Nuestra Señora de la Huerta de Ademuz

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Vista de la fachada de la ermita.

Vista de la fachada de la ermita.

La magnífica ermita de Nuestra Señora de la Huerta de Ademuz fue erigida en estilo románico en el siglo XIV y fue sede de la Cofradía de Nuestra Señora de la Huerta, fundada en ese mismo siglo, y que hizo de este edificio uno de los más famosos de un territorio administrativamente hoy valenciano pero ubicado en plena provincia turolense. En todo caso, sus modos constructivos derivan del tipo de arquitectura de reconquista practicado en la época de la conquista del siglo XIII.  A ello hay que añadirle el especial afecto que los habitantes de Ademuz tienen por este edificio por su relevancia tradicional e histórica.

Respecto al origen de la imagen mariana que le da nombre, no falta quien sostiene la leyenda de que Jaime I pudo dejar aquí una imagen de la Virgen del Rosario que llevaba en su estandarte, tradición repetida en varios lugares de nuestra geografía. A lo largo de su longeva historia el edificio sufrió transformaciones de peso como cuando la cabecera se amplió en el siglo XVI con la adición de dos capillas laterales; la del lado del evangelio es la capilla de la Concepción, edificada por patrocinio de la familia Visiedo y la del lado de la Epístola se dedicó a Nuestra Señora del Rosario, y perteneció a los Fernández de Árguedas.

Vista de la fachada de la ermita.

Vista de la fachada de la ermita.

A continuación de esta última, y en el lateral, se construyó ya en el siglo XVIII la capilla de San Antonio de Padua. La construcción en el año 1673 del actual presbiterio de estilo barroco abundó en su reforma. El interior consta de tres naves, la central el doble de ancha que las laterales, limitadas por dos series de arcos románicos que le dan una planta rectangular, con un coro de madera, a los pies del templo, sobre la entrada. Con posterioridad al siglo XVIII la mayor transformación del edificio afectó a su decoración interior pues ya en el siglo XIX su interior fue redecorado al eliminarse los bellos esgrafiados barrocos en tonos blancos y rosados que cubrían la práctica totalidad del espacio del presbiterio.

En uno de los arcos centrales podemos disfrutar  de la pintura mural gótica de María Magdalena que data del Siglo XV, en los primeros tiempos de existencia de la ermita. En el exterior destaca sin duda su porche sostenido por dos gruesas columnas toscanas, la espadaña de dos luces y, especialmente, su portada de tradición románica con una inscripción moderna en hebreo del Salmo V. El desaparecido retablo mayor, también barroco, acogió la imagen de la Virgen de la Leche con donante, tabla valenciana del siglo XV de influencia flamenca y hoy custodiada en la sacristía de la iglesia arciprestal de san Pedro y san Pablo de Ademuz, obra del pintor valenciano Bertomeu Baró o de Juan Rexach de 1460.

Interior de la ermita.

Interior de la ermita.

Otras obras como el retablo de San Juan Bautista, de la escuela del Maestro Perea, datado de finales del siglo XV, desaparecieron. Es incomprensible cómo se ha permitido que un edificio de este valor patrimonial se halle literalmente adosado a un moderno centro de enseñanza pues el patio de recreo del colegio se extiende frente a la fachada de la ermita. Actualmente preside el templo una talla de la Virgen con el Niño, obra del escultor valenciano José Esteve Edo. Su culto se reduce a los meses de verano y algunas celebraciones en fechas señaladas.

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Salvador Raga Navarro

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Ermita de Nuestra Señora de Belén en Liétor, Albacete

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Vista del interior de la ermita. Fuente: www.dipualba.es

Vista del interior de la ermita. Fuente: www.dipualba.es

En la provincia de Albacete, a 61 Km de distancia de la capital provincial, se encuentra el serrano pueblo de Liétor. En la actualidad cuenta con unos 1400 habitantes, y aunque no está muy claro el origen de su fundación, se cree que fue en el siglo X cuando empezó a formarse el nucleo urbano. Después del período de ocupación musulmana, en la reconquista, bien entrado el siglo XIII, fue cuando Liétor tomo su mayor auge. La orden de Santiago se estableció aquí por ser este un territorio fronterizo con los reinos musulmanes. Y ya se sabe, establecida aquí una orden religiosa-militar como la de Santiago, trajo consigo muchos adelantos y privilegios en forma de lujosas casas palaciegas, iglesias, conventos o ermitas. Hasta nuestros días han llegado parte de estos edificios religiosos y civiles, formando un rico patrimonio en esta localidad. Entre todo este patrimonio histórico artístico y religioso, el más destacado y por ello el más famoso de la provincia es la ermita de Nuestra Señora de Belén.

Historia
Se tiene constancia escrita de esta ermita en el siglo XV, más tarde, a mediados del siglo XVI, concretamente en el año 1570 se menciona en una relación de bienes, al matrimonio que formaban el entonces alcalde Alfonso de Tobarra “el Bermejo” y María Sánchez Alcantud como constructores que la terminaron de construir con su propio patrimonio. Aunque cabe la posibilidad que ya existiese en ese emplazamiento otra construcción religiosa de dimensiones más reducidas, dedicada a otra devoción. También se tiene constancia de las herencias y limosnas que los vecinos de este pueblo daban para ayudar a sufragar los gastos de esta construcción. Como por ejemplo los padres de la señora María Sánchez Alcantud, Juan y María, que en el año 1567 dejaron de testamento dos ducados “a la obra de Nuestra Señora de Belén”.

Vista del interior de la ermita. Fuente: www.cofrade.sevilla.abc.es

Vista del interior de la ermita. Fuente: www.cofrade.sevilla.abc.es

Desde este periodo, y hasta el siglo XVIII es mucho lo que se sabe con certeza documentada de las limosnas, encargos de misas solemnes y mandatos testamentarios destinados a finalizar la construcción o acondicionamiento interior de la ermita. A lo largo de estos siglos la construcción sufrió diversos avatares en los que se vio la posibilidad de reformar varias cosas como la puerta principal que fue sustituida por dos laterales, la añadidura del camarín de la Virgen y sacristía, los contrafuertes exteriores etc. Aunque no se tiene constancia de cuando se realizaron estas reformas, es probable que fuesen durante los primeros años del siglo XVIII.

El periodo que comprende entre los años 1729 y 1749 fue en el que esta Ermita gozo de mayor esplendor, tanto a nivel local como comarcal, se creé que supero en importancia y devoción a Nuestra Señora de Belén a todas las demás. Las pinturas que recubren su interior y hoy lucen, nos llegan precisamente de este periodo. La temática de las pinturas del retablo mayor, así como un inventario hecho en 1742 que la considera como bien dotada para celebrarse allí la Santa Misa, y que entre cuatro relicarios y tres cruces procesionales de plata, destaca sobre todo una notable imagen del Niño Jesús en su cuna. Se puede llegar a la conclusión que era frecuente la liturgia y peregrinación en Navidad, sobre todo en los cultos propios de estos días: Misa del Gallo, Natividad, Reyes etc. Hoy en día la romería se sigue celebrando en honor a la Virgen de Belén son los días 26 y 27 de diciembre.

Presbiterio de la ermita.

Presbiterio de la ermita.

Por desgracia, con el transcurso del tiempo y por diversos motivos que no son fáciles de citar por ser muy confusos (desamortización de Mendizábal, epidemias, etc), la ermita empezó a ser descuidada y poco frecuentada por los fieles que con anterioridad acudían en multitud, por esta razón empezó a deteriorarse considerablemente. Se derrumbaron partes del techo y también del coro, perdiéndose por consiguiente muchas pinturas. Al pasar los años de la Guerra Civil Española este estado de ruina se agravo en mayor media, por causa de las humedades, movimientos del edificio, filtraciones de agua de lluvia etc. Las pinturas laterales y del techo se deterioraron casi por completo y en definitiva se esperaba su total derrumbamiento.

Es a partir de 1972 cuando el pueblo, las instituciones y en especial el párroco Dº Francisco Navarro Pretel – impulsor de toda iniciativa llevada a cabo para la reconstrucción- toman conciencia de lo que puede llegar a suceder con esta “capilla Sixtina de la Mancha”, y ponen en marcha numerosas iniciativas para conseguir fondos para la restauración, consolidación y conservación del conjunto. Finalmente, en el decreto 893 del 5 de marzo de 1976, publicado en el Boletin Oficial del Estado Nº 103 de abril de este mismo año, era declarada esta ermita de Belén monumento histórico-artístico con carácter nacional. A partir de entonces se dieron grandes pasos para su definitiva restauración y puesta en valor. El 22 de diciembre de 1979, se inauguraba solemnemente tras acabar con tantos años de reformas.

Retablo de la Virgen del Carmen en la ermita. Fuente: www.cofrade.sevilla.abc.es

Retablo de la Virgen del Carmen en la ermita. Fuente: www.cofrade.sevilla.abc.es

Ermita
La actual ermita consta de una fachada muy sobria, más bien de estilo rural, en la que destaca la espadaña, las dos puertas laterales, y el bajo tejado a dos aguas. Es difícil encasillarla dentro de un estilo arquitectónico, pero podríamos decir que es renacentista. La planta es rectangular de 23 x6,5 m. Cuatro característicos arcos apuntados o de diafragma, que sujetan la cubierta de madera. El presbiterio y el coro lo forman los balaustres de madera torneada. El pulpito poligonal está situado en el lateral opuesto al lado del Evangelio. El presbiterio está más elevado que el resto de la nave, y en él se encuentra el altar mayor junto al camarín de la Virgen y la puerta de acceso a la sacristía.

Pero sin lugar a dudas por lo que esta ermita es tan conocida, es por sus pinturas populares al fresco que alberga. El autor es desconocido (Maestro de Liétor, según la tradición) y fechadas en el siglo XVIII. El maestro de Liétor se esmero mucho en decorar este recinto sagrado de paredes lisas, nada parece estar fuera de lugar, bien sean los elementos arquitectónicos, los fondos, los diferentes santos etc. En todos los muros del interior de la ermita, salvando el altar mayor, está pintado de fondo de las escenas religiosas, un rico tapiz o cortinaje que envuelve todo el recinto, abriéndose o cerrándose dando paso a ver los diferentes retablos, capilla o hornacinas (todos pintados). Estos cortinajes o tapices no llegan hasta el suelo, sino que llegan hasta un zócalo a media altura de la pared. Este zócalo, que si rodea toda la ermita, tiene la función de hacer mirar al feligrés hacia el altar mayor, utilizando el engaño visual – línea de fuga- que tan recurrido fue por los pintores del barroco. Los cuatro arcos de diafragma están también decorados muy ricamente, con elementos vegetales en su mayoría, pero también con algunos angelotes, cartelas con inscripciones latinas que están mal escritas en mayoría y las castellanas están hechas de una forma muy ruda. También hay elementos arquitectónicos que imitan el mármol.

Vista de la imagen de la Virgen de Belén venerada en la ermita de Liétor.

Vista de la imagen de la Virgen de Belén venerada en la ermita de Liétor.

Las pinturas de dividen en diferentes partes:
– El camarín y el presbiterio están dedicados al tema de la Virgen, en diferentes pinturas se puede ver la Anunciación, la Sagrada Familia, la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel y por último la Inmaculada Concepción en el propio camarín. A la derecha del camarín nos encontramos dos grandes representaciones de Santa Marta y San Pablo, y a la izquierda encontramos a San Agustín y Santa Mónica de idénticas dimensiones.

– 2º tramo, consiguiente al presbiterio, está dedicado a la Pasión de Cristo, lo forman las pinturas del Bautismo (preparación a la vida pública), el prendimiento por los soldados romanos, la negación de San Pedro, el Vía Crucis, el Ecce Homo. El techo también contiene símbolos propios de la Pasión como la Cruz, la escalera, los dados, los tres clavos etc. Los retablos de estos tramos son dos, que bien es cierto que ambos se alejan del tema de la Pasión. Uno es el dedicado a San Antonio de Padua y sus tentaciones; y otro a tres Santas mártires, Santa Bárbara en el centro y Santa Águeda y Santa Mónica a ambos lados. El pulpito también lo podemos encontrar en este tramo, representados en él están los padres y doctores de la Iglesia.

– 3º tramo, parte del evangelio. No tiene este tramo un tema propio, aparecen representados: San Miguel, San Juan Evangelista y la Virgen del Carmen. En el lado opuesto a estas pinturas se pueden ver las hornacinas con Santa Teresa, Santa Ana, San Juan de la Cruz y Santo Domingo de Guzmán. En la parte del techo las pinturas han desaparecido y solo quedan algunas cartelas haciendo referencia a la construcción de la ermita y la devoción de sus vecinos. El tercer arco, que pertenece a estos tramos, aparecen la Virgen y el Niño, San Francisco de Asís predicando a los pajarillos y San Pascual Baylón pintados en las enjuntas.

– 4º tramo, bajo coro. Éste representa una gran variedad temática que no está relacionada entre sí. Están representados aquí los estigmas de San Francisco de Asís, Santa Catalina de Alejandría, San Juan Bautista, San Cirilo. También aparecen San Bartolomé y Santa Lucía flanqueando una escena de la Adoración de los Reyes Magos. Por último, cerrando el ciclo pictórico e iconográfico, aparece un esqueleto que hace alusión a las postrimerías.

Detalle de la Muerte y los Santos Catalina de Alejandría, Cirilo y Bartolomé. Fotografía: Andrés Campillo Castejón.

Detalle de la Muerte y los Santos Catalina de Alejandría, Cirilo y Bartolomé. Fotografía: Andrés Campillo Castejón.

Esta ermita es por tanto una de las principales, si no la principal ermita decorada en su totalidad por pinturas populares del siglo XVIII, suman casi unos 600 m decorados. Desde el punto de vista artístico no sigue ninguna norma o corriente, sino la que el pueblo lo quiso dar en su máxima expresión.

Adjunto este video para los interesados, se puede ver desde el minuto 34.

David Garrido

Enlaces consultados (26/10/2014):
– www.dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/1320494.pdf
– www.lietor.es

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San Vicente Mártir en la Real Basílica de la Virgen de los Desamparados de Valencia

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Vista de la fachada principal de la Real Basílica de Nuestra Señora de los Desamparados, Valencia (España).

Este precisamente es el templo por antonomasia al que comúnmente nos referimos los valencianos cuando hablamos de la Basílica. En su origen, su construcción se cimentó sobre el enlosado del antiguo foro romano y forma junto con su plaza el punto neurálgico de la ciudad. De hecho, diversos sillares de la fachada principal de la Basílica son lápidas e inscripciones romanas.

La Basílica de la Virgen de los Desamparados se ubica en la zona de mayor altura de la ciudad de Valencia y configura junto con la Catedral uno de los enclaves más significativos del casco histórico de la ciudad. Concretamente, se encuentra situada en la Plaza de la Virgen, frente a la Fuente del Agua de la Acequia que simboliza al Río Turia y todas las acequias que le proporcionan agua como muestra de riqueza y abundancia.

Arquitectónicamente hablando es una pieza trapezoidal construida toda ella en un estilo barroco grecorromano entre los años 1652 y 1667 y que alcanzó categoría de Basílica en el año 1872. Hay que recordar que la categoría de Basílica se otorga por concesión pontificia o tradición inmemorial en atención a la importancia histórica del templo, su magnificencia artística o importancia devocional. Su espacio central ovalado guarda, bajo la bóveda pintada al fresco por Palomino, la singular imagen gótica de la Mare de Déu dels Desamparats. La presencia de la Imagen de la Virgen data de 1414. En un principio su configuración yacente, dispuesta sobre los féretros de los ajusticiados, disponía de una pequeña almohada que hacía avanzar su cabeza. Este hecho hizo que, al disponerla erguida, se la viera con su característica inclinación de cabeza, denominándola desde entonces “Geperudeta” (“jorobada” en castellano).

Vista de la bóveda oval de la Basílica decorada con pinturas de Antonio Palomino.

La visita del rey Felipe V a Valencia en el año 1632 y la circunstancia de que a través de la intercesión de la Virgen se justificaran sus victorias militares impulsaron la promoción de una nueva y Real Capilla dedicada a la Virgen de los Desamparados que se optó por construir próxima a la Catedral.

La pintura de la bóveda se hizo por el pintor cordobés Antonio Palomino. Este artista y tratadista cordobés fue pintor de cámara de Carlos II y su figura es considerada fundamental en la producción mural del Barroco Español. Y es que dejó una huella notable en Valencia más que en ninguna otra ciudad, y que podría incluso haber sido mayor si los 1.200 metros cuadrados de bóveda pintados en la Iglesia de los Santos Juanes, que serían el mayor fresco del mundo, hubieran sobrevivido a los cuatro incendios que casi arrasaron el templo durante la Guerra Civil española.

Fue el trabajo en este edificio precisamente el motivo de su llegada a Valencia en el año 1697. En todo caso, sólo una pequeña parte de aquella obra es hoy visible. Acabado este trabajo, Palomino diseñó el programa pictórico de la cúpula de la Iglesia de San Nicolás, pero dejó el trabajo manual al valenciano Dionisio Vidal. Pasó entonces a ocuparse de la magnífica bóveda de la Basílica de la Virgen, en la que reformó su aspecto interior convirtiendo el cofre cerrado que era entonces aquel templo elíptico de inspiración renacentista en algo mucho más abierto. Por supuesto hace aparecer en estos frescos basilicales a San Vicente Mártir con los símbolos de la dalmática, la palma y el aspa en el grupo de los santos valencianos.

Detalle de los Santos valencianos en la bóveda de la Basílica, obra de Antonio Palomino.

También se muestran en otras imágenes y por grupos a los santos valencianos, los santos mártires, las santas vírgenes, la Santísima Trinidad y la Virgen intercediendo ante ella. Así, por otro lado, la imagen de la Virgen de los Desamparados aparece flanqueada por dos magníficas tallas blancas de San Vicente Mártir y de San Vicente Ferrer, obras del ya comentado imaginero Jose Esteve Bonet.

Salvador Raga Navarro
PRESIDENTE
Asociación Cultural VIA VICENTIUS – GOGISTES VALENCIANS

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San Valero y los bustos relicarios de la Seo de Zaragoza

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Busto relicario de San Valero en La Seo de Zaragoza (España).

De los elementos de orfebrería que más me han impactado cuando he entrado en cualquier templo resaltaría sin dudar los tres bustos relicario que representan a San Valero, San Vicente y San Lorenzo de la Seo de Zaragoza. Estos, como grandes santos aragoneses, se encuentran en un  monumental retablo que llena el frente de la capilla mayor y que es una pieza capital de la escultura gótica europea. En el banco del retablo, su parte inferior, encontramos siete huecos de desigual tamaño que alternan cuatro relieves con escenas de los santos mencionados con tres hornacinas vacías destinadas a acoger estos bustos-relicario. Esta disposición tan original convierte esta parte del retablo en un expositor de reliquias de los santos presentes en el altar.

Nos dice la historia que estas magníficas obras de arte fueron regalos del Papa D. Pedro de Luna , conocido como Benedicto XIII, fechadas en 1397 y labradas posiblemente en la zona de Avignon . Estas destacan por su realismo y perfección, así como por sus esmaltes, teniendo precedentes en la forma de realizarse en la orfebrería italiana. Estos tres bustos llegaron a Barcelona en noviembre de 1405 y pasaron a la iglesia metropolitana de Zaragoza en el año 1406 acompañados de una cuarta, hoy perdida, destinada a alojar el cráneo de Santa Engracia en el Santuario de las Santas Masas. Posteriormente, entre el 1448 y el 1452, el artista Francisco Agüero le dio al de San Valero su configuración actual con alguna reforma.

El busto de San Valero presenta además el escudo de la casa del Papa donante con la tiara papal que aparece en la peana de su base y su regalo fue hecho en un viaje que hizo a Aragón en el año 1397, tres años después de ser nombrado máxima autoridad de la Iglesia y mucho antes de que fuera declarado hereje y antipapa. El resultado son unas espléndidas esculturas realizadas en plata sobredorada y encarnada, decoradas con esmaltes y pedrería por lo que transmiten gran realismo por ser un trabajo muy detallado.

Busto relicario de San Vicente en La Seo de Zaragoza (España).

Los que conocemos este lugar podemos decir que es uno de los espacios históricos más singulares de la Comunidad Valenciana y destaca por su belleza en un saliente junto a la bahía del mar. Curiosamente de su nombre y su actitud viene el dicho de “Seguir en sus trece” y, entre otras vicisitudes, lo intentaron envenenar como práctica bastante común dentro del papado medieval y posterior. Aunque en un momento dado hubo tres papas simultáneamente (Juan XXII, Gregorio XII y él), Benedicto siempre adujo que su papado era el válido dado que él era el único papa que había sido elegido cardenal antes de que se produjese el llamado Cisma de Occidente y, por tanto, el único realmente legítimo. Pero, finalmente, las tesis “conciliaristas”, que defendían que el concilio era superior al papa, triunfaron y, al negarse nuevamente a renunciar, Benedicto XIII fue condenado en el Concilio de Constanza de 1415 como hereje y antipapa, y depuesto junto con Juan XXII (el entonces reinante papa en Roma) mientras se designaba a Martín V como pontífice único. Este fue el que envió a España a un legado con la misión de envenenar a don Pedro Luna, pero no tuvo éxito Detrás de este intento hubieron razones políticas pues había una gran pugna por restarle fuerza al Reino de Aragón, entonces muy pujante.

Busto relicario de San Lorenzo en la Seo de Zaragoza (España).

También en Francia el culto a San Valero es muy antiguo y se introdujo en el Franco Condado, de manera muy particular, en Châtillon-sur-Courtine. Indagando, hemos constatado que en aquella localidad se encuentra un busto de San Valero igual al que donó el Papa Luna a Zaragoza. Y es que en la parroquia de esta localidad se conservan reliquias del Santo y un “cementerio y capilla de San Valero”. A este lugar hace alusión una carta de franquicia otorgada por Jaime de Châlon, señor de Arlay y de Châtillon,  en el año 1341. Posteriormente algunas de las reliquias fueron trasladadas a la Capilla del Aquila, construida por Juan de Châlon, y guardadas en el Arca de San Valero, llamada así aunque en dicha arca también se encontraban reliquias de San Gregorio Magno. Aquella Capilla fue destruida al construir un nuevo templo al cual se trasladaron las reliquias.

Salvador Raga Navarro

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Historia y arte del Santuario de San Pascual Baylón

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Basílica de San Pascual Bailón. Vila-real (Castelló, España).

Basílica de San Pascual Bailón. Vila-real (Castelló, España).

Origen del monasterio
Los Religiosos Descalzos,(franciscanos reformados por San Pedro de Alcántara) llegaron a Vila-real en 1577, con el fin de fundar un convento. De la ermita de Ntra. Sra. de Gracia donde moraban, se trasladaron en 1578 a la de Ntra. Sra. del Rosario, cedida por las autoridades locales. Esta ubicacion extramuros, pero más proxima a la Villa, facilitaría su labor e influyó para construir y dar título al nuevo convento alcantarino. Su arquitectura guarda el carácter humilde de los edificios que levantaron los Religiosos Descalzos en el siglo XVI, destacando la austeridad del claustro, el diminuto espacio de las celdas y la sencillez de todas las demás dependencias. En este convento vivió sus ultimos años fray Pascual Baylón.

Antiguo sepulcro de San Pascual
Tras la santa muerte de fray Pascual y su beatificación, la concurrencia de fieles ante su sepulcro exigió dedicarle una capilla digna y capaz, adjunta a la iglesia primitiva del convento. En 1680 quedaron concluidas las obras de la misma, considerada como el “primer monumento del barroco valenciano en orden de tiempo y mérito”. El valioso retablo, la nave, cúpulas, cupulino, camarín, escaleras y sacristía, estaban primorosamente adornadas con pinturas y dorados relieves sobre zócalos y pavimento de azulejos. Sólo en el camarín se contaban más de cien querubines de hermosa talla.

Secundando el interés de sus predecesores en la figura de fray Pascual Bailón, su Majestad el Rey Carlos II instituyó el Patronazgo Real sobre la capilla en 1681, otorgándole el título de Real Capilla y el uso de su escudo con las armas reales. En 1691, para conmemorar la Canonización y el Centenario de la muerte del Santo, se realizó la magnífica urna sepulcral que permitía ver su cuerpo incorrupto. En 1731, Su Santidad el Papa Clemente XII concedió el privilegio de agregar la iglesia del convento y la Real Capilla de San Pascual a la Basílica de San Juan de Letrán de Roma, otorgándole las mismas indulgencias.

Las MM. Clarisas en el Santuario
A raíz de la exclaustración de 1835, los alcantarinos tuvieron que abandonar el convento. En 1836 lo ocuparon las MM. Clarisas, procedentes de su monasterio de la Purísima de Castellón. Estas monjas de vida contemplativa siguen en la actualidad custodiando el Sepulcro de San Pascual y velando el Santísimo Sacramento expuesto permanentemente en el Altar Mayor del templo.

Durante la estancia de las MM. Clarisas en el Santuario, ocurrieron varios acontecimientos memorables, entre ellos la Peregrinación Nacional de 1899, con motivo de la designación de San Pascual como Patrono de los Congresos y Asociaciones Eucarísticas, y las de 1911 y 1952 procedentes de los Congresos Eucarísticos Internacionales de Madrid y Barcelona. También se produjeron las visitas de algunos Reyes de España y se conmemoraron los centenarios de la Muerte y Canonización del Santo, en el siglo XIX y XX.

Basílica de San Pascual Baylón. Vila-Real, Castellón (España).

Basílica de San Pascual Baylón. Vila-Real, Castellón (España).

Destrucción de la Real Capilla y reconstrucción del templo
El 13 de Agosto de 1936, al inicio de la Guerra Civil española fue profanado el Sepulcro e incendiadas y destruidas la Real Capilla y la iglesia primitiva, salvándose únicamente la Reserva Eucarística, los restos del Santo, el convento alcantarino y algunas piezas de valor artístico, histórico o sentimental. En cambio, los restos de su compañero y amigo el Beato Andrés Hibernón que reposaban en una iglesia en Gandia no lograron hacerlos arder de ninguna forma, hasta por tres veces lo intentaron, desistiendo al final y pudiendo así salvarse por completo.

En 1942 se puso la primera piedra para su reconstrucción y unos años después comenzaron las obras del nuevo “Templo Votivo Eucarístico Internacional de San Pascual”, erigido junto a lo que quedó del antiguo monasterio con la idea de restituir la Real Capilla y el Sepulcro, a nivel de la celda donde murió el Santo. Para ello se constituyó una junta de obras en la que participaban los PP. Franciscanos, las MM. Clarisas y las fuerzas vivas de la ciudad. Es justo reconocer el esfuerzo unánime del pueblo villarealense y de otros devotos al sufragar la realización de tan ambicioso proyecto en unos años de acusada crisis económica propiciada por la conflagración de la Segunda Guerra Mundial. El Templo, aunque prescindiendo provisionalmente de su ornamentación definitiva, se bendijo en 1971 y se consagró en 1974.

Comentar que tengo el gusto de conocer y tratar al nieto de la persona que recogió los restos del Santo y su sobrino, Fray Diego Bailón, depositándolos a personas de total confianza, con el peligro que representaba esto para su vida.

La nueva Real Capilla y el sepulcro de San Pascual
Con ocasión de conmemorarse el III Centenario de la Canonización de San Pascual y el IV de su muerte, en 1990 y 1992 respectivamente, los villarealenses quisieron perpetuar la efeméride ornamentando la Real Capilla y otros espacios importantes del Templo. El 17 de Mayo de 1992 se bendijo la Real Capilla y se trasladaron los restos del Santo a su nuevo Sepulcro en presencia de Su Majestad el Rey Juan Carlos I, que se trasladó exclusivamente desde Madrid para asistir al histórico acto.

Ambas obras, del pintor y escultor Llorens Poy, forman parte de la actual remodelación del Santuario. En el centro de la Capilla destaca el Sepulcro, compuesto por dos peldaños y un gran bloque de granito oscuro sobre el que descansa la imagen yacente del Santo en plata, inspirada en su cuerpo incorrupto. Detrás se halla la celda donde murió, integrada en un retablo de catorce metros de altura.

Dicho retablo contiene trece paneles esculpidos en alto relieve con cincuenta figuras (cuarenta y cinco de tamaño natural y cinco de grandes proporciones), que representan escenas y personajes relacionados con San Pascual y la Eucaristía. Los escudos de Carlos II y Juan Carlos I en la predela, simbolizan el Patronato Real. Debajo, en el altar, está el “Carpatacio”, manuscrito del Santo. Enfrente del retablo, un bajorrelieve eucarístico de bronce sobre dorado adorna el trasagrario. Los espacios laterales en forma de ábside semicircular, se ornamentan con seis relieves, a modo de friso, que narran detalles de la vida y prodigios de San Pascual. Estos paneles y los citados anteriormente reúnen en la Real Capilla un total de ciento cuarenta y tres figuras en torno a la imagen yacente del Santo. El revestimiento de piedra del pais y travertino romano, en muros y arqueria, entona con la del granito del suelo, el oro patinado de los relieves y el metal cincelado de las cancelas, lámparas votivas, candeleros, apliques y otros elementos decorativos. Como complemento, el proyecto contempla también plasmar la Gloria del Santísimo en las pinturas de la bóveda.

En la estancia precedente, situada entre la Real Capilla y la doble escalera que le da acceso subiendo desde el Templo, hay dos vitrinas con objetos personales de San Pascual, y el sepulcro de fray Diego Bailón, sobrino del santo, bajo un relieve de la Resurrección fundido en bronce.

Vista de la celda donde vivió y murió San Pascual Baylón.

Vista de la celda donde vivió y murió San Pascual Baylón.

Remodelación del templo y restauración del monasterio
El presbiterio, redefinido últimamente, lo preside una custodia de plata sostenida por dos ángeles de talla dorada, obra del escultor José Ortells, de 1952. Con similar estilo arquitectónico una pequeña capilla continua al pórtico, en el recinto del cancel, guarda la imagen de San Pedro de Alcántara, del siglo XVIII, obra maestra de Ignacio Vergara. Algunas piezas de valor artístico e histórico del siglo XVI al XX, salvadas del incendio de 1936, permanecen expuestas en la sala-museo “Pouet del Sant” (Pocito del Santo), planta baja de la Real Capilla. En ella se conserva el Pozo de San Pascual, de 1589, cuyas aguas son muy apreciadas por los fieles devotos.

La reciente restauración del antiguo monasterio ha consolidado vestigios tan característicos como el claustro, la escalera, la sala “De Profundis”, y el refectorio, con el asiento que ocupaba el Santo frente al del Beato Andrés Hibernón.

A mediados de la década de los 90 se comenzó la construcción de las dos torres campanario, con un juego de 12 campanas, entre ellas la de mayor volteo del mundo y un carillón de 72 campanas, siendo inaugurado en la fiesta del Santo, 17 de Mayo de 1998.

Abel

Fuente:
– RAMBLA GIL, Fray Pascual, “San Pascual Bailón”, 1995.

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