Santos Isidro y María de la Cabeza, esposos

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Conjunto escultórico de los Santos, obra de Juan Pascual Mena. Portada de la Colegiata de San Isidro, Madrid (España).

Isidro nació en el año 1082, en tiempos del rey Alfonso VI de Castilla, en la aldea castellana de Mayoritum, la actual ciudad de Madrid. Fue bautizado en la parroquia de San Andrés, que era la más antigua de la aldea, lo que quiere decir que es también la más antigua de Madrid y le pusieron de nombre Isidro, que es apócope de Isidoro.

Su familia era extremadamente pobre, por lo que siendo aún muy niño tuvo que ir a trabajar al campo. Cuando fue canonizado, el Papa Gregorio XV dijo: “Aun siendo niño, nunca salió al trabajo sin antes ir a la iglesia para asistir a la Santa Misa, aun a pesar de que su jornada era agotadora y a veces tenía que estar todo el día en ayunas”.
Quedó huérfano muy joven y fue acogido por un hombre de nombre Vera; Isidro, con su trabajo, conquistó muy pronto su admiración -aunque también la envidia- de sus compañeros, que lo veían como un adversario y advenedizo, siempre dedicado al trabajo y a la oración. Isidro, sin embargo, nunca se alteraba y siempre perdonaba y olvidaba los desaires y menosprecios de sus compañeros de trabajo.

En el año 1086 los almorávides arribaron a Algeciras y en su conquista por la península llegaron hasta las cercanías de Madrid; Isidro tuvo que marchar a Torrelaguna donde tenía unos parientes lejanos. Allí se pone a trabajar en las tierras de un rico propietario destacándose por su alto rendimiento, laboriosidad, honradez y discreción aunque sólo recibía un salario en especies. De nuevo atrajo la envidia de sus compañeros.

El salario que recibía en especie -el “pegujal”– él lo trabaja, le produce mucho grano y consigue que también el amo sienta envidia de él, pero Isidro, que no quería ningún tipo de problemas con nadie, le dice: “Tomad señor todo el grano, que yo me quedo con la paja”; esa actitud hace que en más de una ocasión se multiplicase milagrosamente el grano.

El milagro del pozo. Lienzo de Alonso Cano (1648). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

En Torrelaguna conoce a una aldeana llamada María Toribia, que aunque vivía en aquella villa, había nacido en Úbeda, aunque no se sabe en qué fecha; y como ella era también una cristiana recia, amante del trabajo y asidua en la oración, se casan y así, María Toribia (Santa María de la Cabeza) se convierte en su esposa.
Tienen un hijo al que ponen el nombre de Illán (San Illán), el cual siendo aun niño cayó a un pozo y estuvo a punto de ahogarse. Se libró gracias a las oraciones de sus padres que consiguieron que subiese el nivel del agua en el pozo y pudieron rescatar al niño flotando en la superficie. A raíz de este hecho milagroso, Isidro y María deciden consagrarse a Dios: María se va a vivir a una ermita solitaria e Isidro se queda solo, permaneciendo ambos así hasta casi sus últimos años.

En el año 1118 Alfonso I el Batallador conquista Zaragoza, que estaba en manos de los almorávides e Isidro y María se trasladan nuevamente a Madrid aunque no se conoce la fecha exacta de este traslado. Conocen a un rico terrateniente llamado Juan de Vargas, que les da trabajo y que con el paso del tiempo lo pone al mando de sus tierras por ser el bracero en el que más confiaba.
Pero nuevamente la envidia corroe a sus compañeros y esto hace dudar a Juan de Vargas, el cual, movido por la curiosidad y la desconfianza, vigila a Isidro y comprueba que mientras él está absorto en la oración, unos ángeles le hacen su trabajo arando con los bueyes. La cosa se calma e Isidro todos los días, al volver del campo, se dirigía a él preguntándole: “Señor amo, ¿adónde hay que ir mañana?”

Todas las mañanas iba a la Almudena o a Atocha a asistir a Misa y posteriormente se marchaba a trabajar bien a las colinas de Carabanchel, a Getafe, a Móstoles o a las riberas del Jarama o del Manzanares. Aunque nunca fue monje, era un simple seglar y tenía bien marcado en su mente y en su corazón el “Ora et Labora” de San Benito. Y así lo cantan los versos de Calderón de la Barca, el Maestro Espinal, Lope de Vega y Guillén de Castro.

Imágenes procesionales de los Santos. Colegiata de San Isidro, Madrid (España).

María, su esposa, murió en el año 1175 y fue sepultada en la ermita de Santa María, cercana al río Jarama. Allí permaneció hasta que en el año 1596 fue descubierto su cuerpo. Anteriormente, Isidro, con casi noventa años de edad, había muerto el día 30 de noviembre del año 1172, siendo sepultado en el cementerio de San Andrés. Cuarenta años más tarde, en 1212, se descubrió su cuerpo. El pueblo los veneró desde un primer momento.

Hemos dicho que Isidro y María tuvieron un hijo al que llamaron Illán y que también es venerado popularmente como santo agricultor. De este hijo se sabe muy poco; sólo que cuando María se retiró como ermitaña, Illán se quedó a vivir con su padre y que cuando éste murió, estuvo trabajando en el campo en las aldeas de Bolobras, la Aldehuela e Illán de Vacas estando al servicio del mismo patrón que contrató a su padre. Finalmente, al igual que había hecho su madre, se retiró como ermitaño en la ermita de Nuestra Señora de la Antigua y cuando murió, allí lo sepultaron. Se le atribuye el milagro de haber salvado a dos niños de morir ahogados en el río Tajo. Está sepultado en una ermita dedicada a su nombre en la localidad de Cebolla (Toledo) y su fiesta se celebra el día 16 de mayo.

En el año 1563 los delegados enviados por el Papa abrieron el sepulcro de San Isidro y se encontraron el cadáver incorrupto. El rey Felipe III cayó enfermo, se curó por intercesión del santo y solicitó su beatificación a Roma, cosa que hizo el Papa Paulo V el día 24 de junio del año 1619. Tres años más tarde, o sea, el 13 de mayo del 1622 fue canonizado por el Papa Gregorio XV junto con Santa Teresa de Ávila, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y San Felipe Neri.

El proceso de beatificación de María de la Cabeza se inició el año 1615 y el Decreto de confirmación de su culto es del 7 de agosto de 1697. El Papa Inocencio XII la canonizó en el año 1752. Ambos están sepultados en el altar mayor de la Catedral de San Isidro de Madrid desde los tiempos de Carlos III.
Es el patrono de Madrid desde el año 1212. Se cuenta que el día 12 de julio del año 1212, cuando el rey Alfonso VIII guerreaba contra los musulmanes en la famosa batalla de las Navas de Tolosa, se le apareció en forma de pastor insinuándole qué tenía que hacer para ganar dicha batalla.

Sepulcro de los Santos. Colegiata de San Isidro, Madrid (España).

El Papa San Juan XXIII, con la Bula “Agri culturam” del día 16 de diciembre del año 1960, lo nombró patrono de los agricultores y de los campesinos españoles.
Su fiesta se celebra el día 15 de mayo y la de su esposa, el día 9 de septiembre.

Antonio Barrero

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