Iglesia de los Cuatro Santos Coronados

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la fachada de la iglesia. Roma, Italia. Fotografía: Felice Stasio.

Iglesia de los Cuatro Santos Coronados
Via dei Santi Quattro,20
Roma

El nombre de este monasterio deriva de los Cuatro soldados martirizados (Coronados, es decir, laureados por el martirio) Severo, Severiano, Carpóforo y Victorino, culpables por haberse negado a esculpir una estatua de un ídolo pagano, afirmando así su fe en Cristo. Esta iglesia romana dedicada a ellos tiene el aspecto de una fortaleza medieval rodeada de imponentes murallas y coronada por una torre. El núcleo original fue construido en el siglo IV en tiempos del Papa Melquíades con el “titulus Aemilianae” o “titulus SS. Quattuor Coronatum”, del cual sobrevive actualmente el ábside y algunos restos ubicados por debajo de la actual basílica. En el siglo VII, el Papa Honorio I reconstruyó y amplió la iglesia y posteriormente, en el siglo IX, San León IV la sometió a una radical restauración.

Destruida por los normandos de Roberto el Guiscardo en el año 1084, la iglesia fue reconstruida algo más reducida por el Papa Pascual II a inicios del siglo XII: en esta ocasión, la parte delantera se transformó en patio, la nave central originaria fue dividida en tres naves separadas por dos filas de columnas, transformando los pasillos laterales en claustro uno y en refectorio el otro. En el año 1116 el edificio se le entregó a una congregación monástica y en el 1138 se convirtió en la administración de la Abadia benedictina de Sassovivo de Foligno, que lo conservó hasta el siglo XV. Con el Papa Martin V se convirtió en residenca episcopal; en el 1521 pasó a los Camaldulenses y en 1560 a las hermanas Agustinas que aun se mentienen en ella. Pio IV (1559-1565) la restauró nuevamente donando el monasterio anexo a las pobres huérfanas transferidas allí desde la Isla Tiberina: fue este el más antiguo conservatorio para las solteronas que surgian en Roma. Durante siglos fue el bastión del Palacio de Letrán y residencia papal. En 1265 vivía también alli Carlos de Anjou.

Vista del segundo patio en el interior del recinto. Roma, Italia. Fotografía: Felice Stasio.

Entre 1912 y 1914 las principales obras de restauración fueron llevadas a cabo por el Inspector Superior de Arqueología y Bellas Artes, Antonio Muñoz, que mejoró las instalaciones, dando valor a las estructuras paleocristianas y a los restos de la nave carolingia, aislando la cripta y sacando a la luz una muralla romana.

La entrada a la iglesia es a través de un portal en forma de arco coronado por una maciza torre campanario del siglo IX, la más antigua superviviente en Roma. Muy simple y contundente, está construida como una cortina, presentando un pórtico con cuatro luces, coronado por un simple marco hecho de repisas de mármol sin decoración. Más allá del portal se accede al primer patio que tiene unas arcadas de finales del siglo XVI, correspondiente al antiguo atrio de ingreso en la basílica leonina: sobre el arco existe una inscripción métrica en caracteres góticos que hace mención a los trabajos de restauración realizados por el cardenal Carillo en el siglo XV.

Atravesando un arquitrabe se pasa a otro patio a cielo abierto que corresponde a la parte anterior de la antigua basílica, que fue transformado en patio en la reconstrucción realizada en tiempos del Papa Pascual II. Desde aquí, a través de un pórtico formado por columnas con capiteles jónicos y corintios llegamos a la entrada de la iglesia.

Vista del tercer patio, con la entrada a la iglesia. Roma, Italia. Fotografía: Felice Stasio.

El interior de la basílica es de tres naves con un pavimento comatesco y un techo de madera con el escudo de armas del donante, el cardenal Enrico de Portugal (1580). Desde la nave de la izquierda se entra al hermoso claustro construido alrededor del año 1220, en el área ocupada anteriormente por el pasillo izquierdo de la antigua iglesia. De planta rectangular, presenta en las paredes elementos paleocristianos y romanos y cuatro galerías divididas en dos compartimentos por pilares sobre los que se tallan pilastras estriadas. Los compartimentos están formados por una serie de ocho arcos en los lados alargados y por seis en los cortos. Todos los arcos tienen un doble anillo y están soportados por dobles columnas con capiteles tallados con formas de nenúfares y bases con hojas de ángulo trapezoidal descansando sobre el estilóbato.

La parte medieval termina con un entablado de arcilla, compuesta por hileras de ladrillos lisos alternando con dentados, insertados de una zona de mármol donde aparece una decoración de mosaicos formados por rombos que forman estrellas, cruces y cuadrados. El patio interior, tenido como jardín, presenta un cantharus central, o un vaso para las abluciones del tiempos de Pascual II. La fuente está constituida por una doble copa hecha de un solo bloque de mármol. Un pequeño chorro de agua fluye desde la bandeja superior y se acumula en la inferior, que es cuatrilobata y que está caracterizada por un par de cabezas de león de las que fluye el agua que se vierte en la bañera subyacente, que es de forma cuadrada.

Ya en el siglo IX, la fuente adornaba el atrio de la iglesia y fue descubierta por casualidad durante los trabajos de restauración realizados por Antonio Muñoz en el año 1917, pues estaba completamente enterrada. Él fue quien la colocó en su posición actual. En la galería superior, construida en el siglo XVI están abiertas unas modernas ventanas: fue en esta ocasión cuando para soportar el peso de la planta superior se realizaron ciertos cambios en la planta baja, como sustituir el techo de madera por bóvedas en forma de muros, arcos pequeños se reemplazaron por grandes y se pusieron pilares para aliviar a los ladrillos que se habían añadidos a los mármoles ya existentes.

Vista del interior de la iglesia. Roma, Italia. Fotografía: Felice Stasio.

En la capilla de Santa Bárbara, de tres ábsides abovedados, existen importantes restos de unos frescos de los siglos del IX al XIII. Tiene una Madonna con el Niño que es obra de Giotto. Digna de mención es la capilla de San Silvestre, construida en el año 1246, que tiene forma rectangular con bóveda de cañon, pavimento comatesco y que está adornada con frescos que narran la leyenda de la conversión de Constantino por parte del Papa San Silvestre I. El emperador había sido sorprendido por una plaga y se le había prescrito un baño en sangre de niños sacrificados a tal efecto; Constantino rechazó este tratamiento tan terrible y se dirigió a Silvestre después de haber tenido una visión de los apóstoles Pedro y Pablo. El Papa lo curó y posteriormente se bautizó; en la escena final aparece el emperador arrodillado delante del Papa, en referencia implícita a que el Papado era el heredero del Imperio Romano.

La iglesia alberga bajo el altar los restos de los Cuatro Mártires y hasta no hace mucho tiempo, la cabeza de San Sebastián: la reliquia del santo fue descubierta dentro de un hermoso jarrón de plata esmaltada y marcado por una inscripción votiva del Papa Gregorio IV. Fue trasladada a los Museos Vaticanos.

Felice Stasio

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