Santa Filotea mártir, patrona de Valaquia

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Icono ortodoxo rumano de la Santa. Monasterio de Curtea de Arges, Rumanía.

Los creyentes ortodoxos rumanos sienten una especial veneración por los santos que llevaron una vida casta y entregaron su juventud a Nuestro Señor Jesucristo. Un ejemplo es Santa Parasceve, la patrona de Iaşi y toda Moldavia, cuyas sagradas reliquias se encuentran en la Catedral de esta ciudad. Cada año en su fiesta, el 14 de octubre la visitan más de millón y medio de peregrinos.

Otro ejemplo de una juventud pura entregada a Dios es nuestra niña mártir Filotea (llamada popularmente Filofteia), que murió por Cristo con sólo doce años de edad.  Ambas, Parasceve y Filotea nacieron al sur del Danubio en los siglos XII y XIII, así que es muy difícil saber si eran búlgaras o rumanas. En ese tiempo en la parte sur del río  Danubio, estaba instalado el llamado Imperio valaco-búlgaro (los historiadores rumanos lo llaman “Imperio rumano-búlgaro”, bajo la dinastía de los hermanos Petru y Asan, que probablemente fueron étnicamente rumanos). De todos modos las nacionalidades de los santos no son muy importante, porque “en Dios no hay ni judío ni griego, ni esclavo ni hombre libre”, como dice San Pablo en su Epístola a los Gálatas (Gal. 3,28), sino que son conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Ef. 2,19).

Filotea probablemente nació a principios del siglo XIII en Tarnovo, que era la capital del Imperio búlgaro. Su nombre era el que más se correspondía con su comportamiento: filos-theos, en griego, “amante de Dios”. Según la tradición, su madre era una mujer piadosa que le enseñó la virtud cristiana del amor a Dios y al prójimo, la limosna, el ayuno y la oración. Pero murió muy joven y su padre decidió casarse en segundas nupcias. Tanto el padre como la madrastra no sentían cariño hacia ella y le obligaban a realizar trabajos que no eran propios para su edad. A mediodía, tenía que ir al campo a llevarle a su padre la comida y como en el camino se encontraba con mendigos que le pedían limosna, les daba parte de la comida de su padre.

En una ocasión su padre llegó a casa con hambre y le dijo a su esposa que le había enviado muy poca comida, pero la madrastra culpó a Filotea, que le había dado parte a los pobres. Su padre, enfadado quiso vigilarla y comprobó que eso era lo que ella hacía; y entonces, enfurecido, se abalanzó sobre la niña y con un hacha, la golpeó en una pierna. La herida fue tan grave, que Filotea murió al poco tiempo.
Asustado el padre por lo que había hecho, trató de esconder su cuerpo y enterrarlo, pero según los sinaxarios, su cuerpo se hizo tan pesado que no pudo moverlo, aunque pidió ayuda a otras personas. Viendo que esto era un hecho milagroso, el padre solicitó ayuda al obispo de Tarnovo, que fue allí acompañado de algunos sacerdotes, oraron y se llevaron el cuerpo a su catedral. Las reliquias permanecieron allí hasta el año 1393, fecha en la que los turcos ocuparon la zona, por lo que fueron trasladadas a Vidin. En 1396 las reliquias fueron trasladadas a Valaquia, donde el Voivoda San Mircea el Viejo (1386-1418), decidió ponerlas en la Iglesia de Nicolas en Curtea de Arges, convertida posteriormente en Catedral Metropoliana de Valaquia.

Capilla de Santa Filotea en Curtea de Arges (Rumanía), donde actualmente se veneran las reliquias de la mártir.

Como la festividad de San Nicolás es el día 6 de diciembre, el Sínodo de la Iglesia de Valaquia decidió que la festividad de Santa Filotea fuera el día siguiente, 7 de diciembre y así se ha mantenido hasta nuestros días. Las reliquias de Santa Filotea permanecieron allí hasta que el voivoda Neagoe Basarab (canonizado el año pasado) decidió construir una nueva catedral más grande en Curtea de Arges, que fue consagrada en el año 1517.

El santuario donde se encuentran las reliquias de la santa fue restaurado en el año 2004 por parte de los trabajadores de la Tesorería del Estado. La madera del templo ha sido cubierta con terciopelo rojo, las piezas de plata se han chapado en oro, así como la tapa de la urna. Además, se sustituyeron las piezas dañadas de madera de ciprés. Los trabajadores de la Tesorería del Estado, se sorprendieron cuando hallaron escrito en la bolsa que envolvía las reliquias, una maldición de principios del siglo XVIII. Como existía la tradición de repartir las reliquias de los santos a fin de distribuirlas entre otras comunidades, el metropolita Cosme de Valaquia escribió esa maldición contra los que se atrevieran a hacer lo mismo con el cuerpo de la santa mártir. El texto en rumano antiguo dice así:
Cosme, por la gracia de Dios, Jerarca de la Sede Metropolitana de Valaquia, humildemente hemos sabido que a las reliquias de la Santa Mártir Filotea que se encuentran en la iglesia voivodal de la ciudad de Arges, le están extrayendo pequeños trozos. Le ordenamos a usted, el piadoso señor abad Pártenos, egumeno del convento de Arges, que selle las reliquias en una envoltura nueva y valiosa, dejando fuera sólo su mano derecha para que los fieles puedan besarla. Y así, selladas, sean colocadas en una urna nueva. Que todo el mundo las mire desde fuera y nadie se atreva a cortar ni siquiera una pequeña parte de las reliquias, porque maldigo a quien se atreva a tocarla. Haced lo que digo y Dios os bendiga a 10 de mayo del año del Señor 1791”.

A través de los tiempos, por diversas razones, las reliquias fueron trasladadas a otros lugares: Iglesia de San Jorge y de la Dormición de Nuestra Señora en Curtea de Arges y el monasterio de Antimos de Bucarest, pero desde 1949 se encuentran de nuevo en la capilla de la diócesis de Curtea de Arges. En una reunión del Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rumana del día 28 de febrero 1950 se decidió generalizar su culto a todo el país. En la misma fecha se creó un texto litúrgico completo (Visperas y Oficios de la mañana) y un Acatisto, que es una oración especial a la santa, similar al rosario.

Urna de la Santa con su cuerpo expuesto a la veneración de los fieles. Capilla de la Santa en Curtea de Arges, Rumanía.

Iconográficamente, Santa Filotea se representa como los santos mártires, con el instrumento que le causó la muerte, en este caso un hacha y una palma, símbolo del martirio, paz y felicidad. Se la pinta como una adolescente, vestida a la manera tradicional balcánica: camisa, chaleco y una falda a rayas; a veces con la cabeza descubierta, simbolizando que era una niña y no una mujer adulta y con el pelo recogido. En algunos iconos, en el fondo se pintan las iglesias de San Nicolás y la Voivodal (catedral) de Curtea de Arges, donde su cuerpo permaneció por mucho tiempo. Como he dicho anteriormente su fiesta es el día 7 de diciembre. Su Tropario (Himno de la Santa), dice:

“Tú recibiste como pago a tu paciencia, ¡oh feliz Filotea!, soportando sin cesar las tentaciones, soportando golpes, totalmente disponible a solucionar los problemas, ofreciendo limosna a los pobres y dando alimento a los hambrientos. Ruega a Nuestro Señor Jesucristo, ¡oh virginal doncella!, para que salve nuestras almas”.

Mitrut Popoiu

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