Beato Jacobo de Vorágine, arzobispo dominico de Génova

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El Beato intercede en una disputa armada. Conjunto escultórico de 1930, iglesia de la Natividad de la Virgen, Varazze (Italia).

Pregunta: La Leyenda Áurea es una obra famosa porque en la Edad Media recopiló mucha información sobre las vidas de los santos que estaba muy dispersa y lo hizo en una obra donde fuese encontrado lo que se buscase. De todos modos he oído muchas críticas sobre ella y lo que no se es absolutamente nada sobre quien la escribió. Les agradecería me dijeran algo. Muchas gracias y ánimo porque ese blog es muy bueno. México.

Respuesta: Con muchísimo gusto te diremos algo sobre esa obra, pero especialmente sobre el Beato Jacobo de Varesse que fue quién la escribió. Hablando de su biografía hablaremos también de su obra. Muchas gracias por tu amabilidad y entremos en materia.

Las investigaciones del genovés Giovanni Monleone ha acreditado fehacientemente lo que ya manifestaban con anterioridad otros insignes historiadores: el autor de la “Leyenda Áurea” pertenecía a la familia genovesa De Varagine (o De Vorágine), que era originaria de Varazze. Sin embargo, el dominico Juan Borzino dice que pertenecía a la familia Fazio. El mismo, en una de sus obras (Chronica Civitatis Ianuensis) escribe su autobiografía, hablando de su infancia: Cuando fue testigo de un eclipse solar en el año 1239, cuando en el año 1244 el Papa Inocencio IV fue recibido fastuosamente en su ciudad natal coincidiendo este acontecimiento con su entrada en la Orden de Predicadores o como tuvo la oportunidad de seguirle la pista a un cometa durante cuarenta días en el año 1264. Pero hay un dato curioso que vale la pena resaltar: en aquella época era normal entrar en la Orden con dieciocho años, luego si él lo hizo con esa edad, su fecha de nacimiento es el año 1226 y no el 1229, como generalmente se dice.

Jacobo de Vorágine nació en el año 1229 en Varazze, aunque hay quienes afirman que fue en Génova y pertenecía a la familia de la que hemos hablado con anterioridad. Sin embargo, también hay quienes afirman que el apelativo “Vorágine” viene de “Vorago”, indicando de esta manera sus grandes conocimientos mostrados en una obra: “La Leyenda Áurea”, que aunque para unos es una obra extravagante, sin embargo expresa ciertas verdades.

Cuando finalizó su formación en el convento de la Orden en Génova, se dedicó a la enseñanza y al ministerio de la predicación tanto allí como en otras ciudades italianas, revelándose como un maestro en la oratoria. Era asiduo lector de las Sagradas Escrituras, de los escritos de los Santos Padres, de las Actas de los mártires y de las leyendas que por aquella época circulaban sobre las vidas de los santos. De esta manera, él fue acumulando material y conocimientos para escribir su obra más famosa: “La Leyenda Áurea” (o Leyenda Dorada).

Una de las páginas pertenecientes a un manuscrito medieval de la Leyenda Áurea.

Su fervor y sus conocimientos, unido a un temperamento dulce pero firme, le hicieron ganar la confianza de todos sus hermanos de religión, de todos los frailes de la Orden, que lo eligieron prior del convento genovés y posteriormente, como Padre Provincial de Lombardía que en aquella época incluía todo el norte de Italia, estando bajo su jurisdicción más de cuarenta conventos y casi mil frailes.

Esta responsabilidad la ejerció durante quince años aunque con un intervalo de cuatro años, participando en los capítulos provinciales y generales de la Orden y viviendo “a caballo” entre Milán y Bolonia, hasta que se celebró el Capítulo General de Burdeos en el año 1277. Pero nuevamente, en el Capítulo Provincial de Bolonia en el año 1281 fue designado como provincial de la Lombardía (por eso he dicho antes que hubo un intervalo de cuatro años) y en este cargo estuvo hasta 1286. Durante esos cuatro años en que no fue Padre Provincial estuvo de regente de la Orden en el intervalo de tiempo desde la muerte de Juan de Vercelli hasta la elección de Munio de Zamora.

Nunca perdió el contacto con su ciudad natal y en la Pascua de 1283, llevó al convento de las Dominicas de Génova la cabeza-relicario de una de las Santas vírgenes mártires compañeras de Santa Úrsula. Esto lo cuenta él mismo en un opúsculo titulado: “Historia reliquiarum que sunt in monasterio sororum Sanctorum Philippi et Iacobi”. Ya con anterioridad le había regalado al mismo convento la reliquia de un dedo del apóstol Felipe, desprendida de un relicario de una mano del Santo que se conservaba en Venecia.

Cuando pensaba que podía dedicar su vida a vivir como un modesto fraile dedicado a los menesteres propios de su convento y así pasar el resto de su vida, se le confió el encargo de reconciliar a su ciudad con la Sede Apostólica: en resumen, se trataba de absolver en un acto público a los genoveses que habían sido excomulgados por haber mantenido relaciones comerciales con los sicilianos, que estaban excomulgados por motivos de una guerra. Este trabajo lo realizó con tanto tacto y pericia, que el Papa Nicolás IV le encomendó el gobierno de la archidiócesis de Génova en el año 1292. ¡Se acabaron sus planes!

Su episcopado fue famoso por lo beneficioso que fue para su diócesis; en el año 1293, en un Sínodo diocesano, se aprobó la reorganización legislativa del clero; en 1295 se propuso reconciliar a las familias de los Guelfi con los Ghibellini y, aunque solo fuera temporalmente, lo consiguió. Pero pocos meses después, esa reconciliación se rompió lo que le supuso una gran decepción personal: se produjeron graves incidentes, quemaron la Catedral de San Lorenzo y los daños fueron tan grandes que recibió ayuda del Papa en junio del año siguiente.

En el mes de abril de 1293, convocado por el Papa Bonifacio VIII,  realizó un viaje a Roma donde recibió el encargo de intentar conseguir un armisticio, poner paz entre las rencillas de los genoveses y los venecianos. Estuvo algo más de tres meses en Roma como consecuencia de las indecisiones del propio Papa y las tácticas dilatorias utilizadas por los embajadores enviados desde Venecia. Los genoveses, cansados, decidieron declarar la guerra a Venecia y armaron una flota con la intención de derrotar a Venecia cerca de Messina, pero sin embargo, los venecianos, más cucos, no hicieron frente. Esto hizo que las tropas genovesas fueran recibidas triunfalmente en la ciudad.

Sepulcro del Beato. Iglesia de Santa Maria di Castello, Varazze (Italia).

Enriqueció su diócesis con todas las reliquias que pudo conseguir y en el año 1293, en presencia de las autoridades y del pueblo de Génova, hizo el reconocimiento canónico de las reliquias de San Siro.

Se opuso a la presión que ejercían los cardenales a fin de conseguir la renuncia del Prior General Munio de Zamora, ya que este con su austeridad dejaba en evidencia los excesos y el boato de dichos cardenales romanos y aunque se lo exigieron por escrito, no tuvo ningún efecto, pues Munio de Zamora no solo no renunció sino que fue apoyado públicamente por el mismo arzobispo Jacobo, ensalzando sus virtudes y denunciando él mismo los excesos cometidos por los cardenales.

Gobernó su diócesis durante seis años, desde 1292 hasta 1298, que fue el año de su muerte. Murió en la noche del 13 al 14 de julio del año 1298, después de haber regularizado ante notario toda la administración de la diócesis y distribuido todos sus bienes personales entre los pobres. Su cuerpo fue sepultado en el coro de la iglesia de Santo Domingo, siendo trasladado en el año 1582 y puesto bajo el altar mayor de la misma iglesia, donde fue reconocido por el arzobispo Lorenzo Fieschi; allí permaneció hasta el año 1798. Como este convento fue saqueado y destruido, los dominicos trasladaron sus restos a la iglesia de Santa Maria di Castello, donde permanecen en una capilla situada a la izquierda del altar mayor en su localidad natal. Su culto fue ininterrumpido tanto en Génova y Varazze así como en su propia Orden, por lo que fue oficialmente aprobado por el Papa Pío VII en el año 1816, declarándolo Beato.

Entre los años 1277 y 1295, el Beato Jacobo de Várese (o de Vorágine) escribió sus obras literarias, alguna de las cuales le ha dado un gran protagonismo en la historia de la hagiografía. Algunas de estas obras son: “Sermones de sanctus, Dominicales, Quadragesimales”, editados por primera vez en Brescia en el año 1483.  “Sermones super Evangelia dominicarum, festa sanctorum totius anni, per quadragesiman integram cum sermonibus de planctu B. M. Virginis et Materiale Aureum in 160 sermones distributum”, publicado por primera vez en Venecia en el año 1497. “Chronica civitatis ianuensis ab origine urbis usque ad annum MCCXCVII” editada por primera vez en Venecia en el año 1726, pero sobre todo, la “Legenda Aurea”, llamada inicialmente “Legenda Sanctorum”, que es la que realmente le ha hecho famoso. Esta obra recoge las biografías de unos ciento ochenta santos, mártires y confesores, de los siglos anteriores al siglo XIII.

A excepción de la Biblia, ningún libro religioso ha sido tan difundido ni tan leído como esta obra, que como dije al principio, recoge narraciones y leyendas derivadas de las interpretaciones de la Biblia y de las obras de los Santos Padres, historias y tradiciones orales de aquella época en la que se creía en criaturas y monstruos inexistentes y en la que todo era válido si lo que se pretendía era acercar a los hombres al Evangelio. Es una obra que sirvió como manual de meditación y de lectura espiritual, como código de conducta, como libro de inspiración para otros futuros escritores, que fue fuente inagotable en la que se inspiraron los artistas durante varios siglos (San Jorge y el dragón, el martirio desollando a San Bartolomé y otros), o sea, tuvo una difusión tan enorme que durante siglos ha tenido una influencia muy beneficiosa en toda la Iglesia de Occidente.

Fue escrita en un latín muy accesible y se hicieron centenares de copias que se extendieron por toda Europa y de la que se han hecho cientos de ediciones. Como él era italiano, la primera traducción al italiano se hizo muy pronto y no fue muy acertada; posteriormente se han hecho nuevas traducciones corrigiendo algunos errores de la primera y la más reciente la realizó Cecilia Lisi en el año 1952.

Antonio Barrero

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