Santa María de la Purísima, hermana de la Cruz

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Tapiz de la beatificación en Sevilla.

Tapiz de la beatificación en Sevilla.

Se llamaba María Isabel Salvat Romero y había nacido el día 20 de febrero del año 1926 en la zona más noble de la ciudad de Madrid, muy cerca del Parque del Retiro y de la Puerta de Alcalá. En esa misma casa, cincuenta y seis años antes había muerto el célebre poeta Gustavo Adolfo Bécquer. Era la tercera de un total de ocho hijos, fruto del matrimonio de Ricardo Salvat Albert y Margarita Romero Ferrer, mujer profundamente religiosa. Fue bautizada a los siete días de su nacimiento en la parroquia de la Concepción de la calle Goya y realizó sus estudios primarios y secundarios en el colegio de las Madres Irlandesas de la calle Velázquez. Allí, hizo su Primera Comunión con seis años de edad, el día 24 de mayo del 1932 y según contaba ella misma, desde entonces no había dejado ningún día sin comulgar. Por los datos aportados en este primer párrafo del artículo podemos comprobar que nació en el seno de una familia acomodada, con un alto nivel económico y social y que recibió la mejor educación de la época.

Cuando en el 1936 estalló la Guerra Civil, la familia huyó a la localidad portuguesa de Figueira da Foz, regresando a España al año siguiente e instalándose en San Sebastián, aunque cuando terminó la guerra, regresaron a Madrid. Su adolescencia fue muy feliz y el ambiente donde se movía era muy culto y religioso y ambas cosas se le pegaron porque llegó a ser una mujer muy culta y una santa. Por la foto que publicamos de cuando era adolescente, podemos comprobar que era guapa y elegante, pero además era simpática, muy dulce y nada dada a los chismorreos propios de su edad y ambiente. Constantemente estaba alegre, a todos cautivaba con su bondadosa mirada, era muy querida por sus amigas, acudía a las fiestas que ellas organizaban e incluso llegó a alternar con algún joven conocido de sus padres, pero en su interior maduraba la idea de hacerse religiosa, por lo que también era muy dada a visitar las iglesias y conventos. De esta manera, en el año 1942 tuvo su primer encuentro con las Hermanas de la Cruz, fundadas por la sevillana Santa Ángela de la Cruz Guerrero González, atrayéndole el amor de las hermanas hacia los pobres y los enfermos. Su padre trató de evitar que siguiera el camino religioso, pero ella encontró siempre el apoyo incondicional de su madre.

Foto de la santa en su juventud.

Foto de la santa en su juventud.

El 10 de diciembre del 1943, se consagró a la Virgen recibiendo la medalla de las Hijas de María, al año siguiente finalizó el bachillerato superior y el 8 de diciembre de 1944, con dieciocho años de edad y acompañada por su madre, ingresó como postulante en el convento sevillano de las Hermanas de la Cruz. A su madre le preocupaba dejarla en una Congregación tan austera, pero conforme fue recibiendo las cartas que le enviaba su hija, esa preocupación fue desapareciendo pues sentía la felicidad, la alegría y el gozo que experimentaba María Isabel.

Tomó el hábito religioso el día 9 de junio de 1945 cambiando su nombre de pila por el de María de la Purísima de la Cruz. En el noviciado destacó por su entrega, por su natural talante, por la facilidad con la que vivía la pobreza ella que lo había tenido todo y por su humildad, ya que hacía todo lo posible por pasar desapercibida. Los votos simples los realizó el 27 de junio de 1947 y los perpetuos, el 9 de diciembre del 1952. Ya de religiosa, siempre fue un modelo en el cumplimiento de las Reglas y en la espiritualidad característica de las Hermanas de la Cruz.

Estuvo destinada en Lopera (Jaén), Valladolid, Estepa (Sevilla) y en Villanueva del Río y Minas (Sevilla) y en todos estos destinos desempeñó la responsabilidad de directora del colegio de las hermanas. Donde estuvo destinada, siempre dio ejemplo de las virtudes que caracterizan a las Hermanas de la Cruz: sencillez, espíritu de sacrificio, abnegación, desprendimiento, pobreza y, sobre todo, un gran amor a los pobres y a los enfermos. Como directora de los colegios, no solo se limitaba a la organización interna de los mismos, sino que, aunque procedía de una familia noble, daba ejemplo a las alumnas y hermanas realizando los más bajos servicios de limpieza: era la primera en fregar los aseos y el suelo. Como era normal, ese espíritu se lo contagiaba tanto a unas como a las otras. Pero eso era compaginado con la organización de retiros de oración con las alumnas, con inculcarles el amor a la Eucaristía, a la Santísima Virgen y a los estudios; por eso algunas alumnas comentaban que: “Cuando se está con la Madre María de la Purísima entran ganas de ser buenas”. En los recreos era juguetona y ocurrente, no alborotaba y siempre infundía alegría. Siempre acogía a cualquier niña que acudiera al colegio teniendo alguna dificultad económica o familiar; nunca dejó a ninguna fuera de sus aulas y las cuidaba como una madre cuida a sus hijos, las apoyaba, les daba confianza, especialmente a aquellas que mostraban más dificultades en los estudios, a las que consideraba más débiles o a las que tuvieran alguna minusvalía.

Foto de la santa siendo novicia.

Foto de la santa siendo novicia.

Cuando alguna hermana se equivocaba al decir algo y ella lo sabía con certeza, guardaba silencio, callaba y disimulaba con naturalidad. Era muy austera y muchas veces se le escuchó decir una frase que se hizo famosa: “De lo poco, poco”, llegando al extremo de no permitir utilizar ropa nueva aunque la que tenía estuviera muy deteriorada.

Para ella, los pobres y los enfermos eran “sus señores”. Era atenta hasta el extremo, atendía a cada uno según sus necesidades. Todas las mañanas – como también hacían otras hermanas -, acudía a las casas de las ancianas que vivían solas: las lavaba, curaba, les hacía la comida, les lavaba las ropas, las preparaba con un inmenso cariño y comprensión. Si lo aceptaban, les enseñaba a rezar, a saber sobrellevar la soledad y el dolor y de esa manera, se iba ganando el cariño de todas las personas a las que diariamente trataba. Su generosidad con los pobres llegaba al punto de darles los alimentos destinados a la comunidad con la confianza de que “Dios proveerá para que no nos falte nada”. Quiso vivir y hacer vivir el ideal de Santa Ángela: “Hacerse pobre con los pobres para llevarlos a Cristo”.

En el año 1966 fue elegida maestra de novicias, tres años más tarde fue elegida madre provincial y en el año 1970, tercera consejera general. El 11 de febrero del 1977, fue elegida Madre General, responsabilidad que llevó sobre sus espaldas durante veintidós años, ya que en todos los capítulos era reelegida por unanimidad. Como he dicho, durante toda su vida religiosa siempre se mostró muy austera. Aun siendo la Superiora General, los trabajos más duros se los reservaba para ella, estaba completamente dedicada a los pobres y a los ancianos enfermos, a las niñas de sus colegios y a las religiosas que dependían de ella. Su ideal era vivir y hacer vivir el carisma de Santa Ángela, llevando una vida sencilla y humilde, generosa y entregada.

Encuentro en el Vaticano con San Juan Pablo II.

Encuentro en el Vaticano con San Juan Pablo II.

Como Superiora General asistió en Sevilla a la beatificación de Santa Ángela de la Cruz y siguiendo su espíritu, extendió el Instituto de las Hermanas de la Cruz por España, fundando nuevas casas en las provincias de Huelva y Cádiz, en Puertollano (Ciudad Real), Linares (Jaén), Alcázar de San Juan (Ciudad Real) y Lugo e incluso una en Reggio Calabria (Italia).

En los últimos días de su vida, cuando la enfermedad la postró en cama, solía decir: “¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!” y en Sevilla murió, con setenta y dos años de edad, el día 31 de octubre del año 1998. Fue sepultada en la cripta de la Casa Madre en Sevilla, en el mismo lugar donde estuvo sepultada Santa Ángela de la Cruz. Desde el día de su beatificación, sus restos se encuentran en una urna de madera junto a la urna de cristal que guarda los restos de la Madre Fundadora.

De Santa María de la Purísima tenemos que destacar su inmenso amor a Dios, especialmente a través de la Eucaristía y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Solía decir que “tenemos muchos, muchísimos motivos para ser felices, pero ninguno es tan fuerte como el saber cuánto nos ama Dios. Si esto lo pensáramos más y nos llegáramos a convencer, ¡qué distinta sería nuestra vida!”. Ese amor a Dios se traducía en una intensa vida interior: “Si tenemos mucha vida interior todos los actos externos los haremos de otra manera, ya que estando más dentro de nosotras mismas casi sin darnos cuenta nos inclinaremos siempre a lo que más agrade al Señor… Necesitamos hacer un esfuerzo por recogernos para, como la Santísima Virgen, retirarnos al interior y conversar con el dulce huésped de nuestra alma”.

Con el paso de Santa
Ángela de la Cruz.

Con el paso de Santa Ángela de la Cruz.

Hay que destacar también en ella el amor a la Santísima Virgen y el encontrarse siempre dispuesta para hacer la voluntad de Dios: “La santidad está en unir nuestra voluntad a la del Señor en todo momento y esto requiere mucha humildad, un gran convencimiento de que el Señor puede hacer de nosotras lo que quiera y a nosotras nos corresponde aceptarlo agradecidas”.

Ese amor a Dios era inseparable de una gran confianza en Él: “Un fiarse plenamente aunque no veamos el final del camino por el que nos conduce” y especialmente era inseparable de la caridad: “Tiene que ser el amor de Dios el que nos impulse a entregarnos a todos los hermanos. Este todos es la prueba del verdadero amor. El amor a los hermanos sólo puede brotar de un verdadero amor al Señor. Defendamos, disculpemos, ayudemos, sirvamos, hagamos siempre el bien. La caridad fraterna es la expresión más convincente del amor de Dios; nadie puede decir que ama a Dios si no ama al hermano… ¡Qué importa cómo actúen los demás conmigo! Da tanta paz el actuar bien con todos. Tenemos que reconocer que nuestro amor a Dios es débil, si débil es también nuestro amor al prójimo, ya que uno sólo es el amor con que amamos, y éste es el amor de Dios; lo demás puede ser un amor natural de simpatía. Ponga mucho amor en todo, es la varita mágica que transforma todas las cosas; de terrenas las hace eternas. Amor en el trato con todos; con espíritu de caridad, de servicio. No podemos olvidar a nuestros hermanos los pobres, a quienes hemos de tratar con especial delicadeza y caridad, no postiza sino nacida de un auténtico amor al Señor. Defendamos, disculpemos, ayudemos, sirvamos, hagamos siempre el bien”.

Urna de las reliquias en la Casa Madre de la Congregación en Sevilla. Al nivel del suelo se encuentra la urna de las reliquias de Santa Ángela de la Cruz.

Urna de las reliquias en la Casa Madre de la Congregación en Sevilla. Al nivel del suelo se encuentra la urna de las reliquias de Santa Ángela de la Cruz.

De Santa María de la Purísima podríamos seguir hablando mucho: oración, celo apostólico, humildad, pobreza… pero inevitablemente el artículo sería demasiado largo y no se trata de eso.

preguntasantoral_anticopia_articulo20151019

El proceso diocesano se inició en la archidiócesis de Sevilla el 20 de febrero del año 2004, solo seis años después de su muerte, concluyéndose el 15 de noviembre del mismo año. La Santa Sede validaba todo el proceso el 2 de julio del 2005. Fue declarada Venerable el 17 de enero del año 2009 y reconocido el milagro previo a la beatificación mediante decreto fechado el 27 de marzo del 2010. Fue beatificada en Sevilla el 18 de septiembre del 2010 y el Papa Francisco promulgó el decreto reconociendo el milagro previo a la canonización, el día 5 de mayo de este año. Ayer fue canonizada solemnemente en la Plaza de San Pedro. Como podemos ver, el proceso ha sido muy rápido.

Antonio Barrero

Enlaces consultados (16/09/2015):
– www.hermandades-de-sevilla.org/madremariadelapurisima/mmp_biografia.html
– www.madremariadelapurisima.es

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es