Santa Eufemia, Gran Mártir de Calcedonia

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Tabla de la Santa, obra de Andrea Mantegna (1454). Museo de Capodimonte, Nápoles (Italia).

Hoy, 16 de septiembre, se conmemora a una de las más célebres mártires de todos los tiempos: Santa Eufemia de Calcedonia, a quien los ortodoxos dan el título de Gran Mártir (megalomártir), poniéndola al nivel de mártires como Catalina de Alejandría, Anastasia de Sirmio, Jorge de Capadocia, y muchos otros. Comparativamente, aunque conocida entre los católicos, su culto y fama han sido mucho menores, aunque también la vemos ampliamente representada en las obras de arte.

El nombre de Eufemia es de origen griego y significa “la que dice cosas buenas” (prefijo eu- “bueno”, y verbo femí “decir, hablar”) [1] y fue un nombre relativamente popular hasta el siglo XIX, aunque actualmente está en desuso por considerarse anticuado.
La passio de la Santa, muy divulgada gracias a la Leyenda Áurea de Jacobo de la Vorágine, es muy fabulosa y está llena de errores, elementos fantásticos y exageraciones que hacen conveniente no tomarla muy en serio. Sin embargo, vamos a verla con detalle para comprender mejor el culto y la iconografía de esta mártir tan importante.

Pasión de la Santa
Esta passio nos dice que Eufemia era hija de un senador residente en Calcedonia (ciudad de Bitinia, provincia de Asia Menor) llamado Filotrón, que su madre se llamaba Teodorisiana; y que vivió en tiempos de Diocleciano. Por aquel entonces, Prisco el Europeo, procónsul de la ciudad, hacía cumplir el edicto de persecución deteniendo a los cristianos y torturándolos en público, en el foro de la ciudad, para humillarlos ante todo el pueblo. Pasando un día Eufemia y viendo semejante espectáculo, montó en cólera e increpó duramente al prefecto por lo que estaba haciendo, declarándose ella también como cristiana. Aunque su voz provenía de en medio de la multitud y fácilmente hubiese podido escabullirse, un tal Apeliano la delató y Prisco dio orden de detenerla y encarcelarla junto a 49 compañeras. La convocó al día siguiente junto las demás detenidas y quiso hacerla sacrificar a los dioses. Como se negó e hizo una gran apología de la fe en Cristo -de ahí su nombre, “la que dice cosas buenas”-, Prisco ordenó que la abofetearan con violencia ante la multitud, y aunque los golpes fueron tan violentos que la joven arrojaba sangre por nariz y boca, no logró doblegarla y la hizo devolver a la cárcel.

Aquella noche, Prisco entró en su celda para violarla y así doblegar su orgullo. Se encontró con la enconada resistencia de Eufemia, que se defendió como una leona. Cuando ya estaba por vencerla, de pronto sintió una parálisis en la mano y, temiendo ser víctima de alguna brujería, salió de la celda, dejándola en paz, al menos de momento.

La Santa torturada en la rueda (que parece ser la de cuchillas, aunque en la passio constaba que era la de fuego). Fresco ortodoxo griego.

Al día siguiente, ataron a Eufemia a una rueda de fuego, con los radios llenos de brasas, con la intención de que cuando girara, la joven se fuera quemando lentamente. Pero por un error de los operarios que movían la rueda, quemaron al verdugo que daba la orden y no a la Santa. Cuando los familiares del verdugo vieron que éste había muerto, éstos, enfurecidos, tiraron a Eufemia, atada a la rueda y todo, dentro de una hoguera, pero se quemó todo salvo ella. [2] Cuando el delator Apeliano sugirió que le cortaran la cabeza, la espada se rompió al tocar el cuello de Eufemia (!!!) y lo mismo pasó cuando intentaron aserrarla con una sierra (!!!) de modo que Prisco, cada vez más asustado ante lo que le parecía pura hechicería, mandó devolverla a prisión. Por su parte, los verdugos, al ver estos prodigios, se convirtieron y murieron mártires. Otras torturas se probaron con ella: ahogarla en un pozo, tirarle serpientes, meterla en un honor en medio de cuyas llamas ella recordó al profeta Daniel y sus escritos… todo inútil. Nada le hacía daño.

Posteriormente, Prisco mandó reunir a un grupo de jóvenes libertinos y los metió en la celda de Eufemia con la orden de violarla (!!!!) pero una fuerza invisible los mantuvo alejados de la joven y tuvieron que salir corriendo (!!!). El prefecto, cada vez más enfadado, mandó colgarla de los cabellos al techo y junto a ella mandó colgar cuatro grandes pedruscos para que, cuando el cuero cabelludo de la joven cediese y cayese al suelo, las rocas cayeran también y la aplastaran. Pero la joven resistió una semana entera colgada sin desfallecer y las piedras, en lugar de caer, se fundieron con el techo como si fueran cera derretida, y allí se quedaron pegadas (!!!).

La Santa entre las fieras. Lienzo de su martirio en su iglesia de Rovinj, Croacia.

Finalmente, Prisco, que ya no sabía qué hacer para matarla, la condenó a ser arrojada a las fieras en el anfiteatro. Pero los leones no la atacaron e incluso improvisaron un asiento con sus cuerpos para que Eufemia pudiera sentarse tranquilamente sobre ellos (!!!). Como pasaba el rato y ya nadie sabía cómo proceder contra ella, fue ella misma la que decidió ir al martirio y ordenó a uno de los leones que la atacara, y la bestia, obediente, saltó y le arrancó un brazo de un mordisco (!!!). Eufemia cayó al suelo y empezó a desangrarse, y entonces fue cuando salió el verdugo y le puso fin atravesándola con la espada. Su cuerpo, arrojado a las calles, fue recogido y dignamente sepultado no sólo por sus compañeros cristianos, sino también por fieles judíos y paganos, que habían quedado impresionados por el espectáculo.

Como para no impresionarse, ¿no? Es obvio que no se le puede dar crédito a semejante relato, que es una concatenación de todos los clichés y rutinas piadosas presentes en la mayoría de las leyendas de santas mártires. Ningún hagiógrafo serio hubiese hablado en defensa de la existencia de Santa Eufemia con semejante historieta detrás, pero por suerte, hay mucho más que esto, y vamos a verlo.

Datos documentales: entre la historia y la leyenda
La fecha exacta del martirio de la Santa –16 de septiembre del año 303- aparece en los Fasti Vindobonenses priores, obra redactada en dos partes: la primera a finales de 387 y la segunda a finales de 573, en Rávena.

Icono ortodoxo griego de la Santa.

El Concilio Ecuménico de Calcedonia, del que hablaremos más adelante, tuvo una gran influencia en la difusión del culto a la Santa por el milagro que, según la tradición, ella obró allí; pero lo veremos más adelante. Simplemente decir que gracias a este Concilio la festividad de la Santa se extendió a toda la cristiandad y es en esta época (años 451-452) cuando se redacta esta fabulosa passio. Como el Concilio se celebró en el martyrion (basílica y sepulcro) en honor a la Santa, se estableció que la fiesta de la misma se celebrase en toda la ortodoxia el 11 de julio, fecha del milagro. En Occidente, esta fiesta es ya reconocida por el Martirologio Jeronimiano y por el Calendario marmóreo de Nápoles; y en Oriente aparece en todos los calendarios, martirologios y sinaxarios.

Por desgracia, no existen importantes textos anteriores al Concilio que nos hablen de la Santa, textos que por su mayor antigüedad y por no estar “contaminados” por los entusiasmos del Concilio, pudiera decirse que hubieran tenido mayor credibilidad. Sin embargo, Asterio, obispo de Amasea entre los años 380-410, en su undécima homilía habla de la existencia de un culto a la Santa. Dice en ella que sus conciudadanos de Calcedonia habían erigido un monumento sepulcral a la santa y que todos los años celebraban su fiesta recordando su martirio. Pudiera decirse que esta homilía sería la primera nota hagiográfica sobre Santa Eufemia, ofreciendo, aunque fuera indirectamente, algunas notas sobre su martirio, ya que describe algunas pinturas en las que aparecen escenas de su martirio y que estaban colocadas en el pórtico de una iglesia, aunque no especifica que esta iglesia estuviera dedicada a ella. En una pintura aparece la escena del juicio, en otra pintura aparece el martirio (un verdugo que tiene cogida fuertemente la cabeza mientras otro le arranca los dientes), en otra pintura aparece la virgen dentro de una prisión y sobre su cabeza aparece resplandeciente la señal de la cruz; y en la última pintura representa a la santa mirando al cielo y con el rostro alegre mientras es quemada. Como vemos, estos detalles no acaban de coincidir con el texto fabuloso de la passio, que no menciona ni el arrancamiento de los dientes, ni que ella muriese quemada. ¿Pudiera ser entonces, que la passio se basase en los escasos datos mencionados por Asterio, pero desarrollados con mucha inventiva y fantasía? ¿Pudiera ser que, si descartásemos todos estos inventos, en efecto Santa Eufemia fue torturada siéndole arrancados los dientes y que finalmente murió en la hoguera? Pues sí, pudiera ser.

Lienzo de la Santa, obra de Francisco de Zurbarán (1635-40). Museo Nacional del Padro, Madrid (España).

Pero, ¿a cuál se las dos fuentes se le debe dar más crédito? ¿A los datos de Asterio o al rollo fantástico de la passio? Por sorprendente que parezca, los antiguos bolandistas tomaron parte por la passio (!!!) y decían que Asterio estaba hablando de otra santa distinta, que quizás fuese una mártir de Alejandría (la referencia de los dientes arrancados y la muerte en la hoguera nos remite indiscutiblemente a Santa Apolonia). Pero el hagiógrafo Tillemont se posiciona a favor de Asterio en su Acta SS. Septembris V, Venecia 1770, pp. 263-266. Toda la hagiografía anterior se posiciona por la passio, pero sin embargo, todos los hagiógrafos posteriores a Tillemont aceptan sus tesis y se posicionan más a favor de lo descrito por el obispo Asterio. Así y todo, hay hoy en día quienes afirman que si bien la passio está llena de fábulas, el texto de Asterio tampoco es seguro al 100%. De modo que los comentarios bolandistas al Martirologio Romano (Schneider, 1951) manifiestan que la passio es fantasiosa, pero que lo relatado por Asterio es más literatura que historia propiamente dicha.

Asimismo, no se puede obviar lo que San Victricio, obispo de Rouen entre el 380-407, en De laude sanctorum, dice refiriéndose a esta Santa: “Quondam ustulato animo sub percussore virgo non palluit”. Esto parece confirmar no sólo el dato de la virginidad, sino también, encubiertamente, el martirio del fuego, el único que es común en las dos fuentes: passio y Asterio.
Por lo tanto, tres cosas parecen seguras sobre Santa Eufemia: existió, fue virgen, y fue martirizada por el fuego. Suficiente para documentar su existencia y su naturaleza de mártir, aunque todo lo demás sea leyenda.

Martyrion y reliquias de la Santa
Cabe hablar ahora de la basílica, sepulcro y reliquias de la Santa, que también plantean cuestiones muy controvertidas e interesantes. Hay que decir que la celebre basílica en la que se celebró el Concilio ya no existe. Evagrio (536-600), la describe perfectamente: estaba construida sobre una colina a una milla de Calcedonia (la actual Haidar-Pacha). Se accedía a través de un pórtico espléndido, desde el que se entraba a una gran rotonda con una enorme cúpula donde estaba la urna de plata con el cuerpo de la Santa. Esta descripción es similar a todo el complejo arquitectónico descrito en Constantinopla, pero refiriéndose al Santo Sepulcro de Jerusalén. Sin embargo, perfectamente debiera ser grande, ya que, como decía antes, acogió a uno de los concilios más concurridos de la antigüedad, ya que se dice que asistieron seiscientos padres conciliares. Está claro que Asterio, aunque habla de esta Santa, se estaba refiriendo a otra iglesia, no a esta basílica.

Urna de plata que contiene el cuerpo de la Santa. Catedral Patriarcal de San Jorge, Patriarcado Ecuménico, El Fanar, Estambul (Turquía).

Evagrio llega a decir que era normal que del sepulcro de la Santa emanase habitualmente un líquido sanguinolento que se enviaba a todo el mundo, como reliquia de la Santa. Esto podría explicar el porqué existen tantas reliquias de la santa, incluso con anterioridad al Concilio:
– En Milán, el 9 de mayo del año 395, San Ambrosio dedica la Basílica Apostolorum in Porta Romana y pone reliquias de la Santa.
– También en Milán, el 27 de noviembre del 397, San Ambrosio consagra otra Basílica y también pone reliquias de la Santa.
– En Aquileya, un 3 de septiembre de un año no exactamente precisado, pero de aquella época, se hace dedicación de otra iglesia y también se ponen sus reliquias. Eso hizo que con el tiempo, se produjese un desdoblamiento ficticio y se llegase a creer que era otra Santa Eufemia la que se veneraba allí, junto a otra Dorotea, otra Tecla y otra Erasma, que son también desdoblamientos ficticios de las mártires conocidas de este nombre.
– En Nola, la primitiva Basílica de San Félix, también tiene reliquias.
– En Rouen, San Victricio, del que hemos hablado antes, también las lleva.
– También en Rávena, pues el mismísimo San Pedro Crisólogo en uno de sus sermones, hace mención de que el obispo Maximiano, en el año 550, dedicó una basílica a San Esteban y puso reliquias de la Santa.
– En Aquileya otra vez, el patriarca Elías, en el año 568, tuvo que huir de los longobardos y refugiarse en Grado y llevó consigo reliquias de la Santa.

Vista de la urna de la Santa abierta para su veneración el día de su fiesta. Catedral Patriarcal de San Jorge, Patriarcado Ecuménico, El Fanar, Estambul (Turquía).

Pero también hay testimonios antiguos de culto a la Santa en Piacenza (que desde el siglo XI presume de tener su cuerpo, aunque todo apunta a que se trata de una mártir de las catacumbas), Pavia, Como, Tortona, Brescia, Verona, Boloña, Rávena (le tenía dedicada nada menos que cuatro iglesias), Faenza, Roma (ya documentada en el año 590), Tívoli (consagrada por el mismísimo papa Gelasio en el año 493), Albano, etc.

En Antioquía hay una basílica dedicada a la Santa, documentada en los siglos VI-VII y Constantinopla, para no ser menos que Rávena, ya también en el siglo VI le tenía dedicada otras cuatro iglesias. Y es a una de estas iglesias, la llamada “del Hipódromo” donde fueron trasladadas las reliquias de la santa, cuando Calcedonia fue invadida por los persas. Allí las llevó la emperatriz Irene en el año 796 y allí siguen, en El Fanar (Patriarcado Ecuménico), aunque hay quienes afirman que el iconoclasta León Isáurico (716-741) las tiró al mar. De allí las rescatarían los hermanos Sergio y Sergono, propietarios de un barco, que las devolverían al obispo local. Éste ordenaría que fuesen preservadas en secreto, bajo una cripta, mientras la persecución iconoclasta estuviese en marcha. Hasta que la iconoclasia no fue condenada, no salieron de nuevo a la luz y traídas por la emperatriz a Constantinopla.

Vista de la figura de cera que contiene los restos de la Santa (nótese la ausencia de un brazo). Iglesia de la Santa en Rovinj, Croacia.

Sin embargo, hay una gran controversia ya que se dice que en Rovinj, en Istria (Croacia) también está el cuerpo de Santa Eufemia, dentro de una figura de cera custodiada dentro de un enorme sepulcro de piedra. A este cuerpo le falta un brazo, lo que curiosamente coincide con la fabulosa passio, en la que se dice que un león le arrancó el brazo. Sin embargo, las fuentes más importantes ni se molestan en mencionar el cuerpo de Rovinj y hay quien dice que como antes esta ciudad era italiana y por tanto cercana a Aquileya, las reliquias de la Santa se repartieron de una ciudad a otra. Lo más verosímil, por desgracia para los vecinos de Rovinj, es que el auténtico cuerpo de Santa Eufemia sea el que se venera en urna de plata en Constantinopla.

Festividad de la Santa
La celebración de la festividad de la Santa el día 16 de septiembre es una de las más “concordantes”, tanto en Oriente como en Occidente. Todos la celebran el mismo día: Martirologio Jeronimiano, Calendario de Cartago, calendario de Nápoles, calendario de Ossirinco, Sinaxario Constantinopolitano, Sacramentario de Verona, Sinaxario Palestinense, Sacramentario Gregoriano y todos los martirologios históricos y legendarios de la Edad Media. Sólo el Martirologio Siríaco pone otra fecha y el Sacramentario Gelasiano que también la celebra el 13 de abril.
Sin embargo, es el 11 de julio, como decía, la fecha en que tuvo lugar el famoso milagro de la Santa durante el Concilio de Calcedonia y eso hace que los ortodoxos la veneren aparte en ese día, sólo el milagro en sí.

Milagro de la Santa en el Concilio de Calcedonia. Fresco ortodoxo griego.

Milagro de Santa Eufemia en el Gran Concilio
En el año 451, en la ciudad de Calcedonia, en la Basílica donde se veneraban las reliquias de la mártir local Santa Eufemia, tuvo lugar el Cuarto Concilio Ecuménico. Se pretendía formular el dogma preciso de la Iglesia respecto a la naturaleza de Jesucristo, puesto que la herejía monofisita estaba ganado gran influencia. Sabemos que los monofisitas, como su nombre indica (mono fisis, “una naturaleza”) predicaba la única naturaleza divina de Cristo, mientras que la ortodoxia defendía su doble naturaleza, la divina y la humana.

Después de muchas disputas, los reunidos no se ponían de acuerdo y el patriarca Anatolio de Constantinopla sugirió dejar la decisión en manos del Espíritu Santo a través de su escogida, la mártir Santa Eufemia. Así, ambos bandos escribieron su profesión de fe, la ortodoxa y la monofisita, en rollos separados y sellados con sus propios sellos. Luego abrieron la tumba de la mártir y colocaron ambos rollos sobre el pecho de la misma; a continuación, y en presencia del emperador Marciano (450-457) la tumba fue sellada con su sello imperial y custodiada por guardas durante tres días; en los cuales tanto ortodoxos como monofisitas oraron y ayunaron intensamente.

Pasados estos tres días, los padres conciliares, en presencia del emperador nuevamente, rompieron el sello y abrieron la tumba y se encontraron con que Santa Eufemia sujetaba el rollo de la fe ortodoxa en su mano derecha, mientras que el rollo monofisita estaba tirado a sus pies. Incluso se ha dicho que la Santa, como si aún estuviese viva, alzó la mano y entregó el rollo ortodoxo al patriarca, para luego volver a dejar caer su brazo a un lado.
Con este gesto, se entendió que Dios, a través de la Santa, daba a entender que en la ortodoxia de la doble naturaleza de Cristo estaba la verdad, y así, los monofisitas fueron declarados herejes, condenados y excomulgados.
Por eso, la Santa es tan reverenciada y querida por los cristianos ortodoxos, quienes la llaman “Gran Mártir” como decía, y “Alabadísima”, por su intercesión durante el Concilio.

La Santa vestida con el hábito de monja ortodoxa, tal cual se apareció al anciano Paisio.

Otros milagros y apariciones de la Santa
Existen un gran recuento de milagros y apariciones de esta mártir, si tuviera que reseñarlas todas aquí, nunca se acabaría este artículo. De modo que voy a hacer citación únicamente de dos, que me han llamado mucho la atención.

La primera aparición de la que hablaré, y la voy a sintetizar mucho, le ocurrió a un anciano monje llamado Paisio (+ 11 julio 1994) a quien algunos obispos habían pedido consejo para ayudar con un problema a la Iglesia Ortodoxa. El anciano Paisio rezó a la mártir pidiendo ayuda, y un tiempo después, cierto día, a las nueve de la mañana, se encontró con que llamaban a la puerta de su celda, y cuando preguntó quién era, una voz femenina le respondió: “Soy yo, padre. Soy Eufemia”. “¿Qué Eufemia?” A continuación vino un silencio elocuente, y cuando preocupado, Paisio volvió a preguntar quién era, ella dijo otra vez: “Eufemia, a la que andas buscando”. El monje se asustó tanto que no abrió la puerta, y al oír unos pasos que se alejaban, abrió, fue tras los pasos, y no vio nada. Al retroceder, se llevó otro susto de muerte, pues encontró a una mujer, vestida con hábito de monja ortodoxa, dentro de su celda, postrada ante un icono de la Santísima Trinidad. Paisio, temiendo que fuese un demonio o alguna aparición maligna, farfulló entonces: “Di: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”. Ella repitió sus palabras con toda claridad, y entonces Paisio se postró ante ella y la veneró, reconociéndola como la Santa que había invocado.

Luego, se sentó junto a ella y habló como quien habla con un conocido, exponiéndole sus dudas y problemas. Ella resolvió y aconsejó de acuerdo a lo que él le pedía, y por último, Paisio se atrevió a decirle: “Me gustaría que me dijeras cómo pudiste soportar tu martirio”. Su respuesta fue: “Padre, si hubiese sabido antes cómo sería la vida eterna y la belleza celestial que las almas disfrutan al estar junto a Dios, hubiese pedido de todo corazón que mi martirio durase para siempre, porque eso no fue nada comparado con los regalos de la gracia divina”.

Aparición de la Santa al infante don Fernando de Antequera. Lienzo de Antonio Reyes Machuca.

La segunda aparición que reseñaré tiene que ver con el culto a la Santa en Antequera (España), de donde es patrona. La razón de su patronazgo se remonta al año 1410, cuando el 14 de abril se apareció al infante don Fernando, que iba a conquistar el territorio a los musulmanes. La vio como una doncella rodeada de leones -recordemos su fabuloso martirio- y, como lo viera atribulado y preocupado por la lucha que iba a encabezar, le dijo: “Que salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera”, dándole a entender que no debía angustiarse por nada, ni por el combate, ni por lo que iba a hacer, pues al final se cumpliría la voluntad de Dios.
Cuando la ciudad fue conquistada, la mártir fue elegida como patrona tras salir su nombre entre el de otros Santos celebrados el 16 de septiembre: Cornelio, Cipriano, Geminiano y Lucía. En 2010 se cumplió el VI centenario de este evento.

Iconografía
Casi siempre, Santa Eufemia aparece representada como una joven doncella rodeada de leones, o con un solo león, como atributo de martirio. A menudo ese león aparece mordiéndole un brazo, o ella metiendo la mano en la boca del león, para dar a entender el detalle que hemos ya visto en la passio.
Pero también aparece con una rueda de cuchillas, portando en sus manos la ciudad de la que es patrona -caso de Rovinj, en Croacia- y la palma del martirio. Alguna vez se la representa con una enorme sierra, símbolo de uno de sus tantos tormentos “fallidos”, o en un foso con serpientes, o torturada en la rueda, o junto a un horno, con la espada clavada. Hay una iconografía suya rarísima en la que aparece mostrando los pechos chorreando leche, algo del todo insólito en una virgen, porque parece ser que es patrona de las nodrizas en Irsina, Italia.
Los ortodoxos gustan mucho de representarla como una monja ortodoxa, en alusión a su aparición al sabio Paisio, así como su milagro en el Concilio.

Síntesis de los atributos iconográficos más habituales de la Santa. Lienzo en la iglesia de la Santa en Tricase, Lecce (Italia).

Existen muchas otras Santas mártires de nombre Eufemia, pero la mayoría son mártires de las catacumbas y no deben ser confundidas con ésta. Lo mismo puede decirse de las llamadas Santa Eufemia de Aquileya -como ya he indicado- y la Santa Eufemia venerada en Galicia, presunta hermana de Santa Quiteria, que también es un desdoblamiento legendario de nuestra mártir de hoy.

Apolytikion de la Santa
Oh Eufemia, hermosa virgen de Cristo, llenaste a los ortodoxos de alegría y cubriste de vergüenza a los herejes, porque en el Cuarto Concilio de Calcedonia, confirmaste lo que los padres daban por cierto. Oh siempre gloriosa virgen mártir, ruega a Cristo Dios para que su gran misericordia nos sea concedida.

Meldelen


[1] Jacobo de la Vorágine, autor de la Leyenda Áurea, mete considerablemente la pata al decir que Eufemia significa “buena mujer”, pues mezcla el prefijo positivo eu- con el sustantivo latino femina (mujer); esta etimología es totalmente errónea. Fallos de este tipo los comete constantemente en su obra, mostrando un desconocimiento de las lenguas clásicas.
[2] A pesar de que la passio dice claramente que se trataba de una rueda de fuego, este tormento ha pasado a la iconografía de la Santa como la rueda de cuchillas, de modo que a menudo es fácilmente confundible con Santa Catalina de Alejandría.

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