Venerable Gregorio López: “El solitario de México”

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Grabado del retrato del Venerable Gregorio López en la portada de una de sus obras.

Este personaje que será famoso por ser un ermitaño del estado de Zacatecas, México, nace el 4 de julio de 1542 en Madrid, España; sobre su familia y primeros años es poco lo que se sabe, debido a que él jamás quiso hablar al respecto, lo que ha hecho pensar que quizá pertenecería a alguna familia de la nobleza española y algunos llegaron a asegurar que a la realeza poniéndolo como el príncipe Carlos, hijo del rey Felipe II. Otras versiones dicen que un conocido de Gregorio afirmó en una ocasión que el venerable era hijo de judíos conversos.

Según cuentan sus biógrafos a los seis años huye de casa y vive como ermitaño en los montes de Navarra, cosa difícil de creer al tratarse de un niño de tan corta edad, más no imposible, recordando que personajes como Santa Teresa quisieron hacer algo semejante en su niñez. Tal parece que años después fue paje en la corte real en Valladolid, posteriormente vivió en Burgos y movido por su espiritualidad, a los veinte años decide recorrer los Santuarios más importante de la península y al llegar al de Nuestra Señora de Guadalupe de Extremadura, escucha una voz interior que le anima a viajar al Nuevo Mundo.

Llega al puerto de Veracruz en 1562, reparte todo su equipaje a los pobres y se dirige a la ciudad de México, donde trabajó por un tiempo en las notarias de Eligio San Román y Filomeno Turcios, donde siempre le veían callado y metido en su trabajo. Tiempo después se cansó de la ciudad y decidió marchar hacia Zacatecas en el norte del país y se estableció en el Valle de Atemayac o Atemajaque (situado en el actual municipio de Jérez), donde cambió sus ropas por una burda túnica, siempre andaba descalzo y sin sombrero. Los indios chichimecas le recibieron con beneplácito y le ayudaron a fabricar una ermita dedicada a la Virgen de Guadalupe de México; con el permiso del capitán y ayuda de los mismos indios construyó una humilde cabaña la cual nombro Santa Fe Atemajaque y en esa región desértica pasaría varios años en contemplación.

Óleo que representa al Venerable como solía vestir con su sencilla túnica.

Se dice que estando en la soledad muchas veces era atacado por el demonio y solo se alimentaba de una lechuga o un rábano. Se convirtió en protector de los chichimecas y los soldados que llegaban persiguiéndoles comenzaron a despreciarlo y a amenazarlo con denunciarlo a la Inquisición acusándolo de hereje debido a que en la cabaña que llamaba Santa Fe no tenía ninguna imagen religiosa de Cristo, la Virgen o algún santo, ni rosario y porque no llegaba todos los domingos a misa, pero Gregorio López lo único que tenia era una vieja biblia y se ha comprobado que Gregorio llegaba cada mes a confesarse y comulgar a la capilla en la hacienda de don Pedro Carrillo de Ávila.

Durante tres años permaneció retirado del mundo Gregorio López hasta que el dominico fray Domingo de Salazar, quien después sería arzobispo de Manila, lo persuadió para regresar a la ciudad de México, donde estuvo por un tiempo en el convento dominico y aunque los frailes le ofrecieron ingresar en la orden, él rechazó la invitación puesto que quería seguir con su vida eremítica. No tardó en dirigirse al norte del estado de Veracruz en la región conocida como la huasteca donde continúo su vida en soledad dedicado a la oración y estudio de las Sagradas Escrituras.

Debido a que las penitencias lo debilitaron enormemente, cayó enfermo y el párroco Juan Mesa lo llevo a su casa por cuatro años para cuidar de él admirado por su piedad y abstinencia pero en varias ocasiones pensó en acusarlo a la Inquisición debido a que le inquietaba el que no trajera rosario, escapulario o alguna imagen religiosa, tan sólo su vieja biblia, varios papeles revueltos un compás y un mapa lleno de rayones. Estando con el párroco la fama de Gregorio López se dispersó y comenzó a ser visitado por misioneros, sacerdotes y todo tipo de personas que le pedían consejo por lo que el venerable decidió retirarse a Atlixco a continuar su vida eremítica, pero las sospechas continuaron y el Obispo de Tlaxcala decidió examinarlo personalmente y después de hacerlo, declaró inocente a Gregorio López y digno de veneración por sus virtudes.

Actual parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Jérez, Zacatecas, ermita que fue erigida por el venerable durante su estadía en aquel sitio.

Posteriormente Gregorio López decidió retirarse al Santuario de Nuestra Señora de los Remedios no muy lejos de la ciudad de México y en este lugar nuevamente levantó sospechas. Entonces el arzobispo de México, don Pedro Moya comisionó al jesuita Alonso Sánchez y al Dr. Francisco Losa para que examinaran el caso de Gregorio López, quienes quedaron admirados por su virtud y entonces el mismo arzobispo comenzó a visitarle frecuentemente.

Tiempo después nuevamente debido a sus penitencias enfermó y el Dr. Losa que se convirtió en su amigo decidió llevarlo para recuperarse al Hospital de Huaxtepeque recientemente edificado por el venerable Bernardino Álvarez, fundador de la Orden de la Caridad de San Hipólito y atendido por los religiosos de esta misma orden. Al recuperar la salud, Gregorio decidió continuar sus penitencias en este hospital y dedicarse a ayudar a los frailes a atender a los enfermos y para ayuda de los religiosos escribió un libro con diversas recetas “Tesoro de Medicinas”, que durante varios siglos y hasta principios del siglo XIX se consideró una obra valiosísima para el tratamiento médico. A pesar de tener recetas extrañas y extravagantes como para curar los nervios se receta aplicarse lombrices de agua dulce ahogadas en vino blanco y para la picadura de un alacrán ponerse el mismo alacrán muerto sobre la herida o una rata abierta de las entrañas.

Portada de “Tesoro de Medicinas” que el Venerable escribió para la atención de enfermos y para ayudar a la Orden de los Hipólitos y que fue muy apreciada durante los siglos coloniales.

El padre Losa decidió renunciar a sus cargos como párroco en la ciudad de México y junto a Gregorio López se retiraron a vivir a Santa Fe de Tacubaya el 22 de mayo de 1589, cerca de la ciudad de México donde construyeron una ermita – cabe destacar que Santa Fe fue fundada por el famoso Obispo de Michoacán Vasco de Quiroga quien su causa de beatificación también se encuentra en proceso – y precisamente en una habitación construida por este venerable Obispo decidió continuar su vida eremítica el venerable Gregorio López; sólo salía en ciertas ocasiones para ir a escuchar misa al cercano convento de dominicos. Allí en Santa Fe le visitaron muchas personas para pedirle consejo incluso el virrey don Luis de Velasco. En una ocasión de regreso de Manila, ya como Obispo su querido amigo fray Domingo Salazar pasó a visitarle y encontrándolo absorto le preguntó ¿en qué meditaba? y Gregorio le respondió: en el amor de Dios y del prójimo, a lo que el Obispo le replicó que hacía veinticinco años le había dicho lo mismo y Gregorio le contesto: En eso solamente he meditado toda mi vida.

Aquí en Santa Fe y gracias a la oración escribió varias obras entre las que destacan: Exposición del apocalipsis de San Juan, Calendario perpetuo y Cronología universal desde Adán hasta el reinado de Felipe II en España. De sus escritos se extrae este párrafo: “Los que viven en unión con Dios son almas santas y siguen un buen camino; pero la perfección o el mérito no consisten en actos que produzcan gozo, sino en el esfuerzo del alma que emplea todas sus fuerzas en amar a Dios del modo más perfecto, y con los actos más eficaces de que es capaz. Esto es más hacer que disfrutar, mientras que lo otro es más disfrutar que hacer. El alma que ama a Dios perfectamente es la que da todo lo que puede. En esto consisten la ley y los profetas y Dios no pide más.”

El venerable Gregorio López fallece a los 54 años de edad y teniendo 33 de vida de penitencia el 20 de julio de 1596. Se dice que cuando falleció se apareció a una religiosa amiga suya y le dijo que él iba al cielo pero que ella debía quedarse aun porque era el consuelo del convento. Sus exequias fueron celebradas por el Obispo de Tlaxcala y toda la ciudad de México asistió a ellas, su cuerpo fue depositado en el templo de Santa Fe pero después fue llevado al templo de las religiosas carmelitas descalzas de la ciudad de México, para finalmente ser depositados en la catedral metropolitana en la capilla del Santo Cristo. Y según narran los biógrafos de Gregorio López el arzobispo don Francisco Manso y Zúñiga llevó a Burgos parte de las reliquias del Venerable al convento de San Millán, pero esto no ha podido ser comprobado. Quizá se refiera al convento de San Millán de la Cogolla que en aquel entonces pertenecía a Burgos [1] y se dicen que sus reliquias despedían una fragancia “celestial” y en la ciudad de México decían que cada vez que se trasladaban sus reliquias dejaba una fragancia a rosas y a manzanas.

Retrato del Venerable Gregorio López conservada en la ermita de Guadalupe actual parroquia de la Virgen de Guadalupe por el fundada.

Respecto a su beatificación fue pedida por Felipe III, Felipe IV, Carlos II y Fernando VI junto con los obispo de la Nueva España, pero solo llegó a Venerable; desgraciadamente después del siglo XVIII su causa fue perdiendo auge y su recuerdo desvaneciéndose. Actualmente es un venerable muy desconocido aun en México, aunque el arzobispado de México aun lleva su causa; quizá el desinterés por su beatificación se haya debido a que en primera instancia quienes se encargaron de difundir su devoción fue la Orden de San Hipólito a quienes el venerable ayudo a cuidar enfermos y para quienes escribió el Tesoro de Medicinas pero al desaparecer esta orden seguro con ello también fue decayendo el recuerdo de Gregorio López, sumado a que la capilla donde se guardan sus reliquias permanece cerrada y sin luz, y como ya mencioné las que se dicen estuvieron en Burgos no se sabe nada de ellas.

André Efrén

BIBLIOGRAFÍA
– Monterrosa Prado, Mariano y Talavera Solórzano, Leticia, “Devociones Cristianas en México”, México, CONACULTA, primera edición, 2002.
– Saucedo Zarco, Carmen, “Historias de Santos Mexicanos”, México, Planeta, Primera edición, 2002.
– Sellner, Albert Christian, “Calendario Perpetuo de los Santos”, México, Hermes, primera edición, 1995.


[1] Agradezco a David Jiménez colaboradores del blog su ayuda para corroborar esta información sobre las reliquias de Gregorio López en Burgos.

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