Contestando a algunas preguntas breves (X)

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Detalle de un fresco ortodoxo griego de San Filónides de Kourion.

Detalle de un fresco ortodoxo griego de San Filónides de Kourion.

Pregunta: Está claro que un suicida no puede ser canonizado, pero yo he oído hablar de que en la antigüedad fue canonizado un santo que se suicidó voluntariamente. ¿Eso es verdad? Estoy muy interesado en este tema tan curioso. Muchas gracias.

Respuesta: No seré yo quien juzgue las razones por las cuales una persona puede decidir suicidarse, ya que sólo Dios y esa misma persona saben, qué puede pasarle por la cabeza a quien toma esa trágica decisión. Pero yendo al meollo de tu pregunta, te diré que sí, que existe un Santo del cual se dice que se suicidó y es San Filónides de Kourion. Te resumiré su vida.

San Filónides nació en Chipre a mediados del siglo III. Muy joven fue ordenado de sacerdote y nombrado primer obispo de Kourion. Cuando se desató la persecución de Diocleciano, el gobernador Máximo lo capturó y encarceló y con él a sus tres compañeros: al sacerdote Aristocles, al diácono Dimitriano y al lector Atanasio, a quienes martirizaron hasta la muerte, de manera terrible, porque no quisieron ofrecer sacrificios a los dioses. Después de esto, los verdugos dijeron a Filónides que si no ofrecía sacrificios, lo desnudarían y abusarían sexualmente de él.

Ante esta amenaza, el obispo se quedó espantado y, después de haber orado durante largo tiempo, llamó a unos cristianos, les contó lo que le iban a hacer y su intención de sacrificarse, pues no quería escandalizar a nadie por la forma vergonzosa en la que lo iban a matar. Huyó por un pasadizo secreto que había en la cárcel hasta llegar a lo alto de un acantilado y, después de cubrirse el rostro y de hacer la señal de la cruz tres veces, se tiró por el precipicio. Dice la tradición que, antes de llegar su cuerpo al suelo, su alma voló a los cielos. Su cuerpo fue arrojado al mar, pero el mar lo devolvió a la orilla y pudo ser enterrado; era el año 305. Poco después de su muerte, se le apareció a unos cristianos con la palma del martirio en la mano y una corona en su cabeza.

Parece que se suicidó, pues se tiró voluntariamente por el acantilado para que su muerte no escandalizara a sus fieles, pero la Iglesia lo venera como santo mártir: el Sinaxario Constantinopolitano lo conmemora el 30 de agosto y el Sinaxario de San Nicodemos el Hagiorita, lo menciona el 17 de junio. Yo, personalmente, en este acto no veo un suicidio, sino un acto de amor a sus fieles.

"Magdalena penitente", óleo de Domenikos Theotokopoulos "El Greco" (1585-1590). Museo Cau Ferrat, Sitges (España).

“Magdalena penitente”, óleo de Domenikos Theotokopoulos “El Greco” (1585-1590). Museo Cau Ferrat, Sitges (España).

Pregunta: Buenos días. Quisiera saber cómo puedo localizar los textos de Hipólito donde nombra a María Magdalena como “Apostola apostolum” y también el himno penitencial de Kassia a María Magdalena. Muchísimas gracias.

Respuesta: Éste es el texto del Tropario de Cassia (Himno penitencial a Maria Magdalena), que se canta el miércoles santo en las Iglesias ortodoxas de Grecia:

“Sintiendo tu divinidad, Señor, una mujer de muchísimos pecados, se convierte a sí misma en una portadora de mirra y con riguroso luto te trae este perfume a tu sepultura gritando: ¡Ay de mí! porque la noche es para mí un antro de lujuria, un eros oscuro y sin luna. Tú que recoges en los océanos, las aguas de las nubes, recibe Señor, la fuente de mis lágrimas. Bendice los dolores de mi corazón, Tú que nos bendices desde los cielos. Por tu anonadamiento inefable voy a besar tus pies inmaculados y secarlos con los mechones de mis cabellos. Esos mismos pies cuyo sonido al andar escuché en la oscuridad y que me hizo temer tu juicio dada la multitud de mis pecados. Oh Salvador de mi alma, tú, cuya misericordia es infinita, no ignores a tu sierva”.

Este texto lo he traducido del griego y creo que está más o menos bien traducido. En cuanto a los escritos de San Hipólito de Roma, los puedes localizar en una librería especializada o al menos, allí se los pueden buscar. Además, te aconsejo que leas los artículos que sobre Santa María Magdalena hemos publicado en este blog.

Pregunta: Soy de Toledo y tengo un blog dedicado a la “olvidada” historia de mi pueblo. Buscando en la red he dado con vuestro blog y me ha llamado mucho la atención que el padre del primer santo mexicano fuese de mi pueblo, cosa que creo ignora casi todo el mundo, pues es la primera referencia que tengo de esto. Quisiera que me aseguraseis que es de Illescas, pues en mi blog quiero hablar de este Santo y me gustaría tener más información. Muchas gracias.

Respuesta: Pues sí, San Felipe de Jesús nació en México pero de padres españoles como bien se explica en el artículo del día 5 de febrero del año pasado publicado sobre él, que es al que tú haces referencia.

Sobre los santos mártires del Japón existe mucha información publicada y sería larga la lista de bibliografía que podríamos facilitarte, aunque te advierto que poca está en castellano. Puedes dar por buenos los datos de nuestro artículo e, indagando en la historia de tu pueblo, verás como llegas hasta Don Alonso de Las Casas, quien nació en Illescas en el año 1547 y que era el padre de San Felipe.

Ejemplo de una auténtica.

Ejemplo de una auténtica.

Pregunta: Quisiera haceros algunas preguntas sobre los cuerpos santos: cuál fue la “auténtica” más antigua, qué pasa si se pierde una “autentica”, si todas las figuras yacentes de mártires son cuerpos santos y tienen “autentica”, qué datos se ponen en la “autentica”, qué es una lipsanoteca y si sabe por qué se roban algunas reliquias. Gracias.

Respuesta: ¿Cuál es la fecha más antigua de una “autentica” o certificación de autenticidad de una reliquia? Como comprenderás esa pregunta solo te la pueden contestar en el Vaticano. Yo, genéricamente, te diría siglo XII o XIII, pero comprenderás que la fecha exacta de la primera que se hizo, sólo la sabrán ellos.

Es verdad que debido a robos, incendios, guerras y otras catástrofes se han perdido muchas “autenticas”. Desde ese momento, al Santo en cuestión no se le puede dar culto público porque no existe su certificado de autenticidad. Si está en un altar, hay que quitarlo y reservarlo en un lugar digno pero donde no reciba culto. Desde ese momento, aunque estén justificadas, existen dudas y hay que ser consecuente.

Algunas veces no se veneran los restos reales del santo mártir y me explico. Hay muchas iglesias que tienen simples figuras yacentes de madera o cera con una minúscula parte del cuerpo del santo puesta en un pequeño relicario, por ejemplo, en el pecho. Como comprenderás esa figura no es el cuerpo del Santo. Casos de esos, hay cientos y esas figuras nunca tendrán una “autentica” como tal figura, sino que la “autentica” hará referencia sólo a la pequeña reliquia que porta.

En la “auténtica” consta el nombre del Santo, en qué condiciones se encuentra el cuerpo o reliquia, de donde se ha sacado, cómo se presenta en la urna y cómo es esa misma urna… (un ejemplo: “San Marcelo mártir extraído de las catacumbas de Calixto el día 1 de enero de 1740, cuyas reliquias están dentro de un cuerpo de cera, que aparece revestido de ropaje de lino rojo con una palma en la mano y que está acompañado por un vaso de vidrio que contiene su sangre y que se pone en una urna de madera dorada con cristales de vidrio, herméticamente cerrada y sellada…”), o sea, se dan todo tipo de detalles. Asimismo, se identifica al que lo certifica con su nombre completo y cargo eclesiástico que ostente, quién además tiene que firmar personalmente el documento y lacrarlo con su sello personal, indicando concretamente la fecha en que lo hace. Generalmente, el sello es en relieve para que no pueda falsificarse. Tiene además que decir si se permite o no poner la reliquia a la veneración pública, donde, a quién se le entrega, etc.

Una lipsanoteca es un recipiente que contiene una reliquia, pero si hablamos de la Lipsanoteca Vaticana, nos estamos refiriendo al Organismo Vaticano que se encarga de la custodia, control y reparto de las reliquias de los santos y beatos. Cada reliquia allí depositada, y son miles, tiene su “auténtica” correspondiente. Si una se entrega a alguien o a algún organismo eclesiástico, a la reliquia o cuerpo del Santo entregado (si es que está completo) tiene que acompañarle su “auténtica” correspondiente. Si no, no sirve.

Reliquias robadas en Grecia.

Reliquias robadas en Grecia.

¿Por qué se roban las reliquias? Pues eso lo sabrán quienes las roban, no yo. Puede ser para quedársela, para venderla, para regalarla, para profanarla… a saber… no te puedo ser más concreto. Recientemente, a un diácono ortodoxo griego le cogieron cientos de relicarios incluso de cráneos de Santos; los había robado para venderlos. El cráneo de San Francisco Solano lo robaron para hacer magia con él. Los restos de Santo Toribio de Mogrovejo se fueron quedando a trozos por cada localidad por donde pasaba desde el sitio en el que murió hasta donde finalmente se puso, llegando solo pequeños huesos y el cráneo, etc. Hay miles de casos.

En fin, termino diciéndote que sobre cuerpos santos hemos escrito muchos artículos en el blog y que sería bueno que los leyeras poco a poco.

Antonio Barrero

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San Felipe de Jesús de las Casas Martínez: protomártir de México

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San Felipe de Jesús, obra en madera. Museo Nacional del Virreinato, Tepotzotlán, Edo. Mex.

El gobierno de México en su afán de sobreponer conmemoraciones cívicas a las fiestas religiosas, impuso el 5 de febrero como la celebración de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, al mismo tiempo que en esa fecha se celebraba en la ciudad de México la festividad de un preclaro hijo criollo novohispano: Felipe de Jesús. Sin embargo, nada ha borrado la memoria del patrono celestial de esta ciudad que comparte con Santa María de Guadalupe y patrono de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM).

La valorización del martirio y testimonio de vida de Felipillo por parte de la familia franciscana, ha hecho que el territorio que ocupaba la extinta Provincia Franciscana de San José de Yucatán, hoy lleve su nombre como Provincia Franciscana de San Felipe de Jesús (de la cual me honro pertenecer), a quien le dedico el presente artículo hagiográfico de este insigne seguidor de las huellas de Nuestro Seráfico Padre San Francisco.

La historia no comienza como muchos tal vez supongan en Nueva España, esta historia nace en la Castilla de mediados del siglo XVI, que aún estaba unificándose debido a las constantes guerras que los Reyes Católicos a finales del siglo XV y principios del XVI sometieron a los musulmanes para expulsarlos de esos territorios. En el pueblo de Illescas en Toledo, donde en 1547 nace don Alonso de las Casas [1], hijo de don Juan de las Casas y María Álvarez. En 1569 conoce a una hermosa mujer en Sevilla donde había ido a buscar fortuna, llamada Antonia Ruiz Martínez, que de Salamanca había llegado con sus padres, don Juan Ruiz y Catalina Martínez, al poco tiempo se casan en el Sagrario Metropolitano de Sevilla, el 5 de noviembre de 1570.

En la Casa de Contratación de Sevilla lograron gracias a las gestiones de su amigo Juan Ruiz Roano de Illescas, el pase deseado para la Nueva España el 22 de junio de 1571; emprendieron el viaje el 10 de agosto de ese año, pero una tempestad en octubre destrozó el barco en el que hicieron la travesía, por fortuna lograron salvar las vidas. Su entrada a la ciudad de México fue pobre, nada tenían, así lo anota doña Antonia en su testamento. Pasaron a vivir en la casa de San Eligio, por la efigie del santo esculpida en la parte frontal de la casa, número 5.

Cuando llegaron a México, aún no tenía hijos, el primero de ellos será precisamente Felipe el 1 de mayo de 1572, mismo que fue bautizado en la Catedral de México.[2] Don Alonso compro la casa Tiburcio del tamaño que la necesitaba, con un amplio patio para que jugasen y creciesen los niños, en medio de ese patio una higuera que con el tiempo se fue secando, la familia llego a la cantidad de once hijos. Felipillo como le decían, era travieso, simpático, guapo, gallardo, risueño y alegre, características que en las crónicas siempre están presentes. Realizó su primera comunión en la iglesia de San Agustín, por estar cerca de la casa y la gran relación con los frailes agustinos. Fue acólito de San Agustín y de la Catedral y ayudaba en el mayor número de misas que podía.

Pintura artística de San Felipe de Jesús en el Templo Expiatorio de la Ciudad de México.

La que más sufría las travesuras de Felipillo era su nana, la bonachona mujer que se encargaba de atender y asistir a la madre y a los críos en su tierna e infante edad, ella amaba lo amaba mucho a pesar de su carácter travieso. Ante ello, preguntarse “¿Felipillo santo?” y se respondía a sí misma “antes reverdecerá la higuera seca del jardín”. Creció el muchacho con una gran prosperidad, no le faltó nada en ese tiempo fuera conocido, ni fiel nana, ni buen colegio.

Entró al Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo de la Compañía de Jesús, atraía a sus maestros y condiscípulos, pero debido a su inquietud y las travesuras que llegaron hasta lo insoportable, fue expulsado del colegio. Eso suscitó un duro golpe para la familia, debido al buen honor, lo más temible para la nana y su madre era la reacción que tendría su padre ante el suceso. Don Alonso ocupado siempre en las cuestiones del negocio, abrió más la brecha de incomprensión con su hijo Felipe, gesto que lo motivó a volverse voluble y superficial. Pensaba solo en diversiones ni la idea de llevar con honor el ilustre apellido familiar.

El buen padre, analiza la forma de que el muchacho entre en razón y siente cabeza internándolo en un convento franciscano, se podría pensar inclusive que haya sido forzado a entrar, pero no fue de esa forma, Felipillo entró de buen agrado, bien podría tener la vocación. Bien nos podemos imaginar a un joven Felipe sin verdaderos intereses, sin rumbo de vida ni vocación, aventurándose a probar los destinos que quizá los padres le trazaban como una forma de correctivo.

A los 16 años, entró al convento de Santa Bárbara de Puebla (hoy de San Antonio), la rama a la que pertenecía este convento franciscano era de la más estrecha observancia, producto de la reforma encauzada por San Pedro de Alcántara, nominalmente alcantarinos. El postulantado que duró cerca de seis meses fue para él una continua prueba, su ímpetu juvenil y los deseos de la mundanidad permeaban en su pensamiento, sin embargo, obedeció fielmente a sus superiores y sujetándose al severo reglamento de la casa.[3] Con 17 años, recibió el hábito, pero sin el don de la perseverancia, un buen día dejó el sayal sobre la cama y escapándose por la ventana regresó a la casa de San Eligio.

Recurrió a las labores propias del oficio, la platería tenía en el siglo XVI un lugar preeminente dentro de los oficios y cofradías, sobre todo por lo redituable que resultaba, además las ganancias propias hacían del platero un señor importante y acaudalado. Felipe alcanzó un grado de bienestar que indudablemente un criollo para finales de ese siglo podría todavía alcanzar. Su habilidad dio notables frutos, además de los mejores maestros que al crisol moldeaban el metal para darle la forma que más desearan; a pesar de todo esto, terminó en fracaso este empleo por su inconstancia.

Interior del Templo Expiatorio de San Felipe de la Ciudad de México.

Don Alonso, siendo un rico acaudalado que inclusive daba préstamo al gobierno virreinal, queriendo hacer de su hijo un gran comerciante, se lo llevó por varios lugares de la Nueva España, desde Acapulco, Cuernavaca y otros sitios. Comenzó a adquirir importancia dentro de los negocios de la familia, las señoritas lo miraban con cierto interés… y era para tanto, siendo joven, apuesto y rico, características que lo llevaron a ser frívolo y superficial. En Manila, habitaba Gaspar Ruano, yerno de don Alonso, encargado de la mercadería y las ventas; Felipe se animó a irse para ayudarlo en todo lo posible, estas esperanzas calaron nuevamente en los ánimos de su padre y con él la familia de una nueva regeneración del hijo perdido.

Este viaje podemos hoy considerarlo como un crucero de lujo, y en verdad fue lo mejor de lo mejor para Felipe, en calidad de prestador de la Real Hacienda, fue beneficiario de un buen camarote, ropa lujosa y mucho dinero. Marchó en el buque “Santiago” a la edad de 18 años, era enero de 1590. Llegó en mayo del mismo año al puerto de Cavite a 33 km de Manila. Por junio, se dirigió al Parián, mercado populoso del barrio chino, donde convivían los mercaderes de Oriente, ofreciendo sus productos al por mayor. Sus ratos libres caían siempre en los juegos de azar, prohibido por las leyes españolas y todo aquel encontrado en ello era condenado a cárcel. Su despilfarro y la vida libertina, le sirvió a modo de reflexión, volvió sobre su pasado para encararse mejor con el futuro, a partir de esto maduró hondamente, la gracia de Dios vino a tocar su corazón y para fines de 1592 era nuevamente dócil a la voz de Dios.

A las puertas del convento franciscano de Santa María de los Ángeles, llamó el que era conocido como el joven más admirado por su dinero, por su porte fino, elegancia y hermosura, luego de las diligencias tomadas conformes a las informaciones canónicas, fue recibido en el postulantado en diciembre de 1592, esta comunidad era la cabeza de la Provincia de San Gregorio de Filipinas, el provincial era entonces, fray Pablo de Jesús, catalán de origen. Seis meses después, el 11 de mayo de 1593, Felipe se descalzó, entregó su anterior ropa y vistió el fervoroso hábito de postulante. Realizaba trabajos humildes, ayudando a curar enfermos en el patio del convento en el hospital llamado Santa Ana y compartía el trabajo curiosamente con otro homónimo, lego portugués.

Al término de su noviciado, la profesión debía darle la seguridad de hallarse siempre en la Orden, esta sería en mayo; admitido formalmente recibió de manos de fray Vicente Valero, guardián del convento el 22 de mayo de 1594, la profesión perpetua, a los 22 años y 22 días de su nacimiento. Al poco tiempo zarpaba el galeón “San Felipe” con noticias para la Nueva España, entre ellas iba específicamente la de la profesión de Felipillo; sus padres se regocijaron por tal noticia, al mismo tiempo iniciaron las gestiones para verlo de regreso, este galeón tendría mucho que ver con el destino final que llevaría a fray Felipe al Japón.

Las islas japonesas o el famoso Imperio del Sol Naciente, donde Taiko Sama gobernaba como soberano absoluto, había permitido la entrada de órdenes religiosas con la finalidad de atraer el comercio y el pase de objetos al imperio, sin embargo, los franciscanos habían acaparado la mirada atenta del monarca, le impresionaba la forma de vida y la sencillez de los frailes. Las noticias de estas tierras fueron abriendo horizonte en fray Felipe que deseaba hacer suya la tierra, emprendiendo sus primeras misiones.

Grabado de la obra de fray Agustín de Osimo "Historia de los veinte y seis mártires japoneses, etc."

Don Alonso, se valió de los inquisidores para que alcanzaran del Padre Comisario General de las Indias, fray Pedro de Pila, la orden necesaria para que fray Felipe fuera a ordenarse a la ciudad de México. En junio de 1596 empezó a preparar su regreso a la Nueva España, este viaje era el más peligroso de la época, ya que muchos morían a consecuencia de los golpes en altamar, de miedo, de mareos y de debilidad, solía durar cerca de 8 meses. El 12 de julio salieron en el “San Felipe”, el capitán del barco era don Matías de Landecho. Acompañaba a fray Felipe, fray Juan Pobre de Zamora. Prontamente cayó la primera tempestad que sacudió el galeón destrozándolo en parte, pero siete días después otro temporal terminó de acabar la estructura, poco fue lo que quedaba, pero lentamente avanzaba hacia el Japón, pues era la tierra más cercana para reconstruirlo nuevamente, era el mes de octubre.

Aunque la situación comenzaba a empeorar políticamente, le habían informado al emperador Taiko Sama que los misioneros eran solo la avanzadilla para que los reyes europeos pudieran hacer la ocupación del imperio para anexarlos a sus territorios de ultramar. Los primeros en sufrir el decreto de expulsión fueron los jesuitas, mientras tanto las otras órdenes seguían a la expectativa sobre la decisión del emperador. Solo faltaba una razón para hacerlo, misma que no tardo en llegar, don Matías de Landecho exigió al emperador le fuese devuelta la mercancía decomisada a razón de su atraco por fuerza mayor en la playa japonesa, de no hacerlo mandaría llenar de barcos de guerra los puertos japoneses. El jaque quedaba resuelto con la pieza jugada por los ingleses que llenaron la cabeza del emperador con artimañas para su expulsión.

Los franciscanos tenían en la ciudad capital de imperio Meaco, un convento llamado como el de Manila, “Santa María de los Ángeles”. Hacia unas semanas había llegado Felipe al convento luego de una gran peregrinación por las ciudades de Shikoku, Osaka, Sakay, Nagasaki y finalmente Meaco. Eran los primeros días del mes de diciembre, el superior fray Pedro Bautista ordenó celebrar ese año con especial pompa la festividad de la Inmaculada y las celebraciones navideñas, como fray Felipe no sabía aún la lengua del país, ayudaba en lo poco que podía. Justamente el día de la festividad de la Santísima Virgen, el emperador mandó lanceros al convento para encarcelar a los frailes, cuando fray Pedro vio aquel aparato de tropa, llamó con la campana a los fieles que se amotinaron en el templo, el temor inundó a los cristianos, pues pensaron que al día siguiente les cortarían la cabeza a todos.

Imagen colonial de San Felipe de Jesús. Parroquia san Felipe Hueyotlipan, Puebla. Cortesía de Tacho Juárez Herrera.

Pasó una semana y el peligro parecía alejarse. Cercana las festividades navideñas, fray Felipe hacía el coro cantando los villancicos cantados en México; celebró por última vez la alegría del Nacimiento del Señor, la aurora del 25 de diciembre de 1596, tan bellamente franciscana, fue la última miel que probó fray Felipe de Jesús. El 30 del mismo mes, se encontraba en el coro cuando escuchó el alboroto en el patio. Por la puerta grande habían entrado tres jueces, soldados y un grupo de cristianos. Uno de los jueces leyó en voz alta el encarcelamiento y los soldados procedieron a atar a los frailes. Sin embargo, uno de los padres al momento de apresar a fray Felipe gritó: ¡No, al hermano Felipe no, porque es uno de los que vinieron en el Galeón de Manila! A pesar de ello fue atado, comenzaba su carrera de martirio.

Así vieron el año nuevo 1597, el 3 de enero se decretó que fueran sacrificados. Como primer paso ordenó que en plaza pública les cortasen las narices y la oreja izquierda, luego fuesen paseados por las ciudades en carros tirados por bueyes. Por gestiones de Pedro Sotelo de Moreales y Matías de Landecho, se acordó que sólo le quitaran una oreja. Una lluvia de pedradas e insultos completaba la escena callejera; fray Felipe observaba la valentía de los acólitos, uno de ellos Tomás Kozaki, viendo caer su propia oreja, la levantó para que la vieran todos gritándole al verdugo: ¡Corta más, hártate de sangre de cristanos! Los cristianos tomaban trapos empapados en la sangre de los heridos.

Sabiendo de la muerte del Dios de los cristianos, decretó que fueran crucificados en Nagasaki. El 4 de enero, emprendieron camino a Osaka. De Osaka fueron a Sakai, Naraka, Tzuya, Nagoya. Todo el mes de enero fue una penosísima jornada por las provincias de Setsu, Harima, Bizen, Bingo, Aki, Suwo y Nagato. El 1 de febrero, cuatro días antes de la muerte, el puerto de Carazu recibió a los futuros mártires, con los rostros desencajados y cadavéricos, de cuerpos huesudos cubiertos de heridas y pies sangrantes deformados por la hinchazón. El día 4, víspera del martirio, llegaron a Ucarami, distantes una jornada de Nagasaki.

Amaneció el día 5 de febrero, la guardia fue temprano a buscar a los prisioneros para emprender la jornada final. Con paso firme entró a Nagasaki, 26 cruces tenían preparadas sobre la colina de trigales. Los sacrificados eran 6 frailes franciscanos, 3 jesuitas y 17 cristianos japoneses. Eran ellos: los frailes franciscanos Pedro Bautista Blázquez, Martín de la Ascensión Aguirre, Gonzalo García, Francisco Blanco, Francisco de San Miguel y Felipe de Jesús; los jesuitas eran Pablo Miki, Diego Kisai y Juan de Gotto; los cristianos fueron Francisco de Kyoto, Cosme Takeya, Pedro Sukeyiro, Miguel Kosaki, Pablo Ibariki, Luis Ibakiri, Matías, León Karasumaru, Ventura, Tomás Kosaki, Joaquín Sakahibara, Francisco, Tomás Dangui, Juan Kinuya, Gabriel de Ise, Pedro Suzuki y Antonio de Nagasaki.

Fresco de los mártires de Nagasaki. Coro del templo de La Recoleta, Cuzco (Perú).

Fray Felipe de Jesús acompañó al principio el Himno, pero las argollas de sus tobillos y de la garganta estaban mal ajustadas, se resbaló repentinamente del pedal de la cruz, quedando oprimido de su garganta con el aro de acero puesto en el cuello. Ahogándose, moviendo la cabeza desesperadamente, sólo pudo gritar: ¡Jesús, Jesús, Jesús! A sus gritos corrieron los soldados y mirándole en agonía rematan al mártir clavando sus lanzas, una en el costado derecho y la otra en el corazón, las dos traspasaron completamente el cuerpo saliendo por las extremidades superiores (hombros). Su cruz se encontraba exactamente a la mitad del semicírculo y fue el primero en morir de aquel grupo de mártires que corrieron la misma suerte. Los cristianos presentes corrieron con paños para enjugarlos en la sangre del criollo novohispano. Se cuenta que en el domicilio de los Las Casas, la nana miró como al momento la higuera volvió a reverdecer y dar frutos, gritando como loca: ¡Felipillo Santo, Felipillo Santo!

El milagro se verificó cuando las aves de rapiña no se acercaron nunca a los cuerpos, ni estos se corrompieron como lo establece la ley natural, más precisamente estando en contacto con el ambiente y organismos que fácilmente descomponen el cuerpo, además el perfume que soltaban era sobrenatural, no era el hedor común de la descomposición. Los cristianos se llevaban trozos de hábitos, de cruces empapadas con sangre y otras reliquias de sus cuerpos. Matías de Landecho y Bartolomé Ruiz iban casi todos los días a visitar los cuerpos que encontraban con la misma frescura hasta 30 días después del martirio. Tello de Sandoval solicitó con regalos la entrega de los cuerpos de los mártires, mismos que les fueron dados, lo que pudieron rescatar de fray Felipe fueron traídos por los frailes Francisco de Villarejo y Alonso de Santa María Laurel. Llegando el 31 de octubre en el galeón “San Jerónimo” la noticia de la muerte y las reliquias del hijo mayor de la Nueva España.

Iniciados los procesos de beatificación en 1598 y tras 30 años, el Papa Urbano VIII por bula “Salvatoris Nostri Jesu Christi” del 14 de septiembre de 1627, declaró beatos a Felipe de Jesús y sus 25 compañeros mártires. En la Nueva España las ceremonias fueron pomposas, asistiendo la mamá del beato a las fiestas y procesión del convento a la catedral llevando la imagen de vestir, nombrándose patrón de la ciudad siendo confirmado por la Santa Sede. Y durante la fiesta de Pentecostés, el 8 de junio de 1862, el Beato Pío IX elevaba a los altares a los 26 mártires de Japón, con la asistencia de varios obispos desterrados por el gobierno liberal de México.

Iglesia conmemorativa de los 26 mártires (Nagasaki, Japón) construida en 1962 por el arquitecto japonés Kenji Imai, quien tuvo influencias de Gaudí. La iglesia está dedicada a Felipe de Jesús, debido a que ya existía una iglesia de los 26 mártires en Italia.

Las fuentes para este texto tenemos de la Hna. Guadalupe Pimentel con su obra llamada “San Felipe de Jesús” (2000), al Padre Jose Armando Espinoza, MG con “Mártires Mexicanos” (s.f.) y a fray Agustín de Osimo con “Historia de los veinte y seis mártires japoneses, etc.” (1871).

Eddy Lorenzo González Jiménez


[1] El apellido se debe a que el rey San Fernando III que les dio un caserío en Illescas, a partir de ello les fueron denominando De las Casas.
[2] Dice el letrero “En esta pila fue bautizado el gloriosísimo mártir del Japón, San Felipe de Jesús, criollo de esta ciudad de México y su patrón.”
[3] La reforma que había surgido entre la orden franciscana en el siglo XV se vio coronada con la amalgama de comunidades y provincias que deseaban vivir mejor la regla de la pobreza, entre los estudiosos del tema tenemos al R.P. Fray Lino Gómez Canedo.

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