El inmaculismo y Valencia

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Inmaculada Concepción. Tabla del pintor valenciano Vicent Macip (1568).

Inmaculada Concepción. Tabla del pintor valenciano Vicent Macip (1568).

El tema más espinoso en la historia de la Teología ha sido el del dogma de la Inmaculada Concepción de María ya que la creencia no sólo de una concepción virginal de Jesús en el seno de María sino de la misma concepción de la Virgen en el vientre de Ana sin pecado original, defendida por los “inmaculistas”, ha sido debatida a lo largo de los siglos y por muchos no aceptada, los “maculistas”. Además, fue uno de los caballos de batalla de la reforma protestante de Lutero.

Aunque desde antiguo había sido asumida por una parte importante de la Iglesia, su proclamación formal se hizo por el beato papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 con su bula “Ineffabilis Deus”, que llegaba tras la presión histórica de la monarquía española por el reconocimiento oficial de este privilegio mariano. Este llegó a convertirse en un asunto de orden público, donde se sucedían desde el siglo XII los enfrentamientos entre aquellos que defendían que la Virgen María estaba exenta del pecado original y los que creían que esto no tenía fundamento. Tal polémica estaba instalada no sólo en las aulas universitarias y en los púlpitos de las iglesias, sino que provocaba incidentes sangrientos en las calles que eran alentados por las distintas órdenes religiosas que se alineaban en uno u otro bando. Entre ellos, los franciscanos fueron fervientes inmaculistas, pero también destacaron desde el clero y la literatura figuras como San Pedro Pascual, San Vicente Ferrer y San Luis Bertrán, aunque los dominicos fuesen maculistas, Francesc de Eiximenis, San Juan de Ribera, el Beato Nicolás Factor, Santo Tomás de Villanueva, Sor Isabel de Villena, Jaume Roig o Roig de Corella.

Antiguo escudo de la Universidad de Valencia con la Virgen Inmaculada.

Antiguo escudo de la Universidad de Valencia con la Virgen Inmaculada.

Dice el investigador Cortés Peña en su obra “Religión y Política durante el Antiguo Régimen” que las universidades europeas fueron firmes defensoras de la devoción a la Inmaculada Concepción. La primera en proclamarlo en Europa fue la Universidad de Colonia en el año 1449 y a esta le seguirían la Sorbona de París en el año 1497, la de Maguncia en 1500 y la de Viena en 1501. Valencia, pionera también en tantas cuestiones teológicas, propició que su universidad fuera la primera en hacerlo en España en el año 1530. Propio de nuestra Universidad era el juramento que, desde el siglo XVI, profesores y alumnos hacían en favor de la doctrina de la Inmaculada decretándose asimismo que “de hoy en adelante no se “pudiesse graduar alguno doctor en la Universidad sin que primero jurasse”.

Para Emilio Callado Estela, en “Justas, votos y fundaciones. Valencia y la Inmaculada en la primera época moderna”, quedaría de este modo vetado el ingreso en las aulas valencianas a los sospechosos de defender la opinión contraria y esta sería garantía para impedir nuevos excesos. La fórmula concreta del juramento sería esta: “Ego N iuro, quod quatenus per Sanctam Sedem Apostolicam licebit; tenebo, tuebor, defendam, praedicabo atque docebo Beatissimam Virginem Dei Genitricem Mariam, praeveniente Spiritu Santi gratia, absque ulla peccati originalis labe fuisse conceptam, et ab ipsa praeservatam immunem in primo instanti animationis; atque in hoc sensu festum Conceptionis eius ab Ecclesia, solemni ritu colli et celebrari”.

Nuestra Señora de la Sapiencia, patrona de la Universidad de Valencia, apareció durante siglos en su escudo y sujetaba en su mano un ramo florido como símbolo de su Inmaculada Concepción. Igualmente, el Seminario Metropolitano y la Real Maestranza la tomaron como patrona, siendo que la fundación del Colegio de Abogados de Valencia en el año 1762 establecía un juramento para defender su dogma y fundaba una Hermandad para protegerlo.

Grabado de la imagen de la Purísima venerada en Ontinyent, Valencia (España).

Grabado de la imagen de la Purísima venerada en Ontinyent, Valencia (España).

El rey Felipe III, a instancias del cardenal valenciano de la curia vaticana Gaspar de Borja, Duque de Gandia, que se había formado bajo la influencia del también inmaculista patriarca San Juan de Ribera en su palacio arzobispal, obtuvo el 12 septiembre de 1617 del Tribunal del Santo Oficio un decreto ordenando silenciar a los maculistas. El papa Gregorio XV, en el año 1622, publicó el decreto «Sanctissimus», que confirmaba esa prohibición y autorizaba a los inmaculistas a difundir la suya. Se cree que Valencia fue la primera en tener noticia de este decreto gracias al hermano del cardenal de la curia y canónigo de nuestra catedral Baltasar de Borja y, por ello, pudo haberla celebrado antes que ninguna otra. Con motivo de esta, el claustro universitario de Valencia ratificó su voto inmaculista, que de nuevo reiteró cuando Alejandro VII publicó la constitución “Solicitudo omnium Ecclesiarum” en el año 1661. Propio también de nuestra tradición es el saludo del “Ave María Purísima, sin pecado concebida”.

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Los inmaculistas valencianos dieron muestras de su convicción también desde la literatura con la celebración de justas poéticas, siendo Valencia el primer lugar donde esto se dio. La de 1474 fue el origen de la edición de las “Obres e trobes en lahors de la Verge Maria”, considerado el primer libro literario impreso en España y dedicado a su Inmaculada Concepción. Como este era un concurso literario, los jueces adoptaron, visto que los participantes en ella eran escritores muy afamados, una solución sin precedentes al otorgar el premio a la propia Virgen, ya que consideraron que la inspiración de tales obras se debía a la gracia proveniente de ella.

Salvador Raga Navarro

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El Señor y la Virgen del Milagro de Salta, Argentina

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Vista de las dos veneradas imágenes y el templo homónimo en Salta, Argentina. Estampa devocional.

Vista de las dos veneradas imágenes y el templo homónimo en Salta, Argentina. Estampa devocional.

Pregunta: Buenas, hermano. Quisiera saber la historia del Señor y la Virgen del Milagro que tienen como patrono en la ciudad de Salta, Argentina. Bendiciones.

Respuesta: Fue fray Francisco de Vitoria, que era obispo de Tucumán, cuando ya había regresado a España, quien decidió enviar hacia América dos cajas; una con la imagen de un Cristo crucificado para la iglesia de Salta; y la otra con una Virgen del Rosario para la iglesia de Córdoba, ambas localidades en el Virreinato de la Plata, actual Argentina.

Era el año de 1592 cuando en el puerto del Callao, en Perú, la gente pudo divisar desde la orilla dos cajones que flotaban sobre las aguas y, al rescatarlos, se dieron cuenta que tenían inscrito algo que decía: “Un Cristo crucificado para la iglesia matriz de Salta, provincia de Tucumán, remitido por fray Francisco de Vitoria, obispo de Tucumán”, y el otro “Una Señora del Rosario para el convento de predicadores de la ciudad de Córdoba, provincia de Tucumán, remitido por fray Francisco de Vitoria, obispo de Tucumán”.

Nunca se supo qué sucedió con el barco y la tripulación que traía consigo ambas imágenes, es posible que haya naufragado. La gente de Perú, llena de devoción, llevó en procesión ambas imágenes hasta Lima, donde según la tradición fueron veneradas por Santo Toribio de Mogrovejo, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres.

Las autoridades civiles hicieron lo debido y, poco tiempo después, enviaron ambas imágenes a sus respectivos destinos: la Virgen del Rosario a Córdoba, donde se convirtió en la patrona, y el Cristo a Salta. Al llegar la imagen del Cristo a Salta las autoridades organizaron un recibimiento y una misa en su honor, y la imagen se ubicó definitivamente en el altar de Ánimas. Posteriormente a las celebraciones por el recibimiento de la imagen, ésta quedó totalmente olvidada por muchos años.

Imagen del Señor del Milagro de Salta, Argentina.

Imagen del Señor del Milagro de Salta, Argentina.

La imagen de Nuestra Señora, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, ya se encontraba en Salta, pues pertenecía a una familia devota de la ciudad que, cada 8 de septiembre, para celebrar la Natividad de la Santísima Virgen, llevaba la imagen a la iglesia para los oficios, y por una razón desconocida ese año se decidió dejarla unos días más en el templo.

Era el año de 1692, un siglo exacto desde la llegada del Cristo a Salta, y la imagen de la Inmaculada se encontraba en un nicho tres metros sobre el suelo. El 13 de septiembre de ese año, a las 10 de la mañana, un terrible terremoto asoló la ciudad. Cuando había pasado el terrible suceso, muchas personas, acompañados del sacristán Juan Ángel Peredo, decidieron ir a la iglesia para rescatar al Santísimo Sacramento y grande fue su sorpresa al encontrar la imagen de la Inmaculada echada al pie del altar, con el rostro hacia arriba mirando al Sagrario, y su rostro se mostraba pálido y demacrado, como implorando misericordia por sus hijos de la ciudad de Salta. La imagen no había sufrido ningún daño, pero el dragón que llevaba a sus pies se encontraba en malas condiciones y también la media luna. La imagen fue llevada a un altar improvisado fuera de la iglesia, donde toda la gente le imploraba intercediera por ellos ante su Hijo.

El 15 de septiembre de ese año, la tierra no dejaba de temblar constantemente y la gente se encontraba durmiendo en la intemperie por miedo a morir en un terremoto. Un sacerdote de la compañía de Jesús, el padre José Carrión, escuchó una voz que le decía que, mientras no sacasen en procesión al Santo Cristo abandonado en el altar de Ánimas, no cesarían los temblores. Con algo de dificultad sacaron la imagen en procesión, a la cual acudieron las autoridades civiles y militares, así como los pobladores, implorando el cese de los terribles temblores, y tal como había escuchado el jesuita, inmediatamente cesaron los temblores y desde ahí, las imágenes de la Virgen y el Cristo fueron llamados como el Señor y Nuestra Señora del Milagro, y se juró que cada año se repetiría la procesión del 15 de septiembre en su honor.

Detalle del busto de Nuestra Señora del Milagro de Salta, Argentina.

Detalle del busto de Nuestra Señora del Milagro de Salta, Argentina.

El 8 de octubre de ese año, el cabildo de Salta calificó de milagroso lo sucedido en Salta, y el 13 de octubre de ese mismo año se nombró a Nuestra Señora del Milagro patrona y abogada de Salta, celebrándose la festividad de Nuestra Señora del Milagro el 13 de septiembre y la del Señor del Milagro el día 15 de septiembre.

En 1844, debido a que el Santo Cristo libró nuevamente a la ciudad de Salta de un terremoto, se labró una cinta en plata que se puso a la imagen del Cristo con el lema: “Tú eres nuestro y nosotros somos tuyos”.

Análisis que se han hecho a la imagen de Nuestra Señora muestran que originalmente fue una imagen de candelero, que sólo tenía tallados la cabeza y las manos, y posteriormente se le talló un cuerpo con manto, el cual posteriormente fue, una vez más, modificado para poderla vestir, y que las extremidades de la imagen se articularon.

En 1902, el Papa S.S. León XIII concedió la coronación pontificia de la Virgen del Milagro, la cual se llevó a cabo el 13 de septiembre de ese año.

André Efrén

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El Beato Scoto y la Inmaculada Concepción

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Mosaico del Beato Scoto ante la Inmaculada. Pontificia Università Antonianum, Roma (Italia).

Mosaico del Beato Scoto ante la Inmaculada. Pontificia Università Antonianum, Roma (Italia).

Cuando escribimos sobre el Beato Juan Duns Scoto hace exactamente un mes, expusimos “grosso modo” cual había sido su posicionamiento ante el hoy dogma de la Inmaculada Concepción. Hoy, día en el que celebramos este privilegio de la Santísima Virgen, quiero abundar en este asunto aun a sabiendas de que quedarán muchas cosas en el tintero.

Antes de que apareciera nuestro Beato en la historia, ya parte del pueblo cristiano otorgaba a María esta prerrogativa en su concepción en previsión a lo que Ella sería años más tarde: la Madre de Dios, el sagrario que llevaría en su vientre al Verbo encarnado y la criatura que lo educó, alimentó y apoyó en todas sus actuaciones. La fe popular intuía este privilegio y lo defendía. Existe un libro apócrifo del siglo II, el Evangelio de Santiago (del que ya hemos escrito en este blog), que tuvo mucha influencia en la liturgia y que “podría ser el origen” de las fiestas de la Inmaculada, la Natividad de María y la de su Presentación en el Templo. Este evangelio nos narra como San Joaquín estaba desolado porque en su vejez aún no había concebido a un hijo y cómo un ángel se lo anuncia diciéndole que su esposa lo hará padre. Este texto, aunque sea apócrifo, ya nos da a entender la santidad de María y del mismo, casi se puede intuir, que su concepción sería milagrosa. De hecho, influyó en la vida de la Iglesia porque ya en el siglo VII en algunos lugares se celebraba la festividad de la Inmaculada Concepción, aunque todos sabemos que no era dogma y que tenía sus detractores. El pueblo cristiano sabía que en la concepción de María había ocurrido algo excepcional.

Es verdad que en el Concilio de Éfeso (siglo V), este tema no se toca pues el origen del mismo era resolver el problema de las dos naturalezas de Cristo, pero ya en él se define que María es la “Theotokos”, la Madre de Dios, una criatura especial. Más tarde, San Agustín defiende que en María no existió nunca ningún tipo de pecado, basándose en que por su maternidad divina, Ella había recibido una gracia especial de Dios, un “privilegio especial” como posteriormente cantaría el pueblo cristiano.

El Beato Juan Duns Scoto ante la Inmaculada Concepción.

El Beato Juan Duns Scoto ante la Inmaculada Concepción.

Esta doctrina popular, esta creencia popular, no definida aun oficialmente, sin embargo tuvo influencia en la liturgia y ya en el siglo VIII, los monjes palestinos celebraban la fiesta de la “Concepción de la bienaventurada Ana” el día 8 de diciembre, en función de que nueve meses más tarde se celebraba el “Nacimiento de María”. De esto nos hablan tanto san Andrés de Creta como Juan, el obispo de Evia. El Patriarca Focio de Constantinopla lo admite en la primera mitad el siglo IX y a finales de ese mismo siglo, el Papa León VI lo extiende a todo Occidente. En realidad no se celebraba expresamente la Concepción Inmaculada de María tal y como la entendemos hoy en día, ya que el concepto de pecado original no quedó definido tal cual hoy lo conocemos hasta mucho después, en el Concilio de Trento. Se celebrada que su concepción y su nacimiento fueron un milagro.

En el siglo XI, antes de la invasión normanda de Inglaterra esta fiesta era celebrada y, aunque quedó suprimida durante dicha invasión, pronto se recuperó e incluso fue defendida en el Sínodo celebrado en Londres entre 1127-1129. Desde Inglaterra la fiesta se extendió por media Europa, siendo el caso más famoso el de la catedral de Lyon a la cual se opuso el mismísimo San Bernardo de Claraval. Desde este momento se avivó la controversia entre quienes defendían la concepción inmaculada de María (los “immacolisti”) y los que no la defendían (los “macolisti”). Pero la celebración de la fiesta se fue extendiendo, logrando un gran impulso en el Capítulo General de los Franciscanos celebrado en el 1263, que decidió festejarla en toda la Orden. Ya en aquella época, algo más “calmado”, Santo Tomás de Aquino decía que “aunque la Iglesia Romana no celebra la Inmaculada Concepción, tolera la práctica de aquellas iglesias que celebran esta fiesta”. Roma callaba y toleraba, pero todo cambiaría cuando el Beato Juan Duns Scoto defendió esta tesis en la Universidad de París y cuando el Papa Juan XXII, la celebró solemnemente en Avignon donde estaba exiliado.

Siempre se ha dicho que el Beato Scoto enfrentó sus tesis con el mismísimo San Buenaventura, pero esto no es del todo cierto ya que este último podríamos decir que mantuvo una tesis intermedia: algo especial había en María cuando ésta era considerada como mediadora entre Cristo y los hombres y cuando era considerada más santa que el conjunto de todos los santos juntos. El principal escollo era las palabras de San Pablo: “Todos hemos pecado en Adán y todos hemos sido redimidos por Jesucristo”. (Primera Corintios, 15, 22) y por eso, quienes estaban en contra de la concepción inmaculada de María, lo estaban porque defendían la universalidad de la redención de Cristo y también la universalidad del pecado de Adán.

El Beato Juan Duns Scoto defiende a la Inmaculada Concepción.

El Beato Juan Duns Scoto defiende a la Inmaculada Concepción.

Hechas todas estas premisas, resumamos cual era la tesis del Beato Scoto y cómo la defendió. Nuestro beato defendía la primacía absoluta de Cristo, pero también consideraba lo que podríamos llamar una “redención previa a María” por lo que tuvo el privilegio de ser redimida antes de su concepción en previsión de quién iba a ser. La tradición dice que cuando Scoto tuvo que defender en público su posición ante todas las autoridades eclesiásticas y académicas existentes en París – muchas de las cuales lo acusaban de herejía -, antes de entrar en aquella asamblea tuvo que pasar por la capilla del Palacio Real en la que había una estatua de María, ante la cual él oró diciéndole: “Dignare me laudare te, Virgo sacrata” y que la imagen inclinó la cabeza en señal de aprobación. Allí, mientras exponía su tesis, lo hizo de manera tan clara que nadie osó interrumpirlo, pero cuando terminó de hablar fue asaeteado a preguntas.

Sin entrar en los detalles de ese debate, sin embargo si quiero reseñar que uno de los presentes, Landulfo Caracciolo, que posteriormente sería nombrado arzobispo de Amalfi, llegó a escribir: “Nuestro Señor Jesucristo destinó a Duns Scoto, distinguido doctor de la Orden de los frailes menores en París, a donde fue llamado por mandato del Papa para un debate público sobre la Concepción de la Virgen. Scoto rechazó de tal manera todos los argumentos y razones de los opositores defendiendo la santidad de la concepción de María, que algunos de los oponentes quedamos impresionados y no pusimos objeciones. Por esta razón empezamos a llamarle “Doctor subtilis” y yo, Landolfo, deseoso de seguir la doctrina y las reglas del Papa y habiéndolo jurado en la Sorbona, deseo celebrar devotamente la fiesta de la santísima Concepción de María y quiero que esta fiesta sea solemnizada por todos”. Desde ese momento las tesis defendidas por Duns Scoto se fueron asentando en toda la Iglesia Católica hasta que finalmente, el beato Pío IX declaró el dogma el día 8 de diciembre de 1854. La mismísima Virgen María lo reafirmaba cuatro años más tarde en Lourdes autodefiniéndose: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

Pero dicho cómo defendió Scoto su tesis, ¿cuál era el meollo de la misma? Scoto era franciscano y, al igual que San Francisco, tenía conciencia de la relación tan estrecha que había entre el Hijo y su Madre, una relación que no sólo fue momentánea durante el tiempo en el que vivieron en Palestina, sino una relación con unas profundas raíces teológicas y eclesiales. La primacía corresponde a Cristo, pero éste, como el Verbo que es predetermina cómo sería la santidad de su Madre incluso con el privilegio de su Concepción Inmaculada y esta tesis, él considera que es lo normal, lo que un hijo quiere para su madre y que no contradice ni a las Escrituras ni a la doctrina anterior de la Iglesia. Cristo es el primero y Cristo predetermina y, por lo tanto, María no tendría ningún sentido sin Cristo.

El Beato Juan Duns Scoto ante la Inmaculada Concepción. Vidriera contemporánea en el convento franciscano de París (Francia).

El Beato Juan Duns Scoto ante la Inmaculada Concepción. Vidriera contemporánea en el convento franciscano de París (Francia).

Dios es Amor, por amor crea al hombre, por amor le da y respeta su libertad y por amor nos hace hijos suyos y en el colmo del amor nos envía a su Unigénito al mundo. Por eso, recordemos como Duns Scoto decía que la Encarnación era el “Summum Opus Dei”. La Encarnación tiene primacía sobre todo y, por tanto, Cristo – Dios/Hombre – es lo absoluto, es lo incondicional, es la única santidad que puede dar gloria a Dios. Cristo viene al mundo para dar gloria a Dios y por eso, para Scoto, “aunque el hombre no hubiese pecado, el Verbo se habría encarnado en el seno inmaculado de María”. Esta predestinación absoluta de Cristo conlleva la predestinación de María y si María estaba predestinada a ser la Madre de Dios, tenía que participar de su santidad aun incluso antes de su concepción e incluso antes de cometerse el pecado de Adán.

En un mismo designio divino se predetermina la existencia de Cristo y el privilegio de su Madre. La universalidad redentora de Cristo, preserva a su Madre del pecado y por eso, María es santa desde el mismo instante de su concepción. Llega a decir que: “María en el mismo instante en el que debía haber asumido la herencia del pecado original, recibió la gracia de la santificación”. Dios le da la gracia en el primer momento, no después, porque si puede dar la gracia después, ¿cómo no va a poder darla antes? “Dios, desde el primer instante de la creación de María, le da la gracia que recibe cualquier persona al recibir la circuncisión o el bautismo”. María es redimida anticipadamente porque “María necesitaba de Cristo Redentor. De hecho, María habría contraído el pecado original si no hubiera sido impedido por la gracia preexistente de su Hijo. Lo mismo que todos necesitamos de Cristo para que se nos perdonen nuestros pecados, María tenía la necesidad, aun mayor, de no contraerlo”. Este privilegio no está apoyado en la propia María, sino en su propio Hijo, que fue quién la eligió como Madre.

Es cierto que Juan Duns Scoto era conocedor del texto de San Pablo y sabía que era doctrina de la época que el pecado de Adán se asumía en el momento de la copulación del hombre y la mujer engendrando a un hijo, pero, viendo esta dificultad, intentó eludir indirectamente este obstáculo mediante la teoría de la “redención universal”: reconoce que la redención se refiere a toda la raza humana y a cada individuo en particular, pero incluyendo que la redención también puede darse como preservación. De esta manera, toma de forma indirecta las palabras de San Pablo a los Romanos: “Todos han pecado en Adán, pero la gracia de Cristo ha abundado más que el pecado de Adán”, luego la Concepción Inmaculada de María coincide con la gracia divina que neutraliza completamente los efectos del pecado original. Por eso dice: “La Virgen Santísima, Madre de Dios, nunca fue un acto hostil hacia Dios, ni por razón de pecado personal, ni por razón del pecado original”. Por supuesto que él consideraba que María era hija de Adán, pero de antes de que el padre del género humano perdiese su inocencia original. El hecho de que María, por su naturaleza humana sea hija de Adán, no comporta necesariamente la inexistencia de gracia “ex se”. Por los méritos de Cristo una persona puede ser preservada porque la gracia de Cristo es más abundante que el pecado de Adán, conforme lo dice el propio San Pablo en el mismo texto. En otras palabras, Duns Scoto ilustra el privilegio mariano con el concepto de Redentor perfectísimo, presentando este privilegio como el primer y mejor fruto de la Redención. De esta manera se recupera intuitivamente el significado auténtico del texto del apóstol Pablo.

La Inmaculada Concepción con los Santos Francisco de Asís, Buenaventura, Antonio de Padua y Beato Juan Duns Scoto. Lienzo de Albert Küchler. Pontificia Università Antonianum, Roma (Italia).

La Inmaculada Concepción con los Santos Francisco de Asís, Buenaventura, Antonio de Padua y Beato Juan Duns Scoto. Lienzo de Albert Küchler. Pontificia Università Antonianum, Roma (Italia).

Con un expertísimo movimiento dialéctico y una felicísima intuición metafísica, Juan Duns Scoto, al incorporar a su tesis el concepto de la redención universal, lo profundiza desde el punto de vista teológico y lo vuelve contra sus oponentes diciendo textualmente: “Justamente por la universalidad de la redención de Cristo, se puede argumentar que María no contrajo el pecado original porque fue preservada del mismo” y sigue diciendo: “Nadie reconcilia perfectamente a una persona de una ofensa que pueda recibir, si no puede prevenir que esta persona sea ofendida. Si la reconciliación viene tras la ofensa, el amor de la misericordia no es perfecto porque no ha prevenido la ofensa. Por lo tanto, la redención de Cristo no sería perfecta ni universal, si no hubiese podido prevenir que alguien ofendiese a Dios en su misterio trinitario y en consecuencia, si alguien no hubiera contraído la culpa original”. Y añade: “Si el Redentor universal es perfectísimo tiene la potestad de evitar cualquier pena a la persona con la que se reconcilia. El pecado original es un dolor, un castigo aun más grande que la privación de la visión beatífica de Dios, porque el pecado, entre todas las penas de la naturaleza humana, es la más grande. Y si Cristo es el mediador universal –como todos vosotros afirmáis – el debe haber merecido que cualquier persona pueda ser preservada de la culpa original y esa persona no puede ser otra que su propia Madre”.

Y también defiende el famoso principio de que la inocencia perfecta es un bien mayor que la remisión de la culpa: “La persona reconciliada no está del todo obligada con su mediador si de este no recibe lo máximo que pueda darle. De la acción mediadora de Cristo puede obtenerse la inocencia, esto es, la preservación de la culpa original, bien contraída o por contraer. Por lo tanto, no podría tenerse a Cristo de manera perfecta, si Él no hubiese preservado a alguien del pecado original. Es un beneficio mayor el preservar a alguien del mal, que permitirle que incurra en él y después sea liberado. Si la inocencia perfecta es un bien mayor que la remisión de la culpa, a María le fue conferido este bien mayor preservándola de la culpa original, que reconciliándose con ella después de haberla contraído”.

Con esta defensa de la Concepción Inmaculada de María, el beato Juan Duns Scoto se ganó el merecido título de “Cantor de la Inmaculada”. Es verdad que antes que él había existido celebraciones litúrgicas en honor de la Inmaculada, celebraciones que tenían un valor teológico, pero había teólogos que negaban explícitamente esta verdad que para nosotros, hoy es dogma de fe. Scoto comienza lo que podríamos llamar la “historia del dogma”. Él defiende esta verdad contrastándola con las Escrituras; contrasta el significado teológico de María con la autoridad de las Sagradas Escrituras y con lo que la Iglesia ya le atribuía a la Virgen: ser Madre de Dios. Esto, insertado en el principio absoluto de Cristo, permitió a la Iglesia que la verdad de la Concepción Inmaculada de María, fuera declarada dogma de fe.

"Pudo, quiso, luego lo hizo". Vidriera contemporánea del Beato Juan Duns Scoto y la Inmaculada.

“Pudo, quiso, luego lo hizo”. Vidriera contemporánea del Beato Juan Duns Scoto y la Inmaculada.

Él termina sintetizando este tema, diciendo: “Dicitur communiter quod sic, propter auctoritates et propter rationes… Sed contra dico, quod Deus potuit facere, ut Maria numquam fuisset in peccato originali…” (Comúnmente se dice, tanto por las autoridades como por las razones… pero por el contrario, yo digo que Dios pudo hacer que María nunca estuvo en pecado original). Pudo, quiso, luego lo hizo.

Oración:
Deus, qui per Immaculatam Virginis Conceptionem dignum Filio tuo habitaculum praeparasti: quaesumus; ut, qui ex morte eiusdem Filii tui preavisa, eam ab omni labe praeservasti, nos quoque mundos eius intercessione ad te pervenire concedas. Per eumdem Christum Dominum nostrum. Amen.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– BONNEFOY, J. F., “El Doctor de la Inmaculada Concepción”, Roma, 1960.
– LAURIOLA, G., “Il cantore dell’Immacolata, G. Duns Scoto”, Putignano, 1990
– SCHAEFER, O., “Bibliografía de la vida, obras y doctrina de Juan Duns Scoto, Doctor sutil”, Roma, 1955.

Enlace consultado (01/11/2014):
http://www.centrodunsscoto.it

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Nuestra Señora de Juquila

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Fotografía de la imagen.

Fotografía de la imagen.

En la población de Santa Catarina Juquila, en el estado mexicano de Oaxaca, existe una gran devoción a una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción la cual ha ido ganando fama en todo el país desde hace algunos años. El caso de la Inmaculada Concepción, mejor conocida por sus devotos como Nuestra Señora de Juquila o “la Juquilita”, es uno más de pequeñas imágenes de no más de treinta centímetros que eran usadas por los religiosos para evangelizar, como sucedió en el caso de la imagen de la Virgen de Zapopan y otras celebres imágenes marianas.

El nombre de Juquila significa “lugar de legumbre hermosa” y se encuentra ubicado al sureste del estado de Oaxaca. Esta región fue evangelizada por los religiosos dominicos y es fray Jordán de Santa Catarina quien se encargó especialmente de esta tarea y quien traía consigo la imagen de la Inmaculada Concepción. Se dice que fray Jordán era acompañado en sus correrías por un indígena perteneciente al poblado de Amialtepec; este indígena mostró siempre una gran devoción por la pequeña imagen de María Santísima que llevaba consigo el religioso y entonces, al ser enviado fray Jordán a evangelizar otra región y no poder seguir llevando consigo al indígena, que de tanta ayuda le había servido, decidió obsequiarle la imagen de la Inmaculada, a la que tan fervor de dedicaba. El indígena, muy feliz por el obsequio del religioso, decidió regresar a su natal Amialtepec y, ya aquí, instaló la imagen en un pequeño altar en su casa, pero la imagen comenzó a concederle diversos favores a su dueño y sus vecinos, lo que logró que fuera cobrando cierta fama entre los habitantes y los pueblos vecinos.

Debido a la misma fama que fue cobrando la imagen, hacia 1633 el párroco de Juquila, Jacinto Escudero, decidió que sería mejor llevar la imagen a la parroquia para que estuviera en un lugar de más fácil acceso y de mejores condiciones, pero los pobladores de Amialtepec se negaron a entregar la preciada imagen y prometieron al religioso erigirle un mejor lugar para resguardarla. En aquella región los pobladores tenían la costumbre de quemar los campos para lograr mejores cosechas, pero en esa ocasión el incendio se salió de las manos de los pobladores, no logrando detenerlo e incendiando gran parte del pueblo y con ellos la pequeña ermita en honor a la Inmaculada Concepción; una vez apagado el fuego, los pobladores se acercaron a las cenizas de la ermita para tratar de rescatar algo que hubiera quedado, y su sorpresa fue grande al ver que incólume permanecía la imagen de la Inmaculada Concepción, únicamente un poco ennegrecida por el humo.

Antihua fotografía de la imagen.

Antihua fotografía de la imagen.

Debido al portento, la cantidad de fieles que llegaban a visitar a la imagen hicieron que el padre Escudero decidiera definitivamente trasladar la imagen a la parroquia del pueblo de Juquila, al ser trasladada se le coloca en el altar de San Nicolás, pero a la mañana siguiente no se encuentra la imagen en aquel sitio, sino que la Inmaculada había regresado al pueblo de Amialtepec [1]. Creyendo el sacerdote que habían sido los habitantes quienes la habían robado, decide llevarse de nuevo la imagen y cerrar con candados, pero a pesar de esto la situación se vuelve a repetir. Debido a que el padre Escudero es cambiado de parroquia, dejó que la imagen permaneciera en Amialtepec. El nuevo párroco será el padre Manuel Cayetano Casaus de Acuña, quien pedirá el apoyo al obispo para realizar el traslado de la imagen. Fray Ángel Maldonado, quien en aquella época era el obispo, dio un decreto el 30 de junio de 1719 con el cual se ordenaba que la imagen fuera trasladada, a pesar de esto la imagen nuevamente volvió a repetir el prodigio de volver a Amialtepec. Ante el persistente portento, el sacerdote decidió intentar una vez más el traslado, pero en esta ocasión se hizo en una solemne procesión a la que asistieron descalzos el mismo sacerdote y los gobernantes de ambos pueblos. Ante estas penitencias la imagen ya no volvió más a Amialtepec y se quedó en Juquila, donde se la venera hasta la actualidad. Hacia 1784 se decidió construir un Santuario más grande para albergar la imagen y que pudiera contener la gran cantidad de peregrinos que llegaban continuamente a visitar a la Virgen de Juquila. Este mismo Santuario se concluyó en 1791.

Entre los milagros que se cuentan de esta imagen hay uno bastante curioso, pues se dice que una peregrina, al llegar al Santuario y ver el pequeño tamaño de la imagen, dijo con bastante desdén que no había valido la pena recorrer tanto camino para venerar una imagen tan pequeña. A pesar de esto, encendió una vela y depositó una moneda como limosna, pero su sorpresa fue grande cuando, al regresar a su casa, encontró la misma vela y el mismo peso que había depositado en el Santuario sobre la mesa de su casa.

Nuestra Señora de Juquila es considerada y venerada como patrona de los transportistas y viajeros, al igual que el Beato Sebastián de Aparicio, y es gracias a los transportistas que el culto a la Virgen de Juquila se ha dado a conocer y llegado a rincones del país donde nunca antes se había escuchado sobre esta imagen. Desde hace algunos años su devoción ha ido aumentando y es común ver en las carreteras del centro del país pequeñas capillas dedicadas a la Virgen de Juquila, donde viajeros y transportistas pueden encomendarse a la que consideran su patrona.

Personalmente he sabido de los milagros de esta Virgen a los transportistas: conocí a una persona dedicada a este oficio que viajaba por todo el país transportando diversas mercancías y que tuvo un terrible accidente, en el que se incendió la unidad que conducía y él mismo resultó gravemente quemado en todo el cuerpo y su ropa se hizo cenizas, pero él mismo decía haberse salvado por milagro de la Virgen Juquila; ya que, a pesar de que toda su ropa fue consumida, por las llamas no así el escapulario con la imagen de la Virgen de Juquila que llevaba en el cuello.

Santuario de la Virgen de Juquila, Oaxaca, México.

Santuario de la Virgen de Juquila, Oaxaca, México.

La fiesta principal el honor de Nuestra Señora de Juquila se celebra el día 8 de diciembre. El pasado mes de abril, S.S. Francisco autorizó la coronación pontificia de la imagen de la Inmaculada Concepción de Juquila, la cual se llevará a cabo por manos del nuncio apostólico en México, Mons. Christophe Pierre, el próximo día 8 de octubre de 2014, para beneplácito de todo el pueblo católico mexicano.

André Efrén

Bibliografía:
– FREYRE, Gabriel, “La Compañía de María: iconografía célebre de México”, Tomo II, México, Apolo, primera edición, 2012.
– GARZA CHAPA, Rebeca, “María en México”, México, San Pablo, segunda edición, 2006.
– SCHNEIDES, Luis Mario, “Cristos, Santos y Vírgenes”, México, Planeta, primera edición, 1995.


[1] Este milagro es uno de los más comunes entre las leyendas de imágenes milagrosas, ya sea de imágenes de la Virgen o de Cristo, se cuentan por muchas las imágenes de las que se dice este mismo milagro, símbolo quizá para que los habitantes pensaran que eran los privilegiados y elegidos por la divinidad para resguardar aquella imagen tenida por milagrosa.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Concepción de la Gloriosa Virgen María

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego en el que se representa a San Joaquín y Santa Ana dándose el abrazo en la Puerta Áurea.

Icono ortodoxo griego en el que se representa a San Joaquín y Santa Ana dándose el abrazo en la Puerta Áurea.

En el artículo “María Santísima, Reina de todos los Santos (III)”, publicado el 18 de marzo del año 2011, escribimos sobre cómo era mencionada la Santísima Virgen en los evangelios apócrifos; y cuando hicimos mención al “Protoevangelio de Santiago” y al “Evangelio del nacimiento de María“, mencionamos la anunciación milagrosa de su nacimiento a sus padres Joaquín y Ana. Hoy, festividad de la Inmaculada Concepción, quiero relatar lo que sobre este hecho se escribe en dicho documento, aunque no lo haga de manera literal, remitiendo a quienes estén interesados a los links que publicamos en aquella fecha.

Los padres de María, “que vivían en Nazaret guardando piadosamente la ley de Moisés, siendo de edad muy avanzada, no tenían hijos. Joaquín, según la costumbre de la ley, realizaba ofrendas a Dios en el templo de Jerusalén. Un día, el Sumo Sacerdote Isacar, que estaba aceptando las ofrendas de una muchedumbre de personas, no quería aceptar los dones ofrecidos por Joaquín, diciéndole: “No es correcto aceptar tus dones como si se tratara de las ofrendas de un verdadero israelita, ya que vosotros no tenéis hijos, no habéis sido bendecidos por Dios, posiblemente como consecuencia de algún tipo de pecados”.

Golpeado por estas palabras del Sumo Sacerdote, como si realmente se tratara de un impresionante veredicto divino, este hombre justo no tuvo ni tiempo para retirarse del altar, pues uno de los hijos de Israel que también llevaba sus dones, lo apartó y le dijo: “Apártate de aquí, ¿no has oído que eres indigno de traer ofrendas a Dios junto con nosotros, porque no has dejado descendencia de Israel?”.

Joaquín, con profunda humildad, aceptando esta acusación como si fuera de la boca del mismo Dios y con profunda tristeza, salió del templo. Con el corazón dolorido, reconociéndose indigno no sólo de permanecer a la vista de la Casa de Dios, sino también para volver a su casa, se retiró al desierto, donde estaba pastando su ganado. Pasó cuarenta días ayunando y haciendo penitencia y entre lágrimas y oraciones imploraba al Señor que le perdonase todos sus pecados, a fin de eliminar su deshonra en Israel y para que Dios lo bendijese en su vejez con el nacimiento de un niño.

Icono ortodoxo griego donde aparece María como vara que sale del árbol de Jesé.

Icono ortodoxo griego donde aparece María como vara que sale del árbol de Jesé.

Una tristeza inefable golpeó también el corazón de Ana cuando ella se enteró de la desgracia ocurrida a su esposo ante el altar de Dios, delante de numerosos hijos de Israel en el día de la gran fiesta del Señor. Ella misma fue acusada por todos, que la culpaban de los pecados de todas las esposas israelitas, indignas de ver incluso la luz de Dios. Ella también se confinó en su habitación y ayunando y haciendo penitencia, entre suspiros y lágrimas, suplicaba al Señor tanto de día como de noche, implorando sobre todo por el bien de su esposo; y solicitando que se alejase de ellos la maldición de la esterilidad y que Dios les bendijera con un fruto en su vientre.

Estando sola en su jardín, bajo la sombra de un de laurel, Santa Ana vio un nido de pájaros y cómo la madre alimentaba a sus polluelos, que aún no volaban. Ella pensó que en la naturaleza todas las criaturas daban a luz, bendiciendo así al Señor: las aves del cielo, los animales del bosque e incluso los árboles dando frutos muy diversos, quedando ella sola privada de la felicidad y de las bendiciones de Dios. Y entonces, con más fervor aún, Santa Ana comenzó a orar y el Señor escuchó su llorosa plegaria. Oyó la voz de un ángel que le decía: “Dios te ha concedido el deseo de tu oración: concebirás y darás a luz a una hija santísima, ante cuya presencia todos se arrodillarán y bendecirán porque ella traerá la salvación del mundo; su nombre será María. Complacida por el anuncio celestial, Ana subió corriendo a Jerusalén para derramar ante el Señor todo su agradecimiento y toda la alegría que inundaba su corazón.

Al mismo tiempo, el mensajero celestial se reveló a Joaquín mientras éste estaba llorando y orando en el desierto y le hizo el mismo anuncio gozoso, confortándole con sus palabras y ordenándole que fuera a Jerusalén, adonde regresaría con su esposa. Ante las puertas del templo de Dios, los dos esposos se reunieron gozosos y con una sola voz glorificaban y agradecían una y otra vez al Señor Dios, prometiéndole consagrarle su prometida hija. Pronto, después de regresar a su hogar, los piadosos esposos vieron cumplida la promesa divina: Santa Ana concibió en su seno y “comenzó a crecer la vara divina, de la que brotó la flor misteriosa de Cristo, el Creador de todo”. Cumplidos los nueve meses, Ana parió una niña y dio gracias a Dios diciendo: “Mi alma se ha glorificado en este día”, acostó a la niña y transcurridos los días marcados por la Ley de Moisés, se lavó, dio el pecho a la niña y la llamó María. Pasados tres años y terminado el tiempo de la lactancia, llevaron a María al Templo para ofrecérsela a Dios.

Fresco ortodoxo griego en el que se representa a María en brazos de sus padres.

Fresco ortodoxo griego en el que se representa a María en brazos de sus padres.

Este día, 8 de diciembre, conmemoramos la concepción inmaculada de la siempre Virgen María; hoy es un día de alegría para la Santa Iglesia, pero también es un día de alegría que celebran todos los coros celestiales, los patriarcas y profetas, los antepasados de Joaquín y de Ana que vieron como de su descendencia florecería un retoño en el árbol (vara) de Jesé: “Saldrá un vástago del tronco de Jesé y de sus raíces, brotará un retoño” (Isaías, 11, 1). San Jerónimo a ese árbol de Jesé le llama “virga”, que significa “vara”, pero que también significa “virgen”, con lo que de ese árbol sale una vara (que sería la Virgen) y de la vara sale un retoño (que es Jesús).

Nosotros, los católicos, decimos que esta concepción de la Santísima Virgen fue inmaculada, o sea, libre del pecado original; mientras que los ortodoxos dicen que fue una concepción gloriosa, maravillosa, pues sus padres eran estériles, pero una concepción sujeta a todas las leyes de la naturaleza humana, luego no inmaculada; y que María queda limpia de todo pecado cuando ella concibe al Hijo de Dios.

Pongo a continuación el texto de un himno del siglo IV (Tota pulcra), en la que se dice ya expresamente que “en ti no hay mancha original”:

Tota pulcra es Maria, et macula originalis non est in te.
Tu gloria Ierusalem. Tu laetitia Israel.
Tu honorificentia populi nostri. Tu advocata peccatorum.
O Maria, Virgo prudentíssima, Mater clementissima: Ora pro nobis.
Intercede pro nobis ad Dominum Iesum Christum.

Antonio Barrero

Enlaces consultados (25/10/2013):
http://escrituras.tripod.com/Textos/ProtEvSantiago.htm
http://escrituras.tripod.com/Textos/EvNatMaria.htm
http://transfig.orthodoxws.com/files/Bulgakov/0450.pdf

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