Iglesia de San Jerónimo de la Caridad

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Fachada del templo.

Fachada del templo.

Iglesia de San Jerónimo de la Caridad
Calle de Monserrato, 62A
Roma

Esta iglesia se encuentra en la calle Monserrato, a dos pasos de la plaza Farnesio. Aquí vivió San Felipe Neri de 1551 a 1583 y fundó el Oratorio. Todavía pueden verse sus habitaciones distribuidas en dos pisos en el convento anexo.

La iglesia fue edificada, según la tradición, sobre la casa de Santa Paula, que habría hospedado a San Jerónimo en 382 cuando fue llamado a Roma por el papa San Dámaso. Originalmente tenía una planta basilical de tres naves, y fue sede, en 524, de la Archiconfraternidad de la Caridad, que entre 1654 y 1660 la hizo reconstruir por Domenico Castelli. La fachada se atribuye a Carlo Rainaldi.

En el interior hay una única nave con techo de madera a casetones, a la izquierda del altar mayor, dedicada a San Felipe Neri, la capilla Antamoro, enriquecida con estucos y la única obra cierta en Roma del arquitecto Filippo Juvara, datada en 1708.

Pero el tesoro más bello conservado en esta iglesia poco destacada y aparentemente colocada en una posición aislada es la capilla Spada, obra originalísima y estupefaciente de Francesco Borromini. La familia Spada, llamada así por contar entre sus miembros al padre Virgilio Spada, importante exponente de la Congregación de San Felipe Neri y consejero artístico del papa, encargó en 1660 al genio de Bissone los trabajos de una capilla gentilicia para que se realizaran con ocasión de la restauración de la iglesia de San Jerónimo. El padre Virgilio Spada, hombre de gran cultura abierto a las ideas más novedosas y exaltantes de su siglo, fue toda su vida un gran amigo, admirador incondicional y apoyo de Francesco Borromini, al cual siempre financió sus obras.

El gran maestro del barroco romano estaba, en la época de la realización de la capilla, en la plenitud de su experiencia humana y creativa, siendo ya un arquitecto famoso y apreciado, y sólo siete breves años lo separaban de la trágica conclusión de una vida intensa aunque extremadamente difícil.

Altar mayor del templo.

Altar mayor del templo.

El espacio casi miniaturizado, que constituyó otro banco de pruebas para el artista, parece rico y articulado con maestría, con tipologías fuera de los códigos habituales y una novedosa demostración de la gran actitud del genial arquitecto para tornar a su favor las dificultades, por lo que son una fuente de inéditas creaciones.

Dedicada a algunos miembros de la familia Spada muertos en los tres siglos anteriores, la capilla servía para celebrar también la devoción particular de la familia al Santo de Asís y su orden; y de hecho a los lados del altar, en dos óvalos simétricos, están representados los Santos Francisco y Buenaventura.

La singularidad de este espacio sagrado es resultado del talento del autor que, dedicado a resolver problemas utilizando la aparente falta de formas arquitectónicas, ofrece soluciones únicas tanto estructurales como decorativas.

La eliminación total de una barandilla en su concepción común -separación clara entre la capilla y el resto de la iglesia- se puede interpretar de los dos ángeles-asiento esculpidos en los límites de la vía de paso, que ofrendan a aquellos que se acercan un apoyo, extensión visible de un paño suave (un jaspe veteado de venas imita la textura de la tela), símbolo de bienvenida total.

El único pasillo, amplio y contundente, que se inicia desde el compartimiento del piso interior, suavemente sobresale hasta el espacio de la nave central. Entonces aparece al observador algo extraordinario, como elemento fundamental de este trabajo: la decoración de incrustaciones de mármol. Una sorprendente lluvia de rosas parece estar cayendo del cielo en un terciopelo gris telón de fondo. La inusual combinación de colores – el gris del mármol y la rosa, símbolo de la fugacidad de la vida – lo hacen efectivamente una sofisticaciónde este embutido peculiar y fascinante. Sube, sube, se extiende hasta cubrir por completo la superficie entera de la capilla, hasta que toma la apariencia de un lecho de preciosa y rara concha y muestra el interior de perla luminiscente.

Capilla de San Jerónimo.

Capilla de San Jerónimo.

La carátula está en todas partes, sin fisuras, unificando visualmente el diseño del sistema para la disposición formal de la decoración, en un conjunto que recuerda la idea de la tapicería o un edredón de tela de manera uniforme y relajado para jugar un ambiente íntimo y acogedor.

La iconografía simbólica y alegórica entra constantemente para ser una parte integral de la labor realizada, como un bordado es la sustancia que forma un tapiz. Los vórtices de volutas de acanto de tiempo en blanco y negro, los emblemas de la familia (lirios, estrellas y espadas) enmarcados por un espeso follaje, son los elementos necesarios de un todo detallado perfectamente concluido en sí mismo, que los personajes antiguos representados en sus astas en sus palcos sepulcrales aprueban satisfechos.

Felice Stasio

Fuente: http://www.turismoreligioso.eu/chiese_roma_san_girolamo_carita.htm

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Iglesia de los Santos Claudio y Andrés de los Borgoñones

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Fachada del templo.

Fachada del templo.

Iglesia de los Santos Claudio y Andrés de los Borgoñones
Plaza de San Silvestre
Roma

Es una de las numerosas iglesias que en Roma testimonian la presencia francesa, en particular, la presencia de la “nación” borgoñona, como de hecho se puede leer en su dedicatoria.

La iglesia puede resultar invisible, o casi, por exceso de visibilidad, encontrándose en la plaza homónima, que en realidad no es una plaza, habiéndose convertido simplemente en una suerte de espacio de retiro entre la calle del Tritón y la plaza de San Silvestre, un lugar donde cada día pasan millares de personas atareadas que quizás ni se acuerdan de su existencia.

La iglesia fue construida en el lugar de un oratorio y de un hospicio de la nación borgoñona, cuyos representantes, por otra parte, debían estar concentrados en una parte amplia de esta zona, como deja intuir la presencia de la no lejana calle Borgoñona. La arquitectura del nuevo edificio fue obra de Antoine Derizet, que trabajó aquí en 1728-29.

El interior es un espacio de planta de cruz griega con cúpula, un espacio agradable del setecientos con bellas decoraciones en estuco, entre las cuales, destacan ángeles adoradores de inspiración berniniana. La iglesia está siempre abierta por la adoración perpetua del Santísimo Sacramento.

La plaza de San Claudio fue, hasta 1941, separada por un bloque de casas de la vecina plaza de San Silvestre, donde el edificio de la derecha, terminado en 1956, es una de las últimas intervenciones edilicias efectuadas en el centro histórico de Roma.

Vista del interior del templo.

Vista del interior del templo.

Recorriendo la calle San Claudio se tiene a mano derecha, en ángulo con la calle del Corso, el palazo de la Rinascente, nacido como Grandes Almacenes de los Hermanos Bocconi “a las ciudades de Italia”, después llamado con su nombre actual tras un incendio y posterior restauración, por consejo de Gabriele d’Annunzio. El palacio, construido en 1885-87 por Giulio de Angelis, fue el primer gran almacén de modelo parisino, en estructura metálica e interior balconado, y por primera vez en Roma fueron introducidas las escaleras mecánicas.

En esta iglesia se encuentra una figura yacente de San Pedro Julián Aymar – fundador de la Congregación de los Padres Sacramentinos y de las Esclavas del Santísimo Sacramento -, que contiene parte del cráneo del santo.

Aunque seguro que a este santo se le dedicará un artículo en el blog, digamos al menos que fue un sacerdote francés, muy devoto de la Eucaristía desde que era niño, que se ordenó de sacerdote y que fundó dos congregaciones religiosas, una masculina y otra femenina, dedicadas a honrar al Santísimo Sacramento.

Figura yacente que contiene una reliquia del cráneo de San Pedro Julián Aymar. Iglesia de los Santos Claudio y Andrés de los Borgoñones. Roma, Italia.

Figura yacente que contiene una reliquia del cráneo de San Pedro Julián Aymar. Iglesia de los Santos Claudio y Andrés de los Borgoñones. Roma, Italia.

Fue un ferviente apóstol de la comunión frecuente y un buen predicador. Murió en La Mure d’Isère (Francia) en el año 1868, estando actualmente sepultado en París. Fue canonizado por San Juan XXIII en el año 1962.

Felice Stasio

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Iglesia romana de San Timoteo

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Vista exterior de la iglesia de San Timoteo en Roma (Italia).

Vista exterior de la iglesia de San Timoteo en Roma (Italia).

Iglesia de San Timoteo
Via Apelle, 1
Roma

La iglesia ocupa una superficie de 1400 metros cuadrados y está rodeada por un amplio pórtico al frente y al lado orientado hacia el principal centro comercial. Se ha adoptado una plaza central esquema corporal volumétrica, cuya estructura se compone de cuatro grandes arcos de ladrillos de mampostería diagonales que sostienen el techo y tejado a dos aguas y la linterna; el soporte perimetral y los pisos del anillo que rodea el compartimiento central son de hormigón armado.

El compartimiento del templo tiene un área de superficie de aproximadamente 700 metros cuadrados, integrados por el presbiterio, las capillas laterales, el baptisterio y capilla grande para las misas semanales; su capacidad total es de unos 800 fieles; su altura alcanza los 16 metros con la linterna. A ambos lados de la capilla mayor, en una posición elevada, se encuentran el órgano y el coro. La sacristía, con sus servicios adosados, se encuentra en la parte corta del edificio que conecta el templo con la parroquia.

Interior de la iglesia de San Timoteo en Roma (Italia).

Interior de la iglesia de San Timoteo en Roma (Italia).

El campanario es aislado, en una céntrica ubicación junto a la sacristía y totalmente ejecutado en hormigón armado; alcanza una altura de 43,25 metros en la parte superior, de manera que sea claramente visible desde cualquier punto de la zona plana de Casalpalocco.

Felice Stasio

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La tumba de San Pablo en Roma

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Fachada de la Basílica de San Paolo fuori le Mura, Roma (Italia).

Fachada de la Basílica de San Paolo fuori le Mura, Roma (Italia).

Sabemos que el apóstol Pablo de Tarso, después de realizar durante varios años su labor evangelizadora entre los gentiles, murió decapitado en Roma en tiempos del emperador Nerón, posiblemente en el año 67 conforme nos lo afirma Eusebio de Cesarea (275-339). Los cristianos sepultaron su cuerpo en las afueras de la ciudad, en una sepultura preparada por una matrona llamada Lucina. Desde el primer momento, aunque en secreto, la sepultura fue un lugar de culto y cuando la Iglesia dejó de ser perseguida, se convirtió en lugar de peregrinación que continúa hasta el día de hoy. ¡Cuantas veces hemos leído en este blog que innumerables santos de todos los tiempos han peregrinado a Roma para venerar las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo! Pero expliquemos con algo más de detalle este interesante tema.

A unas dos millas de la Vía Ostiense existía un cementerio a ras del suelo – o sea, que no era una catacumba –, el cual, desde el siglo I hasta finales del III fue utilizado como lugar de enterramientos. Aquí fue sepultado Pablo, junto a otras sepulturas. Sobre la misma se construyó un edículo, del que habla Eusebio de Cesarea en su “Historia Ecclesiastica”. Sobre este edículo, el emperador Constantino construyó una pequeña basílica, fuera de las murallas que rodeaban la ciudad, de donde le viene el nombre de “Basílica San Paolo fuori le mura”, o sea, extramuros y que fue consagrada por el Papa San Silvestre I en el mes de noviembre del año 324.

Interior de la Basílica (se ve la tumba y el altar). Roma, Italia.

Interior de la Basílica (se ve la tumba y el altar). Roma, Italia.

Poco después, en el año 384, los emperadores Teodosio I, Graciano y Valentiniano II, consideraron que esta basílica era pequeña, por lo que fue demolida para construir sobre ella otra mayor de cinco naves, que fue consagrada por el Papa San Siricio. Es cierto de que a lo largo de los siglos, por ser considerada la basílica sepulcral del apóstol, esta fue remodelada, decorada y enriquecida por distintos papas y emperadores – especialmente por San Gregorio Magno – a fin de darle la majestuosidad y dignidad que requería la tumba del apóstol y que también, fue saqueada y dañada por los lombardos y los sarracenos durante los siglos VIII y IX, pero en su estructura, se mantuvo en pie hasta el incendio ocurrido durante la noche del 15 al 16 de julio del año 1823. Fue el Papa León XII (1823-1829) quién encargó la reconstrucción del actual templo. Sobre esta Basílica podemos escribir otro artículo, pero no es este el caso que nos ocupa en el día de hoy.

Pero como hemos dicho al principio, la Basílica se construyó sobre la tumba del apóstol. Las crónicas del monasterio benedictino anexo a la basílica nos dice que en la reconstrucción posterior al incendio se encontró un gran sarcófago de mármol, sobre el cual había unas losas con las palabras “Paulo Apostolo Mart”.

Reproducción de la lápida hallada en la tumba, con la inscripción PAVLO APOSTOLO MART ("Pablo, apóstol mártir"). Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

Reproducción de la lápida hallada en la tumba, con la inscripción PAVLO APOSTOLO MART (“Pablo, apóstol mártir”). Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (Italia).

El 11 de diciembre del año 2006, la Oficina de Prensa del Vaticano, explicó detalladamente a los periodistas de todo el mundo, una serie de excavaciones arqueológicas realizadas en el lugar de la tumba que duró desde el año 2002 hasta el 22 de septiembre del año 2006. En estas excavaciones se había descubierto un sarcófago debajo del altar, que en aquel momento aun no había sido abierto para ver si contenía restos humanos. El cardenal Andrea Cordero Lanza de Montezemolo, arcipreste de la Basílica de San Pablo, presidió la rueda de prensa, indicando el interés especial que tenía el Papa Benedicto XVI, en esclarecer todos estos hechos. Como preludio, facilitó una declaración institucional en relación con el estado actual de las cuatro Basílicas Mayores: “Durante mucho tiempo, muchos han interpretado que el título de Basílica Patriarcal hacía alusión al hecho de que el Papa ejerce a través de estas cuatro basílicas, su título de Patriarca de Occidente, en contraste con el Patriarca de Oriente – refiriéndose al Patriarcado de Constantinopla -, pero esto no es del todo cierto, ya que las cuatro basílicas han sido dadas desde hace siglos, como base en Roma de los Patriarcas orientales católicos, aunque no como título oficial. Por eso desde ahora, el Papa ha decidido que las cuatro basílicas mayores sean llamadas Basílicas papales”.

A continuación explicó los pasos que se habían dado después de la publicación del “Motu Proprio” del Papa Benedicto XVI, en el mes de mayo del año 2005, por el que se establecía por primera vez el papel del arcipreste de la Basílica con capacidad administrativa y de gestión, distinta a la del abad benedictino, bajo cuya protección, tradicionalmente, se había confiado la misma. En este contexto de renovación logística, estaba la modernización del lugar de la tumba, meta de peregrinación de miles de peregrinos. Explicó el curso de los acontecimientos históricos desde la primitiva basílica de Teodosio en el siglo IV hasta la famosa reconstrucción realizada en el siglo XIX después del incendio, cuando la tumba del apóstol, en la práctica, había desaparecido de la vista.

Tumba del apóstol.

Tumba del apóstol.

Para sacarla a la luz, había sido necesario retirar parte de un altar dedicado a un mártir del siglo IV llamado Timoteo y entonces, quedó al descubierto un hueco de unos setenta centímetros en la estructura funeraria propiamente dicha, desde el cual se veía un lado del sarcófago. Gracias a estas excavaciones, bajo una capa de mortero y de hormigón, había aparecido el sarcófago, que había estado oculto durante muchos siglos bajo el altar mayor de la Basílica.

El sarcófago es de aproximadamente un metro de alto y un metro y medio de largo, estaba asentado sobre una capa de barro que constituía el sustrato sobre el que estaban colocadas las losas del pavimento de la llamada “Basílica de los Tres Emperadores” (Teodosio I, Graciano y Valentiniano II), construida en el año 390. El sarcófago estaba a un metro y treinta centímetros bajo el suelo de la Basílica actual y encima del mismo estaba la losa de mármol con la inscripción “Paolo Apostolo Mart”, a la que antes he hecho referencia y que da autenticidad a la tumba. Aunque la tumba no ha sido abierta, con una sonda introducida a través de un pequeño agujero, se ha podido comprobar que existen restos de telas de color púrpura decoradas con lentejuelas de oro, algunos granos de incienso, así como huesos humanos.

Tumba del apóstol.

Tumba del apóstol.

Con esa sonda, fueron extraídos algunos pequeños fragmentos que, sin indicar cual era su procedencia, se enviaron a unos laboratorios a fin de que fueran datados cronológicamente. El resultado fue que pertenecían a alguien que había vivido entre los siglos I y II, dato que también ayuda a confirmar la autenticidad de los restos del apóstol. Sin embargo, Rengert Elburg, gerente de la Oficina Estatal de Arqueología de Sajonia es de la opinión de que debería haberse hecho algunos otros análisis para confirmar aun más esa autenticidad. Es cierto que para asegurarla aun más se podría haber recurrido a la realización de pruebas de ADN, pero hay que reconocer que este análisis genético no aportaría ningún dato nuevo, ya que al no tener San Pablo descendencia alguna, no habría con quién compararlo, pero lo que si es cierto es que con esta prueba, si se podría haber determinado el sexo y la edad. Además, como San Pablo murió por decapitación, si el cuerpo hubiera sido exhumado y se confirmara que el corte que separa la cabeza del resto del cuerpo está entre la tercera y cuarta vértebras, este dato daría prácticamente una certeza absoluta. Quizás en alguna ocasión el sarcófago se abra y puedan hacerse estas pruebas, aunque con los datos científicos que ya se tienen y lo aportado por la tradición y la historia, se puede asegurar que esta es la tumba del apóstol.

Antonio Barrero

Enlaces consultados (10/08/2014):
– http://www.alfredotradigo.it/articoli07/04-07-1.htm (artículo del cardenal Andrés Cordero Lanza de Montezemolo sobre la tumba de San Pablo)
– http://www.digitaljournal.com/article/275039

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La dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor

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Fachada de la Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Fachada de la Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Introducción
La ciudad de Roma es sagrada, los lugares santos dentro de su perímetro se desbordan. Las iglesias conservan dentro de sí las reliquias de numerosos santos y son la estela del paso de otros por la urbe o son el memorial de su martirio. Cuatro son las Basílicas Papales que son la meta para quienes se dirigen en peregrinación a la Ciudad Eterna: San Pedro en el Vaticano, San Pablo, fuera de las murallas que delimitaban el entorno de la misma, la Archibasílica del Salvador que se conoce popularmente como san Juan de Letrán, en las faldas del Monte Celio; y Santa María la Mayor, junto al monte Esquilino. Esta última Basílica completa el cuadro de las llamadas “Basílicas Mayores”, que anteriormente se les denominaba “Patriarcales” y es sobre esta iglesia y las advocaciones marianas que contiene de lo que trata el presente artículo.

La dedicación de un templo
La liturgia católica tiene un rito para consagrar un edificio, en este caso, un templo, para el culto divino. Las ceremonias contempla una riqueza de signos: encender la luz, consagrar el altar con el Santo Crisma y depositar en su ara las reliquias de santos, la unción con este mismo óleo de doce cruces en sus paredes o en sus respectivas columnas que recuerdan al colegio apostólico, la incensación, etc. En la antigüedad esta ceremonia era trascendental para el pueblo cristiano, de modo que la comunidad guardaba en su calendario la fecha en que se había realizado y anualmente conmemoraba esta dedicación. Actualmente, las rúbricas vigentes indican que cada templo debe celebrar este aniversario en su fecha correspondiente y que si esta se desconociese por diversos motivos, ha de celebrarse el 25 de octubre.

La Virgen coronada, de Jacopo Torriti (1296). Ábside de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

La Virgen coronada, de Jacopo Torriti (1296). Ábside de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

La Basílica de Santa María en Roma no es la primera ni la única, muchas iglesias se construyeron en su honor, sin embargo, es ésta la principal, pues el recuerdo de la Madre de Dios está unida a ella a causa de ser como una extensión de la gruta de Belén donde Cristo nuestro Señor nació de Santa María la Virgen, y porque el título o prerrogativa de Madre de Dios tuvo en este lugar una gran acogida luego del Concilio de Éfeso, que en el año de 431 definió este nombre como un dogma de fe. Por ello, la causa primera y principal de esta fiesta es la dedicación de un templo que es la casa de Dios. Así lo recuerda el actual martirologio Romano: “Dedicación de la basílica de Santa María, en Roma, construida en el Monte Esquilino, que el Papa Sixto III ofreció al pueblo de Dios como recuerdo del Concilio de Éfeso, en el que la Virgen María fue saludada como Madre de Dios”. Es pues tal la importancia de este templo, que para diferenciarla de otros dedicados a Nuestra Señora, recibió el apelativo de “Mayor”, es decir, principal.

Mensaje
Dentro de los primeros años del cristianismo fueron forjándose los dogmas de esa fe, y su centro y culmen es Cristo el Señor. Estos dogmas se fueron aceptando paulatinamente, hasta terminar de asentarse sólidamente, no sin dificultades y luchas. El principal dogma sobre el Verbo es que tiene la misma sustancia que su Padre y que es Dios como Él. San Atanasio de Alejandría aplicó para ello el término de hipóstasis o naturaleza, este Verbo de Dios también es Hombre, un ser humano con cuerpo y alma. Esta doble naturaleza de Cristo converge en el Logos de Dios y ello se debió a la colaboración de María de Nazareth, en cuyo seno se engendró según la carne o naturaleza humana al mismo e idéntico Hijo, engendrado desde la eternidad en el seno del Padre.

Vista del baldaquino barroco en el altar mayor de la Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Vista del baldaquino barroco en el altar mayor de la Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Hubo voces que se inconformaron y las inquietudes continuaban zozobrando al cristianismo. El portador de tales inquietudes fue el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Nestorio, que también se opuso a que María fuera llamada Madre de Dios, puesto que Dios no tiene principio; él proponía que fuera llamada Madre de Cristo, pues era madre solamente de la naturaleza humana del Salvador. Esta teoría atentaba contra la Encarnación del Verbo, pues si la divinidad del mismo hubiera sido infusa luego del nacimiento de Cristo, Dios no hubiera compartido completamente la humanidad con el hombre desde su concepción. Así, en el año 431 se reunió el cuarto Concilio Ecuménico en Éfeso, presidido por San Cirilo de Alejandría, que acordó que en Cristo, concebido y nacido de Santa María, la Virgen, era verdaderamente Dios y Hombre, sin confusión o mezcla de naturalezas, y que es legítimo llamarla a Ella “Theotokos”, pues es engendradora de la humanidad y con ella, del Verbo encarnado.

La basílica
El templo de Santa María fue dedicado hacia el año de 366 durante el pontificado del papa San Liberio, por lo que también se le conoce como Basílica Liberiana. Fue restaurada y dedicada un 5 de agosto “al pueblo de Dios”, como se lee en la cima de su arco triunfal por San Sixto III hacia el año 435. También se le conoce como Santa María de las Nieves, por la leyenda que narra cómo fue construida, o como Santa María ad Praesepre, pues en su cripta se guardan las reliquias del pesebre del Belén, en el que la Virgen Madre acostó a su Hijo, Dios hecho Hombre.

En su interior están sepultadas las reliquias de dos santos muy importantes: San Jerónimo, Padre y Doctor de la Iglesia; y San Pío V, Papa. También tiene sepultura aquí los Papas Clemente VII, Pablo V y Sixto V. Entre las muchas riquezas dignas de mencionar están el mosaico del ábside que representa a Cristo coronando a su Madre, y el bello baldaquino de la confesión del altar mayor. Se dice que el artesonado del techo de esta iglesia fue engalanado con el primer oro que Cristóbal Colón trajo de América a Europa, y que fue donado por los Reyes Católicos. Como no es la finalidad de este artículo la descripción minuciosa de este lugar, queda abierta la posibilidad de que se presente un artículo sobre el particular. El conjunto del edificio ha conocido diversas modificaciones, desde la Edad Media hasta las épocas que van de 1673 hasta 1758, de cuando data la actual fisonomía.

"El sueño del patricio", lienzo de Bartolomé Esteban Murillo. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

“El sueño del patricio”, lienzo de Bartolomé Esteban Murillo. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Nuestra Señora de las Nieves
En el s.XIV se difundió la leyenda de que, hacia el año 352, vivía un noble y acaudalado patricio llamado Juan, que vivía con su esposa sin haber tenido descendencia, por lo que deseaba gastar su hacienda en obras buenas. La noche del 5 de agosto tuvieron un sueño en el que se les indicaba que construyeran un templo dedicado a la Madre de Dios en un terreno del Monte Esquilino, y para que no tuvieran duda, el área del mismo estaría cubierto de nieve. También se les recomendaba que fueran con el Papa, que entonces era san Liberio, para que diera su autorización al proyecto. Grande fue su sorpresa al saber que también el Pontífice había tenido el mismo sueño, y juntos se dirigieron al lugar indicado. Quedaron asombrados al hallar una superficie bien delimitada por nieve en pleno estío. Por ello se atribuye a este Papa la posible edificación del primitivo edificio y, a causa de este nombre, muchas mujeres han sido portadoras del mismo desde su bautismo. Como recuerdo de este episodio, cada año en una solemne ceremonia, de una parte del artesonado de la iglesia se hace caer una lluvia de pétalos blancos.

María, Salus Populi Romani
Cada nación o ciudad tiene un afecto especial por una imagen o advocación de Santa María. Roma no se queda atrás. En esta singular Basílica, dentro de la llamada Capilla Paulina, se guarda un icono que es el imán de los corazones romanos y que representa a la Madre de Dios portando en sus manos a su divino Hijo. Es una pintura de origen bizantino y de discutida cronología, y que la tradición atribuye a San Lucas evangelista como autor.

Humberto

Bibliografía:
– LODI, Enzo, Los Santos en el Calendario Romano: orar con los Santos en la liturgia, Ediciones Paulinas, Madrid, 1993, pp. 271-274.
– COMITÉ PARA EL GRAN JUBILEO DEL AÑO 2000, La Guía Oficial para el Gran Jubileo, Tomo I, Guía artístico – espiritual, Ediciones Palabra, Madrid 1999, pp. 88-101.

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