Siervo de Dios Ismael de Tomelloso

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del Siervo de Dios.

El 5 de mayo de 1938 fallecía aquejado de tuberculosis en el Hospital Clínico de Zaragoza un joven miliciano preso, de 21 años; se llamaba Ismael Molinero Novillo. ¿Un miliciano camino de los altares? ¿Cuál es su historia?
El Siervo de Dios Ismael Molinero Novillo nació en Tomelloso (Ciudad Real) el 1 de mayo de 1917. Sus padres se llamaban Francisco Antonio y Ángela María Francisca, siendo el quinto de once hermanos, de los que sobrevivieron ocho.
El 6 de mayo recibió el bautismo de manos del párroco Don Vicente Borrell Dolz (martirizado el 16 de agosto de 1936) en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora.

De los primeros años de su vida es escasa la información que se tiene. Se sabe que su madre, que era mujer piadosa le enseñó las primeras oraciones. A los seis años lo llevaron al colegio de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul y Santa Luisa de Marillac, y allí bajo la mirada de la Virgen de la Medalla Milagrosa aprendió a escribir y leer. Recibió la primera Comunión el día del Corpus Christi del año 1925, a los ocho años, y fue confirmado por el Obispo Prior Don Narciso Estenaga y Echevarria (martirizado el día 22 de agosto de 1936).

A los diez años continuó los estudios en la escuela de Don Félix Pavón, quien decía de Ismael que era un buen estudiante, muy inteligente y trabajador, y lo premió varias veces por aplicación y puntualidad. La Superiora del Asilo de Tomelloso, de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados también cuenta, que a partir de esa edad, Ismael venia acompañando a su madre a visitar a los ancianos, y el domingo, después de la misa, se quedaban ayudando a las Hermanas a cuidarles, darles la comida y algún rato de conversación. En la escuela de Don Félix estuvo hasta los catorce años, pues los padres lo sacaron para que trabajara como dependiente de comercio en la tienda de Claudio Moraleda y traer algún ingreso a la maltrecha economía de la numerosa familia.

Cuando empezó a trabajar cambio las amistades del colegio por otras nuevas y, como su carácter era abierto, alegre y simpático, no encontraba freno ante el afán de vivir, Ismael se convirtió en imprescindible en todas las juergas y fiestas que había en Tomelloso. Además era experto en tocar la guitarra, el laúd y la bandurria, y demostraba una gran habilidad y estilo para bailar en la calle, en la plaza o en los salones, donde descansaba amenizando las reuniones cantando canciones, contando chistes, recitando poesías e inventándose ocurrencias para hacer reír.

Grupo de músicos donde tocaba el Siervo de Dios (cuarto empezando por la izquierda, de pie).

La pandilla que frecuentaba con mas asiduidad eran la del “Tito” y el “Canuto”,que tenían fama de “calaveras” y no eran las compañías mas adecuadas para un chico de catorce años que acababa de salir de la escuela. No se caracterizaba por ser un muchacho religioso, que visitara la Iglesia, salvo los domingos porque sabía que lo vigilaba de cerca su madre, y cada día estaba también mas alejado.

Con lo inquieto que era no tardó en dejar el comercio de Claudio Moraleda y se fue a trabajar a otro, pero tampoco estuvo mucho tiempo. Se abrió entonces en Tomelloso un establecimiento de “Tejidos y Novedades” con el nombre de “El Siglo”, cuyos propietarios fundadores, Juan Pérez Palomares y Elías Montero Ruiz, conocían las facultades comerciales del joven Ismael, y le ofrecieron que trabajara en el nuevo comercio, lo que aceptó encantado.

Ismael se reveló como un artista consumado para la decoración de los escaparates, montándolos con fantasía y buen gusto. Los cambiaba con frecuencia, adornándolos con los más variados motivos y aprovechaba las vísperas de las fiestas para hacer la presentación de los artículos recién llegados para su promoción y venta. Su hermano Luís dice que estaba muy reconocido por sus jefes y compañeros que lo tenían como un genio en la materia. Hizo verdaderos alardes de fantasía. Recuerda el escaparate que preparó para la fiesta de Reyes, cuando vistió como Rey Baltasar a un gitano que medía dos metros de altura, conocido en Tomelloso con el apodo del “Varal”. Lo convirtió en un verdadero mago, le puso un cartel en la mano que decía:”Escribid vuestras cartas a los Reyes Magos y depositadlas en el buzón de nuestro Baltasar”. Con aquella llamada, una concurrencia enorme visitó el comercio, y la venta en aquella ocasión fue más elevada que otros años. Sus jefes muy agradecidos le hicieron un generoso obsequio en metálico.

Fotografía del Siervo de Dios (a la derecha).

Ismael triunfaba en el comercio, en los bailes, en las pandillas de amigos y cada vez se preocupaba menos de las cosas de la Iglesia. No es que tuviera prevención o fuera contrario a la religión, pero le faltaba cultivo, no se acercaba a la confesión, y sufrió una alegre e irreflexiva actitud a la vera de sus amigos de pandilla. Esta actitud alejó de Ismael a otros buenos amigos que querían acercarse a el, pero seguía una vida mas fácil, cómoda y rodeado de la admiración que le tributaban los jóvenes de su pandilla.

En el año 1933, un muchacho algo mayor que Ismael: Miguel Montañés Rodero, que lo conocía bien porque eran vecinos, le invitó a visitar el Centro de Acción Católica del que era presidente, con la idea de que conociera al sacerdote Consiliario Don Bernardo Huertas Molina, que había fundado la Juventud de Acción Católica en Tomelloso. Había apreciado las buenas cualidades de Ismael y, sobre todo, su trato con las personas, y supo buscar sus habilidades y aficiones personales cuando le hablaba de que en el Centro hacían ejercicio de declamación en los ratos libres y allí podía dar muestras de sus habilidad al recitar poesías y enseñar a otros a hacerlo, tocar la guitarra, el laúd o la bandurria.

Ismael aceptó en principio, a regañadientes, pero pronto le surgieron las dudas inmediatas hasta sobre el mismo cura con el que tenia que hablar. Alguna vez iba invitado por Miguel, que le insistía, a los círculos de estudio, y prestaba atención a los consejos que recibía, pero se debatía en un mar de dudas y siempre acababa reconociendo, a modo de justificación, la escasa educación cristiana que tenia, y la poca que decía tener la escondía tras una capa de indiferencia religiosa que se alimentaba por el ambiente contrario a la religión que se vivía en aquellos años. Poco a poco, en aquellos pequeños esfuerzos que hacia para ver al cura y asistir a los círculos, fue comprendiendo que su vida alejada de Dios era menos feliz que junto a El. Comparaba a los amigos que frecuentaba con los que encontraba en el Centro. Y así, fue renunciando a ciertas cosas del mundo que se había creado alrededor suyo. Empezó frecuentando la confesión con el Consiliario y lo tomo como Director Espiritual con el propósito de ir mejorando su vida.

Biografia del Siervo de Dios por el Padre Florentino del Valle.

El año 1934 Ismael dio la respuesta afirmativa a la llamada, un si esperanzado y fecundo. Se había producido el nuevo nacimiento de Ismael cuando tenía 17 años. Se estaba produciendo un cambio importante en la vida de Ismael, pues solo hablaba y vivía para acercar almas a Cristo, pero sentía la llamada del Señor al silencio y al ejemplo más que a las palabras, por eso, en cierta ocasión un amigo le habló sobre su comportamiento y el le contesto con humildad lo que venia diciendo a todos:

“Como yo no sé hablar y tengo poca inteligencia, no sé decirle a nadie cosas buenas y de religión; por eso quiero dar ejemplo de vida”.

No es que en adelante se propusiese ser estampa de devocionario o estatuita de escaparate, brazos cruzados y cabeza ladeada, no; sino que, con entereza, se proponía cumplir como el mejor, siendo útil dentro de la Acción Católica.

El arte de su amor con los pobres lo desarrollo en el Hospital-Asilo de ancianos, que solía visitar con su madre desde la infancia y, posteriormente les invitaba a visitarlo Don Bernabé. Había una anciana llorona, que se alimentaba de penas y apenas probaba bocado. Allí estaba, en una esquina de la mesa del comedor; hosca, esquiva, cerrada en un mutismo inabordable. Hacia ella se dirigió Ismael con preferencia, se sentaba a su lado, y primero con chirigotas y chistes que siempre traía a flor de labio, luego con mimos en el hacerle el plato, en buscarle el bocado mejor, en llenarle la cuchara y ponérsela en la mano, mientras con cariño y con engaño, como a un infante caprichoso, se la llevaba hacia la boca, iba secando poco a poco aquel manantial de lágrimas.

Algún día al terminar la comida, indagando sus amigos el paradero de Ismael, lo encontraron en la cocina, armado de un delantal y unos manguitos, fregando las escudillas y las ollas con una gracia y un aire tan desenvuelto, que parecía hallarse en sus glorias.

“Como tenia un temperamento comunicativo y hasta travieso que hacia mas agradable su virtud -continua la Superiora- era también el protagonista de las diversiones de aquellos pobres abandonados del mundo, a los que alegraba con sus felices ocurrencias y travesuras. Unos domingos eran historietas bien contadas, otros eran declamaciones de poesías en que resultaba maestro, otras canto y baile de jotas manchegas entre las ancianas”. El era el que cantaba y tocaba la guitarra: si alguno le suplía en el canto y sobre todo cuando mas tarde se hizo con un gramófono, el sacaba a bailar a la anciana mas animosa, con lo que aumentaba la algazara de aquella población infantil en sus muchos años y ya en el ocaso de la vida. “Ismael, ¿no tienes novia, que no la acompañas los domingos?”, le preguntaban. “Si, esta es;¡mírenla que salerosa y que bien baila!”

Vista de una estampa actual para pedir la intercesión del Siervo de Dios.

A Ismael le entusiasmaban los rasgos heroicos de los Santos y los quería imitar para estar mas cerca de Dios, por eso preguntaba: “Dime cosas de mis Santos”, solía decir a Pedro, poniendo interés en que estos fueran San Luís Gonzaga, San Francisco Javier o San Juan de Dios. Hallaba gusto especial en oír contar de ellos los hechos sublimes y heroicos de caridad. Sobre la cama de su alcoba había un cuadro, cuyo marco hizo y labró representando a San Luís Gonzaga con un apestado sobre sus hombros, por los tiempos dolorosos de Roma, en que se vio castigado con el mal de la peste. Admiraba al “loco de Granada” cargando con los enfermos y cadáveres para llevarlos a su Hospital. Por eso tenia ciertas simpatías por los Religioso y la vida de esta Orden gloriosa. ¿Sonó con verse de Hermano Hospitalario, prodigando su caridad junto al lecho de los enfermos? Parece ser que si.

En 1935 realiza unos ejercicios espirituales en Ciudad Real que le ayudaron profundamente; desgraciadamente el 18 de julio del año siguiente estallaba la guerra civil en España. Un día que Ismael asistía con Montañés y Pedro a la Santa Misa que a ocultas se celebraba en el Asilo fueron sorprendidos por los milicianos y conducidos a los calabozos del Ayuntamiento, pasaron solo medio día, siendo puestos en libertad no sin antes exigirles a uno de ellos una elevadísima multa, a partir de entonces empezó la reclusión de Ismael en su propia casa.

El día 26 de julio unos cuantos incendiarios extraños al pueblo, ayudados por algún elemento envenenado y malcontento de dentro, sacaron a la plaza Mayor las imágenes de la iglesia parroquial y, haciendo una gran hoguera las quemaron junto con otros objetos de arte y devoción. Un día se presentaron los milicianos y se lo llevaron preso, mas por ruegos y conocimientos de su padre le pusieron de nuevo en libertad. Otro día se presentaron pidiéndole al padre (herrero de profesión) una herramienta para forzar la puerta de la ermita de San Francisco, con intención de quemar las imágenes. En cuanto Ismael oyó aquellas palabras salió de su escondite y le dijo a su padre que no se las diera. Aquella actitud decidida y valiente provocó un intercambio de palabras fuertes que hizo retirarse a los milicianos, no sin antes advertirle que sabían quien era y aquello lo iba a pagar caro antes de lo que esperaba. El padre de Ismael, sabiendo que los milicianos no amenazaban en balde decidió llevárselo fuera de Tomelloso, a un caserío próximo a las Lagunas de Ruidera. Ismael estuvo oculto mes y medio en el caserío hasta que regresaron a mediados de septiembre.

La guerra civil se prolongaba y las noticias que llegaban no eran nada buenas. El 18 de septiembre de 1937 es movilizada la quinta de 38 conocida como “la quinta del biberón”, por ser la mas joven, y como Tomelloso estaba en zona republicana, Ismael se incorporó al ejercito popular. Su despedida fue muy emocionante, se presentó en casa de Miguel Montañés y pidió una medalla de la Virgen Milagrosa; allí se hospedaban dos de las Hermanas de la Caridad y el mismo se cosió la medalla entre las telas de su chaleco. Se despidió de algunos amigos con esta frase: “Hasta que termine la guerra o hasta el cielo…¡Adiós!”

Biografia del Siervo de Dios por Alberto Martin de Bernardo.

En el mes de diciembre es llevado al frente, en la batalla de Teruel conocida como “Batalla del Alfambra”. En febrero Ismael era hecho prisionero; durante la batalla tiró el fusil, se quedo de pie y apretó entre sus manos la medalla de la Virgen Milagrosa, le cogieron prisionero y le trataron con dignidad. Los prisioneros fueron conducidos a pie hasta San Eulalia del Campo, sede del cuartel general del ejército. Allí permaneció Ismael desde el 7 de febrero con los que lograron sobrevivir a la batalla y a la congelación, hasta el día 14 que fue trasladado al Campo de Concentración de San Gregorio en san Juan de Mozarrifar, en Zaragoza.

Cuando se procedió a hacer la ficha, Ismael vio que unos quedaban libres por disculpas y méritos, y los que callaban se consideraban malos y sospechosos. Podría haber hecho valer su condición de tesorero de Acción católica de Tomelloso para quedar libre y decidió guardar silencio. Allí mismo había un capitán de su pueblo, pero el decidió ocultarse y no buscar su protección.

La salud de Ismael se fue minando hasta que el día 18 de marzo se dirigió al capellán Ignacio Bruna, que visitaba diariamente a los presos, consolando a los tristes o bien ayudando a bien morir a los que terminaban en la enfermería. “Padre, hace mucho tiempo que estoy aquí. Cuando usted entraba a visitarnos sentía una emoción grandísima y cuando usted salía, me entristecía muchísimo; pero yo quería sufrir por Dios y por España, y comprendía que si usted me conocía, me quitaría esa ocasión o por lo menos mitigaría mi dolor. Ahora que me siento grave y usted nada puede hacer por mi, ya no importa. La conversación con el capellán en la que confesó toda su historia fue una liberación para Ismael, poco después por recomendación del médico del campo, decidieron trasladarlo al Hospital Clínico de Zaragoza. Tenía los pulmones con reblandecimiento por necrosis caseosa y descomposición, que eliminaba con vómitos frecuentes. Don Ignacio, triste, escribió una carta de recomendación para el capellán del Clínico.

La tarde del 18 de marzo llegaba al Hospital Clínico, siendo trasladado a la sala de prisioneros infecciosos, al día siguiente conoció a una jovencísima enfermera, miembro de Acción Católica: Aurora Álvarez, evadida de la Barcelona roja que prestaba sus servicios allí. Aurora nada mas verlo ya quedó extrañada pues presentía que ese prisionero no era como los otros, no hablarían hasta el siguiente día, y entonces le contestaría a todas las curiosas preguntas que le hacia la joven enfermera. A pesar de lo delicado de su estado todavía recibió algunas alegrías durante su etapa final en el hospital. Recibió la visita de jóvenes miembros de Acción Católica de Zaragoza y un paisano suyo con el que realizó ejercicios espirituales pasó por allí. El día 1 de mayo cumplía 21 años, a partir de se día su estado fue ya completamente a peor.

En una de esas últimas ocasiones dijo: “Quiero que cuando muera, me amortajen con la sotana de la Compañía de Jesús”. “¡Vaya ocurrencia! ¿Y por que con la sotana jesuita?”-le preguntó Aurora. “Si, porque yo tenia deseo de ser de la Compañía y ya que no he podido ser, por lo menos que me entierren vestido como uno de ellos, como murió San Luís Gonzaga“. El día 5 de mayo comulgó fervorosamente, y en la acción de gracias se despidió de Jesús hasta pronto. Se sentía acabar.

Recibió la Extremaunción con pleno conocimiento. Con voz débil, alternada con la respiración acompañada de gemidos dolorosos, contestó a las frases del ritual. La enfermera Aurora que tanto lo cuidó y ayudó, aquel día no pudo asistirlo en sus últimos momentos pues había quedado en casa por enfermedad. El capellán le dijo algunas jaculatorias que Ismael repetía, mas con la mente que con los labios. Con todo, hasta ultima hora y con voz apenas perceptible, salían de sus labios resecos: “¡Madre mía del Pilar, sálvame! ¡Dios mío, misericordia! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos…” Y expiro.

Primera tumba del Siervo de Dios en Torrero, Zaragoza (España).

El día 5 de mayo de 1938, a las diez de la noche este ángel de pureza y de santidad se unía al número de Bienaventurados. El día 6 por la mañana llego Aurora y fue informada de la muerte de Ismael. En el depósito lo encontró vestido con el uniforme caqui de soldado, en su rostro había una gran paz y parecía sonreír levemente. Aurora le cerró los ojos y le cruzó las manos con dificultad sobre el pecho en un gesto piadoso, luego rezó una breve oración.

Luego se dirigió al capellán y ambos fueron a ver al Comandante Jefe del Hospital para pedirle permiso para llevarlo al cementerio de la ciudad, a lo que no mostró reparo alguno, siempre que corrieran con los gastos de entierro, que ascendían a 500 pesetas, cantidad tan alta que no disponían de ella. Encontraron por fin, almas caritativas que les prestaron el dinero para comprar la sepultura y una caja de madera. A las cinco de la tarde, Aurora y Doña Pilar (miembro de Acción Católica en Zaragoza y que se encariño de Ismael en el Hospital) fueron al cementerio de Torrero, formando el único duelo del difunto. Años más tarde la madre de Ismael viajó a Zaragoza para visitar su tumba. “¡Que hermoso me lo han puesto!” Falleció justo en el viaje de regreso, en una pensión de Madrid.

El 13 de Mayo de 1950, festividad de la Virgen de Fátima, los restos de Ismael fueron trasladados a Tomelloso. En 1947 al Papa Pío XII le daban a conocer las vidas de María Rosa de la Vega y de Ismael Molinero. El Santo padre lloró al acabar de leerle unos fragmentos de las vidas de estos dos jóvenes. “¡Es un héroe! ¡Esto es sublime! ¡Los dos son unos héroes!” Aunque la figura de Ismael de Tomelloso, conocido así por los jóvenes de Acción Católica de Zaragoza despertó un gran interés en la década de los 40 y 50, luego parece ser que se silenció por completo durante más de cuatro décadas.

En 2004 Monseñor Antonio Algora Hernando, Obispo prior de Ciudad Real dijo que no podía iniciar el proceso de canonización de Ismael si no había una demanda, devoción e interés popular para empezar a estudiar las circunstancias de su vida. A finales del 2007 fue enviada la petición del “Nihil Obstat” a la Santa Sede. El día 14 de marzo de 2008, fiesta “adelantada” de Santa Luisa de Marillac se recibía una llamada de teléfono desde Roma dando inicio al proceso de beatificación y canonización del Siervo de Dios.

Resumo algunas de las frases más populares de Ismael.
“Cuántos serían santos si en su camino se encontraran otros santos”
“Soy de Dios y para Dios; si muero seré totalmente de Dios en el cielo, y si no muero…¡quiero ser sacerdote!

La fuente utilizada ha sido el libro de Blas Camacho Zancada: Ismael de Tomelloso “In Silentio…” Ediciones Soubriet, 2010.

Abel

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