Origen y milagros del escapulario del Carmen (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle de la Virgen del Carmen venerada en la Basílica de San Jaime Apóstol. Algemesí, Valencia (España). Fotografía: Ana Mª Ribes.

Continuamos con el segundo artículo dedicado plenamente a varios milagros documentados del Escapulario.

Curación de un paralítico:
En el asilo de las Hermanitas de los Pobres desamparados de Burgos, estaba recogido el anciano Luís Beltrán, natural de Covarrubias, provincia de Burgos, de setenta y cinco años de edad, completamente imposibilitado, con las piernas rígidas y el cuerpo encorvado, sin poderse mover sino con dos muletas. Todos cuantos remedios se le aplicaron por los médicos resultaron ineficaces, por lo cual lo habían dejado por incurable, y el se hallaba resignado a pasar en tan lamentable estado el tiempo que Dios le concediera de vida.

Durante la novena de Nuestra Madre del Carmen, que se hace todos los años en aquel asilo con gran solemnidad, en el año 1921, el capellán de la casa, Don Rosendo Álvarez, le impuso el Santo Escapulario del Carmen. Tanto durante la novena, como en la Misa y en el acto de imposición, nuestro anciano se encomendó fervorosamente a la Santísima Virgen del Carmen, pidiéndole la gracia de poder valerse sin ayuda ajena, al menos en las cosas ordinarias, para no tener que molestar. No se hizo mucho de rogar esta bondadosa Madre.

Cuenta el afortunado anciano que, apenas se le impuso el Santo Escapulario, notó en todo su cuerpo un temblor extraño, observando al mismo tiempo que sus piernas perdían su rigidez y que podía enderezar el tronco del cuerpo. Su primera intención fue la de tirar las muletas y comenzar a gritar “¡Milagro, milagro!”, pero fue tal la impresión que esto le causó, que no podía convencerse de lo que estaba palpando.
Temeroso de ser víctima de una alucinación, continuó usando las muletas durante aquel día. Al llegar la noche, y antes de que el enfermo fuese, como de costumbre a acostarse, tanteó cerrar las ventanas sin ayuda de las muletas, lo cual hizo sin dificultad. Lleno de alegría, se desnudó y acostó solo, siendo grande la sorpresa del enfermero cuando, al ir a meterle en la cama, le encontró ya en ella y su rostro radiante de alegría. Al día siguiente se vistió solo y se dirigió a la capilla como los demás, donde oyó la santa Misa y comulgó de rodillas, cosa que no había podido hacer desde que le cogió la parálisis.

Virgen del Carmen venerada en su capilla del cementerio de Picassent, Valencia (España). Fotografía: Ana Mª Ribes.

(El relato del siguiente milagro ocurrió en mi ciudad).
El pequeño náufrago:
El hecho sucedió en Villareal, espléndida ciudad de la provincia de Castellón de la Plana. Era el 29 de agosto de 1928.Un cielo claro y el sol, propio de la estación estival, inundaba de luz la fértil campiña villarealense.
Una señora con su familia, salió al campo para pasar unas horas de solaz en una alquería, casita de campo de su propiedad, por cuya vera pasa la Acequia Mayor, que toma su crecido caudal del río Mijares. Dicha señora ordenó a una niñera que tenia a su servicio saliese de la alquería para quebrar almendras. Tras la niñera siguió el pequeño hijo del ama, llamado Miguel Cantavella Pitarch, que hacia unos días había cumplido los tres años de edad.

Transcurrido un rato de absoluto silencio, la señora ni oía la voz del hijo ni de la niñera, ni el ruido que esta debía hacer cumpliendo con la faena que se le había encomendado. Ignoraba que la joven criada se había alejado de la alquería, dejando al niño Miguel solo, al borde de la acaudalada acequia. Con todo salio para dar un vistazo, busco con la mirada anhelante y angustiosa a su Miguelín, le voceó. ¿Dónde estaría el niño? Al dirigir su vista a la corriente de agua de la acequia, vió a su pequeño hijo que flotaba en la superficie como una boya, sin hundirse, sin ser arrastrado por la corriente. Nótese que la acequia tiene de profundidad algo mas que la alzada de un hombre de buena talla; su anchura oscila entre cuatro y cinco metros; la masa de agua que llevaba a la sazón alcanzaba la altura de un metro aproximadamente, y el desnivel del álveo determinaba en el punto del suceso un movimiento progresivo casi impetuoso. Y recuérdese lo que se ha dicho, que el niño de tres años aparecía en la superficie, flotando como una boya.

A poco que la angustiada madre hubiera reflexionado se hubiera convencido de que su hijo, que no había perecido, tampoco perecería: hubiera podido ver allí una mano oculta, un prodigio patente. Pero el instinto de salvar al hijo no le permitió un segundo de serena reflexión. Le faltó tiempo para arrojarse al agua con una niña de pecho que llevaba en brazos. Cuando la madre hubo sacado sano y salvo al niño, repuesta de la mortal congoja, trató de indagar la causa de un prodigio tan patente como inexplicable para ella. El pequeño naufrago, con la sencillez y lenguaje propios de su edad, pero como si fuera una persona mayor que terminaba de bañarse en agua de rosas dijo a su madre:
“La Mare de Deu me tenia aixina” (La Madre de Dios me tenia así).
Y mientras decía estas palabras, reveladoras del gran prodigio, que luego repetía muchas veces, juntaba los codos a la cintura y extendía los antebrazos y las manos en actitud de sostener algo, el cuerpecito de un niño, en nuestro caso.

La afortunada madre acababa de comprender que la Virgen del Carmen había salvado a su hijo de una muerte inevitable; entendió perfectamente que el no sumergirse su niño, de tres años, en tanto caudal de agua y el no ser arrastrado por la corriente era un milagro del Escapulario del Carmen, que dos días antes le había hecho imponer y que llevaba pendiente del cuello, en el acto del trágico percance “el pequeño naufrago”.

Pequeña imagen de la Virgen del Carmen en una edícula de la calle homónima en la Pobla Llarga, Valencia (España). Fotografía: Ana Mª Ribes.

Varias balas adornan el escapulario:
El jesuita Teofilo Rainaud narra el siguiente caso, que se lo contó el mismo a quien favoreció María Santísima: Era este un soldado llamado Juan Montaño, a quien en una refriega cercaron muchos enemigos, intentando quitarle la vida a balazos; mas Aquella que le defendía, encaminó de tal suerte las balas, que todas las que le alcanzaron fueron a dar en las cintas o en la estameña del Escapulario, quedando en el prendidas y achatadas o abolladas, cual si fuese bronce bien templado el escudo que resistía a su violencia.

Pudo escapar, y juzgándose al menos mal herido, se desnudó y vio el Escapulario todo esmaltado y guarnecido de balas hasta en sus cintas, todo con singular orden y proporción, y en su cuerpo, la señal correspondiente a cada bala, que con mudo lenguaje le decían que por allí hubiera entrado la muerte o al menos hubiese peligrado la vida, si la que dio tan singular virtud al Santo Escapulario no le hubiera defendido o amparado. Reconocido a tal favor, se consagró a la Virgen, alabándola todos los días de su vida.

Se quema el cofre y el escapulario no:
Siendo obispo de Ávila Don Jaime Escumin, salió ardiendo el palacio episcopal, sin poderse salvar las alhajas eclesiásticas ni profanas. Todo lo devoró el fuego abrasador, que en pocas horas consumiera y derrumbara gran parte del edificio. Una hermana del Prelado, religiosa Carmelita descalza, le había regalado hacia pocos días, un pequeño Escapulario que ella bordara con gran primor para su buen hermano, y que este, con gran estima guardó entre sus alhajas de oro y plata.

Al día siguiente, buscando entre las ruinas del incendio el cofre que guardaba tales joyas, lo hallaron reducido a pavesas y el oro y la plata todo derretido; mas revolviendo con un palo las cenizas para recoger el oro y la plata que se pudiese ¡oh, portento!, la alhaja que no buscaban -el Santo Escapulario- se manifestó ilesa, como si les dijese elocuentemente:
-“Poned toda vuestra estimación en mi y no en el oro y la plata, que perecen, pues ahora conoceréis lo que son y lo que soy por gracia y favor singular de María Santísima. Yo soy muy superior al fuego, y por esto me respeta; el oro y la plata son vil escoria de la tierra y por eso el fuego que es superior a ellos, se les atreve y consume sin piedad”.
Entendieron así los circunstantes esta acertada reprensión y pusieron toda su estima en este precioso tesoro. Unos lo besaban devotamente, otros se los llevaban a los ojos y lo ponían sobre su corazón, y todo querían tocarlo por si era mera ilusión de sus sentidos, y todos, desengañados al ver que era prodigiosa realidad, lo admiraban por portentosa maravilla de la misericordia de María Santísima.

Capilla de la Virgen del Carmen. Iglesia de Nostra Senyora de Gràcia i Sant Josep, Barcelona (España). Fotografía: Ana Mª Ribes.

No sabía nadar y se salvó:
El diario “ABC”,del 22 de abril de 1928 refería la siguiente noticia:”Pontevedra, 23.2 de la tarde. En el vapor pesquero “Amancia”, propiedad de Luciano Soto, estalló la caldera cuando se hallaba entregado a las faenas de pesca en la ría de Marin, cerca de la isla de Sálvora. El vapor se hundió rápidamente, y los tripulantes, heridos y maltrechos, sostuvieron durante dos horas una rudísima lucha con el mar, logrando salvarse alguno de ellos. Los supervivientes fueron salvados por el pesquero “Río Ebro”, que los condujo a Marín, siendo auxiliados y atendidos en las salas de socorro del polígono naval.

Uno de los heridos, Laureano Vilariño, refirió a todos los presentes que no sabia nadar y que se salvó luchando tres cuartos de hora con las olas, gracias a sus invocaciones a la Santísima Virgen del Carmen y al salvavidas milagroso de su bendito Escapulario, que con gran fe llevo desde muy niño. No se cansaba de alabar a María y de encarecer a todos que se adornasen con tan bendita librea para merecer siempre su protección y su salvación a la hora de la muerte.

Salvado de un barranco:
Sucedió en febrero de 1952, en la sierra de Monachil, al vecino de Granada y cofrade fervoroso de Nuestra Madre del Carmen, Don Manuel Morales Fernández. Iba de caza con algunos amigos y cayó a un barranco de profundidad aproximada de unos cincuenta metros. No le dio tiempo mas que para encomendarse a la Virgen del Carmen, cuyo Escapulario llevaba al cuello, por ser gran devoto de María, y le dijo con fe, esta frase:
“¡Virgen del Carmen, valedme!”
Perdió el conocimiento del tremendo golpe que diera en lo profundo de la sima, que recobró al cabo de largas horas. Sus compañeros consideraban de todo punto imposible el que no se hubiera destrozado al caer desde tamaña altura. En un principio ni se atrevían a creerlo ,máxime al comprobar que la escopeta, que la llevaba cargada, ni siquiera se había disparado al sufrir tan tremendo golpe.
Solamente acusaba algunos magullamientos, lo cual era completamente natural a la caída de un cuerpo pesado desde aquella altura de cincuenta metros. Pudo ir por sus propios pies hasta el sitio donde tenían las cabalgaduras y daba infinitas gracias a nuestra Santísima Madre del Carmen por el prodigio que con el había obrado mediante su Santo Escapulario.

Abel

Bibliografía:
– LÓPEZ MELÚS, Rafael: “Prodigios del escapulario del Carmen”, Editorial Apostolado Mariano.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Origen y milagros del escapulario del Carmen (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Simón Stock recibe el escapulario de manos de la Virgen. Grabado para la edición inglesa "Lives of The Saints".

A finales del siglo XII o principios del XIII nacía en el Monte Carmelo, de Palestina, la orden de los Carmelitas. Pronto se vieron obligados a emigrar a occidente, donde tampoco fueron muy bien recibidos. Por ello, el Superior General de la Orden, San Simón Stock, suplicó con insistencia la ayuda de la Santísima Virgen. En el año 1251 la Virgen le concedió un privilegio. Un santoral del siglo XIV así lo cuenta:

Se le apareció la Bienaventurada Virgen María, acompañada de una multitud de ángeles, llevando en sus benditas manos el Escapulario de la Orden y diciendo estas palabras;”Este será el privilegio para ti y todos los carmelitas: quien muriere con él no parecerá el fuego del infierno, es decir, el que con él muriese se salvará“.

Esta gran promesa de morir en gracia de Dios a quien llevando el escapulario, piadosamente muera con él las recordaba el Papa Pío XII el 11 de febrero de 1950:

Y en verdad no se trata de un asunto de poca importancia, sino de la consecución de la vida eterna en virtud de la promesa hecha, según la tradición, por la Santísima Virgen…Es ciertamente el santo Escapulario como una librea mariana, prenda y señal de la protección de la Madre de Dios. Mas no piensen los que visten esta librea que podrán conseguir la salvación eterna abandonándose a la pereza y a la desidia espiritual.”(Carta “Neminen profecto”).

Desde entonces se difundió esta devoción y uso del santo Escapulario del Carmen hasta que fue el vestido de reyes y nobles, pobres y ricos, clérigos y seglares, de todos los tiempos y lugares. Por ello el Cardenal Gomá la llamo “devoción católica como la misma iglesia”. A lo largo de siete siglos de historia, se ha ido enriqueciendo este “sacramental de María” que representa el compromiso de seguir a Jesús como María, la primera discípula del maestro. El Papa Pío XII en su carta sobre el Escapulario, del 11 de Febrero de 1950 decía:

Reconozcan en este memorial de la Virgen un espejo de humildad y castidad, vean en la forma sencilla de su hechura, un compendio de modestia y candor,vean, sobre todo, en esta librea, que visten día y noche, significada con simbolismo elocuente, la oración con la cual invocan el auxilio divino y reconozcan, por fin, en él su consagración al Sacratísimo Corazón de la Virgen Inmaculada, por Nos recientemente recomendada”.

Vista de un escapulario de la Virgen del Carmen.

Lo que han dicho algunos santos sobre el Escapulario del Carmen.

San Pompilio María Pirrotti: “La Santísima Virgen del Carmen nos regala su vestidura a fin de que, con su auxilio, podamos vivir bien y logremos nuestra salvación”.

San Claudio de la Colombière: “Ella, la Virgen del Carmen, os anuncia su promesa de salvación en tales términos que no encontramos nada oscuro, nada ambiguo”.

San Antonio María Claret: “Teniendo en la mano un medio tan cierto y tan fácil para aseguraros de vuestra eterna salud, ¿por que miráis con tanta indolencia la devoción del santo Escapulario?”

San Alfonso María de Ligorio: “Así como los grandes del mundo se honran con que otros lleven sus libreas, así también María Santísima se complace en que sus devotos lleven su Escapulario”.

San Pío X: “El uso del Escapulario contribuye poderosamente a fomentar la devoción y a excitar propósitos de vida mas santa”.

San José María Escrivá de Balaguer: “Lleva sobre tu pecho el santo Escapulario del Carmen. Pocas devociones tienen tanto arraigo entre los fieles y tantas bendiciones de los Pontífices. Además,¡es tan maternal ese privilegio sabatino!”.

San Pedro Poveda: “Un cristiano sin el Escapulario del Carmen, es como un militar desarmado”.

San Nuño Álvarez Pereira: “Dádiva sublime de la Madre de Dios”.

A continuación y también durante un segundo articulo dedicaré a contra algunos de los milagros y hechos sorprendentes ocurridos en España en relación con el Escapulario del Carmen.

Hacha prodigiosa:
En Aranda  de Duero (Burgos), vivían unos esposos: el, a quien las lecturas antirreligiosas y los amigos libertinos le habían inducido hasta la incredulidad y el escepticismo, increpaba continuamente a su esposa, fervorosa cristiana, por sus practicas religiosas.

Un día, volvía la esposa después de asistir a la función religiosa, y traía en la mano, junto con el devocionario, el Santo Escapulario del Carmen, con el que se había acercado a recibir la Sagrada Comunión. El esposo, en un arrebato de cólera se lo quito de las manos, lo coloca sobre el poyo en el que partía la carne y, lleno de coraje toma el hacha y se dispone a partirlo en pedazos; pero el hacha cayó repetidas veces sobre el santo Escapulario, sin lastimarle lo mas mínimo.

En uno de los golpes reboto el hacha, dándole al carnicero en la frente. Este abrió los ojos de la fe ante aquel repetido prodigio y, arrodillado ante el santo Escapulario, pidió perdón a la Santísima Virgen de su sacrilegio. Acto seguido se fue a la iglesia, donde con muchas lágrimas, se confeso y recibió la Sagrada Comunión y también el santo Escapulario, que llevo con singular devoción durante toda su vida. Desde entonces se portó como un modelo de esposo cristiano.

Óleo contemporáneo de la Virgen del Carmen.

La cubría con un delantal
En “La Lectura Popular” de Orihuela del 15 de Noviembre de 1896, su director, Don Adolfo Claravana publicaba la siguiente noticia:
Una niña de tres años y tres meses se extravió a la mitad de la tarde del sábado 18 de enero, y buscada por todas partes, no apareció. Llegada la noche, sus padres afligidisimos, acudieron a las autoridades; alarmose todo el mundo, y el vecindario en masa, movido por el resorte del mas vivo interior, púsose en movimiento para encontrar a la criatura. En vano fue todo; la noche paso en la mas viva ansiedad, pues a pesar de haber recorrido el monte y huertas vecinas palmo a palmo, nada se logró.
A la mañana siguiente, apenas apunto el día, volvióse a la faena; se publicaron edictos en los pueblos vecinos; aumentó a centenares el numero de personas que buscaban a la niña, y sin embargo tampoco se logro hallarla. Iba ya transcurrido un día entero; hacia mas de veinticuatro horas que la niña no se había alimentado; la noche había sido una de las mas frías del año; la niña, descubierta la cabeza y vestida ligeramente, era imposible que hubiese podio resistir; estaría muerta. Además, el monte cercano esta sembrado de hondanadas y precipicios horribles que, a obscuras es muy difícil salvar.
Mas he aquí que a las tres de la tarde unos tíos de la niña, rebuscando por aquellos peligrosos sitios, ven a la inocente criatura tendida al amparo de un extraño saliente de la montaña, y junto a un precipicio de muchos metros de profundidad, cortada casi verticalmente.
“Aquí está, exclaman; pero,¡ay!,indudablemente está muerta”. Entonces se acercan a ella y ¡oh sorpresa! La niña se levanta, serena y tranquila abre sus bracitos y se dirige a sus tíos como si tal cosa.
“Hija mía, gritan estrechándola contra su corazón,¿qué te ha pasado? ¿cómo has podido sufrir esta horrible noche de frío?”
“Si no he tenido frío”. Dice la niña en su infantil lenguaje.
“¿Como es posible?”
“Si ha estado toda la noche conmigo una mujer y me tapaba con el delantal”
“¿Una mujer?”
“Sí, una mujer”
“Pero esa mujer ¿no te hacía nada? ¿No oías tú, cuando cruzábamos por aquí con luces y hacíamos ruido y te llamábamos a gritos?
“Sí que lo oía, pero la mujer me decía: No te muevas hija mía, que ya vendrán por ti”
El estupor de los que escuchaban estas palabras llego a su colmo: aquello,¡era un milagro! Trasladada la niña al pueblo, celebrose al día siguiente en la Iglesia Parroquial una solemne misa de acción de gracias por el hallazgo de la niña. Y ahora viene lo admirable… al entrar la niña al templo ve una imagen de la Virgen del Carmen, y exclama dando un grito como si volviese a encontrar a una persona querida:
“Madre, ésa es la mujer que me tapaba con el delantal”
Calcúlese la sorpresa que producirían estas palabras. Cerca de la imagen de la Virgen había una de San Juan Evangelista.
“¿Es ésa?”, le preguntaban para ver si la niña había dicho aquello por capricho.
“No, aquélla”, contesta insistiendo en señalar a la Virgen del Carmen.

El entusiasmo de la muchedumbre, que literalmente llenaba la iglesia, se trocó en lágrimas de fervor; todo el mundo lloraba. Sacaron a la niña, terminada la función, y la llevaron de casa en casa. Una de ellas fue la del vicario del pueblo. La niña entró en el despacho del sacerdote; en él hay un cuadro de la Virgen del Carmen.
“Ésa es la mujer que me tapaba con el delantal”, repite la niña. Sigue visitando muchas casas, y entra en otra donde había otra imagen igual.
“Ésa es la mujer que me tapaba con el delantal”, repite por tercera vez.
“Ya no cabe duda, dice el pueblo entero a una voz; esta niña ha sido objeto de un verdadero milagro. Milagro del Escapulario de la Virgen, y la niña llamaba delantal”.

Fotografía de una comunidad de frailes carmelitas en Kintambo (República Democrática del Congo).

Ampara a un albañil bajo su manto blanco

Sucedió en Estepa (Sevilla) en 1932. Se hallaba trabajando en el revestimiento de un pozo, un maestro albañil de la localidad, fervoroso cofrade del Santo Escapulario, quien jamás se desprendía de él para sus trabajos. Le sobrevino un desprendimiento de materiales de mas de seis metros de altura que, cayendo sobre él, lo dejo sepultado en las profundidades del pozo, sin que nadie creyese que pudiera sobrevivir.

Comenzaron los trabajos de desescombro, que duraron mas de tres días, en la seguridad de extraerlo cadáver; pero cual no seria la sorpresa y alborozo de los circunstantes cuando al tercer día de inauditos trabajos pudieron percibir muy lejana la voz del albañil, quien desde el fondo les gritaba con voz firme y alegre: “No se precipiten, pues junto a mi y amparándome bajo su blanco manto, está la Virgen del Carmen, a quien tanto frecuento desde niño y cuyo bendito Escapulario llevo”.

Publicó este relato el “Correo de Andalucía”, en un articulo bellísimo, y lo aprobó como hecho verdaderamente milagroso el Cardenal Ilundain y Esteban, Prelado a la sazón de la diócesis hispalense.

(En el próximo artículo continuaremos con un repertorio de diferentes tipos de milagros documentados acaecidos en suelo español).

Abel

Bibliografía:

– LÓPEZ MELÚS, Rafael, “Prodigios del Escapulario del Carmen”, Ed. Apostolado Mariano.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es