Beatas Mártires de Algemesí: historia de una madre y sus cuatro hijas

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Estampa de las Beatas mártires: la madre, Maria Teresa (centro) y las cuatro hijas, tres clarisas y una agustina, a su alrededor.

Su culto en su ciudad natal, Algemesí (Valencia, España) es casi inexistente, ensombrecido por la radiante aura de la devoción a Nuestra Señora de la Salud, patrona; y de la Beata Josefa Naval Girbés, virgen seglar y también vecina; lo que no quita que su memoria haya decaído en absoluto. De hecho, si preguntas a cualquier vecino del lugar sobre ellas, pondrá un rostro nostálgico al recordar y te dirá: “Saps, xiqueta? Hi havia una mare que tenia quatre filles…”

Sí, así fue. Una madre con sus cuatro hijas, que las vio morir a todas antes de ser también ella ejecutada. La llamada Creu Coberta [1] fue lo último que vieron. Una guerra cruel como sólo puede ser la guerra entre hermanos, el odio a su fe y la falta de compasión de sus semejantes, las arrasaron. Pero de la misma manera que los vecinos de Algemesí no las han olvidado, yo voy ahora a presentároslas para que las recordéis, remarcando su nombre en negrita para identificarlas mejor.

La madre y principal protagonista de esta sangrienta historia, Maria Teresa Ferragut Roig, había nacido el 14 de enero de 1853 y se la bautizaría el mismo día en la parroquia de Sant Jaume Apòstol, hoy Basílica Menor. Recibió una esmerada educación cristiana de sus padres, lo que se manifestaría a lo largo de su vida hasta el momento de su martirio: cristiana comprometida, modelo de joven, de esposa y de madre. Cuando contrajo matrimonio, a los 19 años de edad, el 23 de noviembre de 1872 con Vicent Masià Ferragut, de 21 años, se estaban poniendo los cimientos de un sólido hogar cristiano, que vería nacer a nueve hijos; los seis que sobrevivieron se consagraron a Dios: cuatro hijas clarisas capuchinas, una hija agustina, un hijo sacerdote capuchino.

Sus dos hijas mayores, que no recibieron el martirio y por tanto no entran en nuestra historia, fueron Maria Teresa y Maria Felicitat. La primera nació el 18 de septiembre de 1873 e ingresó como religiosa en el convento de San Julián de las Agustinas Ermitañas de Valencia, con el nombre de Sor Concepción, muriendo en 1927. Maria Felicitat nació el 5 de junio de 1876 y murió muy pronto, por lo que no debe ser confundida con la otra Maria Felicitat, nacida después, que sí será mártir.

Estampa de las tres Beatas mártires clarisas capuchinas: Maria Verònica, María Jesús y Maria Felicitat.

La vida piadosa de Maria Teresa era muy intensa: recibía la comunión todos los días, ayunaba también diariamente y fomentaba en su alrededor un espíritu de servicio al prójimo. Fortalecía su carácter con ejercicios espirituales y la lectura de las Sagradas Escrituras, hasta el punto de convertirse, como veremos, en el modelo de mujer fuerte bíblica.
Fue devota del Santísimo Sacramento y del Sagrado Corazón de Jesús, rezaba el rosario diariamente y ayudaba a los más necesitados desde la Conferencia de San Vicente de Paúl, de la cual llegó a ser presidenta.
No es de extrañar que sus hijas sean dignas herederas de tal espiritualidad.

Maria Vicenta Masià Ferragut nace el 12 de enero de 1882 y ese mismo día la bautiza el párroco Joaquim Cabanes. Fue confirmada en la misma parroquia de Sant Jaume el arzobispo de Valencia, mossén Sebastián Herrero Espinosa y de los Monteros, el día 19 de mayo 1889. Ingresó en el convento de clarisas capuchinas de Agullent (Valencia) el 13 de diciembre de 1900, a los 18 años de edad, tomando el nombre de Maria Jesús, y profesó el 26 de enero de 1902.

Maria Verònica Masià Ferragut nace el 15 de junio de 1884 y es bautizada el día siguiente por d. Josep Sanchis Beneficiado. Recibe la confirmación en 1899. Al igual que su hermana mayor, ingresa en el convento de clarisas capuchinas de Agullent y viste el hábito el 18 de enero de 1903.

Maria Felicitat Masià Ferragut nace el 28 de agosto de 1890 y al igual que sus dos hermanas mayores, ingresa en el convento de clarisas capuchinas de Agullent el 17 de abril de 1909, emitiendo los votos perpetuos el 26 de abril de 1913.

Josefa Ramona Masià Ferragut nace el 10 de junio de 1897 y será la menor de las mártires, pero al contrario que sus hermanas mayores, no se sentirá atraída por ser clarisa capuchina, sino que será agustina. A tal efecto ingresará en el convento de agustinas de Benigànim, donde se santificó la célebre Beata Josefa Maria de Santa Inés. Allí tomará el nombre de sor Josefa de la Purificación.

Fotografía de la Beata Josefa de la Purificación el día de su profesión como agustina en Benigànim.

Una de las hermanas que sobrevivieron a la guerra, de nombre Purificación –no confundir con sor Josefa de la Purificación, mártir- nos deja este bello testimonio de sus hermanas antes de entrar en religión: “(…) frecuentaban los sacramentos, y comulgaban cada día. Nunca se las vio en lugares públicos. Mi madre supo educar a mis hermanas, inculcándoles el santo temor de Dios”. También dice, refiriéndose a las tres clarisas, con las cuales compartía convento: “Durante su vida en el monasterio observaban una conducta que causaba la admiración de las otras monjas por su ejemplo, propio de su profesión. A pesar de ser hermanas, no existía entre ellas distinción entre sí con respecto a las otras. Las tres hermanas eran muy estimadas por la comunidad. Su piedad era sólida y vigorosa, inculcada por nuestra querida madre. Eran amantes del sacrificio y muy observantes del silencio, de la Regla y de las Constituciones”. Y la hermana Bienvenida Amorós, también religiosa en el convento de Agullent, nos cuenta: “Jamás oí crítica alguma sobre la actuación de estas religiosas. Eran de una piedad sólida. Entregadas especialmente a la oración y a la presencia de Dios, que reflejaban. Eran muy humildes y siempre dispuestas a sacrificarse por las demás. Eran devotísimas de la Eucaristía y de la Santísima Virgen y, extraordinariamente, de la Pasión del Señor.

En 1931, con el advenimiento de la Segunda República Española, salen unos días del convento para reunirse con su familia, pero tras dos meses volverán al mismo. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil en 1936 las hace salir del convento a las cuatro: las tres clarisas y la agustina regresan a casa con sus padres, asustadas ante las terribles noticias de conventos incendiados y religiosas asesinadas. Maria Teresa acoge a sus hijas con cariño y se esfuerza por garantizarles en casa un ambiente semejante al convento: hasta el 16 de octubre, harán vida de comunidad, completamente entregadas a la oración.

El 19 de octubre llega la prueba: a las cuatro de la tarde acuden los milicianos con expresa orden de llevarse a las religiosas. Entonces Maria Teresa se negó a dejarlas y dijo: “Donde estén mis hijas, ahí debo estar yo”. De modo que se las llevaron a las cinco detenidas y las encarcelaron en el convento cisterciense de Fons Salutis [2], en la misma ciudad de Algemesí, que entonces servía de checa. Allí permanecieron ocho días, serenas y resignadas, conscientes de que iban a morir.

Vista de la Creu Coberta, a medio camino entre Algemesí y Alzira (Valencia, España). Lugar de martirio de las Beatas.

Finalmente, el 25 de octubre, domingo y festividad de Cristo Rey, los milicianos las sacaron para fusilarlas. Aun entonces quisieron dejar libre a la madre, que era muy anciana (83 años), pero Maria Teresa se negó rotundamente. Llevadas en camión a la ya mencionada Creu Coberta, quisieron fusilar primero a Maria Teresa para ahorrarle sufrimiento. Pero ella, viendo que los milicianos dirigían halagos y obscenidades a las religiosas, temiendo que quisiesen violarlas una vez ella estuviese fusilada, exigió ser la última en morir y dijo: “Quiero saber qué hacéis de mis hijas, y si las vais a fusilar, quiero que me fusiléis a mí la última”. Y a ellas les decía: “Hijas mías, sed fieles a vuestro Esposo celeste y no queráis ni consintáis los halagos de estos hombres. No temáis, que la muerte es cuestión de un momento y el cielo es para siempre”. Y así, como la Madre de los Macabeos, vio morir una a una sus cuatro hijas, y finalmente murió ella, tranquila de ver que ninguna había sido ultrajada. Las cinco murieron gritando: “Viva Cristo Rey y perdonando de todo corazón a sus verdugos.

Los cuerpos de las cinco mártires fueron enterrados en Alzira, porque el lugar del martirio pertenecía al término de dicha ciudad, pero posteriormente fueron desenterrados y trasladados a la parroquia de Sant Jaume. En 1961 fueron solemnemente trasladados a la parroquia de San Pío X, donde actualmente reposan, bajo el altar de la capilla del Sacramento.
Una reliquia incorrupta de la Beata Josefa de la Purificación, con una de las balas todavía incrustada, se venera en el convento de las agustinas de Benigànim, en un altar dedicado especialmente a ella.
Amparo Sanchis, vecina de Algemesí, dijo en el solemne acto de la traslación de las reliquias “que era un honor para la Iglesia y en especial para la iglesia de Algemesí que el Señor nos haya concedido en Mª Teresa y sus hijas un referente de lo que es vivir la fe, en contraposición de las referencias que nos ofrece la sociedad de hoy. El Papa nos pone a la vista la vida de personas cercanas a nosotros que nos indican que hay otra forma de vivir.” Mientras, el coro entonaba el “Apresadas y llevadas a morir”, himno de las Beatas compuesto para la ocasión, con el que cierro el artículo.

Desde el instante de la muerte se tuvo conciencia de que habían muerto mártires de Cristo y así se aceptó, empezando el proceso de beatificación muy pronto. En 1999 se promulgó el decreto de martirio de las cuatro hermanas, siendo incluida la anciana madre, y finalmente, fueron beatificadas por el papa San Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001, en la ceremonia de beatificación de tantos mártires valencianos.

Vista del altar donde reposan los restos de las Beatas. Parroquia de San Pío X, Algemesí (Valencia, España). Fotografía: Ana Mª Ribes.

Sí, así fue. La Creu Coberta fue lo último que vieron. Siempre que paso en coche por este término y veo la cruz, me acuerdo de ellas. Y todos los vecinos de Algemesí, también.

Apresadas y llevadas a morir,
Maria Teresa y sus hijas:
Josefa, Maria Jesús, Verónica, Felicidad.
“No temáis a estos verdugos
Mostraos dignas de vuestra vocación
Tenemos un Rey que nos ama
La muerte no nos separará de Él.
El Señor Dios vela y se apiadará de nosotras.”
Aquella madre, al ver morir a su hijas,
sufría con valor
porque tenía la esperanza puesta en el Señor.
“¡Ánimo ¡Ánimo!, Apiadaos de mí...mirad al cielo.
Mirad al cielo…”

Meldelen


[1] La Creu Coberta (Cruz Cubierta) es un hito a medio camino entre los términos de Algemesí y la vecina Alzira consistente en una cruz de piedra cubierta también por una bóveda de piedra que, según la tradición, marcaría el lugar donde el rey Jaime I (dicho el Conquistador) falleció mientras regresaba al monasterio de Poblet. Aquí fueron fusiladas nuestras Beatas.
[2] Este convento, que todavía existe, ha quedado recientemente vacío debido a la falta de nuevas vocaciones. Comprado por el Ayuntamiento, se espera que actualmente pase a convertirse en la nueva sede del colegio diocesano Maria Auxiliadora.

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