El Justo Job

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Icono ortodoxo ruso del justo Job (siglo XVII). Procedente del norte de Rusia.

El Justo Job es un personaje bíblico incierto y conforme a esto, su nombre también es incierto, inseguro, pues no parece que fuera judío. Algunos estudiosos piensan que esto puede significar “contrario”. Este santo se ha ganado su popularidad por la existencia de un libro bíblico con su mismo nombre, en el que se nos propone como símbolo de santidad y de paciencia.
Job también es citado como un hombre santo en el Libro de Ezequiel junto con Daniel y Noé (Ezequiel, 14, 14-20). También el Libro del Eclesiástico (49, 9) menciona que él siempre siguió los caminos de la justicia y el Libro de Tobías (11, 12-15), en el que se sugiere que sufrió mucho y que su historia era muy conocida. La Epístola de Santiago (5, 11) menciona la paciencia de Job y la recomienda a los cristianos.

La vida misma de Job la conocemos exclusivamente de forma poética por el Libro que lleva su nombre y que pertenece al Antiguo Testamento. Desde el principio se sabe que vivía en la tierra de Hus (o Uz), tierra que se identifica con el norte de Arabia, no muy lejos de Palestina, al este del rio Jordán y del Mar Muerto. “Hubo en tierras de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Y le nacieron siete hijos y tres hijas. Su hacienda eran siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y muchísimos criados y era aquel varón, más grande que todos los habitantes del Este” (Job, 1, 1-3).
Este prólogo nos hace pensar no sólo en sus riquezas, sino en la justicia de Job. Los siguientes versículos del Libro, recuerdan de manera indirecta que él no era judío porque estaba ofreciendo sacrificios a Dios de manera distinta a la tradición mosaica. Y también se nos cuenta que sus hijos e hijas eran tan filántropos como su padre.

Job perdió de repente todo lo que poseía después de un diálogo entre el demonio y Dios, quien de esa manera probó la fe de este hombre justo. Así, que en poco tiempo, todos sus hijos e hijas murieron, pues su casa cayó sobre ellos y los animales murieron por la acción del “fuego de Dios”, pero Job reaccionó de manera increible: “Entonces Job se levantó, rasgó su manto y rasuró su cabeza y postrándose en tierra, adoró y dijo: desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. Jahvé da y Jahvé quita: bendito sea su santo nombre“ (Job, 1, 20-21) y después dice: “Y poco después salió Satanás de la presencia de Jahvé e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza” (Job, 2, 7), pero el hombre justo no perdió la calma a pesar de que su esposa le urgía a maldecir a Dios y que muriese. Él se acercó a una pila de polvo donde fue encontrado por sus tres amigos Elifaz de Temán, Bildad el suhita y Zofar el naamatita, que se juntaron con él para mostrarle su simpatía y para consolarle.

El justo Job y el diablo. Xilografía coloreada de la Crónicas de Nuremberg (1493).

Job tuvo un largo diálogo con sus amigos (capítulos 3 al 41) sobre el tema de la teodicea, es decir, sobre el origen del dolor en este mundo, formulando preguntas acerca de la justicia de Dios, el sentido de la vida, la felicidad y la desdicha. Job comienza lamentándose de sí mismo, maldice el día de su nacimiento y se pregunta por qué la vida se les da a los seres humanos y si es que están destinados al sufrimiento. Por supuesto que él no sabía que todas sus desdichas estaban provocadas por Satanás, a quien Dios permitió que hiciera con él lo que quisiera, menos quitarle la vida.

Tras estar lamentándose durante siete días, sus amigos comenzaron a hablar con él. Elifaz fue el primero que le echó en cara que su destino quizás fuera provocado por su injusticia (capítulos 4/5; 15; 22) y los otros dos amigos, Bildad (capítulos 8; 18; 25) y Zofar (capítulos 11; 20) también fueron muy duros con él, pero Job se defendía cada vez, demostrándoles que sus acusaciones eran infundadas, que él no había hecho ningúno de los daños de los que se le acusaban. Las acusaciones de sus amigos siguen la teología tradicional del Antiguo Israel, según la cual, Dios es bueno y justo, que premia las buenas acciones y castiga las malas y que si Job fue castigado de manera tan dura, tal vez fue a causa de un gran (aunque quizás oculto) pecado. Este diálogo entre Job y sus amigos termina cuando sus amigos acaban con todos sus argumentos y Job sigue creyendo que él era un hombre justo: “Cesaron estos tres varones de responder a Job por cuanto él era justo a sus propios ojos” (Job, 32, 1). La postura de Job es muy interesante: él acepta la justicia de Dios a pesar de que no la entiende, pero se atreve a oponerse a esta fe que no entiende y no hace uso de la virtud de la humildad, hace uso de lo que en griego se denomina “parrhesia”, esto es, descaro.

La actitud de Job es completamente chocante para sus interlocutores y simplemente, no son capaces de seguir criticándolo. Es difícil creer que él los convenciera de su justicia; simplemente se negaron a seguir hablando con él, pensando que no habría nada que lo hiciera cambiar de pensamiento. Entonces, una persona que hasta ese momento no se menciona “porque era más joven”, Elihu hijo de Baraquel el Buzita, se enfadó “por cuanto se justificaba más a sí mismo que al mismo Dios” (Job, 32, 2), enojándose también con sus tres amigos. Sus cuatro argumentos muestran que para Job la justicia de Dios está más allá del conocimiento humano y que la sabiduría divina no debe responder a las preguntas humanas. Elihu parece ser como una especie de precursor que habla en nombre de Dios.

Presunto sepulcro del justo Job en El-Chouf, Líbano.

Finalmente, Dios se revela a Job y le muestra su sabiduría y su poder. Aconseja a Job que sea humilde, porque las cosas no se pueden cambiar si Dios no lo permite. Finalmente Job se arrepiente de su actitud ante Dios y sus amigos también ofrecen sacrificios a fin de ser perdonados por Dios por haberlo juzgado mal, por sus falsos juicios. Después de estos hechos, la vida de Job se resume en sólo unos pocos versículos (Job, 42, 11-17). Otra vez se convierte en rico, recibe a su esposa, a sus siete hijos y a sus tres hijas y es capaz de ver a sus nietos hasta la cuarta generación, pues vivió unos ciento setenta años, siendo esta segunda vida más rica y más llena en virtudes que la vida que había tenido antes.

El libro apócrifo judío llamado el “Testamento de Job” habla algo más sobre su muerte, pero la tradición cristiana lo que da por bueno de toda esta historia es el ejemplo de su virtud y de la fe de Job en Dios. Los Padres de la Iglesia, como San Clemente de Roma (en su primera carta a los corintios), Cipriano, Tertuliano y otros, lo recuerdan como un ejemplo a seguir.

La veneración al Justo Job
Los eruditos modernos tienden a creer que Job es simplemente el protagonista de un libro poético y no es difícil pensar que no puedan llevar razón. Sin embargo, la Biblia nombra a los profetas y a los últimos escritores del Antiguo y del Nuevo Testamentos citados al principio de este artículo, lo que nos hace pensar que Job era más una persona que un simple relato. La peregrina hispana Sylvia Aetheria (o Egeria), que viajó por Palestina, Edesa y Constantinopla a finales del siglo IV, escribió en su diario sobre una parada que hizo en la tumba del Santo Job. Según ella, en aquel tiempo ya existía una iglesia construida en algún lugar de Carneas, en los límites entre las provincias romanas de Arabia y de Idumea. Al parecer, el obispo de aquella ciudad recibió a un monje que le contó un sueño. Fue tras él, encontraron una cueva tallada en la roca y en su interior, la tumba de Job. Por eso, construyeron la iglesia en aquel lugar.

Presunto sepulcro del justo Job en Jabal Qara, Omán.

Existen al menos otros dos lugares que dicen poseer la sepultura de Job: Urfa (antes Edessa) en el sureste de Turquia y Jabal Qara, cerca de Salalah en el sur de Omán. Además, los drusos también dicen poseer la tumba del profeta Job en el distrito montañoso de El-Chouf, en el Líbano.

El Santo Job es venerado por la Iglesia de Occidente, existiendo algunos templos levantados en su honor en Venecia, Bologna y otras ciudades; y algunos hospitales y hospicios en Bélgica. El Martirologio Romano lo recuerda el día 10 de mayo. En la tradición Oriental es celebrado el 17 de abril en Etiopía, el 29 de agosto por la Iglesia Copta, el 22 de mayo por la Iglesia de Jerusalén y el 30 de agosto según el Calendario de los santos de la Iglesia Apostólica de Armenia. Las Iglesias que utilizan el griego (Rito Bizantino) lo celebran el día de hoy, 6 de mayo. Los luteranos lo conmemoran como Patriarca el día 9 de mayo.

Tropario del Santo
“Al ver las riquezas de las virtudes de Job, el enemigo de los justos conspiró para robarle; sin embargo, a pesar de que se rompió la torre de su cuerpo, no pudo robar el tesoro de su espíritu, porque, después de haberlo desnudado, no pudo llevarse cautiva su alma. Por eso, anticipándome a mis necesidades hasta el final, Oh Salvador, líbrame del engañador y sálvame”.

Mitrut Popoiu

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