Beato Pedro Kibe Kasui, mártir jesuita japonés

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Detalle de una escultura del Beato.

Detalle de una escultura del Beato.

El cristianismo en Japón fue una semilla naciente desde que en 1549 San Francisco Javier, junto con el padre Cosme Torres visitaron el país. Desde entonces la naciente Iglesia vivió desde un principio una época de esplendor, pasando abruptamente por una brutal persecución desarrollada desde los altos mandos de gobierno, que veían la propagación de la fe cristiana como una amenaza a la estructura social del Japón feudal. Miles de fieles japoneses y misioneros extranjeros fueron martirizados por odio a la fe, durante los gobiernos sucesivos de Toyotomi Hideyoshi, y los del clan Tokugawa, quienes ocuparon el título de Shogun y como tal atentaron contra el cristianismo obligándolo a vivir en la clandestinidad. En este contexto vivió nuestro biografiado de hoy, quien encabeza la causa de 188 mártires que fueron beatificados durante el pontificado de Benedicto XVI en 24 de noviembre de 2008.

Contexto histórico
El cristianismo se desarrolló cuando el padre jesuita Francisco Javier desembarca en Kagoshima en el Reino Sur de Japón el día 15 de agosto de 1549. Estaba acompañado por el padre Cosme Torres y Juan Fernández, así como el traductor Anjiro. Evangeliza principalmente en Hirado, luego llega a Yamaguchi, luego a Sakai y finalmente a Meaco.
La religión primordial del país fue diversa, siendo avanzado en varias sectas minoritarias el budismo proveniente de China, aunque la cosmovisión ancestral se veía reflejada en el sintoísmo, una religión politeísta basada en el culto a los dioses creadores y en la veneración de los ancestros. La Compañía de Jesús jugó un papel primordial en esta tarea de evangelización y organización de la naciente Iglesia, contando con la protección de algunos señores locales o daimyo. Patrocinado también por las monarquías de España y Portugal, las órdenes mendicantes como los franciscanos, dominicos y agustinos igualmente tuvieron un papel importante.

En 1579 el misionero jesuita Valignano llega a Japón y funda el seminario de Arima de donde pertenece nuestro mártir, siendo fundamental su participación en la asimilación del cristianismo a la cultura nipona, llegando incluso a asimilar la cultura religiosa, por lo que fue fuertemente criticado por algunos jesuitas, así como los miembros de algunas ordenes mendicantes. Inicialmente los misioneros tuvieron la protección de Oda Nobunaga quien les dio permiso para predicar en el territorio, pero tras su asesinato en 1582, la situación cambió con el ascenso de Toyotomi Hideyoshi al final del Periodo Azuchi-Momoyama.

Beato Pedro Kibe y compañeros, mártires de Japón. Estampa contemporánea.

Beato Pedro Kibe y compañeros, mártires de Japón. Estampa contemporánea.

En 1587, influenciado por los bonzos budistas, se emitió el primer decreto contra el cristianismo, y en 1597 Toyotomi condenó a muerte a los primeros mártires, para ese momento en total había 300 000 cristianos. Los 26 mártires fueron crucificados en Nagasaki en 5 de febrero de ese mismo año, a pesar de lo tremendo de la sentencia durante su mandato fueron pocos martirios registrados cambiando la situación tras la Batalla de Sekigahara y el ascenso al shogunato del clan Tokugawa.

Tokugawa Ieyasu, influido por los comerciantes holandeses, decide cerrar el país al mundo exterior así como imponer severamente la prohibición del cristianismo, recrudeciéndose cuando Tokugawa Hidetada sucedió a su padre en 1605 destacándose en 1622 el llamado “Gran Martirio de Omura” y el “Gran Martirio de Kyoto”. Su sucesor Tokugawa Iemitsu ordena aislar a Japón del resto del mundo, entonces en 1633 promulga un edicto en que se prohíbe totalmente el cristianismo. Obligó a los japoneses conversos al cristianismo a registrarse en los templos budistas; este clima de opresión combinado con la hambruna y los altos impuestos condujo en 1637 a la rebelión de Shimabara, encabezada por el caudillo cristiano Amakusa Shiro (a pesar de no tener proceso de beatificación, los cristianos japoneses lo consideran santo y de quien escribiré en otra ocasión), una rebelión campesina brutalmente aplastada en el castillo de Hara a principios de 1638. Esta sublevación provocó sospechas del Shogun en los demás cristianos, obligando a los mismos a pasar en la clandestinidad, siendo conocidos como Kakure Kirishitan. Esta clandestinidad duró hasta mediados del siglo XIX.

Biografía
Pasando a la biografía de nuestro mártir, Pedro Kibe nació en 1587 en la provincia de Bungo, de la isla de Kyushu. Era de una familia de samuráis cristianos ya convertidos. Siendo educado en la fe en el Seminario de Arima dirigido por la Compañía de Jesús, al completar el programa de seis años Kibe pidió ser admitido en la orden jesuita, petición que fue denegada. En 1606 aspirando la aceptación de los superiores comenzó a decir su nombre como Kasui, en los registros jesuitas aparece su firma como Pedro Kibe Kasui. En los ocho años siguientes de su graduación, sirvió a la Iglesia como “dojuku”, es decir, como jesuita voluntario ayudando a los sacerdotes, en la predicación y en la impartición del catecismo. Lo admirable de Kibe era su determinación muy fuerte para ser sacerdote y jesuita, y con los años su vocación seguía creciendo. En el año 1614, los misioneros jesuitas fueron exiliados del país, refugiándose en Macao donde esperaba completar sus estudios y ordenarse; para su decepción los superiores se negaron a aceptarlo en el sacerdocio.

Beatificación de Pedro Kibe y compañeros en Nagasaki, Japón.

Beatificación de Pedro Kibe y compañeros en Nagasaki, Japón.

Entonces decide embarcarse a la India para ir hacia Roma, de Goa pasó por Persia (Bagdad y Ormuz) así como por Palestina; se le considera el primer peregrino japonés en visitar Tierra Santa y estar en Jerusalén. De ahí se embarcó hacia Roma, llegando a la Ciudad Eterna en mayo de 1620.

Ahí finalmente los superiores lo examinan rigurosamente y descubren que posee suficiente conocimiento entonces lo admiten al noviciado. Completó sus estudios de teología y asistió a la canonización de San Francisco Javier. El 15 de noviembre de 1620 fue ordenado sacerdote en la Basílica de San Juan de Letrán a la edad de 32 años. Durante dos años estuvo en una escuela de formación jesuita en Roma y tomó sus votos en Lisboa. En 1623 partió a la India acompañado de 20 jesuitas. El siguiente año llegó a Goa por la ruta del Cabo de Buena Esperanza. Sin embargo estaba en una difícil decisión sobre volver a su patria, con el riesgo de ser martirizado y por la prohibición emitida para evitar el ingreso de sacerdotes en Japón. Finalmente viaja por el sudeste de Asia, para llegar a Manila, Filipinas; embarcándose a Japón en 1630. El barco naufragó pero logró llegar a Kagoshima en el Sur de Japón, 16 años después de su partida, por fin regresaba a la nación nipona.

La situación de los cristianos vivía su peor momento, se recrudecieron las persecuciones y Kibe tuvo que desarrollar su ministerio a escondidas. Vivió algunos años animando a los cristianos a perseverar en la fe. Pero en 1639 fue arrestado mientras estaba escondido en casa de un cristiano y enviado a Edo donde conoció al apóstata Cristóbal Ferreira, a quien intentó regresarlo a la fe, cosa que no consiguió. El padre Kibe fue torturado terriblemente para lograr que apostatara, cosa que nunca consiguieron, entonces junto con dos creyentes fue colgado boca abajo en el famoso tsurushi u horca y fosa como medio de tortura para hacerlo renunciar a su fe. Incluso desde ahí animó a los cristianos prisioneros, haciendo enfurecer a los guardias quienes lo descolgaron y lo alancearon, matándolo el día 4 de julio de 1639.

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Fue beatificado encabezando la causa de 188 mártires el 24 de noviembre de 2008 en el Estadio de Nagasaki por el prefecto de la congregación para las causas de los santos José Saraiva Martins, durante el pontificado de Benedicto XVI.

René

Webs consultadas (15/04/16):
– https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Kasui_Kibe
– sjweb.info/saintsBio.cfm?SaintID=483
– www.nwjesuits.info › Home › News
– https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_del_catolicismo_en_Japón

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Siervo de Dios Francisco Butinyà i Hospital, jesuita fundador

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Retrato y firma.

Retrato y firma.

“Hermanar oración y trabajo”.

En los dos artículos anteriores hemos visto la vida y obra de Santa Bonifacia, esta obra, las Siervas de San José, no se puede entender sin el aporte de este Siervo de Dios. Este apóstol del trabajo fundo conjuntamente una forma de vida religiosa muy novedosa para la época y en especial para la mujer trabajadora. Por distintos avatares no fue bien entendía y aceptada, a esto se le sumaron situaciones políticas y religiosas adversas que impidieron la colaboración estrecha entre ambos, lo que llevo al Siervo de Dios a fundar una segunda congregación en su tierra, Cataluña, esta tenía el mismo carisma que la fundada en Salamanca con Santa Bonifacia.

Con este breve artículo que hoy le dedicamos se pretende conocer más su figura y labor por el mundo obrero, pero sobre todo por la mujer trabajadora. También contribuir con su causa de canonización, que como veremos avanza muy lentamente, tal vez porque fue opacada por la figura de Santa Bonifacia.

En el pueblo de Banyoles (Girona), nació el niño Francisco Javier Butinyà i Hospital. Era el día dieciséis de abril de 1834. El matrimonio formado por Salvador Butinyà y Teresa Hospital provenía de familias catalanas arraigadas en la comarca, eran unos trabajadores textiles siendo su especial dedicación la de hacer cordones. El matrimonio llego a tener diez hijos, Francisco Butinyà fue el mayor lo que lo convirtió en el “hereu”. La primera escuela donde aprendió a leer y escribir fue un monasterio benedictino, en este lugar y en su misma casa donde a muy temprana edad veía el esfuerzo de sus padres, familiarizándose el mismo con el trabajo manual, comprendió lo que significaba el – ora et labora– resumen del carisma de sus futuras fundaciones.

A muy temprana edad empezó a sentir una especial disposición por los más pobres, enfermos y trabajadores sin recursos. Era un joven muy dedicado a hacer obras de misericordia, su bondad era también conocida por todos. En muchas ocasiones dijo que a él lo evangelizaron los pobres. Esta personalidad y su alta capacidad para el estudio lo llevaron a estudiar hasta el seminario de Gerona. Poco tiempo después empieza el noviciado en la Compañía de Jesús ingresando en ella el día veinticuatro de octubre de 1854. Durante estos años empiezan en España los destierros de los jesuitas, el joven Francisco Butinyà los sufrió muchas veces a lo largo de su vida y por ello tuvo que abandonar sus destinos en varias ocasiones. 1859 fue un año decisivo, fue enviado a Cuba como profesor e investigador. En este país vio claramente la diferencia tan grande entre clases sociales, claramente se posiciono al lado de las clases más oprimidas y en especial por los esclavos que eran explotados laborablemente. A partir de este momento esas personas empiezan a ser su pasión apostólica. El treinta y uno de julio de 1866, festividad de San Ignacio de Loyola, fue ordenado sacerdote en la ciudad de León. Para ello se preparo en el colegio de San Marcos de León además de doctorarse en teología y realizar pequeños trabajos de arqueólogo. Como escritor también adquirió una notable fama, dejándonos varias obras de distintas temáticas: pastorales, reivindicativas, científicas, literarias, teatrales etc. Destacan principalmente: Las mitgdiadas, La luz del menestral, La devota artesana, Un grano de mostaza, etc.

Fotografía del fundador.

Fotografía del fundador.

Tras unos años de intenso apostolado por las distintas diócesis donde trabajó, como por ejemplo la de Ávila. Se caló de todas las experiencias vividas y hizo innumerables misiones, su preocupación por los más débiles en más de una ocasión le quito el apetito y el sueño. Buscando una respuesta para intentar dar solución a la precaria y abusiva forma en la que se estaba desarrollando la industrialización, esperaba una inspiración divina para dar comienzo a una familia religiosa que atendiera estas necesidades.

En 1870 regresa de nuevo y de forma estable a Salamanca, por sus propios meritos se gana el reconocimiento de todas las clases sociales, considerándolo un sacerdote con una intensa actividad apostólica y espiritual, además de conocerlo con el sobrenombre de “padre de los pobres” y “misionero incansable”. Colaborando con distintas actividades parroquiales y asociaciones piadosas, se encuentra con una joven artesana que tiene las mismas inquietudes que él y que sin saberlo ella también está buscando las mismas respuestas; esta joven es Santa Bonifacia. A partir de este momento conjuntamente fundan las Siervas de San José, era la respuesta a las preguntas de ambos dos que buscaban evangelizar el mundo del trabajo desde dentro. Como hemos visto, esta forma de vida: monjas-obreras, no fue bien entendida ni aceptada en su tiempo.

A partir de aquí son muchísimas las dificultades que surgen para que esta obra de los Talleres de Nazaret no pueda seguir según el carisma fundacional. Por distintos caminos los fundadores tiene que separarse, el Padre Butinyà tiene que dejar España exiliado a Poyanne (Francia) por su condición de sacerdote jesuita. Aquí no permanece durante mucho tiempo, pero a su regreso es destinado a su tierra natal, Girona, desde donde dirige a las Siervas de San José por medio de cartas ya que no podía acercase a tierras castellanas.

El Padre Buntinyà nunca había olvidado sus raíces catalanas y estaba muy al corriente de las situaciones que en esta tierra se vivieron durante los periodos que él no estuvo viviendo allí, colaboraba con el movimiento de la Renaixença que se dio en el siglo XIX. No quedándose de brazos cruzados por las adversidades, decidió continuar su carisma en esta tierra, más aun cuando vio con sus propios ojos las precariedades de las mujeres trabajadoras en las fabricas, hogares, campo etc. En el mes de febrero de 1875 funda en Girona a las Hijas de San José, para esto se rodea de las jóvenes artesanas María Comas y María Gil y sobre todo de la que sería Madre Isabel de Maranges, una señorita de la burguesía que opto por esta forma de vida. Estos Talleres de Nazaret fueron recibiendo muchas vocaciones, entusiasmas con esta novedosa vida de trabajo y oración. El ideal de vida era mismo que el fundado en Salamanca junto a Madre Bonifacia. El fin que pretendía Butinyà era hermanar ambas casas y para ello solicito la visita de Bonifacia a tierras catalanas para conseguir esta desea unificación. Esto no pudo ser posible e incluso con este paso que se pretendía dar se agravo la situación. Después de esto ya no volvieron a verse más los dos fundadores, y si la tarea de Bonifacia para continuar la obra no fue nada fácil, tampoco lo fue la del Padre que se tuvo que enfrentar a sus mismos compañeros jesuitas que no veían con buenos ojos su entera dedicación a las Hijas de San José.

Sepulcro del padre fundador en Girona, España.

Sepulcro del padre fundador en Girona, España.

Llegando la etapa final de su vida no mermaron sus fuerzas y ganas por trabajar en la viña del Señor. Su labor era conocida por todos y su actividad apostólica a favor de la mujer trabajadora aún más. A los sesenta y cinco años no era el mismo que antaño fue, pero seguía trabajando en las misiones, anunciando la buena nueva y transmitiendo el misterio de la Sagrada Familia de Nazaret a sus hijas. El diecisiete de diciembre de 1899 sufre un grave ataque derivado de su enfermedad que lo postra moribundo en cama, un día después, el dieciocho de diciembre a las cinco de la mañana moría santamente sin haber dejado repetir la jaculatoria: “Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía”. El apóstol del trabajo, el padre de familia, el invitador de la Sagrada Familia había muerto como un profeta que supo ver con años de antelación una necesidad en el mundo del trabajo y en especial en el de la mujer.

Su sepulcro se puede visitar en la cripta de la casa madre de las Hijas de San José de Gerona. El proceso de canonización del Padre Butinyà empezó en el año 1984, las dos fundaciones que él fundó (en la actualidad llamadas monjas butinyanas) colaboraron conjuntamente para este objetivo, también con el apoyo de la Compañía de Jesús. A comienzos del año 2004 se introdujo su causa en la diócesis de Girona, en 2006 la Congregación para la Causa de los Santos emitió su total conformidad para que se iniciara, iniciándose oficialmente el doce de febrero de 2007 en la iglesia de Santa María de los Turers de Banyoles.

David Garrido

Bibliografía:
– HERNÁNDEZ PÉREZ, Inés, SSJ, Francisco Butinyà, una luz para el mundo del trabajo, Salamanca, 1990.

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Enlace consultado (17/12/2015):
– www.hijasdesanjose.org

O clavis David
Et sceptrum domus Israel,
Qui áperis, et nemo claudit;
Claudis et nemo áperit:
Veni
Et educ vinctum de domo cárceris,
Sedéntem in ténebris et umbra mortis.
Oh llave de David
Y cetro de la casa de Israel,
Que abres y nadie puede cerrar,
Cierras y nadie puede abrir,
Ven
Y libra a los cautivos,
Que viven en tinieblas y sombras de muerte.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Alonso Rodríguez Gómez, SJ

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Detalle de una escultura orante del Santo en Palma de Mallorca, España.

Detalle de una escultura orante del Santo en Palma de Mallorca, España.

“Ya voy, Señor”.

A menudo vemos en este blog cómo los primeros miembros fundadores de una nueva congregación u orden religiosa parece que son los más conocidos, tanto en vida como después de la muerte, y personas contemporáneas a éstos que estuvieron siempre en un segundo plano, quedan eclipsadas incluso después de la muerte y aún después de ser canonizados. Desde mi punto de vista, la vida de San Alonso Rodríguez podría ser un claro ejemplo de un santo que pasó desapercibido.

Infancia y vocación
En la castellana ciudad de Segovia nació el niño Alonso Rodríguez Gómez, el día veinticinco de julio de 1532. Él fue el segundo hijo de los once que llegó a tener el matrimonio formado por Diego Rodríguez y María Gómez de Alvarado. Este matrimonio de piadosos cristianos se dedicaban al comercio de telas y lanas, por lo tanto su economía era desahogada y esto les permitió sacar adelante a esta numerosa familia; familia que algunas fuentes citan como burguesa.

Doña María Gómez instruyó en la Fe a sus siete hijos y a sus cuatros hijas, de todos ellos fue su catequista y maestra, el fervor religioso que ella tenía se lo transmitió de una forma sencilla y cercana a todos ellos, por lo que no es de extrañar que algunos de estos hijos fuesen más tarde religiosos. Poquito a poco el niño Alonso fue frecuentando los sacramentos y creciendo en él un deseo por acercarse más y más a las cosas de Dios.

Cuando él contaba con unos diez u once años, un hecho marcaría su vida. Su padre, Don Diego, hospedó en su casa a dos sacerdotes jesuitas que pasaban por Segovia, uno de ellos era San Pedro Fabro, fiel compañero del santo fundador de la Compañía de Jesús. De este primer sacerdote jesuita se le quedaron grabadas todas sus enseñanzas y más si cabe, sus ganas de conocer a esta nueva familia religiosa que era la naciente Compañía de Jesús.

"Visión de San Alonso Rodríguez". Lienzo barroco del pintor español Francisco de Zurbarán, año 1633.

“Visión de San Alonso Rodríguez”. Lienzo barroco del pintor español Francisco de Zurbarán, año 1633.

Muy poco tiempo después de tener este primer contacto con los jesuitas, Alonso y su hermano mayor fueron enviados a estudiar a la Universidad de Alcalá de Henares por deseo de su padre. Después de permanecer aquí solamente un curso, en el año 1545, dos sucesos trágicos como el quiebre del negocio familiar y la muerte de Dº Diego, obligarían al joven estudiante a abandonar los estudios y quedarse al cargo de este negocio que tenía que reflotar de alguna manera para mantener a esta numerosa familia. En esta ciudad de la sabiduría, Alcalá de Henares, siguió teniendo contacto con los jesuitas. Por ese entonces la nueva orden religiosa había abierto un colegio en esta ciudad y Alonso, en su empeño de seguir conociéndolos, estableció una buena relación con los superiores.

Matrimonio
De vuelta a la ciudad de Segovia, Alonso siguió haciéndose cargo del negocio familiar. Muy a duras penas consiguió reflotarlo, sólo tenía quince años y le faltaba experiencia en esto de negociar con unos y otros. Así fueron pasando los años lentamente y, cuando cumplió veintiséis años, contrajo matrimonio con María Juárez, era el año 1557. Su joven esposa tenía una buena posición social, con la dote aportada al matrimonio por parte de ella, el negocio se mantuvo a flote durante unos años más. Y como es lógico, entre tantos quehaceres y cargos familiares, la vocación religiosa que un día tuvo Alonso se fue enfriando poquito a poco, pero como veremos no se apagó del todo. A los pocos meses llegó la bendición del primer hijo al matrimonio, y más tarde vendría otro niño y una niña más, que fue la última en llegar.

La felicidad que reinaba en este hogar pronto se vio truncada. En un período de cinco años, María Juárez y dos de los pequeños hijos murieron. Alonso, que con treinta años quedó viudo y a cargo de un hijo, se vio obligado por la situación a dejar definitivamente el negocio y trasladarse a vivir con su madre y demás familiares. No quedando completo el cupo de las tragedias familiares, su madre murió y a esta muerte le siguió la de su único hijo. Alonso, muy desolado por todo lo acontecido en tan poco tiempo, se creía solo en el mundo, volvió a recurrir a Dios, porque sabía que no lo había abandonado a pesar de tanto sufrimiento.

Aparición de la Virgen a San Alonso Rodríguez. Estampa devocional.

Aparición de la Virgen a San Alonso Rodríguez. Estampa devocional.

Nueva vida
En el año 1559 volvió a retomar la amistad de los Jesuitas de Segovia, concretamente con el padre Luis de Santander, que fue un gran amigo y consejero. Este jesuita, director espiritual de Santa Teresa de Jesús, le aconsejó para que solicitara entrar en la Compañía de Jesús. Haciéndole caso hizo esta solicitud. Los padres jesuitas, después de examinarlo a fondo, llegaron a la conclusión de que no lo aceptaban por su edad y débil salud, contaba con casi cuarenta años cuando decidió ser jesuita.

No dándose por vencido, Alonso quiso contar con una segunda opinión, por esta razón viajó hasta Valencia para ver a su amigo Luis de Santander. Éste, que ejercía el cargo de rector, le dijo que volviera a retomar los estudios que había dejado dos décadas atrás y Alonso, muy obediente y seguro de que esto le abriría las puertas a la Compañía, los retomó en el colegio de Cordelles (Barcelona). Para cubrir gastos se puso a trabajar como sirviente en la casa de una marquesa.

Un año después, no sin muchas ofertas de cambiar de vida, Alonso interrumpió sus estudios por diferentes motivos de salud, pero sobre todo con la idea de pedir nuevamente el ingreso en la Compañía. Esta nueva petición le fue denegada, pero gracias a la intervención del padre provincial, Antonio Cordesses, que viendo algo especial en él, dijo: “Vaya, recibámosle como santo”. De esta manera tan inusual, el treinta y uno de enero de 1571, pasó a ser un laico Jesuita.

Jesuita
Como miembro laico de la Compañía de Jesús, sus superiores lo enviaron al colegio de San Pablo de Valencia y también a la casa de Gandía (Valencia), residencia de otro gran Santo jesuita como San Francisco de Borja. Tras un breve periodo de tiempo en la provincia de Valencia, fue destinado al nuevo colegio de Montesión de Palma de Mallorca. Tres años estuvo esperando para hacer los votos, en este tiempo su espiritualidad fue creciendo y a la vez se sucedieron en él no pocas experiencias místicas, visiones, éxtasis etc. También había veces que creía que su vida religiosa estaba perdida a causa de las fuertes tentaciones que le sobrevenían, eran de todo tipo y él para remediarlas intensificaba las mortificaciones. Pero sobre todo fue alcanzando un grado de invitación a Cristo que no pasó desapercibido para nadie.

Altar-sepulcro del Santo. Iglesia de Montesión, Palma de Mallorca, España.

Altar-sepulcro del Santo. Iglesia de Montesión, Palma de Mallorca, España.

Como hermano lego sólo ejerció trabajos muy humildes, su incompleta formación le impidió desempeñar otros trabajos más reconocidos como el de maestro. En estos trabajos, como por ejemplo el de portero, que fue a lo que se dedicó el resto de su vida, se santificó de tal manera que atendía a muchísimas personas que acudían en busca de su caridad y sabio consejos, se cree que hasta la nobleza mallorquina solicitaba su consejo. Estos fieles, animados por su fama de santo hacían largas colas en la portería, porque sabían que San Alonso no los dejaría sin atender. Los superiores Jesuitas, en vista de estas multitudes agolpadas a las puertas del colegio, regañaban al Santo, diciéndole que fuese más serio y áspero con los que llegaban hasta la portería. El hermano Alonso, consciente de que era el mismo Jesucristo vestido de pobre el que llamaba a su puerta, decía: “Ya voy, Señor”, “A Jesús que se disfraza de prójimo, nunca le podemos tratar con aspereza y de malas formas”.

Los superiores de la Compañía que un día lo rechazaron, ahora, admirados por su espiritualidad, cultura y extraordinarias experiencias; obligaron a San Alonso a escribir su autobiografía, siendo a día de hoy unos volúmenes de gran riqueza. Empezó a escribirlas en el año 1604 y hasta los últimos años de su vida fue añadiéndole pequeñas notas.

Durante casi medio siglo que permaneció en esta casa de Montesión de Mallorca, fueron numerosos los seminaristas y sacerdotes jesuitas que lo conocieron, pero sobre todo fue San Pedro Claver quien mantuvo una gran amistad con nuestro Santo. Un día, estando San Alonso en oración, de pronto le sobrevino una visión que le decía: “Pedro Claver está destinado a hacer un gran bien en Sudamérica”, y efectivamente así sucedió, ya que este jesuita contribuyó a la evangelización de Colombia, bautizando a miles de personas.

Como venimos diciendo a lo largo del artículo, su vida humilde y entregada sin límite al bien del prójimo le ocasionó una fama de santo que él rehuía, pero si a estas virtudes heroicas le añadimos las experiencias místicas, es imposible que pasara desapercibido como quería. Con el fin de no alargar el artículo, sólo veremos sus visiones místicas más conocidas: estando enfermo vio a María y a Jesús, con ambos se puso a caminar como si por Nazaret estuvieran, esto le ocasionó la sanación espiritual y física. En otra ocasión, muy sofocado y cansado, se sentó a la orilla de un camino y la Santísima Virgen acudió a secarle el sudor (por este motivo es representado en la pintura y la escultura sudando y rezando). Y en otra ocasión, muy atormentado con tentaciones impuras, pasó por delante de una imagen de la Virgen y al verla, exclamó: “Sancta Maria, Mater Dei, memento mei”, al instante cesaron estas tentaciones y desde entonces se esforzó por extender la devoción a María a través del rezo del Rosario.

Sepulcro con las reliquias del Santo. Iglesia del Montesión, Palma de Mallorca (España). Fuente. www.jccanalda.es

Sepulcro con las reliquias del Santo. Iglesia del Montesión, Palma de Mallorca (España). Fuente. www.jccanalda.es

Muerte y canonización
Anciano y sin apenas fuerzas para seguir atendiendo la portería, lo siguió haciendo día a día. En 1613 su debilitada salud ya presagiaba su final, pero se reponía contra todo pronóstico en cada recaída. El padre superior de Montesión, para comprobar su lealtad y obediencia a la Compañía, le dijo: “Le ordeno que se vaya de misionero a América del Sur”. Con absoluta obediencia recogió sus pocas pertenencias y se dispuso a salir del colegio para reunirse con los demás jesuitas; el superior, comprobando su lealtad a pesar de su vejez, le ordenó que volviera de nuevo a su celda.

Aquejado por multitud de dolores físicos, el día veintinueve de octubre de 1617 queda postrado en su cama, esperando la llamada de Dios, al recibir la sagrada comunión ese mismo día, sintió algo especial y dijo: “Qué felicidad”, a continuación quedó sereno y ausente del mundo, como si en un continuo éxtasis estuviera. Finalmente, el treintaiuno de octubre de 1617, a los ochenta y cinco años, besando un crucifijo, murió pacíficamente, siendo estas sus últimas palabras: “Jesús, Jesús, Jesús”. La noticia de su muerte sacudió a toda la isla de Mallorca, el funeral coincidió con la celebración de la fiesta de Todos los Santos y a la hora de enterrarlo, se decidió hacerlo dentro del mismo colegio de Montesión, donde hoy en día se puede venerar.

Que había muerto en olor de santidad era de sobra conocido, tan sólo un año después de su muerte se abrió el proceso de beatificación. Por diferentes causas históricas, el proceso quedó parado casi doscientos años, hasta que finalmente el Papa León XII lo beatificó el veinticinco el mayo de 1825. Sesenta y tres años después, el quince de enero de 1888, fue canonizado por León XIII, junto a su fiel amigo San Pedro Claver. Es el patrón de la isla de Mallorca y su fiesta se celebra el día treinta y uno de octubre.

David Garrido

Enlaces consultados (23/02/2015):
– www.corazones.org/santos/alonso_rodriguez_sj.htm
– www.jccanalda.es
– http://jesuitascam.org/san-alonso-rodriguez/
– http://es.wikipedia.org/wiki/Alonso_Rodr%C3%ADguez

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Contestando a algunas breves preguntas (XXVI)

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Ficha de Santa Ana Ivanovna en el archivo policial, cuando fue arrestada por el régimen comunista.

Ficha de Santa Ana Ivanovna en el archivo policial, cuando fue arrestada por el régimen comunista.

Pregunta: ¿Es cierto que a una santa rusa la martirizaron los comunistas por el solo hecho de ser escritora? Gracias por tu respuesta. España.

Respuesta: Pues sí que es cierto. Se trata de Santa Ana Ivanovna Zertsalova, escritora de temas religiosos, nacida en Moscú en enero de 1870. El 27 de octubre del año 1937, los bolcheviques la encarcelaron en la prisión de Butyrka, en Moscú, y durante el interrogatorio se le preguntó si era la autora de la biografía del padre Valentín Amfiteatrov.

Ella, después de identificarse, contestó que sí era la autora y que lo había hecho porque este santo sacerdote había obrado milagros tanto en vida como después de muerto. Dijo que en 1910, dos años después de su muerte, había escrito el primer libro y que antes de la revolución había editado cuatro libros más, con una edición de mil copias de cada libro y que, después de la revolución, al comprobar una nueva curación ocurrida por intercesión del santo sacerdote, había escrito otro libro más que, aunque no había podido imprimirlo, lo había reproducido escribiéndolo a máquina veinticinco veces para repartirlo, de lo cual no se arrepentía.

Por esto, la Troika NKVD de la región de Moscú la condenó a morir fusilada, cosa que ocurrió el 27 de noviembre de 1938 en Butovo, siendo sepultada en una fosa común con otros muchos fusilados. Fue canonizada junto con otros muchos mártires rusos en el mes de agosto del año 2000.

Urna del cráneo del padre Manuel de Solórzano

Urna del cráneo del padre Manuel de Solórzano

Pregunta: Soy natural de Badajoz en España y asiduo visitante de vuestro blog. ¿Me podríais facilitar alguna información sobre la Causa de beatificación del padre Manuel de Solórzano? Muchísimas gracias.

Respuesta:Pues que yo sepa, el padre Manuel de Solórzano, jesuita nacido en Fregenal de la Sierra en el año 1649, no tiene aún abierta ninguna Causa de beatificación, aunque murió martirizado en el año 1684. Él marchó como misionero a las Islas Marianas, se estableció en la isla de Guam, en la cual durante varios años estuvo evangelizando a los nativos. En 1684, durante un levantamiento de los isleños, lo martirizaron cortándole una mano y dándole tres machetazos en el cráneo. Como no acababa de morir, finalmente lo degollaron.

Los jesuitas trajeron a España el cráneo del mártir y se lo entregaron a su familia en Fregenal. Desde entonces, a causa de los desplazamientos familiares, esta reliquia ha estado en varios pueblos de tu provincia, hasta que en el verano del 2013 volvió a Segura junto con unas noventa cartas autógrafas del sacerdote. Entre estas cartas hay una en la que los testigos que presenciaron su muerte cuentan cómo fue la misma. Recientemente, Monseñor Anthony Apuron, arzobispo de Guam, se ha mostrado interesado en abrir la Causa de beatificación y ha solicitado que la reliquia sea devuelta a la isla, cosa que se ha realizado hace muy poco tiempo. Es ahora cuando se va a abrir la Causa, pero aún no se ha hecho.

Pregunta: Leyendo sobre la historia de la Iglesia me he encontrado varias veces con el término “Pentarquía”. ¿Qué se quiere decir con esto. Muchas gracias desde Ecuador.

Respuesta: Desde el punto de vista etimológico, pentarquía (Πενταρχίας) significa gobierno conjunto de cinco personas, siendo este un término muy utilizado cuando se escribe sobre la historia de la Iglesia. En la antigua cristiandad existían cinco importantes sedes episcopales en los dominios del Imperio Romano: Jerusalén, Antioquía, Alejandría, Roma y Constantinopla. Eran las llamadas iglesias patriarcales existentes cuando la Iglesia aún no se había dividido, cuyos obispos eran llamados patriarcas que tenían la condición de primados. El obispo de Roma (el Papa) era considerado el primero entre iguales.

S.S. Bartolomé I, Patriarca Ecuménico de Constantinopla.

S.S. Bartolomé I, Patriarca Ecuménico de Constantinopla.

La primera diócesis que se fundó fue la de Jerusalén. Podríamos decir que su fundación coincidió con el día de Pentecostés. Ese día quedó formalmente constituida la comunidad de seguidores de Cristo en aquella ciudad santa, y fueron los propios apóstoles quienes la fundaron. Su primer obispo fue el apóstol Santiago Alfeo, que murió mártir en el año 62.

La segunda en orden cronológico fue la sede de Antioquía en Siria, que fue fundada por los cristianos que huyeron de Jerusalén cuando fue martirizado San Esteban, aunque la tradición nos dice que su primer obispo fue el propio San Pedro. Éste consagraría a San Ignacio, que después de San Evodio, sería su sucesor. La tercera sede fue la de Alejandría en Egipto, fundada por San Marcos, quien sería su primer obispo.

Posteriormente, los apóstoles Pedro y Pablo fundaron la sede de Roma, siendo Pedro su primer obispo. Esto no sólo lo sabemos por tradición, sino porque existen documentos redactados por San Ireneo de Lyon y San Eusebio de Cesarea, entre otros. Finalmente, está la sede de Constantinopla, cuya fundación se le atribuye al apóstol San Andrés, el hermano de San Pedro.

En la actualidad, las cinco sedes son Patriarcados, luego podríamos decir que existen cuatro patriarcados en Oriente (Jerusalén, Antioquia, Alejandría y Constantinopla) y uno en Occidente (Roma). El Santo Padre no es sólo obispo de Roma, sino también Patriarca de Occidente. No entro en los otros “títulos” o responsabilidades que le damos los católicos, porque quiero contestarte a esta pregunta de la manera más aséptica posible.

Pregunta: En el mes de noviembre del año pasado el Papa Francisco visitó Turquía y dentro de esa visita, al Patriarcado de Constantinopla. ¿Es cierto que deliberadamente escogió el día del inicio de la visita porque en ese día se festejaba a un santo local? Gracias por vuestra contestación.

Fotografía del encuentro entre el Beato Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I.

Fotografía del encuentro entre el Beato Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I.

Respuesta: Es cierto que el Santo Padre visitó Turquía en el mes de noviembre pasado, pero no es cierto que la visita se iniciara el día 28 en Ankara porque ese día fuera la fiesta de San Esteban de Constantinopla. Desde que en el año 1964, el Beato Papa Pablo VI y Su Santidad Atenágoras I de Constantinopla iniciaran en Jerusalén la reconciliación de ambas Iglesias, levantando las mutuas excomuniones, se inició la costumbre de que una delegación de la Iglesia de Roma visitaba el Patriarcado Ecuménico el día del apóstol San Andrés, y una delegación del Patriarcado Ecuménico visitaba el Vaticano en la festividad de los apóstoles Pedro y Pablo. Alguna vez, esa representación romana fue presidida por el Papa, y varias veces la representación constantinopolitana ha sido presidida por el Patriarca.

Este año pasado el Papa Francisco ha querido presidir esta representación y ha aprovechado la ocasión para visitar oficialmente Turquía. Tú sabes que previamente ha estado en Brasil, Tierra Santa (Jordania, Palestina e Israel), Corea del Sur, Albania y el Parlamento Europeo. Bueno, pero como decimos en España: “Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid”, como tocas el tema del santo constantinopolitano, te diremos algo sobre él.

Fresco ortodoxo de San Esteban de Constantinopla.

Fresco ortodoxo de San Esteban de Constantinopla.

San Esteban nació en Constantinopla y es uno de los mártires más famosos de la persecución iconoclasta. Con quince años entró en el monasterio de San Auxencio cerca de Calcedonia, siendo elegido egumeno del mismo monasterio cuando murió el abad Juan. Era un monasterio troglodita, o sea, constituido por varias celdas (oquedades) desperdigadas en una montaña. Él se instaló en la que en altitud estaba más arriba y allí se dedicó a la oración y a escribir.

Eran los tiempos en los que gobernaba el emperador Constantino V Coprónimo, hijo de León III Isáurico que había declarado la guerra al culto a las imágenes. Estamos hablando del siglo VIII. El emperador encarceló a Esteban porque se había opuesto a la celebración de un sínodo convocado en Hiera para tratar el tema del culto a las imágenes, y lo sometió a un interrogatorio en el monasterio de Crisópolis. Al preguntarle el por qué se había opuesto a la celebración de ese sínodo, el santo le respondió que porque no había sido convocado ni por los Patriarcas ni por el Papa, luego no era ecuménico y porque además, él estaba a favor de la veneración de las imágenes sagradas. Lo trataron brutalmente y lo desterraron a la isla de Prokonnesos.

Dos años más tarde, el emperador ordenó que lo encerraran en una cárcel en Constantinopla y unos días después, lo llamó a su presencia y le preguntó si creía que pisotear una imagen era lo mismo que pisotear a Cristo. Esteban dijo que no, pero cogió una moneda, la tiró al suelo y le preguntó al emperador si pisotear su cara en la moneda era lo mismo que pisotearlo a él. El emperador enfureció y entonces Esteban, valientemente, le dijo: “¿Así que es un crimen enorme insultar la imagen del rey de la tierra y no lo es el arrojar al fuego las imágenes del Rey de los cielos?”. El emperador se puso aun más furioso y ordenó azotarlo. Posteriormente fue asesinado en el propio palacio imperial el 28 de noviembre del año 764.

Antonio Barrero

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Pedro Canisio, Doctor de la Iglesia (III)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

 Grabado de Dominicus Custos (retrato del santo), siglos XVI-XVII.

Grabado de Dominicus Custos (retrato del santo), siglos XVI-XVII.

En este tercer y último artículo sobre San Pedro Canisio vamos a dar algunos rasgos de su personalidad y hablaremos de su Causa de Canonización.

Como dijimos ayer, conocemos especialmente cómo era el santo en base a su testamento espiritual. Teniendo una firme convicción sobre la verdad de la fe católica, convicción que lo inmunizaba contra toda influencia externa, fue inquebrantablemente fiel al sucesor de Pedro y a la Iglesia, de la que comprendía claramente su debilidad, que exponía con agudeza y sinceridad, sintetizando su juicio con unas palabras que se encuentran en muchas de sus cartas: “Pedro duerme y Judas vigila”. Pero esta amarga experiencia no le hizo poner nunca en discusión la esencia de la Iglesia en sí, incluso algunas de sus formas de vida, como por ejemplo el culto a las reliquias, la doctrina de las indulgencias, las peregrinaciones y el culto a los santos, que habían sido deformados y vacíos de contenido por culpa de los abusos. Para él, el conocimiento de estas situaciones de malestar fue siempre un estímulo para trabajar en la eliminación de estas deformaciones.

Pero lo más fundamental en la vida de San Pedro Canisio, fue sin ningún género de dudas, su profundo concepto de lo eclesiástico. En él no se encuentra ningún indicio de desaliento o de desesperación, sino que siempre intenta infundir un nuevo valor a los que dudaban o tenían miedo. El secreto de su fe y su convicción sobre la verdad de la misma fue su constante unión con Dios, siempre presente pese a su intenso trabajo. Su piedad estaba basada en el profundo conocimiento de las Sagradas Escrituras y en los escritos de los santos Padres, caracterizándose al mismo tiempo por algunas experiencias místicas. Para él fue muy importante la revelación que recibió el día de su profesión religiosa: el 4 de septiembre de 1549, día en que se le apareció el Corazón de Jesús. El mismo nos lo cuenta: “… unde Tu tandem, velut aperto mihi corde sanctissimi Corporis tui, quod inspicere coram videbar, ex fonte illo ut biberem iussisti, invitans scilicet ad hauriendas aquas salutis meae de fontibus tuis, Salvator meus. Ego vero maxime cupiebam, ut fluenta fidei, spei, caritatis in me inde derivarentur. Sitiebam paupertatem, castitatem, oboedientiam: lavari a Te totus, et vestiri ornarique postulabam. Unde, postquam Cor Tuum dulcissimum attingere, et meam in eo sitim recondere ausus fueram, vestem mihi contextam tribus e partibus promittebas, quae nudam protegere animam possent, et ad hanc professionem maxime pertinerent: erant autem pax, amor et perseverantia…”.

Escultura en Ravensburg (Alemania).

Escultura en Ravensburg (Alemania).

Ésta es la traducción: “Hasta que por fin, como abriéndome el corazón de tu santísimo Cuerpo, al que me parecía ver ante mi, me mandaste beber de aquella fuente, invitándome a sacar de tus fuentes, Salvador mío, las aguas de mi salvación. Lo que yo más deseaba es que de allí fluyeran hacia mí torrentes de fe, esperanza y caridad. Tenía sed de pobreza, castidad y obediencia y te suplicaba que me lavaras completamente, me vistieras y me adornaras. Por eso, tras haberme atrevido a acercarme a tu dulcísimo corazón y saciar en él mi sed, me prometiste un vestido tejido con tres piezas que pudieran cubrir mi alma desnuda y muy propias de esta profesión, que eran: paz, amor y perseverancia”. Se trató de una verdadera visión, que es particularmente significativa en la historia de la devoción al Corazón de Jesús.

A pesar de su extrema fidelidad a su tarea evangelizadora, jamás fue fanático. Lejos de las crudas polémicas de su época, él fue extraordinariamente suave y dulce y aunque se vio expuesto a múltiples calumnias, siempre fue moderado e incluso influía en sus amigos para que también lo fueran. En aquellos tiempos tremendamente difíciles siempre supo distinguir entre quienes conscientemente apostataban de la Iglesia, de quienes, aunque se separaran materialmente, eran inocentes, no culpables de apostasía.

Aunque a veces chocó con la Curia romana, demostró su convicción de que un gran número de protestantes no eran apóstatas, sino gente simplemente desencantada por determinadas actuaciones de la Iglesia. Esta posición conciliadora era similar a la mantenida por San Pedro Favre. Aunque hay que decir que en las confrontaciones de su tiempo él siempre se mostró abierto y dialogante, también hay que reconocer que en algunas ocasiones se mostraba extraordinariamente reservado.

Nunca se contagió de las corrientes de pensamiento de su época, pues su profundo sentido de la catolicidad de la Iglesia le había sido inculcado desde su niñez, era la herencia más preciada que le habían dejado sus padres, esforzándose siempre por conservarla íntegra y por defenderla. La fidelidad a su tarea impregnó toda su relación con Dios. Sus oraciones mostraban un fuerte vínculo con la tradición de la Iglesia y siempre estaban entremezcladas con pasajes de las Escrituras. También en esto nunca fue original ni imaginativo, por lo que sus oraciones eran impersonales y generales con la intención de que pudiesen ser utilizadas por cualquiera. El ejemplo más significativo de esta forma de oración es la llamada “Oración general”. En ella era capaz de dar expresión a los pensamientos, necesidades y deseos imperantes en su tiempo, de manera que los fieles pudiesen rezar con sus palabras y con sus corazones, sin tener que pensar quienes eran los autores de tales oraciones.

Vidriera en Linz am Rheim (Alemania).

Vidriera en Linz am Rheim (Alemania).

Sin duda que la vida de San Pedro Canisio estaba inmersa en las influencias de su tiempo, marcada por el humanismo imperante y por las consecuencias espirituales, religiosas y políticas de la Reforma, pero su horizonte personal, sus intenciones siempre permanecieron intactas. El no tenía un programa prefijado para realizar su tarea, sino que siempre se adaptaba a las necesidades del momento. Por eso se explica la gran cantidad de iniciativas, tanto en su actividad sacerdotal, como en la instrucción catequética de los niños o en sus búsquedas de respuestas teológicas. Era capaz de trabajar con mucha facilidad, siendo muy tenaz y muy incansable en su trabajo. Aunque los problemas tuvieran difícil solución él no se desanimaba y así aparece, en numerosos ejemplos, en sus cartas.

Inmediatamente después de su muerte, en Alemania, Suiza y la región austriaca del Tirol, comenzó el culto al primer jesuita alemán, el cual era muy conocido sobre todo a través de sus célebres catecismos. Jacob Keller de Säckingen, que fue profesor del colegio de Friburgo en los últimos años de la vida del santo, recogió toda la información a la que pudo tener acceso y compuso una biografía provisional, que fue divulgada de manera inmediata. En el 1614 apareció la primera biografía editada por Matthäus Rader y dos años más tarde, vio la luz otra escrita por Francisco Sacchini, que era un historiador jesuita.

El proceso de beatificación se inició inmediatamente después de su muerte, aunque quedó interrumpido durante más de dos siglos por la supresión de la Compañía de Jesús en el año 1773. El Beato Papa Pío IX lo beatificó el 20 de noviembre del 1864 y en el trescientos aniversario de su muerte, el Papa León XIII dirigió una encíclica a los obispos y fieles alemanes elogiando las virtudes del santo. Pío XI lo canonizó el día 21 de mayo del 1925, proclamándolo al mismo tiempo Doctor de la Iglesia. Su cuerpo se venera en la antigua iglesia de los jesuitas en Friburgo (Suiza) y aunque murió el 21 de diciembre, su fiesta fue fijada el 27 de abril.

Iglesia dedicada al santo en Puth (Holanda).

Iglesia dedicada al santo en Puth (Holanda).

Estando aún vivo se le hicieron dos retratos. Uno es un cuadro pintado al óleo, de autor desconocido y que se encuentra en una propiedad privada en Friburgo y el otro, que esta pintado sobre un cristal está datado en el año 1591. Del siglo XVII se conocen un gran número de grabados, entre los que caben destacar los de Hieronymus Wierx, Rafael Sedeler, Philipp Galle y otros. Sin dudas, copiado de un retrato anterior está la reproducción exacta de su fisonomía realizada en un grabado de Dominicus Custos, datado en el 1620 y conservado en el colegio de San Miguel de Friburgo. En él aparece el santo con una barba en punta, con una nariz pronunciada, con la mirada profunda y con un libro en las manos, que probablemente es su conocidísimo catecismo. En el mismo colegio de Friburgo se conserva un cuadro de Pierre Wuilleret en el que se representa al santo predicando ante el Papa, cardenales, príncipes y nobles. Hagamos mención también de la obra de Cesare Fracassini, expuesta en la Galería de Cuadros Modernos del Vaticano, titulada “La predicación delante del emperador Fernando y del cardenal Otón”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Cathechismi latini et germanici”, dos volúmenes editados por Fr. Streicher, Monaco, 1933.
– Kröss, A., “San Pedro Canisio en Austria”, Viena, 1898.
– Schäffer, W., “Pedro Canisio, la lucha de los jesuitas en la Reforma de la Iglesia Católica Alemana”, Göttingem, 1931.
– Schamoni, W., “Le vrai visage des Saints”, Bruges, 1955.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.


O Emmanuel,
Rex et légifer noster,
Expectatio Géntium et Salvador earum:
Veni
Ad salvándum nos,
Dómine, Deus noster.
Oh Enmanuel,
Nuestro rey y legislador,
Esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos,
Ven
A salvarnos,
Señor, Dios nuestro.

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