!

Y es en la leyenda Armenia del siglo IX donde por primera vez se les llama Melgor, Gaspar y Baltasar y dice que la Virgen les regaló un pan a los magos. Curiosamente se dice que uno de los regalos de los magos era mirra para probar que Cristo era médico y por eso curaba a los enfermos. ¡Toma ya, también! Hay aun más leyendas de origen oriental.

Con respecto a las leyendas occidentales, el primer documento también es del siglo VI y se titula “Opus imperfectum in Matheum” y es de un autor anónimo y, aunque está escrito dos siglos antes, está basado en las mismas fuentes de las Crónicas de Zuquin: doce sabios que buscaban todos los años el astro luminoso en el cielo, viajaron a Belén y tardaron dos años en el viaje.

El primer documento occidental que habla de tres magos y que da los nombres de Bitisarea, Melchor y Gataspa, es un manuscrito de París de finales del siglo VII. Agüello, en el siglo IX, escribió que los magos se llamaban Gaspar, Melchor y Baltasar y así se ha mantenido hasta nuestros días. Por lo tanto, ya desde el siglo IX en toda Europa, se creyó que los magos eran tres, que eran reyes y que esos eran sus nombres. Pero todo esto tiene una simbología: Melchor simboliza la raza blanca (Europa), Gaspar, la raza amarilla (Asia) y Baltasar, la raza negra (Africa). En aquella época no se conocía la existencia de América. Además, representaban las tres edades del hombre: juventud (Gaspar), madurez (Baltasar) y vejez (Melchor).

Pero en el siglo XIV, Juan de Hildesheim, en su “Historia trium regium” para explicar las peregrinaciones a Colonia (Alemania) para venerar sus reliquias, recurre a la tradición antigua y dice que Melchor era del reino de Nubia, que Baltasar era del reino de Saba y que Gaspar era del reino de Tharsis. Que Santo Tomás apóstol los ordenó de obispos después de Pentecostés y que Melchor murió un día 1 de enero (con 116 años de edad), Baltasar, un día 6 de enero (con 112 años) y Gaspar, un 11 de enero (con 109 años de edad). Como se puede comprobar esto es fantasía pura y dura. Estas fantasías influyeron en el pueblo, aumentaron la popularidad y el culto a los Magos e influyó en numerosos pintores, escultores y miniaturistas que se inspiraron en estas leyendas.

Adoración de los Magos. Conjunto escultórico en la fachada de la catedral de Estrasburgo (Francia).

Pero en este blog, hay que hablar también de su culto. Según Marco Polo (1254-1323) los cuerpos de los tres magos se veneraban en Senwa (Persia) en el siglo XIII.  El escribe: “De Senwa partieron los reyes y en esta ciudad hay tres tumbas grandes y bellas, en las cuales están sepultados; los tres cadáveres están completos, con pelo y barba y yo los he visto”. Y el Beato Odorico de Pordenone, que en el año 1320 también estuvo en aquella región, dice lo mismo que Marco Polo, o sea, lo confirma. Y, ¿cómo conciliar estas dos noticias con la tradición occidental que señala que los tres cuerpos estuvieron primero en Milán y de allí fueron llevados a Colonia? Es absolutamente imposible de precisar.

Seguiremos el próximo día con una tercera parte.

Antonio Barrero

PreguntaSantoral quiere felicitar expresamente a nuestros hermanos ortodoxos eslavos y cristianos coptos, que en el día de hoy celebran la Natividad de Nuestro Señor. Feliz Navidad a todos ellos y nuestros mejores deseos.

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Los Reyes Magos (I)

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Los Reyes Magos. Mosaico del siglo VI. San Apolinar de Rávena (Italia).

El hecho de la adoración de los magos a Jesús en Belén solo es narrado por el evangelista Mateo (2, 1-12) y en esta narración, que es bastante simple, no especifica ni el número de los magos, ni sus nombres, ni sus títulos ni sus lugares de origen. Sólo habla de “unos magos de Oriente”.

En el Antiguo Testamento, el término “magos” tiene un significado negativo y así por ejemplo, se puede leer en el Levítico, en el Libro de Daniel y en el Segundo Libro de las Crónicas ó Paralipómenos. También en el Nuevo Testamento tiene un significado negativo en el Libro de los Hechos de los Apóstoles (8, 9): “Simón el mago”. Sin embargo, San Mateo indica que se tratan de personas piadosas, dignas de estima y veneración. Probablemente constituían una casta sacerdotal, o eran sabios inspirados en la doctrina religiosa de Zoroastro, o quizás pertenecían a alguna tribu especial, con poder, en alguna corte real de Mesopotamia o de Persia. San Mateo no concreta exactamente su procedencia; sólo dice que veían de Oriente. Quizás, pudiesen proceder de lo que hoy es Irán.

Pero ¿cómo y por qué hicieron el viaje? Mateo pone en sus bocas: “Hemos visto su estrella en Oriente”, pero ¿es Éste un hecho milagroso? ¿Se dedicaban al estudio de las estrellas? Zoroastro, que fue un profeta persa que vivió unos mil años antes de Cristo y que predijo una religión de pureza y piedad, profetizó diciendo: “Un hombre que socorre, que ayuda, dado a luz por una doncella al que ningún hombre se ha acercado nunca, establecerá el reino del bien y su nacimiento será señalado por la aparición de un astro luminoso”.

¿Conocían los magos esta profecía? Como los contactos entre los hebreos y los pueblos de Babilonia y Persia se remontaban a épocas antiguas y eran continuos, a los magos no debieran serles desconocidas las expectativas mesiánicas del pueblo judío. Y la estrella o el fenómeno luminoso aparecido en el cielo fue el signo que les empujó a acercarse a Jerusalén.  Según algunos exegetas, este signo astronómico no excluye el que Dios iluminase con una gracia especial el ánimo de estos hombres.

Cabalgata de los Reyes. Óleo de Leonaert Bramer. New York Historical Society (EEUU).

Pero, ¿sabían los magos que Jesús era Dios hecho Hombre? Algunos exegetas dicen que los magos si tuvieron esa percepción, pues San Mateo díce en el evangelio que “Entraron en la casa y vieron al Niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron”. Pero hay otros exegetas  que dicen que no reconocieron en Cristo a Dios, porque cuando llegaron a Jerusalén solo preguntaron: Dónde ha nacido el rey de los judíos? Y que ni el hecho de adorar al Niño ni de presentarle dones son hechos que de por si solos, son signos de reconocimiento de la divinidad, ya que la adoración era un modo de manifestar respeto a esa persona (leer Libro de Jeremías 19, 1 y 42, 6) y que el hecho de hacer regalos era costumbre muy antigua (leer Primer Libro de Samuel ó el Salmo 72: “Reges Tharsis et insulae munera offerent”).

Y ¿cuándo se realizó la visita de los magos? San Mateo solo habla genéricamente. Hay que recordar que Herodes para matar a su “contrincante” de quién pensaba que podría quitarle el trono, ordenó matar a todos los varones de Belén menores de dos años, luego, quizás Jesús podría tener esa edad.

Más preguntas: Si el evangelista no dice que los magos fueran reyes, ¿qué ha influido en esa creencia?  El salmo 72, que es un salmo mesiánico, dice: “Reges Tharsis et insulae munera offerent, Reges Arabum et Saba dona adducent. Et adorabunt eum omnes reges terrae, Onmes gentes, servient ei”. O sea, le traerán tributos, le pagarán impuestos, todas las naciones le servirán. Y también Isaías (60, 6) dice: “Todos ellos vienen de Saba, trayendo oro e incienso” Estos textos bíblicos crean en el pueblo cristiano la convicción de que los magos de Oriente eran reyes.

Típicas figuras de los Reyes Magos propias de un Belén napolitano.

Desde el siglo II, los Santos Padres comentan este episodio de los magos y no faltan en estos comentarios las noticias históricas tendentes a completar la escasa información que nos da San Mateo. La misma interpretación del objeto del viaje de los magos y el significado de los tres dones (oro, incienso y mirra) se convierten en un motivo recurrente en la celebración litúrgica de la Epifanía y todo esto nos servirá para comprender mejor el culto y el honor tributado a los Magos en toda la cristiandad desde muy antiguo.

Sin embargo, de los primeros siglos, no existe ningún documento que los presente cómo reyes. Tertuliano (siglos II-III) comentando el salmo 72,  dice que los magos no eran reyes, sino personas revestidas de gran autoridad y en la antigua iconografía, en rarísima ocasión se les representa con insignias reales. Casi siempre aparecen con vestidos de origen persa. Solo San Cesáreo de Arlés, en el siglo V, los presenta como reyes.

En los dos próximos capítulos seguiremos hablando de este interesante tema.

Antonio Barrero

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