Reglamento de vida de San Gerardo María Maiela

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Ilustración contemporánea del Santo en la contraportada del cómic "Vidas Ejemplares", número dedicado a él.

Hemos leído la biografía de San Gerardo María Maiela, presentamos una parte de su reglamento de Vida escrito por obediencia al padre Pablo Cáfaro C. SS. R.

Reglamento de Vida (de San Gerardo Ma. Maiela):
La Divina Gracia sea siempre en nuestros corazones y María Santísima nos la conserve. Amén.
Padre Mío: Su Reverencia quiere saber todas las mortificaciones que yo hago, y las quiere por escrito, junto con otras aspiraciones, sentimientos, propósitos y la ultima explicación del voto ya hecho. Heme aquí, dispuesto a dar cuenta de todo. No solo de las cosas externas, sino también del interior, para unirme más con Dios y caminar más seguramente hacia mi eterna salvación.

Mortificaciones de cada día:
Una disciplina. Y cilicio, de un palmo menos tres dedos, de ancho, por dos palmos de largo, para la pierna. Un corazón de hierro con puntas de hierro.
Al levantarme y al acostarme nueve cruces con la lengua por tierra. Seis avemarías con el rostro en tierra por la mañana y por la noche.
En el almuerzo y en la cena echar hierbas amargas en algún plato. Tres veces al día masticar ajenjo u otra hierba amarga.
El miércoles, viernes y sábado y todas la vigilias de solemnidades comer arrodillado y dejar la fruta. El viernes por la mañana comer solo dos cosas y, por la noche, una. El sábado, pan y agua.
Miércoles, viernes y sábado dormir con una cadenilla en la frente y con el cilicio en la pierna. Tenderme sobre un cilicio de un palmo de ancho y tres de largo, que me servirá de cinturón en los mismos días.
Cada ocho días una disciplina hasta la sangre.
En todas las novenas de Jesucristo, la Virgen y otros santos ejercitar las mencionadas mortificaciones, añadiendo cada día una flagelación y otras penitencias extraordinarias que pediré a su Reverencia.

Aspiraciones:
Unido siempre a Dios.
Hacerlo todo por Dios.
Amar todo por Dios.
Conformarme siempre a su Santa Voluntad.
Sufrir mucho por Dios.

San Gerardo intercesor. Ilustración contemporánea.

Sentimientos más vivos del corazón.
Una vez tengo la hermosa fortuna de hacerme santo y si la desperdicio, la pierdo para siempre.
Y si una vez tengo la suerte de hacerme santo…
Porque, ¿qué me falta para hacerme santo? Tengo todas las ocasiones favorables para ser santo.
Animo, pues, que me quiero hacer santo.
¡Oh cuánto importa el hacerme santo! Señor ¡que locura la mía!
¿Me he de hacer santo a costa de otros? Y después me quejo: Hermano Gerardo, resuélvete a darte totalmente a Dios. Desde ahora se mas sensato y piensa que no te harás santo estando solo en continua oración y contemplación.
La mejor oración es estar como Dios quiere. Quebrarse ante la Voluntad Divina, es decir, en continuos trabajos por Dios. Esto es lo que Dios quiere de ti.
No dejarte someter por tus gustos o los del mundo. Basta, en lo que se hace, tener siempre presente a Dios y estar siempre en Dios.
Verdaderamente todo, si se hace por Dios solo, todo es oración.
Algunos tienen la preocupación de hacer esto o aquello. Yo solo tengo la preocupación de hacer la Voluntad de Dios.
Ninguna pena es pena cuando se la acepta seriamente.
El día 21 de septiembre de 1752 me hice mas consiente de esta máxima: si hubiera muerto diez años atrás, ahora no buscaría nada, no pretendería nada.
Quiero actuar en este mundo como si solo fuéramos yo y Dios.
Algunos me dicen que me burlo del mundo. Oh Dios ¿Qué habría de extraño en que me riera del mundo? ¡Lo grave fuera que me burlara de Dios!

Reflexión.
Si me pierdo, pierdo a Dios. Y ¿Qué me queda por perder si he perdido a Dios? Señor, haz que en mi se avive especialmente la fe en el Santísimo Sacramento.

Propósitos.
Señor mío Jesucristo, heme aquí con papel y pluma para escribir y prometer a tu Divina Majestad los siguientes propósitos, que ya había hecho y que ahora en razón de Santa Obediencia de nuevo lo confirmo. Ojala sea de tu agrado el que cuanto estoy renovando lo pueda cumplir plenamente. A que no me puedo fiar en mis fuerzas y por eso no me atrevo a prometer. Confío únicamente en tu inmensa bondad y misericordia, por que eres Dios infinito y no puedes fallar a las promesas.
Ea pues, Bondad Infinita, que si en lo pasado que si en lo pasado ha habido algún incumplimiento, ha sido culpa mía. Pero de ahora en adelante quiero que actúes Tú en mí. Sí, Señor, haz que los cumpla puntualmente. Porque es cierto que de tu fuente infinita lo espero todo. Amen.

Imagen de Nuestra Señora de Mater Domini, devoción personal del Santo. Santuario de Mater Domini, Laterza (Italia).

Examen de mí escondido interior
Elijo al Espíritu Santo como único consolador mío y protector en todo. Él sea mi abogado y vencedor en todas mis causas. Amen.
Y tú, única alegría mía, Inmaculada Virgen María, espero que seas mi segunda protectora y consoladora en todo lo que me ha de suceder. Y que en relación a estos mis propósitos seas siempre la única abogada mía ante Dios.
Invito también a todos ustedes, Espíritus Bienaventurados, a asistirme como mis queridos intercesores ante nuestro universal Creador. Todo esto lo escribo en su presencia, a fin de que ustedes desde el cielo, habiéndole leído y releído, se interesen ante la Divina Majestad para ayudarme a cumplirlo plenamente. Que sean eficaces sus ruegos.
¡Animo! Así me obligo y prometo al Dios Altísimo y a María Santísima y a todos ustedes. Y que particularmente me asistan Santa Teresa, Santa María Magdalena de Pazzi, Santa Catalina de Siena y Santa Inés.
Cada 15 días hare un examen de conciencia, para ver si he faltado en algo que le he escrito.
Ay de mi, Gerardo ¿Qué haces? Sabes que un día se te echara en cara este texto. Por eso piensa bien y obsérvalo todo.
Pero, ¿Quién eres tú, que me haces tal reproche? Si, eso es verdad. Pero tú ignoras que yo no me he fiado de mi mismo y ni ahora ni nunca me fiare. Conozco bien mis miserias y por eso me espanta el poner la confianza en mi mismo. Si no fuera así, ya hubiera perdido la cabeza.
Por eso confío y espero solo en Dios, pues en sus manos he colocado toda mi vida para que Él haga lo que desee. Estoy, pues, en vida, pero sin vida, por que mi vida es Dios.
Confió solamente en Dios y solo de Él espero ayuda para cumplir verdaderamente cuanto aquí prometo. Vivan Jesús y María.

Recuerdos.
1. Mi querido Dios, único amor mío, hoy y para siempre me resigno a Tu Santa Voluntad. En todas las tentaciones y tribulaciones diré: “que se haga su Santa Voluntad”. Todo lo aceptare en lo íntimo de mi corazón y alzando los ojos al cielo adorare tus divinas manos que dejan caer sobre mi las perlas preciosas de tu Divino Querer.
2. Señor mío Jesucristo, hare cuanto la Santa Madre Iglesia Católica me manda.
3. Dios mío, por tu amor obedeceré a mis superiores como si mirara y obedeciera tu divina persona. Seré como si ya no fuera mío, para identificarme con lo que eres en la inteligencia y la voluntad de quien me manda.
4. Seré muy pobre en cuanto a gustos de mi propia voluntad y rico en toda miseria.
5. Entre todas las virtudes que te agradan, Dios mío, la que más me gusta es la pureza y la claridad en Dios. Oh infinita pureza, espero que me has de librar del mas mínimo pensamiento impuro, en el que yo, miserable, puedo caer en este mundo.
6. No hablare sino con estas tres condiciones:
que lo que debo decir sea para la verdadera gloria de Dios,
para el bien del prójimo;
• por alguna necesidad mía.
7. En las recreaciones no tomare la palabra si no es por que se me pregunta o por alguna de las condiciones antedichas.
8. A toda palabra que quisiera decir, de la que no se sacara gusto de Dios, añadiré una jaculatoria: “Jesús mío, yo te amo con todo el corazón”.

Detalle de la imagen yacente peregrina del Santo, con relicario incrustado en el pecho. Septiembre 2007.

9. Nunca hablare bien o mal de mí mismo, si no que hare como si no existiera en este mundo.
10. Jamás me excusare, aunque yo tuviera la razón; basta que en lo que se me diga no haya ofensa a Dios o daño al prójimo.
11. Seré enemigo de todo trato especial.
12. No responderé nunca a quien me reprende, a no ser que sea interrogado.
13. Nunca acusare o diré defectos de otros, ni siquiera por chiste.
14. Defenderé siempre a mi prójimo y veré en él a la persona de Jesucristo cuando era inocentemente acusado por los judíos. Esto lo hare especialmente cuando las personas criticadas están ausentes.
15. Corregiré a cada uno, aunque fuera al mismo padre Rector Mayor, cuando hable mal del prójimo.
16. Me esforzare por evitar toda ocasión de de hacer impacientarse a mi prójimo.
17. Cuando sepa de algún defecto de mi prójimo procurare corregirlo, no ante otros, sino en privado, entre nosotros dos, con toda la caridad y en voz baja.
18. Cuando descubra que algún padre o un hermano necesitan algo lo dejare todo para ayudarle, a no ser que haya un orden en contra.
19. Visitare varias veces al día a los enfermos siempre que me sea permitido.
20. No me meteré en los oficios de los otros, ni siquiera para decir: aquél no ha hecho bien esto, etc.
21. En todos los oficios en los que me coloquen como ayudante obedeceré atentamente al encargado, sin replicar. Ante una orden no me atreveré a decir que esto o aquello no va bien, no me gusta. Sin embargo, en las cosas en las que yo tenga alguna experiencia y vea que no va bien, diré lo que me parece pero sin dármelas de maestro.
22. En todos los asuntos en los que deba trabajar con otros, aunque sean cosas pequeñas y simples, como barrer, cargar objetos, etc., sea mi norma el no tomar nunca el mejor puesto, lo más cómodo, el instrumento mas apropiado para ese trabajo. Daré lo mejor a los otros contentándome en Dios con los que reste. Así estarán contentos los demás y yo también.
23. No me ofreceré por mi cuenta para algún oficio o para otra cosa: esperare a que me sea ordenado.
24. Durante las comidas no estaré mirando para un lado y para otro, sino solo por el bien de mi prójimo a causa del oficio que desempeño.
25. Tomaré el plato que se me ponga más cercano, sin escoger.
26. Cuando sienta rebeldía por dentro tratare de no estallar inmediatamente. Así haré ante quien me regaña o me acusa. Esperare a que pase la amargura, de modo que reaccione con dulzura.

Vidriera del Santo, obra de la casa Maumejean (1916). Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Granada (España).

27. Decisión definitiva de darme totalmente a Dios. Por eso tendré presentes estas tres palabras: sordo, ciego y mudo.
28. No usare este lenguaje; quiero, no quiero, quisiera no quisiera. Solo deseo que en mi, oh Dios, se hagan realidad tus propósitos y no los míos.
29. Para hacer lo que Dios quiere no se puede hacer lo que yo quiero. Si, yo solo quiero a Dios. Y si solamente quiero a Dios, es necesario que me desapegue de todo lo que no es Dios.
30. No me preocupare por buscar cosas para mi comodidad.
31. En los momentos de silencio me dedicare a reflexionar sobre la Pasión y Muerte de Jesucristo y sobre los Dolores de María.
32. Mis continuas oraciones, comuniones, etc., ofrecidas a Dios junto a la Preciosa Sangre de Jesucristo, sean siempre a favor de los pobres pecadores.
33. Cuando sepa o se me cuente que alguna persona esta bajo prueba de la Divina Voluntad pero no logra aceptar el sufrimiento y pide ayuda, yo rogare a Dios por ella; ofreceré todo lo que haga en tres días seguidos para que obtenga del señor la santa uniformidad con el Querer Divino.
34. Al recibir la bendición del superior, considerare que la he recibido de la persona misma de Jesucristo.
35. No pediré nunca la Santa Comunión por la tarde, fuera de la Misa, a no ser por grande necesidad, si no que la pediré cuando me corresponde comulgar, para que siempre este preparado. Si me fuera negada, hare una comunión espiritual particular en el momento en el que el sacerdote comulga.
36. La acción de gracias sea desde ese momento hasta el mediodía. Y desde el mediodía hasta el anochecer la preparación para comulgar.
37. Practica para la Visita del Santísimo Sacramento: Señor mío, yo creo que estas en el Santísimo Sacramento y te adoro con todo mi corazón. Y en esta visita quiero adorarte en todos los lugares de la tierra donde estas presente de un modo sacramentado. Y te ofrezco toda tu Preciosa Sangre por todos los pobres pecadores, con la intención de recibirte ahora espiritualmente tantas veces como lugares en los que estas presente.
38. Practica para los actos de Amor: Dios mío, deseo amarte con todos los actos de amor que te ha hecho María Santísima y todos los Espíritus Bienaventurados desde el principio. Y con el amor de todos los fieles de la tierra, unido al amor mismo de Jesucristo hacia el Padre y a todos sus amados, multiplicando cada vez esos actos . Y también a María Santísima.
39. De hoy en adelante tratare a los sacerdotes con todo el respeto posible, como si fuera la misma persona de Cristo, aunque no lo sean, y haciendo atención a su gran dignidad.

El Santo levita ante una multitud. Lienzo decimonónico.

Voto de lo más perfecto.
Explicación del conocido voto de hacer lo más perfecto, es decir, aquello que me parece más perfecto a los ojos de Dios. Se extiende a todas las obras grandes y pequeñas, que deberé hacer con mayor mortificación y perfección que considere ante Dios. Se entiende que he de tener un permiso general de su reverencia, a fin de proceder con seguridad.

Reservas de este voto:
1. Todas las cosas que haga distraídamente y sin preocuparme mucho y que serian contra dicho voto quedan fuera de ese voto.
2. No se incluye el pedir permisos. Si me encuentro fuera de casa puedo solicitar permisos a quien sea, para evitar toda confusión o escrúpulo, que me paralizarían en la acción. Puedo pedir permiso al padre confesor de dispensarme de este voto y el lo puede dispensar todas las veces que quiera.

Devociones a la Santísima Trinidad.
Prometo hacerte siempre esta pequeña devoción, es decir, ofrecer un “Gloria al Padre”, cada vez que vea cruces o imágenes de alguna de las Tres Divinas Personas, y cada vez que se sienta nombrar o al empezar y terminar una acción.

A María Santísima.
Del mismo modo con María Santísima: cada vez que vea a una mujer rezare un Avemaría a su pureza.

A los Santos Protectores.
San Miguel Arcángel y todos los Espíritus Bienaventurados. San Joaquín, Santa Ana, San Juan Bautista, Santa Isabel, San Juan Evangelista, el santo del día, los santos protectores del año y del mes. El santo del día de mi nacimiento y el santo del día en que he de morir. San Francisco Javier, Santa Teresa, Santa María Magdalena de Pazzi, San Felipe Neri, San Nicolás de Bari, San Vicente Ferrer, San Antonio de Padua, San Agustín, San Bernardo, San Buenaventura, Santo Tomas de Aquino, San Francisco de Asís, San Francisco de Sales, San Francisco de Paula. San Félix Capuchino, San Pascual, San Vito, San Luis Gonzaga, Santa Catalina de Siena, Santa María Magdalena, Santa Inés. San Pedro y San Pablo, Santiago y la Venerable Sor María Crucificada.

Imagen del Santo venerada en la iglesia de Santa Brígida, Nápoles (Italia).

Antes y después de las comida.
Decir tres “Gloria al Padre” a la Santísima Trinidad y tres Avemarías a María Santísima.
Al partir el pan, a cada pedazo un “Gloria al Padre”. Al beber el vino, otro gloria. Al beber agua, un Avemaría. Y lo mismo cada vez que suene el reloj.

Afectos.
Oh Dios mío, ojala pudiera convertir tantos pecadores como la arena del mar y de la tierra, como hojas de los arboles y de los campos. Como átomos del aire, estrellas del cielo, rayos del sol y de la luna y criaturas todas de la tierra.
Al levantarme y acostarme hare los acostumbrados actos de acción de gracias a la comunidad.
Por las tarde y por la mañana, antes de la comunión, del almuerzo y de las vísperas, hare el examen de conciencia con el acto de arrepentimiento.
Vivan Jesús y María, y los santos Miguel y Teresa, María Magdalena de Pazzi y Luis. Amen.

Tacho de Sta. María

Bibliografía:
-Taller de Profundización: Espiritualidad Misionera Redentorista, Cap. 16, Julio de 2000. San Luis Potosí, S.L.P. México.
Los Escritos y la Espiritualidad de San Gerardo Maiela, Espiritualidad Redentorista, Vol. 6., Jean Marie Sègalen, Roma, Italia 1994.

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San Gerardo Maiela, redentorista

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Ilustración contemporánea del Santo.

Existen dos fuentes para conocer la verdadera historia del santo y son dos biografías escritas a mano. La primera es un documento de veintidós páginas, escritas por el padre Gaspar Caione, que fue el último superior del santo y que escribió sobre él porque así se lo ordenó el mismísimo San Alfonso Maria de Ligorio, fundador de los redentoristas. Esta obra fue escrita inmediatamente después de la muerte del santo, entre 1755 y 1762. Son apuntes fragmentarios que tienen el carácter de ser un escrito provisional, no definitivo.
La segunda fuente es un manuscrito anónimo que forma parte de la obra titulada “Historia de la Congregación del Santísimo Redentor”. Esta es una biografía más precisa y más voluminosa, ya que tiene más de cien páginas. Se puede decir que la segunda biografía es la primera, pero más desarrollada. Están relacionadas la una con la otra. Pudiera ser también obra del padre Gaspar Caione, pero esto no se puede afirmar rotundamente. El padre Caione era un hombre de ciencia, virtuoso y piadoso que conoció personalmente al santo y es por esto, que este escrito tiene un valor histórico indiscutible. Presenta a San Gerardo como un gran taumaturgo.

El apellido Maiela es una abreviatura de la forma original Machuela, que es la que aparece en las actas de la parroquia de Baragiano (Potenza), de donde era originaria su familia. Gerardo nació en la misma provincia, pero en otro pueblo: Muro Lucano, en el mes de abril de 1726, aunque hay dudas de si nació el día 6 o el día 23 de dicho mes. Sus padres se llamaban Domenico y Benedetta.
Pasó su juventud en su pueblo natal aprendiendo el oficio de sastre, salvo un período de tiempo que no se puede precisar, en el que estuvo en Lacedonia como camarero del obispo Claudio Albini. El día 12 de abril de 1746, con veinte años, cuando se hacía el padrón del reino de Nápoles, puso como profesión que era alumno en una sastrería, que estaba domiciliado en la parroquia de San Andrés en la parte baja de “Raja del Castello”, en una casa de alquiler por la que pagaba a su dueño, José Galella, veinte carlines al año.

Llamado al estado religioso, intentó entrar en los capuchinos pues su tío materno, Fray Buenaventura de Muro, era el padre provincial, pero fue rechazado. Lo volvió a intentar en los redentoristas y allí si fue admitido. Hizo el noviciado el Deliceto (Foggia) bajo la sabia y severa guía del Venerable Pablo Cafaro e hizo los votos religiosos el día 16 de julio del año 1752 como hermano coadjutor. En el convento trabajó como sastre, sacristán, cocinero, enfermero y ecónomo del colegio y fue enviado a otros pueblos para organizar colectas públicas de víveres y de dinero para su Congregación, que pasaba por graves momentos de penuria económica.

Mural del Santo en el Santuario del Santo Cristo de Esquipulas, en Alajuela, Costa Rica.

Aprovechó estos viajes para convertir a gente descarriada, aplacar riñas y discordias entre paisanos y predicar a favor de los monasterios de clausura. Siendo hermano lego llevó la dirección de varias comunidades.
En junio de 1754 fue enviado a Materdomini, aldea del municipio de Caposele (Avellino) y allí se le abrió un amplísimo campo de apostolado entre los habitantes de las casas diseminadas por el campo, yendo al mismísimo Nápoles donde estuvo desde el verano de 1754 hasta el invierno de 1755, predicando y entregado a la gente más humilde.
Murió poco después de la medianoche del 16 de octubre de 1755, en la aldea de Materdomini, con algo menos de treinta años de edad. Allí está sepultado.

Fue beatificado por el Papa León XIII en 1893 y canonizado por San Pío X el día 11 de diciembre de 1904.
De naturaleza extremadamente simple y fuertemente emotiva, amaba con locura la música, la poesía, la escultura y especialmente, la naturaleza. Cuando contemplaba algo bello, natural o artístico, inmediatamente se elevaba hacia Dios, que era para él la culminación de toda belleza. Sentía a Dios como algo suyo; decía: “Mi querido Dios, mi Espíritu Santo”. Veía a Jesús crucificado como el máximo modelo a imitar y a la Virgen como la alabanza permanente a la Santísima Trinidad. Veía a la Virgen en todas las mujeres. Esta era una visión espiritual y mística que se alimentaba de la inocencia de su alma, hasta el punto de poder confesar antes de morir que jamás había sentido ninguna tentación impura. Pero además, esta visión espiritual y mística se alimentaba también de la contemplación de Jesús Crucificado. Quería vivir a la perfección la Voluntad de Dios.

Tenía un carácter impetuoso y alegre y este carácter era la expresión externa de su inmensa riqueza sobrenatural. Desde los primeros años de su vida experimentó visiones y éxtasis. Se le atribuyen los dones de profecía, bilocación y milagros. De todo esto se habló en los procesos informativos previos a la beatificación, pero hay que decir que algunos de estos testimonios no están suficientemente documentados.

Actual sepulcro del Santo en su santuario de Materdomini, Italia.

En el siglo XVIII se le invocaba como santo protector de las parturientas. El primer documento sobre este culto lo encontramos en Tannoia, que en el año 1806 escribía: “Fray Gerardo es especial protector en los partos, por lo que en Foggia no hay ninguna parturienta que no tenga una estampa suya y que no lo invoque”. A principios del siglo XIX un médico de Matera escribía también: “Desde hace algunos años yo no ejerzo como médico; por mi lo hace Fray Gerardo” y seguía diciendo que a todas las parturientas les daba una estampa suya que entonces ni siquiera era beato. Este culto siguió creciendo y se desarrolló aun más con la beatificación y la canonización.

El 1955, con motivo del segundo centenario de su muerte, desde todas las partes del mundo se solicitó a Roma que el santo fuera proclamado patrono de las madres. Su fiesta litúrgica se celebra hoy, día 16 de octubre. Hoy, en su santuario, se bendice la mies que será sembrada en los campos.
El santuario es muy visitado por peregrinos de todo el mundo y está compuesto de una iglesia y un convento de redentoristas. Hace pocos años los restos del santo han sido colocados en una nueva sepultura, más moderna, hecha de mármol blanco.

De él se cuentas numerosas anécdotas y estas son algunas:
– Cuando murió, su madre decía: “Mi hijo solo era feliz cuando se hallaba arrodillado en la iglesia ante el Santísimo Sacramento”.
– Como dije, de joven trabajó como criado en casa del obispo de Lacedonia, hombre irascible que lo trataba de mala manera; él sin embargo lo servía fielmente y sin quejarse hasta que el obispo murió en el año 1745.
– En el convento los religiosos decían de él: “O es un loco o es un santo”, ¿por qué? Porque era el más trabajador, el más puntual y el más humilde.
– Tenía el don de la bilocación y así, estando el Nápoles, presenció el asesinato del arcipreste de Muro Lucano en el preciso momento en que tenía lugar, a setenta kilómetros de distancia.
– Otro caso: asistió a un enfermo en una cabaña de Caposele, estando en ese mismo instante charlando con un amigo en el convento de Materdomini.
– Una vez su superior fue a buscarlo a su celda y no lo encontró. Entonces, se dirigió a la capilla donde lo encontró rezando. Le preguntó el superior: ¿Dónde estabas hace un momento?. En mi celda, le contestó San Gerardo. Eso es imposible pues yo he estado allí dos veces buscándote. Entonces, el santo se vio obligado a confesar que, como estaba en retiro, había pedido a Dios que le hiciese invisible para que le dejasen rezar en paz. El superior le replicó: por esta vez te perdono, pero no le vuelvas a pedir esto a Dios.
– En una ocasión sufrió una de las pruebas más terribles de su vida. Una joven de vida licenciosa a quién el santo le había ayudado, le acusó de haberle hechos insinuaciones impuras. Inmediatamente, San Alfonso Maria de Ligorio lo llamó. San Gerardo, pensando que el voto que había hecho de perfección le obligaba a no defenderse, guardó silencio. Con esta actitud puso en aprietos a su superior, quién no lo creía culpable. San Alfonso lo castigó prohibiéndole recibir la comunión durante algunas semanas. Él le respondió tranquilamente: “Dios que está en los cielos, no dejará de defenderme”. Al cabo de unas semanas, la mujer confesó que lo había calumniado. San Alfonso le preguntó el por qué no se había defendido y él le replicó: ¿Acaso no tenemos una regla que nos prohíbe disculparnos? Naturalmente, la regla no estaba hecha para aplicarla en estos casos…

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es