San Cirilo Bertrán y compañeros mártires de Turon (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Ilustración de San Cirilo Bertrán a partir de una fotografía real.

En el artículo de ayer narramos los últimos días y el martirio de los santos mártires de Turón, Cirilo Beltrán y compañeros. Hoy queremos dar algunos datos biográficos de cada uno de ellos.

San Cirilo Bertrán (José Sánchez Tejedor)
Había nacido en Lerma (Burgos) el 20 de marzo del año 1888 en el seno de una familia humilde. En la escuela elemental conoció a un hermano de la Salle y de ahí le nació la vocación religiosa ingresando en el estudiantado de Bujedo en el año 1905. En 1909 comenzó a dar clases, siendo enviado a Deusto y posteriormente a Madrid, donde estuvo destinado en tres centros. En el año 1913 estuvo en Villagarcía de la Torre (Badajoz) y posteriormente, en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) donde hizo su profesión perpetua. En todos los sitios por donde pasó destacó por su seriedad, caridad, alegría y disponibilidad.

En el año 1918 fue enviado a Cantabria, ocupando varios destinos en aquella comunidad autónoma. Fue director en distintas escuelas y comunidades durante trece años. Le gustaba la enseñanza y disfrutaba con ella aunque los trabajos de dirección los aceptó con obediencia. Desde 1930 hasta 1933 tuvo ejerciendo su apostolado en Valladolid y en este año, fue enviado como director al colegio de Turón en Asturias, donde llevaba un año cuando estalló la revolución.

Imagen de San Marciano José venerada en la iglesia de su pueblo natal, El Pedregal.

San Marciano José (Filomeno López López)
Nació en El Pedregal (Guadalajara) el 15 de noviembre del año 1900 y como un tío suyo estaba como enfermero en Bujedo, se animó a irse con él. Allí se mostró muy aplicado pero cogió una infección en los oídos por lo que quedó casi sordo y tuvo que regresar a su casa. Pero como él quería estar con los hermanos, aunque por su sordera no podía dedicarse a la enseñanza, siempre estuvo ayudando en los trabajos auxiliares de los colegios por donde pasó. Hizo los votos simples el día 3 de abril de 1918 y allí se quedó en Bujedo, dedicándose fundamentalmente a los trabajos en la huerta y ejerciendo el oficio de sacristán.

El 28 de mayo de 1928 fue enviado como cocinero a la escuela de Terán, en Cantabria y de allí paso a Asturias, Valladolid, nuevamente a Asturias, Vizcaya y finalmente, otra vez a Asturias, a Mieres. Es suyo el siguiente escrito a su familia: “Es probable que las persecuciones que nos vienen ahora estén motivadas por nuestra negligencia en el servicio de Dios. Si para satisfacer la justicia de Dios, es necesario que algunos de nosotros derramen su sangre, yo estoy dispuesto a hacerlo”.

En abril de 1934 fue trasladado a Turón. Como no daba clases debido a su sordera, pudo hacerse pasar por simple cocinero y así evitar el martirio, pero en ningún momento quiso negar su condición de religioso.

Ilustración a partir de una fotografía de San Julián Alfredo.

San Julián Alfredo (Vilfrido Fernández Zapico)
Nació en Cifuentes de Rueda (León) en el seno de una familia humilde y religiosa. Un tío suyo, que era sacerdote, lo orientó hacia los frailes capuchinos llegando a ingresar en el noviciado en Bilbao, pero al caer enfermo, tuvo que volver a su casa. Aunque lo intentó de nuevo, de nuevo tuvo que desistir. Con veintidós años de edad, se dirigió al monasterio de Bujedo donde estaban los Hermanos de la Salle y a todos conquistó por su sencillez franciscana, por la madurez de sus juicios y por su humildad. Tomó el hábito en 1926 y desde el 24 de agosto de 1929 se dedicó a la enseñanza, especialmente, a la catequesis para preparar a los niños a hacer su primera comunión. Era tan grande su amor a la Eucaristía, que siempre, antes de ir a clase, se pasaba por la capilla para solicitarle al Señor sabiduría para impartir y tacto para tratar a los niños.

Hizo sus votos perpetuos en 1932 y en el mes de septiembre del año siguiente fue destinado a Turón. Durante un año estuvo dando clases en el colegio, antes de ser detenido y martirizado.

Ilustración a partir de una fotografía de San Victoriano Pío.

San Victoriano Pío (Claudio Bernabé Cano)
Nació en San Millán de Lara (Burgos) el 7 de julio de 1905, siendo sus padres labradores. Le enseñaron el valor del trabajo, el respeto por la naturaleza y el llevarse bien con todo el mundo. Con trece años de edad, el 26 de agosto de 1918 entró en Bujedo y allí hizo el noviciado. Fue un alumno excelente pues se le daban muy bien todas las materias, por lo que después también sería un brillante profesor.

Los diez años de su actividad apostólica los pasó prácticamente en el mismo sitio: el colegio de La Salle de Palencia y allí se ganó la estima de todos por su alegría, por sus dotes musicales y artísticas y por saber tratar a todos con el máximo respeto. Atendía especialmente a los alumnos a los que les costaba más trabajo entender las materias y dirigió al grupo de niños cantores del colegio. Se encariñó con Palencia y sus gentes.

A Turón fue destinado al comenzar el curso en 1934 a fin de reemplazar a otro hermano que estaba muy asustado por el ambiente que ya allí había, así que llegó un mes antes de su martirio. En Turón se encargó de la clase de los niños mayores que eran quienes se habían quedado sin profesor.

Ilustración a partir de una fotografía de San Benjamín Julián.

San Benjamín Julián (Vicente Alonso Andrés)
Nació en Jaramillo de la Fuente (Burgos) el día 27 de octubre del año 1908, recibiendo de pequeño una educación sencilla y religiosa. Con solo once años de edad conoció a un hermano de La Salle que pasó por la escuela del pueblo y dijo que “quería ser como ese hermano costara lo que costara”. Pero en Bujedo no se recibían a niños tan pequeños y él con su tesón e insistencia consiguió que se hiciera una excepción. Así, el 7 de octubre de 1020 inició en Bujedo sus estudios aunque el camino no le fue fácil pues su educación elemental era muy deficiente. Se preparó, hizo el noviciado, profesó y estudió para maestro.

En el verano de 1927 fue destinado al colegio de la Inmaculada de Santiago de Compostela y allí, pronto se ganó el cariño de todos y la admiración por su manera peculiar de impartir las clases con alegría, orden y naturalidad. ¿Cómo era posible que un profesor tan bajo de estatura y tan joven pudiera tener tanto ascendiente y cautivar a todos sus alumnos? Esa era la pregunta que muchos se hacían. El director acostumbraba a responder diciendo que los niños no se fijaban tanto en la estatura ni en la edad del profesor, sino en su corazón.

En el verano de 1933 fue destinado a Turón y allí pasó un curso enseñando como siempre lo había hecho: con la misma dulzura, entrega y capacidad de hacerse comprender por los alumnos.

Ilustración a partir de una fotografía de San Augusto Andrés.

San Augusto Andrés (Román Martínez Fernández)
Había nacido en Santander el 10 de mayo de 1910, era el único hijo varón y muy pronto se quedó huérfano de padre. Desde niño frecuentó la escuela de San José que los Hermanos de la Salle tenían en la capital de Cantabria. Con once años le dijo a su madre y a sus hermanas que él quería ser hermano de La Salle y aunque la madre intentó quitarle la idea de la cabeza, al final tuvo que ceder porque el niño cayó enfermo, tuvieron que administrarle los últimos sacramentos y cuando pensaban que se moría, levantó la cabeza diciéndole a su madre: ¿Verdad, mamá, que me dejarás ir a Bujedo? La madre, no saliendo de su asombro, le contestó: “Ten por seguro que si”. La fiebre bajó y el niño se curó rápidamente y el 8 de agosto del 1922 ingresó en Bujedo. Como la madre, en su interior, seguía teniendo la esperanza de que su hijo desistiera, lo intentó por carta, pero Román tenía las cosas muy claras, aunque siempre tuvo el dolor de saber que en el fondo, su madre no quería que él fuera religioso.

En el año 1929 fue destinado al colegio de la Virgen de Lourdes de Valladolid, aunque tuvo que hacer el servicio militar en Palencia durante el curso 1932-1933; allí, en la mili, siguió ejerciendo su apostolado. En 1933 lo enviaron a Turón, donde fue un profesor modélico. El fue quién dijo a quienes iban a asesinarles: “Vamos donde ustedes quieran. Estamos dispuestos a todo”.

Detalle de San Benito de Jesús en el óleo de los mártires de Turón.

San Benito de Jesús (Héctor Valdivieso Sáez)
Aunque su familia era oriunda de La Bureba (Burgos), él nació en Buenos Aires (Argentina) el 31 de octubre del año 1910, siendo sus padres Benigno Valdivieso y Aurora Sáez. Como allí en Argentina la vida no salió como ellos esperaban, regresaron a Briviesca y allí pasó los años de su niñez. Aunque su padre intentó de nuevo probar fortuna en México, él se quedó en España con su madre y sus hermanos.

Estuvo en un colegio de las Hijas de la Caridad pero un día se enteró de la existencia del colegio de Bujedo y allí ingresó con solo doce años de edad, en el año 1931.

Le surgió la oportunidad de profundizar en sus estudios en Lembecq-lez-Hall (Bélgica) y no se lo pensó. Solicitó el permiso de sus padres “para ir a Lembecq a formarme y después poder ir a enseñar el catecismo a los niños de Brasil, a nuestra patria Argentina o a cualquier lugar al que me destinen”.

En 1925 regresó a Bujedo para hacer el noviciado y estudiar magisterio. El 24 de agosto de 1929 fue destinado al colegio de Astorga (León) y pronto consiguió el aprecio de todos: compañeros religiosos, alumnos y padres. Escribió en “La luz de Astorga” porque tenía claro que quería ser “un propagandista católico”. Fue destinado a Turón en el verano de 1933 y allí murió mártir un año más tarde.

Ilustración a partir de una fotografía de San Aniceto Adolfo.

San Aniceto Adolfo (Manuel Seco Gutiérrez)
Es el más joven de todos los mártires pues murió con solo veintidós años. Nació en Celada Marlantes (Cantabria) el día 4 de octubre de 1912 quedando huérfano de madre desde muy pequeño. Con ayuda de los abuelos, su padre sacó adelante a la familia y cómo era muy religioso, él mismo enseñó el catecismo a sus hijos. El y dos de sus hermanos, Maximino y Florencio, ingresaron en Bujedo con la intención de profesar como religioso lasalianos. Al poco de ingresar, murió su padre. El noviciado lo inició en el año 1928.

Como estudiante, destacó por su tesón y trabajo y como novicio, por su piedad. El mismo animaba y daba consejos a sus otros dos hermanos, uno de los cuales era ya docente y el más pequeño, estudiante como él. Al terminar sus estudios, el 24 de agosto de 1932, fue destinado al colegio de Nuestra Señora de Lourdes de Valladolid y allí se dedicó a dar clases a los niños más pequeños. En Valladolid estuvo un año siendo destinado posteriormente a Turón, donde llegó a principios de octubre de 1933. Allí también estuvo durante un año, impartiendo clase a los más pequeños, hasta que fue encarcelado y fusilado.

Óleo contemporáneo de San Inocencio de la Inmaculada, mártir pasionista.

San Inocencio de la Inmaculada (Manuel Canoura Arnau)
El Padre Inocencio era un religioso pasionista de Mieres que se encontraba en Turón el día 5 de octubre de 1934. Había nacido en Santa Cecilia y San Acisclo, cerca de la costa de la provincia de Lugo. Con quince años de edad sintió el deseo de hacerse religioso pasionista ingresando en el noviciado de Peñafiel (Valladolid) y posteriormente, en Deusto (Vizcaya); el 26 de julio de 1905 realizó sus primeros votos. Se ordenó de sacerdote el 20 de septiembre de 1913 y se dedicó a la enseñanza en Daimiel (Ciudad Real), Corella (Navarra), Peñaranda de Duero (Burgos) y finalmente, en Mieres (Asturias). Siempre había estado disponible para asumir cualquier tarea que se le encomendase, bien en el terreno de la docencia como en el apostólico en general; no sabía decir que no.

Llegó a Mieres en los primeros días de septiembre de 1934 y allí atendía algunas clases de filosofía para los religiosos pasionistas que estaban en etapa de formación. Aunque le recomendaron no hacerlo, se ofreció a ir a Turón para ejercer el apostolado del confesionario y decir misa en el colegio de La Salle. Allí fue encarcelado junto con los ocho hermanos del colegio y junto con ellos, fue fusilado con solo cuarenta y siete años de edad. Ni siquiera fue perdonado en el último momento, cosa que sí hicieron con los otros tres sacerdotes de la localidad minera. Lo consideraron como a un religioso más que se dedicaba a la enseñanza.

Aunque entre los mártires de Turón no se encontraba el hermano Jaime Hilario, martirizado en Tarragona, al haberse unido su Causa a la de estos mártires en Asturias, fue beatificado y canonizado con ellos. Por eso, también de él, vamos a dar algunas pinceladas biográficas.

Cuadro contemporáneo de San Jaime Hilario.

San Jaime Hilario (Manuel Barbán y Cosán)
Nació en Enviny (Lleida) el 2 de enero de 1898, en el seno de una familia pudiente, quedando huérfano de madre siendo aun muy pequeño. Pasó dos años en el internado de los Padres Paules de Rialb (Lleida). Quiso ser sacerdote por lo que ingresó en el seminario de la Seu d’Urgell, donde estudió hasta los cursos de filosofía, pero debido a una enfermedad en los oídos, tuvo que abandonarlo y regresar a su casa.
Conoció a los Hermanos de la Salle e ingresó en Mollerusa (Lleida) el día 21 de julio de 1916 y fue novicio en Irún (Guipúzcoa) en el año 1917.

Como profesor, fue enviado de nuevo a Mollerusa y de allí al colegio de Manresa (Barcelona), regresando a Mollerusa en el mes de agosto de 1924. Posteriormente, lo destinaron al colegio de Oliana (Lleida). Tenía dotes literarias y aunque aprendió francés en Pibrac, cerca de Toulouse, siempre escribió en castellano o en catalán.
El 1934, estuvo como cocinero en Calaf (Barcelona) y precisamente allí se enteró del martirio de sus ocho compañeros en Turón. “Ocho de nuestros hermanos han sido asesinados en el cementerio de Turón, por cometer el crimen de haber enseñado a los niños el catecismo”, llegó a escribir.

El 13 de diciembre de 1934 fue destinado a Cambrill (Tarragona) y aceptó el cambio pasando a ser el hortelano del colegio. Como por sus problemas de oído había quedado medio sordo, tuvo que abandonar la enseñanza aunque nunca dejó de escribir. Fue detenido en Mollerusa el día 18 de julio de 1936 y aunque en un principio quedó bajo arresto domiciliario en casa de unos amigos, pronto fue encarcelado. Pasó un verdadero calvario hasta el día 18 de enero de 1937, cuando a las tres de la tarde, estando de pie y con las manos cruzadas sobre el pecho, fue fusilado en un lugar llamado “La Oliva”, cercano al cementerio. Le dispararon dos veces y como continuaba vivo y de pie, los asesinos huyeron porque creían ver a un espectro, pero el jefe del pelotón, se acercó a él y lo remató con un tiro en el mentón.

Estos son los diez primeros beatos mártires españoles del siglo XX que fueron canonizados por el papa San Juan Pablo II. El siguiente fue San Pedro Poveda, pero de él escribiremos otro día.
Para realizar este trabajo nos hemos basado en la documentación que nos han facilitado los religiosos de Bujedo a los cuales, quedamos muy agradecidos.

Antonio Barrero

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