Contestando a algunas breves preguntas (XXXIII)

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Sacerdote ortodoxo con el “epigonation” y el “nabedrensk”.

Sacerdote ortodoxo con el “epigonation” y el “nabedrensk”.

Pregunta: Os envío esta foto en la que un sacerdote ortodoxo lleva colgada de la cintura dos bolsas. Os rogaría me indicaseis si son ornamentos litúrgicos. Gracias desde Holanda.

Respuesta: Pues sí lo son y te estás refiriendo al “epigonation” y al “nabedrensk”. El “epigonation”, llamado también “palitsa” es un losange en forma de rombo de unos treinta centímetros de lado, hecho de tela fuerte y resistente, que normalmente va adornado con bordados y con una cruz o una imagen. Lo llevan los obispos y algunos sacerdotes colocado a la altura de la rodilla derecha atado por una cinta que pasa por el hombro izquierdo o que está atada a la cintura. Hasta el siglo XII sólo lo llevaban los obispos, pero con posterioridad se les concedió a los “protosincellos” y a otros dignatarios eclesiásticos. El “epigonation” deriva del pañuelo o servilleta que se usaba en Roma como parte integrante de algunas vestimentas ceremoniales, como por ejemplo, cuando un cónsul inauguraba los juegos en el circo.

En la liturgia bizantina rusa existe otra especie de “epigonation”, que es alargado y rectangular, llamado “nabedrensk” (bolsa). Esta es la primera insignia que en la Iglesia Ortodoxa Rusa se concede a algunos sacerdotes en premio a sus méritos. Si el sacerdote que es así honrado tiene además el derecho de llevar el “epigonation” (como es el caso de esta foto), entonces suspende el “nabedrensk” sobre el otro costado.

Pregunta: Buenos días, quisiera saber algo sobre San Juvencio Mártir, y su iconografía. Muchísimas gracias y enhorabuena por el blog.

Respuesta: San Juvencio aparece en el Martirologio Jeronimiano el día 1 de junio con esta anotación: “Romae Joventi” y en esa misma fecha fue incluido en el Martirologio Romano. Los hagiógrafos críticos dicen que el nombre no es más que una mala transcripción del nombre de San Jovita, mártir de Brescia, que en el Martirologio Jeronimiano se conmemora el 16 de febrero, llamándolo “Juventiae”. Por otro lado quiero decirte también que a San Evencio, obispo de Pavía, también se le llama Juvencio, pero este nombre es incorrecto.

Resumiendo, que San Juvencio como tal santo histórico, no existe, luego sobre su iconografía no se puede decir nada. ¿Puede existir algún cuerpo santo con ese nombre? Es posible, pero yo no lo conozco.

Entrada a la Tumba del Huerto en Jerusalén.

Entrada a la Tumba del Huerto en Jerusalén.

Pregunta: ¿Es cierto que algunas confesiones protestantes veneran en Jerusalén otra supuesta tumba de Cristo distinta a la que se encuentra en la Basílica de la Anástasis? Gracias desde Canadá.

Respuesta: Es cierto y vamos a intentar explicarlo. El evangelio de San Juan nos dice: “En el lugar donde fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual todavía no habían sepultado a nadie” (Juan, 19, 41) y de hecho, actualmente en Jerusalén hay un huerto con una tumba y dentro de ella dos cámaras funerarias: es la llamada “Tumba del Huerto”. Pero San Juan escribió su evangelio en el siglo I y ahora estamos en el siglo XXI, luego en este tiempo “ha llovido mucho” como para que las cosas sigan igual. Esa tumba se puede visitar, existe dentro de ella una cruz bizantina pintada en la pared acompañada de las letras griegas Alfa y Omega (Principio y Fin) y cerca del sepulcro hay un pequeño promontorio en el que con un poco de imaginación puede adivinarse una especie de calavera. Estos signos son más que suficientes para que algunas confesiones protestantes – especialmente, evangélicos y mormones -, den por hecho que ese es el lugar señalado por San Juan, lo que hace que varios cientos de miles de personas la visiten cada año. La tumba fue adquirida en el año 1894 por una asociación británica que pagó por ella unas dos mil libras esterlinas de la época.

Interior de la Tumba del Huerto, en Jerusalén.

Interior de la Tumba del Huerto, en Jerusalén.

Esta tumba está aproximadamente a medio kilómetro de la Basílica del Santo Sepulcro. Fue encontrada por un campesino en el año 1867 dentro de sus tierras y como por entonces los otomanos empezaron a permitir la llegada de peregrinos extranjeros a Tierra Santa, algunos protestantes que al llegar a Jerusalén se encontraron con la Basílica de la Anástasis totalmente abandonada y disputada entre católicos y ortodoxos y como ellos buscaban cierta paz interior, vieron el cielo abierto cuando se descubrió esa tumba, que estaba a las afueras de la ciudad y que coincidía con lo que había escrito Juan en su evangelio. Un argumento más fue que la Basílica del Santo Sepulcro estaba dentro de la ciudad cuando todos sabemos que la crucifixión se realizó en el Gólgota, que estaba extramuros. Pero otra vez hay que recordar cómo estaban las cosas en el siglo I y como estaban en el siglo XIX.

Cierto es que cuando Jesús murió alrededor del año 30 de nuestra Era, el Gólgota estaba extra muros de Jerusalén, pero también es cierto que entre los años 41 al 44, Herodes Agripas construyó las murallas de esa parte de la ciudad dejando el Calvario dentro de la misma. Cuando Santa Elena encontró el sepulcro de Cristo en el año 326 se encontró con que existía una tradición no interrumpida de obispos que mantenían la tradición de que aquel era el lugar donde Cristo había muerto y había sido sepultado, aun a pesar de la construcción del templo de Venus que hizo el emperador Adriano cuando quiso rehacer la ciudad de Jerusalén al estilo de cualquier otra ciudad romana. No nos olvidemos que previamente, el emperador Tito había destruido la ciudad en el año 70.

Beatos mártires misioneros oblatos de María Inmaculada.

Beatos mártires misioneros oblatos de María Inmaculada.

Pregunta: ¿Me podríais decir qué mártires españoles beatificados están sepultados dentro del cementerio madrileño de Aravaca? Muchas gracias desde Venezuela.

Respuesta: Pues en distintas fosas comunes de ese cementerio están sepultados varios beatos mártires españoles. Como preguntas cuales son, solo te daré sus nombres sin entrar en explicaciones acerca de sus vidas y de sus martirios. Son éstos:

Beatos Germán Martín Martín, sacerdote salesiano y Dionisio Ullivarri Barjuán, coadjutor salesiano, ambos fusilados el 30 de agosto de 1936 y beatificados el 28 de octubre del año 2007.

Beatas Melchora Adoración Cortés Bueno, María Severina Díaz-Pardo Gauna, María Dolores Barroso Villaseñor, Estefanía Saldaña Mayoral y María Asunción Mayoral Peña, Hijas de la Caridad, fusiladas el 12 de agosto de 1936 y beatificadas el 13 de octubre del 2013.

Beatos Pablo Martínez Esteban, Braulio Álvarez Palacín, Luís Moreno Aliende y Aniceto Pablos Carvajal, maristas. Los dos primeros fueron fusilados el 24 de julio de 1936, el tercero lo fue el 26 de agosto y el cuarto, el 3 de noviembre del mismo año. Los cuatro fueron beatificados el 13 de octubre del año 2013.

Beatas Aurelia Arámburri Fuente, Aurora López González, Daría Andiarena Sagaseta y Agustina Peña Rodríguez, Siervas de María, fusiladas el 12 de diciembre de 1936 y beatificadas el 13 de octubre del año 2013.

Fosas del cementerio de Aravaca donde están sepultados los beatos mártires.

Fosas del cementerio de Aravaca donde están sepultados los beatos mártires.

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Beatos Juan Antonio Pérez, Manuel Gutiérrez Martín, Cecilio Vega Domínguez, Francisco Polvorinos Gómez, Juan Pedro del Cotillo, Justo González Lorente y Pascual Aláez Medina, Misioneros Oblatos de María Inmaculada y Cándido Castán San José, seglar, fusilados el 24 de julio del 1936 y beatificados el 17 de diciembre del año 2012.

Como verás, son bastantes por lo que este cementerio es lugar de peregrinación de muchos devotos que van a visitar las fosas comunes donde están sepultados para encomendarse a ellos.

Antonio Barrero

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Beatas Odile Baumgarten y Marie-Anne Vaillot, mártires

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Ilustración de las Beatas Odile Baumgarten y Marie-Anne Vaillot.

Ilustración de las Beatas Odile Baumgarten y Marie-Anne Vaillot.

Entre los 99 mártires de la Revolución Francesa cuya causa encabeza el sacerdote Guillaume Repin se encuentran dos religiosas pertenecientes a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que habían estado trabajando en el hospital de San Juan de Angers (Francia) cuando dieron su vida por la fe. Son las hermanas Odile Baumgarten (o Baugard, si se pronuncia su apellido de forma afrancesada) y Marie-Anne Vaillot, que, como la Beata Marguérite Rutan, Hija de la Caridad como ellas, y tantas otras de su misma congregación, murieron mártires en estos turbulentos años. Aprovechando que hoy es la festividad de su martirio, escribiremos sobre ellas, puesto que ambas fueron, de hecho, martirizadas juntas.

Dos Hijas de la Caridad
Odile Baumgarten o Baugard nació en la ciudad de Gondrexange, en la Lorena anexionada, el 15 de noviembre de 1750. Fue la cuarta hija de un molinero, Jean-Georges Baumgarten, y de su esposa Catherine Gadel, siendo bautizada al día siguiente. Sus tres hermanos mayores murieron en la infancia y muy pronto perdió a su padre y a un hermano menor recién nacido. A los 24 años de edad, el 4 de agosto de 1775, inició el postulantado de las Hijas de la Caridad en Metz, que era la capital de Lorena, siendo su primer destino un hospital en Brest, que fue destruido por un incendio apenas siete meses después de su llegada. Así que la trasladaron al hospital de San Juan de Angers, donde se la puso a cargo de la farmacia.

Por su parte, Marie-Anne Vaillot nació en Fontainebleau en 1734-36 -hay cierto baile de fechas en cuanto a su nacimiento, no estando claro si tenía 58 o 60 años en el momento de su martirio-, hija de un cantero, Étienne Vaillot, y de su esposa Anne Moran; siendo bautizada el 13 de mayo de ese año por François Brunet, sacerdote de la Misión. A los 27 años, el 25 de septiembre de 1761, entró en las Hijas de la Caridad en París, siendo el hospital de San Juan de Angers su cuarto destino.

Estampa devocional italiana de la Beata Odile Baumgarten, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa devocional italiana de la Beata Odile Baumgarten, perteneciente a la serie del ilustrador Alberto Boccali (“Bertino”).

Este hospital, dedicado a San Juan Evangelista, había sido construido a finales del siglo XII por Enrique II Plantagenet como reparación por el asesinato de Santo Tomás Becket. En 1639 la administración había pasado a manos de las Hijas de la Caridad, siendo el primero del que ellas se encargaron por recomendación de madame Goussault a las autoridades municipales, después de haber visto que se encontraba en condiciones lamentables.

Tiempos difíciles
Hasta 1790 la Revolución se dejó sentir poco, aunque las hermanas estaban informadas de lo que sucedía en París por las cartas que llegaban de la capital. Pero en 1791 empezaron a sentirse presionadas por el juramento de fidelidad que todos debían prestar a la constitución civil del clero. Se vieron forzadas a cerrar la capilla del hospital en abril y se les prohibió tener de confesor al párroco local, porque no había realizado el juramento. La superiora general de la orden, la hermana Antoinette Taillade, protestó por ello y las autoridades municipales les permitieron tener cualquier confesor, pero realmente, los sacerdotes que no realizaban el juramento, salvo que estuvieran enfermos o fueran sexagenarios, eran arrestados y deportados. Esto produjo unos 264 sacerdotes exiliados de Angers. Y aunque a las hermanas se les permitió tener dos sacerdotes que habían tomado el juramento, y ellas permitieron que los enfermos decidieran si querían recibir o no los sacramentos de éstos, ellas, por su parte, preferían acudir a otros dos que no hubiesen jurado la susodicha constitución civil.

En agosto de 1792 se les exigió un nuevo juramento por ley, en nombre de la Libertad y la Igualdad, si se quería mantener un empleo por parte del Estado. La negativa suponía la pérdida del salario y, después de abril de 1793, la deportación a la colonia penal de la Guayana Francesa, en Sudamérica. En octubre de ese mismo año el juramento se hizo obligatorio para todas las órdenes religiosas femeninas. Al ser un tanto vago en términos, el juramento fue aceptado sin ser comprendido apenas. Con todo, la superiora, Antoinette Deleau, aconsejó a su comunidad ser prudentes, no enzarzarse en discusiones ni juicios de valor, no criticar otras religiones u opiniones.

Esta buena voluntad por parte de las religiosas fue en vano, ya que igualmente se vieron involucradas en la campaña anticlerical revolucionaria. El 9 de abril de 1792 la madre superiora comunicó que las Hijas de la Caridad, como las demás comunidades religiosas, habían sido legalmente suprimidas aunque no específicamente mencionadas. Les recomendó no abandonar a los pobres y seguir trabajando por ellos y por lo que hiciese falta siempre que no fuese en contra de la religión, la Iglesia o la conciencia de cada una. Pronto, se vio obligada por ley a dirigirse a sus hijas como “señoras”, ya nunca más como “hermanas”. Y pronto, se suprimieron también los hábitos religiosos, aunque ellas no lo abandonaron.

Monumento dedicado a las Beatas en Angers, Francia.

Monumento dedicado a las Beatas en Angers, Francia.

El comienzo del pulso
Durante la primera mitad de 1793 hubo revueltas contra las autoridades civiles por sus actividades antirreligiosas en Bretaña, Poitou y Anjou, pero en julio ya habían sido aplastadas. Después de esto, aumentó la represión. Ya en febrero, algunos ciudadanos de Angers habían pedido que las “aristócratas” que trabajaban en el hospital de San Juan debían ser llevadas ante el tribunal, acusándolas de tratar con dejadez y crueldad a los enfermos. En septiembre, ya pacificado el entorno, surgió de nuevo el tema a raíz de los roces a consecuencia de los problemas con el juramento de Libertad e Igualdad y el abandono del hábito religioso. El 2 de septiembre una guardia militar acordonó el hospital para evitar que las hermanas escapasen, y a las ocho los administradores civiles se reunieron con la superiora y otras tres hermanas.

Cuando se les planteó la problemática del juramento y el hábito religioso, ellas respondieron que no eran siervas civiles del Estado ni maestras -funcionarias públicas-, y que, por tanto, no estaban ligadas por ley a hacer ese juramento. Tampoco se habían desprendido del hábito porque las hacía más fácilmente reconocibles para los pacientes, y que era muy económico, pues duraba unos doce o quince años, cosa que no ocurría con la ropa de laico. Cambiar el vestuario de las treinta y nueve hermanas del hospital hubiese sido, pues, un gasto considerable.

La respuesta de las autoridades fue abrir un registro para que todas las mujeres que quisieran dedicarse al “cuidado de la humanidad” en el hospital, se apuntaran para prestar servicio y así poder echar a las Hijas de la Caridad. Pero sabían que esto iba a ser complicado, así que las presionaron de nuevo para que se quitaran el hábito, y las animaron a apuntarse en ese registro, animándolas a pensar sólo en “el amor al país, a la humanidad, la sumisión a las leyes y el deseo de cooperar en el fortalecimiento de la República”. Las autoridades centrales en París presionaban a su vez, por lo que el 9 de noviembre, se las presionó de nuevo localmente en ese sentido. Era un todo un pulso para ver quién cedía antes.

En ese mismo mes se confiscaron los vasos sagrados de la capilla, y el 15 de diciembre se hizo un inventario de los bienes de las hermanas, incluida la biblioteca, que tenía 130 libros encuadernados en piel, entre ellas, un comentario a las Sagradas Escrituras en 25 volúmenes. Las hermanas acabaron cediendo en lo de quitarse el hábito y sólo en eso, como ya habían anunciado.

Estampa devocional francesa de las dos Beatas.

Estampa devocional francesa de las dos Beatas.

El 29 de diciembre de 1793 la Convención dictó una nueva ley obligando a todas las religiosas a jurar por la Libertad y la Igualdad en diez días. La que se negara, iba a ser privada de salario, arrojada de su residencia y “considerada sospechosa y tratada en consecuencia”. El 5 de enero de 1794 se hizo saber a las hermanas de Angers que rechazar el juramento se consideraría “desobediencia formal a la ley y supondría el advenimiento de penas muy severas”. Los oficiales no paraban de visitar el hospital para presionar a las religiosas en pequeños grupos, de suerte que tres de ellas juraron el 19 de enero, y se sabe que muchas otras habrían jurado también de no ser por la “perfidia y sugestión, así como las malvadas resoluciones, de la susodicha Antoinette, de Marie-Anne y Odile”. Y aquí aparecen nuestras mártires ya como protagonistas y no sólo como integrantes de un gran grupo.

Prisión
Las autoridades recomendaron que estas tres mujeres, que habían fortalecido el resto de hermanas a no tomar el juramento, fueran retiradas inmediatamente del hospital. Antoinette Taillade, como ya hemos dicho, era la superiora; y ella, junto con Marie-Anne y Odile, fueron apartadas de las otras treinta y seis hermanas del hospital. La primera, naturalmente, por ser la superiora, pero las otras dos porque eran consideradas unas fuertes opositoras a las ideas revolucionarias, y se creía que tenían influencia sobre varias hermanas del hospital para hacerlas resistir a las intenciones de las autoridades civiles: “Es urgente excluir a estas tres personas tan peligrosas para el susodicho hospital como para sus compañeras. Que las dichas Antoinette, Marie-Anne y Odile sean arrestadas inmediatamente en la Casa de detención del Calvario”.

Las tres fueron inmediatamente arrestadas, pero no estuvieron mucho tiempo en prisión por la saturación de personas que habían sido arrestadas. Casi todas las casas religiosas de Angers eran ahora prisiones. Las tres Hijas de la Caridad se quedaron en el convento del Calvario hasta el 21 de enero. En esa fecha, Marie-Anne y Odile fueron separadas de Antoinette y trasladadas al convento del Buen Pastor. Según un informe de la época, las autoridades esperaban que se pudiera convencer a Antoinette de que convenciera al resto de la comunidad para que prestara juramento. No se quiso en ningún momento, en opinión del padre Gruget, que fue testigo y en cuyo diario nos basamos, poner en riesgo la vida de la superiora, pues pensaba que quizá las autoridades temían que si la madre Antoinette era ejecutada, las tres hermanas que habían jurado podían retractarse de lo hecho. Sin embargo, las intenciones para con Marie-Anne y Odile sí eran bien distintas. Ellas iban a ser convertidas en un ejemplo de lo que ocurría cuando rehusabas tomar el juramento revolucionario, tanto para asustar a la superiora, como para atemorizar al resto de las compañeras.

Detalle de las dos Beatas en una vidriera decimonónica francesa.

Detalle de las dos Beatas en una vidriera decimonónica francesa.

El 28 de enero de 1794, Marie-Anne y Odile fueron interrogadas en el convento del Buen Pastor. La transcripción del interrogatorio dedica nueve líneas a Marie-Anne y nueve a “Audile Bangard”, tal cual escribieron su nombre. “Marie-Anne Vaillot, de sesenta años de edad, natural de Fontenebleau, Hija de la Caridad del Hospital de San Juan de Angers, donde residía y donde fue arrestada el domingo hace ocho días por unos ciudadanos, ha dicho que el motivo de su arresto fue el no haber prestado el juramento y no querer prestarlo. No teme nada de lo que puedan hacerle, en sus respuestas se reconoce fácilmente que es una fanática y rebelde a las leyes de su país, no ha oído nunca la Misa de un sacerdote juramentado”.

“Audile Bangard, de cuarenta y tres años de edad, natural de Gondesconge en Lorena, Hija de la Caridad del Hospital de San Juan de Angers, donde residía y donde fue arrestada el domingo hace ocho días por unos ciudadanos, ha dicho que el motivo de su arresto fue el no haber prestado el juramento, no quiere prestarlo, no teme nada de lo que puedan hacerle, en sus respuestas se reconoce fácilmente que es una fanática rebelde a las leyes de su país”.

En el margen de la página del informe se ve la letra F, de “fusillade”, en francés, un indicativo de cómo debía ser ejecutada: por fusilamiento, como los pobres, ya que la guillotina, menos dolorosa, era para gente más adinerada. Casi exactamente las mismas palabras, y desde luego la misma F, fueron el obsequio para Odile.

Vía Crucis de las dos religiosas
El pelotón de fusilamiento operaba en el claustro de un antiguo priorato, a dos kilómetros de Angers, hoy conocido como Campo de los Mártires, donde se ejecutó a personas el 12, 15, 18, 20, 21 y 22 de enero de 1794. Los condenados eran atados en parejas a una cuerda central y se les hacía marchar desde las prisiones hasta el lugar. Los que no podían andar eran llevados en carro. Comenzaba un largo y horroroso via crucis para los prisioneros.

Ilustración de las dos Beatas, atadas juntas. Odile reclinada en Marie-Anne.

Ilustración de las dos Beatas, atadas juntas. Odile reclinada en Marie-Anne.

A Marie-Anne y a Odile se las ejecutó el 1 de febrero, aunque hubo ejecuciones posteriores el 10 de febrero y el 6 de abril, hasta completar más de dos mil personas ejecutadas en Angers. Mientras eran llevadas al lugar del fusilamiento, atadas la una a la otra a la cuerda central, y según cuenta el padre Gruget en su diario, Odile se sintió conmocionada al ver la fila de 398 desdichados condenados -mujeres en su mayoría- que, como ellas, iban a la muerte. Sin poder retroceder, palideció y se tambaleó. Marie-Anne, conmovida, la abrazó contra su pecho y le dijo: “No, querida hermana, no te debilites; la gracia te será dada de lo alto en abundancia, y te sostendrá. Esta corona que tanto hemos deseado, que tanto hemos ambicionado, está cerca de nosotras; unos pocos instantes, y la tendremos”. “La dulce hermana Odile Baugard, cuenta el manuscrito del Hospital, otra fuente fundamental del momento, parecía un poco preocupada al ver los preparativos; tenía miedo de carecer de coraje; pero, al salir de la cárcel, apoyándose en el brazo de la hermana Marie-Anne, porque ambas estaban atadas a la misma cuerda, ella encontró, en la fuerza de esta noble amiga, una fortaleza que hizo desaparecer en ella todo el miedo”.

Otra de las anécdotas que se cuentan es que una mujer piadosa, compadecida, les trajo un par de velos para que se cubrieran el rostro, porque sólo les habían permitido ponerse el tocado sobre la cabeza y entendía que ellas, siendo religiosas, debían estar sufriendo de verse expuestas así a las miradas del populacho. Cuando insistió en que tomara los velos que les ofrecía, Marie-Anne los rechazó diciendo: “No, no vamos a esconder nuestras caras, ¿es que es una vergüenza morir por Jesucristo? Más bien al contrario, todo el pueblo debe vernos y aprender de nosotras cómo se muere por la fe”. Así lo cuenta el padre Gruget; el manuscrito del Hospital, en cambio, indica: “Ellas no quisieron que ni capuchas ni mantos les taparan la cara, sino que llevaron simples tocados y así fueron con la cabeza alta hacia el suplicio, recitando los salmos de la Iglesia, desde la calle de San Nicolás hasta el Campo de los Mártires…”

Cuando la cola de prisioneros se sacudía, la hermana Marie-Anne, tan ardiente como compasiva con los sufrimientos del prójimo, consolaba a los condenados que le quedaban más cerca y que la podían oír, no sólo recomendándoles resignación sino tratando de contagiarles su entusiasmo de mártir: “Sólo un esfuerzo más, les decía, y la victoria será nuestra”. Estas palabras eran de una gran fortaleza para ellos y para su compañera Odile, tan víctima como todos de las penurias de la marcha y la dura prisión. “Una y otra se miraban, dice el manuscrito, con pío y tierno afecto, y de los labios de ambas se pudo oír aquel día varias veces la frase: “Nos está destinada una corona, no la perdamos hoy”.

Vidriera completa. La Beata Marie-Anne exhorta a la Beata Odile diciéndole que una corona les espera en el cielo.

Vidriera completa. La Beata Marie-Anne exhorta a la Beata Odile diciéndole que una corona les espera en el cielo.

En cierto momento, Odile, que como hemos dicho era la más delicada de las dos, no pudo resistir la pesadez de la marcha y, soltando un grito, se desplomó en el suelo, parando el transitar de prisioneros y alarmando a la fila entera. Se acercaron los guardias y querían agarrarla y tirarla brutalmente encima de un carro como a los otros que no podían caminar, pero Marie-Anne lo impidió interponiendo su cuerpo entre el de su compañera y el de los guardias; luego, con ternura, la levantó, la abrazó y, dedicándole palabras tiernas y caricias, la sostuvo y así Odile pudo seguir la marcha con su cabeza apoyada en el hombro de Marie-Anne. “Ella (Marie-Anne) le decía (a Odile) que (Odile) sería la primera en morir y que lo haría en el acto”, contaron los testigos; lo cual no deja de ser impactante, porque así sucedió. La enérgica monja acababa de profetizar los detalles de su martirio, o acaso lo había decidido así, que su débil compañera debía morir primero, rápido y con el menor dolor posible, reservándose a sí misma un peor martirio por compasión.

Pero los padecimientos iban a seguir y la prueba es que durante su momentáneo desmayo, a Odile se le había caído el rosario, que había logrado esconder entre sus ropas, pero que tenía prohibido conservar. Al agacharse a recogerlo, uno de los soldados, furioso al descubrir el objeto, le arreó tal culatazo en la mano que se la fracturó, causándole una gran hemorragia. Aún hoy, las Hijas de la Caridad veneran una gruesa piedra hallada en el lugar sobre la cual creen que la mano de la Beata Odile fue aplastada por la culata del fusil, tal cual si fuera una preciosa reliquia.

Las dos hermanas habían rezado durante todo el trayecto, tanto salmos como otros cánticos de la Iglesia, pero al llegar a Haie-aux-Bon-Hommes, donde iban a ser fusiladas, Marie-Anne, siempre llevando la voz cantante, empezó a recitar las Letanías de Nuestra Señora, que fueron inmediatamente seguidas por el resto de prisioneros con la invocación: “Virgen, en ti pongo mi confianza”. Iban acompañados de una banda militar y algunos de los más ardientes revolucionarios habían acudido para ver el espectáculo, refiriéndose a este tipo de escenas como “los días más felices de sus vidas”. Sin embargo, al ver la piadosa escena de las personas entonando las letanías a una, uno de estos revolucionarios no pudo evitar exclamar: “¡Duele ver morir a mujeres como éstas!”

Martirio de las Beatas.

Martirio de las Beatas.

La última oportunidad
Llegados al lugar de la ejecución, las víctimas fueron colocadas en fila ante el pelotón de fusilamiento. Sólo se daba una única descarga con los fusiles, y aquellos que no morían tras la primera ráfaga eran rematados con la espada o con la bayoneta.

A medida que los prisioneros iban entrando, siendo fusilados y cayendo en las fosas excavadas delante, otros que no las habían visto antes se dieron cuenta de las dos Hijas de la Caridad que estaban entre ellos. Se quedaron estupefactos: “¡Son hermanas!”, dijeron, “¡Hermanas del hospital! ¿Ellas también? ¡No es posible! ¡No deberían morir como nosotros!”. Y volviéndose hacia los verdugos, gritaban: “¡Piedad para las hermanas! ¡Piedad para las hermanas!”, haciendo que éstos se miraran entre ellos, sorprendidos. El oficial Ménard, que estaba a cargo del pelotón de fusilamiento, se dirigió hacia ellas y les dijo: “Aún es hora de escapar a la muerte. Vosotras habéis prestado servicio a la humanidad, pero por causa de un miserable juramento, ¿perderéis la vida y echaréis a perder tantas buenas obras en un solo día? No será así. Volved a casa y seguid prestando servicio. Si os repugna y os contraría, no hagáis el juramento, que yo me voy a encargar de decir que lo habéis hecho y os doy mi palabra de que no os harán nada, ni a vosotras ni a vuestras compañeras de prisión”.

La oferta no era cosa de risa y realmente el oficial estaba arriesgando su carrera y su vida con tal de salvar a las dos religiosas. Pero ellas ni querían tener la vida de nadie sobre su conciencia, ni ocultarse tras una mentira por salvar la vida. La misma Marie-Anne, en su nombre y en nombre de su compañera, respondió: “Gracias, señor, por vuestra oferta generosa; pero nuestra conciencia nos ha impedido hacer ese juramento, y tampoco queremos que se crea que lo hemos hecho”. Y así, demostraron tener una delicadeza de conciencia admirable, similar a la de los mártires de la Antigüedad que no aceptaron el libellum, el documento que estipulaba que habían sacrificado a los dioses paganos aunque no necesariamente lo hubiesen hecho.

Martirio
Había llegado el momento del martirio, y colocadas una junto a la otra, todavía atadas, en la fila de víctimas dispuestas para el fusilamiento, las dos hermanas, como todos los demás, recibieron la descarga de los fusiles. Tal y como Marie-Anne le había augurado, Odile tuvo la suerte de morir en el acto, acribillada inmediatamente por muchas balas. Se tambaleó y se hubiera desplomado en el suelo de no ser porque Marie-Anne, que sólo tenía un brazo roto por la descarga, la sostuvo contra su pecho, mientras seguía mirando al cielo, sin dejar de rezar: “¡Perdónales, Señor, le oyeron exclamar, porque no saben lo que hacen!”, y a pesar de tener el brazo destrozado, no soltó el cadáver de su compañera.

La Beata Marie-Anne sostiene el cadáver de la Beata Odile. Ilustración contemporánea.

La Beata Marie-Anne sostiene el cadáver de la Beata Odile. Ilustración contemporánea.

No se sabe exactamente cómo pudo Marie-Anne consumar su martirio, pero a tenor de lo dicho, es muy probable que uno de los soldados la rematara a golpe de sable, de bayoneta o incluso a culatazo limpio. Se sabe que muchas víctimas murieron con el cráneo aplastado a culatazos y que otras, no rematadas adecuadamente, llegaron a ser enterradas todavía vivas en las fosas comunes. Había predicho que Odile moriría primero y rápido, a ella le tocó una muerte más lenta y atroz. Dios haya querido no fuese la peor de las opciones posibles para los que no murieron fusilados.

Era el 1 de febrero de 1794. Odile tenía 44 años de edad y Marie-Anne tenía 58 o 60, en función de qué año de nacimiento estipulado para ella tomemos como válido.

Beatificación:
Como sabemos, el 19 de febrero de 1984, el papa San Juan Pablo II beatificó a 99 mártires de Angers y, entre ellos, a nuestras dos protagonistas de hoy. En su homilía, el Papa se vio obligado a hablar en términos muy generales debido a la gran cantidad de nuevos Beatos, pero llegó a mencionar a algunos por su nombre. Entre ellos, quiso recordar las palabras de consuelo que, en su hora solemne, Marie-Anne dirigió a Odile: “Tendremos la felicidad de ver a Dios y poseerle por toda la eternidad… y seremos de Él sin miedo y sin ser jamás separadas de Él”.

Meldelen

Enlaces consultados (30/01/2015):
– http://famvin.org/wiki/Odile_Baumgarten_and_Marie-Anne_Vaillot
– http://shenandoahdavis.canalblog.com/archives/2014/11/23/31011974.html
– http://somos.vicencianos.org/blog/beatas-maria-ana-vaillot-y-odilia-baumgarten

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Santas de nombre Angélica

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Beata Angélica Leonti de Milazzo. Fresco del claustro de los Mínimos en Grottaglie, Italia.

Beata Angélica Leonti de Milazzo. Fresco del claustro de los Mínimos en Grottaglie, Italia.

Angélica, entre los testigos de Jesús: el significado del nombre
Deriva del griego ànghelos, “mensajero”, como Ángela, su variante más común, y refleja la devoción y el culto a los ángeles. Algunas obras literarias, como el Orlando Furioso de L. Ariosto, han contribuido a su difusión. La onomástica se festeja el 27 de enero para Santa Ángela Mérici o para los Santos Arcángeles (29 de septiembre, “la corte angélica”) porque no existe ninguna Santa o Beata de nombre “Angélica” conmemorada en el Martirologio Romano.

Angélica de Milazzo, dicha “Beata” (6 de diciembre, s. XVI)
La rama de la Orden de los Mínimos fundada en 1500 por San Francisco de Paula tuvo su propia Tercera Orden, abierta a laicos, hombres y mujeres. A la Tercera Orden de San Francisco de Paula pertenece la “Beata” Angélica, fallecida en 1559. Era oriunda de Milazzo, bellísima de aspecto, sensible y virtuosa. La joven de Milazzo debió, según los deseos de su familia, haber seguido el destino de tantas de sus contemporáneas, eligiendo un esposo o mejor dicho, aceptando el que sus padres le destinaran, para formar una familia terrenal. Pero Angélica se resistió con terca obstinación, más fuerte que las lisonjas y las amenazas, que no le faltaron al menos durante un cierto período de su vida. En el momento de tensión más grave, recurría al Crucificado, implorándole ayuda. Fue auxiliada por la Cruz con una cruz, esto es, con una gravísima enfermedad, que puso en peligro su propia vida. Fue entonces cuando, por promesa, tomó el hábito de la Tercera Orden de San Francisco de Paula. En ese hábito, a modo de coraza mística, se sintió segura de poder quedarse para siempre con el estado deseado.

Superada su enfermedad, volvieron las insistencias y presiones. Pero, posteriormente devorada por un tumor maligno, su belleza se trocó en repulsión, mientras el sufrimiento punzante le afinaba el espíritu, consumiendo su cuerpo como un fuego hasta la muerte.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastrioti.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastrioti.

María Angélica Mastroti de Papasidero, dicha “Beata” (26 de mayo 1851, Castelluccio Superiore 1896)
Vivió en olor de santidad. A los seis años enfermó de tuberculosis, quedándose paralítica durante 13 años. Cuando todos estaban a la espera de su inminente final, fue curada milagrosamente en 1870. Sin embargo, sus sufrimientos no cesaron: un cálculo en la vesícula le procuró sufrimientos indecibles hasta 1873, cuando una segunda intervención sobrenatural la liberó de su mal; pero su deseo de expiación la condujo a mortificar su cuerpo haciendo uso de cilicios, ropa de cama con espinas y sometiéndose a largos ayunos. Su vida ascética le procuró frecuentes éxtasis durante los cuales hablaba con la Virgen y el Hijo que tenía entre sus brazos.

Esta implicación espiritual tuvo consecuencias físicas. Una herida de la cual manaba sangre espesa se abrió espontáneamente en su costado y ya no se cerró. En 1890, para estar junto con su sobrino Nicolás que se había hecho sacerdote, se trasladó a Castelluccio Superiore (PZ) donde continuaron verificándose hechos prodigiosos vinculados a su persona, tanto que su fama se extendió por las comarcas vecinas. En Castellucció falleció el 26 de mayo de 1896. Su tumba es todavía meta de peregrinaciones de numerosos fieles.

Beata Angélica de Caicle, ermitaña del monte Guardia en Bolonia (s.XII)
Angélica, hija de Caicle y de Bolonia, aparece en la escena de nuestros documentos el 30 de julio de 1192: en el documento así fechado, Angélica (que tiene una edad presumible entre los 20 y los 28 años) declara querer dedicarse completamente al servicio de Dios en la soledad, de modo que llevará una vida eremítica (una opción religiosa muy difundida en el contexto del gran movimiento de renovación espiritual y reforma en la Iglesia de los ss.XI-XII). Elige como lugar de retiro un terreno de su propiedad en el monte de la Guardia y manifiesta la intención de construir un eremitorio, una casa para ella y para las otras ermitañas que quisieran unirse a ella y, si el Señor lo quiere, una iglesia. Como la comunidad religiosa necesitará asistencia sacerdotal (para la administración de sacramentos y celebraciones litúrgicas, si hay una iglesia), Angélica cede su propiedad a los Canónigos de Santa María de Reno y San Salvador a cambio de asistencia sacerdotal. Asimismo, se reserva el usufructo y el rendimiento de los bienes cedidos y de otros que pueda heredar o recibir en donación para el crecimiento de su fundación religiosa.

Fotografía coloreada de la Sierva de Dios María Angélica Álvarez Icaza.

Fotografía coloreada de la Sierva de Dios María Angélica Álvarez Icaza.

Sierva de Dios María Angélica Álvarez Icaza (1887-1977)
Con María Angélica Álvarez Icaza (1887-1977), religiosa contemplativa de la Orden de la Visitación de Santa María, el continente latinoamericano da un paso gigante en los caminos del espíritu, alineándose con la tradición secular europea, llena de célebres figuras de místicos. El México de los primeros decenios del siglo XX exalta su turbulenta existencia en un claustro, donde vivió en íntimo martirio de amor el sangriento devenir de su patria. En ella confluyó límpido el carisma de la Orden de la Visitación, inspirado en la doctrina del fundador, San Francisco de Sales, Doctor del Divino Amor, que añade al monte Calvario la morada de sus Hijas. También transparentó el reclamo de la experiencia de Santa Margarita María Alacoque, de modo que María Angélica Álvarez Icaza se unió a las discípulas predilectas del Sagrado Corazón del Verbo Encarnado.

Venerable Angélica Durà
La Venerable fue terciaria mercedaria en Valencia. Murió en olor de santidad después de que la Virgen María le revelase el día de su muerte. La Orden Mercedaria la recuerda el 22 de abril.

Sierva de Dios María Angélica Pérez (1897-1932)
La Sierva de Dios María Crescencia, argentina, fue religiosa profesa de la Congregación de las Hijas de Nuestra Señora del Huerto (1897-1932). Es una Hermana Gianellina.

Sierva de Dios Madre María Luisa Angélica Clarac (Auch 1817 – Moncallieri 1887)
La Madre María Luisa Angélica Clarac, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl, nació en Auch (Francia) el 17 de abril de 1817 y regresó al Señor en Moncallieri (To) el 21 de junio de 1887. Nuestro punto de partida es el 3 de mayo de 1871, día en el cual, por un providencial y misterioso designio de Dios, la Madre Clarac abandonaba su Congregación y, sufriendo por el desapego, dio origen a una nueva familia religiosa. El lugar de nacimiento del instituto es la ciudad de Turín, en la calle S. Pío V, donde, junto a la capilla dedicada a la Virgen venerada con el título “Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús”, reposan los restos mortales de la fundadora, cuya causa de canonización está en curso.

Estampa de la Venerable Angélica Juana María de Jesús.

Estampa de la Venerable Angélica Juana María de Jesús.

Venerable Angélica Juana María de Jesús (1861–1935)
La Madre Angélica Juana de Jesús, en el siglo Flora Bracaval, nació en Mouscron (Bélgica) el 3 de mayo de 1861. Entró en las Angélicas de San Pablo, fundadas por San Antonio Maria Zaccaria, y pronto fue reconocida como digna de los más altos cargos del instituto Angélico. De 1919 a 1931 fue la superiora general y difundió la Congregación en Italia, Brasil y Bélgica. Murió con fama de santidad en Arienzo (CE) el 26 de enero de 1935.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2014
* sitio web newsaints.faithweb.com
* sitio web wikipedia.org
* sitio web santi beati.it

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santas de nombre Rosalía

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen de Santa Rosalía Sinibaldi venerada por la Confraternidad homónina en la iglesia de San Giacomo dei Militari, Palermo (Italia).

Imagen de Santa Rosalía Sinibaldi venerada por la Confraternidad homónina en la iglesia de San Giacomo dei Militari, Palermo (Italia).

Rosalía, entre los testigos de Jesús
El nombre de Rosalía tiene una etimología controvertida: se basa quizá en elementos germánicos como hroth, gloria, o hros, caballo, reinterpretados posteriormente por la afinidad con el nombre de la rosa, o es quizá un derivado de nombres que contienen tales elementos (por ejemplo, Rosa, Rosalinda). No cabe excluir sin embargo una reutilización de Rosalia, nombre de una fiesta pagana de las flores, significando “corona de rosas”.

El nombre fue llevado a Sicilia por los normandos, y se difundió gracias a la veneración de Santa Rosalía, desde aquí al mundo, como: Rozálie (checo); Rozalija (croata); Rosalie (francés); Rosalie, Rosalee y Rosaleigh (inglés); Rozālija (letón); Rozalija (lituano); Розалија – Rozalija (macedonio); Rozalia (polaco); Rozalija (esloveno); Rosalía (español); Rosalie (alemán); Rozália (húngaro).

Santa Rosalía Sinibaldi de Palermo, virgen ermitaña del siglo XII, se convirtió en patrona de Palermo en 1666 con culto oficial extendido a toda Sicilia. Hija de un noble feudal, Sinibaldi, Rosalía vivió en aquella etapa feliz de renovación cristiana católica que los reyes normandos restablecieron en Sicilia, después de haber expulsado a los árabes que estaban allí de 827 a 1072, favoreciendo la difusión de monasterios basilianos y benedictinos. En esta atmósfera de fervor y renovación religiosa se enmarca la vocación ermitaña de esta joven que abandonó la vida cortesana y se retiró en oración a una gruta del monte Peregrino, donde, según la tradición, murió el 4 de septiembre de 1160. En 1624, mientras la peste diezmaba el pueblo de Palermo, la Santuzza [1] se apareció en sueños a una enferma y después a un cazador. A él Rosalía le indicó el camino para hallar sus reliquias, pidiéndole que las llevaran en procesión por la ciudad. Habiendo hecho esto, allí por donde pasaban los restos, los enfermos sanaban, y la ciudad fue purificada en pocos días. En ese momento el culto se difundió por Palermo. El nombre de Santa Rosalía fue incluido en el Martirologio Romano en 1630 por el papa Urbano VIII: En Palermo, Santa Rosalía virgen, de la que se dice llevó una vida solitaria en el monte Peregrino.

El nombre se difundió entre el pueblo de Dios, hasta el punto de estar presente en otros ejemplos de santidad. El pasado año fue especialmente significativo para el nombre de Rosalía, porque tuvo lugar el décimo aniversario de la beatificación de la Hija de la Caridad Rosalía Rendu (2003-2013) y el reconocimiento de las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Rosalía Cadron-Jetté (9 de diciembre de 2013). Rendu es la última Rosalía inscrita en el Martirologio Romano.

Estampa devocional de la Venerable Rosalía Ansalone.

Estampa devocional de la Venerable Rosalía Ansalone.

He aquí otros ejemplos de santidad que se llamaron Rosalía:

Rosalía Ansalone (Febronia Fernanda): religiosa profesa, clarisa. Nacida el 16 de junio de 1657 en Caccamo. Fallecida el 23 de septiembre de 1718 en Palermo. La causa de canonización se inició en 1738, es llamada “Venerable”, pero hasta hoy ha quedado suspendida.

María Rosalía Baudelet de Haute-Fontaine en Bayart: laica de la diócesis de Arrás, casada. Nacida en 1727. Fallecida entre 1792-1799. Es parte de la causa de canonización encabezada por Juan Poulin, sacerdote, y 154 compañeros mártires de la diócesis de Arras y de la archidiócesis de Cambrai. La causa tiene un decreto sobre el escrito del 28 de febrero de 1940.

Rosalía Maioul: laica de la diócesis de Arrás. Nacida el 13 de octubre de 1768. Fallecida entre 1792-1799. Es parte de la causa de canonización encabezada por Juan Poulin, sacerdote, y 154 compañeros mártires de la diócesis de Arras y de la archidiócesis de Cambrai. La causa tiene un decreto sobre el escrito del 28 de febrero de 1940.

Rosalía Colbeau: laica de la diócesis de Arrás. Nacida en 1738. Fallecida entre 1792-1799. Es parte de la causa de canonización encabezada por Juan Poulin, sacerdote, y 154 compañeros mártires de la diócesis de Arras y de la archidiócesis de Cambrai. La causa tiene un decreto sobre el escrito del 28 de febrero de 1940.

Rosalía (Rosa) Remaud: Nacida el 19 de marzo de 1789 en Bourgneuf, Vandea (Francia). Fallecida el 28 de febrero de 1794 en Les Lucs-sur-Boulogne, Vandea (Francia). Mártir de sólo cuatro años y once meses de edad. Es parte de la causa de canonización de “Maria Airiau et Socii et Sociae Infantes”. Respecto a por qué el nombre de María Modesta Airiau es el primero en la lista alfabética de los mártires, algunos documentos romanos al respecto de los presuntos mártires niños de Les Lucs se referían a ella como cabeza del grupo: María Modesta Airiau y once niños y bebés de Les Lucs, en la diócesis de Luçon. Sin embargo, los actores de la causa han preferido siempre a Lousa Minaud como cabeza de la causa porque es la más joven (15 días de vida) entre los 110 presuntos mártires, causa abierta en dos momentos: en 1947 y en 1948.

Estampa devocional de la Beata Rosalía Rendu, Hija de la Caridad.

Estampa devocional de la Beata Rosalía Rendu, Hija de la Caridad.

Rosalía (Rosa) Martin: Nacida el 21 de abril de 1791 en La Guénière, Vandea (Francia). Fallecida el 28 de febrero de 1794 en Les Lucs-sur-Boulogne, Vandea (Francia). Mártir de sólo dos años y diez meses de edad. Es parte de la causa de canonización de “Maria Airiau et Socii et Sociae Infantes”.

Rosalía (Rosa) Martineau: Nacida el 21 de marzo de 1791 en Bourgneuf, Vandea (Francia). Fallecida el 28 de febrero de 1794 en Les Lucs-sur-Boulogne, Vandea (Francia). Mártir de sólo dos años y once meses de edad. Es parte de la causa de canonización de “Maria Airiau et Socii et Sociae Infantes”.

Rosalía Clotilde Bes (Sor Santa Pelagia de San Juan Bautista): religiosa profesa de las Monjas Sacramentinas. Nacida el 30 de junio de 1753 en Beaume-de-Transit, Drôme (Francia). Fallecida el 11 de julio de 1794 en Orange, Vaucluse (Francia). Beatificada el 10 de mayo de 1925 con el grupo de las religiosas sacramentinas y ursulinas mártires de Orange.

Rosalía Viau Vallon, religiosa profesa de la Compañía de María. Fallecida el 11 de febrero de 1832 en Palma de Mallorca, Islas Baleares (España). Nacida el 7 de octubre de 1747 en Vaucluse (Francia). La causa por fama sanctitatis se abrió el 28 de febrero de 1980.

Rosalía du Verdier de la Sorinière (Sor Santa Celeste), religiosa profesa de las Benedictinas de Nuestra Señora del Calvario. Nacida el 12 de agosto de 1745 en Saint-Pierre de Chemillé, Maine-et-Loire (Francia). Fallecida el 30 de octube de 1793 en Angers, Maine-et-Loire (Francia). Beatificada el 19 de febrero de 1984 con Guillermo Repin y 98 compañeros mártires de la diócesis de Angers.

Rosalía Rendu, religiosa profesa de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Nacida el 9 de septiembre de 1786 en Confort, Ain (Francia). Fallecida el 7 de febrero de 1856 en París (Francia). Beatificada el 9 de noviembre de 2003.

Margarita (Rosalía) Gouanne o Goyne, religiosa profesa de las Hermanas Agustinianas de la Misericordia de Jesús (Federación Francesa). Nacida en 1768 en Amplepuis, Ródano (Francia). Fallecida el 10 de febrero de 1794 en Lyon, Ródano (Francia). Es parte de la causa de canonización del grupo de Tomás Merlé de Castillon y 71 compañeros mártires de la diócesis de Lyon, causa abierta en 1921.

Estampa devocional de la Venerable Rosalía Cadron-Jetté.

Estampa devocional de la Venerable Rosalía Cadron-Jetté.

Rosalía Cadron-Jetté (Madre de la Natividad), fundadora del Instituto de las Hermanas de la Misericordia. Nacida el 27 de enero de 1794 en Lavaltrie, Québec (Canadá). Fallecida el 5 de abril en Montréal, Québec (Canadá). Causa abierta en 1999, Venerable desde el 9 de diciembre de 2013.

Arnolda Rosalía Couraule, religiosa profesa de la Orden de la Virgen María (Anunciatinas de Santa Juana de Valois). Nacida el 6 de marzo de 1763 en Gornac, Gironde (Francia). Fallecida el 25 de julio de 1794 en Burdeos, Gironde (Francia). Es parte de la causa de canonización de María Ginet y 35 compañeras mártires de la Archidiócesis de Burdeos, causa abierta en dos momentos: en 1925 y en 1931.

Rosalía Celak, laica de la Archidiócesis de Cracovia. Nacida el 19 de septiembre de 1901 en Jachówka, Małopolskie (Polonia). Fallecida el 13 de septiembre de 1944 en Cracovia, Małopolskie (Polonia). Causa abierta en 1996 y cerrada en 2007, con decreto de validez de la investigación diocesana el 22 de diciembre de 2012.

Rosalía Grzeschik (Georgia), religiosa profesa de las Hermanas Franciscanas del Amor Cristiano. Nacida el 28 de agosto de 1889 en Dąbrówka Łubniańska, Opole (Polonia). Fallecida el 30 de enero de 1945 en Otmęt, Krapkowice (Poland). Es parte de un grupo de mártires que tiene prevista la apertura de la causa de canonización.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2013
* sitio web de newsaints.faithweb.com
* sitio web de wikipedia.org


[1] Apelativo cariñoso con el que los palermitanos designan a su patrona. Viene a significar “la Santita”.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatas Hijas de la Caridad mártires en Leganés

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Fotografía de la Beata Melchora Adoración Cortés, Hija de la Caridad mártir que encabeza la Causa.

Fotografía de la Beata Melchora Adoración Cortés, Hija de la Caridad mártir que encabeza la Causa.

A término de este año, concluiremos hablando de las Hijas de la Caridad que murieron mártires en Leganés, para así completar este primer esbozo realizado durante estos meses de algunas de las mártires de la Guerra Civil Española (1936-1939) recientemente beatificadas el pasado 13 de octubre de 2013 en Tarragona, España. En este caso, se trata de un grupo de cinco religiosas que fueron martirizadas juntas en esta localidad madrileña.

Dos comunidades en Leganés
En julio de 1936, momento en que estalla la guerra, había dos comunidades de Hijas de la Caridad en Leganés (Madrid), una con diez religiosas en el Colegio de la Inmaculada y otra con veintiuna en el Hospital Psiquiátrico de Santa Isabel. Todas se vieron afectadas por la depuración religiosa, de modo que, cuando las Hijas de la Caridad fueron expulsadas de las instituciones de la Beneficiencia de Madrid, algunas acudieron al Colegio -que pertenecía a la Comunidad- para refugiarse, por lo que llegaron a juntarse en un mismo lugar hasta 46 religiosas.

Una antigua alumna del Colegio nos ha dejado este testimonio de acuerdo a la difícil situación vivida por las hermanas en aquel tiempo: “Había muchas manifestaciones gritando: “¡A quemar la iglesia!”, “¡Fuera monjas y fuera frailes!” El ambiente que vivíamos nosotras en el colegio reflejaba esta tensión… También expulsaron a los agustinos y mataron a muchos”. Respecto a la actitud de las perseguidas, destaca que no por verse en apuros cedieron o abandonaron sus habituales tareas: “Hacían muchas obras de caridad, no dejaban que nadie se quedara sin comer y también les hacían vestidos a los niños de Leganés que tenían necesidad. Tenían una urna con la Virgen Milagrosa y la llevaban a la visita a los enfermos, que la tenían en casa cinco o seis días para rezarle toda la familia”. De estas dos comunidades que referimos, como decíamos, murieron mártires cinco de ellas. Son éstas que vemos a continuación.

Beata Melchora Adoración Cortés Bueno
Fue la quinta hija de una familia numerosa, nacida el 4 de enero de 1894 en Sos del Rey Católico (Zaragoza), hija del pastor Jerónimo Cortés y Eusebia Bueno. Fueron ellos quienes le proporcionaron una sólida educación cristiana y la enviaron a estudiar al colegio de las Hijas de la Caridad. De inteligencia despierta, carácter abierto y comunicativa, adquirió una cultura general amplia, aprendió contabilidad y labores del hogar, al tiempo que tenía aptitudes para dibujo y pintura. Su catequista destacaría de ella su devoción por la Eucaristía. Miembro de las Asociación de las Hijas de María, participó en un ambiente de piedad y sensibilidad a la situación de los pobres que despertaría en ella su vocación por ser también Hija de la Caridad.

Fotografía de la Beata Melchora Adoración Cortés en su escritorio de maestra.

Fotografía de la Beata Melchora Adoración Cortés en su escritorio de maestra.

Realizó su aspirantado en el Hospital de Sangüesa (Navarra), donde cursó estudios de Magisterio. Ingresó en la Comunidad el 18 de marzo de 1914. Después de estar un tiempo en el colegio de Riquelme de Granada, fue enviada al colegio-asilo de Aleixar (Tarragona), donde trabajó varios años de maestra, emitiendo los votos el 25 de marzo de 1919. Compartió su alegría con su hermana Encarnación, a la que envió una estampa con esta nota detrás: “Me consagré a Dios y Él se dignó aceptar mi consagración. ¡Qué bondad la suya! ¡Qué dicha la mía! ¿Con qué pagaré al Señor tan insigne merced? Él nada necesita de mí. Nada puedo darle que no sea suyo… ¡pero hay tantas niñas que necesitan instrucción y educación cristiana! Y lo que haga con ellas, el Señor lo recibe como hecho a Él. ¡Las ama tanto! Y cuanto yo sufra por ellas, el Señor lo recompensará como sufrido por Él; sí, por Él que tanto sufrió por mí…¡Dios mío, mientras me quede un instante de vida lo emplearé en llevarlas a Vos! Dichosa yo mil veces si son muchas las que por mi medio os conocen, os aman y os sirven… y os glorifican eternamente en el cielo. Llévenme allí sus oraciones, Señor, y vuestra infinita misericordia. Amén”. Y esto no se quedaba en meras palabras, pues sus compañeras de trabajo la recuerdan jovial, fervorosa, trabajadora, disponible y muy paciente con sus alumnas.

Posteriormente fue destinada al hospital y escuelas de Corella (Navarra), continuando allí su labor educativa entre 1921 y 1924. Después la enviarían al Colegio de la Inmaculada de Leganés junto con la que sería una de sus compañeras de martirio, sor María Severina Díaz-Pardo, con la que trabó una profunda amistad. Con ella organizaría un coro, un grupo de teatro, la visita a los pobres, colonias de verano, peregrinaciones marianas y grupos de catequistas en la parroquia de El Salvador, siempre con una forma de enseñar atractiva y entusiasta. En 1933 la enviaron al Hospicio de Vitoria como maestra, pero a las pocas semanas se enfermó y hubieron de extirparle el riñón derecho. Durante su convalecencia, no perdió tiempo y cursó los estudios de enfermería, obteniendo el título oficial en la facultad de medicina de Salamanca. Pero las antiguas alumnas y padres de Leganés la reclamaron de vuelta, por lo que regresó al colegio el 5 de septiembre de 1936, siendo recibida con gran alegría.

Las Beatas Melchora Adoración Cortés y María Severina Díaz Pardo, amigas en la vida y compañeras en el martirio.

Las Beatas Melchora Adoración Cortés y María Severina Díaz Pardo, amigas en la vida y compañeras en el martirio.

Como profesora y directora del colegio, no sólo impartía clases de cultura a las alumnas mayores, sino que formaba a las modistas en bordado y daba clases de pintura. Sus alumnas la recuerdan así: “Sor Adoración tenía gracia para darnos lo que necesitábamos sin humillarnos. Nos enseñaba a coser, a rezar, y a tratar bien a las señoras. También hacíamos teatro, era muy alegre y animaba las fiestas… Ante las adversidades, nos decía: “Nos os preocupéis, que en el Reino de los Cielos, los últimos vamos a ser los primeros”. Ejercitaba la caridad con el prójimo y estaba pendiente no sólo de servir a los pobres que llegaban a la puerta, sino de las niñas que no podían pagar… Ayudaba a los necesitados de forma agradable y prudente, sin humillar a los que recibían la ayuda”.

Sor Adoración tuvo ocasión de mostrar también su valentía cuando el gobierno dio orden de retirar los crucifijos de las aulas. Ella y sor María, obedientes, cumplieron con la orden, pero al tiempo encargaron al padre de sor María que les enviasen 300 crucifijos pequeños, para repartirlos entre todos, regalarlos a los enfermos, y llevarlos sobre el pecho, en el exterior de su vestido. Ella defendía que aquello no podía impedirse, pues era una expresión de la libertad de conciencia. Este valor lo demostró también cuando le fue ofrecida una oportunidad de salvarse de la persecución, como cuenta un testigo: “Oí decir a los milicianos que había en el manicomio que los jefes milicianos, al sacar a las hermanas de Leganés, propusieron a Sor Adoración, maestra del colegio joven y de muy buen parecer, que se quitara los hábitos y se quedara con ellos. Y ella les contestó que donde fuesen sus hermanas iría ella, y lo que fuera de sus hermanas sería de ella. Esto lo comentaban los milicianos empleados en el manicomio con gran admiración”. Y por negarse a tal proposición, que le hubiese salvado la vida, lo pagó muy caro. Ella misma lo había deseado cuando defendió su papel como religiosa y maestra católica: “De ninguna manera pienso aceptar propuestas laicistas. Seré la última en dejar el colegio. Antes morir que dejar de ser Hija de la Caridad. ¡Qué dicha para mí morir mártir! Pero no sé si Dios me concederá esta gracia”. Se lo concedió, siendo martirizada a los 42 años de edad.

Fotografía de la Beata María Severina Díaz-Pardo en su hábito de Hija de la Caridad.

Fotografía de la Beata María Severina Díaz-Pardo en su hábito de Hija de la Caridad.

Beata María Severina Díaz-Pardo Gauna
La que fue mejor amiga y compañera de martirio de sor Adoración nació en Vitoria el 25 de agosto de 1895. Aunque sus padres, el librero católico D. Luis Díaz-Pardo Ugalde y D. Peregrina Gauna Barrio, le dieron el nombre de María Severina, en casa y en la Compañía la llamaron siempre simplemente María. De posición social acomodada, sus padres le dieron no sólo le dieron una educación católica, sino también estudios de música. Sintió pronto la vocación de ser Hija de la Caridad, como expresaría a sus padres en una carta de 1935: “No saben cuántas veces me acuerdo de la manera tan diferente en la que ustedes nos han educado, tal vez por eso soy Hija de la Caridad a estas fechas…”. Pero en el momento en que sintió la vocación, no pudo decirlo, ya que ella contribuía al hogar y su madre estaba gravemente enferma. Después de un tiempo en verla triste y silenciosa, finalmente reveló la vocación, a la que sus padres no se oponían, pero querían que terminara primero sus estudios de piano y magisterio. La enviaron de peregrinación a Lourdes y luego a San Sebastián con sus hermanas pequeñas para que lo pensara bien. De regreso, dijo a su madre: “Le aseguro que me he confirmado más en la vocación”. Y a los 21 años, abandonó el hogar y marchó a hacer el postulantado a Madrid, con gran pesar de su madre, que se enfermó aún más.

Tras hacer el postulantado en el Hospital Jesús Nazareno de mujeres incurables en Madrid, cuidando a mujeres inválidas, ingresó en la Compañía el 2 de agosto de 1917. En 1918 la destinaron a la Inclusa o Casa de niños expósitos de Pamplona. Pero el saber que su madre había empeorado, el trabajo tan fuerte que realizaba con los huérfanos, velándolos por la noche, dándoles clases, cuidándolos, resintieron tanto su salud, que la enviaron a descansar al asilo de Mendigorría (Navarra). Ya recuperada, emitió los votos el 15 de agosto de 1922, y fue destinada a la Casa de la Misericordia de Valsameda (Vizcaya). Allí se encontró a gusto, dando clases de párvulos y enseñando música. Precisamente debido a su formación musical, fue solicitada como hermana de coro en las Escuelas de la Presentación de Segovia, donde estuvo en el curso 1923-1924. El 8 de noviembre de 1924 llegaba al Colegio de la Inmaculada de Leganés, donde, como hemos dicho, entabló amistad con sor Adoración, quien, siendo más decidida y fuerte que ella, la ayudaba a llevar bien las clases de cultura con las alumnas mayores y la formación de las aspirantes y de las Hijas de María. Cómo no, también daba clases de música y preparaba las celebraciones y los grupos de teatro.

Cuando los tiempos se volvieron difíciles, destacó por mantenerse serena y dispuesta a quedarse donde estaba. Tras las elecciones de febrero de 1936 -el triunfo del Frente Popular- sus padres, temiendo por su vida, le piden que regrese a casa, a lo que ella responde: “Sí, es Dios quien manda por medio de mis superiores y Él es quien me ha traído aquí, estoy convencida. Y puesto que estoy en las manos de Dios, sería desacato y desprecio, si así puede llamarse, que yo me oponga a su santa voluntad o que trabaje alguien por contrariarla. No creo necesario por ahora volver”. Ante la insistencia de sus padres, ella replica: “A todas las hermanas les han ofrecido la casa sus parientes por si pasa algo, pero creemos que no es necesario salir, porque Dios está por encima de todos los hombres. Estamos en sus manos”. Por permanecer junto a sus compañeras y no regresar al hogar, fue martirizada el 12 de agosto de 1936, a los 40 años de edad y 19 de religiosa.

Estampa de la Beata Dolores Barroso inspirada en una fotografía original.

Estampa de la Beata Dolores Barroso inspirada en una fotografía original.

Beata Dolores Barroso Villaseñor
Nació en Bonares, provincia de Huelva, el 9 de noviembre de 1896, hija del campesino Francisco Barroso Vega y de la ama de casa Francisca Villaseñor Márquez. Era una familia pobre, pues los padres trabajan en el campo de sol a sol y el salario era escaso, por lo que pasaban necesidad. Intentando mejorar su nivel de vida, marcharon a Alcalá de Guadaira (Sevilla), donde la abuela materna podía ocuparse de los niños -María Dolores y sus hermanos Francisco, José María y Francisca- mientras la madre trabajaba haciendo tareas domésticas en otros hogares. Pero al poco tiempo, murieron de tuberculosis José María, Francisca, y poco después el padre. La atribulada familia recibió ayuda del párroco local -don Antonio Ojeda-, que mandó a Dolores y Francisco a las escuelas de las Hijas de la Caridad que había allí. Terminada su formación, Dolores trabajaría de costurera, pero su hermano Francisco murió también de tuberculosis cuando estaba por ordenarse de sacerdote.

Por aquel entonces, siendo ya mayor de edad, Dolores había sentido la vocación a ser Hija de la Caridad, pero temía dejar a su madre, que se había quedado sola, sin esposo y sin hijos. El párroco le dijo entonces: “Vete tranquila que tu madre se queda con nosotros”, ocupándose de que no le faltase de nada, pues la quería como a una hermana. Y así, Dolores marchó a hacer el postulantado en el hospital de Morón de la Frontera (Sevilla), ingresando en la Compañía el 2 de diciembre de 1962 y siendo destinada el otoño de 1927 al Asilo de Málaga. Allí se entregó al cuidado de los ancianos, feliz con la vida que había elegido. Su tía Isabel, con la que intercambiaba correspondencia y la persona que más la admiraba, dijo: “Dolores era una persona de Dios, sana, pacífica, piadosa y sencilla. Tenía que ser toda de Él”. Quizá por eso guardaba fielmente las cartas de su “sobrina santa”, como la llamaba. En 1934 es destinada al Hospital Psiquiátrico de Santa Isabel de Leganés (Madrid), a realizar la durísima tarea de cuidar de los enfermos mentales, en un caos donde ella y las demás religiosas dejaban una estela de paz, limpiando a los internos, vistiéndolos, poniéndoles la comida en la boca, acariciando aquellos rostros enajenados, entre graves, jocosos o incluso ridículos, sin ningún lujo, sólo sus manos y su trabajo duro. “No apurarse, Dios proveerá”, decía ella siempre, y con este lema llevaba adelante aquel durísimo día a día.

En mayo de 1936, en pleno clima pre-bélico, Dolores advirtió a su querida tía Isabel por carta: “Nosotras estamos tranquilas, esperando las órdenes de los superiores… aquí, a esta casa, no han llegado los revoltosos. ¿Quién se atreve con los locos, tía? Si ocurriese algo, que Dios no lo permita, ya le avisaría a usted lo más pronto posible, pues después de la Santísima Virgen, usted es mi madre y mis primos son mis hermanos, así que esté tranquila con esta sobrina”. Fue martirizada a los 39 años de edad y nueve de vida religiosa, aceptando plenamente su destino, pues al fin y al cabo, como había dicho muchas veces, “este mundo es un pasar, y no tenemos que apegarnos a él”.

Fotografía de la Beata Estefanía Saldaña en su hábito de Hija de la Caridad.

Fotografía de la Beata Estefanía Saldaña en su hábito de Hija de la Caridad.

Beata Estefanía Saldaña Mayoral
Nació el 31 de agosto de 1873 en Rabé de las Calzadas (Burgos), hija de don Venancio Saldaña y doña María Mayoral. La pérdida de su padre a los 14 años y la necesidad de abandonar los estudios para ayudar a su madre la afectó tan profundamente que quedó por siempre con una personalidad temerosa y débil psicológicamente, lo que contrastaba con la fortaleza de su madre, mujer valiente y emprendedora. Sintió la vocación de ser Hija de la Caridad a los 17 años, marchando a hacer su postulantado en el Hospital de la Princesa de Madrid e ingresando en el seminario el 9 de agosto de 1890. Al año siguiente fue enviada al Hospital y Escuelas de Corella (Navarra), donde se especializó como maestra de párvulos al tiempo que ayudaba a sus compañeras en las velas, guardias y atención a los enfermos del hospital. En 1894 fue enviada al hospital de San Vicente de Paúl de Bilbao, y en diciembre de 1895, al hospital y Escuelas de Briviesca (Burgos), donde estuvo 10 años enseñando a los párvulos y cuidando de los ancianos. Emitió los votos el 15 de agosto de 1896. La razón de su larga preparación fue el haber ingresado tan joven.

A partir de ese momento se sintió afianzada en su vocación y escribía con alegría a su madre: “No tenemos dinero para las cosas más indispensables y necesarias; pero yo en esta pobreza estoy muy contenta y no desearía otra cosa, si es la voluntad de Dios. Deseo que joven o vieja deje yo los huesos en esta santa y pobre casita de Briviesca”. Pero fue enviada al asilo de párvulos de Zaragoza en 1905 y al año siguiente al Hospital de Escuelas de Sigüenza (Guadalajara), donde estuvo solamente un año. Enfermó y la enviaron a recuperarse al Asilo de Niños Desamparados de Madrid, pero en 1908 se encontraba ya en el Asilo de párvulos de Sestao (Vizcaya). Esta variación tan rápida de destinos se debía a su mala salud, por lo que la enviaron de nuevo a reponerse a la Casa San Nicolás en Valdemoro (Madrid) y, cuando se recobró, estuvo en 1912 en la Casa Beneficencia de Cuencia y en 1914 en el colegio de Barbastro. En 1916 fue enviada a Leganés, donde estuvo alternando su servicio entre el Colegio -como maestra de párvulos- y el Hospital psiquiátrico Santa Isabel -donde impartió talleres de costura y manualidades-. Su mala salud le impedía seguir el ritmo de la comunidad y eso la hacía sufrir, pero aceptaba con paciencia su tormentosa existencia. En 1924, cayó enferma de depresión. Superada esta triste etapa, dedicó sus últimos doce años de vida a las mujeres enfermas y a la enseñanza.

Sometida a los avatares de su mala salud, se fue fraguando en ella una paciencia y aceptación de su destino que serían relevantes para su martirio: “Lo que haya de suceder, sucederá y yo lo acepto… Amo mucho mi vocación y doy gracias a Dios por haberme escogido en el número de sus esposas, prefiriéndome a otras que le hubieran sido más agradecidas y útiles que yo. Estoy muy conforme y abrazo gustosa y resignada en camino de prueba y cruz que me prepara… Pido a Dios que me dé fuerzas para cumplir lo que Él pida de mí, y padecer cuanto Él quiera hasta identificarme con Él… Y, si a Dios le place, no tendría inconveniente en ofrecer mi vida”. La ofreció, alentada por la Eucaristía, a los 63 años de edad y 46 de vida consagrada.

Fotografía de la Beata Asunción Mayoral en su hábito de Hija de la Caridad.

Fotografía de la Beata Asunción Mayoral en su hábito de Hija de la Caridad.

Beata María Asunción Mayoral Peña
Prima de la Beata Estefanía, nacida en Tardajos (Burgos) el 19 de agosto de 1879, hija de Mariano, jornalero de campo, y Brígida, ama de casa. Al fallecer muy joven su padre, Asunción tuvo que ayudar a su madre para poder salir adelante. Fue educada en una escuela de padres paúles y de ahí nació su vocación para ser Hija de la Caridad. Sólo tenía 18 años cuando pidió la admisión en la Compañía, animada por su prima Estefanía, que estaba en Briviesca. Hizo su postulantado en el Hospital de Santa María de Esgueva en Valladolid, atendiendo a los enfermos pobres, ancianos y mujeres sin recursos. Se trasladó a Madrid para iniciar su seminario el 17 de marzo de 1897 y su primer destino fue el Hospital de la Misericordia de Segovia. Allí emitió sus votos el 15 de agosto de 1902. De allí marchó al Hospital comarcal de Benavente (Zamora).

Debido a fuertes epidemias de tifus, viruela y tuberculosis que se cebaban con los más pobres e indefensos, y que requerían una atención consagrada, en sus cuarenta años de vocación sor Asunción tuvo muchísimos destinos: Hospital de Carrión de los Condes (Palencia), Casa de la Beneficencia de Palencia, Casa de la Misericordia de Lleida, Hospital de la Venerable Tercera Orden de San Francisco de Madrid, Asilo de ciegos La Purísima de Madrid y Sanatorio de Santa María del Naranco de Oviedo, siendo hermana sirviente en estos dos últimos destinos. Estuvo en Asturias cuando la revolución obrera y manifestó ya en aquel entonces, estando entre tiros y explosiones, no tener miedo a la muerte y sentirse pronta para lo que fuese necesario. Regresó al asilo de ciegos de Madrid, donde era muy solicitada, y de ahí se desplazaba a la cocina económica de la parroquia de San Pedro para preparar y servir comida a los parados que pasaban necesidad y hambre, realizando esta labor de comedor social desde octubre de 1934 hasta mayo de 1936.

Pero el 21 de julio de 1936, al igual que sucedió con las demás religiosas, fue expulsada entre calumnias, amenazas y gritos insultantes. Sus compañeras dieron este sencillo testimonio: “El día 21 de julio un grupo de milicianos armados nos acompañaron a Leganés en busca de refugio… Sor María Asunción iba dispuesta para el martirio y lo confesó públicamente, sin importarle las amenazas y burlas de los milicianos”. Buscó refugio en el Colegio de la Inmaculada de Leganés, junto a su prima sor Estefanía, y admitió, nuevamente, que no tenía miedo a la muerte ni al martirio, que sólo le impresionaban y temía las barbaridades que los milicianos hacían con las religiosas (esto es, las violaciones).

Prendimiento y primer refugio
Como decíamos, el 20 de julio de 1936 se presentó un grupo de milicianos ante la comunidad del Hospital de Leganés para echar y detener a las hermanas. La superiora, sor Leoncia Aoiz, pretendiendo evitar la profanación que los asaltantes iban a realizar, marchó a la capilla, abrió el sagrario y distribuyó la sagrada comunión entre las hermanas. Esto enfureció a dos milicianos, que le arrebataron el copón y tiraron las hostias por el suelo. “¡No hagan eso, que es Nuestro Señor!”, protestó la religiosa, a lo cual ellos replicaron: “Este señor ya no manda. Quienes mandamos aquí somos nosotros”. Pero sor Leoncia fue recogiendo las formas del suelo y repartiéndolas entre las hermanas, hasta consumirlas del todo. Luego las encerraron en la sala de la Comunidad, donde estuvieron cinco días. Lo mismo le había pasado a la otra comunidad, la que estaba en el Colegio de la Inmaculada. Pasados los cinco días de encierro, los captores juntaron a ambas comunidades en el colegio, donde las apresaron un día más: eran un total de 46 religiosas y apenas cabían en la sala donde las tenían encerradas.

Colegio de la Inmaculada de Leganés, Madrid (España). Sede de una de las dos comunidades perseguidas, donde estuvieron también prisioneras.

Colegio de la Inmaculada de Leganés, Madrid (España). Sede de una de las dos comunidades perseguidas, donde estuvieron también prisioneras.

El 26 de julio, al atardecer, las metieron a empujones en dos camionetas y las trasladaron al calabozo de la Dirección General de Seguridad, en Madrid. Las acompañaban varias antiguas alumnas, a las que sin embargo no permitieron comunicarse con las religiosas. Sometidas a largos interrogatorios y prisioneras durante dos días, sin permitirles tomar nada, las monjas se defendieron con respeto y valentía. A sor Adoración, como ya hemos dicho, sabedores de su valía humana y su experiencia pedagógica, le propusieron asumir la dirección de una expedición pedagógica para las escuelas laicas del Gobierno, pero a cambio debía abandonar sus hábitos y renunciar a su vida de cristiana consagrada. Su respuesta fue enérgica: era Hija de la Caridad y lo sería hasta la muerte.

Después de esto, fueron puestas en libertad bajo la obligación de informar dónde estaban refugiadas. Sor Leoncia Aoiz y sor Aurelia Armendáriz, superioras de las distintas comunidades, las aconsejaron marcharse con sus familiares todas las que pudieran hacerlo, y las demás, dispersarse en grupos de dos o tres para pasar más desapercibidas. Cerca de la prisión se hallaba la pensión de Petra Saldaña, que era hermana de sor Estefanía y prima de sor María Asunción. Allí, en la calle Arenal, 15, se refugiaron ocho religiosas, marchando las demás a otras pensiones de confianza, pues urgía esquivar el control de los milicianos.

En la pensión Saldaña, las refugiadas siguieron haciendo vida de comunidad: rezaban, ayudaban a la dueña cocinando, limpiando y cosiendo, y hasta daban clases a los niños de otras familias refugiadas. Antes del amanecer celebraban la Eucaristía con el padre Lumbreras, un misionero paúl refugiado también allí. En los frecuentes registros, se hacían pasar por familiares y amigas de la dueña. Pero lo que no sabían es que dos antiguas alumnas que las visitaban, fingiendo interés y afecto por ellas, que las habían ayudado tanto siendo niñas, eran ahora milicianas y realizaban tareas de inspección: al volver, recababan toda información obtenida sobre religiosas y sacerdotes. Bajo este espionaje permanecieron desde el 29 de julio hasta el 12 de agosto, momento del martirio.

Vista de la Puerta de Hierro de Madrid (España), inicio de la carretera de Aravaca. Lugar del martirio de las religiosas.

Vista de la Puerta de Hierro de Madrid (España), inicio de la carretera de Aravaca. Lugar del martirio de las religiosas.

Detención y martirio
El 12 de agosto de 1936, por la mañana, un grupo de milicianos de la FAI llegaron para hacer un registro. Delatadas por las dos antiguas alumnas que las visitaban, las religiosas cayeron fácilmente en manos de sus perseguidores y no tuvieron miedo en identificarse: “Sí, somos Hijas de la Caridad de Leganés…” Prometieron volver por la tarde y así lo hicieron, buscando al sacerdote que les celebraba la misa; pero entretanto el padre Lumbreras y dos religiosas se las habían arreglado para escapar a otra pensión. Quedaron las cinco que iban a ser martirizadas, porque no sabían a dónde huir. Cuando volvieron a por ellas, a las siete de la tarde, los milicianos montaron en cólera al ver que el sacerdote y dos de ellas habían huido, amedrentando a las que se habían quedado. Se marcharon de nuevo, dejándolas en estado de angustia y en continua oración. Finalmente, regresaron a las once menos cuarto de la noche, y esta vez se las llevaron con ellos.

Las subieron a dos coches, junto con doña Petra Saldaña, la dueña de la pensión, y su yerno Santiago. Con ellas estaba una anciana religiosa, sor Nieves, que estaba muy enferma, pero cuando vio lo que ocurría, suplicó: “Llévenme con ellas”. El jefe de los milicianos, despectivo, dijo: “Dejad a este vejestorio aquí, que se muera sola”. Y así, se las llevaron a las cinco por la carretera de Aravaca, hasta llegar a la Puerta de Hierro, en la entrada norte de Madrid. Allí las sacaron del coche y las pusieron junto a la cuneta, en el camino viejo de Aravaca. Irónicamente, aquellos milicianos, que las iban a asesinar, eran nada menos que antiguos alumnos del parvulario de Leganés que ellas habían dirigido. Bien pagado con mal. A pesar de ello, las religiosas rezaban en silencio y los perdonaban por lo que iban a hacer.

Santiago, que fue testigo ocular de los hechos, describe así el momento del martirio: “Enfrente del grupo de las hermanas, entre los dos coches, se pusieron los milicianos a deliberar en voz baja, cogidos de los hombros unos con otros (era la forma de tomar la decisión como tribunal popular). Habían tomado la decisión de matarlas. Nosotros, llenos de miedo y pavor, escuchamos la voz de sor Estefanía: “¡Matadnos ya, por amor a Dios, y no nos hagáis sufrir tanto!”. Era noche cerrada. A nosotros nos mandaron subir al coche con las luces apagadas. No había transcurrido más de medio minuto cuando oímos una descarga cerrada de veinte a treinta tiros de fusil de ametralladora. Transcurridos dos o tres minutos, se acercó un miliciano a la portezuela de nuestro coche y oímos otros cinco tiros en un intervalo de 15 segundos cada uno… se ve que era el tiro de gracia… Después nos trajeron a mi suegra y a mí a nuestra casa de Arenal, nº 15, pero por camino diferente al de la ida. El fusilamiento fue a las doce menos cuarto de la noche del 12 de agosto de 1936”.

Fosa común del cementerio de Aravaca (Madrid) que alberga los restos de las cinco mártires.

Fosa común del cementerio de Aravaca (Madrid) que alberga los restos de las cinco mártires.

Entierro y veneración
Los cadáveres quedaron abandonados en la cuneta toda la noche. A la mañana siguiente fueron recogidos por el enterrador, don Manuel Ceán Bustos, que les dio sepultura junto al cementerio de Aravaca, un lugar hoy cercado y protegido. Allí hay sepultadas hasta 800 personas asesinadas por su condición religiosa o militar. Las cinco mártires ocupan la tumba número 2, a la derecha, junto con varios sacerdotes y personas también fusiladas ese mismo día. Se ha colocado un frontal cerámico en esta tumba, que representa a la Medalla Milagrosa, para identificarlas bien.

El enterrador hizo constar que los cadáveres estaban acribillados por las balas y las identificó como religiosas gracias a sus rosarios, libros de oraciones, crucifijos y una medalla de la Milagrosa que llevaban consigo. Estas mártires, que fueron las primeras Hijas de la Caridad en ser asesinadas -únicamente por ser religiosas y por haberse negado a dejar de serlo, a pesar de habérseles ofrecido puestos como maestras y enfermeras laicas- han sido beatificadas, como hemos dicho al inicio, el pasado 13 de octubre de 2013, junto a otras tantas mártires de su misma Orden y de otras.

Meldelen

Bibliografía:
– INFANTE, sor Ángeles y DÍEZ, sor Lucrecia, “Un diamante de treinta caras. Hijas de la Caridad mártires de la Fe”. Colección Testigos de la Fe. Ed. La Milagrosa, Madrid 2012, pp. 21-52.
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, “El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas en la Guerra Civil española”. Ed. Edibesa, Madrid 2006.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es