Santa Inés, princesa de Bohemia y monja clarisa

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Detalle de la tabla neogótica de la Santa venerada en el convento homónimo de Praga, República Checa.

Nació alrededor del año 1205, siendo la hija menor del rey de Bohemia Premislao Octocaro I y de Constanza de Hungría, hermana del rey Andrés I. Con solo tres años de edad, junto con su hermana Ana, fue puesta bajo la custodia de Santa Eduvigis, que la acogió en el monasterio cisterciense de Trzebnica donde recibió una amplia educación. A los seis años, la llevaron de nuevo a Praga para ponerla bajo la custodia de las monjas premonstratenses del monasterio de Doksany y con nueve años de edad fue prometida en matrimonio con un hijo del emperador Federico II, el futuro Enrique VII, siendo llevada contra su voluntad a la corte del duque de Austria, donde permaneció hasta el año 1225 aunque consiguió que el pacto matrimonial se rompiera, no llegando a casarse y volviendo a Praga. Su padre, con intenciones políticas y velando por las conveniencias de la dinastía, independientemente de su voluntad, intentaba implicarla en proyectos matrimoniales, pero ella se resistió.

Aunque en Austria había llevado una vida de piedad, al volver a Praga se dedicó aun más intensamente a la oración, las penitencias y a las obras de caridad creciendo cada vez más en ella su deseo de consagrar su virginidad a Dios. En la Corte de Praga le llegaron nuevas propuestas de matrimonio a las que ella se negaba, recurriendo al Papa Gregorio IX para que la protegiera e interviniera en su defensa a fin de conseguir plena libertad para poder dedicarse a la vida religiosa. Además de muy piadosa, era una mujer altamente educada e inteligente, escribiendo y leyendo además de en su idioma, en latín, inglés, alemán e italiano.

A través de los franciscanos conoció la espiritualidad de la Orden de Santa Clara y de San Francisco de Asís, quedando fascinada y decidiendo seguir su ejemplo. A tal fin, con sus propios bienes y ayudada por su hermano, fundó en el año 1232 en Praga el Hospital de San Francisco y el instituto de los Crucíferos para que se pusieran al frente del mismo y con cinco monjas que le envió Santa Clara desde el proto-monasterio de San Damián de Asís, fundó también el monasterio de San Salvador de Praga (las Damianitas), donde ella misma ingresó el día de Pentecostés del año 1236.

La Santa, en contemplación junto a un Crucifijo, se despoja de las vestimentas reales y toma el hábito de las clarisas. Óleo decimonónico en Praga, República Checa.

Allí realizó los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, plenamente consciente de los valores de estos tres consejos evangélicos, por lo que “la virginidad por el reino de los cielos” fue siempre el elemento fundamental de su espiritualidad. El espíritu de pobreza la había llevado a la entrega de todos sus bienes y el de obediencia la llevó siempre a conformar su voluntad con la de Dios. Aunque no llegaron a conocerse personalmente, junto con Santa Clara, trabajó para conseguir la aprobación de una Regla propia y, contra su voluntad y por obediencia al Papa Gregorio IX, fue elegida abadesa de su monasterio, conservando esta responsabilidad durante toda su vida. Desde 1235 hasta 1254 escribió unas treinta veces a los Papas Gregorio IX e Inocencio IV, consultándoles, pidiéndoles e incluso, sugiriéndoles algunos aspectos prácticos y teológicos acerca de la administración del monasterio.

Imprimió a su monasterio un espíritu ascético aun mayor que el que se practicaba entre las clarisas italianas, siendo mucho más estricta que estas no solo a la hora de admitir a nuevas aspirantes sino en las normas a seguir dentro del monasterio. Cuando era admitida alguien perteneciente a la nobleza, era tratada como una religiosa más y se preocupaba que fuesen especialmente estas y aun ella misma, quienes dieran más y mejores muestras de servicio al resto de las religiosas y a los pobres que acudían pidiendo ayuda al monasterio. Trabajaba en la cocina preparando con sus manos platos especiales para las monjas enfermas sirviendo a estas al estilo en el que lo hizo Marta cuando Jesús visitaba su casa en Betania.

Cuando por toda Europa se difundió la noticia de que una princesa de Bohemia había ingresado en un monasterio, consiguió la admiración de todas las cortes del continente y esta fue creciendo conforme se difundía su caridad hacia los pobres, su espíritu de penitencia y su extrema pobreza.

Tenía un fervor especial hacia la Eucaristía y una devoción filial a la Madre de Dios, especialmente en su misterio de la Anunciación. Solo buscaba su santidad personal y la de sus hijas, la humildad y el amor desinteresado a los enfermos y a los pobres. Amaba profundamente a la Iglesia y colaboró con los Papas mediando ante los reyes de Bohemia e incluso entre ellos mismos, como por ejemplo, en el 1249 jugando un papel importante en la reconciliación de su hermano con su hijo, el futuro rey Octocaro II o mediando entre el rey Rodolfo I de Habsburgo y la curia papal.

La Santa atendiendo a un enfermo. Tabla gótica del Gran Maestro Puchner (1482). Galería Nacional de Praga, República Checa.

Santa Clara de Asís le escribió a Santa Inés, conservándose cuatro de estas cartas. En esta web que reseño, podemos leer el texto completo de todas ellas.

Santa Clara fue para Santa Inés no solo su guía, sino una verdadera madre, obsequiándola además con una cruz de madera, un velo de cáñamo y una taza. No me resisto a poner parte del texto de una de estas cartas: “Siento un gran regocijo y deleite en el Señor cuando oigo hablar de vuestra intachable vida. Al llegar a mis oídos la honestísima fama de vuestro santo comportamiento religioso y de vuestra vida, que se ha divulgado no solo para mi sino para toda la tierra, me alegro muchísimo en el Señor y salto de gozo a causa de eso y no solo yo puedo saltar de gozo, sino todos los que sirven y desean servir a Jesucristo. Y el motivo de esto es que, cuando vos hubierais podido disfrutar más que nadie de las pompas, honores y dignidades del siglo, desposándoos legítimamente con el ínclito emperador con gloria excelente, como convenía a vuestra excelencia y la suya, desdeñando todas esas cosas, vos habéis elegido más bien con entereza de ánimo y con todo el afecto de vuestro corazón, la santísima pobreza y la penuria corporal, tomando un esposo de más noble linaje, el Señor Jesucristo, que guardará vuestra virginidad siempre inmaculada e ilesa”.

Gozó en vida de los dones de clarividencia y de milagros. En los últimos años de su vida no solo soportó los dolores físicos, sino los que le causaban los problemas de su familia y de su patria. Predijo su muerte, que ocurrió en su monasterio el día 6 de marzo del año 1282, cuando tenía casi setenta años de edad. Le sucedió en el gobierno del monasterio su sobrina nieta Kunhuta. Desde el primer momento recibió culto como venerable promoviendo su canonización la reina Isabel de Bohemia. Su primera biografía en latín fue escrita entre los años 1316-1328.

En el año 1874, el cardenal arzobispo de Viena, Joseph Frederick Schwarzenberg consiguió que su culto fuera reconocido “ab immemorabili” por el Beato Papa Pío IX mediante un decreto aprobado el 28 de noviembre del año 1874. Fue canonizada por el papa San Juan Pablo II el día 12 de noviembre del año 1989. En la homilía de la misa de su canonización, el Papa dijo: “La beata Inés de Bohemia, a pesar de haber vivido en un período de tiempo tan lejano del nuestro, sigue siendo también hoy un resplandeciente ejemplo de fe cristiana y de caridad heroica, que invita a la reflexión y a la imitación”.

Vista del sepulcro actual de la Santa. Convento homónimo de Praga, República Checa.

Oración
Señor, Dios nuestro, que inspiraste la renuncia a los falsos placeres de este mundo a Santa Inés de Praga y la condujiste por el camino de la cruz hacia la meta de la perfección; te suplicamos que, siguiendo su ejemplo, antepongamos los valores eternos a los caducos. Amén.

Antonio Barrero

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