Pasionistas Mártires de Daimiel: ¿quiénes eran? (III)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Beato Justiniano en su hábito de pasionista.

Fotografía del Beato Justiniano en su hábito de pasionista.

En esta tercera parte de los Mártires Pasionistas de Daimiel, comenzaré a narrar las vidas de dos de los supervivientes al primer fusilamiento en Manzanares (23 de julio de 1936): el Padre Justiniano de San Gabriel, de 26 años de edad y de Eufrasio del Amor Misericordioso, de 21 años.

Beato Justiniano de San Gabriel (Justiniano Cuesta Redondo) 1910-1936
El Padre Justiniano Cuesta nació en Alba de los Cardaños (Palencia) el 19 de agosto de 1910, hijo de Gregorio Cuesta Mediavilla y de Florentina Redondo Mediavilla. Don Jesús Cabrero Diez le bautizó el día 21 del mismo mes y le dio el nombre de Justiniano, que fue el elegido por el padrino Juan Cuesta.

Fue confirmado en San Martín de los Herreros el 12 de septiembre de 1911.Creció muy mimado por todos, especialmente por el abuelo materno, que era maestro y le enseñó muchas cosas.
El 29 de diciembre de 1915 hubo en Alba gran fiesta: canto misa Don Miguel Redondo, tío materno de Justiniano. A este no se le borró jamás aquella experiencia: el arco triunfal, los cantos en la iglesia, las mozas que cantaban coplas al son de la pandereta.
A su madre le dijo: “Mamá, quiero ser como el tío Miguel…” “¿De verdad, hijo?” “De verdad, mamá” “¡Dios te oiga!”

Justiniano se lo tomó muy en serio, se preparó a conciencia, estudió bien el catecismo e hizo la primera comunión. La madre le preguntó que le había pedido a Jesús, y el le respondió de nuevo: “Ser como el tío Miguel”.
En 1920 el tío José fue a Corella para ser pasionista. Y le escribió a Justiniano a quien se le planteo un dilema: ¿con el tío Miguel o con el tío José?
Las cartas que el tío José escribía desde tan lejos eran tan alegres, estaba contentísimo y no paraba de hablar de la Virgen del Villar.
Justiniano se decidió finalmente por irse con el tío José y su madre le preguntó: “¿No decías que te ibas con el tío Miguel?” “Si mamá, pero si voy con el tío José puedo ser misionero allá muy lejos, y te escribiré cosas muy bonitas” Florentina se emociono al escuchar la respuesta de su hijo.

“No quiso abandonar su pueblo natal sin antes ir de peregrinación a la Virgen del Brezo, célebre en aquella comarca. Con harta edificación de todos, le vimos acudir allí, descalzo, atravesando montes y collados, dejando impresas con sangre sus huellas en el largo canchal que hay que subir para adorar la cruz que corona una de las elevadas y ariscas montañas que circundan el santuario” (Padre Zenón Merino: Necrológica).

Fotografía del Beato, acompañado de su padre, el día que cantó misa.

Fotografía del Beato, acompañado de su padre, el día que cantó misa.

La romería tuvo lugar el 21 de septiembre, fiesta de San Mateo. El día 27 Justiniano y otros cuatro compañeros emprendieron el viaje a la lejana Corella. Llegaron el día 29, fiesta de San Miguel Arcángel, uno de los principales patronos de la congregación pasionista y titular de una de las parroquias de Corella. Le recibió el tío José, ya novicio revestido del habito. ¡Como se le quedo a Justiniano grabada esa imagen de su tío alto, delgado, con la mirada en el suelo y las manos dentro de las mangas!

En Corella, Justiniano estudiaba con mucho interés. No quería que a sus padres les llegaran malos informes y malas calificaciones. El primer año sacó todo sobresaliente, como también el segundo, al tercer curso solo le costó un poco más el latín. En cuarto curso ya no obtuvo sobresalientes, pero todas las notas fueron “muy bien”.

Con quince años llegó el momento de pasar al noviciado. Tenia que elegir: o volver a casa o seguir a Jesucristo. En ocasiones lo tenía todo muy claro, pero en otros momentos caminaba a tientas, a ciegas. El 23 de septiembre de 1925 le sometieron a examen para admitirle o rechazarle. No hubo mas que un reparo: “Su mala pronunciación”. El día 28 vistió el hábito.

En el segundo examen de su comportamiento recibió una advertencia: “Tiene algunos defectos tanto físicos como morales. Aunque se ha corregido bastante en la pronunciación, no deja de ser bastante defectuosa, sobre todo al hablar. En el fervor también ha dejado bastante que desear, pues no se le ha visto tan generoso con Dios como debía. Como estas faltas no se consideraron de importancia, tuvo todos los votos a su favor”.

Lápida con los nombres de todos los mártires. Daimiel, Ciudad Real (España).

Lápida con los nombres de todos los mártires. Daimiel, Ciudad Real (España).

Justiniano no echa la advertencia en saco roto y así tras pasar el siguiente examen en el que se le reconocieron sus esfuerzos de enmienda se consagró al Señor en la vida pasionista el 29 de septiembre de 1926. El 17 de octubre llegó a Daimiel para continuar los cursos de Humanidades, y después de Filosofía (que se le daba muy bien).

Hombre inquieto y soñador, todas las curiosidades le parecían útiles para la catequesis, el púlpito o la simple conversación. De sus tres cuadernos de curiosidades en el segundo transcribe esta norma: “Omne quod tibi interest selige,scribe clare et concise” (todo lo que te parezca interesante, selecciónalo y escríbelo de manera clara y concisa). Por poner algunos ejemplos de los títulos que daba a sus temas aquí van unos cuantos, algunos muy curiosos: Dulcificar el vinagre, propiedades curativas del agua, Iglesia submarina, Mármol sucio, Lágrimas femeninas…

El 2 de octubre de 1930 Justiniano y sus compañeros abandonaron Daimiel y llegaron a Zaragoza para estudiar Teología. Allí se encontró con la sorpresa de ver a su tío José Redondo, ya sacerdote. En abril de 1931 llegó la Segunda República, con los incendios que se produjeron en mayo. En julio los alumnos marcharon a sus hogares, regresando el 12 de septiembre.

La profesión perpetua de Justiniano de San Gabriel (nombre que tomó), tuvo lugar durante la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Los compañeros de Justiniano fundaron la revista “Religión y Ciencia”, como órgano interno de trabajo y expresión de los estudiantes. En ella, Justiniano publicó varios trabajos como: “El Misterio de la Santísima Trinidad”, “La Pasión de Cristo”, “La Belleza de María” y crónicas, como la de su propia ordenación sacerdotal que a punto estuvo de serle diferida.

El 8 de mayo de 1933 la curia provincial estudio su caso: “El segundo consultor informa, como director de los estudiantes de Zaragoza, que entre los ordenados hay uno, Justiniano, que adolece de un defecto muy notable al hablar, hasta tal grado que a su juicio llega a ser impedimento canónico. Se determina posponer su ordenación para estimular al interesado a poner mas empeño en corregir tal defecto, que según el especialista es psicológico”. La “amenaza” surtió efecto, Justiniano se enmendó notablemente y el 15 de abril de 1934 fue ordenado sacerdote de Jesucristo en la Cartuja de “Aula Dei”, de Zaragoza. Permaneció otro año en Zaragoza preparándose para el ejercicio del apostolado a las órdenes del joven doctor en Teología, Paulino Alonso. Se estrenó en el púlpito el primer viernes de Cuaresma de 1935 y confiaron en él nada menos que para el sermón del Jueves Santo. A pesar de los tropiezos en pronunciación, se le vio ilusionado.

Teca con reliquia ex-ossibus de todos los mártires pasionistas de Daimiel.

Teca con reliquia ex-ossibus de todos los mártires pasionistas de Daimiel.

El 24 de agosto de 1935 el Padre Justiniano se traslado a Daimiel como profesor de griego y subdirector del catecismo de la Paz. Era un sacerdote que sembraba simpatía y derrochaba bondad, soñaba con las misiones de Alaska y se sacrificaba por todos. Sin embargo su vida prometedora quedó truncada: la muerte le espero en dos ocasiones, el 23 de julio y el 23 de octubre. En el primer fusilamiento el Padre Justiniano sufrió una descarga de perdigones en el rostro.
Tras avisar a la Cruz Roja para que se llevaran a los supervivientes fueron trasladados al Hospital Municipal donde fueron atendidos por los ángeles que son las Hijas de la Caridad. El Padre Justiniano fue llevado a Valdepeñas, al doctor Urena, en un intento de salvarle el ojo, pero resulto inútil.

El 1 de agosto las Hijas de la Caridad dejaron el hospital, quedando los supervivientes en manos de los milicianos, que solo deseaban su pronta recuperación para volverlos a fusilar. Sabemos que Justiniano escribió varias cartas informando de los sucesos. La mañana del 23 de octubre a los seis supervivientes se les hizo subir a una furgoneta y poco después caían acribillados a balazos. La FAI no quiso más complicaciones y les dieron el tiro de gracia. El examen forense realizado a Justiniano por el doctor Francisco Alonso dice: “Herida de bala en región precordial por debajo de la tercera costilla izquierda, otra herida por bala con orificio de entrada debajo del maxilar y salida por bóveda”.

Beato Eufrasio del Amor Misericordioso (Eufrasio de Celis Santos) 1915-1936
Eufrasio de Celis Santos nació en Salinas de Pisuerga (Palencia) el 13 de marzo de 1915. Sus padres se llamaban Emiliano de Celis y Juana Santos, siendo bautizado el día 21 por Don Tomas Hospital Hidalgo, añadiéndole al de Eufrasio, el nombre de Benito (por ser el santo del día). Era el tercero de los hijos que el matrimonio Celis Santos tenia, los otros tres eran María Rosario, Eutiquio (mayores que Eufrasio) y Severino, nacido después de Eufrasio. Recibió la confirmación en Barcenilla de Pisuerga el 14 de septiembre de 1915, que le fue administrada por Mons. Ramón Barberán y Boada, de Palencia. La primera comunión la celebró el 8 de abril de 1923, y ya pequeño ayudaba al párroco en las funciones y al organista Evencio Zurita en los cánticos, aunque alguno de sus compañeros comentó que no tenía buen oído. También se revestía con unos papeles de periódico y hacia que celebraba misa, mientras su hermano pequeño, Severiano, hacia de monaguillo.

Fotografía del Beato Eufrasio en su hábito de pasionista.

Fotografía del Beato Eufrasio en su hábito de pasionista.

El 26 de febrero de 1927 llegó a Zaragoza con un grupo de compañeros, entre ellos su paisano Ismael Vielba. Lo paso muy mal al principio como escribiría mas adelante: “Cuando ingresé en el colegio, a pesar del contento y entusiasmo con que iba, estuve ocho o quince días como saben” (Corella, 23-IX-1931). Eufrasio llegó a Zaragoza bien preparado. Llevó consigo dos cuadernos con apuntes y temas, con un gran cuidado, limpieza y ortografía de los mismos.

Con su madre se mostraba muy cariñoso; en una carta fechada del 27 de marzo de 1931 decía: “Sin duda habrá descubierto el objeto de esta carta: ¡felicitar un hijo a su madre! No puede hallarse cosa mas encantadora que esta, donde se muestra el filial amor, se presenta el aroma del corazón, se desean mil parabienes, se piden al cielo multitud de bendiciones y amorosamente se congratulan. ¡Quien pudiera estar ahí en ese día a felicitaros! Mas el amante siempre esta unido al amado, aunque la distancia los separen. No puede menos de hallarse un hijo interiormente con su madre”

En 1931 las calificaciones son ligeramente inferiores. Como en otros estudiantes influyeron las tensiones ambientales. Siendo un muchacho que llamaba la atención por su desarrollo humano e intelectual, los mismos profesores comentaban con él las crisis políticas. A primeros de julio regresó a Salinas en aquellas vacaciones “forzadas” por las circunstancias. Su primera experiencia al regresar fue muy desagradable, quiso ir a saludar al maestro, le rodearon cuatro jóvenes y le amenazaron a fin de que no regresara a Zaragoza. En adelante Eufrasio se encerró en casa y no salía más que para ir a la iglesia.

El día 8 de septiembre llego el telegrama con las buenas nuevas. Volvió a Zaragoza el día 12 y el 14, él y sus compañeros marcharon a Corella, donde fueron recibidos por el superior: Ildefonso de la Cruz y el Maestro de Novicios, Fulgencio de Santa Teresa. El 4 de octubre recibió el hábito y comenzó el noviciado en medio de una fuerte crisis, mas psicológica que auténticamente vocacional. El día 6 escribe a sus padres: “Con gran alegría recibí en mis manos la suya del 29 p. pdo. Pero mucho mayor es la que experimento ahora, al trazar estas líneas, viéndome revestido del hábito pasionista. Rueguen mucho por mi para que me anime y sea bueno”.

Vista de la pila bautismal en la que fue bautizado el Beato Eufrasio. Iglesia de Salinas del Pisuerga, España.

Vista de la pila bautismal en la que fue bautizado el Beato Eufrasio. Iglesia de Salinas del Pisuerga, España.

En el capitulo del 24 de septiembre, antes de la toma de habito los profesores comentaban: “…Todos confesaron el daño inmenso que las vacaciones en su pueblo habían obrado en su alma, pero persuadidos todos de que no era mas que una tentación del diablo se procedió a la votación y por unanimidad fue aprobado”. La confianza que depositaron en el joven Eufrasio no quedó defraudada, pues el 9 de enero de 1932 decían: “todos los padres quedaron gratamente sorprendidos de la transformación que se había operado en el novicio y satisfechos de su conducta verdaderamente ejemplar”.

En el verano de 1932 cesó el maestro Padre Fulgencio y llego el nuevo, Padre Francisco Inchausti, quien asegura: “En los últimos meses dio muestras de sólida vocación religiosa y de enmienda de sus defectos pasados, los cuales no solamente manifestaba a su Padre Maestro, sino que también los exageraba. Por lo tanto no hubo ningún reparo sobre su conducta y carácter y todos le dieron voto favorable”. El 23 de octubre de 1932 emitió los votos, permaneciendo aquel curso en Corella, incrementándose en el su fervor mariano: “Aprovecho la ocasión para recomendarles una vez mas que sean muy devotos de María… Estemos seguros que si amamos a María, ella nos protegerá en vida y mucho más en la hora de la muerte. Rueguen mucho para que me de fuerzas y valor para cumplir las obligaciones que he contraído”.

Además de estudiar, le encantaban las flores, en una carta pide a sus padres semilla de “pasionaria”: “…pues no se encuentra aquí, y a ver si en esta primavera puedo verla ya con flores en mi jardín” (Corella, 21-1-1934). En agosto de 1934 anuncia su próximo traslado a Daimiel, con otros catorce compañeros: “¡Que bueno es Dios que en todas partes nos proporciona lugar para vivir, por mas que los enemigos de la religión se empeñen en echarnos de todas partes, como en México que nos han quitado tres casas que teníamos. Pero no hay que temer: la palabra de Dios no falla” (Corella, 15-7-1934).

El 21 de diciembre de 1935 les escribía a sus padres: “Yo creo que el año entrante ha de ser trágico para España. El horizonte es de triunfar o ser vencidos. Les digo esto para animarles a la lucha y para que desde ahora recen todos los días alguna oración al cielo. Se lo pido por amor a Dios y por amor a España. A mi me toca entrar en quintas y conmigo somos nueve en el convento. No se la suerte que me tocara ¡en estos tiempos!”. Eufrasio sobrevivió al primer fusilamiento en la estación de Manzanares, quedando con lesiones graves en el rostro. Tras tres meses de recuperación en un Hospital solo salió junto a los demás supervivientes para ser fusilado de nuevo. La autopsia del doctor Francisco Alonso dice: “Herida por bala en el hipocondrio derecho sin orificio de salida, otra bala con orificio de entrada por el oído izquierdo y salida por el pómulo derecho”.

Sepulcro con los restos de los mártires. Convento pasionista de Daimiel, Ciudad Real, España.

Sepulcro con los restos de los mártires. Convento pasionista de Daimiel, Ciudad Real, España.

¡Beatos Mártires Pasionistas, rogad por nosotros!

Abel

Bibliografía:
– GARCÍA MACHO, Pablo, Rosas del Calvario “Martires Pasionistas de Daimiel”, Ed. Edicep.
– PIELAGOS, Fernando C.P. “Homenaje a los 26 Martires Pasionistas de Daimiel” Ed. Pasionistas.

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