Pasionistas mártires de Daimiel: ¿quiénes eran? (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Mural contemporáneo de los Beatos, presidido por María Santísima Reina de los Mártires. Santuario de Santa Gema Galgani, Barcelona, España.

En la primera parte de esta serie de artículos dedicados a los mártires pasionistas de Daimiel hablamos del Padre Nicéforo Diez y José Luís de los Sagrados Corazones. Ahora hablaré de los otros tres compañeros que sufrieron el martirio junto a ellos (Abilio Ramos, Epifanio Sierra y Zacarías Fernández). En la tercera parte, ya para el mes de diciembre, hablaré sobre los supervivientes de este primer martirio y su triste final unos meses después.

Beato Epifanio de San Miguel (Epifanio Sierra Conde) 1916-1936
Nació Epifanio en San Martín de los Herreros (Palencia) el 12 de mayo de 1916 a las cuatro de la tarde, siendo el último de los seis hijos nacidos del matrimonio formado por Zacarías y Antonia. Fue bautizado el día 26 por Don Saturnino Rojo y confirmado el 25 de junio de 1918 por Monseñor Álvarez Miranda, de León. La comunión la recibió a los siete años, como era de costumbre en el pueblo.

Sus padres regentaban la cantina del pueblo y Epifanio creció un tanto movido y revoltoso. Estudió en la escuela de la localidad y ayudaba a un tío suyo, sacerdote retirado. En 1929 llegaron los pasionistas buscando muchachos y él insistió una y otra vez a sus padres para querer irse con ellos a Zaragoza. Llegó a Zaragoza el 22 de septiembre, yendo de los pueblos vecinos más muchachos; él era el único que iba de San Martín de los Herreros, aunque al año siguiente llegó otro joven del pueblo, Luciano Barreda, que sería misionero en Venezuela.

En el primer curso obtuvo unas excelentes calificaciones excepto en música. En el curso de 1931 bajó algo en matemáticas, teniendo que regresar poco después de los exámenes junto con Luciano a su pueblo, por los temores que se vivían en España. El Hermano Teofilo, testigo de aquellas vacaciones cuenta: “Epifanio tuvo un cambio tremendo: el pueblo se quedó maravillado. Apenas si había estado dos años en el colegio y había vuelto totalmente cambiado”.
A él le decía: “Mira, yo cuando estoy solo allí con las ovejas y con los corderos, me pongo de rodillas y sin ningún respeto humano rezo y pido por el pueblo, pido por poder volver al colegio. Estoy ilusionado con volver al colegio y ser un día misionero. A ver si te animas y vienes conmigo”.

El Padre Francisco González, pasionista, que entonces era un niño comenta una anécdota de aquellos días. “Ellos en buen tiempo iban a pescar y yo me iba, que era un crío mas pequeño que ellos para llevarles las truchas. Un día me acuerdo que nos fuimos según comimos a pescar, un domingo y resulta que marchábamos por ahí abajo y vinimos por el río de Santibáñez y al venir de Santibáñez por el río dicen:
-Tenemos que ir al rosario…
-Ya la hemos liado. Nos van a pegar porque no hemos ido al rosario.
-Ya que no hemos rezado el rosario vamos a rezar la letanía…
Y empezaron a rezarla y como yo no la sabía me dice uno:
-Tú di “Ora Pro nobis”.
Por fin no nos pegaron”
.

Dibujo del Beato Epifanio de San Miguel basado en una fotografía suya.

Llegó por fin el aviso de volver al colegio. Después del triduo de ambientación, Epifanio empezó a estudiar. El 17 de septiembre de 1934 marchó al noviciado de Corella con gran entusiasmo por parte de sus padres y directores. Es la única vez que el Padre Inchausti (hombre sobrio en elogios) emplea el adjetivo jubiloso hacia Epifanio, por el entusiasmo que tenía en seguir la vida pasionista.
Recibió el hábito el 21 de octubre, comentaban que tenía gran fervor y sólo se advertía que era “algo olvidadizo, embotamiento de memoria e impasibilidad y una cierta tendencia a los escrúpulos”.

Durante el noviciado se podían entrever ya dificultades para los religiosos, aun en Corella. El Hermano Teofilo dice: “Recuerdo muy bien que paseando con ellos, íbamos por ahí, por el camino de la vega, dando paseos y había unos muchachos insultándonos. Y los novicios dijeron:
-Mira, los padres de estos son los que nos van a matar, si es cierto que nos van a matar.
-Pues mira, si nos matan seremos mártires y acaso los primeros mártires de la Congregación”
.

Epifanio profesó el 23 de octubre de 1935 y se marchó junto con otros compañeros a Daimiel; días antes de irse le dijeron al Hermano Teofilo: “Tú no tengas miedo. Nosotros marchamos para allá (Daimiel) y nos volveremos a ver en algún sitio y si a nosotros nos matan y a ti te matan, tú no te preocupes que iremos al cielo”.

Tuvieron por formadores al Padre Inchausti (maestro) y al padre José Redondo (vicemaestro), que murió en México en 1988 con la ilusión de ver beatificados a sus novicios. No se conservan cartas de Epifanio de esa época. En febrero de 1936 fue a predicarles los ejercicios espirituales el Padre Inchausti, quien mantuvo siempre en la memoria de que “estaban muy bien preparados para el martirio”.

El 21 de julio Epifanio abandonó el convento con el resto de la comunidad. Formaba parte del grupo dirigido por el Padre Nicéforo que tomo el tren hacia Madrid por la vía de Manzanares. Al amanecer del día 23 los doce religiosos fueron tiroteados en “La Vereda de Valencia”. Cinco quedaron muertos en el acto y entre ellos Epifanio de San Miguel, de 20 años de edad y nueve meses de vida pasionista.
Durante los procesos el Padre Inchausti en relación a Epifanio aseguro: “Su fe robusta y su ardiente amor a Jesús Crucificado brillaban sobre todo en la comunión y en el canto del Oficio Divino. Era muy amante de la Virgen María a la que obsequiaba con abundantes florecillas espirituales, sobre todo el sábado. Y se ejercito mucho en actos de humildad y mortificación”.

Dibujo del Beato Abilio de la Cruz a partir de una fotografía suya.

Beato Abilio de la Cruz (Abilio Ramos Ramos ) 1917-1936
Abilio Ramos nació a las cuatro de la mañana del día 22 de febrero de 1917 en un pueblecito llamado Resoba. Los padres de Abilio, Pedro Ramos y Elena Ramos tuvieron siete hijos: Rosario, Julián, Abilio, Leonor, Benita, Miguel y Adelaida. De ellos, y aparte de Abilio, dos hermanos sentirían la vocación religiosa. Miguel también profesó como pasionista en 1939, pero sin embargo lo abanderaría en 1943, su hermana Leonor ingresó en el convento de la Madre de Dios, en Jerez de la Frontera (Cádiz).

Abilio fue bautizado el 27 de febrero, fiesta del joven pasionista Gabriel de la Dolorosa, entonces sólo Beato. La confirmación fue a recibirla a Cervera del Río Pisuerga, el 20 de junio de 1918 y se la administró Monseñor Álvarez de Miranda. La primera comunión la recibió en su parroquia de San Sebastián Mártir a los siete años. En la escuela rural aprendió las primeras letras y ayudaba en las faenas agrícolas, pero mas en guardar las ovejas. Así fue fortaleciendo su voluntad para las dificultades de la vida; naturaleza y gracia, familia y pueblo, maestro y párroco colaboraban, cada uno en su esfera, a la madurez de Abilio.

En el invierno de 1930 pasó por Resoba un padre pasionista y se llevó a Abilio a Zaragoza. Fue él solo del pueblo, aunque en el colegio encontraría a otros dos chicos de allí (Daniel Ramos Merino y Manuel Ramos Simal), además uno de los profesores, el Padre Manuel Vega, era de su pueblo y el hermano de este (Pablo Vega) estudiaba allí Teología. Llegó a Zaragoza el 12 de febrero de 1930, concluyendo el curso con muy buenos resultados al igual que en el de 1930-31, exceptuando el latín y la lengua española (se le hacia muy difícil la ortografía y de hecho en sus cartas aparecen salpicadas de disparates).

El verano de 1931 lo pasó en Resoba por precaución, ante el mal cariz que tomaban los acontecimientos políticos. En septiembre ya estaba de nuevo en Zaragoza para reemprender los estudios. El curso 1931-32 le costó más que otros, acaso por la edad o por la incipiente sordera; el caso es que aun habiéndolo aprobado todo, recibió las calificaciones mas bajas de la carrera. Al año siguiente recontaría el vuelo, continuando de esa manera en los sucesivos cursos.

En una carta de Abilio fechada del 12 de agosto de 1932 le pregunta a su padre por la recolección del pueblo: “Cuando me conteste me diga si ha estado bueno el trigo y lo demás o si la lluvia lo ha apedreado, pues por aquí, como se segó antes y una vez estuvo lloviendo tres días seguidos y creció el rió, en algunas tierras que estaban cerca del rió se llevo los haces”.
Le dejó una impresión muy marcada la muerte de Laurentino Montes, de Alba de los Cerdaños, que se preparaba para el sacerdocio con su paisano Pablo Vega: “Como cayó enfermo, no pudo cantar misa. ¡Dios se lo llevó al paraíso” (carta del 26-1-1934).

Vista de las urnas individuales con los restos de los mártires, tal cual estaban antes de su sepultura actual. Convento pasionista de Daimiel, España.

Concluidos los años escolares en Zaragoza con muy buena conducta pasó a Corella el 17 de septiembre de 1934. “Tome el santo habito de la Pasión el 21 de octubre y como nos cambiamos de nombres me puse De La Cruz” (carta del 6-1-1935). Estando en el noviciado su padre le informa del viaje de Leonor, su hermana a prepararse para monja en Bilbao. Abilio le escribió una carta ejemplar: “No te lo puedo expresar el contento que mi alma siente de que hayas abandonado el mundo pervertido y engañador… ¡Y qué dulce es la vida del claustro! ¡Vivir siempre con Dios… con una paz inalterable en medio de tantos religiosos! En adelante toda nuestra vida no ha de ser sino una acción de gracias a Dios que se ha servido de hacernos el mayor beneficio. Que no se te pase un día en que no des gracias a Dios y a María por la vocación religiosa”.

Los Padres de la comunidad de Corella siguieron los pasos del novicio y nunca observaron cosas preocupantes en el terreno espiritual, salvo “cierta apatía” y “cierto aniñamiento de carácter”. El problema que les preocupaba era el de la sordera: “La sordera de un oído es casi completa y sin esperanza de remedio alguno, según el doctor… Se acordó resolviera el caso el Padre Provincial o el Padre General, que se creía estaba a punto de llegar” (Acta del 6-5-1935).

El 27 de julio, “como los superiores ni estuvieron de acuerdo sobre si la sordera era suficiente causa para despedirle o no, optaron todos porque continuase”. En alguna ocasión además de la apatía, el aniñamiento de carácter y la sordera, algún capitular se quejo de que “da muestras de disgusto después de una reprensión”. Profesó el 23 de octubre y parece ser que nadie de la familia pudo acompañarle. La última carta de Abilio es del 8 de abril de 1936 con motivo de la Semana Santa. “No dudo que también irán a comulgar estos días para cumplir con Pascua como siempre han hecho, disponiéndose con una buena confesión. En fin, padre mío, no dude de que si hace todo esto sus almas sacaran grande provecho y vivirán alejados del pecado…Y Dios derramará sobre usted sus bendiciones. Que Jesucristo bañe sus almas en su Preciosísima Sangre”. (Daimiel, 8-IV-1936).

Así, al amanecer del 23 de julio de 1936, su sangre fue vertida en “La Vereda de Valencia”. Tenía 19 años de edad.

Fotografía del Beato Zacarías.

Beato Zacarías del Santísimo Sacramento (Zacarías Fernández Crespo) 1917-1936
Zacarías nació en Cintruniego (Navarra) el 24 de mayo de 1917, siendo sus padres Andrés y Asunción. Fue bautizado el 30 de mayo por Don Fermín Catalán, actuando de madrina la tía paterna Sabina Fernández. Recibió la confirmación el 28 de septiembre de 1918, administrada por Monseñor Badía Sarradell, de Tarazona. Zacarías fue el tercero de siete hermanos y resultó ser un chico incansablemente travieso. Sus padres tenían que estar preparados para las quejas que recibían cada dos por tres.

Cierto día entró con sus amiguitos al trinquete del pueblo y cogieron pelotas y algo de dinero. Un día, en un arrebato, le lanzó a su hermana una herramienta del taller de carpintería. Le pidió perdón y seguía pidiéndole perdón incluso en una de sus ultimas cartas, años después del suceso. En cambio cuando ayudaba en misa era como un angelito, respetuoso y concentrado.
Cierto día pasaba un camión y Zacarías se subió en el; viéndolo el maestro en la escuela le mando que se pintase a si mismo encima del vehículo. Lo hizo admirablemente ya que le encantaba la pintura. La madre, Asunción, no se cansaba de pedirle al Señor que diera vocación pasionista a alguno de sus hijos, pero no contaba para ello con Zacarías, costándole recuperarse de la emoción cuando él le dijo: “- Madre, que me quiero ir frailecico…
– ¡Frailecico tu? ¡Anda ya!
– Que sí madre, de esos del Villar
(población cercana a Cintruenigo)
– Bueno, a ver si es verdad. Por probar que no quede”.

Llegó a Zaragoza el 21 de septiembre, fiesta de San Mateo. Le echó ganas al estudio y saco sobresalientes en lengua, historia de España y música. La música le iba muy bien, costándole en cambio el latín. Mejoró aun más en el segundo curso, pero a causa de las circunstancias que se vivían en España tuvo que regresar a Cintruenigo. Al llegar a casa su madre no se creía lo que veía: “¡Pero si este hijo mío es otro! ¡Que estos frailecicos me lo han cambiado de verdad! ¡Que Dios los bendiga! Vamos, que ahora sí creo que vas para fraile, pero de los frailes de verdad, de los que entran y ya no salen.”

Le llamaron de nuevo en septiembre y no lo dudó, volviendo a Zaragoza y poniéndose a estudiar con todo el interés. Quería ser misionero y no pensaba quedarse atrás. Era más bien echado para adelante, pero en el buen sentido, sin despreciar a nadie. El 17 de septiembre de 1934 fue al noviciado en El Villar, que dista a cinco kilómetros de Cintruenigo. En el colegio Zacarías no tuvo grandes problemas, pero en el noviciado se hilaba mas fino y analizado su estilo y carácter, “se le tachó de algún aire de presunción y amor propio, que el mismo reconoce paladinamente y trata de combatir y enmendarse con todo empeño. Los Padres no le dieron mayor importancia y le admitieron por unanimidad”.

El Beato Zacarías fotografiado el día de su Primera Comunión.

El 21 de octubre recibió el hábito, asistiendo toda la familia y mucha gente de Cintruenigo y de Novallas, de donde procedía su madre. Iba bien en todo, pero aquel “tufillo” de vanidad, que poco le gustaba al Padre Inchausti. Capitulo tras capitulo: “Parecía un carácter algo presumido, pero trataba de enmendarse”. “El mismo defecto con el mismo empeño en enmendarse”. “En vista de que trabajaba para conseguir la perfección y quitar los obstáculos se le aprobó unánimemente”.

El 23 de octubre de 1935 profesó con Laurino, Epifanio, Abilio y José María, trasladándose con todos ellos a Damiel, donde escribió una carta bien extensa donde contaba el viaje: “Nuestro afán era hablar con la gente (del tren) para cerciorarnos de su moralidad (ideología quiere decir). ¡Y vamos!, en el primer tren topamos con buena gente… Camino de Madrid venían con nosotros unos incrédulos y nos pusimos en debate, pero los pobres no sabían apenas razonar, así que al punto venían a tierra sus argumentos…”

En otra carta fechada del 25-XI-1935: “Como les decía estoy contentísimo, sin arrepentirme del gran paso que di el día de mi profesión, antes al contrario, dando muchas gracias a Dios por ello. Les suplico hagan la caridad de rogar mucho por mi para que siempre persevere, sea un religioso santo y muera santamente en la Congregación”.

Por Navidad escribía: “Que los Reyes les traigan muchas joyas, pero ¡joyas de virtudes! Que total, al fin y al cabo las otras joyas materiales no sirven muchas veces más que para corromper el corazón, como son muchos por desgracia los casos que de esto se dan. Yo, créanme, soy el más rico de todos y el más feliz; no tengo nada y lo tengo todo, puesto que nada me falta. Con mi pobre celdilla, con mi Crucifijo, la Santísima Virgen y los libros de texto y otros cuantos espirituales, todo esto es mi tesoro y aun no es mío, porque por el voto de pobreza me desprendí de todo. Y con todo soy, como digo, el mas feliz, a nadie envidio y sin duda muchos me enviaran a mi” (Daimiel, 23-XII-1935).

Sus últimas cartas revelaban madurez de espíritu y una prometedora vitalidad, quedando todo truncado la noche de 21 de julio cuando fue obligado a dejar el convento. Caería bajo las balas en Manzanares en las primeras horas del día 23 junto al Padre Nicéforo y sus compañeros José, Epifanio y Abilio.

Abel

Bibliografía:
– GARCÍA MACHO, Pablo, Rosas del Calvario “Martires Pasionistas de Daimiel”, Ed. Edicep.
– PIELAGOS, Fernando C.P. “Homenaje a los 26 Martires Pasionistas de Daimiel” Ed. Pasionistas.

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