San Eugenio O’Kane, monje egipcio del siglo IV

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Icono copto del Santo.

Pregunta: Mi nombre es Okane, soy cristiano de origen sirio y llevo viviendo en España algunos años. Buceando en Internet para buscar información sobre mi nombre, me he encontrado este blog y he pensado que quizás ustedes sepan quién fue este santo. Os ruego me facilitéis alguna información si es posible. Muchas gracias.

Respuesta: Bueno, San Okane como tal no existe, pero si hay un monje santo egipcio que tiene un nombre parecido y quizás en él pensaron tus padres cuando te pusieron ese nombre. Hacer este artículo no ha sido nada fácil, porque este santo no aparece en ninguna bibliografía que nosotros podamos utilizar; he tenido que recurrir a algunas fuentes siríacas y árabes para encontrar esta información y aun así, te adelanto que parte del relato es un tanto fantasioso aunque el santo es un santo histórico.

Me estoy refiriendo a San Eugenio O’Kane que fue un monje egipcio del siglo IV, que nació en Qulzum, una aldea situada al noreste de Egipto, en el golfo de Suez y que en su juventud, durante más de veinticinco años, se dedicó a bucear en el Mar Rojo para coger corales, perlas y conchas las cuales vendía para ganarse la vida y para repartir el dinero entre los pobres, huérfanos, iglesias y monasterios.

Un día, estando en el mar Rojo, tuvo una visión: vio cómo una especie de astro luminoso que se acercó a él a ras de la superficie del mar y del que salió una voz que le dijo: “Dios te habla en tu corazón y no a través de lo que oyen tus oídos o ven tus ojos”; aunque estuvo a punto de ahogarse en el mar, pudo salir de él “andando sobre las aguas” (!!).

Se cuenta que una vez se acercaron unos piratas a un barco que estaba pescando cerca de donde él buceaba con la intención de robarles, pero él se acercó al barco y rogando a Dios consiguió que se levantara un fuerte viento del Sur que hizo huir a los ladrones. Cuando estos huyeron, el viento cambió de dirección acercando el barco al puerto de su ciudad natal. Los marineros, maravillados, contaron lo que les había sucedido y cómo Eugenio los había salvado; hicieron una colecta y le dieron el dinero, pero él tenía muy claro lo que dice el evangelio: “No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen y los ladrones lo roban; amontonad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan ni ladrones que socaven y roben, porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mateo, 6, 19-21) y entregó el dinero a un monasterio.

Grabado del Santo en un manuscrito siríaco. Monasterio de San O'Kane, monte Aazla.

Otro día vio que el barco de los piratas zozobraba y ellos, atemorizados, rogaban para ser salvados. Eugenio O’Kane se acercó a ellos andando sobre las aguas. “Hombre de Dios, ayúdanos porque estamos seguros de que Él te ha enviado para que nos salves”. Eugenio oró diciendo: “Oh Señor Dios, poderoso rey de los cielos y la tierra, que tienes autoridad sobre la tierra, el mar y el aire, lleva a puerto tranquilos a estos hombres que en adelante te servirán por siempre. Amén”. Al momento de terminar la oración sopló el viento pero el barco no se movía porque estaba varado en una roca por la quilla; volvió el santo a rezar, el barco pudo desligarse de la roca y aun con una gran entrada de agua, el viento lo empujó a puerto logrando salvar a todos los piratas. Todos quedaron sorprendidos, se arrepintieron de su vida anterior y muchos de ellos se hicieron monjes. Como comprenderás, estas anécdotas tienen “cierto tufo” a puras leyendas.

Él, vestido con harapos como un pobre, se marchó al monasterio de San Bakhoum en el Alto Egipto, aunque con posterioridad y en contra de la voluntad de los monjes, buscando más soledad, se fue a vivir al monte Ntrella junto a un eremitorio en el que estaba San Amón el ermitaño.

Tuvo fama de taumaturgo, expulsaba demonios y sanaba a los enfermos y a él se acercaron muchos discípulos provenientes de Siria y aun de Irak, por lo cual llegó a fundar un monasterio cercano a la ciudad de Nisibis, la actual Nusaybin en Turquia. Se dice que junto a él se congregaron más de setenta discípulos, a los cuales formó como monjes misioneros y los envió a predicar por las regiones vecinas. Entre sus discípulos se cuentan los santos Olag Sebai, Tomás, Eliseo, Isaías, Serapión, Zacarías, Mor Habib, Mor Bsaana y Miguel el biógrafo.

Tumba del Santo en su monasterio de Aazla, Mardín (Turquía).

Muchos de ellos fundaron monasterios en Irak y Persia y combatieron el nestorianismo por aquellas regiones. Podríamos decir que San Eugenio O’Kane fue el fundador del monacato en Mesopotamia y en el Tur Abdón (lo que podríamos denominar la actual región del Kurdistán en Siria, Irak y Turquía) y en Persia.
Se distinguió por su gran espíritu de mortificación, por su afán evangelizador (por eso es llamado el último evangelista) y murió rodeado de sus monjes en el mes de abril del año 363. Sus discípulos lo sepultaron en el cementerio del monasterio de Aazla – Tur Abdón, en la provincia de Mardin (Turquía).

Antonio Barrero

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