San Filareto Drozdov, metropolita de Moscú y Kolomna

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Icono ortodoxo ruso del Santo.

Se llamaba Basilio Michajlovic Drozdov y nació el 26 de diciembre del año 1782 en la ciudad de Kolomna, en la jurisdicción administrativa de Moscú, en el seno de la familia de un diácono de la catedral. Las familias de ambos padres estaban ligadas al ambiente eclesiástico. Su padre, que se llamaba Miguel, poco después de haber nacido su hijo, fue nombrado párroco y destinado a una de las iglesias de Kolomna.

Desde los primeros años, el chiquillo se mostró inclinado hacia la oración y en el 1791, con solo nueve años de edad, entró en el seminario de Kolomna donde se distinguió como uno de los mejores estudiantes. En el 1799 entró en el seminario de la Trinidad, cercano a la Lavra de la Trinidad y de San Sergio (Troinsky Sergiev Lavra), donde entre otras cosas, prestó asistencia en el hospicio del propio seminario.

Ya en este tiempo se había desarrollado en él el don de la predicación y por lo tanto, se le concedió la dalmática para que pudiese predicar en el refectorio de la iglesia de San Sergio. El metropolita Platón de Moscú (1737-1812) se dio cuenta de que aquel joven estaba dotado de un talento especial por lo que tenía largas charlas con él. Después de haber terminado brillantemente sus estudios en el seminario en el año 1803, lo nombraron profesor de hebreo y en el año 1806, estando vacante la cátedra, fue nominado catedrático de poética.

El 16 de noviembre del mismo año emitió sus votos en la Lavra de San Sergio escogiendo el nombre de Filareto en honor de San Filareto el Misericordioso y al cabo de cinco días fue ordenado de archidiácono. A pesar de las aspiraciones del joven monje y de la voluntad del metropolita Platón que quería tenerlo como un docente muy valioso, fue enviado al seminario de San Petersburgo, en el cual, con el rango de hieromonje, se tuvo que hacer cargo de la licenciatura de filosofía.

En febrero del año 1810 fue transferido a la Academia Eclesiástica de San Petersburgo como catedrático en ciencias teológicas y docente en Historia de la Iglesia. Estuvo durante un curso entero impartiendo ambas materias y fue el primero en dar sus lecciones en lengua rusa. Enseñaba con pasión y predicaba con tanto ardor que pronto llamó la atención en toda la ciudad.

Lienzo del Santo revestido en su atuendo de metropolita.

En el año 1811 fue elevado a la dignidad de archimandrita y apenas un año después, rector de la Academia Eclesiástica, profesor de teología y simultáneamente, superior del monasterio de Jur’ev. A partir del año 1814 fue miembro de la Comisión sinodal para las escuelas religiosas. Colaboró en la traducción de la Biblia al ruso; fue él quién eligió a los traductores y se encargó personalmente de la traducción del Evangelio de San Juan además de fijar las normas que deberían seguir todos los traductores del resto de los Libros Sagrados. La traducción de la Biblia, fue en realidad, el trabajo de toda una vida.

Entre los años 1815-1816 escribió el tratado apologético: “Discursos de estudiosos y partidarios de la Ortodoxia de la Iglesia greco-oriental rusa. Notas sobre el tema del Ser” y la obra “Características de la historia bíblica de la Iglesia para uso de los jóvenes religiosos”.
El 5 de agosto de 1817 fue elegido obispo de Revel’sk, vicario de la diócesis de San Petersburgo y en el año 1819 transferido a la cátedra de Tver y elevado a la dignidad de arzobispo, además de ser elegido como miembro del Santo Sínodo. Pasado un año, fue enviado a la cátedra de Jaroslavl’. En 1821 fue nominado para la cátedra de Moscú, diócesis que dirigió casi cincuenta años. En 1833 publicó en dos ediciones, “La catequesis cristiana. La Iglesia católica ortodoxa greco-oriental rusa”, obra que aun es usada como manual en las escuelas religiosas rusas y que, aun viviendo su autor, fue traducida a diversas lenguas tanto orientales como occidentales.

San Filareto, siempre que oficiaba alguna celebración litúrgica, pronunciaba una homilía: esa era su forma oficial de ejercer el ministerio de la predicación como obispo. Casi todas sus homilías fueron recogidas y publicadas en el año 1848 bajo el título de “Homilías y discursos”.

Visitaba asiduamente las parroquias y los monasterios de la diócesis de Moscú, enseñando a los fieles con su predicación. Particularmente, se ocupó de las escuelas religiosas de la diócesis, de los seminarios de Moscú y de Vifansk y de la Academia Eclesiástica de Moscú, en la cual hizo traducir los textos de los Santos Padres a la legua rusa, mejorando el nivel de los docentes y profesores. Con cariño se ocupó del sostenimiento de los monasterios de la diócesis. Visitaba a menudo la Lavra de la Trinidad y San Sergio y en el año 1844 se ocupó particularmente del Eremitorio de Getsemaní en Moscú.

Lienzo del Santo revestido en su hábito monacal.

En 1852 redactó las “Normas de organización de las comunidades monásticas de Moscú”, que entró en vigor en todos los monasterios moscovitas. Guió con firmeza su diócesis como corresponde a un santo obispo y sin embargo era famoso por su exquisita humildad cristiana. Participaba regularmente en las ceremonias sagradas y él mismo seguía escrupulosamente la regla monástica. Durante toda su vida se caracterizó por un ardiente amor a Dios, a sus fieles y a la Iglesia, por su servicio generoso y lleno de abnegación hacia todos, especialmente hacia los más desfavorecidos. Sabía consolar a quienes a él acudían, era exquisito con los enfermos y con los mendigos y a todos hacía llegar la misericordia y la ayuda de Dios.

Esta forma de proceder fue premiada con numerosos carismas, como la clarividencia, curaciones, éxtasis, precognición y otros. Dos días antes de morir, se sintió con más energías y supo cual sería la causa del empeoramiento de su salud. Los últimos días de su vida no se negó a recibir a nadie y a todos los que iban a visitarle les decía que volvieran el día 19. El domingo 19 de noviembre del año 1867 celebró su última Liturgia y después del rito, como era su costumbre, recibía a los asistentes. Después de haber atendido a todos, incluso al gobernador de Moscú, fue a ocuparse de los compromisos pendientes y le dijo al monje que estaba encargado de servirle el almuerzo: “Espera, que yo te llamaré”. El religioso esperó en vano y pasado un rato, preocupado, entró en su habitación y se lo encontró muerto de rodillas. La muerte le había sobrevenido por un infarto cerebral.

Al correrse la noticia, toda Moscú lloró por su santo metropolita. Su cuerpo fue llevado a la Iglesia del Espíritu Santo de la Lavra de la Trinidad y San Sergio y prácticamente, desde ese mismo momento se empezó a rendirle culto. Todo el clero desfiló por delante de su pastor, a quien consideraban como un taumaturgo que se había dedicado por completo a su misión pastoral.

Sepulcro del Santo expuesto a veneración. Lavra de la Trinidad y de San Sergio, Moscú (Rusia).

El Concilio de obispos de la Iglesia Ortodoxa Rusa, celebrado entre el 29 de noviembre y el 2 de diciembre del año 1994, procedió a su canonización oficial. Su festividad se celebra el 19 de noviembre, día de su muerte.

Antonio Barrero

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