Los santos y el oso (III)

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San Jenaro bendice al oso. Lienzo barroco.

San Jenaro bendice al oso. Lienzo barroco.

San Jenaro de Benevento
Jenaro (o Genaro) era natural de Nápoles, vivió en la segunda mitad del siglo III y fue elegido obispo de Benevento, donde desarrolló su apostolado, era muy querido por su comunidad e incluso era respetado por los paganos. En el contexto de la persecución de Diocleciano se inserta la historia de su martirio.

Él conocía al diácono Sosio, que dirigía la comunidad cristiana de Miseno y que fue encarcelado por el juez Dragonio, procónsul de Campania. Conociendo el arresto de Sosio, quiso acercarse allí con sus dos compañeros Festo y Desiderio, a fin de confortarle en la cárcel. Dragonio, que fue informado de su presencia e intromisión, hizo arrestar a los tres, provocando las protestas de Próculo, diácono de Pozzuoli, y de dos fieles cristianos de aquella misma ciudad, llamados Eutiquio y Acucio. También los tres fueron arrestados y condenados junto con los otros a morir en el anfiteatro, a fin de que fueran despedazados por los osos.

Durante los preparativos, el procónsul Dragonio comprobó que el pueblo mostraba cierta simpatía hacia los prisioneros y, a fin de evitar desórdenes durante los susodichos juegos, cambió de decisión y el 19 de septiembre del año 305 los hizo decapitar. La “Passione Vaticana” recuerda la tentativa del prefecto de echar a Jenaro a las fieras, pero otra vez el prefecto fue derrotado, esta vez en la arena de Pozzuoli, ya que las fieras se volvieron mansas: un oso se acercó al obispo, quien lo bendijo y lo acarició.

Imagen de Santa Ricarda, emperatriz.

Imagen de Santa Ricarda, emperatriz.

Santa Ricarda de Andlau
Hija del conde de Alsacia, se casó en el año 862 con Carlos el Gordo, hijo de Ludovico el Germánico. Convertida en princesa, se hizo gran benefactora de varios monasterios de Germania, Suiza e Italia, y en el año 880 fundó en sus propiedades la abadía de Andlau, en el Bajo Rhin. En el año 881 fue junto con su marido a Roma, a fin de recibir del Papa Juan VIII la corona imperial y poner la nueva abadía bajo la protección pontificia.

El nuevo emperador del Sacro Romano Imperio tomó el nombre de Carlos III el Gordo, sucediendo a su padre y a dos hermanos y encontrándose como gobernador de un territorio casi igual de grande que el de Carlomagno, aunque sin tener su capacidad de gobierno. No consiguió frenar eficazmente las incursiones de los normandos y fue combatido por los señores feudales, por lo que en la Dieta de Tribur del año 887 fue depuesto, marchándose a Neidingen en el Danubio, donde murió a los pocos meses.

La emperatriz Ricarda, angustiada por las desgracias y la muerte de su esposo, fue acusada injustamente de adulterio por un obispo-canciller, pero las falsas acusaciones pronto se demostraron que eran infundadas, aunque Ricarda, amargada, decidió retirarse al monasterio de Andlau por ella fundado (el lugar le fue indicado por un oso) y que estaba dirigido por la abadesa Rotruda, sobrina suya. Allí vivió los últimos años de su vida, dedicada a la oración y a la realización de obras de caridad, muriendo el 18 de septiembre del año 894.

Según una leyenda, para demostrar su inocencia, tuvo que superar la prueba del fuego, por lo que es invocada contra el fuego. Su cuerpo fue sepultado en el interior de la abadía, aunque en el año 1049, el Papa San León IX lo hizo transferir a la iglesia abacial, consagrada por él mismo. En el año 1350 le fue erigido un monumento sepulcral que aún en el día de hoy es meta de peregrinaciones.

Icono etíope de San Takla Haymanot.

Icono etíope de San Takla Haymanot.

San Takla Haymanot
Takla Haymanot, monje etíope, nacido en Zorare en el año 1215 y muerto en Debre Libanos, en el 1313. Después de haber tenido una experiencia eremitica y estudiado en la Etiopía septentrional, fundó el monasterio de Debre Libanos, que se convirtió en el corazón de monacato etiópico. Relanzó el proceso de evangelización del Sur de Etiopía. Parece que jugó un papel importante en el ascenso al poder de Yekuno Amlak y de la dinastía Salomónides. Aparece representado con un oso que fue su compañero de eremitorio, junto con otros animales salvajes. Esto suena a raro porque, ¿hay osos en Etiopía?

San Guillermo de Vercelli
Guillermo de Montevergine había nacido en Vercelli en el año 1085, en el seno de una noble familia. Convertido en monje, decidió ir a Palestina. A lo largo del camino se detuvo en Irpinia, donde fundó la Congregación Benedictina de Montevergine, dándole un carácter cenobítico. Sintiendo el deseo de vivir en soledad, nombró a su sucesor en la Congregación, la cual abandonó a fin de fundar otros monasterios, entre ellos el de San Salvador, que dividió en dos partes: una destinada a monjes y la otra a monjas. Su infatigable obra lo llevó aún a lugares más lejanos, como Rocca San Felice, Foggia y Troia. El ideal de vida ascética por él propuesto, sustancialmente estaba basado en la Regla benedictina, formando parte del movimiento espiritual que buscaba una Regla más pura, dando mayor espacio a la oración y a la contemplación. Murió en Goleto, en Irpina, el 24 de junio del año 1142.

Se cuenta que al inicio de su camino como eremita, supo que en el Monte Vergine vivía ya un ermitaño. Este hombre, que llevaba ya bastante tiempo viviendo en el bosque, le mostró donde encontrar agua. Acompañándole a la montaña tuvo una especie de discípulo llamado Pedro; los dos hombres, aconsejados por el ermitaño se pusieron a buscar una fuente y la encontraron. Al lado de la misma había fango y eran visibles las huellas de un oso. Encontraron un lugar donde descansar y, al día siguiente, para estar seguros de su supervivencia, continuaron buscando el agua; encontraron una fuente con un mayor caudal, pero unos momentos después se les unieron unos gendarmes del Castillo de Mercogliano. Guillermo y Pedro fueron arrestados y llevados ante el señor de aquellas tierras, pero este, al escuchar sus palabras, viendo claramente la bondad y la santidad de ambos, fueron puestos en libertad. Bajando de nuevo hacia Atripalda y encontrando suficiente mano de obra, el eremita tornó a la montaña y cerca de la fuente fue construida una casa, donde Guillermo se quedó a solas con Dios.

Grabado de San Guillermo de Vercelli en oración, el oso en segundo plano.

Grabado de San Guillermo de Vercelli en oración, el oso en segundo plano.

Una noche, un oso fue a beber a la fuente encontrada por Guillermo y esto se repitió varias veces durante unos días. ¿Qué podía hacer Guillermo? Y sucedió que una vez, cuando Guillermo trataba de conseguir agua de la fuente, se encontró con el oso. Los dos se quedaron observándose y Guillermo reprendió al oso por el comportamiento que estaba teniendo: “¿Qué estás haciendo? Veo que destruyes el trabajo de otras personas ya que al beber, enturbias el agua excavando con tus pezuñas (…)”. El oso, inclinando la cabeza, se marchó al bosque y nunca más retornó.

San Serafín de Sarov
El monje San Serafín de Sarov es uno de los santos más populares de la Rusia moderna. Después de llevar dieciséis años de vida monástica en el monasterio de Sarov, se retiró solo a un bosque, viviendo en profunda amistad con los animales y con el resto de las criaturas. En el año 1810, obligado a regresar al monasterio, continuó su vida de intimidad con el Señor, viviendo recluido en una celda. Cuando tuvo sesenta y seis años, dejó definitivamente su soledad y empezó a recibir a hombres y mujeres, que acudían a él para pedirle consejos sobre la vida espiritual. Las palabras con las que saludaba a cuantos encontraba eran: “Mi alegría es que Cristo ha resucitado”, sintetizando su doctrina espiritual de hombre que en el sufrimiento, en la soledad y en la prueba del desierto, había experimentado el gozo de la fe en Cristo, vencedor de la muerte y de todo dolor y sufrimiento.

Del encuentro personal con el Señor nació la profunda paz de su corazón y la transfiguración de su rostro reflejaba la luz divina. Nada dejó por escrito. Fue canonizado en el año 1903 por la Iglesia Ortodoxa Rusa. Este santo aparece en el gran icono-mosaico de la capilla “Redemptoris Mater”, hecha realizar en el Vaticano por el Papa San Juan Pablo II. El santo monje ruso tiene una relación especial con los animales que viven en los bosques y se dice que un oso le era tan cercano que incluso obedecía sus órdenes.

San Gisileno de Mons
La historia de San Gisileno ha llegado hasta nosotros a través de unas fuentes datadas en los siglos X y XI. Según los hagiógrafos más antiguos, San Gisileno nació en Atenas, en el seno de una familia de origen galo o belga, como por otra parte, lo indica su nombre (del franco: Gisel, Gisle, Ghysel o Ghyselen). Después de realizar sus estudios en letras en Atenas, entró como monje en la Orden basiliana y fue ordenado de sacerdote. Según una antigua tradición griega, fue a Roma para rezar ante las tumbas de los primeros cristianos y de manera especial, ante las de los apóstoles Pedro y Pablo. En el año 648, el Papa Teodoro I lo envió a Bélgica y en Maastricht hizo amistad con San Amando. Queriendo llevar vida de ermitaño, Gisileno se asentó en las orillas del Haine, en la región de Hinault, construyendo unas casitas para él y sus discípulos. Después fundó un monasterio en Ursidong, llamado posteriormente de Saint-Ghislain.

Estampa decimonónica de San Gisileno con el oso.

Estampa decimonónica de San Gisileno con el oso.

La reputación de Gisileno se difundió entre el clero y la nobleza. Santa Valdetrudis y Santa Aldegunda, dos hermanas, abandonaron la vida laical y se consagraron al Señor, llegando a tener una gran amistad con el santo. Murió en el año 681 (según algunos en el 685) siendo sepultado en la iglesia de su monasterio, donde, por su intercesión, se verificaron numerosos milagros. Aun así, su culto no se inició hasta el siglo IX. Los normandos desvastaron el monasterio en el año 881 y éste permaneció en ruinas hasta el año 933, cuando los milagros de San Gisileno convencieron a los monjes para que restablecieran la vida monástica.

En la iconografía se le representa con un oso o con un osezno. Este elemento iconográfico hace alusión a una tradición popular que dice que un oso, perseguido en una cacería por el rey Dagoberto, se refugió donde estaba el santo y posteriormente, le indicó el mejor lugar para construir su monasterio.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Librería Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconográfico y hagiográfico: 1977 – 2014
* Musolino, Niero e Tramontin – Santi e Beati veneziani – Ed. Studium Cattolico Veneziano, 1963
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Edizioni Cantagalli
* Sartori Enio – Alla soglia dell’alba. Il Summano e la leggenda di Sant’Orso tra mito e storia – Ed. Signumpadova, 2000
* Sito comune.vejano.vt.it
* Sito imagessaintes.canalblog.com
* Sito scuole.provincia.terni.it
* Sito terredellupo.it
* Sito treccani.it
* Sito wikipedia.org

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San Jenaro, obispo mártir

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Martirio del Santo, obra de Girolamo Pesce.

Para escribir este artículo nos basaremos en la “Historia del martirio de los santos Jenaro, Festo, Desiderio, Sosio, Próculo, Eutiquio y Acucio”. También en las llamadas “Actas boloñesas” que están conservadas en un códice del año 1180 que se guarda en el monasterio de San Esteban, en Bologna y que provienen del año 668; en las “Actas vaticanas” que provienen del siglo VIII y tratan su martirio desde el punto de vista hagiográfico, litúrgico y artístico; en las “Actas puteolanenses” que se conservan en el archivo de la Curia de Pozzuoli (Napoles) y son del siglo IX; en las “Actas de Reichenam” que son un códice del siglo XI que se conserva en la Abadía de Angia Dives; en la “passio Sancti Ianuarii” que fue compuesta en el año 900 por el diácono Juan de la iglesia de San Jenaro del Olmo, por orden del obispo de Nápoles, Esteban II; en la “Leyenda de Raniero Esigno”, que es del siglo X y es llamada “Historia translationis reliquiarum SS. Eutichetis et Acutii” y por último, en la “Vita greca”, escrita en el siglo V por un tal Manuel, monje basiliano de Lucullano (Nápoles).

Según estos documentos Jenaro nació o en Nápoles o en Benevento, ambas ciudades cercanas una de la otra y pertenecientes a la región de Campania, en Italia. También se dice que en tiempos del emperador Diocleciano (284-305), fueron martirizados en Pozzuoli, el obispo Jenaro, el diácono Festo, el diácono de Miseno llamado Sosio y el lector Desiderio. Pero esto hay que tomarlo con mucha cautela. Se dice que Sosio al ser descubierto fue encerrado en la cárcel por orden del juez Dragoncio. Entonces Jenaro, Festo y Desiderio fueron a la cárcel para visitar a Sosio y como el juez supo que también eran cristianos, les ordenó sacrificar a los ídolos y ante la negativa de estos los torturó en Nola, los echó a las fieras en el anfiteatro de Pozzuoli y al final los degüella en esa misma ciudad. Mientras eran llevados al martirio, el diácono Próculo y los seglares Eutiquio y Acucio protestan por lo injusto de esa condena, por lo que también son apresados y junto a los otros cuatro, degollados. Total: siete mártires en el Foro de Vulcano, solfatara de Pozzuoli al pie del Vesubio en Nápoles. El Calendario Cartaginés y el Martirologio Jeronimiano dicen que esto sucedió el día 19 de septiembre del año 305.

Huesos del Santo venerados la catedral de Nápoles, Italia.

La crítica histórica tiende a individualizar tres grupos: uno (en Benevento) formado por Jenaro, Festo y Desiderio, otro (en Miseno) formado por Sosio y un tercero (en Pozzuoli) formado por Próculo, Eutiquio y Acucio. A los santos que componen los tres grupos se les rinde culto desde la antigüedad, ya que además de por el martirio, están ligados entre si por los diversos traslados de sus reliquias, porque figuran juntos en importantes textos litúrgicos y aun en diversos monumentos antiguos.

En cuanto a los traslados, el Martirologio Jeronimiano, escrito en el siglo V, dice: que el 13 de abril se trasladan las reliquias de San Jenaro y que el día 7 de septiembre de depositan definitivamente en Nápoles, que el 23 de septiembre se llevan las de San Sosio a Miseno, su lugar de origen, que el 18 de octubre se llevan a Pozzuoli las de San Eutiquio y que dos días más tarde son llevadas a la misma ciudad las de San Próculo.

En el año 505, el Calendario Cartaginés ponía la festividad de San Jenaro entre los días 16 de septiembre al 10 de octubre. El Evangeliario de Lindisfarne asegura que en el siglo VII ya había liturgia propia en Nápoles y el Martirologio de Beda, en el siglo VIII, los conmemora el día 19 de septiembre. Los griegos conmemoran juntos a estos siete mártires los días 20 y 21 de abril y el día 19 de septiembre.

Busto relicario con el cráneo del Santo. Catedral de Nápoles, Italia.

Los textos hagiográficos son varios; el más antiguo es una carta del sacerdote Urano a Pacato, fechada en el año 432 y en la que narrando la vida de San Paulino de Nola, dice que se les aparecieron San Jenaro y San Martín de Tours. El obispo Quodvultdeus de Cartago habla de él en el año 453, el himno del Papa San Sinmaco es del año 510, San Gregorio de Tours escribe sobre él en el año 587 y así otros muchos autores.

Los monumentos más antiguos son: unos frescos del santo en las tres catacumbas de Nápoles fechado en el siglo V en las de San Jenaro; en el siglo VI en las de San Severo y también en el siglo VI en las de las catacumbas de San Gaudioso. Del año 985 son unas pinturas existentes en el monasterio de Reichenan (Alemania), del 849 son las de la iglesia de su nombre en Nápoles y del 673 las de Forcelle (Nápoles). Como puede comprobarse en toda la región, desde muy antiguo se le da culto a este Santo.

Las reliquias del santo fueron llevadas de Pozzuoli hasta las catacumbas napolitanas por San Juan I en el año 432 y puestas junto a la tumba de San Agripino. En el año 831, el príncipe Sicone las trasladó a Benevento y en el 1154 se llevaron ala Abadiade Montevergine, en Avellino y de allí pasaron nuevamente a Nápoles en el año 1497 por parte del arzobispo Alejandro Carafa. El último reconocimiento canónico se realizó el día 25 de febrero de 1964 por el arzobispo Alfonso Castaldo. En el reconocimiento anatómico de los restos se determinó que se trataban de los huesos de un hombre, de1,90 metros de altura y de unos treinta y cinco años de edad, luego San Jenaro fue martirizado siendo aún joven, era un obispo joven. Los huesos se guardan en una olla de la época y en una urna de bronce datada en el año 1511, que están en la catedral de Nápoles. Los de los santos Festo y Desiderio están en el monasterio de Montevergine (Avellino), los de San Sosio están en Frattamaggiore (Nápoles), los de los Santos Eutiquio  y Acucio también están en la catedral de Nápoles y los de San Próculo están en Pozzuoli (Nápoles).

San Jenaro está muy ligado a Nápoles, siendo su patrono principal, pero lo es también de Benevento, Pozzuoli, Sassari, Torre del Greco y de toda la Campania en general. Siempre se ha recurrido a él en tiempos de erupción del Vesubio, terremotos, epidemias de peste, hambrunas y guerras.

Relicario con la sangre del Santo. Catedral de Nápoles, Italia.

Desde el año 1337, el sábado anterior al primer domingo de mayo (conmemoración del traslado de los restos) se organiza por la mañana un cortejo de clérigos que llevan el relicario del cráneo. A mediodía, el obispo lleva las ampollas de la sangre coagulada del santo y al presentarse un relicario delante del otro, la sangre se licua. Lo mismo hacen el día de su fiesta, el 19 de septiembre y todos los días de las octavas de estas dos fechas. Es el llamado “milagro de la liquefacción de la sangre de San Jenaro”. En algunas otras ocasiones también se ha hecho: en la erupción del Vesubio del año 1631, cuando el terremoto de Basilicata en el 1857, el día 22 de agosto de 1962 cuando ocurrió el terremoto de Ariano Irpino, etc. La sangre se conserva en dos ampollas de vidrio de doce centímetros de diámetro; la mayor con una capacidad de sesenta centímetros cúbicos (esa está llena hasta la mitad) y la menor con una capacidad de veinticinco centímetros cúbicos (esta tiene manchas y grumos de sangre). Según la tradición una mujer cogió la sangre que manaba de la cabeza del santo cuando fue martirizado. Cuando las dos ampollas se sitúan frente a frente al relicario del cráneo, la sangre se licua.

Existen numerosas hipótesis del por qué sucede esto: por el llamado efecto físico de simpatía, por la energía emanada por la muchedumbre que lo observa, por energía sicodinámica, por efecto del calor o aun hay quienes dicen que por la acción del Vesubio (!!). El día 15 de septiembre del año 1902 se realizó un examen espectroscópico (espectro de la hoxiemoglobina) y se comprobó que era verdadera sangre humana. Hay que decir que los fenómenos que acompañan a la liquefacción de la sangre están fuera de todas las leyes físicas. No se fusiona a una temperatura constante (en el año 1794 el matemático M. Fergola comprobó que en mayo fusionó a 19º C y en septiembre a 25º C), o sea, cambia el tiempo y cambia la temperatura y la sangre se fusiona. El profesor de Luca, en el año 1879 comprobó que el 19 de  septiembre lo hizo a 30º C y sin embargo seis días después lo hizo a 25º C, o sea, durante un mismo tiempo, cambió la temperatura de fusión. Tampoco coincide siempre el aumento de volumen del líquido: ese año en mayo el fenómeno fue lentísimo y tuvo un aumento de volumen del 72% y en septiembre, el fenómeno fue muy rápido y solo aumentó un 23%.

Pero hay aun alguna otra rareza física: el profesor Sperindeo ha comprobado que no se conserva la densidad de un estado al otro, o sea, que aumentó en peso 25 gramos mientras disminuía su volumen. Y en cuanto a la viscosidad, decir que independientemente de la temperatura y del movimiento, la sangre pasa de un estado pastoso (como si fuera goma), a un estado fluido y posteriormente a un estado fluidísimo (como si fuera éter), variando también el color del negro al rojo oscuro y después al rojo vivo intenso. Este mismo milagro se verifica también en la solfatara de Pozzuoli, al poner las ampollas sobre la piedra en la que, según la tradición, fue degollado.

Un sacerdote muestra la sangre del Santo claramente licuada (nótese la horizontalidad del líquido cuando inclina la ampolla).

Es el patrono protector contra las erupciones volcánicas y de los donantes de sangre y su fiesta es hoy, día 19 de septiembre.

Antonio Barrero

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