Santas Justa, Justina y Henedina: ¿mártires de Cerdeña?

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Santas Henedina (izqda.) Justa (centro) y Justina (dcha.) Lienzo de la catedral de Oristano (Cerdeña).

Pregunta: Quisiera saber mas de santa Henedina Martir, tengo una tia llamada asi le dara gusto saber que tiene una protectora en el cielo y saber algun dato mas de ella. México.

Respuesta: No se puede hablar de Santa Henedina sin mencionar a sus dos compañeras de martirio, Justa y Justina. Las tres son vírgenes y mártires de Cerdeña y muy veneradas en la isla, siendo Justa la principal de las tres. Veamos primero qué nos dice la tradición sobre ellas y luego entraremos en detalles históricos.

Justa había nacido en la ciudad sarda de Eaden-Othoca (hoy llamada Santa Giusta en honor a ella) en tiempos del emperador Adriano (117-138). Su madre se llamaba Cleodonia y era rica y de buena familia. A los doce años, Justa empezó a frecuentar las asambleas cristianas que convocaba el obispo Octacio para catequizar a los aspirantes, y se unió entusiasmada a ellos. El mismo Octacio la instruyó, bautizó y animó a profesar abiertamente su nueva fe. Pero Cleodonia, su madre, era una ferviente pagana y se disgustó por lo que había hecho su hija, por lo que puso todos los medios para impedirle asistir a las reuniones y celebraciones de la comunidad.

Como Justa, aún así, hallaba el modo de escabullirse para ir con sus correligionarios, Cleodonia la encerró bajo llave en el sótano de la casa. Luego trató de convencerla con lisonjas y argumentos de que renunciara a su nueva fe, y cuando esto falló, recurrió a la violencia física. Pero tampoco las frecuentes palizas doblegaron la voluntad de Justa. Con todo, no estaba sola en su dolor. Dos esclavas de la casa, Justina y Henedina, bajaban a darle de comer y a curar sus heridas, y conmovidas por la fortaleza de la joven, se convirtieron ellas también a la fe cristiana.

A partir de este punto, la tradición se desdobla en dos versiones diferentes. Una dice que Cleodonia, viendo lo inútil de sus esfuerzos por torcer la voluntad de su hija, la denunció ante el magistrado, entregándole también, de paso, a las dos esclavas recién convertidas. Después de haber intentado en vano convencerlas de que abandonaran su fe, éste las condenó a muerte, por lo que fueron las tres decapitadas.

Otra versión dice que Cleodonia se entristeció tanto por la conversión de su hija y de sus esclavas, que se murió del disgusto (!!!) y Justa, ya libre de su tiranía, pudo dedicarse con mayor fervor a la práctica de la vida cristiana, con una especial atención hacia los pobres. Un joven llamado Claudio se enamoró de ella y la pidió por esposa, pero ella lo rechazó, porque quería consagrarse sólo a Cristo. Entonces él recurrió a magos y hechiceros para embrujarla y lograr su amor; y acostumbrando a perseguirla allá donde iba, acordó que entre todos la asaltarían y la violarían; para que, viéndose violada, por vergüenza aceptara casarse con él. Pero llegado el momento los magos se compadecieron de la muchacha y lo que hicieron fue convocar mágicamente una densa niebla para que ella pudiese escapar (!!!). El Señor, molesto por la idolatría de la ciudad y por los atentados contra su esposa, la hizo hundirse bajo las aguas, ahogando en ellas a Claudio y los magos. Entonces, Justa rindió a Él su espíritu y murió invocando Su nombre.

Como vemos, una versión la hace mártir e incluye a las esclavas Justina y Henedina como compañeras de martirio; la otra, no la hace mártir y no parece tampoco que ellas fueran martirizadas. Siendo la segunda versión más disparatada que la primera –de hecho, copia literal de la también fantásica passio de Santa Justina de Antioquía-, por desgracia lo que podemos concluir es que es un relato legendario y de nulo valor histórico, que no nos dice nada útil sobre las mártires reales. Ahora veremos por qué.

Imagen de Santa Justa que se venera en Chiaramonti, Sassari (Cerdeña).

Aunque se las venera especialmente en Cerdeña –sobretodo a Justa, que tiene más de veinte iglesias intituladas a ella en la isla- y también en el sur de Italia, la realidad es que no existen datos hagiográficos antiguos que garanticen su existencia. A pesar de eso, César Baronio (1538-1607) las introdujo en el Martirologio para el día 14 de mayo basándose únicamente en tradiciones locales sin gran consistencia (esto lo hizo muchas veces y la cultura popular aún sufre los errores de esta precipitación suya). Dichas tradiciones decían que las tres Santas estaban enterradas en la catedral (s.XII) de la ciudad episcopal de Santa Giusta, identificándose la vieja planta del edificio con la casa de Justa, y la cripta con el sótano donde estuvo encerrada. Esta ciudad se unió a la actual ciudad de Oristano, en la provincia homónima, a inicios del siglo XVI. Y no sólo Baronio, sino también Ferrari, las mencionó en sus obras, diciendo que no existía ninguna passio sobre ellas.

¿De dónde viene, entonces, el relato que he descrito arriba? En el año 1616, un canónigo de la catedral de Oristano, Antonio Martis, lo escribió y publicó, sin más, diciendo que se había basado en un códice antiguo que, sin embargo, no citaba ni reseñaba debidamente. Al no cumplir esta premisa básica de todo autor que quiera hacerse respetar –esto es, citar sus fuentes- todos los hagiógrafos posteriores han concluido que Martis se inventó la historia sin más. Un aspecto que me atrevo a añadir por mi parte, es que ubicar el martirio en época de Adriano prueba la arbitrariedad del relato: lejos de ser el tirano monstruoso que nos pintan los relatos piadosos, el emperador hispano fue siempre tolerante con los cristianos, y no se ha podido probar ni un solo martirio auténtico durante sus años de gobierno.

Urna con las reliquias de las Santas. Cripta de la catedral de Oristano (Cerdeña).

Algunas de las tradiciones locales en las que se basó Baronio para incluirlas en el Martirologio, por ejemplo en ciudades como Torres y Cagliari, dicen que fueron martirizadas en tiempos de Diocleciano –eso ya tendría más sentido- y que primitivamente estuvieron enterradas en la cripta de Santa Restituta, según documenta Lanzioni en el siglo XX. Pero antes que él, en el siglo XIX, el bolandista Delehaye afirmó que en realidad eran mártires africanas veneradas en Cerdeña… curiosamente, igual que Santa Julia, la célebre crucificada.

Las teorías de Delehaye vienen sustentadas por el hecho de que Santa Justa, la misma Justa de Cerdeña, ¡aparece en el Martirologio el día 15 de julio, como mártir de Cartago! Y así tal cual se la venera en Córcega y en el sur de Italia.

Y si Justa parece estar desdoblada en dos mártires distintas, Henedina, por su parte, sí sería la mártir de Abitinia de la que nos habla San Cipriano de Cartago, tergiversándose luego su nombre en Heredina, Herectina, y finalmente Henedina.

Resumiendo: el trío de mártires Justa, Justina y Henedina parece existir, pero no pertenecen al lugar donde se las ubica y venera; y por supuesto, la passio que he relatado sobre ellas no tiene el menor valor histórico: se la inventó un canónigo que seguramente mezcló datos de otras passio (reconozco la de Justina de Antioquía, Matrona de Tesalónica, y alguna más) en un intento de dotar de historia a unas mártires de las que, en fin, no se sabe nada.

Me he basado en la tesis de Celestino Zancudi, que es profesor de Historia Eclesiástica del Seminario Regional de Cuglieri, Nuoro (Cerdeña).

Meldelen

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