Venerable Saturnino López Novoa, sacerdote fundador

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El Venerable vestido con hábito de canónigo. Estampa devocional.

El Venerable vestido con hábito de canónigo. Estampa devocional.

“La caridad hace ceder, hace esperar, hace amar”.

Infancia
En la noble e histórica ciudad de Sigüenza (Guadalajara) nació el niño Saturnino en las primeras horas del día 29 de noviembre de 1830. Era el primer hijo de los tres que llegaron a tener el joven matrimonio que formaron Julián e Ildefonsa. Al día siguiente de nacer, se le bautizó en la parroquia de San Vicente, poniéndole el nombre de Saturnino en honor al santo del día.

Trascurridos casi cinco años, Dª Ildefonsa se dispone a dar a luz a su tercer hijo, Justa, en el parto sufre complicaciones y desafortunadamente muere. Para el pequeño Saturnino este episodio fue muy triste, aunque por razones obvias no fue muy consciente del momento tan doloroso que vivía la familia. A lo largo de su vida, recordó a su madre con un inmenso cariño, solía decir que fue el germen de lo que era él, de todas sus virtudes y afectos.

Al quedar la familia sin un pilar tan importante como es la madre, Dª Manuela, tía materna de la fallecida y a su vez madre del futuro obispo de Huesca; Basilio Gil y Bueno, se hace cargo de Saturnino, desempeñado las tareas de una verdadera madre. Esta virtuosa mujer fue clave para la educación y vocación religiosa del niño Saturnino. Con diez años recibió la primera comunión y poco tiempo después empieza sus estudios de latinidad, destacando por ser un ejemplar estudiante. Educado en un ambiente familiar religioso, maduraron tempranamente sus deseos de ser sacerdote de Cristo.

Vocación
Con doce años, en el mes de septiembre de 1842, Saturnino ingresa como seminarista externo en el Seminario Conciliar de San Bartolomé de Sigüenza, afamado por ser uno de los que mejores sacerdotes formaba en España. Entre estos muros se caracterizó por ser un seminarista ejemplar, de profunda vida interior y constante en sus obligaciones. En lo referente a los estudios de filosofía y teología adquirió unos sobresalientes conocimientos. El veintiuno de junio de 1848 recibió la tonsura junto a su hermano Silverio, también seminarista. Con casi dieciocho años ya había finalizado con éxito su tercer año de estudios teológicos. En el curso 1851-1852 Saturnino termina su séptimo y último curso en el seminario, tenía entonces tan sólo veintiún años y por esa razón no podía ser todavía ordenado sacerdote: veinticuatro años era la edad que marcaban las leyes. En este transcurso de tiempo, se le confiaron los cargos de celador y subdirector del seminario, además de ser nombrado catedrático de segundo de latinidad. El día 12 de marzo de 1853 recibió las cuatro órdenes menores, el presbiterado.

El Venerable en oración ante un Crucifijo.

El Venerable en oración ante un Crucifijo.

Sacerdocio y traslado a Barbastro
En la primavera de 1853 el tío del Venerable Saturnino, Dº Basilio Gil y Bueno, fue trasladado a la diócesis de Barbastro para despeñar el nuevo cargo que le había sido confiado. Saturnino marchó a las tierras aragonesas con su tío, abriéndose para él un nuevo camino. Como su nombre empezaba a destacar en Sigüenza y en otros lugares, el anciano Obispado de Barbastro confió en él para que fuese vicerrector y catedrático de Filosofía del recién restaurado seminario de Sto. Tomás de Aquino. En Huesca ve culminados sus años de estudios y se prepara para la inminente ordenación, el 3 de marzo de 1855 fue conferido subdiácono; el 2 de junio recibió el diaconado y el 22 de septiembre fue ordenado sacerdote. Celebró pocos días después su primera misa en el Santuario barbastrense de Ntra. Sra. del Pueyo.

Como joven sacerdote se dedicó por completo a atender su parroquia, a impartir sus clases en el seminario y pero sobre todo a ayudar a su tío, el ya obispo de Huesca, del que fue su mano derecha, su amigo, su fiel colaborador, su secretario, etc. El joven Dº Saturnino obtuvo por méritos propios la canonjía titular y capellanía de la catedral de Barbastro. En esta nueva andadura se dedicó con el máximo celo a las tareas pastorales, fundando también muchas cofradías y asociaciones pías, como la Conferencia de San Vicente de Paúl, que de alguna forma hacían entrever el carisma de su futura fundación de las Hermanitas.

En 1863 se traslado de Barbastro a Huesca, por petición de su tío que lo necesitaba allí en la sede episcopal. Aquí tomo posesión de la canonjía y vistió por primera vez el hábito coral característico. También fue nombrado Chantre de la catedral. Con motivo del Concilio Vaticano I, el Venerable Saturnino viajó a Roma con su tío para asistir como secretario y consultor teólogo, mientras duró esta estancia Dº Basilio murió en la Ciudad Eterna.

Al regresar del Concilio Vaticano I, se encontró más libre de todo lo que conllevaba la burocracia de la diócesis, por esta razón se dedicó con mayor celo –si cabe- al ministerio pastoral, a la dirección de almas, a la predicación y a escribir cantidad obras pastorales, espirituales e históricas. Entre sus trabajos como historiador, escribió la historia de la ciudad de Barbastro (siendo hoy en día una obra clave para el estudio de esta ciudad).

El Venerable entregando las constituciones a Santa Teresa Jornet.

El Venerable entregando las constituciones a Santa Teresa Jornet.

Fundación de la Hermanitas de los ancianos desamparados
Como venimos diciendo a lo largo del artículo, el Venerable Saturnino destacó por ser un sacerdote coherente con su vocación, su amor a Jesús y a la Iglesia prevalecían sobre todo, pero los pobres, en los que veía el rostro de Jesús agonizante, eran su predilección, desde pequeño se esmeró por cumplir la voluntad de Dios, en los pobres y ancianos encontró la manera de servirlo fielmente.

En el año 1871, convencido de ayudar a los ancianos en soledad, establece con todo su esfuerzo una casita de las Hermanitas de los pobres (congregación originaria de Francia). No colmados sus deseos, emprende la fundación de una nueva congregación junto a unos amigos sacerdotes oscenses. Los primeros días de octubre de 1872 reúne a las cinco primeras aspirantes que deciden seguir su carisma de servir a la ancianidad desvalida de ambos sexos.

Como ya vimos en el artículo de ayer, a través del sacerdote Pedro Llacera, el Venerable Saturnino conoce a Santa Teresa de Jesús Jornet y a su hermana María. Maravillado con la rica y virtuosa personalidad de Teresa y haciendo caso a Dº Pedro, el padre Saturnino la nombra provisionalmente superiora y le hace entrega de las Constituciones que él mismo redacta. Al recibir estas reglas de vida de la naciente congregación, exclamó: “Este librito, Padre, me ha de salvar o me ha de condenar”. Finalmente, el 27 de enero de 1873 vio cumplido su ardiente deseo, la Congregación había sido aprobada, la casa del El Pueyo ya estaba recibiendo vocaciones y las diez primeras hermanas tomaban el hábito (que él mismo diseñó) este mismo día. Gracias al arzobispo de Valencia, Mariano Barrio Fernández, que vio muy necesario este nuevo carisma para su diócesis, las Hermanitas establecen la casa madre en Valencia, instalándose definitivamente el día 8 de mayo de 1873. Desde aquí echaron a andar, hasta llegar a muchos países donde están presentes a día de hoy.

El Venerable con las primeras Hermanitas. A su derecha, S. Teresa Jornet.

El Venerable con las primeras Hermanitas. A su derecha, S. Teresa Jornet.

Últimos años en Huesca y muerte
El Venerable Saturnino, después de que fundará y dejara establecidas a las Hermanitas, se retiró a Huesca, no las dejó abandonadas, sino que prefirió retirarse y dejarlas obrar por ellas mismas – les dejó el protagonismo a ellas-. No queriendo ser el centro y motivo de halago, dejó anotado: “Es santo el que es humilde; más santo el que es más humilde; y santísimo el que es humilísimo; porque tanto es uno más precioso a los ojos de Dios, cuando es más despreciable a sus propios ojos”. Él siempre estuvo en continuo contacto y dirección con las Hermanitas desde Huesca. A pesar de tener la mayor parte de su tiempo ocupado con las nuevas casas y aspirantes, siguió dedicando todos sus esfuerzos a las obras de beneficencia, como por ejemplo, la “casa de estudiantes pobres”, que fue residencia de todos aquellos chavales sin recursos. Por aquellas fechas adoptó a un niño llamado Francisco Oliván, era huérfano y, en un acto de amor sin medida, lo adoptó el día de Nochebuena. En 1885 una epidemia de cólera arrasó Huesca y Dº Saturnino puso todo su empeño, trabajo y recursos a favor de los enfermos, éste le consto el unánime reconocimiento de la ciudad, que lo quiso premiar con una notable distinción de honor, a lo que él se negó.

En las navidades de 1904 su salud va haciéndose cada día más delicada, el Venerable Saturnino es consciente que esta enfermedad es crónica (neumonía pulmonar), y que debe cuidarse. No obstante atiende todos sus asuntos y saca tiempo para escribir felicitaciones a todas las casas, la Congregación contaba en ese mismo momento con 138 fundaciones. Pocos meses después, el 12 de marzo de 1905, su vida se va apagando y a las cinco de la mañana entrega su alma a Dios en absoluta paz y rodeado de sus hijas. Tenía setenta y cuatro años. A la misma hora que murió se solía levantar todas las mañanas diciendo esta misma oración escrita por él: “He de morir y no sé cuándo, concededme Señor, por el Inmaculado Corazón de vuestra Santísima Madre y mía, que cuando llegue la hora, responda a vuestro divino llamamiento, y tenga una muerte tranquila, pacífica y santa”. Al día siguiente su entierro fue multitudinario, las Hermanas, los sacerdotes y toda Huesca lo acompañaron hasta el cementerio. Habían perdido a un padre, a un amigo y a un santo.

Sepulcro del Vble en ña Casa Madre. Fotografía: David Garrido.

Sepulcro del Vble en ña Casa Madre. Fotografía: David Garrido.

Proceso de canonización
Siete años después de su muerte, según sus últimos deseos, sus restos mortales fueron trasladados desde este cementerio a la cripta de la Casa Madre de Valencia, donde en la actualidad se encuentra. En 1974 se examinó toda su vida y obra, fue abierto el proceso de beatificación. En la diócesis de Valencia, durante tres años se sucedieron las investigaciones diocesanas, que fueron reconocidas válidamente en 2001. En 2013 tuvo lugar el congreso de consultores teólogos, que dieron un resultado positivo a esta causa. Finalmente, el Papa Francisco ha autorizado a la Congregación de la Causa de los Santos la promulgación del decreto de las virtudes heroicas, declarándolo Venerable. Ya se está estudiando un posible milagro atribuido a su intercesión.

David Garrido

Bibliografía:
– ASENJO PELEGRINA, Juan José, Saturnino López Novoa, Col. Santos, Amigos de Dios, Ed. Edibesa.
Decretum Super Virtutibus, Causa de Los Santos, El Vaticano.

Enlaces consultados (12/01/2015):
– www.aciprensa.com/noticias/etiquetas/beatificacion-siervo-de-dios-saturnino-lopez-novoa-hermanitas-de-los-ancianos-desamparados/
– es.wikipedia.org/wiki/Saturnino_L%C3%B3pez_Novoa
– www.hermanitas.net

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Teresa de Jesús Jornet Ibars, virgen fundadora

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Estampa devocional de la Santa a partir de un retrato original suyo.

Estampa devocional de la Santa a partir de un retrato original suyo.

Hija de Francisco Jornet y Antonia Ibars, Teresa nació en Aytona (Lleida) el día 9 de enero del año 1843, siendo bautizada al día siguiente de su nacimiento. Recibió el sacramento de la Confirmación cuando tenía seis años de edad. Su infancia y adolescencia las pasó en Aytona y en la ciudad de Lleida en casa de su tía Rosa, cursando posteriormente estudios de magisterio en la ciudad de Fraga. Allí, tutelada por su tío abuelo, el beato carmelita descalzo Francisco Palau y Quer, obtuvo su diploma de maestra y con diecinueve años de edad ya había conseguido aprobar las oposiciones sacadas por el Ministerio de Educación. Su tío tenía in mente la fundación de varios Institutos religiosos dedicados a la enseñanza – cosa que posteriormente hizo -, y pensaba que su sobrina Teresa podría ser su colaboradora, llevando la dirección de los colegios por él fundados aunque no quisiera ligarse con un compromiso de vida religiosa.

Y en efecto, después de estar destinada como maestra durante un breve período de tiempo en la localidad barcelonesa de Argensola, en el año 1862 Teresa se asoció a las terciarias carmelitas que estaban reunidas bajo la dirección de su tío, haciéndose cargo de la dirección de las escuelas. Pero deseosa de conseguir una mayor perfección, en el año 1868 entró en el convento que las monjas Clarisas tenían en la localidad burgalesa de Briviesca, aunque dos años más tarde tuvo que abandonar el convento a causa de su mala salud; aun así, aquella experiencia la marcó para toda su vida. Se fue a Aytona y cuando se repuso volvió junto a su tío, siéndole confiada de nuevo la dirección de las escuelas dependientes del recién nacido Instituto. Esta experiencia hizo darle un cierto componente carmelitano a su espiritualidad, la hizo madurar y, ayudada por su tío, desarrolló su vida espiritual y organizó su vida de oración. Cuando el beato Francisco Palau murió en 20 de marzo del 1872, sumida en un mar de contrariedades, se separó definitivamente de la obra de su tío abuelo y volvió a su localidad natal.

Escultura ante el Asilo de la Comunidad en Valencia, España.

Escultura ante el Asilo de la Comunidad en Valencia, España.

En el mes de junio se fue con su madre al balneario termal de Estadilla, en Huesca y de regreso a casa, se detuvieron en Barbastro donde casualmente se encontró con el sacerdote Pedro Llacera, que admirado por sus cualidades no podía comprender cómo a sus treinta años de edad Teresa aun no había orientado definitivamente su vida y conociendo la idea de un antiguo párroco de Barbastro que tenía in mente una asociación que cuidara de los ancianos más desamparados, la puso en contacto con él. Así en el mes de junio de ese mismo año contactó de manera providencial con el sacerdote Saturnino López Novoa, que entonces era maestro de capilla de la catedral de Huesca y que estaba fundando una Congregación religiosa que se dedicase a la asistencia material y espiritual de los ancianos de ambos sexos. Teresa, iluminada por Dios, comprendió que aquel era su camino, que Dios la llamaba para esa tarea y así, abandonando su casa, el 11 de octubre entró a formar parte de un primer grupo de jóvenes que el padre Saturnino había reunido en Barbastro, recibiendo el hábito junto con sus compañeras. Como destacó desde el primer momento, el 27 de diciembre fue nombrada superiora general. Fue designada por la autoridad eclesiástica y posteriormente reelegida en los Capítulos Generales de la nueva Congregación.

En el mes de mayo del año siguiente, se fue con un grupo de hermanas a Valencia, donde una asociación católica les ofrecía una casa al recién estrenado Instituto. Ese mismo año, el arzobispo Mariano Barrios Fernández, aprobó las Constituciones confirmando a la madre Teresa como superiora de las “Hermanitas de los pobres desamparados”.

En el 1874, cuando Teresa emitió los votos temporales, se abrió una nueva casa en Zaragoza, inmediatamente seguida por otras fundaciones. En doce años llegaron a tener cuarenta y siete casas abiertas en toda España, en las cuales atendían a los ancianos abandonados. En 1876 les era concedido el decreto de alabanza y el 24 de agosto de 1887 fueron aprobadas provisionalmente las Constituciones, consiguiéndose la aprobación definitiva de las mismas, diez años más tarde.

Uno de sus lemas.

Uno de sus lemas.

En el año 1885 Teresa había agregado a su Congregación a las “Hermanitas de los pobres inválidos” de Santiago de Cuba, adonde había enviado a un grupo de religiosas, que fue el primero de otros muchos envíos de hermanas que consiguieron abrir casas de la Congregación en casi todos los países de América Latina, donde aún continúan.

Cuando en el 1877 emitió los votos perpetuos, comenzó una lucha que duraría mucho tiempo. El Instituto francés de las “Pequeñas hermanas de los pobres” inició una campaña en la que pretendía o la fusión con la Congregación española o el cambio de nombre de las “Hermanitas de los pobres desamparados”. Ella, con fortaleza, pero también con caridad hizo valer los derechos de su Congregación de llevar una vida independiente, aunque en el año 1882 llegó a un acuerdo aceptando que sus hermanas tomaran el nuevo nombre de “Hermanitas de los ancianos desamparados”.

Consumida por sus esfuerzos y débil salud, aunque aún era joven, murió en Llíria (Valencia) el 26 de agosto del 1897, con cincuenta y cuatro años de edad. En aquel momento, su Congregación tenía más de mil doscientas hermanas y ciento tres casas-asilos abiertas, en las que eran atendidos los ancianos pobres.

Urna de la santa en Valencia, España.

Urna de la santa en Valencia, España.

Su espiritualidad era eminentemente cristocéntrica y mariana. Cristo era el origen, el centro, el impulso y la meta de su vida espiritual. Era la razón de su existencia y a Él tenía que servir en todo momento tanto en la adoración eucarística como en la atención a los ancianos. Como Cristo pobre, vivió en pobreza absoluta y totalmente abandonada en las manos de la Divina providencia. Asimismo, María era también otro pilar en el que se sostenía, no sólo por su anterior vinculación con la familia carmelitana, sino también porque desde que llegó a Valencia conoció a la Virgen de los Desamparados. De hecho, en el punto 171 de las Constituciones se dice: “Consagración filial de nuestro humilde Instituto a ella, esforzándonos con amorosa fidelidad a hacerla real y actuante en la comunidad y en la intimidad de nuestra vida espiritual”.

Sus restos permanecieron en Llíria hasta el 1 de junio de 1904, cuando fueron exhumados y llevados a la Casa Madre de Valencia, donde aún continúa. Su Causa de beatificación no se iniciaba porque ella, antes de morir, había insistido en que su Instituto dedicara todos sus fondos a la asistencia de los ancianos y no se promoviera ninguna Causa por motivos de santidad de ninguna de sus hermanas. Aun así, como empezaron a aparecer algunas curaciones debido a su intercesión, la autoridad eclesiástica solicitó la apertura de la Causa, que tuvo una duración muy breve.

Urna de la santa en Valencia, España.

Urna de la santa en Valencia, España.

El proceso informativo se inició en la archidiócesis de Valencia el 23 de abril de 1945, concluyéndose el 7 de marzo del año siguiente. El decreto sobre sus escritos fue promulgado el 4 de abril de 1948 y la introducción de la Causa, el 27 de junio de 1952. El decreto de “non cultu” se aprobó el 27 de noviembre de ese mismo año. Fue declarada Venerable el 22 de enero de 1957, beatificada el 27 de abril de 1958 y finalmente canonizada por el Beato Pablo VI, el 27 de enero del 1974. Su fiesta se celebra el día de su muerte, o sea, el 26 de agosto.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Pietromarchi, E., “La beata Teresa de Jesús Jornet e Ibars”, Roma, 1958
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum, tomo VII2, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlace consultado (12/12/2014):
– www.hermanitas.net

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Beatas Josefa Ruano y Dolores Puig, religiosas mártires

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Estampa devocional de las Beatas mártires de Requena.

Estampa devocional de las Beatas mártires de Requena.

Pregunta: Buenas tardes, bendiciones desde México, gracias por su blog, que ha sacado de dudas varias interrogantes, el caso ahora es de que no se encuentra casi ninguna información sobre las beatas Josefa Ruano García y Dolores Puig Bonany, solo aparece que murieron martirizadas en Buñol, Valencia, pero no más. Ni su vida, ni el detalle de su martirio.

Respuesta: Las dos Beatas por las que me preguntas, amigo, son dos religiosas pertenecientes a la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, fundada por Santa Teresa Jornet, que murieron mártires durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y, como bien dices, sufrieron martirio en tierras valencianas, aunque una era andaluza y la otra catalana. De hecho, son dos de las cuatro mártires que tiene esta Congregación, muy querida en España a nivel popular al estar dedicada al cuidado de los ancianos desvalidos y siempre con estrecho contacto con las clases sociales más desfavorecidas, de fundación española -la fundadora era también catalana-; las otras dos mártires, pertenecientes a la casa-asilo de Barbastro en Huesca, todavía no han sido beatificadas. En este artículo, por ser el motivo de tu duda, nos ocuparemos de las dos Beatas, que pertenecían a la casa-asilo de Requena, en Valencia.

Beata Josefa Ruano García
Nació en Berja (Almería) el 9 de julio de 1854, hija de los granadinos Antonio y María Ramona, que se habían instalado en Almería seguramente buscando un mejor futuro, bautizando a su hija dos días después con el nombre de María Josefa. No se sabe nada de su infancia, aunque se supone que recibió una influencia positiva de su familia y parroquia local, que la movieron a asumir la fe católica como proyecto de vida.

Ingresó en la recién estrenada Congregación a los 23 años de edad el 8 de diciembre de 1877, el mismo día en que la fundadora hacía su profesión perpetua, con el nombre de sor Josefa de San Juan de Dios. Ocho años después emitía en Valencia sus votos perpetuos, el 15 de octubre de 1855. Llegó a ser superiora de diversas casas, primero en Cascante (Navarra), en Requena (Valencia), de 1922 a 1928; luego en Alzira, también en Valencia, hasta 1934, para regresar a Requena hasta el año 1936, en que la asesinaron, a los 82 años de edad.

Era muy querida por todos debido a su gran espíritu de caridad y su corazón maternal. Los que la conocieron u oyeron, las personas que la habían conocido, nos dicen de ella: “Era buenísima, una verdadera santa; tenía una caridad ejemplar, estaba siempre pendiente de todos, unía mucho a la comunidad; su trato era muy afable, atento y cariñoso”.

Imagen de la Beata Josefa Ruano García en Berja, España. Fuente: BerjaWeb.tk.

Imagen de la Beata Josefa Ruano García en Berja, España. Fuente: BerjaWeb.tk.

Beata Dolores Puig Bonany
Nacida en Berga (Barcelona) el 12 de junio de 1857, tercera hija de Ramon y Antònia, una familia sencilla y cristiana, que la bautizó el mismo día de su nacimiento. Fue educada en un colegio de las carmelitas de su ciudad y ayudó a su padre en su oficio de tejedor, pero éste murió a sus 22 años de edad.

Ingresó en la congregación con 29 años, el 27 de enero de 1887, en Valencia; siguiendo el ejemplo de su hermana Buenaventura, dos años mayor que ella, que estaba en la misma orden desde el 1 de diciembre de 1882, emitiendo los votos perpetuos cinco años después con el nombre de sor Dolores de Santa Eulalia, en Valencia, el 9 de marzo de 1892. Desempeñó el oficio de portera durante muchos años, en Villena (Alicante), Yecla (Murcia) y, ya en 1892, en Requena (Valencia). Su hermana, Buenaventura, fue una de las fundadoras del asilo de Berga, siendo superiora de algunas comunidades y falleciendo el 2 de julio de 1935 en Banyoles, Girona. No llegó a presenciar el martirio de su hermana.

El recuerdo que ha quedado de ella entre sus compañeras es que era una mujercita, pequeña de cuerpo, pero con un alma grande, por lo que todo el mundo la quería. Era apreciada por todo el pueblo. Una señora de Requena, que conocía mucho a las hermanas, afirmó: “Era pequeña pero con un alma tan grande que todo el mundo la quería; ella nos quería a todos y nosotros a ella con locura”. Las hermanitas de su comunidad dieron este testimonio: “Era una hermanita muy humilde, sencilla, cumplidora del deber, muy angelical, y con una caridad extraordinaria para todos; era muy querida”. Tenía 79 años de edad en el momento de su martirio.

Persecución atenuada
Como decía al principio, el hecho de que la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados fuese una orden tan querida por su entrega a los abandonados y pobres influyó mucho en el hecho de que no sufrieron tanta persecución como otras órdenes religiosas. Es muy notorio que la mayor parte de sus casas fueran respetadas y que ellas, las religiosas, pudieran seguir en sus puestos. Eso, directamente, favoreció que pudieran convertirse en lugares de acogida para una gran cantidad de religiosas de otras congregaciones que huían, expulsadas de sus residencias. En muchas ocasiones, eran las propias autoridades las que facilitaban estas acogidas, pues les facilitaba tenerlas más controladas y ubicadas.

Estampa devocional de las Beatas mártires de Requena (Valencia).

Estampa devocional de las Beatas mártires de Requena (Valencia).

Pero no todo es perfecto ni puede discurrir tan fácilmente, y por ello, a pesar de la tolerancia e incluso protección que esta Congregación disfrutó por parte de las autoridades republicanas, lo mismo hubieron de lamentar el asesinato de cuatro de sus religiosas, como decía al principio: cuatro mártires, dos de la casa-asilo de Barbastro, en Huesca -sor Cristina Bertomeu Fuster y sor Pascuala García Garrido, de las cuales aún hoy se desconoce dónde están enterradas-; y nuestras dos protagonistas de la casa-asilo de Requena en Valencia, la madre Josefa Ruano y sor Dolores Puig. Ambas atendían a los ancianos en este asilo de la localidad valenciana, cuya comunidad estaba compuesta por ocho religiosas. Y, aunque eran muy ancianas, eran igualmente conscientes del peligro y dificultad de su situación: “Viendo los hechos que sucedían en Requena y conociendo la situación en que se encontraba España, las hermanitas tenían conciencia de la posibilidad de ser mártires y lo aceptaban conscientemente, preparándose a ello en la oración. Decían: “Si el Señor lo quiere, aceptémoslo y sepamos perdonar para que estas almas se salven”. Sor Josefa, la superiora, repetía: “Tenemos que estar preparadas en estos tiempos que estamos y ser fieles ante lo que pueda ocurrir”.

Expulsión
Según narra Salvador Cirac en su Martirologio de Cuenca, el 29 de julio de 1936, se presentaron unos milicianos armados en el asilo de Requena y expulsaron de allí a las ocho religiosas con estas palabras: “Márchense inmediatamente, pues aquí están de más, y hay quien las sustituya”. Ellas, no teniendo más remedio que obedecer, dejaron la casa, quedando los ancianos abandonados mientras los milicianos se dedicaban a destrozar y profanar la iglesia.

Al principio, estos hombres halagaban a los ancianos, prometiéndoles que los iban a tratar mucho mejor que lo habían hecho las monjas, pero ese mismo día ya los estaban haciendo sufrir, pues los condujeron al hospital, les prohibieron rezar y les trataban como a viejos inútiles. Entretanto, en el asilo se instaló una escuela y, posteriormente, un cuartel de guardias de asalto. A las monjas las acogieron en sus casas algunas personas caritativas, donde permanecieron algún tiempo.

Detención
El 26 de agosto, Alberto Peris Lacasa, vecino de Alzira, que era viudo y padre de dos hijos, marchó a Requena y se llevó a cuatro de las religiosas a su casa. Poco después, los milicianos detenían a otras tres Hermanitas y las encerraron en la cárcel, aunque salieron al poco tiempo. A los pocos días, Alberto Peris vino a buscarlas. Esto molestó a los milicianos, que empezaron a decir que este hombre era un fraile disfrazado y pagado por las religiosas, por lo que lo detuvieron y lo llevaron ante el Comité Revolucionario, junto con las tres religiosas y la dueña de la casa que las había acogido.

Las dos Beatas mártires de la casa-asilo de Requena, Valencia (España).

Las dos Beatas mártires de la casa-asilo de Requena, Valencia (España).

Alberto Peris declaró ante el comité quién era, pero como le descubrieron que llevaba un rosario y algunas medallas religiosas, lo fusilaron en Requena el 8 de septiembre, en compañía de un octogenario sacerdote llamado Ramón Saiz Álvarez. Así pagó su caridad para con las religiosas. Éstas, sin embargo, fueron liberadas por el comité; pero al salir se encontraron con una inmensa muchedumbre que gesticulaba con violencia y gritaba: “¡Matadlas! ¡Matadlas!”

Esto bastó para sellar su destino. Las tres religiosas, que no eran otras que la madre Josefa, sor Dolores y otra que era mucho más joven que ellas -33 años-, sor Gregoria de los Inocentes Pérez Mateo, pasaron en un instante de ser liberadas a ser sentenciadas a muerte.

Martirio
Visto el panorama, los milicianos obligaron a las tres religiosas a subir a un coche y se las llevaron por la carretera de Bunyol hasta una cuesta, donde las hicieron bajar y las fusilaron. Dos de ellas, la madre Josefa y sor Dolores, murieron en el acto. Pero sor Gregoria, la tercera, quedó simplemente malherida. Parece que no se tomaron la molestia de rematarlas, pues así las dejaron.

A la mañana siguiente, el alcalde de Bunyol, al serle notificado que había tres cuerpos abandonados en la carretera, dio sepultura a las dos fallecidas y, encontrando todavía viva a la tercera, hizo que la llevaran a un hospital a Valencia, para que curaran sus heridas. Sor Gregoria sobrevivió, quedándole como única secuela un brazo inválido, vivió muchos años, y es gracias a ella que hemos conocido los pormenores de este relato, pues narró puntualmente todo lo sucedido y dio su testimonio para la beatificación.

Memoria y culto
En el Archivo Histórico Nacional, en la Causa General, al relatar estos hechos se manifiesta que se ignora la identidad de los asesinos de las religiosas. Sólo se indica que el chófer del auto que las llevó, a decir de algunos rumores en el pueblo, era apellidado Parra.

Los dos cadáveres habían sido enterrados en el cementerio de Bunyol, y después de la guerra, en junio de 1939, fueron exhumados y enterrados de nuevo en el cementerio de Requena, siendo extendidos los certificados del acta de defunción el 21 de agosto de 1942.

Sepulcro de las Beatas en la capilla de la casa-asilo de Requena, Valencia (España). Cortesía de las Hermanitas de Requena.

Sepulcro de las Beatas en la capilla de la casa-asilo de Requena, Valencia (España). Cortesía de las Hermanitas de Requena.

Desde el primer momento se las consideró mártires y no se dudó de esto ni lo más mínimo, como queda recogido en el testimonio de muchas personas de Requena que las habían conocido:
“Para mí el martirio fue una corona, premio del Señor a su gran bondad y caridad con los ancianos”.
“Las monjas eran muy queridas en Requena. Lo que habían hecho con ellas era una gran injusticia; y cuando ya todo había pasado, era un clamor popular, el que no había derecho a lo que habían hecho con las hermanitas”.
“Todo el pueblo las tiene como mártires, y se avergüenza de tal actuación con unas personas que no hicieron más que el bien por el pueblo”.
“Todo el mundo las ha considerado y considera como auténticas mártires. Por la obra que realizaron a lo largo de toda su vida en servicio de la ancianidad y por la forma de muerte que tuvieron, son auténticas mártires”.

En 1999, durante el proceso de beatificación de las dos religiosas, sus restos fueron de nuevo exhumados y trasladados a la capilla del asilo de la Congregación, donde aún reposan. Finalmente, el proceso culminó y el día 11 de marzo de 2001 fueron beatificadas por San Juan Pablo II en Roma.

Meldelen

Bibliografía:
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas en la Guerra Civil Española. Edibesa, Madrid 2007.

Enlace consultado (29/11/2014):
– www.hermanitas.net

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