Los Santos que navegaron sobre su manto (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Grabado contemporáneo de San Raimundo de Peñafort cruzando el mar sobre su manto.

Grabado contemporáneo de San Raimundo de Peñafort cruzando el mar sobre su manto.

San Raimundo de Peñafort (1175–1275)
Martirologio Romano, 7 de enero: San Raimundo de Peñafort, sacerdote de la Orden de Predicadores: insigne conocedor del derecho canónico, escribió recta y fructuosamente sobre el sacramento de la penitencia y, elegido maestro general, preparó una nueva redacción de las Constituciones de la Orden; en vejez avanzada, en Barcelona, España, se durmió piadosamente en el Señor.

En su biografía se relata el milagro de la travesía sobre su manto. Raimundo, celoso predicador, trabajó por la supresión de las herejías en España y en Cataluña, con la asistencia de Jaime I, que a menudo recurrió a su ministerio y a su consejo. Un día, quiso que el Santo lo acompañara a la isla de Mallorca, donde los judíos, expulsados ​​de la península, estaban refugiados. Tratándose de la salvación de las almas, Raimundo no supo decir que no, pero tan pronto como se dio cuenta de la treta del rey, con audacia, propuso dar la vuelta, decidiendo retornar a Barcelona, pensando tener cierta complicidad por su estancia en la corte. Pero Jaime I había prohibido a todas las naves que lo llevaran a bordo, por lo que él puso su manto en el mar, subió, y en seis horas realizó las ciento sesenta millas que lo separaban de su convento, en el que entró, cerrando las puertas.

Beato Conrado Confalonieri de Noto (1290-1351)
Martirologio Romano, 19 de febrero: En Noto de Sicilia, el beato Conrado Confalonieri de Piacenza, eremita de la Tercera Orden de San Francisco que, dejando de lado las diversiones mundanas, practicó durante cerca de cuarenta años un estricto modo de vida, con oración continua y asidua penitencia.

En un manuscrito maltés de finales del siglo XVII, un sacerdote jesuita aportó una bella y estimulante información hagiográfica; esta también fue narrada en el año 1657 en las “Animadversione in Vitam Divi Conradi”, texto incluido en el libro de Gaetani, que fue publicado en Palermo, en su “Vitae Sanctorum Siculorum”.

Aparte de narrar la permanencia en Malta de San Conrado, narra también cómo el Santo, después de haber tenido algunas discusiones con los toscos habitantes de Casal Mosta en Malta, dejó aquel lugar. San Conrado se alejó de Malta viajando por el mar sobre su capa de peregrino y penitente y así llegó a Sicilia.

Pintura contemporánea de San Miro, eremita de Canzo, navegando sobre su manto en el lago.

Pintura contemporánea de San Miro, eremita de Canzo, navegando sobre su manto en el lago.

San Miro de Canzo (1306 ca. –1381)
San Miro nació en Canzo en el 1253 (algunos dicen que en el 1306 o 1336?) siendo, Erasmo Paredi y Drusilla (o Drusina), los padres piadosos que tuvieron el don de un hijo en su vejez, al que llamaron “Miro”, tal vez para expresar la maravilla de aquel gran regalo. San Miro primero quedó huérfano de madre y luego de padre, distribuyendo todo lo que poseía entre los pobres y comenzando a llevar una vida eremítica bajo la dirección de un maestro, primero en Canzo y luego en Sorico, en la diócesis y provincia de Como, en la Rivera del Lario. Algunos eruditos creen que perteneció a la Tercera Orden Franciscana, pero otros niegan esta pertenencia.

San Miro, con treinta y dos años, después de la muerte de su maestro y guiado el mismo por un sueño, inició un largo peregrinaje por todos los lugares santos, retornando después a su lugar de origen, donde se retiró como ermitaño en el lugar donde hoy se asienta el eremo a él dedicado, en el valle del torrente Ravella. Allí vivió en continuo ayuno y oración. Para consolarlo y sostenerlo en su vocación, se le apareció la Madre de Dios. Su lecho era la desnuda tierra, comía los frutos que daba el bosque y bebía en una fuente que surgió de las rocas gracias a sus oraciones.

Se dice que antes de partir a Canzo Sorico, donde murió, tuvo un discurso de despedida a sus compatriotas; así es como nos contó Tam: “Esto es lo que vuestro Miro empezó aquí hace años, peregrinó a los lugares santos, y al retorno no fue reconocido por vosotros. Ahora, ya que debe abandonaros para siempre, pido al Señor que, en reconocimiento de lo bueno que hemos hecho a los pobres, traiga un poco de gracia. Decid qué gracia queréis”. Sin embargo dice Tam que oyó la voz de una niña que gritaba entre la multitud “¡Agua, agua! .. Y el agua se obtendrá, dijo Miro”. Este episodio hizo que se eligiera a San Miro como santo a quien invocar para obtener el agua o como protector en relación con los desastres producidos por el agua. Incluso hoy en día Cazzago Brabbia (VA) lo invocan contra la sequía.

Así que San Miro, viendo que le venía la muerte, desde Canzo marchó a Onno y posteriormente, a Mandello cruzando el lago y usando su capa como barca. Finalmente llegó a Sorico donde murió, con cuarenta y cinco años en el 1308 (o 1381?) – el 11 de mayo, según algunos – siendo enterrado en la iglesia de San Miguel (ahora llamada San Miro), situada en una colina cercana.

La primera “Vita” en italiano parece ser la traducción de un texto latino anterior que se ha perdido. En el santuario de San Miro al Monte – en Canzo – la vida del santo ermitaño está completamente ilustrada en los frescos que lo decoran. El santo es a menudo representado con un traje gris como un ermitaño o peregrino.

El 10 de septiembre del 1452 se hizo el reconocimiento de las reliquias, posteriormente realizado también en el 1837 y en el 1932. La fiesta liturgica se celebraba o ahora se celebra, el segundo viernes de mayo, mientras que el padre Tatti, de la Congregación de los Padres Somascos, en su “Martyrologium Novocomiensis” lo colocó el 10 de mayo; es recordado también el 21 de mayo, probable fecha de uno de los reconocimientos.

Junto a Sorico (santuario de San Miro) está la parrocchia de Canzo donde se guardan sus santas reliquias. San Miro, a pesar de que históricamente existió y aunque tiene un culto secular, no está inscrito en el Martirologio Romano: ¿es un olvido?

San Francisco de Paula, acompañado de dos discípulos, navega sobre su manto hacia Milazzo.

San Francisco de Paula, acompañado de dos discípulos, navega sobre su manto hacia Milazzo.

San Francisco de Paula (1416 – 1507)
Martirologio Romano, 2 de abril: San Francisco de Paula, eremita: fundó en Calabria la Orden de los Minimos, ordenando a sus discípulos vivir de las limosnas, sin poseer nada como propio y sin tocar el dinero, comiendo siempre como se come en Cuaresma. Llamado a Francia por el rey Luís XI, le llegó la hora de su muerte, muriendo en Plessy, cerca de Tours, célebre por su austeridad de vida.

Muchos son los milagros atriuidos al santo de Paula, pero el más conocido es el atravesar el mar que separa Calabria de Sicilia, usando su manto como barca y su bastón como vela. Este hecho es narrado por diversos escritores. San Francisco de encontraba en Catona (RC) junto con sus compañeros, con la intención de llegar a Sicilia. Pidió al propietario de una embarcación, que estaba para hacerse a la mar hacia Mesina, que lo ayudara pero como respuesta recibió que sin dinero, no se embarcaba nadie. Francisco, ante el estupor de todos, se quitó el manto, lo extendió sobre el mar y sobre él, navegó hasta Sicilia. En ese momento, el chico de la nave, aun más asombrado, embarcó a todos los compañeros de Francisco, siguiéndolo inútilmente. Francisco llegó el primero a las cercanías de Messina, aunque según otras fuentes, se dice que desembarcó en Milazzo.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II apendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Cantù Ignazio – Guida pei monti della Brianza e per le terre circonvicine (1837)
* Grenci Damiano Marco – Archivo iconográfico y hagiográfico privado: 1977 – 2013
* Grenci Damiano Marco – Quaderno 138, I Santi di Canzo – Ed. D. M. G., 2012
* Malvicini Fulvio A. in www.templarisanbernardo.org
* Pettinei Guido, I Santi canonizzati del giorno, vol. 1, ed. Segno, Udine, 1991
* “Santi, santità e santini di Calabria”, Cosenza, Progetto 2000, 2011
* sito web eremosantalberto.it
* sito web madonnadellaconsolazione.com
* sito web treccani.it
* sito web web.tiscali.it/gesualdodareggiocal/
* Tam Giovanni – Santi e Beati in Valtellina. Biografías populares. Memorias históricas. Tradiciones – Scuola Tip. Casa Divina Provvidenza, Como 1923
* Tradigo Alfredo – Iconos y santos de Oriente – Electa 2004

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Francisco de Paula, fundador de la Orden de los Mínimos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Escultura marmórea del Santo en la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Nació en Paola (Cosenza) en la región de Calabria, al sur de Italia, el día 27 de marzo del año 1416. Sus padres eran Santiago Alejo, el “Martolilla” y Vienna de Fuscaldo, muy modestos, pero muy religiosos. Ambos eran muy mayores y atribuyeron el nacimiento de su hijo a la intercesión de San Francisco de Asís y es por eso por lo que le llamaron Francisco. Como era lógico, lo educaron cristianamente.

De acuerdo con una promesa que hicieron cuando el niño nació, con doce años lo llevaron al convento de los Frailes Menores Conventuales de San Marco Argentano (Cosenza) para que durante un año estuviese al servicio de la comunidad. La estancia de Francisco en el convento le hizo madurar espiritualmente, manifestando su inclinación a la oración y a las obras de piedad. Sus biógrafos resaltan sus primeras manifestaciones sobrenaturales durante su estancia en el convento, las mismas que harán de él un auténtico taumaturgo del siglo XV. Por ejemplo, cuentan que estando en misa en la iglesia al mismo tiempo estaba preparando la mesa del refectorio del convento (bilocación);  en otra ocasión puso a cocer unas legumbres en una olla y se fue a rezar a la Iglesia, entró en éxtasis, el fuego quemó la olla, pero las legumbres no se estropearon; y en otra, teniendo que poner unos carbones encendidos en un incensario, fue a la cocina a coger el fuego, lo llevó en su túnica y esta no salió ardiendo. Y cuentan muchísimas más anécdotas. Ante todo esto, los frailes no querían que se fuera cuando pasó el año de servicio, pero él pensando que Dios lo quería para otros menesteres, se marchó a su casa. Sin embargo, era tal la fama que tenía en el convento que el propio obispo don Luís Imbriaco, fue al convento para conocerlo personalmente y conversar con él antes de que marchara a casa.

En el año 1429 fue con sus padres en peregrinación a Asís, pasando por Montecassino, Loreto, Monteluco y Roma. Allí en Roma se turbó profundamente al encontrarse por las calles con un lujoso cortejo se cardenales, montados en carrozas tapizadas de terciopelo y escoltados por sirvientes vestidos de librea. Tanto le impresionó, que se acercó a las carrozas y le dijo a uno de los cardenales que aquello era contrario al evangelio y que si no se acordaban de Jesús montado en un borrico. Aunque el cardenal Julián Casarini se justificó, él no quedó convencido y este episodio lo hizo reflexionar e influyó poderosamente en su futuro. Al volver a su pueblo, con apenas trece años, abandonó a sus padres y se retiró a un campo de la familia para hacer vida de eremita. Su modo de vida era similar a la de los antiguos anacoretas de la zona de Mercurión, al norte de su pueblo: oración, ayuno continuo, mortificaciones corporales, trabajo y vida contemplativa y así estuvo hasta que cumplió los diecinueve años.

El Santo, protector de paralíticos, leprosos y ciegos. Óleo de Peter Paul Rubens (s.XVII).

Pronto se le acercaron otras personas que querían llevar su mismo modo de vida y así se formó una primera comunidad de doce miembros que empezaron a llamarse “Ermitaños de Fray Francisco”. Con el consentimiento del obispo de Cosenza, construyeron celdas individuales para cada uno y una iglesia, a la que posteriormente, le añadieron un claustro. Aquel complejo se constituyó en Casa Madre o proto-convento del nuevo Instituto, que cogió el método de vida de las órdenes mendicantes. Cuando murió su madre en el año 1450, su propio padre entró a formar parte de la nueva comunidad fundada por su hijo y allí estuvo hasta su muerte.

Como los locales se les quedaban pequeños, tuvieron que construir otros más grandes y se cuenta que durante la construcción, por la celeridad de las obras se demostraron algunos hechos milagrosos. De hecho, hoy en día a este primer convento se le conoce como “el convento de los milagros”. Y se cuenta que los mismos milagros ocurrieron  durante la construcción de los conventos de Paternò, Corigliano y Spezzano della Sila. Su fama de taumaturgo se extendía por toda Italia, ya que curaba paralíticos, leprosos, ciegos y hasta llegó a resucitar a su sobrino Nicolás, hijo de su hermana Brígida.

Denunciaba la malversación de los bienes que hacían algunos poderosos, iba por los pueblos pidiendo justicia para los pobres, los ayudaba a todos, a los trabajadores, a los que eran explotados, a los perseguidos, a todos. Escribió algunas cartas a un benefactor suyo, Simón Alimena de Montalvo, manifestándole sus sentimientos ante la triste situación social de las gentes de los pueblos. O sea, en el siglo XV, se mostró muy preocupado por las cuestiones sociales. Llegó a levantar su voz contra el mismísimo rey de Nápoles, Ferrante de Aragón. Este intentó hacerlo callar, primero por las buenas, pero después a la fuerza. Le amenazó con destruir los conventos de la Orden con el pretexto de que no tenían la preceptiva autorización real y así, envió a sus soldados a Paola para asediar el proto-convento y coger a Francisco como prisionero. El se escapó de forma milagrosa, volviéndose invisible mientras rezaba en la iglesia. Los soldados se volvieron a Nápoles, le contaron al rey lo que había ocurrido y se dieron por vencidos ante el sentimiento de veneración que todos sentían por Francisco.

Milagro del paso del estrecho de Messina. Boceto de escuela italiana (s.XVII).

Como la fama de Francisco se extendía, llegó hasta Sicilia y lo invitaron a fundar un convento en Milazzo. El consintió e inició el viaje en el año 1464. Llegaron a Catona, en la costa de Calabria y le dijeron a un barquero llamado Pedro Colosa, que por amor de Dios lo llevara a Sicilia. El barquero se negó y él extendió su manto sobre las aguas del mar, con un extremo del manto amarrado a su bastón, haciendo como una vela, se montaron encina y atravesaron el mar, desembarcando en Messina. No es leyenda; esto fue visto por muchísima gente, entre ellos el barquero y su hijo y se propagó por toda Italia. Este milagro se ha representado en multitud de pinturas.

Al volver de Sicilia le esperaba una noticia: el Papa Pablo II, informado de su vida y de sus milagros, hizo abrir una investigación encargándosela, a un prelado de su confianza, el genovés Jerónimo Adorno, el cual fue a Paola para hablar directamente con Francisco. Cuando se encontraron, el obispo hizo el gesto de besarle la mano, pero Francisco le dijo: “Por caridad, Monseñor, soy yo quién debo besar las suyas consagradas hace treinta y tres años”. Esta respuesta maravilló al obispo y exhortó al santo a mitigar el rigor de la Regla. El le dijo: “No tema, Monseñor, a quien ama y sirve a Dios con corazón sincero, todo le será posible. Toda criatura ha de ser dócil en cumplir la voluntad del Creador”. La investigación fue favorable a Francisco, pero el Papa murió en el 1471 y no tuvo tiempo de aprobar canónicamente la Regla, que fue aprobada por el arzobispo Pirro Caracciolo con una Bula de 1471 llamando a la Orden “Congregación de los Hermanos Ermitaños de Francisco de Paola”. El nuevo Papa, Sixto IV, antes de aprobar la Orden ordenó una nueva investigación, que llevó a cabo el obispo Godofredo de Castro. El juicio fue favorable al santo y la Regla fue solemnemente aprobada con un Breve de la Sede Apostólica del 27 de mayo de 1474.

La fama de santidad llegó a Francia, donde el rey Luís XI, en el lecho de muerte expiaba su forma desordenada de gobernar. Lo llamó para conseguir que el santo lo curase, cosa que no conseguían los médicos de la Corte. Envió a Paola a su mayordomo Guynot de Bussières, con regalos, para convencerle. El los rechazó. El rey de Francia recurrió al rey de Nápoles e incluso al Papa Sixto IV para que enviara a Francisco a Francia. El Papa se lo ordenó y Francisco, agachando humildemente la cabeza, y partió de viaje. El viaje fue largo y durante el mismo se multiplicaron los milagros de Francisco. Al llegar a Roma (Paola está al Sur de Italia) el Papa lo acogió calurosamente y le propuso ordenarlo sacerdote. El rehusó con humildad y se contentó con que el Papa lo autorizara a bendecir los objetos piadosos. Siguió viaje a Francia. Liberó a Bormes y Fréjus de una terrible epidemia. El rey Luís XI lo acogió cordialmente e hizo todo lo posible por ayudarle a extender su Orden por Francia. El no lo curó pero si consiguió que tuviera una buena muerte, que reparase muchas de las cosas mal hechas y que resolviera algunas cuestiones que tenía pendientes con la Santa Sede.

Visión del Santo. Óleo de Bartolomé Esteban Murillo (s. XVII).

Cuando el rey murió, él quiso retornar a Paola pero el nuevo rey se opuso. Era Carlos VIII de Francia, quién consiguió que el Papa Inocencio VIII confirmase de nuevo la Orden el 21 de mayo de 1485. En Francia fue muy admirado: por el médico Felipe de Commynes (autor de las famosas “Memorias”), por muchos profesores de la Universidad de la Sorbona, por el padre Francisco Bidet (que fue su sucesor al frente de la Orden), por Santa Juana de Valois, etc.

Durante su larga permanencia en Francia perfeccionó la Regla, que tuvo la aprobación del Papa Alejandro VI con la Bula “Meritis religiosae vitae” de 26 de febrero de 1493; es en esta Bula donde se cambia el nombre de “menores” por “mínimos”. Fundó también la rama femenina de la Orden e incluso la Orden Tercera para los seglares. Las respectivas reglas fueron aprobadas por el Papa Julio II el 28 de julio de 1506.
En su Orden, además de los votos de pobreza, castidad y obediencia, se hacía un cuarto voto: el de “Cuaresma perpetua”, por el cual los frailes y las monjas mínimos tenían la obligación de observar un régimen de vida de Cuaresma durante todos los días del año.

Francisco murió el día 2 de abril del año 1507 en Plessis-les-Tours y allí fue sepultado. Tenía noventa y un años de edad. Era Viernes Santo, cerca de las diez de la mañana y en el momento de su muerte, seguía el canto de la Pasión, expirando cuando se cantaba” et inclinato capite, tradidit spiritum”; “e inclinando la cabeza, entregó su espíritu”. Es uno de los santos más representativos del siglo XV. Era humilde, penitente, hombre de fe y de vida espiritual muy intensa, querido por el pueblo y reverenciado por los Papas, los reyes y los poderosos del mundo. No era sabio; algunos, sin fundamento, han dicho que era analfabeto, que no sabía ni leer ni escribir.  Lo que desde luego conocía a la perfección era la ciencia de la santidad y sabía argumentar, convencer y penetrar en los corazones de todos, incluso de los teólogos.

Su espiritualidad era muy parecida a la de San Francisco de Asís: humildad y pobreza, intenso amor a Dios y a todas las criaturas, caridad sin límites con el prójimo, profundo espíritu de oración y una tierna devoción al Crucifijo, a la Eucaristía y a la Virgen. Hay una característica que lo diferencia de San Francisco de Asís: su espíritu de mortificación fue juzgado como excesivo. En esto, San Francisco de Asís era más equilibrado, más moderado.

Cráneo del Santo, venerado en Piane Crati, Cosenza (Italia).

La historia de la Orden de los Mínimos confirma que aquel género de vida confiere a la salud física y espiritual un sello de longevidad; eso lo sabemos, ser vegetariano es bueno para la salud. En esta Orden son muchísimos, la inmensa mayoría de los frailes mueren muy viejos y nunca se han planteado la necesidad de relajar, de hacer más llevaderas las normas impuestas por el fundador.

El proceso de beatificación se inició muy pronto después de su muerte. La beatificación tuvo lugar el día 7 de julio de 1513 (seis años después de su muerte) y fue canonizado el día 1 de mayo de 1519 por el Papa León X (solo doce años después de su muerte). Inmediatamente se erigieron numerosas iglesias en su honor en Italia, Francia y España. El Venerable Papa Pío XII, con el Breve “Quod sanctorum patronatus”, de fecha 27 de marzo de 1943, recordando el milagro del paso del mar, lo proclamó patrono de los marineros italianos.

Reliquias del Santo veneradas en Paola, Cosenza (Italia).

Como he dicho anteriormente, murió y fue enterrado en Plessis-les-Tours, pero en el año 1562 los hugonotes asaltaron el convento, violaron la tumba y quemaron su cuerpo con la leña de un Crucifijo. Se recogieron pequeños fragmentos que se conservan y veneran el Paola (Cosenza). Su fiesta se conmemora el día 2 de abril.

Ha sido pintado por Zurbarán, Velázquez, Murillo, Lucas Giordano, Julio Romano, Goya, Rubens, José Ribera, Bernardo Castello, Giacomo Farelli y muchísimos otros pintores más. Y lo han pintado vestido con un sayo de lana y capucha, unas veces barbudo y otras veces imberbe. Se le representa con la leyenda “Caritas” rodeada de rayos, que casi siempre se sitúa sobre él, en el puesto iconográficamente reservado a la Divinidad. Otras veces, esta leyenda se le pone en el pecho, o como si fuera un cartel a su lado e incluso sobre el libro de la Regla de la Orden, cuando él la lleva en las manos. El milagro del paso del estrecho de Messina lo han pintado Velázquez, Mattia Preti, Rubens y otros.

Procesión con las reliquias del Santo en Vaccarizzo Albanese, Cosenza (Italia).

Para redactar este artículo me he basado en los “Códigos autógrafos de los procesos de Cosenza y Tous para la canonización”, que fueron publicados en Roma en el año 1964, en “Las crónicas generales de la Orden de los Minimos”, en las Bulas de beatificación y de canonización (ambas de León X) y en alguna otra obra.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es