Santa Faustina de Olot

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vieja fotografía de la antigua imagen que guardaba los restos de la Santa, antes de su destrucción en 1936.

No siempre es fácil reseñar los mártires de las catacumbas que han sido venerados en España, dado que según zonas -y especialmente en Valencia y en Cataluña- fueron sistemáticamente profanados y quemados, como reliquias que eran, durante la Guerra Civil (1936-1939). La pérdida irrecuperable de este patrimonio histórico-religioso hace que sea particularmente difícil rastrear las pistas de estas reliquias desaparecidas. Afortunadamente, y gracias a la colaboración e interés de algunas personas, esto ha sido posible en el caso de una mártir de las catacumbas, de nombre Faustina, que se veneraba en la ciudad catalana de Olot (España), pero cuyos restos ya no existen.

Es poca la información que tenemos sobre esta mártir. Los restos, pertenecientes a una muchacha de unos 17 años de edad, fueron extraídos de las catacumbas romanas de Ciríaca por iniciativa del papa Pío VI; y llevados a España en 1798 por el padre Javier Julià, antepasado de los De Solà-Morales -vecinos de Olot, Girona- para evitar su profanación por el saqueo de Roma a manos de las tropas napoleónicas. Los huesos de la mártir fueron colocados en el interior de la típica figura de cera -erróneamente identificada como “momia” en las fuentes consultadas- y venerados en la capilla de la Casa Solà-Morales, en Olot, junto al cráneo de un tal San Julián.
La imagen yacente de la mártir, vestida con sedas y cabello natural, mostraba sin embargo las manos esqueléticas a través de unos guantes de malla. Junto a ella, el vas sanguinis que probaba su martirio por la fe cristiana. Así fue ininterrumpidamente venerada en esta capilla doméstica -salvo una procesión de los vecinos frente a la urna, para venerar las reliquias, que se hacía en su honor el día 11, no se dice de qué mes, cuando se celebraba su fiesta-, hasta la noche del 24 de diciembre de 1936, momento en que fue profanada y destruida.

Capilla de la Casa Solà-Morales, donde se veneraban las reliquias de la Santa. Olot, Girona (España).

Los milicianos irrumpieron en el oratorio -la casa rica era un objetivo interesante para el saqueo- y se llevaron la urna de la Santa entre risas, dejándola de momento en el zaguán de la casa. Posteriormente la trasladaron a los bajos de la casa nº 55 del Paseo Blay, antigua residencia del obispo de Sogorb, Dr. Miguel Serra Sucarrats, que había sido asesinado en Vall d’Uxó, Valencia. Esta casa la había incautado el Comité y allí expusieron la urna de la Santa, preparándola para su profanación. Se distribuyeron entre los vecinos unas cuartillas, firmadas por M. Sánchez, a la cabeza del Comité, invitándolos a presenciar “la farsa de Santa Faustina”.
Parece ser que ya habían hurgado en la imagen y habían descubierto que no era más que una figura y que dentro sólo estaba el esqueleto ensamblado con alambres y relleno de algodón. Quizá ellos también habían creído, erróneamente, que se trataba de un cuerpo incorrupto, y por ello querían exhibir la imagen como ejemplo de engaño de la Iglesia acerca de los primitivos mártires (!!).

El caso es que la mayoría de los vecinos no acudió a presenciar cómo profanaban y destrozaban la imagen, y las reliquias en su interior. No he podido saber con detalle qué hicieron, pero parece que se dedicaron a pisotearla, arrastrarla, romperla y profanarla de otras maneras. Al fin, hicieron una hoguera en medio de la calle -a la altura del nº57- y tiraron allí dentro lo que quedaba de imagen y reliquias. Uno de los milicianos, apodado l’Escabellat, pinchó la imagen con una horca y se dedicó a levantarla y dejarla caer sobre la hoguera, revolviéndola sobre las brasas y asegurándose de que se quemara íntegramente, mientras era jaleado y aplaudido por sus compañeros. En fin, un espectáculo considerablemente lamentable.

Por tanto, nada quedó de los restos de la mártir Santa Faustina; así como sí que pudieron recuperarse algunos huesecillos del cráneo de San Julián que actualmente se veneran en una urna en la misma capilla donde siempre se habían venerado, siendo copatrón de dicha casa, en cuya familia había habido miembros de la Orden jesuita.
Actualmente, la urna de la Santa se ha preservado, no siendo víctima de la quema y destrucción. En lugar de la desaparecida figura de cera que contenía las reliquias, actualmente se encuentra dentro de la misma una figura yacente de bronce, de factura contemporánea, obra póstuma del escultor Josep Clarà. Tal es la impronta que ha dejado Santa Faustina en esta casa, cuyo culto doméstico, pese a la destrucción de sus reliquias, no ha desaparecido en absoluto.

Vista de la urna actual con la imagen esculpìda por Josep Clarà, en sustitución a la desaparecida imagen de cera. Casa Solà-Morales, Olot (España).

El lamentable episodio de la quema de los restos de esta mártir de las catacumbas nos sirve como ejemplo para explicar la total desaparición de la mayoría de los cuerpos santos que en su día se extrajeron de las catacumbas de Roma y fueron enviados a España para su veneración. Como decía al principio del artículo, dicha destrucción se cebó especialmente en las zonas de Cataluña, Aragón y Valencia, donde prácticamente no nos queda ningún caso. Por suerte, no se han perdido todos, quedando algunos en el resto de España -en este blog ya hemos hablado de Santa Minia en Brión, Santa Plácida en Rubianes, Santa Faustina de Pasaia; entre otros-. Otra pérdida irreparable del patrimonio cultural artístico-religioso español debido a la barbarie bélica de los años 30.

Quiero expresar mi más profundo agradecimiento al señor Joaquin De Solá-Morales, dueño de la casa Solá-Morales, por su amabilidad en facilitar las fotografías y los datos; a Llorenç Panella i Soler; por trasladarse en persona y recabar dicha información a nosotros; y a Antonio Barrero, por servirme de contacto con él. También a la web Wiener Aktionsgruppe por el relato –si bien novelesco y claramente interesado- de la quema de los restos de la Santa.

Y por último, a Santa Faustina, mártir desconocida de las catacumbas romanas, para que ruegue por esta humanidad ingrata que tiende a la destrucción de lo mejor que tiene: su cultura y legado.

Meldelen

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