El Rito Armenio y San Gregorio el Iluminador

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Solemne pontifical en rito armenio.

El Rito armenio:

Hoy, queremos dar unos breves apuntes sobre la Iglesia Apostólica Armena y sobre su “fundador”, San Gregorio el Iluminador; queremos escribir sobre este antiguo rito oriental y sobre la vida de este importante santo.
La doctrina cristológica de la Iglesia Apostólica Armena, de hecho, coincide con la doctrina católica. Rechaza tanto el nestorianismo como el monofisismo, aunque la jerarquía armenia no ha firmado ninguno de los dogmas definidos con posterioridad al Concilio de Calcedonia. Una declaración de afirmación de esta doctrina calcedoniense, fue firmada en el Vaticano por el Patriarca Karekin I de Echmiadzin y por el papa San Juan Pablo II el día 13 de diciembre del año 1996. Los puntos de discusión son otros, como por ejemplo la Epíclesis o invocación al Espíritu Santo para que en la misa transforme el pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo. Esta es una doctrina sacramental de primera importancia para los armenios mientras que en la teología latina no tiene la misma importancia. Otras discusiones son acerca del purgatorio y la admisión del divorcio.

La Iglesia Apostólica Armena acepta los siete sacramentos. El bautismo lo hace por triple inmersión e inmediatamente se confiere la Confirmación mediante la unción con el santo crisma de la frente, los oídos, la boca, la nariz, los ojos, el pecho, la espalda, las manos y los pies del recién bautizado. En cuanto a la Penitencia, se admite tanto la general o pública como la privada.
Mientras que en las otras liturgias orientales la Coronación de los esposos y la bendición del sacerdote constituyen el signo esencial del sacramento del Matrimonio, para los armenios, al igual que para los latinos, ese signo esencial es el consentimiento que se dan mutuamente los esposos. En ciertos casos se admite el divorcio.

Fotografía de un sacerdote de rito armenio revestido con el atuendo propio del rito.

En el sacramento del Orden, además de la antigua imposición de las manos por parte del obispo, se han añadido otras ceremonias del ritual romano como la unción de las manos del neosacerdote con el santo crisma. Sin embargo, entre el obispo y el sacerdote, ellos tienen un grado intermedio que es el llamado “vardapets”. Estos son sacerdotes doctos y célibes a los que no se les obliga a vivir como monjes, pero de entre los cuales se eligen a los obispos, que son consagrados por el katholicós. Los “vardapets”, digamos que son como los archimandritas bizantinos. Los sacerdotes pueden ser célibes o casados. En la Unción (Visitación a los enfermos), estos no son ungidos, pues ya lo fueron en la Confirmación.

La liturgia armena se distingue por su belleza y solemnidad. Originariamente, los primeros evangelizadores de Armenia introdujeron un rito del tipo siríaco, del cual aun se encuentran algunas trazas en el actual rito armenio, pero en seguida sintieron el influjo de Cesarea de Capadocia, que era de rito antioqueno; de esa influencia, derivaron más tarde los ritos armeno y bizantino y es por esto por lo que la liturgia armena es la más parecida a la liturgia bizantina.

El “canon” de la Misa se atribuye a San Gregorio el Iluminador, del que hablaremos más adelante, pero realmente es una adaptación de la “anáfora” bizantina de San Juan Crisóstomo. Las persecuciones obligaron a los armenios a refugiarse en Cilicia y es allí donde empezó a influir en su liturgia, la liturgia romana. Por poner algún ejemplo diremos que la Misa se inicia exactamente igual a como se iniciaba la latina antes de la reforma del Concilio Vaticano II, que la elevación de la Hostia consagrada se hace exactamente igual que en el rito romano o que la Misa termina con la lectura del primer capítulo del Evangelio de San Juan, como hacíamos también nosotros antes.

Liturgia armenia. Nótesen las mitras de los obispos y las de los sacerdotes.

Los obispos utilizan la mitra y el báculo latinos mientras que los sacerdotes usan unas coronas y báculos similares a los usados por los obispos bizantinos. Sin embargo, aunque los ornamentos litúrgicos son más suntuosos, la decoración interna de las iglesias es mucho más sobria. Normalmente, solo se encuentra un cuadro de la Virgen con el Niño al fondo del altar. No existe el culto a los iconos.

La Iglesia Apostólica Armena constituye un caso especial de organización eclesiástica. El Katholicós supremo (Patriarca) está en Etchmiadzin (Armenia), pero existen otros patriarcados en Jerusalén, Estambul y Cilicia; este último se considera absolutamente autocéfalo, residiendo el Patriarca en Antelías (Líbano). Sin embargo, existe total y absoluta comunión entre los cuatro patriarcados.

Y por último, una curiosidad. No existen las parroquias al estilo en el que podemos considerarla en Occidente. Todas las iglesias tienen una unidad de culto y aunque a ellas están vinculados algunos sacerdotes, son regidas por un consejo de seglares: estos son los que gestionan el templo, guardan sus llaves, eligen a los sacerdotes que deben asegurar el culto, en fin, los que mandan.

San Gregorio el Iluminador, apóstol de los armenios:

Era hijo de Anak, príncipe parto, por lo que es conocido también con el sobrenombre de San Gregorio el Parto. El rey de Persia Artasir, envió a Anak a Armenia con el objetivo de asesinar a traición al rey armenio Kosrov, perteneciente a la dinastía de los Arsácides. Aunque logró su objetivo, Anak fue arrestado y su familia fue exterminada, pero uno de sus hijos, Gregorio, fue escondido por una nodriza cristiana que se lo llevó a Cesarea de Capadocia, librándolo de la muerte.

Se puede afirmar que Gregorio había nacido en lo que hoy es Armenia alrededor del año 260 y que fue educado cristianamente en Cesarea, donde muy joven, se casó con una cristiana llamada Julita, de la que tuvo dos hijos: San Aristakes y San Verdanes.

Fresco del Santo en el monasterio de Saghmosavank (Armenia).

Fue ordenado de sacerdote en Cesarea y entró en la Corte del príncipe armenio Tiridate, que también había huido de su país y se había puesto bajo la protección del emperador romano. Después de la batalla de Galerio contra los persas en el año 297, batalla en la que participó Tiridate, Diocleciano lo apoyó para que con ayuda de las legiones romanas pudiera recuperar su trono en Armenia. Gregorio formó parte del séquito y cuando pusieron pie en suelo armenio, el príncipe ordenó organizar una fiesta en honor de la diosa Anahita, a lo que Gregorio se negó por lo que fue torturado.

Existe una “Vita” del santo que explica las catorce torturas, a cual más cruel, a las que fue sometido. Baste un ejemplo, estuvo metido en un profundo pozo durante quince años, desde el año 298 al 313, mientras Tiridate perseguía a los cristianos.

Según Sozomeno, la conversión de Armenia fue la consecuencia de una curación milagrosa del mismísimo Tiridate. Este rey, después de haber dado orden de matar a la virgen Santa Hripsima, enfermó de tristeza porque él habría querido tenerla por esposa y ella al rechazarlo por conservar su virginidad murió martirizada. Se describe esta enfermedad como una especie de transformación ¡en jabalí!, algo parecido a lo ocurrido al rey Nabucodonosor, por lo que puede deducirse que se tratase de una especie de licantropía (λυκάνθρωπος): transformación en hombre-lobo (!!).
Y mientras en la Corte se desesperaban porque no encontraban ningún remedio, una hermana del rey llamada Khosroviduxth tuvo una visión en la que se le apareció San Gregorio, que estaba encerrado en el pozo del que hemos hablado antes.
Liberaron a Gregorio, lo llevaron ante el rey y este lo curó y durante seis meses catequizó al rey y a la corte, los convirtió, hizo que firmara un decreto aboliendo el paganismo, erigió numerosas iglesias y altares… y así comenzó la evangelización de Armenia, aunque al rey no lo bautizó esperando que lo hiciera un obispo.

Escultura del Santo en el exterior de la Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Esta “Vita” a la que estamos haciendo referencia, sigue diciendo que el rey tuvo una visión en la que un ángel le decía que se eligiera a San Gregorio como supremo pastor de su reino ya convertido. Al mismo tiempo, el mismo ángel se le aparecía a Gregorio y le indicaba que aceptase esa responsabilidad. Lo eligieron y fue enviado a Cesarea de Capadocia a fin de ser consagrado como obispo. Quince príncipes y más de treinta mil personas lo acompañaron en el viaje a fin de asegurar su seguridad pues tenían que pasar por lugares donde la población era pagana y los sacerdotes idólatras trataban de impedirlo.

Llegados a Cesarea, fueron recibidos por el obispo Leoncio al cual entregaron una carta del rey; este convocó el sínodo de Cesarea del 314, en el que participaron veinte obispos y donde consagraron a Gregorio. Leoncio le devolvió otra carta al rey de Armenia, se la dio a Gregorio, junto con otra carta dirigida a Pedro, obispo de Sebaste. En ella, Leoncio pedía a Pedro que acompañase a Gregorio hasta Astisat (Armenia) para entronizarlo en su sede conforme ordenaba los cánones eclesiásticos.

En aquella ciudad lo recibieron mal y tuvo que ser defendido por quienes le acompañaban. Hay que tener en cuenta que dicha ciudad había sido sede episcopal, pero durante la persecución contra los cristianos había estado sin obispo y de pronto se encontraron que acompañaban a Gregorio los mismos que antes de convertirse, los habían perseguido. Gregorio tomó posesión de su nueva sede y como llevaba consigo reliquias de San Juan Bautista y de San Atenógenes (mártir en el 303 en tiempos de Diocleciano), las puso en una capilla construida al efecto. En las aguas del río Eufrates bautizó a muchísimos príncipes, soldados y al propio rey con su esposa y hermana.

Después de aquel acto solemne, se dedicó a organizar la nueva Iglesia y como había sido acompañado desde Cesarea por numerosos sacerdotes y monjes, de entre ellos, consagró a varios obispos y los envió a diversas regiones del país. La “Vita” a la que estamos haciendo referencia menciona por sus nombres a una quincena de estos obispos y a sus respectivas sedes. Renacía la Iglesia Armena.

Como Gregorio tenía dos hijos, él quiso enviarlos a Cesarea pero el rey le exhortó a que se quedaran con él para ayudarle. Aristakes, que era monje y llevaba vida de anacoreta, fue consagrado obispo y quedó como ayudante de su padre, reemplazándolo cuando Gregorio se retiraba temporalmente a un monasterio o iba a evangelizar nuevas tierras. San Aristakes, consagró también a su hermano, San Verdanes, o sea, el padre y los dos hijos fueron obispos y los tres están reconocidos como santos por la Iglesia Universal.

Un obispo armenio porta el relicario con el brazo derecho del Santo.

San Gregorio, acompañado del rey fueron a Roma a visitar al emperador Constantino el Grande y durante el viaje ocurrió un hecho histórico que originó una leyenda en la Edad Media. Según esta, encontrándose Gregorio con el Papa Silvestre, este le habría otorgado el privilegio de ser Patriarca de Oriente. El hecho es real, pero la leyenda es conocida como “la carta del pacto”.

San Gregorio murió en el año 328 y fue sepultado en Thordan, localidad de la región de Daranalik’. Aunque la “Vita” no describe absolutamente nada de cómo fue su muerte, existe una leyenda que dice que San Gregorio se habría retirado al monte Sabih para dedicarse a la vida contemplativa y allí murió como un desconocido. Algunos pastores recogieron su cuerpo y lo sepultaron. Un siglo más tarde, un eremita tuvo una visión y su cuerpo fue descubierto.

La Iglesia Armenia le ha dedicado tres fiestas a este Santo, llamado “el Iluminador”: la primera y principal y probablemente la más antigua, es la de la invención de sus reliquias. Esta fiesta recordaba antiguamente la muerte del santo, pero posteriormente fue confundida con la fiesta de la invención. Según un antiguo calendario armenio esta fiesta era celebrada el día 30 de septiembre, pero recientemente ha sido trasladada al tercer sábado después de Pentecostés. Los menologios y sinaxarios bizantinos y el Martirologio Romano también lo recuerdan ese día.
Las otras dos fiestas son: la entrada de Gregorio en la prisión o pozo (quinto sábado de Cuaresma) y la salida de la misma (sábado después de Pentecostés).
El nombre de San Gregorio es especialmente recordado en las plegarias litúrgicas, junto con la Santísima Virgen, San Juan Bautista y San Esteban protomártir.

Actualmente, parte de sus reliquias se veneran en las ciudades de Nápoles y de Nardò, en Italia. La fiesta napolitana es muy antigua porque aparece en el calendario marmóreo de San Juan el Mayor los días 2 y 3 de diciembre. Es especialmente venerado por la Iglesia Etiópica que tiene una liturgia que lleva su nombre.

Hay constancia de la veneración de las reliquias desde el siglo V, o sea, desde que se descubrieron. El historiador L. Pharpec’i narra que el Katholicós Juan I (480-502), fue a encontrarse con el príncipe Vahan, que venía de Persia, llevando en procesión las reliquias del santo. Pero según otra tradición, contemporáneamente, se encontraron otras reliquias en la región de Daranalik’, que estaba bajo el dominio del imperio bizantino. El emperador Zenón, teniendo conocimiento del hecho, envió a unos legados a Armenia para llevar las reliquias a Constantinopla, dándole los armenios solo una parte. Pero hay historiadores armenios que niegan este hecho y que dicen que el pueblo armenio se negó y entregó al emperador las reliquias de otro santo obispo llamado también Gregorio.

Cráneo del Santo venerado en Nápoles, Italia.

En el siglo VII, el katholicós Nerses III hizo construir una espléndida iglesia en su honor y en esta ocasión, puso las reliquias en los cimientos de la Iglesia, reservándose el cráneo a fin de que pudiera ser venerado por los fieles. Pero el historiador armenio Moisés Kalankatuac’i afirma que fue el gobernador armenio Gregorio Patrik el que llevó las reliquias de San Gregorio desde Thordan hasta Valarsapat, a la Iglesia construida por Nerses III y que las reliquias se pusieron bajo los cimientos de la iglesia para impedir que se las llevaran a Constantinopla.

Pero la existencia de reliquias en Constantinopla viene confirmada por otro documento, según el cual, en la iglesia de la Santísima Trinidad de la capital imperial, un niño que estaba poseído del demonio, fue curado invocando a los santos armenios Gregorio, Hripsima y Gayana y que un milagro hizo que se abriera un sarcófago (delante del cual fue curado el niño) y en el que se encontraron tres urnas que contenían las reliquias de estos tres santos. Esto atrajo la atención de la emperatriz Teodora y del patriarca Focio, que fueron expresamente a venerarlas. Y según sigue diciendo este mismo documento, esto ocurrió el quinto sábado de Cuaresma, dando origen a una de las fiestas de las que hemos hablado antes.

Actualmente, una de las reliquias guardadas más celosamente por los armenios es el brazo derecho del santo, considerada como signo indiscutible de legitimidad para el katholicós que la posee. Con ella se bendice a todo nuevo patriarca cuando es elegido al llegar el momento de su consagración con el santo crisma. Este brazo está ahora dividido en dos partes: uno está en Etchmiadzin (Armenia) y el otro en Antelías (Líbano).

Como he dicho, otras reliquias se conservan en Italia: en Nardò, los huesos del otro brazo y desde los tiempos de Fernando II de Aragón en el siglo XVI, en Nápoles se conserva el cráneo. Una tradición local napolitana confirmada por Baronio, dice que estas reliquias fueron levadas a Italia por unos cristianos armenios que tuvieron que huir de Oriente y que esto ocurrió en tiempos de Constantino Copronimo, emperador iconoclasta.
Para elaborar esta reseña hemos utilizado especialmente los trabajos de Paolo Ananian, doctor en Sagrada Teología en el Estudiantado de los padres mequitaristas de Roma.

Finalmente queremos dar los links de dos ceremonias en este rito:

Misa oficiada por un sacerdote:

Consagración de nuevos obispos:

Antonio Barrero

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