El Gran Ayuno en la cristiandad oriental

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"Coliva", hecha con grano hervido y miel o azúcar, es el alimento consumido durante los réquiems, pero también  tomado frecuentemente durante el ayuno.

“Coliva”, hecha con grano hervido y miel o azúcar, es el alimento consumido durante los réquiems, pero también tomado frecuentemente durante el ayuno.

El período de ayuno que precede a la fiesta cristiana más importante es el más largo de los grandes ayunos, pero también el más duro. Aunque es litúrgico, este período se marca a través del cambio del rito usual de las siete oraciones durante el día y a través de ceremonias especiales. Consecuentemente, hay también tradiciones populares de esta época.

Breve historia
El Gran Ayuno duraba para los primeros cristianos no más de una semana antes de la Pascua. Era simplemente una preparación especial para la Fiesta de la Resurrección y tiempo de lamento por la Pasión de Cristo. Poco tiempo después se duplicó por un tiempo de preparaciones para catecúmenos, las personas que se preparaban para ser bautizadas en la noche de Pascua.

Después de los tres primeros siglos, el cristianismo se convirtió en religión de Estado y el número de catecúmenos se hizo visiblemente menor. Prácticamente todos los adultos estaban cristianizados – aquí pasaremos por alto el nivel de cristianización y las razones de su conversión – y prácticamente sólo los neonatos eran candidatos al bautismo. En este contexto, la ceremonia bautismal – inicialmente incluida en la Divina Liturgia de la noche de Pascua – tendió a ser organizada separadamente, como un servicio religioso independiente que incluso tenía carácter privado, y se organizaba a lo largo del año.

La entrada de Jesús en Jerusalén. 1140-1170. Mosaico de la Cappella Palatina. Palermo, Italia.

La entrada de Jesús en Jerusalén. 1140-1170. Mosaico de la Cappella Palatina. Palermo, Italia.

En cambio, el período de ayuno de los catecúmenos fue tomado en observancia por todos los cristianos, que lo veían como un período de arrepentimiento y penitencia, una especie de preparación para el “segundo bautismo”, el “bautismo de lágrimas” o confesión. Hoy en día, en la tradición ortodoxa oriental, hablamos de dos ayunos antes de Pascua, que incluyen un total de 49 días o siete semanas. Los primeros 40 se conectan con el ayuno de Jesús en el monte Quarantania cerca de Jericó, donde fue tentado por el demonio, y los últimos siete con la Pasión. Los dos que quedan, días de “medio-ayuno”, son las fiestas de la Anunciación y el Domingo de Ramos, donde a los creyentes se les permite consumir pescado, productos derivados y bebidas alcohólicas.

Prescripciones culinarias
En lo referente a la intensidad del ayuno en este tiempo, los creyentes ortodoxos observan la más dura retención alimentaria. En el Domingo de la Expulsión de Adán del Paraíso, ocho semanas antes de la Pascua, los sacerdotes y los cristianos se hacen reverencias unos a otros y se piden perdón. Por ello es también llamado el “Domingo del Perdón”. Ese día está también marcado por comidas festivas, donde todo está permitido y la opulencia está aceptada, por el período que viene. Hasta la medianoche todos pueden comer y beber lo que quieran. Teóricamente todo está permitido, pero no la concuspicencia ni emborracharse. En la práctica, se dan casos en que esto ocurre. En cualquier caso, no hay ninguna ceremonia similar a los Carnavales occidentales y hasta hoy estas fiestas no son populares en los países de Europa oriental, no porque la Iglesia las prohíba, sino porque no forman parte de la tradición popular.

Fresco ortodoxo griego de la entrada de Jesús en Jerusalén.

Fresco ortodoxo griego de la entrada de Jesús en Jerusalén.

El tiempo de ayuno comienza el lunes. La primera semana es más dura que todo el ayuno y se da el llamado “ayuno negro”, que significa nada de comida ni bebida hasta la puesta de sol, cuando se permite solamente tomar agua, té, verduras hervidas y semillas, pero no aceite ni alcohol. Este método de ayuno, respetado literalmente y mucho más en los monasterios, fue copiado por los musulmanes para su mes de ayuno del Ramadán, con la excepción de que ellos se permiten comer de todo durante la noche.

Las siguientes semanas del ayuno ortodoxo oriental no son tan duras. La consumición de comida durante el día y la cocina con aceite se acepta de nuevo, salvo en los miércoles y viernes; además, en sábados y domingos se permiten las bebidas alcohólicas, pero con moderación.

El duro programa de la primera semana se repite de nuevo en la semana de Pasión. Por supuesto, los ancianos, los enfermos y los niños no deben respetar estas consideraciones de ayuno. Además, cabe decir que las prescripciones no son respetadas hoy en día por todos los cristianos ortodoxos. Muchos de ellos las respetan sólo la última semana, y un gran grupo ayuna los 49 días adoptando simplemente una dieta vegetariana.

Un fiel cristiano combina estas prescripciones de ayuno con otros hábitos especiales: abstinencia sexual, interés en reducir el comportamiento pecaminoso, más silencio, respetar a los demás más de lo habitual, renunciar a los placeres diarios de oír música, radio; renunciar a ver la tele o películas; vestir sobriamente, hacer actos de caridad, etc.

Ceremonia durante la liturgia de los dones presantificados. Los sacerdotes llevan ropas negras sólo en esta ocasión.

Ceremonia durante la liturgia de los dones presantificados. Los sacerdotes llevan ropas negras sólo en esta ocasión.

Cambios litúrgicos
El tiempo de preparación para la fiesta de la Resurrección se conoce como el período del Triodion, llamado así por el libro usado durante las liturgias. Triodion significa “el libro de los tres himnos”, llamado así porque el habitual canon de ocho himnos cantado durante completas y maitines se cambia por un canon más corto de tres himnos. El tiempo del Triodion se compone de tres semanas preparatorias (y cuatro domingos), cuando las ceremonias litúrgicas son similares a las de todo el año salvo unas odas especiales con carácter penitencial (que recuerdan el pecado, la caída y el arrepentimiento) y las siete semanas de ayuno, cuando los servicios son más largos de lo habitual y consisten en cambios que resumiremos a continuación. También cabe mencionar que la habitual Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo se celebra sólo los sábados. Los días hábiles los sacerdotes celebran la liturgia de los dones presantificados, compuesta por el papa San Gregorio Magno, que es de hecho sólo una ceremonia litúrgica vespertina de comunión con el cuerpo y la sangre de Criso consagrados el domingo anterior. Finalmente, cabe añadir que los domingos, salvo el Domingo de Ramos, se celebra la Divina Liturgia de San Basilio, que consiste en no grandes cambios respecto a la de Crisóstomo, salvo unas oraciones eucarísticas más largas.

La primera semana, de ayuno duro, implica también un ayuno litúrgico. De este modo el lunes y el martes no hay liturgia, de manera que los monjes y las monjas no rompen el ayuno hasta el atardecer del miércoles, en la liturgia de los dones presantificados. Otra especialidad de este tiempo es que, después de los servicios de maitines, la primera, la tercera, la sexta horas y la Tipika, al anochecer son celebradas junto con la hora nona, vísperas y Grande Completas combinadas con el Canon Penitencial de San Andrés, obispo de Creta.

Detalle de San Andrés de Creta, quien escribió el Canon Penitencial, en un fresco ortodoxo griego.

Detalle de San Andrés de Creta, quien escribió el Canon Penitencial, en un fresco ortodoxo griego.

La ceremonia será así muy larga, combinada con muchas “grandes reverencias” o metanoia(s), es decir, reverencias hasta tocar la frente con el suelo, y “pequeñas reverencias”, que supone hacer la señal de la cruz y tocar el suelo con los dedos, como señal de caída y arrepentimiento. Al final de cada una de las siete alabanzas, el sacerdote acude al centro de la iglesia y recita la oración de San Efrén el Sirio: “Oh Señor y Maestro de mi vida, no me des espíritu de pereza, intromisión, ansias de poder ni habladuría…” (una gran reverencia) “sino dame a mí, Tu siervo, espíritu de castidad (integridad), humildad, paciencia y amor…” (una gran reverencia)… “Sí, oh Señor y Rey, concédeme el ver mis propias faltas y no juzgar a mi hermano. Porque eres bendito por los siglos de los siglos. Amén”. (Una gran reverencia). Por supuesto, todos los cristianos se inclinan juntos con el celebrante y rezan en una actitud humilde.

Las otras semanas de ayuno siguen las reglas litúrgicas de la primera semana salvo el Canon de San Andrés de Creta. La liturgia de los dones presantificados se permite en cualquier día de la semana, celebrándose prácticamente miércoles y viernes, porque el sacerdote no puede consagrar demasiados panes en la liturgia del domingo. Dos maitines se celebran inusualmente en los anocheceres de miércoles y viernes en la quinta semana de ayuno, dedicados al Canon de San Andrés y al himo del Akathistos de la Anunciación, siendo los signos de “inversión litúrgica” que va a suceder en esta Cuaresma.

El Patriarca Daniel leyendo el Canon de San Andrés de Creta. Sólo en la Gran Cuaresma visten ropas negras.

El Patriarca Daniel leyendo el Canon de San Andrés de Creta. Sólo en la Gran Cuaresma visten ropas negras.

La semana de Pasión es la más bella en cuanto a ceremonias litúrgicas. Su especialidad reside en primer lugar en la “inversión litúrgica”: esto significa que lo servicio matutinos habituales se dan en el atardecer anterior y los servicios del atardecer se dan por la mañana y al mediodía. Prácticamente, el servicio matutino del lunes se da el domingo al anochecer, y el servicio del atardecer del lunes (las vísperas del martes) sucede en lunes, sobre las diez de la noche. En todos estos extraños cambios los “servicios matutinos” tienen una estructura visiblemente cambiada, recordado lo que le sucedió a Jesús esa semana. De este modo, el miércoles se conmemora el encuentro con Judas con los líderes del templo, el jueves la Última Cena, la oración en Getsemaní y el arresto de Jesús, el viernes el juicio de Jesús, la crucifixión, su muerte y sepultura.

En esta semana, viernes y miércoles son alitúrgicos, lo que significa que no hay misa ni comunión, porque los cristianos se preparan fuertemente con un ayuno más largo. El jueves se celebra la Divina Liturgia de San Basilio, durante la cual el sacerdote lava los pies a doce personas, recordando a Cristo, que lavó los pies de los apóstoles.

Un servicio muy especial, de rara belleza, es el “servicio matutino del viernes”, que se celebra al anochecer del jueves, también conocido como el servicio de los doce Evangelios. Durante dos o tres horas de oración intensa se leen todos los capítulos de los Evangelios referentes a todo desde la Última Cena hasta el Entierro de Cristo, siendo leídos de los Cuatro Evangelistas. La lectura de los doce Evangelios se combina con bellos himnos cantados en ocho tonos diferentes. El núcleo de la liturgia es el momento en que el sacerdote llega con una gran cruz desde la cámara del altar y la coloca en el centro de la iglesia. Los creyentes la adornan con flores, paños populares, se inclinan ante ella y besan las piernas de Cristo. Todos creen fuertemente que Cristo está realmente crucificado ante ellos, en la iglesia.

"Prohodul Domnului" (funeral del Señor) en el Patriarcado Rumano.

“Prohodul Domnului” (funeral del Señor) en el Patriarcado Rumano.

Después de la “víspera del sábado”, celebrada el Viernes Santo en torno a las diez de la noche, cuando un sudario pintado con la escena del Santo Entierro es colocada en el centro de la iglesia, tiene lugar el más bello servicio de los maitines de sábado, que tiene lugar al anochecer del viernes. Es la ceremonia del Entierro de Cristo. Todos los cristianos actúan como si estuviesen en un funeral. Traen flores, velas, besan el sudario como si fuese el icono que acompaña normalmente al difunto. A continuación, se inclinan ante la mesa donde está puesto el sudario, pasan bajo él y llegan hasta la cruz, que está allí desde el día anterior. A través de este gesto, los cristianos imaginan que han entrado en la tumba de Cristo y se han inclinado ante Él.

Durante el servicio, cuando cantan como en un funeral, recuerdan la muerte de Cristo, imaginan el dolor de María, de las mujeres mirróforas, de José y de Nicodemo. Al final de esta ceremonia, el sacerdote y los celebrantes toman el sudario y rodean la iglesia con él, siendo seguidos por todos los cristianos, que llevan velas y cantan el habitual Agios funerario: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ¡ten piedad de nosotros!” Al volver a la iglesia, los celebrantes llevan el sudario tan alto, que los creyentes cruzan bajo él para volver a entrar en el santuario. Finalmente, el sacerdote toma el sudario y lo coloca en la mesa del altar -que ahora simboliza el Santo Sepulcro -, toma la cruz dejada en medio de la iglesia y la deja de nuevo detrás de la mesa del altar, y bendice a los cristianos.

Procesión con el sudario durante el Funeral del Señor.

Procesión con el sudario durante el Funeral del Señor.

Al día siguiente, el Sábado Santo, se celebra de nuevo la liturgia de San Basilio, donde se leen las doce profecías sobre la pasión de Cristo. El día entero es de preparación para la gran noche de Pascua.

La inversión litúrgica
La “inversión litúrgica” en estos días tiene un claro sentido simbólico. Los religiosos entienden que el año acaba en invierno y comienza en primavera. Al final, siempre hay “ceremonias caóticas”, durante las cuales los roles de la sociedad cambian en una extraña fiesta carnavalesca: los sacerdotes se convierten en laicos, los laicos en sacerdotes, los reyes pasan a ser mendigos y los mendigos reyes, los hombres se visten con ropas femeninas y las mujeres con ropas masculinas, etc. Ése es el símbolo de la disolución del viejo mundo. El nuevo año comienza con el retorno a la normalidad, la decencia y el gobierno.

Del mismo modo, los cristianos orientales suelen celebrar el inicio del año con la noche de Pascua. Es por ello que el Evangelio leído durante la Liturgia de Resurrección – el Prólogo de Juan – no tiene nada que ver con la Resurrección, sino con la creación del mundo. Litúrgicamente, los cristianos no hacen carnaval, no cambian las reglas de la sociedad, pero creen que el tiempo se descarría: la mañana se convierte en anochecer y viceversa. El tiempo no tiene ya paciencia, está esperando la Resurrección.

Los dos días restantes
Los dos días restantes de “medio-ayuno” son el 25 de marzo, el día de la Anunciación, y el Domingo de Ramos. Esos días se celebran litúrgicamente de modo habitual. Debido a los grandes eventos que se conmemoran, a los creyentes se les permite comer pescado, productos derivados del mismo, aceite y vino. Muchos predicadores subrayan estas fiestas como “pilares” de apoyo durante el tiempo de ayuno, para que el cuerpo humano no quede exhausto.

Detalle del sudario durante la celebración del Entierro de Cristo.

Detalle del sudario durante la celebración del Entierro de Cristo.

Otros pilares son los domingos, cuando se permite también el consumo de aceite y vino. Estos domingos están especialmente dedicados a las ideas de ayuno y recolección:

– El Domingo de la Ortodoxia, en conmemoración al Séptimo Concilio Ecuménico de Nicea (787) y su secuela de Constantinopla (842), cuando los iconos fueron restaurados en las iglesias.

– El Domingo de Gregorio Palamas, arzobispo de Tesalónica y gran defensor del exicastismo, la Oración de Jesús, siendo él mismo un gran ayunador y teólogo.

– El Domingo de la Cruz, colocada en medio de la Cuaresma como su axis, porque la cruz es el axis mundi.

– El Domingo de Juan Clímaco, el Santo que escribió un popular trabajo ascético, “La Escalera de Virtudes”, que se lee habitualmente durante la Gran Cuaresma.

– El Domingo de María de Egipto, conmemorando la posibilidad de arrepentimiento para todos los pecadores, sin importar lo que hicieron: todos están llamados a la restauración de la vida y alcanzar el Paraíso.

Icono ortodoxo griego de Santa María Egipcíaca recibiendo la comunión de San Zósimo.

Icono ortodoxo griego de Santa María Egipcíaca recibiendo la comunión de San Zósimo.

– El Domingo de Ramos, conmemorando la entrada del Señor Jesús en Jerusalén y la preparación de la Pasión y la Resurrección.

Para no hacer este artículo demasiado largo, cabe mencionar una vez más que el Gran Ayuno, aunque significa abstención de comida y bebida, es un tiempo de recolección, análisis interior y retorno al camino correcto, para que los cristianos preparados puedan salir al encuentro de Cristo resucitado.

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es