Santos Ermilio y Estratónico

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Icono ortodoxo serbio de los Santos. Al fondo, catedral de San Sabas de Belgrado.

Icono ortodoxo serbio de los Santos. Al fondo, catedral de San Sabas de Belgrado.

Los Santos mártires Ermilio y Estratónico, en griego “Ερμυλος και Στρατόνικος”, o en serbio Свети мученици, Eрмил и Cтратонjк бэлгрaдски (Santos mártires Ermilio y Estratónico de Belgrado) vivieron entre los siglos III-IV, en la provincia romana de Illiricum, situada en el centro del curso del río Danubio, siendo martirizados en Singidunum (la actual Belgrado), que los conmemoró ayer, 13 de enero. Sus vidas y martirio se encuentran en tres versiones, la primera de las cuales, probablemente es de finales del siglo VI (según un estudio publicado en la introducción a su vida en la Analecta Bollandista, vol 30, pp 156 ff., y en la Bibliotheca Hagiographica Graeca, N. 744 – 745b). De todos modos los cinco manuscritos de esta versión son, tal vez, del siglo X.

Otra biografía, que es utilizada actualmente en las iglesias ortodoxas, se debe a Simeón Metaphrastes en su Vitae Sanctorum, escrita en el siglo IX en Constantinopla. Se encuentra en el volumen 114 de JP Migne’s Patrología Graeca, cols. 554-566. Un importante estudio sobre las tres diferentes versiones de esta biografía fue escrita por F. Halkin en “Trois textes grecs inédits sur les SS. Hermyle et Stratónice martyrs à Singidunum” en la Analecta Bollandista vol 89, 1971, pp 5-45.

Su martirio
La vida y el martirio de los santos Ermilio y Estratónico están estrechamente relacionadas con la evolución de la situación política y social de principios del siglo IV. Diocleciano (384-305) es considerado uno de los más feroces perseguidores de los cristianos, pero incluso después de su muerte, el destino de los cristianos no cambió para mejor. La provincia que estaba a cargo de Licinio (307-324) en Illiricum, que incluía las regiones de la cuenca central del Danubio y los Balcanes occidentales, sufrió una nueva persecución contra los cristianos. Licinio fue, junto con Constantino el Grande, uno de los firmantes del Edicto de Tolerancia (Milán, 313), pero inesperadamente continuó con una nueva ola de persecución contra los cristianos. Poco después de asumir su cargo, pidió a sus funcionarios que denunciaran a las personas que respetasen la “ley de Cristo” y que fueran llevados ante el tribunal.

Fresco bizantino de San Ermilio en la Catedral de Sofía, Bulgaria.

Fresco bizantino de San Ermilio en la Catedral de Sofía, Bulgaria.

Ermilio era un diácono cristiano de Singidunum (una ciudad a orillas del Danubio), y fue denunciado por un soldado ante las autoridades locales por su condición de cristiano, manifestando que estaba despreciando a los dioses romanos y el culto oficial del Imperio. San Simeón Metaphrastes dice que Ermilio fue llevado ante el César. Ermilio recibió la acusación con alegría y dijo que iría sin oponerse por lo no había necesidad de que le ataran. Llevado ante el emperador, se le preguntó por qué no servía a los dioses paganos y Ermilio respondió que servía “sólo al Dios invisible que hizo el mundo y no a unos dioses aburridos y sin vida que habían sido hechos manualmente utilizando madera o piedra”. Al oír esto, Licinio ordenó que Ermilio fuese golpeado en la cara con un látigo metálico. Instado repetidamente a sacrificar a los dioses romanos, el santo ignorando los tormentos, rechazó la oferta, confesando a Dios como su Salvador.

Después de terribles torturas, el César ordenó que el santo fuera llevado a la prisión, donde dispondría de un tiempo de tres días para pensar cual sería su posicionamiento final. Pero allí se le apareció un ángel del Señor que le consoló diciendo: “Daco Ermilio, no tengas miedo, porque pronto vas a superar al tirano y recibirás la corona de un brillante martirio”.
Después de estar tres días en la prisión, Ermilio fue llevado de vueltas a la corte y se le preguntó si había cambiado de opinión. Pero él volvió a confesar su fe cristiana. Luego fue golpeado y torturado aún más terriblemente, tormentos que soportó sin pronunciar un solo gemido. En cambio, elogió sin cesar a su Señor. En un momento se oyó una voz del cielo y los soldados que lo torturaban se lo dijeron a Licinio. La voz anunció que durante tres días Ermilio estaría libre de dolor. Licinio se asustó por esta noticia de los soldados, pero aún así ordenó que el diácono fuera llevado de vueltas a la prisión.

De todos estos hechos fue testigo Estratónico, que era el director de la prisión donde Ermilio estaba encerrado. Él, en secreto, era también cristiano, lo cual era conocido por el diácono desde hacía mucho tiempo y a escondidas, de manera furtiva, curó las heridas del diácono.

Detalle de San Estratónico en un fresco ortodoxo griego.

Detalle de San Estratónico en un fresco ortodoxo griego.

San Ermilio fue llevado por tercera vez a juicio y de nuevo se negó a renegar de su fe, por lo que el emperador ordenó a los soldados que rasgase profundamente el cuerpo del diácono, sobre todo su vientre, con clavos de hierro. Pero el santo se mantuvo firme en la fe.

Uno de los soldados, que vio que Estratónico estaba llorando y que había cuidado de las lesiones del diácono, lo delató ante Licinio. Este hecho hizo que el César obligase a Estratónico a sacrificar a los ídolos, pero él también confesó que era antiguo amigo de Ermilio y cristiano en la clandestinidad y que rechazaba el sacrificio a los ídolos falsos. Por esta confesión, Estratónico fue despojado de su ropa y lo golpearon con palos. Durante la paliza, él se volvió a Ermilio, pidiéndole que rezara a Dios, a fin de mantenerse en su fe y ser capaz de soportar los tormentos.

Después de esta tortura, los dos fueron llevados de vueltas a la cárcel y más tarde, Licinio intentó sin éxito una vez más persuadirles para que renegaran de su fe. Por último, el emperador decidió que Ermilio fuera colgado en un árbol y que su cuerpo fuera cortado con cuchillos y arrojado al Danubio. Llevado a juicio, Estratónico tampoco aceptó la última propuesta. Confesó que no sabía que existiese una muerte más feliz que el martirio por la fe perdurable en Cristo y que la mayor alegría para él sería la de acompañar en la vida eterna a su buen amigo, Ermilio. Así que él también fue asesinado.

El martirio de Ermilio y Estratónico ocurrió el 13 de enero del 314 o 315 (según la Enciclopedia Ortodoxa Rusa Православнуя энциклопедия), a unos dieciocho estadios (unos tres kilómetros) de distancia de Singidunum (actual Belgrado). Tres días más tarde, los cristianos locales recuperaron sus cuerpos de las aguas del Danubio. Pusieron juntos a los dos santos en un ataúd, con el fin de que se les recordara juntos, porque habían estado unidos en su fe en Cristo y en la amistad. Según otras fuentes, los dos santos murieron en el año 303, es decir antes de la gran persecución de Diocleciano y Galerio, pero esta fecha no puede ser aceptada, ya que de ser así, los acontecimientos se habrían producido antes de Licinio (307-324)

Martirio de los Santos. Iluminación del Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma.

Martirio de los Santos. Iluminación del Menologio de Basilio II. Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma.

Culto
En los antiguos sinaxarios bizantinos las celebraciones de los dos santos fueron el 13 de enero y 1 de junio. Sin embargo, esta fecha no siempre se recuerda. En un calendario palestino-georgiano del siglo X (manuscrito sinaiticus georgianus no. 34), la memoria de los santos es el 14 de enero. El Martirologio de San Jerónimo recuerda un mártir llamado Hermilus el 3 de agosto, sin mencionar el lugar del martirio. En otros martirologios occidentales, desde el siglo IX (Floro, Usuardo, Adón de Viena) el nombre del mártir se escribe como Hermellus y el lugar de su martirio, Constantinopla. Baronio, basándose en el sinaxario bizantino, introdujo en el Martirologio Romano la memoria de Ermilio y Estratónico, el 13 de enero, pero también el 3 de agosto (sólo la memoria de Hermellus de Constantinopla).

La nacionalidad de los dos santos es incierta. Los sinaxarios rumanos dan fe de que hubieran sido Daco-Romanos (romanos locales, dacios romanizados o tal vez tracios), pero mientras tanto los serbios acreditar un origen supuestamente eslavo, cosa que es totalmente improbable, porque en aquel tiempo, no había eslavos en esa zona.

Según un peregrino ruso llamado Antonio, aproximadamente en el año 1200, sus cráneos se encontraban en la Catedral de Santa Sofía de Constantinopla. Por lo que yo he investigado, actualmente no existe ninguna mención acerca de sus reliquias. Actualmente, los Santos Mártires Ermilio y Estratónico son los santos patronos de la capital de Serbia, Belgrado. El Museo de Belgrado celebra a los santos Ermilio y Estratónico como patronos de la institución y una paraklis (capilla de la Catedral de San Sabas en Belgrado) está dedicada a estos mártires.

Detalle de San Ermilio en un fresco ortodoxo griego.

Detalle de San Ermilio en un fresco ortodoxo griego.

Troparion (himno) de los mártires

Tus mártires, oh Señor, en sus luchas han recibido de Ti las coronas de la incorruptibilidad, pues Tú, nuestro Dios les diste tu fuerza que acabó con los tiranos y venció a los demonios, haciéndolos impotentes. Por sus intercesiones, ¡oh Cristo nuestro Dios, salva nuestras almas!

Mitrut Popoiu

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