Beata Francisca de la Encarnación Espejo Martos, religiosa trinitaria mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Lienzo de la Beata con el hábito y la cruz propios de la Orden Trinitaria. Convento de la Santísima Trinidad de Martos, Jaén (España).

Siguiendo nuestro recorrido a través de las vidas de las 296 religiosas mártires de la Guerra Civil Española (1936-1939), hoy le toca el turno a la Beata Francisca Espejo Martos, que es la única religiosa mártir de la Orden Trinitaria [1]. Aunque fue martirizada junto a otras dos religiosas pertenecientes a otras órdenes, nos centraremos únicamente en ella ya que ha sido la única beatificada hasta la fecha. A sus compañeras de martirio las mencionaremos pero dejaremos una referencia más concreta a ellas para otros artículos, pues lo merecen así.

Religiosa trinitaria
María Francisca Espejo Martos había nacido el 2 de febrero de 1873 en la ciudad homónima a su apellido, Martos (Jaén). Se quedó huérfana de madre siendo muy jovencita, con un hermano pequeño a su cargo. Años más tarde, su padre se casaría en segundas nupcias, y tuvo otros tres hijos con su nueva esposa. Debido al nuevo matrimonio de su padre, Paquita -así la llamaban todos- se fue a vivir con una tía materna suya, que era nada menos que la priora del convento trinitario de Martos: sor María del Rosario Martos Cuesta.

Allí, en medio de la vida conventual, nació en ella la vocación religiosa, por lo que tomó el hábito trinitario el 2 de julio de 1893 a los 20 años de edad como religiosa de coro y adoptando el nombre de Francisca de la Encarnación. Un año después, el 5 de julio de 1894, emitió sus votos perpetuos y durante 43 años permaneció en el convento trabajando su perfección espiritual, tomando a Cristo como modelo.

Durante mucho tiempo ocupó el puesto de tornera. “Era muy buena, todo lo que diga es poco”, con esta lacónica y expresiva frase resumía la vida de sor Encarnación una compañera suya de comunidad en el proceso de beatificación, quien la recordaba dando comida a los pobres que venían a pedir al torno del convento.

Allí seguía cuando estalló la Guerra Civil. En Martos incendiaron las parroquias de Nuestra Señora de la Villa y de San Amador en la noche del 18 al 19 de julio de 1936. Las noticias que le llegaban a sor Encarnación a través del torno la llenaban de tanto pavor e inquietud que la priora, viéndola tan alterada, decidió retirarla de allí y sustituirla por otra monja, más serena y valiente.

Vista del Monasterio de la Santísima Trinidad de Martos, Jaén (España), donde se santificó la Beata.

Persecución
El 21 de julio de 1936, un grupo de milicianos asaltó y ocupó el convento, expulsando a sus religiosas. Las trinitarias se vieron obligadas a refugiarse en las casas que les ofrecieron alojamiento. Sor Encarnación y su tía, sor Rosario, marcharon a vivir a casa de su hermano Ramón, quien había sido detenido, aunque más tarde sería puesto en libertad. Allí hicieron una vida muy similar al convento, dedicadas a la oración y echando una mano en las labores domésticas; y eso que, como ya he dicho, nuestra protagonista era de carácter asustadizo y pasó mucho miedo aquellos días. Más tarde, fue detenida la mujer de su hermano, y finalmente, ambas religiosas fueron detenidas y conducidas al Ayuntamiento.

Esto ocurrió el 11 de enero de 1937. Cuando parecía que el gobierno republicano había logrado restablecer el orden en su zona y empezaban a cumplirse sus llamamientos para acabar con los miles de asesinatos que se estaban cometiendo en las personas de creencia y prácticas cristianas y de pensamientos de derecha, tuvo lugar en Martos una terrible matanza en la noche del 12 al 13 de enero, en la que cayó víctima nuestra protagonista.

Dicha matanza se desencadenó a partir de que el 11 de enero, la aviación del bando golpista bombardeó Martos y su comarca, causando muchas víctimas. Esto enfureció a las autoridades locales, que decidieron tomar duras e injustas represalias con aquellos que consideraban desafectos a la causa republicana. Y ello incluía no sólo a terratenientes, ricos hacendados y personas de derechas; sino también a sacerdotes y religiosos, sobre los que todavía no se había abatido ningún ataque. Naturalmente, eso afectaba también a todas las religiosas de la localidad, pero eran tantas que, finalmente, aquellos desalmados decidieron que sólo ejecutarían a las tres superioras de las tres congregaciones religiosas existentes en Martos. En total, 47 varones y tres mujeres: sor María Isabel Aranda Sánchez, abadesa de las clarisas; la Beata Victoria Valverde González, superiora de las Hijas de la Divina Pastora; y, por error, detuvieron a las trinitarias sor María del Rosario Martos Cuesta y nuestra protagonista, sor Francisca de la Encarnación Espejo Martos, en lugar de la auténtica priora de las trinitarias, que logró salvar su vida gracias a esta equivocación.

Lienzo contemporáneo con los mártires trinitarios de la Guerra Civil española, donde se aprecia claramente que la Beata Francisca Espejo es la única mujer.

Detención y martirio
Sor Rosario, que había sido priora del convento trinitario toda su vida, era ya muy anciana y desde siempre había sido cuidada por sor Encarnación. Cuando eran conducidas hacia el Ayuntamiento, una muchacha de dieciséis años, viéndolo, increpó a los milicianos gritándoles: “¿Es así como pensáis ganar la guerra? ¿Matando a una anciana de ochenta años?” Al oír este reproche, los milicianos dudaron, y viendo que sor Rosario estaba muy viejecita y débil para suponer ninguna amenaza, la soltaron y le dieron orden de que regresara a la casa de donde la habían sacado. Así salvó su vida. Era la media tarde del día 12 de enero de 1937.

Sor Encarnación fue conducida al Ayuntamiento y allí coincidió con su hermana de hábito, la trinitaria sor María de los Ángeles de Santa Teresa, y las otras dos superioras ya mencionadas. A sabiendas de que iban a ser ejecutadas y a pesar del miedo que sentían, se animaban unas a otras pensando que pronto estarían en el cielo. Las ayudaba a ello el rezo del rosario y el recordar a los mártires enterrados en las catacumbas romanas.
Llegada la una de la madrugada del día 13, se abrió la puerta de la habitación donde estaban encerradas y un miliciano entró llamando a Ángeles Cuesta, sor María de los Ángeles. Las otras monjas enseguida la abrazaron y se despidieron de ella: “Tú, la más joven, vas a ser la primera”. Pero en realidad, no la llamaban para ejecutarla, sino para ponerla en libertad. Se consiguió esto gracias a la presión del teniente alcalde de Martos, que se enfrentó a sus compañeros del Frente Popular para lograr su libertad. Así, sor María de los Ángeles también salvó su vida.

Sobre la una y media de la madrugada del 13 de enero de 1937, salieron en automóvil las tres religiosas restantes tras un camión que recogió en la iglesia de San Miguel a todos los que iban a ser fusilados, como decía, 47 hombres. Fueron llevados a Casillas de Martos, un pueblecillo cercano, situado a 16 kilómetros de Martos.

Después de fusilar en las tapias del cementerio a todos los hombres, las tres religiosas fueron bajadas a un pequeño barranco que había a la entrada del cementerio, y allí intentaron violarlas. Pero se defendieron tan fuertemente, que las mataron mientras intentaban vencer su resistencia. A sor Encarnación la mataron dándole dos culatazos con la escopeta en la cabeza, de suerte que le fracturaron el cráneo por dos sitios. Tenía casi 64 años de edad. Los detalles del horrendo martirio de las otras dos me los ahorro para otro artículo.

Vista de la figura de cera que contiene los restos de la Beata. Monasterio de la Santísima Trinidad de Martos, Jaén (España).


Cuando acabaron de matar a las tres religiosas, los asesinos bajaron al pueblo de Casillas, cubiertos de la sangre de sus víctimas, y se emborracharon enormemente. Uno de ellos alardeó diciendo que había violado el cadáver de una religiosa, no sabía cuál. Otros decían, sobrecogidos, que les estaba entrando miedo al pensar en los muertos que habían sentenciado.

Hallazgo de los cuerpos
Acabada la guerra, a primeros de julio de 1939, se procedió a la exhumación de los cuerpos de los fusilados en esa horrenda noche del 12 al 13 de enero de 1937. Como no se sabía el lugar exacto, se trasladó los asesinos desde su prisión hasta el lugar de los hechos, no sólo para que indicaran el lugar de las sepulturas, sino que fueron castigados siendo obligados a desenterrar ellos mismos los cuerpos de sus víctimas.

Una monja trinitaria, compañera de sor Encarnación, acudió al lugar para poder identificar a su hermana de hábito. El cuerpo de nuestra mártir apareció el último de la tercera zanja y fue inmediatamente reconocido por esta religiosa. Tenía el cráneo hundido, rotos los huesos de la cabeza y una pierna totalmente desencajada, rota por la cadera y girada hacia atrás, en una postura espantosa. “Era horrible, contaría después la testigo, profundamente afectada, no había otro cuerpo tan maltratado, tan destrozado… reconocí sus manos artríticas, la deformación de sus pies, debido al reuma que padecía. Con un respeto grande, busqué en su camiseta las iniciales de su nombre y las encontré… era su nombre. El cadáver era el de sor Encarnación”. Sin duda, las terribles lesiones documentadas en el cuerpo son prueba de la atroz lucha que sostuvo contra sus agresores en defensa de su virginidad, hasta que se cansaron y la remataron a culatazos. No habían disparado un solo tiro contra ella.

Detalle de la figura de cera que contiene los restos de la mártir. Monasterio de la Santísima Trinidad de Martos, Jaén (España).

Hallados también los cuerpos de sus compañeras de martirio, fueron envueltos en unas sábanas y llevados al santuario de Nuestra Señora de la Villa, a una cripta dedicada a los mártires de la ciudad de Martos. Las religiosas trinitarias, sin embargo, lograron que se les permitiera llevarse el cuerpo de su mártir a la iglesia del convento, y allí fue enterrado después de estar varios días expuestos a la veneración de los lugareños.

Actualmente y tras la beatificación, los restos de sor Encarnación se veneran en una urna abierta de la iglesia del convento, dentro de una figura de cera revestida con el hábito trinitario y la palma del martirio. Está incorrupta, pero lo que se ve es la figura que recubre el cuerpo, no el cuerpo mismo como dicen algunas fuentes que sin duda, al contemplar la figura, creen erróneamente que se trata del mismo cuerpo de la Beata [2].

Glorificación de la mártir
Años después, las religiosas trinitarias inician los trámites necesarios para lograr la beatificación de sor Encarnación. Ya en 1985 se abre el proceso a nivel diocesano y en 1988 el obispo de Jaén decreta la introducción de su causa nombrando el tribunal correspondiente. El proceso se clausuró en 1989 y enviado a Roma, donde fue recibido por la Congregación para las Causas de los Santos.

Finalmente, el 28 de octubre de 2007, sor Francisca de la Encarnación Espejo Martos fue solemnemente beatificada por Su Santidad Benedicto XVI.

Única foto conocida de la Beata, la cual ha servido de modelo para lienzos y estampas.

¡Oh Beata Francisca de la Encarnación!
Tú que entregaste tu vida al Señor en la vida trinitaria contemplativa, y la ofreciste como holocausto supremo derramando tu sangre en el martirio, perdonando a tus verdugos, intercede ante la Santísima Trinidad para que también nosotros recibamos la gracia del verdadero amor y la fuerza de perdonar a los que nos ofenden.
Concédenos también las gracias y favores que con confianza pedimos por tu intercesión.
Por Jesucristo Nuestro Señor, Amén.

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria.)

Meldelen

Bibliografía:
“Crónica del proceso a una mujer inocente”, folleto editado por las Trinitarias de Martos, año 1989.
– RODRÍGUEZ BORREGO, Andrés, “Buscó a Cristo apasionadamente”, folleto editado en 1986 sobre la vida de la Beata.
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, “El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas durante la Guerra Civil Española (1936-1939)”. Ed. Edibesa, Madrid 2006.


[1] Esta afirmación debe matizarse. En efecto, la Orden Trinitaria considera que la Beata Francisca de la Encarnación Espejo Martos es la única religiosa mártir de la Orden, no sólo nivel español, sino general. Sin embargo, hay constancia de la existencia de una Santa Laura, religiosa trinitaria mártir, que fue ejecutada en Constantinopla junto a 52 compañeras el año 1453.
[2] He sabido recientemente, por testimonio oral de una religiosa de Martos, que al hallar el cuerpo de la Beata Francisca éste se encontró incorrupto y al moverla, sangró abundantemente. Sin embargo, al estar la piel muy ennegrecida y ofrecer un aspecto horrible, se ha obtado por recubrir dicho cuerpo con la visible figura de cera. La mencionada religiosa da por cierto esto afirmando que el médico lo firmó así en su informe forense, pero yo no he podido contrastar estos datos, que no aparecen en ninguna de las fuentes que he consultado, por lo que únicamente dependo de este testimonio oral que no puedo corroborar.

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