Un gitano santo: el Beato Ceferino Jiménez Malla, “El Pelé”

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía retocada del Beato.

Pregunta: En los primeros meses de este blog publicaron ustedes un artículo sobre nuestra madre Santa Sara Kali, patrona de los gitanos. Los gitanos siempre hemos sido una etnia de segunda o tercera categoría, pero como católicos podemos presumir de tener un santo moderno, El Pelé, aunque sabemos muy poco de él. ¿Podéis hablarnos de nuestro santo? España.

Respuesta: En primer lugar, una afirmación rotunda: no estoy en absoluto de acuerdo contigo en que los gitanos seáis ciudadanos de segunda o tercera clase; aunque haya muchos xenófobos que así lo consideren, los gitanos sois exactamente iguales que los payos. Habrá gitanos buenos y gitanos malos, como hay payos buenos y payos malos. Es verdad que habéis sido perseguidos y que en muchos lugares se ponen trabas a vuestra total integración, pero gracias a Dios y a vosotros, eso va cambiando como es de justicia.

Dicho esto, hablemos de “El Pelé”, pero aclarando que oficialmente aún no es santo, sino beato. Se llamaba Ceferino Jiménez Malla y había nacido en Benavent de Segriá (Lérida) en el mes de agosto del año 1861, en el seno de una familia gitana católica; lo bautizaron en Fraga, provincia de Huesca.
Nunca fue a la escuela por lo que era analfabeto, algo muy común en la época y más, entre los gitanos; su lengua era el caló aunque hablaba también el castellano y algo de catalán. Desde que tuvo edad suficiente, se dedicó a comerciar con caballos y burros, lo que llamaríamos hoy: era un tratante y este fue su trabajo hasta su muerte. Era conocido entre los gitanos y payos como “el tío Pelé” y vivió como nómada los cuarenta primeros años de su vida. Se decía de él que poseía “un tino especial para intervenir en los conflictos surgidos entre los de su raza”.

En el año 1879 se casó según el rito tradicional gitano, con Teresa, una gitana de su misma clase y posición social, pero en el año 1912 se obró en él lo que llamaríamos el gran milagro de la conversión: se propuso ser un buen cristiano y de veras que lo fue hasta el momento de su martirio.
Comenzó a frecuentar los llamados Jueves Eucarísticos y una asociación caritativa vinculada a San Vicente. Se casó con Teresa por la iglesia iniciando juntos una vida plenamente cristiana, dedicados a la caridad y a vivir una vida de fe.
Como no tenían hijos, adoptaron a una niña, que era sobrina de su esposa, pero en el año 1922, su mujer murió y su hija adoptiva se casó.

Monumento dedicado al Beato en Conchel, España.

Hubo un hecho que hizo que se acrecentara su fama: el ex alcalde de Barbastro, Rafael Jordán, enfermo de tuberculosis, sufrió un vómito de sangre mientras iba por la calle. Ceferino, sin temor a la sangre y sin miedo al contagio, le ayudó y lo llevó a su casa. Su hermano, como recompensa, le ofreció dinero para ir a Francia a comprar un vagón de mulas con las que consiguió bastante dinero que le ayudó aun más en sus obras de caridad.

Como había logrado aprender suficientemente el catecismo, Ceferino siempre que podía, aun en las ferias de ganado, reunía a los niños, les enseñaba a rezar y les hablaba de Jesucristo, de la Biblia y de la vida de los santos. Israel Cortés, conocido como “el Bomba” y que era uno de esos niños, lo cuenta con gracejo: “Nos enseñaba cantando”.

Siempre se ha dicho que la Guardia Civil y los gitanos no eran buenos amigos, pues bien, según manifestó el guardia civil Antonio Valerio, un día, el Pelé se presentó en una feria con unas mulas y otro comerciante lo denunció diciendo que las había robado. Lo defendió su amigo el abogado y catedrático Nicolás Santos de Otto. El juez lo absolvió al comprobar que las mulas las había robado el que se las vendió a Ceferino. El juez dijo: “El Pelé no es un ladrón, es San Ceferino Jiménez, el patrono de los gitanos”.

En el año 1926 entró en la Orden Tercera de San Francisco de Asís, o sea, desde entonces fue franciscano seglar, intensificando su vida religiosa, dándose aun más a la oración y a las obras de caridad. Cuidaba especialmente a los pobres, combatía enfáticamente el lenguaje soez y la blasfemia, como he dicho, reconciliaba a los que estaban peleados, era siempre honesto en sus tratos de ganados y en su casa, siempre había sitio para los mendigos.
Lo distinguía también algo muy especial: su amor a la Eucaristía, por lo que diariamente acudía a misa y también diariamente, rezaba el rosario.

Martirio del Beato y compañeros. Lienzo contemporáneo.

Cuando en el año 1936 estalló la guerra civil en España por el levantamiento de un grupo de militares contra el gobierno legítimo de la República, se cometieron atropellos por ambos bandos y muchos cristianos, religiosos y laicos, dieron su vida por la fe.
Ceferino tenía setenta y cinco años y un día, el 20 de julio de 1936, se topó con el arresto de un sacerdote por parte de unos milicianos. Al presenciarlo, dijo indignado: “¡Válgame la Virgen! ¡Tantos contra uno y además inocente!”. Lo registraron y le encontraron en el bolsillo el rosario y una navajita. Le dijeron que lo tirara o que lo escondiera, pero él se negó y eso bastó para que lo amarrasen, lo llevaran a la cárcel. Un amigo le recomendó que disimulara sus devociones, pero él se negó.

El día 9 de agosto de 1936, afrontó el martirio con una enorme entereza de ánimo, llevando el rosario en sus manos y gritando: “Viva Cristo Rey. Fue fusilado en el cementerio, junto con otras diecinueve personas. Su nieta, recordando a su abuelo adoptivo, dijo: “Todo aquello que ha hecho el tío Pelé, lo hacía con amor; el amor le salía por todas partes”.
Ángel Maria Fandos, en su libro: “El Pelé, un gitano con madera de santo”, dice: “Nunca habían conocido los pueblos de la región a un gitano más honrado, más caballero, más leal y más cristiano”.
Su cuerpo, aunque fue recogido por unos gitanos, fue sepultado en una fosa común junto con otras víctimas aunque pudo recuperarse su rosario.

Capilla dedicada al Beato en Barbastro (España). El relicario visible contiene su rosario.

El decreto de introducción de la Causa de beatificación, lo firmó el obispo de Barbastro en noviembre de 1993. “Todos los obispos de Aragón han visto con “beneplácito” el inicio del proceso. Se ha constituido ya el tribunal diocesano encargado de examinar la fiabilidad de los testigos. En una primera reunión se han estudiado su vida y sus escritos, que en este caso no existen, al ser analfabeto”.

El 4 de mayo de 1997, fue beatificado en la plaza de San Pedro, en el Vaticano; era el primer beato del pueblo gitano y en dicha ceremonia, el papa San Juan Pablo II lo puso como modelo y ejemplo para todos los cristianos: gitanos y payos.

En estos tres vídeos se narra mucho más detalladamente la vida y el martirio del Beato Ceferino:
Testimonio de fe de un gitano mártir (1)
Testimonio de fe de un gitano mártir (2)
Testimonio de fe de un gitano mártir (3)

Antonio Barrero

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Santa Sara Kali, patrona de los gitanos

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Imagen tradicional de Santa Sara Kali, protectora de la etnia gitana

Saben nuestros lectores que en mis artículos doy poco valor a las leyendas y mucho a los datos históricos contrastados, pero sin embargo hoy escribiremos de un tema basado únicamente en leyendas y sin ninguna base histórica ni científica.

El pueblo gitano celebra el día 25 de mayo la festividad de Santa Sara Kali, santa que no aparece en ningún santoral y que, por supuesto, no está reconocida oficialmente, aunque sí “tolerado” su culto, mitad cristiano mitad… no pongamos nombre. En caló, el idioma gitano, Kali significa “la mujer de negro”.

La leyenda dice que cuando Santa María Magdalena, Santa María Jacoba y Santa Maria Salomé, acompañadas por San José de Arimatea y San Trófimo, protobispo de Arlés, llegaron a las costas de las Galias para evangelizarlas, estaban acompañadas por una esclava negra llamada Sara. ¡Navegaban en una barca sin remos y sin provisiones!

Atemorizadas, desesperadas, angustiadas, empezaron a llorar (nunca mejor dicho “como una Magdalena”) y a rezar a fin de que Nuestro Señor las protegiese en ese trance y que en ese momento, Sara se quitó un pañuelo que llevaba y prometió que si se salvaban, ella se convertiría en esclava de Cristo y que nunca más descubriría su cabeza. Sigue diciendo la leyenda que milagrosamente se salvaron y que la barca las llevó a lo que hoy es la localidad francesa de Saintes-Maries-de-la-Mer, donde se conservan las reliquias de María Jacoba y María Salomé (puntualicemos aquí que también Veroli, en Italia, dice tenerlas). Sara cumplió su promesa y jamás se descubrió la cabeza. Los antropólogos dicen que es por esto por lo que todas las mujeres gitanas casadas van siempre cubiertas y que ésta es una tradición que se remonta al siglo I.

Quiero dejar por un momento la leyenda para decir que no está constatado que las tres Marías llegaran a Francia, así como José de Arimatea, por mucho que se veneren en Francia reliquias supuestamente de las tres. También en Glastombury (Reino Unido) aseguran poseer el sepulcro de José, ¡pero en Jerusalén se dice lo mismo!

Por otro lado, señalar que San Trófimo, según destacados hagiógrafos, es el discípulo del cual habla San Pablo en su primera carta a Timoteo y que estaba enfermo en Mileto, por lo que si esto es así, difícilmente habría podido viajar a las Galias. Destacar también que la primera Iglesia constituida en las Galias es la comunidad de Lyón y eso sucedió a finales del siglo II. La comunidad de Arlés, de la que se dice fue Trófimo su primer obispo, es una comunidad constituida en el siglo V. Difícilmente el Trófimo de Arlés pudo viajar en el siglo I, porque sencillamente no había nacido.

Pero volvamos a la leyenda de Santa Sara Kali. Para una mujer gitana, la fertilidad es lo más importante en su vida; no conciben una vida sin tener varios hijos y cuantos más tienen, más son consideradas por su pueblo. Por eso, cuando las mujeres gitanas tienen dificultad para quedar embarazadas, se encomiendan a Santa Sara Kali, prometiendo visitarla en su cripta en la localidad de Saintes-Maries-de-la-Mer, haciendo una noche de vigilia y ofreciendo a la santa un pañuelo bonito. Quien haya visitado este templo habrá comprobado como contiene miles de pañuelos ofrecidos a lo largo de los siglos por las peregrinaciones gitanas, principalmente, en los días 24 y 25 de mayo.

Imagen de la Santa en Saintes-Maries-de-la-Mer (Francia).

Un rezo popular gitano a la Santa dice así:
“Opacha, opacha, opacha Santa Sara Kali, madre de todas las tribus gitanas de este mundo y del más allá, madre de todos los gitanos y protectora de sus carruajes, te rezo invocando tu poder, señora poderosa, para que ablandes mi corazón y saques las angustias que se depositan en mis pies. Abre mis caminos para que tenga fe en tu poder milagroso, ya que tú venciste al mal, a las tempestades y caminaste por los caminos de Jesús.
Madre de todos los gitanos, que les das fuerza en el don de la magia, fortaléceme ahora bondadosa Sara y ablanda a los leones que rugen para devorarme. Ahuyenta a las almas perversas para que no me puedan ver, ilumina mi tristeza para conseguir la felicidad. Evoco tu poder para que yo no me hunda en el océano de la vida.
Ya que soy pecador, triste, sufrido y amargado, tráeme fuerza y coraje como la del pueblo gitano, tu protegido.
Madre, señora y reina de las fiestas gitanas, nada se podrá hacer en una tienda gitana si antes no se invoca tu nombre, ni tocar los violines, ni tirar las monedas, ni danzar descalzas alrededor de la hoguera. Tráenos riqueza, paz, amor y victorias ahora y siempre para que yo y todo el pueblo gitano, alabemos siempre tu nombre: Santa Sara Kali”.

Agradezco a la comunidad gitana de Huelva, a la que dedico el artículo, el haberme facilitado esta oración.

Antonio Barrero

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