Santa Fermina de Amelia, patrona de los navegantes

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Imagen procesional de la Santa que se venera en Civitavecchia (Italia).

La mártir de la que hablaré hoy, día de su fiesta, es patrona de la ciudad portuaria de Civitavecchia (Italia) y por detalles que veremos en su passio, también patrona de los marineros y navegantes. Aunque no es la única Santa, ni mucho menos, que ostenta este patronazgo, sí que lo tiene reconocido en las ciudades de Amelia y Civitavecchia y en las regiones de Umbría y el Lazio en general, donde aparece representada siempre portando un barco. Pero veamos qué sabemos sobre ella.

La passio no es anterior al siglo VI y según la misma, Fermina (del diminutivo latino firmina, es decir, “firme, fuerte”) era una virgen romana hija del prefecto Calpurnio y perteneciente a la ilustre gens de los Pisones. A los 22 años, viendo estallar la persecución contra los cristianos en tiempos de Diocleciano, huyó de Roma y se embarcó hacia la región de Umbría. A medio trayecto se desató una fortísima tormenta y la nave corría peligro de naufragio. Ella entonces subió a la cubierta barrida por las olas y ante la mirada atónita de la atribulada tripulación, se arrodilló y empezó a orar. Al término de su plegaria, la tormenta se había calmado y la nave estaba fuera de peligro. (He aquí pues, el por qué esta Santa es la protectora de los navegantes).

Habiendo llegado al puerto de Centumcellae (la actual Civitavecchia) vivió durante dos años refugiada en una cueva, haciendo vida de ermitaña. Las gentes del lugar, convencidas de su santidad, acudían a pedirle remedios o favores, y ella les predicaba el Evangelio, convirtiendo muchos a la fe cristiana. Cuando su fama se volvió demasiado grande, decidió embarcarse de nuevo hacia Amelia, siendo despedida con gran tristeza por sus seguidores.

En Amelia prosiguió su vida eremítica, pero ya era muy conocida a causa de sus predicaciones y pronto fue denunciada al prefecto de la zona, Olimpíades, quien mandó detenerla y traerla ante sí. Durante los interrogatorios quedó prendado de su hermosura e inteligencia, y trató de seducirla para que fuese suya. Fermina sorteó hábilmente las tretas del prefecto y, en lugar de caer en sus brazos, logró convertirle a la fe cristiana, por lo cual Olimpíades dio orden de liberarla. Ella misma le instruyó en la fe y le bautizó.

La Santa destruye "a distancia" el ídolo romano durante el interrogatorio. Óleo barroco en su iglesia de Civitavecchia, Italia.

Naturalmente, en cuanto las autoridades imperiales tuvieron noticia de la traición del prefecto, mandaron detenerlo y ejecutarlo. Tras ser decapitado, la misma Fermina recogió el cadáver del prefecto y le dio cristiana sepultura en un lugar llamado Agulianus, distante a ocho millas de Amelia, un 1 de diciembre. Entretanto, un nuevo prefecto fue enviado a la ciudad, éste llamado Majencio, y estaba claro que su primer objetivo iba a ser Fermina, la cual fue inmediatamente capturada cuando regresaba de enterrar a Olimpíades, y encarcelada de nuevo.

Como pese a las promesas y amenazas propias de los interrogatorios -que duraron veinte días- Fermina no aceptó sacrificar a los dioses romanos, se le aplicó tortura: un lictor llamado Orsicinio fue el encargado de flagelarla, pero al rato; conmovido por la fortaleza de la joven, arrojó el látigo a un lado y se negó a seguir golpeándola. Se le castigó severamente por ello, siendo ejecutado, y con él a un sacerdote de nombre Valentino, que le había bautizado poco después de su conversión. Esto ocurrió el 13 de diciembre después de que ambos hubiesen marchado a Rávena, por lo que el doble martirio no tiene lugar en Amelia ni tampoco antes del martirio de la propia Fermina. Ambos son reseñados en el Martirologio Jeronimiano.

Entonces, Majencio ordenó desnudar a Fermina, llevarla así al foro de la ciudad y allí colgarla de su cabellera frente a la vista de todos, y mientras tanto que le fueran quemando el cuerpo con antorchas. Como este cruel tormento no doblegó la voluntad de la muchacha, mandó encender una hoguera bajo ella y dejar que se quemase lentamente. Fermina rezó en voz alta hasta que el humo la envolvió y la asfixió. Su cuerpo fue sepultado junto al de Olimpíades.

Martirio de la Santa, obra original de L. Fontana, robada en septiembre de 1975, fue reconstruida por el pintor milanés Luca Pagani el 24 de noviembre de 1999. Iglesia de la Santa en Civitavecchia, Italia.

Tal es lo que nos dice el relato. Pero, ¿es verídico? Ya he comentado antes que data del siglo VI, por lo que es relativamente tardío (recordemos que el martirio habría tenido lugar en el siglo IV), pero un documento más reciente, Catalogus codicum hagiographicorum latinorum Bibliothecae Vaticanae, recogido por A.Poncelet y editado en Bruselas, año 1910; mantiene los mismos sucesos que ya he relatado pero indica que la mártir no fue sepultada en Cemtumcellae (Civitavecchia) sino en Amelia, el día 20 de diciembre. Un tercer texto (BHL, suppl. pág.126) dice que sus reliquias fueron encontradas en Amelia a finales del siglo IX, después de haber estado perdidas nada menos que quinientos años.
Sobre la autenticidad de todos estos datos, el hagiógrafo Lanzoni ha demostrado que las dos ubicaciones dadas al sepulcro de la Santa (es decir, Cemtumcellae y Amelia) demuestran dos lugares de culto a la misma. De hecho, en Amelia ya se le rendía culto antes del hallazgo de sus reliquias en el s.IX.

Pero sucede que en el Martirologio Jeronimiano, fuente en que se basa la passio que he relatado, no menciona la existencia de ninguna mártir de nombre Fermina en la zona del Lazio y Umbría. ¿Cómo es posible? Lanzioni, con tal de arreglar este problema, propone que Fermina debe ser identificada con las también mártires Iluminada y Felicísima, todas ellas veneradas en Umbría. Es decir, que los nombres de Iluminada (“llena de luz”) y Felicísima (“llena de felicidad”) serían nombres simbólicos de dos Santas que en realidad serían una sola: Fermina. Esta hipótesis es muy probable, ya que no sería el único caso de desdoblamiento (triplicamiento, en este caso) hagiográfico. También se ha dicho esta Santa Fermina de Amelia podría ser un desdoblamiento de la Santa Fermina africana, que el Martirologio Jeronimiano recuerda el 9 de octubre.

En la iconografía aparece representada como una doncella romana que porta un barco, símbolo de su patrocinio sobre los puertos y las gentes del mar, y con una antorcha encendida, principal instrumento de su martirio. Es patrona de las ciudades de Civitavecchia y de Amelia; por lo que suele aparecer en los puertos e intercediendo por las naves afectadas por una tormenta. Yo misma vi una imagen suya sobre el faro del puerto cuando atraqué en Civitavecchia en 2008.

En resumen: nuestra Santa de hoy parece ser una mártir real, de culto muy antiguo y reliquias presentes y veneradas, pero cuya passio es más bien tardía y su identificación un poco conflictiva, pudiendo tratarse de una mártir africana, o de una mártir italiana que ha sido desdoblada en tres: Fermina, Iluminada y Felicísima, siendo estos dos últimos nombres simplemente un adjetivo del primero.

Meldelen

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