San Hilarión de Gaza, anacoreta

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo grecoamericano del Santo.

Aunque en el Martirologio Romano San Hilarión de Gaza fue conmemorado en el día de ayer, al celebrarse la canonización de Santa Kateri Tekakwitha, el Equipo de dirección prefirió publicar un artículo sobre esta nueva santa americana. Aunque sea con un día de retraso, lo hacemos hoy.

La fama de San Hilarión está estrechamente ligada a la biografía que sobre él escribió San Jerónimo unos veinte años después de la muerte del santo; sin embargo hay que decir que, sobre todo en Oriente, existen muchas versiones, todas basadas en este escrito original.

La narración que hace Sozomeno añade poquísimos datos a los ya dados por San Jerónimo, aunque en el siglo pasado, a este escrito jeronimiano, W. Israel en su “Zeitschrift für die wissenschafliche Theologie”, le realizó una fuerte y áspera crítica tendente a negarle cualquier valor histórico e incluso llegando a negar la existencia del propio santo. Sin embargo, la mayoría de los hagiógrafos modernos no tienen la menor duda sobre la historicidad de San Hilarión, independientemente de que San Jerónimo en su exposición lo hace de forma un “tanto romántica, literaria”.

Parece del todo imposible que San Jerónimo hubiese inventado desde cero la vida de un monje, que localizaba en un lugar relativamente cercano a Belén – que es donde San Jerónimo vivía en aquella época – porque si así lo hubiera hecho, habría sido muy fácil demostrar su falsedad por parte de los mismos monjes de la zona. El mismo San Jerónimo indica que lo que él escribe se basa en una obra de San Epifanio obispo chipriota, que conoció personalmente a Hilarión y que escribió un elogio sobre el mismo después de su muerte.

Según todo esto, San Hilarión habría nacido en Thabata, pequeña población palestina cercana a Gaza, en el año 291 en el seno de una familia pagana que lo enviaron a completar sus estudios a Alejandría. Es en esta ciudad egipcia donde se convirtió al cristianismo y se entusiasmó de tal manera con la vida que llevaban los monjes egipcios, que quiso vivir como eremita. Durante más de dos meses convivió en la Tebaida con San Antonio el Grande y después de llevar vida monacal durante quince años, retornó a su ciudad encontrándose con que sus padres habían muerto y así, después de distribuir todos sus bienes, decidió vivir en soledad en una localidad cercana a Maiuma. Allí transcurrió gran parte de su vida llevando una vida de penitencia, oración y venciendo numerosas tentaciones por parte del demonio.

“Las tentaciones de San Hilarión”. Lienzo de Octave Tassaert (1800-1874). Museo de Bellas Artes de Montréal, Canadá.

Cuando San Jerónimo, en su escrito llega a este punto, describe numerosos episodios que son agradables de leer, pero posiblemente legendarios, con poca consistencia histórica, como por ejemplo, que siendo asaltado por unos ladrones se defendió diciéndoles que un hombre desnudo y pobre no tenia nada que temer de ellos. En el año 329, en torno a San Hilarión comenzó a reunirse un numeroso grupo de discípulos que, según el mismo San Jerónimo, habrían formado el primer monasterio en Palestina.

La fama de santidad de San Hilarión se extendió rápidamente y empezaron a atribuírsele numerosos prodigios excepcionales, especialmente, curaciones milagrosas y expulsiones de demonios, por lo que llegó una avalancha de gente que le quitó la posibilidad de vivir en soledad, aunque en el año 360, ya anciano y harto, comenzó a vagar de un sitio a otro con el fin de liberarse de cuantos se acercaban a él y no le dejaban en paz. Así, se marchó de nuevo a Egipto, estuvo viviendo en un oasis de Libia y posteriormente se trasladó a Sicilia donde vivió cerca del Cabo Passero; luego se marchó a Dalmacia (hoy Croacia).

La última etapa de su vida la pasó en Chipre donde vivió durante cinco años y donde lo conoció San Epifanio. Murió octogenario en Pafos en el año 371. Esiquio, un fiel discípulo suyo, se llevó su cuerpo a Gaza suscitando con esto una cierta rivalidad entre los habitantes de Gaza y los chipriotas, pues todos lo veneraban y querían tener.

En esta narración de San Jerónimo se evidencia el intento de presentar a San Hilarión como un nuevo San Antonio el Grande, que repitió en Palestina lo que Antonio había realizado en Egipto, dando origen así al monacato palestino. Antes de esto, San Hilarión había sido un personaje casi desconocido, cuya historia solo había entusiasmado a los escritores dálmatas.

“La tentación de San Hilarión”. Lienzo de Dominique Papety (1843-44). Wallace Collection, Londres (Reino Unido).

Desde muy antiguo, su culto se difundió muy rápidamente en todo Oriente, como se puede atestiguar con las numerosas biografías escritas en griego, armenio y copto, todas basadas en el escrito original de San Jerónimo. Recibió culto muy pronto en los patriarcados orientales de Antioquia, Jerusalén, Alejandría y Constantinopla. Durante mucho tiempo, en Chipre fue venerado un castillo llamado de San Hilarión, del que reproducimos una foto y que se cree construido sobre el lugar donde estaba su eremitorio y donde se pensaba que había sido sepultado recién muerto.

En Occidente, fue Beda quien lo introdujo en su Martirologio y según algunos escritos, en tiempos de Carlomagno, sus reliquias fueron llevadas a Duravel (Francia) donde actualmente se encuentran. Es verdad que en esta ciudad hay constancia de un culto antiquísimo, pero la verdad es que parece un poco legendaria la narración del traslado de las reliquias a la misma. Como dije al principio, su festividad fue el día de ayer.

En Chipre, donde pasó sus últimos años, los cruzados construyeron una fortaleza sobre una capilla bizantina que estaba a él dedicada. Muchos pueblos chipriotas lo tienen como santo patrono junto a San Bernabé apóstol, cuya tumba también se venera en la isla. En la iconografía bizantina se le representa como asceta y en los frescos del Catholicon del monasterio Dionysion del Monte Athos, que son del siglo XVI, aparece como un hombre anciano, con barba larga teniendo entre sus manos un papel enrollado.

En la basílica veneciana de San Marcos existe de él un mosaico del siglo XIII, pero en Occidente, la iconografía suya está muy ligada al traslado de sus reliquias.

Vista del castillo de San Hilarión, en Kyrenia, Chipre.

En el cementerio de Pisa hay un fresco atribuido a Pietro Lorenzetti que nos da una visión general de lo que era la vida eremítica; allí aparece el santo vestido de monje y montado sobre un asno, echando al fuego a un dragón. Siempre se le representa anciano, con barba larga y cana que le llega hasta el pecho.

Antonio Barrero

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