San Josafat Kuncewycz de Vladimir, arzobispo mártir de Polotsk

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Lienzo del Santo revestido de su atuendo episcopal.

Bautizado como Juan, pertenecía a una noble pero deteriorada familia ucraniana ortodoxa. Nació en Wolodymyr, en Volynia (Ucrania) en el año 1580, siendo sus padres Gabriel y Mariana que lo educaron en la fe cristiana según la tradición ortodoxa. Fue enviado a terminar sus estudios a Vilnius, donde existía una feroz lucha entre ortodoxos y “católicos cismáticos” (uniatas), así que desde aquel momento le impactó el tema de la Unidad entre los cristianos.
Entre los “cismáticos” (uniatas), él se dio cuenta de que había obispos que, conservando el rito bizantino-eslavo, habían reconocido en el año 1595, la autoridad del Papa de Roma, cuando en la Conferencia de Brest, decidieron retornar a la Iglesia Católica según el espíritu del Concilio de Florencia. El Papa Clemente VIII, el 23 de febrero de 1596, había concedido a los obispos “volver al único redil de Cristo” ampliándole las facultades de gobierno en sus diócesis. ¿Influyó esto en su orientación hacia el catolicismo? Ciertamente, la familia no influyó porque era fiel a los obispos ortodoxos y como escribió el metropolita Velamin G. Rutskyj, el mismo Dios iluminó al joven que empezó a frecuentar una iglesia católica, sin que nadie se lo indicara.

Bajo la influencia de los jesuitas, en el año 1604 entró en el monasterio de la Santísima Trinidad de Vilnius, perteneciente a la Orden de San Basilio, asumiendo el nombre de Josafat, progresando rápidamente en la perfección evangélica. Después de ordenarse de sacerdote en el año 1609, se destacó por ser un excelente predicador tanto entre los católicos como entre los ortodoxos. En todos los lugares, difundía la palabra de Dios, no solo dentro de las iglesias, sino también en las calles y plazas a fin de atraer a “las ovejas descarriadas”. Gracias a este celo apostólico fue fortaleciendo la Unión en los ambientes en los que él se movía.
La fama de sus virtudes y de su doctrina se difundió en muy poco tiempo, por lo que siendo aun muy joven se hizo cargo del monasterio basiliano de Byten y poco después fue nombrado archimandrita de Vilnius.

El 12 de noviembre de 1617, el metropolita de Kiev, Velamen G. Rutskyj, que conocía sus dotes intelectuales y su carácter, lo consagró obispo y lo nombró coadjutor de obispo de Polotsk, Vitebsk y Mstyslaw, Gedeón Brolnyckyj, que tenía más de noventa años. Muerto este, Josafat, contra su voluntad, se tuvo que plegar ante los deseos de los católicos y aceptó el arzobispado de Polotsk.
Ahora, más que nunca, tenía a su cargo el culto divino y la salvación de las almas de sus feligreses. Continuó defendiendo la Unidad y puso todo su empeño en restablecer la unidad con Roma, defendiéndolo con sus predicaciones y con sus escritos.

Vista de las reliquias del Santo, revestidas de una cubierta metálica, en la Basílica de San Pedro del Vaticano (Roma, Italia). Año 1982.

Reivindicó la jurisdicción episcopal y los bienes de la Iglesia que habían sido usurpados por los laicos; restauró la catedral y otras iglesias, difundió el esplendor de las celebraciones litúrgicas, dedicó todo su tiempo libre a su clero, lo confortó, les explicó los dogmas de la fe llegando a componer un catecismo de la fe católica. Personalmente, visitó a todos sus sacerdotes, dándoles buenos consejos, amonestándoles amistosamente cuando fue necesario, inculcándoles una vida santa y ejemplar. Todos los años convocaba un Sínodo discutiendo con su clero todas las necesidades de la archidiócesis. Desembolsó todos los fondos de los que disponía para conseguir el decoro de los templos y ayudar a los pobres, hasta tal punto de que en una ocasión, para atender a una viuda indigente, mandó vender su palio arzobispal.

Tanto celo por la fe católica suscitó el odio de determinados ambientes ortodoxos que trataron de hacerle difícil o nula su actividad episcopal. La situación empeoró porque un cierto Teófanes, que se autodenominaba patriarca de Jerusalén, durante un viaje a Moscú en el año 1620, consagró para la sede episcopal de la diócesis de Kiev a un nuevo metropolita y a nuevos obispos, estos últimos, disidentes de Roma y que apoyándose en la ayuda de los cosacos, recurrieron a todo tipo de violencia.

Para la diócesis de Polotsk fue elegido un hombre de gran inteligencia y cultura, llamado Melecio Smotryckyj, notable por sus escritos en contra de la Unión de Brest, el cual concentró todos sus ataques contra Josafat, mediante una propaganda asidua y permanente y con escritos enalteciendo el odio en el pueblo.
San Josafat se dio perfecta cuenta de esta propaganda subversiva y con toda tranquilidad se preparó para el martirio, deseando ofrecer su vida por la Unión de las Iglesias. Mientras se encontraba en Vitebsk en una visita pastoral, un grupo de alborotadores irrumpió en el palacio episcopal, hiriendo y matando a todos cuantos se encontraban en el camino. Josafat, de forma pacífica, les salió al encuentro: “Hijitos, ¿por qué irrumpís de esta forma en mi casa? Si tenéis algo contra mi, aquí estoy”.
Como respuesta, se lanzaron contra él, infiriéndole multitud de golpes, atravesándolo con flechas y dándole un golpe con un hacha, tiraron el cuerpo al río Dzwina. Era el 12 de noviembre del año 1623. Algunos días después el cuerpo salió a flote.

Vista del sepulcro del Santo. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

La muerte de San Josafat era el inicio de su gran triunfo. Los disidentes se conmocionaron por la muerte heroica del arzobispo y muchos de ellos volvieron al redil de la Iglesia Católica. El mismo Melecio Smotryckyj, que era el causante de aquella muerte, se convirtió al catolicismo y de enemigo, se convirtió en uno de los mayores defensores de la Unidad. Los causantes de la muerte de Josafat fueron juzgados y condenados a muerte, pero antes se arrepintieron y también volvieron a la fe católica.

Como crecía la fama de los milagros obrados por su intercesión y gracias al interés que mostraron muchísimos ilustres eclesiásticos y laicos, el Papa Urbano VIII, lo beatificó mediante decreto del día 16 de mayo del año 1643, veinte años después de su muerte. Su solemne canonización tuvo lugar el día 29 de junio de 1867 con ocasión de la celebración del XVIII centenario del martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. El Papa León XIII extendió por toda la Iglesia un Oficio y Misa propios en su honor.

El cuerpo de San Josafat se conservó incorrupto bajo la custodia de la familia basiliana, primero en Polostk, después en Biala, en Podlascia hasta que destruida por el zar moscovita la unión eclesiástica en aquella región, fue quitado del altar donde se guardaba y ocultado.
Al terminar la Primera Guerra Mundial, en el año 1916, después de realizarle un reconocimiento canónico, fue llevado a Austria y puesto en la iglesia de Santa Bárbara de Viena. Posteriormente, después de la Segunda Guerra Mundial, fue llevado a Roma, cerca de la Sede de Pedro, por la cual él había ofrecido su vida.
El 25 de noviembre de 1963, el Papa San Juan XXIII dispuso que los restos del santo, puestos en una urna, fueran custodiados en la Basílica Vaticana en el altar de San Basilio Magno.

Antonio Barrero

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