San Germán, obispo de Auxerre

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Icono ortodoxo francés del Santo.

San Germán nació alrededor de 378 en la región de Auxerre (Francia), en el seno de una familia galo-romana terrateniente y aristocrática, que tenía responsabilidades de gobierno en su ciudad; su padre se llamaba Rústico y su madre, Germanilla. En las Galias, se formó en las artes liberales aunque luego completó su educación en derecho en Roma. Allí se convirtió en un abogado y se casó con una mujer rica y honesta llamada Eustoquia, siendo posteriormente enviado de nuevo a las Galias como administrador-gobernador de la provincia de Lyon. Su reputación fue grande en las Galias, tanto donde gobernaba como en su ciudad natal.

Poco antes de la muerte del obispo San Amador de Auxerre, este se sintió inspirado por Dios para preparar el camino para que Germán fuera su sucesor y así, impulsado por Amador, Germán recibió la tonsura aun en contra de su voluntad. Las relaciones entre ambos no fueron siempre buenas; el padre Lebeuf, historiador de Auxerre narra una pelea entre los dos relacionada con un árbol grande y hermoso que Amador ordenó cortar y en el cual, Germán colgaba sus trofeos de caza. Algunos hagiógrafos e historiadores piensan que en aquellos momentos, San Patricio de Irlanda se encontraba en Auxerre y que tuvo contactos con San Amador y con San Germán, contactos que también influirían en los futuros viajes de Germán.

Cuando San Amador murió el día 1 de mayo del 418, Germán fue elegido obispo por unanimidad del clero, la nobleza y el pueblo, siendo consagrado el día 7 de julio del mismo año. Como obispo, se transformó totalmente aceptando de pleno su nueva misión. Distribuyó todos sus bienes entre los pobres, adoptó un sistema de vida humilde y se comportó con su esposa como si fuera su hermana. Comía solo vegetales, dormía sobre una tabla, su casa estaba abierta a todos y a todos les lavaba los pies antes de entrar en ella. Fue un gran pastor: enseñó y educó al clero y a los monjes y desde el inicio de su episcopado llevó una vida cenobítica, luchando contra el rigor de la ascesis y poniéndose totalmente al servicio de la Iglesia y de sus fieles.

Luchó contra el excesivo peso de los impuestos a los que se veían sometidos sus fieles y así, se dirigió al jefe de los alanos en la región de Orleáns y lo convenció, obteniendo incentivos fiscales para su ciudad.

Talla gótica del Santo (s.XV) venerada en su iglesia de París, Francia.

San Germán de Auxerre es conocido por su trabajo de evangelización entre las poblaciones de las Islas Británicas que se habían convertido a la herejía de Pelagio. Un sínodo convocado a instancias del Papa San Celestino I (422-432) decidió enviar misioneros para combatir este error. San Germán realizó dos viajes para atraer a los británicos hacia la ortodoxia católica.

En su primer viaje (429-430) fue acompañado por San Lupo, obispo de Troyes. El “Chronicon integrum” de Próspero de Aquitania es quién explica que fue el Papa San Celestino I quién delegó en él y quién le explicó que la herejía pelagiana tenía éxito en aquellas tierras: “deturbatis hereticis, Britannos ad catholicam fidem dirigit”. Sus armas fueron la predicación pero estando allí, contribuyó a la victoria de los británicos sobre los pictos y los sajones, poniéndose al frente de las tropas para conseguir que estos se retiraran y se cuenta que en la Pascua del 430, celebrada en el mismo campo de batalla, gritando tres veces la palabra Aleluya, los invasores se retiraron.
En este su primer viaje a las Islas Británicas, San Germán se detuvo en Nanterre para predicar. Una niña llamada Genoveva se le ofreció para abrirle paso entre la multitud sirviéndole de guía a fin de que él pudiese predicar la fe de Cristo. Es este el encuentro del que hablamos en el artículo escrito sobre Santa Genoveva de París, publicado en este blog el día 2 de enero de este año.

A petición de los obispos británicos, hizo un segundo viaje (se cree que fue en el año 445) con el fin de restaurar la fe entre algunos grupos de pelagianos aun existentes. Se dice que en esta ocasión su acompañante fue San Severo, obispo de Tréveris. H.I. Frede, en su “Pelagius, der Irische Paulustext, Sedulius Scottus”, editado en Friburgo en 1961, afirma que en este segundo viaje, San Germán llevó a las Islas Británicas el texto de las Epístolas de San Pablo, texto que fue reproducido en el “Libro de Armagh”.

Durante su episcopado fundó numerosas iglesias en su diócesis, iglesias en las que establecía el culto a los santos cuyas reliquias traía de sus diversos viajes. En su primer viaje a Bretaña, peregrinó hasta la tumba de San Albano, mártir de inicios del siglo IV y después de haber obtenido parte de sus reliquias, a su regreso a Auxerre, construyó una iglesia en su honor donde expuso estas reliquias. Del mismo modo, sobre las reliquias de San Mauricio de Agaune y de San Brisio, mártires del siglo III, fundó dos nuevos lugares de culto bajo sus respectivos auspicios; uno al norte del castrum Auxerre y el otro en Puisaye.

Panorámica de la iglesia del Santo en Auxerre, Francia.

A él se le atribuye la fundación de uno de los principales monasterios de las Galias, el de los Santos Cosme y Damián, a orillas del río Yonne frente a su ciudad, probablemente inspirándose en lo que hacía San Martín de Tours. Allí se retiraba con frecuencia para meditar en soledad y allí estuvo también algunos años San Patricio, el primer obispo y evangelizador de Irlanda.

En el mes de junio del 448 fue a la corte imperial de Ravenna a fin de hacer alegaciones en la causa de Armórica en el conflicto con Aecio, que era el vicario imperial de las Galias y que la amenazaba con permitir que fuera invadida por los alanos. Recordemos que entonces se llamaba Armórica a la región costera del noroeste francés, que comprendía la actual región de Bretaña, el noroeste del Loira y todo el litoral de Normandía.

Murió en Ravenna, el día 31 de julio del año 448 e inmediatamente fue venerado por todos, especialmente por la emperatriz Gala Placidia y por San Pedro Crisólogo, que era el obispo de Ravenna. Entre ellos se repartieron sus vestidos como reliquias, embalsamaron su cuerpo y puesto en una caja de ciprés fue llevado a Auxerre. La propia corte imperial aseguró su traslado haciendo acompañar el cuerpo por un numeroso grupo de soldados portando antorchas y que le servían de protección por donde pasaba, pues la gente salía en masa a rendirle pública veneración. El cortejo llegó a Auxerre el 22 de septiembre, su cuerpo fue expuesto y sepultado el día 1 de octubre. Este había sido su deseo, manifestado antes de morir: ser sepultado en su tierra y allí lo está.

Vista del sepulcro del Santo en su iglesia de Auxerre, Francia.

Como he dicho, el culto a San Germán comenzó inmediatamente y no solo en Auxerre sino en toda las Galias, especialmente entre los francos. Lógicamente también se extendió por toda Armórica y por las Islas Británicas. Se le atribuye la realización de numerosos milagros, entre ellos el de la curación de una niña ciega en su primer viaje a las Islas Británicas; son muchos más, pero por resumir no hago mención de ningún otro. En el año 480, Constancio que era un sacerdote de Lyon redactó la “Vita Germani” que es la mejor fuente histórica sobre la vida de San Germán de Auxerre.

Santa Clotilde que había ido a Auxerre para solicitar la conversión de su esposo Clodoveo, construyó una pequeña basílica sobre su tumba encargando a una comunidad de monjes que garantizase en ella el culto al santo. El 28 de abril del año 841 se construyó una nueva basílica y se trasladó el ataúd, que fue abierto por el obispo Eribaldo, quién lo encontró incorrupto. El 6 de enero del 869, el rey Carlos el Calvo presidió el traslado a su lugar definitivo en la cripta de la basílica, la cual había sido decorada con valiosos frescos que aun hoy existen. Junto a San Germán fueron sepultados otros cinco obispos de Auxerre, entre ellos San Gregorio. En el año 1567, los hugonotes profanaron las reliquias del santo durante el saqueo a la ciudad de Auxerre, aunque una parte de ellas pudieron salvarse.

Antonio Barrero

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