Santa Inocencia en Guadalajara (México)

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Una devota contempla la figura que guarda los restos de la Santa. Catedral de Guadalajara, México.

Creo haber dicho ya que el tema de los corposantos es simplemente fascinante, y una vez te metes en él, cuesta dejarlo. Esta vez le toca el turno a Santa Inocencia, cuyos restos se veneran en la Catedral de Guadalajara (México). Primero habría que ver lo que los lugareños dicen acerca de esta ilustre y venerada inquilina.

Hay dos versiones: una de ellas habla de una chica romana torturada y asesinada por legionarios romanos, o por su propio padre, por el hecho de haberse convertido al cristianismo. Ocultado el cuerpo, éste permaneció incorrupto y después fue embalsamado y enterrado en las catacumbas. En el siglo XVIII fue “comprado al Vaticano” (??) como dicen algunos testimonios por un obispo mexicano y desde 1925 se encuentra en la catedral de Guadalajara. Esta versión, como veremos, es la más creíble, pero tampoco exacta.

Sin embargo, la versión más popular es la que dice que se trataba de una niña mexicana que quería hacer la Primera Comunión como sus compañeras de colegio y su padre se lo había prohibido terminantemente. Cuando ella, invitada por las religiosas de su colegio, se instruyó en el catecismo y tomó la comunión por su cuenta, fue inmediatamente asesinada por su padre. Los lugareños tomaron su cuerpo y lo devolvieron a la catedral donde, supuestamente, acababa de recibir la Primera Comunión. Desde entonces recibe gran veneración y la gente se agolpa para pedirle favores, tiene fama de milagrosa.

Otra vista de la figura yacente de la Santa. Catedral de Guadalajara, México.

Observando la figura que se venera allí, no es difícil afirmar que tal versión es un absurdo absoluto. Gracias a la observación y a precisiones realizadas por nuestro amigo Humberto Haro, podemos afirmar que la osamenta se trata, con toda seguridad, de un corposanto extraído de las catacumbas de Santa Ciríaca en Roma, y llegado de Europa a instancias del canónico Vicente Flores Alatorre en 1786. Su primer destino fue el convento de Santa Mónica de Guadalajara (México), pero, por los devenires políticos de la nación, pasaron por la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores y finalmente a la catedral, donde han quedado.

El hecho de que a alguien se le ocurriese vestirla con un traje de comunión provocó que la imaginación popular inventara esa disparatada historia de la comulganta mártir. Por otra parte, ni está incorrupta ni está embalsamada: se ve claramente que es una figura, que ni siquiera parece cera, sino que a juzgar por los desconchados de la máscara, de algún material como yeso o papel maché. No contentos con ello, los lugareños también afirman que tienen que cortarle el pelo y las uñas continuamente, porque le crecen solos, otro absurdo fantástico que comparten con muchos otros devotos de corposantos locales. El cabello es claramente una peluca y en cuanto a las uñas… en fin para qué comentar.

Hablando con propiedad, tan sólo las manos, esqueléticas, que están a la vista, y la caja de tierra con sangre, revelan que se trata de una mártir de las catacumbas. Y es que en realidad, no hay más reliquias presentes que ésas: las manos y la sangre.

Otra vista de la urna de la Santa. Catedral de Guadalajara, México.

El nombre de Inocencia, por otra parte, se atribuye a muchas otras mártires de las catacumbas, como las veneradas en Longobardi y Agnona di Borgosesia (Italia), otra en Chasne-sur-Illet (Francia), por no hablar de la más conocida de todas, Santa Inocencia de Rímini (16 de septiembre), que no es corposanto sino que consta con culto antiguo y leyenda propias (me extraña que no le haya sido aplicada a ningún corposanto homónimo), y cuyas reliquias se veneran en Rímini. Y al menos, aún existe otra Santa Inocencia, que se venera en Rávena, y con la que hay controversia respecto a la de Rímini, por no saber si es la misma o si se trata de otra.

Otro ejemplo más del sorprendente desconocimiento popular que hay respecto al tema de los corposantos o mártires de las catacumbas. En general, todos estos ejemplos vienen adoleciendo de las siguientes creencias populares, todas erróneas:
1.- Mi “San Mengano” es el único “San Mengano” que existe, luego es el del calendario, luego le coloco la historia de ese santo y me quedo tan pancho. Si esto falla, me invento una historia personal de “San Mengano”.
2.- Si me entero que hay otro “San Mengano”, sin duda ése es falso y el de mi pueblo el verdadero, luego, ¡a la hoguera con el impostor y con los que lo veneran!
3.- A mi “San Mengano” le crecen las uñas, la barba, el pelo, y se lo tenemos que cortar constantemente, y eso no le pasa a ningún otro. Segurísimo.
4.- Mi “San Mengano” está incorrupto. Claramente. Aun cuando vea que es una figura de cera o de yeso. Tiene que estarlo. Si no, ¿para qué está ahí?

Otra vista de la figura yacente. Las reliquias que se exponen son únicamente las manos y la sangre de la mártir. Catedral de Guadalajara, México.

Acaso, si las respectivas diócesis o iglesias locales pusiesen al alcance de los fieles la información pertinente acerca de la obtención y traslación de estos antiguos restos, y de la verdadera naturaleza de éstos, se corregiría esta tendencia observable hasta nuestros días. No deja de ser un tema complicado que debió haberse gestionado mejor en sus días, pero nunca es tarde para corregir los errores del pasado.

ADDENDA. Gracias a la contribución de nuestra compañera y colaboradora Montserrat Báez, hemos logrado ver el contenido de las estampas que están a la venta en la sacristía de este templo y que cualquier devoto puede adquirir desde hace mucho tiempo:

“Santa Inocencia fue una doncella romana que sufrió el martirio en una de las primeras persecuciones contra la Iglesia Católica. (sic) La reliquia de esta santa se encuentra en Catedral, se sacó del cementerio de santa Ciriaca en Roma, en el año de 1786. Fue adquirida por el sr. Presbítero don Manuel Flores Alatorre, quien vivía entonces en Roma.
Fue certificada la autenticidad de la reliquia, el 14 de julio de 1786, por el secretario del prefecto de Sagrario Apostólico, sr. don Jacobo Bonfigliolo, el P. Flores Alatorre mandó la reliquia a su hermano, don Vicente Flores Alatorre, canónigo maestrescuelas de la Catedral de Guadalajara.
La reliquia se recibió en esta ciudad el 8 de mayo de 1788, certificando su autenticidad el Imo. sr. obispo don fray Antonio Alcalde con sus notarios.
El canónigo Alatorre regaló la reliquia a las religiosas agustinas de santa Mónica de esta misma ciudad. Se recibió en el convento el 10 de diciembre de 1788. Al ser exclaustradas las religiosas agustinas de santa Mónica, su convento quedó abandonado. Al ser privado el Seminario Diocesano de su casa, se obtuvo que ocupara el abandonado convento de santa Mónica, esto sucedió en 1869.
El Seminario encontró la reliquia de santa Inocencia en el templo de santa Mónica, que utilizó como capilla durante cuarenta y seis años. Al ser arrojado el Seminario de la casa de santa Mónica, se refugió en el edificio contiguo al templo de san Sebastián de Analco en 1915, allá se llevaron la reliquia.
En 1924 el Seminario fue sacado de san Sebastián. En esa circunstancia el exmo. arzobispo Francisco Orozco y Jiménez dispuso que la reliquia de santa Inocencia pasara a la Catedral en 1925″
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Como se puede ver, información fidedigna y acertada sobre los orígenes y auténtica naturaleza de los restos de esta mártir de las catacumbas siempre ha estado disponible para los fieles, por lo que no se explica ni se justifica la invención de tantos cuentos infundados sobre ella.

Meldelen

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