San Gregorio Dascălul, metropolita de Valaquia

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Icono ortodoxo rumano del Santo, ataviado con las ropas y símbolos de metropolita.

San Gregorio “el Maestro” es un santo canonizado recientemente en Rumania; vivió una vida monástica ejemplar siendo al mismo tiempo, un hombre amante de la cultura. Debido a su intensa actividad, el reavivado movimiento de la vida monástica (conocido como movimiento philokalic o movimiento neo-patrístico), se extendió por el sur de Rumania a través de las traducciones de las obras de los Santos Padres, a la lengua vernácula, el rumano. Por otro lado, reavivó el culto en la Iglesia Rumana apoyando la impresión de los libros litúrgicos en lengua rumana.

Primeros años de su vida:
Nació en Bucarest en el año 1765 siendo apoyado por sus padres para que adquiriese una educación superior tanto en las ciencias clásicas como en las del espíritu. Demostró tener una inteligencia extraordinaria siendo el mejor alumno del Colegio de San Sabas, que era la mejor escuela rumana de la época; allí aprendió latín y griego, teología, gramática y otras ciencias. Durante su estancia en el Colegio de San Sabas, conoció a los monjes Geroncio y Doroteo, dos de los discípulos de San Paisio de Neamt, que fue el santo abad que inició en el siglo XVIII, el resurgimiento de la vida monástica en Rumania y en Rusia. En esos momentos, Moldavia y Valaquia eran dos estados rumanos separados, que estaban bajo la dominación turca. Gregorio era de Valaquia.

En el año 1790, Gregorio marchó al monasterio de Neamt, situado al norte de Moldavia, donde aprendió directamente de San Paisio Velichkovsky, el cual lo tonsuró como monje y le enseñó las reglas de la vida monástica. En ese tiempo, en el monasterio de Paisio, vivían varios cientos de monjes traductores y copistas, cosa que durante más de un siglo, influyó notablemente en la vida espiritual de Moldavia, Valaquía y Rusia. Como Gregorio conocía bien el griego, animado por Paisio, tradujo varias obras de los Santos Padres.

Actividad como impresor:
En el año 1796, el metropolita Dositeo Filitti de Valaquia solicitó dos traductores al monasterio de Neamt. El abad eligió a los monjes Geroncio y Gregorio a fin de llevar a cabo esta misión por lo que comenzó a imprimir en Bucarest en el año 1799, el “Libro de interés para el alma”, libro muy popular en el mundo ortodoxo, siendo como una especie de catecismo. En 1801 imprimieron el “Kiriacodromion” del académico griego Nicéforos Theotokis, libro que explica el texto de las lecturas evangélicas de todos los domingos durante todo el año.

Entretanto, el metropolita Benjamín Costachi de Moldova, les instó a que tradujesen “El misterio piadoso de nuestra fe ortodoxa”, que se imprimió en el año 1803 y “La interpretación de los Evangelios” de San Teofilacto de Bulgaria, que se publicó en el año 1805. En el 1806 se publicó la traducción de la “Dogmática” (la enseñanza de la verdadera fe) de San Juan Damasceno, un libro muy especial sobre teología escrito en el siglo VIII, pero además, el monje Gregorio tradujo y publicó algunos otros libros en rumano.

En el año 1812, San Gregorio y el monje Geroncio fueron al Monte Athos en Grecia a fin de “adorar a Dios en los santos monasterios allí existentes y reunirse con los padres que pudiesen beneficiar su alma piadosa”. A su regreso, cerca de la ciudad búlgara de Plovdiv, fueron atacados por unos ladrones que mataron a golpes a su compañero Geroncio. Gregorio se retiró a Căldăruşani, cerca de Bucarest y allí permaneció durante cinco años, desde 1818 a 1823, fecha en la que fue elegido metropolitano de Valaquia. Aquí tradujo al rumano algunos libros muy importantes para preparar a los candidatos al sacerdocio, libros como:”Tratado sobre el sacerdocio” de San Juan Crisóstomo y “El mundo para el sacerdote” de San Gregorio el Teólogo.

Reliquias del Santo veneradas en el Monasterio Caldarusani, Rumanía.

Metropolita:
En el año 1822, después de haber transcurrido ciento diez años fue elegido como metropolita un rumano de Valaquia, a saber Gregorio Ghica. Este apoyó la elección de un nuevo metropolita para Bucarest, en un momento en el que, después de una difícil guerra con los turcos, no había ningún obispo en Valaquia. Elegido como metropolita, Gregorio se mostró equilibrado y sabio al tomar decisiones sobre la reactivación de la vida espiritual del país.

Se las arregló como pudo para impedir que los obispos griegos del sur del Danubio ordenasen sacerdotes fuera de sus diócesis. Esta práctica había sido bastante “normal” en la Edad Media por lo que muchos sacerdotes no sabían casi nada acerca de su propia fe. Después de quejarse ante el Patriarca de Constantinopla, esta práctica fue abolida.

Una de las decisiones del metropolita Gregorio fue proporcionar libros a las escuelas así como los mejores maestros para la enseñanza. Gregorio sabía que el progreso cultural y el progreso espiritual se reforzaban mutuamente, por lo que ayudó a muchos estudiantes de bajos recursos económicos a fin de que pudiesen estudiar y construyó seminarios de teología a fin de preparar a los futuros sacerdotes y maestros. Pero sobre todo, puso orden en la vida monástica tratando de reestablecer las reglas de los Padres de la Iglesia en todos los monasterios rumanos.

Tras el estallido de un nuevo conflicto entre Rusia y Turquía en el año 1828, San Gregorio se vio obligado a huir a Chisinau. Tres años más tarde, el gobierno de Bucarest le requirió su renuncia, pero él se negó diciendo: “Dios me dio un alma y a continuación, una diócesis; dejaré mi diócesis cuando el alma salga de mi cuerpo pues esto es lo que concierne a la salvación de las almas”. El 22 de agosto de 1833 regresó a Bucarest pero solo vivió un año más, pues pasó a la eternidad el día 22 de junio del año 1834. Fue enterrado sentado en una silla, en una tumba abovedada cercana a la Catedral Metropolitana de Bucarest. Siete años más tarde, sus restos fueron trasladados al monasterio Căldăruşani. Su voluntad se puede encontrar en el prefacio a la traducción del libro “Compartir el trigo” de San Juan Crisóstomo: “El tiempo que deseo vivir sea a fin de ayudar a la ortodoxia, a mi gente y a mis hermanos, a fin de que puedan obtener fácilmente la bondad eterna a través de las enseñanzas de los santos”.

Un sacerdote reza ante el sepulcro del Santo. Monasterio Caldarusani, Rumanía.

La veneración a San Gregorio el Maestro:
Gregorio “el Maestro” fue venerado desde hace muchísimo tiempo tanto en Bucarest como en sus alrededores, siendo canonizado oficialmente el día 21 de mayo del año 2006, celebrándose su festividad tal día como hoy, el 22 de junio, que fue el día de su fallecimiento.
El Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rumana tomó esta decisión en octubre del año 2005 a propuesta del Sínodo Metropolitano de Muntenia y Dobrogea (Metropolía de Valaquia).
Las reliquias de San Gregorio Dascălul se encuentran actualmente en el monasterio Căldăruşani, donde él estuvo cinco años como monje antes de ser elegido metropolita.

Tropario:
El himno del santo es el mismo utilizado para todos los Santos Jerarcas (por ejemplo, San Nicolás de Myra tiene el mismo himno litúrgico en la Iglesia).
En verdad, se dieron a conocer a su rebaño como una regla de la fe, una imagen de la humildad y un maestro en la abstinencia; tu humildad te ensalza, tu pobreza te enriquece; Jerarca y Padre Gregorio, ruega a Cristo nuestro Dios para que nuestras almas se salven”.

Kontakion o himno específico del Santo:
“La Iglesia Rumana te tuvo como defensor de la fe sin miedo, facilitando compasión al pueblo oprimido, oh Santo Jerarca Gregorio, ya que aconsejaste a los sacerdotes y a los fieles, enseñaste a los jóvenes y protegiste a los huérfanos y tus escritos y sabias enseñanzas permanecen como tesoro inestimable de nuestra Iglesia Ortodoxa”.

Mitrut Popoiu

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